Disclaimer: La historia no me pertenece, historia adaptada del libro Corazones Encadenados (Capitulo 5 - Sacrificio)

Kristen había escapado de Robert ahora hacía un año, sintiendo que podía ser una debilidad para su futuro. Pero nunca esperó el sacrificio que él hizo por ella. Uno que conmocionaría su alma y destruiría las raíces de todas sus creencias.

Su sexualidad, su corazón y todo por lo que había luchado en los últimos seis años serán sometidos a prueba cuando una misión la lleve a la granja de Robert y a su cama. Allí aprenderá el verdadero sentido del hambre, del amor... y también el engaño y las mentiras que han gobernado su vida durante tanto tiempo.

Cualquier cosa que merezca la pena tenerse merece también un sacrificio. Kristen está a punto de averiguar si puede pagar el precio, y arriesgar no sólo la herencia que debería ser suya, sino también su corazón frente al hombre que todavía puede contener el fuego que arde en su alma.

****************************************************************************************************************************************************

Capítulo 3

—Ella va a volverme loco. Un año. He perseguido a esa mujer durante un maldito año y ella aún sigue huyendo de mí —Robert pasó sus dedos agitadamente por su corto pelo mientras caminaba a lo largo de la cocina de su madre dos días más tarde, incómodo bajo el escrutinio de los ojos de lince de su demasiado perspicaz madre, Carolyn Pattinson Stewart.

No podía sacarse a Kristen de la cabeza. Era frustrante, irritante, lo estaba volviendo loco por el calor líquido que recorría su corriente sanguínea y que mantenía su polla en un estado constante de erección. Pero lo peor era el dolor de sus brazos por querer sostenerla. Joder, él sólo deseaba sostenerla cerca de su corazón, abrigarla y protegerla del dolor que había vislumbrado en sus sombríos ojos verdes. Deseaba ver risa allí. Deseaba ver calor y pasión y desnuda necesidad, y felicidad.

No podía dormir por la imagen de ella yaciendo atravesada en aquella mesa, luchando por su orgasmo. Y sabía, allá en lo más profundo de las horas más oscuras de la noche, que no era el orgasmo lo que estaba tratando de alcanzar sino el sentido de libertad y fuga. Era su escape. Tan extremo como era, ir al Club y desnudar su tentador culito para que la follaran era el modo de Kristen de liberar la presión, desesperación y necesidades que no tenían tanto que ver con lo sexual como con lo emocional.

—Es cierto, Rob, como dices, ha estado huyendo durante un año. ¿Qué es lo que te tiene tan trastornado justo ahora? —La voz de Carolyn era ligeramente divertida y algo más que un poco curiosa.

Robert detuvo su paseo antes de volver su cabeza para mirar a su menuda y conservadoramente vestida madre. Su suave pelo castaño encanecido estaba alzado en un moño y sostenido en la parte de atrás por una hebilla de plata que su padre le había dado por su décimo aniversario de bodas. Alrededor de su cuello llevaba las perlas que él le había comprado para un cumpleaños. Usaba un simple anillo de boda en su mano izquierda; en la derecha ella todavía llevaba el simple anillo de compromiso y la gruesa cinta que había llevado como esposa del Juez Victor Pattinson. Era todavía una mujer hermosa, una de las más hermosas que Robert jamás hubiera conocido. Con sus bonitos rasgos y ojos azul oscuro, no era clásicamente hermosa, pero había un aire de tranquila grandeza en ella que siempre lo consolaba. Al menos, la mayor parte de las veces.

—Estoy harto de eso —suspiró finalmente con rudeza mientras se volvía hacia ella y avanzando hacia la mesa de cocina de roble claro se sentaba de nuevo en su asiento—. No puedo sacarla de mi cabeza. No puedo dejar que se siga escapando de esta forma.

Ella se estaba destruyendo. Él había visto mucho, había vislumbrado la rabia amarga que la llenaba el momento antes de besarla. Y ese beso. Inspiró profundamente, todavía afectado por las sensaciones que lo habían recorrido. Fue un fuego salvaje. Una explosión de los sentidos, demasiado intenso para luchar, demasiado profundo para dejarse ir.

—¿Y cómo tienes intención de detenerla, Rob? —Su madre levantó su taza de café hasta sus labios, pero él vio una sonrisa burlona afilar sus labios—. Kristen es una mujer adulta. No puedes obligarla a una relación contigo. Esos días pasaron hace mucho, hijo.

Ella se estaba divirtiendo. Demonios, ¿hubo alguna vez un tiempo en que no hubiera estado divertida cuando él y su padre mostraban lo que ella llamaba su "rareza masculina"?
Se reclinó en su silla, mirándola silenciosamente durante largo tiempo. Estaba casada con el Senador Stewart, y aunque no pareciera delirantemente feliz, realmente parecía contenta. Sin embargo, las sombras todavía duraban desde la muerte de su primer marido. Un velo de tristeza que él sabía que nunca se levantaría completamente.
Su relación con Victor Pattinson había sido tempestuosa, apasionada y, lo sabía, profundamente amorosa. Él había sido criado en el refugio de ese amor, y más tarde, siendo adulto, en el tácito conocimiento del hecho de que su sexualidad no era lo que los otros considerarían "normal". Su padre había ayudado a fundar El Club. Los sigilosos socios eran figuras sumamente públicas que habían creado el grupo y lo habían hecho así por una necesidad de privacidad y protección. Un juez, un gobernador, un aspirante a vicepresidente. Su sexualidad habría sido una mancha en sus imágenes públicas.

—¿Qué sabes sobre este Testamento con el que su padre la tiene controlada, Madre? —finalmente hizo la pregunta que le estaba comiendo la mente. Tenía que haber una respuesta para esto, aunque después de su reunión unas horas antes con el Senador Stewart, no pensaba que la respuesta fuera muy alentadora.

Carolyn le echó una mirada con cierta sorpresa antes de que una tenue luz de entendimiento apareciera en su mirada. —¿Ella te contó sobre eso? —preguntó con curiosidad. Robert sacudió su cabeza. —No con tantas palabras, pero esto es Washington, olvidas que hay pocos secretos. Ella suspiró en reconocimiento. —Fue establecido generaciones atrás. Establece que ella debe casarse con un hombre que su padre apruebe y que ella debe ser virgen para heredar Briar Cliff, la propiedad que ha sido de la familia de su madre durante generaciones —levantó una mano cuando Robert iba a protestar—. Es completamente legal, Rob, lo comprobé yo misma. Su padre le impone un examen cada tres meses para asegurarse que ella cumple los términos del testamento. Es todo completamente legal e inquebrantable. En cinco años, las condiciones del testamento serán nulas e inválidas. Si no hay ninguna hija, o la hija ha perdido su virginidad o no se ha casado con la aprobación del padre, firmada y comprobada ante los abogados del testamento, entonces Briar Cliff vuelve completamente al heredero masculino más viejo o al padre. Si ni el padre ni un heredero masculino sobrevivieran, entonces y sólo entonces, vuelve a la hija sin condiciones. Daniel está determinado a que ella se case con un hombre que pueda refrenar sus pasiones, no con alguien que las fomente. La rabia tensó su pecho, apretando su mandíbula mientras él volvía la mirada hacia ella. La amargura en su mirada, el dolor de su voz comenzaba a tener sentido ahora. Él había esperado, demonios, había rezado que la información que le habían dado en El Club hubiera sido equivocada. Aunque había sospechado que no lo era.

—¿Y por qué te has casado con esta… —él escupió las palabras con un chasquido de sus dientes—…persona? Una suave sonrisa curvó sus labios al suavizar él los términos más explícitos que hubiera usado.

—En serio, Robert, mi matrimonio con Daniel no tiene nada que ver con la relación con su hija. Aunque yo era inconsciente de los conflictos entre ellos entonces —sacudió su cabeza mientras envolvía sus dedos alrededor de su taza, mirando pensativamente los restos de su café—. Esto le duele a él, la distancia entre él y Kristen, pero hace lo que siente que es correcto. Y los términos del testamento no los puso él. Fue hecho cinco generaciones atrás por una estricta, puntillosa madre que desaprobaba completamente lo que ella llamó deseos "poco naturales" de las mujeres de su familia. Ella estaba decidida a que sus descendientes se comportarían con toda respetabilidad, y lo hizo cumplir. Robert inspiró rudamente mientras comenzaba a sospechar los obstáculos que ahora se ponían en su camino para poseer a la mujer a la que su corazón parecía unido.

—Si esto le doliera, haría algo para corregir la situación, como permitirle a ella casarse con alguien que a ella le importara antes que alguien escogido por él —refrenó la furia que quemaba su tripa—. ¿Eres consciente de que me considera inaceptable como marido para su hija? Por qué se había molestado en acercarse al Senador esta mañana, todavía no estaba seguro. Formalmente, no había manifestado la intención de casarse con Kristen, pero había estado curioso en cuanto a las calificaciones que el Senador aprobaba Los labios de Carolyn se afinaron con una cólera cuidadosamente controlada. Las noticias le sentaron tan mal a ella como a él.

—Entiendo por qué él siente así —ella lo sorprendió con su declaración—. Espera, Rob —sacudió la cabeza cuando él abrió su boca para discutir—. Como has dicho, esto es Washington, hay pocos secretos que no sean comentados con resplandeciente detalle. Los rumores del Club, los Troyanos, y su modo de vivir han sido frecuentes el año pasado o más. Tu nombre fue vinculado a ellos apenas te les has unido. Daniel considera El Club y sus miembros, el epítome de lo que está determinado a evitar a su hija. Robert frotó su mano sobre su cara con fastidio. Algunas personas no podían mantener sus bocas cerradas ni aunque sus vidas dependieran de ello. En este caso, un divorcio amargo y nada menos que una ex-esposa soberbia habían revelado el secreto del exclusivo club de hombres a una sociedad que absorbió los rumores.

—La sexualidad de su hija no es asunto suyo —gruñó.

—No más que la tuya es asunto mío —puntualizó ella—. Aun así, te he preguntando sobre tu asociación ahí durante varios meses. No había censura de su voz, sólo la aceptación que él siempre había recibido de ella. —Lo siento —él sólo pudo sacudir su cabeza, pesaroso—. No pediré perdón, conocía los riesgos. Carolyn suspiró profundamente. —¿Dime, los rumores sobre que Kristen es socia allí son exagerados, o verdaderos? Ella recogió su taza como si la pregunta no hubiera sido dejada caer como una bomba. ¡Maldición! La filtración era peor de lo que él había pensado. Iban a tener que encontrar a la persona o personas responsables de esto. Robert la miró atentamente. Algo entre ellos, él no tenía duda, quedaría entre ellos, pero este era el secreto de Kristen, no el suyo.

—Eres tan parecido a tu padre —ella rió en silencio entonces—. Asumiré que ella lo es, y asumiré que tu carácter durante esta semana es debido a que te enteraste por ti mismo —se inclinó hacia adelante con sombría expresión, sus ojos azules oscuros e intensos—. Robert, esa propiedad significa todo para Kristen. Todo. Las últimas palabras de su madre fueron una súplica para que ella no rompiera la tradición que las mujeres de su familia han mantenido por más de cinco generaciones. Si ella pierde su virginidad, su padre toma el control de los beneficios de la propiedad, la casa, todo lo que ha sido pasado de madre a hija, durante tantos años. En cada caso, la madre fue forzada a casarse con un hombre escogido por su padre, uno considerado capaz de refrenar sus pasiones y su sexualidad. Esa promesa la está destruyendo y, en muchas formas, a Daniel también.

—Él puede romperla —indicó Robert, consciente de que la cólera que pulsaba dentro de él coloreaba su voz—. Él la está destruyendo. —Él cree que la está salvando. —Por el amor de Dios —dejó su silla con una oleada de energía nacida de la furia que pulsaba en su interior—. ¿Cuándo volvimos a la Edad Media, madre? Ella es una mujer, no una niña.

—Rob, no puedes pelear esto —dijo ella suavemente, con pesar—. He discutido de esto con Daniel hasta que tuve la cara morada. Él no se echará para atrás. Este es el único conflicto que hemos tenido desde que nos casamos hace un año. Cree que tiene razón. Cree que Kristen debería casarse con un hombre de pasiones serenas, uno capaz de controlar lo que él considera sus "salvajes inclinaciones".

—Él es un santurrón mojigato —escupió él.

—¿Por qué te preocupas? —le preguntó ella, frunciendo el ceño mientras él caminaba por la cocina—. Entiendo tu deseo por ella, Rob, pero hubo otras mujeres a las que has deseado y no podías tener tampoco. ¿Qué la hace diferente?

—Ella me vuelve loco —gruñó, metiendo las manos en los bolsillos de sus pantalones mientras encorvaba los hombros por la tensión que le invadía—. Me hace querer lanzarla sobre mi hombro como un maldito troglodita, y al mismo tiempo quiero envolverla en algodón y protegerla de todos y cada uno de los que pudieran hacerle daño. La quiero feliz. Su voz, su cuerpo, vibraron con esa necesidad, con la absoluta certeza de que él podría hacerla feliz.

—¿Y tú piensas que casándote con ella harás eso? —preguntó su madre con una sombra de burla—. Robert, Daniel nunca permitirá a Kristen casarse con un hombre tan sexualmente intenso como tú obviamente eres. Y ella perderá todo por lo que está luchando si te acepta.

—Ella es mía —se estremeció mientras las palabras salían de él—. Maldición, eso sonó bastante arrogante, ¿no? —se rió con una pizca de auto-burla. Pero no podía escapar de la afirmación que acababa de hacer. Mientras las palabras salían de sus labios, el conocimiento abrigó su corazón. Ella era suya, incluso si no podía tenerla. Había visto el dolor en sus ojos, la sexualidad que la atormentaba, la pena que sombreaba sus ojos. Y mucho más. Vio su necesidad de ser tocada, de ser abrazada, de dejarse ir y compartir la pasión, el calor que crecía dentro de ella.

—¿La amas, Rob? —preguntó su madre otra vez, su voz firme ahora, exigente. Él volvió su mirada a ella, encontrando sus ojos con tanta determinación como ella. ¿La amaba? Suspiró con cansada aceptación. Sí, la amaba, más de lo que había creído posible amar a una mujer.

—Más de lo que te imaginas —dijo finalmente, su propia necesidad resonando por su cuerpo—. Más de lo que tú nunca sabrás, madre. Por un momento la compasión llenó los ojos de ella.

Había esperado durante años que él encontrara a una mujer con la que sintiera que podría pasar el resto de su vida, y establecerse en una relación que lo satisficiera, tanto como su matrimonio con su padre la había satisfecho a ella.

—Entonces tienes que tomar una decisión —dijo con cuidado—. Toda su vida Kristen ha sido forzada a escoger, y siempre ha sido una elección que provocaba otra herida en su alma. ¿Puedes pedirle que agregue tu corazón y tus necesidades a su carga? Él la miró fijamente, refrenando la furia que estallaba dentro de él. Tragando fuerte, sacudió su cabeza con un movimiento rudo, negativo. No podía obligarla a hacer semejante elección, y ambos lo sabían. Pero no sabía si podría obligarse a dejarla ir, tampoco. Carl Stanton tenía mucho por lo que pagar. Había sido el desagradable divorcio de su esposa lo que había provocado el primero de los rumores. Kia Stanton había deseado salir de ese matrimonio, y cuando Carl se había negado, ella había dejado correr el primer rumor. Pero Kia ya no tenía relación con ninguno de los miembros, así que ¿cómo se habían divulgado los rumores sobre su asociación y la de Kristen? Pero incluso más inquietante, sin embargo, era la amenaza de que la previa asociación de su padre fuera revelada también.

—¿Stewart conoce la conexión de Padre con El Club? —le preguntó entonces—. ¿Te está causando problemas? Mataría al bastardo si se había atrevido a abusar de la menuda y frágil mujer que Robert sabía que era su madre. Ella sonrió tristemente. —Te olvidas Robert de que éste es un matrimonio de conveniencia. Pero por lo que sé, Daniel no ha oído ningún rumor que no debiera. Pero si lo hizo, no le serviría de nada. No puede dañarme con eso. Pero este no es el punto. ¿Qué harás ahora? ¿Qué otra cosa podía él hacer?

—Dejarla ir —susurró amargamente—. Es lo único que puedo hacer.