En este capítulo hay un flashback en cursiva.
3. El berserker
Cuando terminó la sesión de juicios por aquella mañana y los esqueletos cerraron las puertas, Radamanthys y Aiacos se levantaron de sus respectivas mesas para marcharse.
— ¿No vienes?— preguntó el Wyvern a Lune, que se había quedado sentado.
El noruego menor negó con la cabeza y limpió la tinta de la pluma que sostenía entre las manos.
—Voy a quedarme a ordenar unas cosas— respondió escuetamente.
Por su parte, Minos salió por la puerta trasera en dirección a su templo, sin tan siquiera esperar a ver qué hacían sus compañeros o su propio hermano.
Caminó raudo, atravesando los templos como una tempestad contenida, abriendo las puertas de una patada.
Al llegar a la Ptolomea, se retiró la toga y la arrojó sobre la cama, sentándose en el borde del colchón.
Comenzó a retirarse las partes de la armadura de Grifo y pronto se quedó simplemente con los vaqueros azules oscuros que llevaba bajo la armadura.
Se inclinó hacia delante, con los cabellos grises cayendo por su pecho.
Suspiró y se pasó la mano derecha por la boca tras relamerse los labios. Con esa actitud pensativa, se quedó unos minutos.
Después, observó su mano derecha, donde el anillo plateado refulgió suavemente, a pesar de la oscuridad reinante en su habitación.
Lo acarició suavemente con el dedo de la mano izquierda.
Finalmente, se echó hacia atrás en la cama y cerró los ojos.
La batalla entre ambos había sido especialmente cruenta. Los dos aspirantes a la armadura de Grifo se ganaban no sólo una armadura poderosa y un puesto como cabecilla de un tercio del ejército de Hades, sino que auguraba una larga vida a su servicio.
Por el contrario, el perdedor, si no terminaba muerto a manos de su rival, sería el mismísimo dios el que lo haría, condenándole a un sufrimiento eterno.
A pesar de saber eso, los dos hermanos se habían enfrentado.
Entre los testigos, Radamanthys y Aiacos, quienes habían logrado las otras dos armaduras más importantes dentro del ejército de Hades, para aquellos que no eran deidades reconocidas.
Minos jadeaba. La vista se le nublaba por momentos y ya no sabía si el líquido que caía por sus sienes era sudor, sangre o una mezcla de ambos. Tragó saliva y, renqueante, se irguió sobre sus piernas.
Frente a él, Lune permanecía en el mismo estado, casi simétricos. Tenía el rostro magullado por los golpes que le había propinado su hermano, y de su boca y nariz goteaba sangre sin cesar.
Además, por el flanco izquierdo tenía hendidas las costillas. Minos le había pateado con fuerza en aquel costado hasta escuchar el crujido de los huesos quebrándose.
Y aún así, su hermano seguía en pie.
La cabeza le daba vueltas y sentía que iba a desfallecer. Ahora que estaba quieto de pie, empezaba a sentir los golpes que Lune le había acertado a dar y el dolor le arrasaba como descargas eléctricas. Seguramente él tendría también varios huesos hechos astillas.
Sonrió ladinamente y alzó el brazo derecho a modo de despedida.
—Has peleado como un berserker— susurró.
Preparó su cuerpo para caer desplomado sobre el suelo, pero antes de hacerlo, escuchó un ruido seco.
Fue Lune quien había caído.
Primero de rodillas.
Finalmente, su cuerpo se balanceó hacia su derecha y quedó tendido en el suelo, con los ojos cerrados.
Aquello espabiló a Minos súbitamente.
Sacudió la cabeza y pudo comprobar que era sangre lo que goteaba por su rostro, tiñendo de rojo sus cabellos grises.
— ¡Lune!— gritó al cuerpo inerte de su hermano menor.
Sintió una mano fría como el hielo, posándose en su hombro.
El dolor desapareció y la sangre dejó de manar de las heridas abiertas en su cuerpo. Pudo sentir que los huesos quebrados se recomponían rápidamente, sin saber por qué.
A su lado, Hades retiró la mano y le miró con aquellos ojos extraños, donde apenas se vislumbraban las pupilas. Eran como nebulosas del color del mar.
—Buen trabajo— dijo el dios del Inframundo—. La armadura de Grifo será para ti. A partir de ahora, serás capitán del Ejército de las Estrellas Celestiales, el tercio encargado de la última parte antes de llegar a la Judesca, además de juez del Tribunal del Inframundo. Confío en tu juicio y fuerza. Puedes reunirte con Radamanthys de Wyvern y Aiacos de Garuda.
Tras eso, el dios se dirigió hacia donde yacía su hermano tumbado en el suelo.
Miró a Lune unos instantes. Compuso una mueca de disgusto y alzó el brazo que empuñaba una espada.
Pero antes de que pudiera descargar la afilada hoja sobre el hermano derrotado, Minos llamó al dios.
— ¡Por favor no acabe con él!— pidió, casi sin pensarlo.
Lo que acababa de hacer era una terrible osadía y así lo podía notar al escuchar los murmullos de los espectros allí reunidos.
Hades movió la cabeza suavemente, con aquella expresión aparentemente serena. Bajó el filo de la espada.
— ¿Por qué debería permitirle vivir?— preguntó el dios, sin parpadear un segundo.
—Disculpe mi atrevimiento— musitó Minos, arrodillándose ante él—. Pero usted y todos han sido testigos de la fuerza de mi hermano y su decisión de servirle a usted, al punto de querer matarme para lograr su objetivo. ¿No es más que suficiente para considerarle como apto para una armadura?— preguntó inquieto—. Dudo que ningún otro aspirante pueda a llegar a ser tan poderoso como él. Va a matar a un grandísimo guerrero, y estoy seguro que en el siguiente combate que se organice para otras armaduras, nadie logrará llegar a su nivel.
Aquellas palabras no emocionaron al dios del Inframundo. Minos no pudo distinguir si llegó a parpadear en algún momento mientras le sostuvo la mirada, aún con la espada en la mano.
Lo único que hizo fue desviar la mirada hacia donde se hallaban Thanatos e Hypnos.
Y tras unos instantes, Hades finalmente envainó su espada.
—Sea pues— dijo el dios—. La armadura de Balrog será para tu hermano Lune. Si sobrevive a las heridas…
Y tras una risa casi imperceptible, se esfumó del lugar. Seguidamente, los dioses de la Muerte y el Sueño desaparecieron igualmente.
Tumbado en la cama aún, Minos abrió los ojos suavemente. La ensoñación le dejó con la mente agitada y convulsa.
¿Cuál fue el detonante que provocó su animadversión? ¿Quizás era verdad que sentía celos, porque su hermano tenía un talento innato para juzgar a los muertos y ello le dejaba apartado? ¿O quizás porque siempre esperó una muestra de gratitud por parte de él, sabiendo lo mucho que se había jugado al pedirle clemencia a Hades?
El juez frunció el ceño y se incorporó de la cama.
Lo mejor que le podría venir en esos momentos, sobre todo para despejarse, era tomar una larga ducha.
Despojándose de los vaqueros y la ropa interior, Minos accedió al cuarto de baño para ello.
Notas:
Berserker: soldado perteneciente a la antigua guardia personal de los reyes y jarls vikingos, que combatían en estado de trance (berserkergang) con una fuerza descomunal y ferocidad extrema, sin decaer siquiera sufriendo graves heridas. Este trance lo conseguían, aparentemente, tras ingerir setas alucinógenas. Estos guerreros estaban consagrados a Odín. Eran muy valorados, pero al mismo tiempo, había que tener cuidado con ellos ya que en el estado de trance no distinguían amigo de enemigo.
Sé que las armaduras de los espectros se designan de otra manera, pero me apetecía hacer como que la obtienen según sus méritos, igual que las armaduras de Atenea (igual, si Hades se hubiera esmerado en poner a prueba a los espectros, más de la mitad no la hubieran recibido). Es una licencia, nada más.
Andromedaaiorossayita: muchísimas gracias por tus comentarios, no sólo en este fic sino en todos los demás por los que has pasado. No, Lune no es ningún debilucho, ya lo irás comprobando con los capítulos. ¡Gracias!
Muchas gracias a los que estáis siguiendo esta historia o la estáis marcando como favorita. ¡Espero que os siga gustando!
¡Feliz semana!
