Disclaimer: La historia no me pertenece, historia adaptada del libro Corazones Encadenados (Capitulo 5 - Sacrificio)
Kristen había escapado de Robert ahora hacía un año, sintiendo que podía ser una debilidad para su futuro. Pero nunca esperó el sacrificio que él hizo por ella. Uno que conmocionaría su alma y destruiría las raíces de todas sus creencias.
Su sexualidad, su corazón y todo por lo que había luchado en los últimos seis años serán sometidos a prueba cuando una misión la lleve a la granja de Robert y a su cama. Allí aprenderá el verdadero sentido del hambre, del amor... y también el engaño y las mentiras que han gobernado su vida durante tanto tiempo.
Cualquier cosa que merezca la pena tenerse merece también un sacrificio. Kristen está a punto de averiguar si puede pagar el precio, y arriesgar no sólo la herencia que debería ser suya, sino también su corazón frente al hombre que todavía puede contener el fuego que arde en su alma.
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Capítulo 4
Pudo haber sido una espía, pensó Kristen, pero el entrenamiento adicional no pegaba con la castidad obligada. Podría ser modelo, pero siempre pensó que eso significaba decir no a la pizza, y perder los siete kilos extra que la atormentaban hubiera sido demasiado doloroso. Y ser la amante de un hombre rico era simplemente inadmisible; sólo se podían hacer cierta cantidad de compras antes de que eso también se volviera aburrido. Además, al igual que ser espía, requeriría la pérdida de su virginidad. Todo lo demás era aburrido, así que ingresó en la Academia de Policía, yendo de allí a varias agencias de seguridad especializadas en protección.
El trabajo no era en verdad inusualmente peligroso, y además llevaba un arma. Le gustaba esa parte. Especialmente cuando las tareas la hacían estar cerca de hombres arrogantes con más testosterona que sentido común. Esas tareas no eran muchas y estaban bastante espaciadas, gracias a Dios, pero de vez en cuando asomaban sus feas cabezas. Y luego estaban aquellas que realmente apestaban. Las que sabía que pondrían a prueba su paciencia y su entrenamiento. Y ésta era una de esas.
Miró fijamente a su jefe y uno de sus amigos más queridos, totalmente muda, refrenando una risa incrédula. Esto era demasiado extravagante para ser real.
—¿Podrías repetir eso? —preguntó cuidadosamente, segura de que debía haber oído mal.
Las gruesas cejas grises de Richard Decker se fruncieron repentinamente.
—Me has oído, Kristen —dijo con cauteloso énfasis—. Serás asignada al equipo de Pattinson, a pesar del aviso sobre que tu seguridad podría estar en peligro también. Te pegarás a Robert Pattinson, y el equipo os rodeará durante el tiempo que tome averiguar si la amenaza es verdadera o imaginaria. Irás a Pattinson Farm esta noche, y te quedarás allí hasta que esta misión esté terminada.
Kristen permaneció rígida frente a él, aspirando con cuidado por la nariz mientras apretaba los dientes por el esfuerzo de refrenar su sarcástica respuesta. Si alguna vez se había enfrentado a una farsa, ésta era una. ¿Cómo demonios había ocurrido?
—Richard, no creo que sea una buena idea...
—No te corresponde a ti determinar eso —dijo él con serenidad—. La orden viene del mismo Congreso. No hay ninguna otra opción.
Volvió a respirar profundamente. Inspiraciones profundas, se recordó. Podía controlar la explosión que estaba construyéndose en su cabeza; todo lo que tenía que hacer era respirar. Al menos, eso es lo que aquel arrogante experto de artes marciales de voz suave le había dicho.
—Entonces renunciaré —no era una amenaza. No sería la primera vez que había dimitido de una agencia, y dudaba que fuera la última.
—Puedes hacerlo —Decker asintió lentamente, mirándola desapasionadamente mientras ella permanecía de pie frente a él—. Eres una muchacha grande, Kristen, puedes hacer lo que quieras. Si quieres seguir escapando. O, puedes afrontar el hecho de que habrá veces que tendrás que ponerte seria y aceptar lo inevitable. Sobre todo si tu padre es escogido como el posible vicepresidente en la próxima elección, como se rumorea.
Entonces los rumores eran ciertos. Justo lo que ella necesitaba.
—No lo considero escapar…
—Bueno, yo lo hago, ¡demonios! —gruñó él—. Puse mi trasero en la línea de fuego al contratarte, si recuerdas bien. No pensé que estaba trayendo a un maldito desertor.
Ella casi se estremeció. Él no levantó su voz, pero Richard Decker no tenía que hacerlo, sus ojos marrones oscuros podían cortarte a la mitad si sentía la necesidad.
—Es una trampa —argumentó ella, dejando la pretensión de subordinación mientras la cólera alimentaba el resentimiento que había estado creciendo dentro de ella durante semanas—. No es la primera, ni será la última —dijo hablando del padre al que había renunciado años antes.
Sacudió su cabeza, luchando contra la necesidad de confiar en la única persona que le había tendido una mano en años.
Richard Decker no era solamente su empleador; él y su esposa se habían hecho amigos de ella. Habían apoyado su necesidad de independizarse de su padre, y le habían proporcionado un tranquilo, pacífico retiro en su casa cuando ella lo había necesitado. Darle la espalda a él le comía el alma, pero los riesgos eran demasiado grandes.
—Si te alejas de esta misión, entonces puedes decir adiós a tu futuro en trabajos de seguridad. Nunca conseguirás otra agencia decente que te contrate. Y lo sabes —él se reclinó en su silla, sus brazos apoyados cómodamente sobre los lados mientras la miraba—. ¿Es eso lo que quieres?
Ella resistió el impulso de apretar sus puños.
—Tú sabes que no —dijo acaloradamente—. Pero esto es una locura, Richard. No hay ninguna amenaza sobre Pattinson, no más que la hay sobre ti. Esto es otro de sus pequeños necios complots, nada más.
—Y no podemos estar seguros de eso —replicó él—. Hasta que no lo estemos, harás este encargo, Kristen, y lo harás lo mejor que puedas. Si no por otra razón, que sea por mí. Realmente no me agrada el que mi jefe mastique mi trasero si te retiras.
Culpa emocional. Ella odiaba esto y él lo sabía. Él lo sabía y lo usaba contra ella de todos modos.
—Eso es un golpe bajo —gruñó ella.
—Pero eficaz —se inclinó hacia adelante otra vez—. Llevarás a Matthews, Adams, Lowell y Danford contigo. Ellos patrullarán los principales terrenos mientras tú te pegas a Pattinson. Quédate con él. Sólo hasta que estemos seguros.
Quedarse con él, cerca de él, estar en la misma casa que él. Kristen quiso gemir miserablemente ante el pensamiento. La semana pasada ya había sido un infierno, la excitación que normalmente se burlaba de ella se había vuelto una tortura. Soñaba con Robert, ansiando su toque, sus besos. El vacío que resonaba entre sus muslos parecía hacer eco en su alma ahora.
Él no aceptaría un "no" por respuesta por mucho tiempo. Acabaría teniendo lo que ella le había negado a cualquier otro hombre en ese club, y ella lo sabía. En el proceso, él muy bien podría robar su corazón. Ella no podía permitirse dejar a ningún hombre tocar su corazón.
Suspiró fatigosamente. Estaba cansada. Dormir se estaba volviendo más y más difícil de lograr y sabía que iba a tener que tratar con el agotamiento que la iba a reclamar pronto. Otro viaje al Club era inadmisible. Después del último episodio con Robert ella sentía que el alivio que había encontrado allí no existiría ahora.
—Bien —finalmente refunfuñó, sabiendo que estaba cometiendo un error, sintiéndolo tan profundamente en su alma que reverberó por su cuerpo—. Nos marchamos esta noche. ¿Algo más?
Los ojos de Richard se estrecharon pensativamente.
—¿Hay algo que no me dices, Kristen? —preguntó finalmente—. ¿Algo qué podría afectar esta misión?
Sí, ella quería follar tan desesperadamente con el cliente que incluso en ese momento, su vagina lloraba hambrienta.
—No —contestó en cambio—. Además de la sospecha de que el Senador Stewart está practicando otro de sus juegos, no se me ocurre nada.
—¿Robert tomaría parte en eso? —ella pudo ver la necesidad automática de protegerla en sus ojos. Richard y su esposa habían sido sus salvadores en los años anteriores, pero como ella le había dicho antes, no había nada que nadie pudiera hacer para salvarla de su relación con su padre.
—Dudo que Robert esté implicado en cualquier cosa que él estuviera planeando —añadió finalmente sacudiendo su cabeza ante la pregunta—. Ni siquiera creo que su madre sepa todos los detalles. El Senador no querría arruinar su buena imagen —era todo lo que podía hacer para no mofarse con desprecio.
—Incluso yo no conozco todos los detalles —gruñó él—. ¿Los conoce alguien?
Ella rió burlonamente.
—El Senador y yo, y en lo que a mí respecta, esos dos son demasiados.
La mirada de Richard era compasiva, pero eso hizo poco para contener los demonios que rugían dentro de ella.
—Yo te sacaría de esto si pudiera —le dijo suavemente—. Sabes que lo haría, Kristen. Pero no puedo hacer nada.
Ella asintió tristemente.
—Lo sé Richard. No te preocupes, no estropearé esto. Nos marcharemos esta noche.
Él asintió lentamente.
—Me mantendré en contacto por cualquier novedad. Como dije, en este punto, la amenaza sólo está basada en información de inteligencia del Ministerio de Defensa. Tu padre es un sucio hijo de puta, Kristen, pero está haciendo maravillas en Washington en cuanto a defensa nacional. Eso lo convierte en un objetivo, y hace de ti y Robert un objetivo igualmente. No puedes escapar de esto.
—Hay muchas cosas de las que parece que no puedo escaparme —espetó fieramente—. No significa que tengan que gustarme… Estaré lista para irme ahora, si no hay nada más.
Richard suspiró pesadamente.
—No, no hay nada más, Kristen.
Ella asintió brevemente, se volvió y dejó el cuarto. Consiguió ocultar el ligero temblor en su cuerpo hasta que llegó a su jeep, pero mientras sus dedos se apretaban sobre el volante, sintió los pequeños estremecimientos reverberar en su interior.
Robert. Sofocó un gemido mientras apoyaba la cabeza contra el volante durante largos segundos y luchaba por recomponerse. Por alguna razón, parecía que el destino buscaba destruirla. Podía ser fuerte lejos de él, pero cómo infiernos se suponía que iba a ocultar el hambre por él que carcomía su alma si era forzada a semejante proximidad con él? ¿Y por qué de pronto se preguntaba si la lucha en la que estaba enredada con su padre merecía siquiera perder algo más de un minuto de estar en los brazos de Robert?
* * * * *
Robert estaba de pie sobre el porche trasero de su casa mirando fijamente el crepúsculo de una tarde de verano en Virginia. Recordaba, hacía tiempo, ver a su padre parado aquí mientras discutía algún problema, mirando fijamente el bosque circundante frunciendo sus oscuras cejas como si las respuestas que buscaba se encontraran allí.
—La verdad es que la vida de Kriste está en peligro, Rob —su madre siguió hablando detrás de él—. He logrado convencer a William Lance, el jefe del Servicio Secreto, de mi plan. Él a cambio ha convencido al padre de ella de que este es el único curso de acción que pueden tomar para protegeros a los dos. No pensé que querrías dejar esto a extraños.
La niebla se elevaba a lo largo de las montañas, notó distantemente. Como apacibles mechones de polvo de hadas, elevándose a lo largo de la tierra. Pronto envolverían la superficie mientras la noche aparecía, trayendo un misterioso consuelo en la oscuridad.
—¿Cómo de alto es el riesgo? —preguntó finalmente, manteniendo su voz cuidadosamente uniforme.
—Ellos no están seguros aún. Pero tú sabes como son estas cosas. Podría ser un rumor; podría ser un hecho. Sin embargo no pensé que desearas correr el riesgo con la vida de ella.
Nunca. No podía haber ningún riesgo.
—¿Cuántos están en el equipo con ella? —preguntó tranquilamente.
—Cuatro, aunque dos de ellos son dudosos. Intenté que fueran eliminados, pero cuando William se acercó a su padre con la idea, él la rechazó. Sus expedientes no son tan buenos como yo hubiera querido.
Él asintió lentamente.
—Tengo a varios de los hombres que estaban conmigo en las Fuerzas Especiales trabajando aquí. Los traeré a la casa y estableceré salvaguardas. En cuanto a los hombres en el equipo de Kristen, necesitaré sus expedientes así como cualquier informe sobre ellos.
—Tengo todo conmigo —dijo ella, sonriendo dulcemente cuando él se dio vuelta para enfrentarla—. ¿Tienes alguna idea de cuánto me recuerdas a tu padre cuando me miras de ese modo? —le preguntó con cariño—. Él resolvía sus problemas más difíciles aquí, en este porche.
Su voz resonó con los recuerdos.
—Él solucionó muchos de los míos aquí fuera, también —suspiró él. Maldición, podría haber usado el consejo de su padre ahora.
Robert frotó su cuello con cansancio. Había vuelto de Texas esa mañana para encontrar a su madre esperándolo con noticias sobre que la seguridad de Kristen posiblemente podría estar en peligro y el plan que ella había puesto en movimiento para protegerla.
—¿Sabe Stewart que tú estás detrás del brillante plan de William? —le preguntó con desconfianza. Él tenía la sospecha de que el Senador sólo sabía lo que Carolyn quería que él supiera.
Ella rió serenamente.
—Daniel podrá no aprobar tu casamiento con su hija, pero está muy bien informado de tus capacidades para protegerla —no era exactamente una respuesta, pero él conocía bien ese tono de voz. No iba a conseguir nada más de ella.
—¿Y cuánto sabe Kristen? —preguntó.
—Que ella está para protegerte, y que el equipo debe protegeros a los dos. Es simplemente un asunto de proteger dos pájaros con un mismo escudo por así decirlo. Eres consciente de lo ajustado del presupuesto del gobierno, querido. La eficacia al menor coste es lo principal.
Él resopló ante esto.
—¿Cuándo llega? —necesitaba tiempo para estudiar la información que su madre había traído con ella y hacer sus propios planes en el lugar.
—Está dejando D.C. (Distrito de Columbia. Zona donde se encuentra ubicada la ciudad de Washington, capital de Estados Unidos, para que no pertenezca a ningún estado concreto.)
esta tarde. Deberían llegar a la hacienda por la mañana. Kristen está menos que contenta con el encargo, según me han dicho, pero estoy segura de que se instalará tranquilamente.
Robert le echó una mirada sospechosa.
—¿Estas segura que no hay nada de lo que te estés olvidando, madre? —Carolyn Pattinson era tan afilada como una daga cuando la necesidad se presentaba, y él claramente podía vislumbrar los afilados bordes en los cultos, calmos tonos de su voz.
Ella lo miró con un destello de risa en sus ojos mientras sus labios se curvaban en las comisuras en una sedosa sonrisa.
—Te he dicho todo lo que sé, Rob —dijo con dulzura, causándole un estremecimiento. Maldita sea, él ahora sabía que había algo que ella se estaba guardando. La única cosa de la que estaba seguro es que, fuera lo que fuera, sería información personal, y no algo que él necesitara para mantener segura a Kristen.
Él la enfrentó, lleno de resignación. Se había mantenido lejos de Kristen, tal como sabía que debía, y ahora, por alguna razón, ellos estaban siendo empujados el uno a la otra, de un modo tal que mantener las distancias sería imposible.
La necesidad de ella lo comía vivo. Saboreaba su beso en sus labios, podía oler la dulce esencia de ella en el aire a su alrededor. Y de noche, cuando debería estar durmiendo, estaba acariciando la atormentada la longitud de su polla en cambio, luchando por aliviar el hambre que lo torturaba. No había vuelto al Club, aun cuando tenía un trabajo que hacer allí. No creía tener el suficiente autocontrol para refrenarse si encontraba a Kristen allí de nuevo.
—¿Te quedas a pasar la noche? —preguntó a su madre mientras abría la puerta de la cocina para ella y se hacía a un lado.
—No esta vez —dijo ella, su voz tranquilizante, compasiva—. Tengo que regresar a D.C. a la mañana. Tengo un almuerzo al que no puedo faltar.
Él sacudió su cabeza. Su madre tenía sus dedos puestos en demasiadas instituciones y organizaciones benéficas como para que él pudiera seguirle la pista. Era una dinamo política, y él esperaba que Stewart comprendiera la joya que tenía en ella. Si Carolyn se lo proponía, vería al Senador ocupar el ala presidencial. Únicamente esperaba que ella supiera qué demonios estaba haciendo.
La acompañó desde la delantera de la casa hasta la limusina que la esperaba. Besando su mejilla, la vio entrar en la parte trasera del coche y miró como se alejaba. Había traído las semillas de su destrucción con la información sobre Kristen y la amenaza que la ponía en peligro. Que Dios los ayudara a ambos, él no sabía como demonios iba a mantener sus manos lejos de ella.
