Cuando Nancy nos vio sonrientes, dedujo nuestra respuesta. Alabó la casa y nosotros le dimos las gracias. Quedamos en que nos llamaría cuando tuviera todos los papeles listos, y cada uno se fue por su lado.

Al llegar al apartamento, convencí a Mac y los dos hicimos las maletas. Haríamos una pequeña visita a mi abuela, para así darle la noticia. Durante las cuatro horas que duró el viaje, ninguno dijimos nada. Mac se durmió enseguida y yo no quise despertarla. De eso se encargó el camino de tierra y piedras que conducía a la granja de mi abuela. Cuando estoy aparcando, ella sale al porche delantero y sonríe.

S: ¡Harmon! ¡Qué sorpresa! –Exclama, mientras me abraza-. ¿No me presentas?
H: Oh, claro. –Sonrío, en disculpa-. Abuela, ella es Sarah Mackenzie. Mac, está es mi abuela.
S: ¿Tú eres Mac? –La aludida asiente y la abuela sonríe-. ¡Por dios bendito, Harmon! ¡Ya era hora de que me la presentaras!

Las dos mujeres entran mientras que yo vuelvo a por las maletas. Realmente no llevamos mucho, con lo cual todo nos entró en una. Una vez dentro, con el equipaje en la puerta, las veo sentadas en el sofá, hablando tranquilamente. Bien, llegó el momento.

S: Dime, Harm. ¿Qué os trae por aquí? ¿Algún caso?
H: No. –Sonrío-. Tenemos algo que decirte.
S: Os escucho.
H: Mac y yo vamos a casarnos.

Suelto, directamente. Conozco lo suficiente a mi abuela como para saber que si le doy vueltas, se enfadará. No dice nada. Solo nos mira de uno a otro, intentando comprobar que hablamos enserio. Después de un largo rato así, sonríe y nos abraza.

S: ¡Felicidades! –Cuando nos suelta, me mira seria-. ¿Lo sabe ya tu madre?
H: Si, la llamamos por teléfono antes…
S: ¿Se lo dijiste por teléfono? –Pregunta, atónita-. Noticias como estas se dan en persona. Aunque, supongo que el lunes tendréis que trabajar los dos, ¿no?
M: Así es. –Argumenta Mac, en mi defensa-. No nos daba tiempo a ir a La Jolla y luego regresar. Por eso tuvimos que llamarla.
S: Y en venir aquí tardáis menos. –Afirma-. Bueno, me alegro de que hayáis venido hasta aquí. Así puedo conocerte en persona, aunque con lo que m nieto habla de ti, es como si te conociera de toda la vida. –Sonríe-.
M: ¿Harm habla de mí?
S: Es el único tema que tiene, cada vez que me llama por teléfono. –Giro la cabeza hacia otro lado, aunque siento los ojos curiosos de Mac sobre mí-. La mayor parte son para contarme vuestras peleas en el tribunal y fuera. 'Que Mac es terca', 'que Mac es orgullosa',… Y yo le respondo que eres igual que él. Entonces se enfada, y dice que él no es ni terco ni orgulloso. –Se ríe-. Harm, cariño, tengo zumo natural de melocotón en la nevera. ¿Traes unos vasos?
H: Como quieras, abuela. –Me levanto y camino hasta la cocina, aunque continúo escuchándolas-.
S: También me habló del viaje a Rusia. Fue un detalle muy bonito de tu parte el acompañarle, Mac. Harm sabe que tenía que pasar esa página para continuar.
M: Bueno… él también me ha ayudado a mí, muchas veces.
S: Eso es lo mejor que hay en el mundo. –Me sonríe, mientras dejo los vasos en la pequeña mesa-. Encontrar a una persona que esté dispuesta a todo por ti, sin pedir nada a cambio. Es algo muy difícil. Pero no es porque el destino no los junte, si no porque aunque vivan uno al lado del otro, no se dan cuenta de ello. El amor, es como la lotería. Están las personas que juegan a él todos los días, y se llevan muchas decepciones. Otras, solo echan el cupón de vez en cuando, sin mucha esperanza. Muy pocas lo echan solamente una vez, y les toca. Pero, la gran mayoría, no rellena el cupón porque no cree que se merezca un verdadero amor, o porque no creen en él. –Suspira-. Es una pena.
M: Yo he tenido suerte. –Dice, mientras me sonríe-. Me he dado cuenta a tiempo y he podido rellenar el cupón.
S: No sabes la alegría que me da veros juntos. –Sonríe-. Harm a sufrido mucho, y por lo que él dice, tu también. Realmente os merecéis estar juntos, cariño. –Responde, mirando a Mac-. El pasado se debe de quedar atrás. Ahora lo importante es el presente y el futuro que queráis.

En ese momento, suena el teléfono y la abuela se levanta. Me mira diciendo el nombre de la interlocutora y sé que le va a llevar bastante tiempo. Mientras, decido enseñarle a Mac la planta de arriba. Llegamos a la habitación que siempre ocupo. Tiene una cama de matrimonial, con lo cual no habrá problema de espacio. Después, salimos al porche trasero, donde se puede ver el principio del atardecer.

M: Es una mujer increíble. –Me dice, sentándose en el balancín-.
H: La abuela es más lista que todos los de la familia. –Sonrío-. Ha pasado muchas cosas, pero según ella, se queda con lo mejor de todas y con lo peor aumenta su experiencia. –Extiendo el brazo y se acurruca a mí lado-.
M: Así que… le has hablado de mí a tu abuela. ¿Eh?
H: Si, bueno… cuando estábamos enfadados necesitaba desahogarme con alguien. –Argumento, en mi defensa-. Ella tiene una paciencia infinita y es de las únicas mujeres que me aguantan.
M: ¿Y quiénes son esas mujeres? –Me pregunta, con una sonrisa-.
H: Mi abuela, mi madre y tú. –Sentencio-.
M: Es lógico. Las tres te queremos.
H: Y yo os quiero a vosotras.