5. Rencillas de hermanos

— ¿Qué quieres?— preguntó cortante Minos, al abrir la puerta de su dormitorio.

Acababa de vestirse tras salir de la ducha y retiraba el exceso de agua de su cabello con una toalla. Miró la toga de su hermano y ladeó media sonrisa.
— ¿Cuántos esta vez? A este paso, vas a cargarte a todo el ejército raso de nuestro señor…

Lune mantuvo el rostro serio.
—Otro ocupará su lugar, no me importa. Tuvo el castigo que se merecía, por impertinente— replicó tajante—. ¿Me vas a acusar de algo, acaso? ¿Otra vez?

La risa que brotó de labios de su hermano resultó al mismo tiempo sardónica y cruel.
— ¿Acusarte yo?— espetó finalmente el juez, aún riéndose—. No me lo pongas tan fácil, hermanito…

Minos retiró la toalla y fue a cepillarse el pelo empapado, viendo a su hermano a través del reflejo que el espejo le proyectaba.

— ¿Fácil?— replicó el Balrog, deshaciéndose de su toga y alzándola—. Esto es culpa tuya.

En ese momento, el juez dejó de peinarse y apretó los dientes con furia.
— ¿Vas a tener los cojones tan cuadrados de echarme en cara que seas juez por mi culpa y que lo estás pasando mal?— gritó, acercándose a Lune para asirle del cuello— ¿En serio vas a tener esa caradura? ¿Cuándo me debes todo? Porque si no quieres estar aquí, te haré el favor.

Lune agarró el brazo con el que su hermano le aprisionaba el cuello, para zafarse. Su rostro se congestionó y apenas podía articular palabra.
—Yo tenía que llevar la armadura de Grifo, y juzgar junto a Radamanthys y Aiacos— jadeó, solo un segundo hasta que elevó la rodilla derecha y golpeó el vientre de su hermano, provocándole que aflojara el agarre al retroceder por el dolor—. No me sirve de nada estar juzgando si tengo que estar supeditado a tus órdenes.

Seguidamente se llevó los dedos al cuello y tragó saliva.
—Sólo te has movido por interés en todo este tiempo que llevamos en el Inframundo— dijo el hermano menor—, has manejado a todo el mundo que has querido a tu antojo, haciendo y deshaciendo según te convenía. Eso es lo que no es justo. Y todo, por culpa de esto— terminó, mostrando el anillo en su dedo índice, retirándoselo y arrojándolo al suelo—. Se acabó, no quiero volver a estar bajo tus órdenes.

Dicho esto, Lune se marchó de la habitación y cerró la puerta con un sonoro portazo.

Los ojos de Minos brillaron momentáneamente con un resplandor rojizo.
—Maldito desagradecido— gruñó—, esto no va quedar así.

Tras una breve búsqueda, dio con el anillo que su hermano había tirado y lo recogió, guardándoselo en el bolsillo de sus vaqueros.

En el templo de la Caína, Radamanthys repasaba unas anotaciones del juicio de la mañana junto a Valentine. Encerrado en su despacho del Inframundo, firmó unas sentencias y se las entregó a su lugarteniente, que se encargaría de llevarlas al archivo del tribunal.

Ambos levantaron la vista de los papeles cuando escucharon unos toques en su puerta.
—Adelante— concedió el juez, colocando la pluma en el tintero, mientras la puerta se abría y entraba el espectro de Garuda—. Ah, eres tú Aiacos, ¿querías algo?

El nepalí saludó a los dos espectros.
— ¿Puedo interrumpirte unos momentos?— preguntó mirando a Valentine—. A solas.

El chipriota se levantó de la silla y salió de la estancia sin hacer ruido.

Una vez fuera, Radamanthys ofreció asiento a Aiacos, que se sentó en el lugar del espectro de Arpía.
— ¿Ha pasado Lune por aquí?— preguntó el nepalí.

El Wyvern asintió con un leve cabeceo.
—Fue él quien me pidió que resolviera unos asuntos, cuando iba a regresar al castillo—dijo señalando los papeles esparcidos por su mesa—. ¿Por qué?

Aiacos se mesó los cabellos oscuros y resopló.
—Minos está torturando a algunos subordinados.

— ¿A estas alturas eso te sorprende?— replicó el inglés, ordenando los folios—. Seguramente se lo merezcan, hace tiempo me habló de que algunos subordinados suyos andan revueltos y con sospechas de que suben a la superficie sin su permiso.

Pero el espectro de Garuda negó con la cabeza.
—Es que está gritando frases que tienen que ver con su hermano— informó meditativo—. Por eso fui a su templo, ya que pensé que estaría torturándole.

—Minos jamás torturaría de esa manera a Lune, para eso tiene el anillo— respondió el inglés—. Además, no vi signos de tortura en el Balrog, salvo que se llevaba la mano al cuello constantemente.

Aiacos cerró los ojos unos segundos.
—Lo sé— replicó, cruzándose de brazos—, pero me preocupa lo que le escuché decir de su hermano. Han debido tener otra bronca y me temo que esta es más seria que las anteriores. Con la fuerza con la que torturaba a los subordinados, tengo la impresión que Minos está realmente furioso.

Radamanthys resopló con malicia.
—Los dos tiran de un extremo de la cuerda— dijo—, y ninguno de los dos se dejará vencer. Son incapaces de llegar a un acuerdo y siempre han estado arrojándose los trastos a la cabeza a la mínima que tenían oportunidad. Son personalidades muy distintas en apariencia, pero en el fondo demasiado parecidas. Lune quiere más poder, Minos no va a ceder en ello. No porque no se lo merezca, sino porque es su rango, y bastante ha conseguido que llegó a ser juez igual que nosotros. No comprendo su ansia de más poder, cuando fue su hermano quien obtuvo la armadura de Grifo. Y si Minos está en el Inframundo, es por culpa directa de Lune.

—Debe ser muy frustrante que, teniendo un objetivo en la vida tan marcado como lo tenía Lune, fuera su hermano quien obtuviera el poder que ansiaba— terció Aiacos, con una sonrisa—. Pero Minos fue arrastrado por Lune a un lugar que no estaba destinado, tal y como siempre ha dicho. Se cobró bien la venganza.

—Supongo— respondió el Wyvern—. No debe ser fácil ir a parar al Inframundo cuando tu sueño era ir al Valhalla…y todo por un anillo…a veces le entiendo, vivir en Valhalla es mucho mejor para un espíritu tan beligerante como el suyo. Las batallas es lo que hacen que la vida de un guerrero cobre sentido, y no estar sentado en una silla dictando sentencias…

—En cualquier caso— dijo Aiacos, incorporándose de la silla—, se les está yendo de las manos este asunto. Y ahora no es el momento de mostrar quiebros en nuestras filas. Si hay algún problema, avísame— pidió el juez de Garuda, saliendo del despacho.

Radamanthys despidió a su compañero y se quedó sentado en la silla. Pensó unos instantes y tras tomar una decisión, se incorporó y salió por la puerta igualmente.

—Valentine— llamó a su subordinado, quien acudió raudo a su encuentro—. Voy al castillo a reunirme con la señorita Pandora— informó—. Quiero que tanto tú como Sylphid estéis pendientes de quién pasa por aquí, y si Aiacos regresa, envía a Raimi y Gordon para ayudarle.

— ¿Quiere que le avise en el momento, mi señor?— preguntó el chipriota, inquieto.

—Por supuesto— declaró el juez, dándole la espalda—. Si has escuchado la conversación, este asunto es importante y debe ser solucionado cuanto antes. No obstante, no tardaré en regresar, simplemente quiero preguntarle unas cosas a Pandora.

—De acuerdo— respondió Valentine, mientras observaba a su jefe marcharse del templo de la Caína.


NOTAS:
Andromedaaiorossayita: de nada, si tienes más preguntas, no dudes en realizarlas. Con gusto aclararé tus dudas. Los anillos sí se pueden quitar, otro asunto es que sea aconsejable hacerlo o no. Pero ese tema iré desvelándolo a medida que avance la historia. ¿Que si esta historia es preHades, postHades o UA? Todos los fics tienen algo de UA, ya que siempre se termina acomodando la historia a los deseos del autor de la historia. ¡Gracias por el comentario y por seguir leyendo! ¡Que tengas una buena semana!

A los demás que estáis siguiendo o marcando como favorita la historia, muchísimas gracias por vuestro apoyo. Espero que la historia sea de vuestro agrado.

¡Nos vemos en el siguiente capítulo!