7. Orígenes

Lune se hallaba en el tribunal, sentado en la mesa, con las manos cruzadas bajo la barbilla. No estaba escuchando a nadie, puesto que no había ningún muerto esperando un juicio.

Tan solo estaba dándole vueltas a multitud de historias que se arremolinaban en su cabeza sin cesar. Ni siquiera se percató cuando el Wyvern accedió al tribunal de manera silenciosa.

Por ello, dio un respingo al ver a Radamanthys de pie junto a él y con su anillo en la mano, observándolo con detenimiento.

—Hermanos— deletreó, depositando la joya frente al hermano menor—. Antiguamente sabía leer las runas…

Lune desvió la mirada y la centró en aquel círculo de metal argénteo.
—Pero no es el mismo futhark— murmuró el Balrog, sin apartar la vista de aquel círculo vicioso.

Radamanthys se sentó en la silla que usualmente ocupaba Minos y suspiró.
—No, evidentemente— respondió, acomodándose—. La lengua que hablabais entonces sería un noruego arcaico, en desuso hoy día. Al igual que en vida mi lengua era un gaélico que poco tiene que ver con el que se habla actualmente. Pero los pueblos celtas usábamos las runas igualmente.

—Tengo entendido que las divinidades celtas son similares a las nórdicas— dijo Lune, interesado en el tema—, compartimos ciertos puntos en común.

El inglés asintió con un leve cabeceo.
—No es igual, pero sí es similar— musitó el inglés—. Nuestras raíces son las mismas, pero en cada comarca las historias se cuentan de diferente manera. Se cambian hechos, se añaden personajes…pero al fin y al cabo es parecido.

Lune miró a Radamanthys con detenimiento.
— ¿Tú te acuerdas a quién rendías tributo antes de servir a Hades?

El juez se reclinó en la silla y miró al techo del tribunal.
—Sí, me acuerdo perfectamente de todos y cada uno de los dioses a los que servía.

— ¿Y no lo consideras traición a nuestro señor Hades?— preguntó inquisitivo, esperando algún signo de molestia en el imperturbable rostro del Wyvern.

—En absoluto— respondió el inglés, incorporándose de la silla y retirándose la camiseta negra que llevaba puesta. En su espalda, un tatuaje con forma de trisquel de fondo y encima un cuervo con las alas extendidas en forma de cruz.

Lune observó el dibujo detallado.
—Morrigan— murmuró asombrado.

El rubio volvió a colocarse la camiseta y se sentó de nuevo.
—Es lo único que me une a mis orígenes y no puedo ni debo renunciar a ellos, aunque sierva a Hades— declaró, llevándose una mano a la barbilla—. Mi pacto fue voluntario, al igual que el tuyo. No porque mis deidades no me ofrecieran algo mejor, sino porque quise, voluntariamente, dedicarle mi última batalla a Hades. Pero sin llevarme a nadie más conmigo.

Aquellas palabras pusieron sobre aviso al Balrog, quien desvió la mirada hacia el anillo que reposaba en la mesa, refulgiendo delicadamente.
—No le traje conscientemente— murmuró, habiendo intuido lo que el Wyvern le decía—. No era mi intención…

—Pero sí sabías lo que pasaría, ¿me equivoco?— contestó el rubio, señalando con la barbilla la joya—. Porque me imagino que sabrías que ese anillo fue forjado con un objetivo.

Aún no se atrevía siquiera a tocarlo. En su mente, se arremolinaban muchísimos pensamientos variados y contradictorios.

¿Había sido desleal a sus orígenes, al rechazar aquel anillo? ¿Era posible estar bajo la protección de un dios foráneo, y al mismo tiempo, tener respeto por sus raíces?

Lune había tenido siempre muy claro querer conocer a las deidades de los griegos. Hasta el punto de rechazar los favores de los Aesir.

—No es tan fácil como parece— replicó el Balrog, pasándose una mano por la frente—. Este anillo e incluso mi propia armadura están relacionados con mis orígenes. Por más que lo intento, no consigo…

Radamanthys se echó a reír por aquellas tribulaciones.
—¿No te das cuenta que todas las armaduras asignadas tienen que ver con nuestros orígenes?— declaró el inglés—. Fíjate en la armadura de Aiacos…él es de Nepal, y porta la armadura de Garuda, una deidad compartida por los hindúes y budistas, ¿qué religión crees que profesaba Aiacos antes de unirse a nuestras tropas? O Faraón, su verdadero nombre está escrito en jeroglíficos en las paredes de las pirámides de Egipto.

—Ya, y tú con los Wyvern, un tipo de dragón propio de la heráldica inglesa— musitó Lune—, por eso a mí se me adjudicó la del Balrog...pero mi hermano sin embargo recibió la del Grifo…no tiene nada que ver con la mitología nórdica ni nuestros orígenes…

El inglés esbozó media sonrisa y surpiró.
—Los grifos, es verdad que son seres compartidos por varias culturas. Pero el nombre de tu hermano tiene que ver con el palacio de Knossos, en la isla griega de Creta— declaró, tamborileando los dedos sobre la mesa—. ¿Has visto las pinturas que flanquean el trono de Minos? He ahí la respuesta.

—Eso es imposible, tanto mi hermano y yo nos criamos en una familia nórdica, bajo el cuidado y protección de Odín— replicó extrañado el noruego—. ¿Puede saberse qué…?

Por respuesta, el Wyvern se revolvió en la silla y se incorporó de ella rápidamente.
—Hay cuestiones que se quedarán sin resolver— sentenció el inglés—. Y nunca las conoceremos con certeza. Sólo intuyo que nuestro destino está íntimamente ligado al señor Hades, no importa dónde supuestamente hemos nacido y nos hemos criado. Tan solo tengo claro que nuestro dios sabe buscar aliados allá donde va. Pero— remarcó señalando el anillo—, tengo la impresión de que tu hermano fue arrastrado contra su voluntad aquí.

— ¿Crees que traicionará a Hades?— preguntó directamente el noruego, pero Radamanthys sacudió la cabeza rápidamente.

—No— declaró rápidamente—, siempre y cuando te pongas el anillo que tan importante es para él. Vosotros sabéis qué es lo que tiene de especial.

Dicho esto el juez salió del tribunal, sin esperar la respuesta del Balrog.

Aturdido por todo aquello, Lune sujetó el anillo entre sus dedos, para colocárselo finalmente en su dedo índice de la mano derecha, justo encima de la cicatriz.


Notas:

Andromedaaiorossayita: paciencia con el tema del anillo, que poco a poco se va desvelando su uso y origen. Espero que estos capítulos solucionen tus preguntas. ¡Muchas gracias por los comentarios y por seguir leyendo!

Gracias a todos los que seguís o marcáis esta historia como favorita.

¡Nos vemos en el próximo capítulo! ¡Feliz semana!