Hola! He regresado, sobreviví a los exámenes y, quitando algunos trabajos, me he hecho un hueco para postear un nuevo capítulo. De todos modos son cortos, pequeños vistazos a un Atobe que, irónicamente, se va tornando un poco más reservado a medida que va creciendo. Personalmente siempre me ha parecido la clase de personaje que se muestra de una manera "de cara a la galería" pero con sus matices puertas adentro. Espero les guste.
Cap. VI - La magia de los recuerdos
Atobe Keigo no era un hombre supersticioso, no se veía a sí mismo sometiéndose a un "designio divino". Sin embargo, recordaba bastante de las "mañas" de su reina de las nieves en cuanto a ver señales, buenos o malos augurios, y no podía dejar de pensar en que los dioses lo estaban consintiendo un poco. Llevaba cinco años fuera de Japón, cuatro como tenista profesional y había fronteras que no había conseguido atravesar, Tezuka en Australia y Echizen en ., hasta ahora.
La noche de año nuevo, cuando dieron las doce, al mirar al cielo no encontró la Luna y recordó a Oyuki decir que la Luna Nueva era una suerte de página en blanco ideal para plantar una intención, en el salón donde vibraba una fiesta en pleno apogeo había desparramadas velas doradas, éxito y poder volvió a susurrarle su recuerdo. Quizás fue la fuerza del recuerdo de su primer amor el que lo llevó a notar esos detalles, sea como fuere, pidió un deseo, deseó el coraje para superar sus obstáculos.
Quizás fuera simple coincidencia, un efecto psicológico, o tal vez realmente había algo de magia en ello, quién sabe. El punto es que después de años de frustración y mucho esfuerzo había conseguido arrebatarle a Tezuka el invicto en el abierto de Australia, y pasar por encima a Echizen de paso. Estaba eufórico, lleno de energía, no podía esperar a Roland Garros donde sabía que los dos vendrían a por él. La tierra batida no le sentaba bien a ninguno de ellos, y mientras Echizen se había adueñado del US Open, Tezuka había hecho lo propio en Australia, él se había coronado señor en Wimbledon donde llevaba tres victorias consecutivas, les quedaba siempre Roland Garros para desempatar, una suerte de acuerdo tácito entre caballeros, aunque dudaba que Echizen estuviera de acuerdo con ese pensamiento.
Se supone que después de esta victoria en Australia regresara a Londres para asistir a una serie de eventos sociales a los que su madre solía obligarle a asistir con el, nada implícito, objetivo de conseguirle una esposa. Oshitari tomó por costumbre reírse de ello mientras le recita las primeras líneas de Orgullo y Prejuicio. Si se concentraba lo suficiente podría oír el acento de kansai, es una verdad universalmente aceptada que todo hombre soltero en posesión de una gran fortuna necesita una esposa, seguido de una risa apenas contenida al otro lado de la línea telefónica. Como sea, esta vez estaba demasiado contento como para ir al matadero de buena gana. Entonces, en lugar de volverse a Inglaterra, hizo una escala en Italia con la excusa de hacer la temporada de tierra batida, nadie le discutió que faltara al menos un mes para que comenzara. Así que, con la única compañía de su mayordomo, rentó un par de habitaciones frente a los canales venecianos y se dispuso a descansar un par de días antes de, efectivamente, hacerse ver en las canchas de tierra batida. Sus años en Hyoutei debieron prepararlo para que sus planes no siempre salgan como espera.
