Y como lo había dicho antes, todo inicio tiene un final, y con este capítulo termina esta historia, espero haya sido de su agrado. Recuerden que no subo epílogos.

Muchas gracias por haberme acompañado hasta el final, gracias por haberme regalado un espacio de su tiempo y estar al pendiente de la historia.

Por último les recuerdo una vez más que la historia No es para menores de edad, que los personajes No me pertenecen, que la historia es de mi autoría, que No está permitido publicar en otra plataforma y que No es con fines de lucro. Gracias por su comprensión.

EL ABUELO WILLIAM

36

El ambiente en la mansión de Lakewood quedó en suspenso, los pequeños observaban como por primera vez en su vida sus padres viajaban sin ellos, y a pesar de que Alexander y Albert podrían comprender mejor la situación la pequeña Alondra era la que mantenía esa tristeza en su pequeño y tierno corazón.

-No llores Alondra. - Decía Adrián a su pequeña prima, quien tallaba sus ojos para intentar mermar su llanto. Annie la sostenía con amor intentando consolar la tristeza de la pequeña, mientras su hijo se acercaba a ella para abrazarla.

-Creo que los polluelos ya nacieron. – Dijo Stear para desviar la atención de los niños en la despedida de sus padres. Albert fue el primero que reaccionó a las palabras de su tío consentido.

-¡Vamos a ver! – Gritó Albert emocionado y hasta Alondra quien momentos antes había estado llorando a mares se emocionó con la excursión que seguramente emprenderían.

-¡Sí! – Gritó Stear como niño pequeño dispuesto a llevar a todos los niños hasta el gran roble donde habían encontrado el nido, ya que días atrás aún no habían nacido aquellos huevos que esperaban impacientes eclosionaran.

-Pero a ti te da miedo escalar árboles. – Dijo Archie seguro de que conocía bien a su hermano. Los pequeños voltearon a ver al inventor para ver si eso era posible.

-Por supuesto que no Archie, eso era antes. – Dijo el de gafas intentado hacerse el valiente.

Stear seguido de todos los pequeños se dirigió hasta el viejo roble al que los niños todos los días visitaban para ver si habían nacido los pajarillos.

-Esto tengo que verlo. – Dijo Archie con una sonrisa burlesca, comenzando a caminar junto con los demás, mientras Annie y Patty se quedaban a esperarlos.

-Es allá tío. – Dijo Albert apuntando hasta lo alto de la copa. Stear volteó sorprendido con los ojos bien abiertos, sintiendo de pronto un mareo y las piernas temblar por la altura del mismo. Jamás se había imaginado que las veces que había enviado a los niños a ver el nido, este estuviera tan alto, de pronto las ganas con las que había iniciado la excursión quedaron en el piso.

-¿Hasta allá? – Preguntó Stear con los ojos bien abiertos. Albert asintió tranquilamente. Stear pasó saliva con dificultad y Archie lo veía divertido mientras sostenía en brazos a la pequeña Alondra y sostenía la mano a su hija Anabel.

-Hasta allá… ¿Te vas a subir? – Preguntó Archie sin dejar de burlarse de su hermano, lo conocía muy bien y sabía perfectamente que tenía pavor a las alturas.

-¿Tienes miedo papá? – Preguntó Alan mirando a su padre fijamente, esperando que el inventor le respondiera que seguramente no tenía miedo.

-Por supuesto que no. – Dijo Stear intentando sonar tranquilo, mirando con reproche a su hermano. – Solo que hace mucho que no me subo a un árbol tan alto. – Dijo un poco menos audible. La verdad era que el nido no se encontraba a gran altura, sin embargo el temor de Stear le hacía ver que estaba hasta la última punta del gran roble. Sus recuerdos viajaron al día en el que había conocido a Candy y la manera tan rápida que ella se había movido entre los árboles, aquella caída sufrida fue la causante de que desarrollara una especie de trauma para volver a subir un árbol.

-Alan y yo podemos ir a ver. – Dijo Alexander seguro de subirse hasta el nido del árbol para asegurarse que efectivamente como había dicho su tío Stear los polluelos habían empollado.

-De ninguna manera, yo lo haré. – Dijo Stear seguro de no permitir que los pequeños se pusieran en riesgo.

-Adelante. – Dijo Archie con una sonrisa burlona, no podía dejar de sonreír con burla y era algo que Stear le reclamaba con la mirada. Los pequeños lo miraban esperando que comenzara a escalar.

Stear, después de mirar por última vez el objetivo se arremangó las mangas de su traje y comenzó a escalar abrazándose del tronco principal para alcanzar la primera rama, pronto el pobre inventor comenzó a sentir que la altura era demasiada y aún no llegaba a la mitad de su recorrido, le era imposible voltear hacia abajo porque sabía perfectamente que si lo hacía comenzaría a dudar de continuar y al mismo tiempo quería demostrarle a su hermano que ya no temía a las alturas.

-Todavía te falta Stear. – Le decía Archie para molestarlo, mirándolo hacia arriba con travesura, incitándolo a que no era suficiente la altura que había alcanzado.

-Ya lo sé Archie, aún no termino de subir. – Decía Stear comenzando a sudar por la preocupación que iba en aumento en él. Las manos también comenzaban a sudarle y sus brazos y piernas aumentaron su temblor. - ¿Seguros que hasta acá subían? – Preguntó Stear con la voz temblorosa para asegurarse de que los niños habían subido esa altura.

-Alexander se subía primero. – Dijo Albert con tranquilidad. – También Alan y ellos nos ayudaban a nosotros a subir. – Agregó el rubio ojos azules para explicar a su tío Stear que todos habían subido hasta ese lugar para admirar los huevos.

-¿También subían Arthur y Adrián? – Preguntó Stear sorprendido de que incluso los más pequeños habían escalado hasta llegar al nido.

-Sí, los cinco hemos estado arriba. – Respondió Alexander, como si fuera lo más natural del mundo. – Hasta Anabel subió un día. – Dijo de nuevo con las mejillas sonrojadas observando a la pequeña Anabel, quien le sonreía tímida al recordar la vez que Alexander le había ayudado a escalar el árbol. Stear pasó saliva sin comprender cómo no había ido antes para ver el riesgo que corrían los pequeños.

-Creo que debiste venir antes de darles permiso. – Dijo Archie a su hermano, dándose cuenta que era peligroso para los pequeños andar trepados en aquel árbol.

-Creo que tienes razón. – Dijo Stear sin dejar de ver su objetivo, temiendo mirar hacia abajo.

Una vez que llegó hasta el nido se colocó abrazándose con sus dos brazos y sus dos piernas a las ramas más fuertes del árbol.

-¡Vaya! Parece que ya están naciendo. – Dijo Stear emocionado, logrando que los pequeños comenzaran a subir rápidamente hasta donde estaba el inventor. – Con cuidado. – Decía Stear preocupado y a la vez muy sorprendido por ver como sus hijos y sus sobrinos subían con destreza, todos incluso el pequeño Adrián.

-Tengan cuidado. – Decía Archie mirándolos desde abajo abriendo sus brazos como si fuera a atrapar a alguno.

Cuando llegaron los cinco pequeños, Stear los intentaba acomodar para que pudieran ver cómo comenzaba a reventar el primer huevo. Para sorpresa de los pequeños el huevo comenzó a eclosionar.

-¡Esto es maravilloso! – Dijo Arthur emocionado, quien fue el que había descubierto aquel nido. Stear por un momento olvidó donde estaba e igual que los niños se quedó observando el nacimiento de los pajarillos. Archie por su lado se aguantaba las ganas de subir a ver aquel espectáculo de la naturaleza, sin embargo no quería pasar lo mismo que su hermano ya que al igual que Stear temía a las alturas, la diferencia era que él no presumía de lo contrario.

-¡Yo quiero tío! – Dijo Alondra emocionada de ver a sus hermanos y primos tan entusiasmados con aquel hecho de la naturaleza.

-Yo puedo sostenerla papá. – Dijo Anabel impaciente por ir junto a ellos. Archie las miraba comenzando a sudar por enfrentarse a trepar el roble.

-¿Qué decías hermano? – Preguntó Stear quien ya se sentía más relajado.

-Está bien... pero no le digas a tú mamá. - Dijo Archie no muy seguro de haber dado su permiso.

-No te preocupes papá, nunca se ha enterado. - Dijo Anabel con travesura advirtiendo con la mirada que lo había hecho en varias ocasiones, más de las que podría haberse jamás imaginado.

-Con cuidado. – Dijo Archie a las pequeñas, comenzando a ayudar a Anabel para que subiera primero. Alexander alcanzó la mano de la niña y esta pronto pudo llegar hasta ellos, poco después fue Alondra la que estaba en brazos de Stear mientras Archie extendía sus brazos listo por si alguno aterrizaba.

-¿Y las plumas? – Preguntó Alondra con sorpresa al ver que los polluelos que ella esperaba ver no tenían ninguna pluma. - ¿Y cómo volarán? – Preguntaba de nuevo intrigada.

-Cuando pasen más días las plumas irán saliendo y así aprenderán a volar. – Le explicaba Alexander con paciencia mientras la pequeña Alondra miraba a su hermano con una expresión de respeto y admiración.

Cuando terminaron de nacer los polluelos los niños comenzaron a bajar ya que Stear les había dicho que no era recomendable quedarse ahí cuando llegara la madre.

-¿Pero no les daremos de comer? – Preguntó inocentemente Adrián.

-No Adrián. – Respondió Albert con sabiduría. – Su mamá será la encargada de alimentarlos ¿Verdad tío Stear? – Preguntó volteando a ver a su tío, quien de repente se daba cuenta que se encontraba fuera del suelo.

-Sí… la madre... – Decía el inventor con el rostro verde por el mareo que sentía.

-¿Estás bien papá? – Preguntó Alan al ver que su padre parecía muy enfermo.

-Sí… estoy bien… hijo… - Respondió el mayor, intentando contener el desayuno en su estómago.

Archie de inmediato ayudó a Alondra a bajar para después ayudar a su hija, al ver que su hermano parecía que había comido algo que le hizo daño.

Los pequeños terminaron de bajar el árbol y Stear seguía a unos cuantos metros del piso, teniendo problemas para bajar. El mareo le ganó al pobre inventor y pronto comenzó a sentir que todo le daba vueltas.

-¡Cuidado Stear! – Gritó Archie al ver que su hermano perdía el equilibrio y se desplomaba de sentón.

-¡Hay, hay, hay! – Decía Stear sobándose el trasero por su repentina caída. Archie comenzaba a reír una vez que se dio cuenta que su hermano estaba bien. - ¡No te rías Archie! – Decía de nuevo el inventor, ofendido por la risa de su hermano. - Que te aseguro que duele mucho. - Decía Stear sin dejar de sobar el lugar del impacto, mientras Archie lo ayudaba a ponerse de pie.

Los hombres de la familia Andrew y las dos pequeñas caminaban de regreso hasta la mansión, los niños iban emocionados por la experiencia que acababan de vivir y los mayores caminaban detrás de ellos mientras Archie continuaba riendo y Stear seguía adolorido de sus sentaderas.


Candy y Anthony por su lado continuaban su luna de miel, habían viajado hasta Europa y se habían paseado por diferentes lugares, el tiempo que pasaban juntos era muy bien aprovechado y cada minuto se demostraban su amor.

-Buenos días, ¿Cómo amanecieron? – Preguntaba Anthony a su esposa, quien perezosa se movía en la cama.

-Tengo sueño. – Decía Candy, quien como todas las noches se había desvelado por mantenerse "jugando" con su esposo.

-Lo sé amor, pero es importante que te alimentes. – Dijo Anthony, quien como siempre se preocupaba por ella, sabía que debía alimentarse correctamente y ya era cerca de medio día. Candy había dormido demasiado aquella mañana.

-Más tarde… - Decía Candy sin abrir los ojos, sin embargo una sonrisa tierna se reflejaba en su rostro. Anthony besó su espalda con ternura, bajando poco a poco hasta llegar a sus glúteos acariciándolos con sus labios. Candy gimió por aquella caricia.

-Veo que para eso no tienes inconveniente de despertar. – Dijo Anthony con picardía al sentir como el cuerpo de su esposa se estremecía por sus besos.

-¡Anthony! – Dijo Candy intentando sonar ofendida, sin embargo se giró para permanecer boca arriba. Anthony sonrió al ver el lado que le mostraba la pecosa sin pena alguna.

Anthony besó su vientre en repetidas ocasiones, acariciando con sutileza aquel espacio que ya comenzaba a sobresalir aun estando boca arriba.

-Creo que aún puedo aguantar sin comer. – Dijo el rubio aumentando los besos que repartía sobre el cuerpo de la pecosa, llegando hasta su parte inferior para estimularla directamente con sus labios. Candy gimió emocionada y pronto despertó por completo, sintiendo como su esposo la estimulaba sin recato. Su cuerpo reaccionó y pronto llegó a la cima por primera vez ese día. Anthony continuó con sus estimulaciones y pronto se fundió en ella, uniéndose una vez más, disfrutando la calidez de su abrigo, fundiéndose en ella una y otra vez.

Tres meses pasaron desde que los rubios se habían ido de luna de miel, tres meses en los que se habían mantenido en contacto con sus hijos casi a diario para que estos los extrañaran menos, sobre todo a la pequeña Alondra quien era la que más apego tenía con su padre y la que más lo necesitaba por las noches.

-Tengo tantas ganas de ver a los niños. – Dijo Candy emocionada por volver a ver a sus hijos.

-Igual yo pecosa, igual yo… - Dijo Anthony igual de ansioso que Candy por volver a ver a sus hijos. Lo más difícil que había pasado la pareja era la lejanía de sus hijos, aún seguían sin comprender cómo habían hecho su padre y sus tíos para que crecieran lejos de ellos, si tres meses había sido una tortura para ellos no verlos día tras día, y eso que ellos intentaban mantener una comunicación diaria con ellos. El invento del aparato telefónico había sido de gran ayuda para que eso se lograra.

El automóvil que había ido a recogerlos estaba estacionado frente a la estación de tren y un sonriente George bajaba de él para recibirlos con un fuerte abrazo.

-¡George! – Dijo Anthony al ver que en lugar del chofer era George quien los recibía.

-¡Anthony! ¡Candy! Que gusto verlos. – Decía George emocionado por volver a ver a los rubios, sin embargo había algo más allá de la emoción en los ojos de George, algo que Anthony pudo observar a la perfección. - ¡Candy, estás esperando bebé de nuevo! – Dijo con una sonrisa, intentando ocultar lo que tenía en su interior, pero para Anthony no podía pasar desapercibido, lo conocía muy bien como para no darse cuenta que algo había cambiado en su mirada, su sonrisa y su alegre comportamiento y no es que antes no fuese alegre, sino que jamás lo había visto sonreír tan relajado.

-Anthony les dijo que nos íbamos tres de luna de miel. – Dijo Candy acariciando su vientre el cual ya comenzaba a notarse visiblemente sobre las ropas.

-¡Pensé que era una broma! – Dijo George dirigiendo al chico de las maletas. Anthony lo observaba en silencio y George se sabía descubierto.

El camino hasta la mansión fue de puras preguntas por parte de George, siendo claro para Anthony que George no quería hablar al respecto de lo que sucedía con él.

-Los niños los han extrañado mucho, sobre todo la pequeña Alondra pero su abuelo George hizo de todo para mantenerla entretenida. – Decía George emocionado, mientras el aroma a los rosedales comenzaba a llenar el paisaje.

-Amo percibir ese aroma, me anuncia que estamos en casa. – Dijo Candy perdiéndose maravillada por el aroma a rosas que inundaba los alrededores.

-Y yo te amo a ti. – Le dijo Anthony con ternura, feliz de compartir con ella aquel espacio que les pertenecía. Candy sonrió apenada por la presencia de George, sin embargo el brillo de sus ojos evidenciaba su emoción.

El automóvil se detuvo frente a la puerta principal de la mansión y en su interior el grito de la pequeña Alondra se hizo escuchar.

-¡Alex, Bert, llegó papá y mamá! – Dijo Alondra emocionada, comenzando a correr hasta la puerta para poder abrazar a sus padres.

Alexander y Albert al escuchar el grito de su hermanita comenzaron a correr detrás de ella. Alexander levantó a Alondra en sus brazos para ayudarla a llegar más rápido. Detrás de los pequeños Brower, salían los Cornwell con sus hijos para recibir a los recién llegados.

-¡Bienvenidos! – Decía Stear y Archie con una gran sonrisa, mientras los hijos de la pareja corrían a abrazarlos.

- ¡Papá! – Decía Alondra aplaudiendo y extendiendo sus pequeños brazos hacia su papá. - ¡Mamá! – Decía emocionada, todos podían apreciar quien era el preferido de la pequeña.

Anthony tomó a la pequeña en sus brazos mientras los niños abrazaban a los dos al mismo tiempo, siendo imposible para ellos decidirse a cual abrazar.

-Creo que mamá ha subido de peso. – Dijo Albert despegando su rostro del vientre de su madre. Candy comenzó a reír mientras veía que sus hijos la veían sorprendidos.

-¡Está embarazada Albert! – Dijo Alexander emocionado por ver al igual que su hermano que su mamá estaba más llenita que cuando se había ido y si ellos la conocían muy bien, sabían que su madre jamás había estado más allá de su peso salvo cuando estaba embarazada.

-¿Fueron hasta París por un hermano nuevo? - Preguntó Albert un poco confundido, ya que no recordaba que hubiesen ido tan lejos por Alondra.

– Recuerda cómo se puso cuando iba a nacer Alondra. – Dijo de nuevo el mayor colocando su mano sobre el vientre de su madre.

-Pero por Alondra no fueron hasta París. - Dijo Albert externando su duda.

-No es necesario ir hasta París por un bebé Albert, a nosotros nos trajeron de Chicago. - Dijo Alexander de nuevo con total sabiduría. - ¿Ya se puede mover? – Preguntó de nuevo con inocencia el de rizos. Candy sonrió enternecida por la inocencia de sus hijos y asintió a su pregunta.

-Es igual de inquieto que Albert. – Respondió Candy a su hijo con una sonrisa. El pequeño Alexander abrió los ojos con preocupación y Albert sonrió emocionado.

-¿Vas a tener un bebé mami? – Preguntó Alondra con ternura.

-Así es mi amor. – Le respondió Candy a su hija mientras Anthony la acercaba para que sintiera su vientre.

-Y ya no serás la más pequeña. – Dijo Anthony con una caricia en la mejilla de su hija, quien sabía muy bien que su pequeña se molestaba cada vez que le decían "aún no Alondra, eres muy pequeña".

-¡Sí! – Dijo la pequeña Alondra quien aún no comprendía del todo la situación, pero al saber que ya no sería la más pequeña creía que con eso ya no tendría tantas prohibiciones y podría hacer lo que hacían sus hermanos.

-Ya no serás la consentida. – Dijo Albert con burla a su hermanita, como si hubiera guardado en su interior aquellas palabras recordando cómo un día él había dejado de ser el consentido de sus padres.

-¿Verdad que no papi? – Preguntó con ternura a su papá, dirigiéndole una mirada dulce y lastimosa a aquel que la había engendrado. Candy veía a su hija con complicidad al ver que tenía muy bien controlado a su padre, al ser la única niña sabía bien cómo manejarlo.

-Por supuesto que no princesa. – Le respondía Anthony con el mayor amor que pudiera tener por ella. – A los tres los quiero de la misma forma, y también querré a su hermanito o a su hermanita cuando llegue. – Les dijo a los tres mientras los tres rubios lo veían con amor. Alexander sujetó el índice de su padre una vez más. Anthony sonrió al recordar que desde siempre él se aferraba a su dedo para sentirse seguro de su amor.

-¿Qué será? - Preguntó Albert curioso por saber el sexo del próximo integrante de la familia.

-Ojalá sea una niña. - Dijo Alexander, seguro de que cuidar a Alondra era mucho más sencillo que cuidar a Albert.

-¡No mejor un niño! - Dijo Albert emocionado por que así fuera. - Así podré llevarlo a escalar árboles y buscar nidos para ayudar a nacer a los pajarillos. - Decía con la voz emocionada.

-Niña no. - Dijo Alondra cruzando sus brazos inconforme porque su padre tuviera a otra niña a quien consentir.

Mientras la discusión entre los pequeños se generaba, los demás integrantes de la familia se acercaron a saludar a los recién llegados, felicitándolos por la espera del nuevo bebé. llegados.

-Creo que si es una niña estarás en problemas. – Dijo Candy a Anthony viéndolo a los ojos. Anthony suspiró con una sonrisa, imaginándose a otra pequeña de rizos como su esposa y su pequeña Alondra.

-Alondra es mi debilidad princesa, pero jamás dudes que a los tres los amo con la misma intensidad con la que ya amo al que viene. – Le dijo acariciando su vientre. Candy sonrió emocionada por sus palabras, sabía que así era, sin embargo el hecho de que Alondra era una niña la hacía tener privilegios por encima de sus hermanos, no solo al ser la más pequeña sino al ser una mini copia de ella pero con los ojos azules, como le decía su esposo.

La familia celebró su llegada en una gran cena, en donde todos brindaban no por la llegada de los cabecilla de la familia, sino por la próxima llegada del nuevo miembro que se integraría tan solo cinco meses después.

Una vez que la familia se retiró a descansar Anthony se quedó junto a George y sus primos para enterarse acerca de los negocios familiares, organizando una pequeña junta en la que intentaron poner al tanto al rubio de todo lo acontecido en su ausencia.

-Bien, creo que yo me retiro. – Dijo Stear cansado, el día se había ido y quería irse a lado de su esposa a descansar.

-También yo, el día ha sido muy largo. – Dijo Archie con una sonrisa mientras palmeaba la espalda de su primo y de George para dejarlos hablar un momento. Archie sabía que George tenía algunas cosas que contar a Anthony, cosas que ellos sabían por haber estado ahí y que Anthony se había perdido por andar de luna de miel.

-Gracias por todo muchachos. – Les dijo Anthony a sus primos, agradeciendo con la mirada todo lo que habían hecho en su ausencia y también agradeciendo que les dieran un poco de privacidad para poder indagar qué era aquel brillo que se asomaba en los viejos ojos del buen George. – ¿Y bien? – Preguntó Anthony a George una vez que estuvieron a solas.

-Y bien… - Dijo George sin borrar su gran sonrisa seguro de que había sido descubierto. Anthony sonrió porque sabía bien que su administrador sabía a qué se refería.

-¿Ya te has decidido por fin? – Preguntó Anthony directamente, sabía bien que George frecuentaba a Rita desde hacía años pero se imaginaba que desde antes de su boda había algo más profundo que un cortejo, algo que había hecho que George volviera a sonreír de manera espontánea y sin motivo, algo que lo hacía lucir más relajado y menos tenso y que Anthony se imaginaba qué era.

-Ya no pude seguir evitándolo. – Dijo George sin dejar de sonreír enamorado. – Rita es la mujer con la quiero pasar el resto de mis días. – Dijo de nuevo con esa sonrisa de felicidad que reflejaba desde que los recogió en la estación de tren. Anthony sonrió feliz por saberlo enamorado. Recordó las veces que lo vio sufrir por su madre, tantos años habían pasado de ello que le parecía imposible que siguiera sucediendo, sin embargo tan solo de pensar estar en su lugar se estremecía de dolor.

-Es una hermosa dama, además de leal y educada. – Dijo Anthony seguro de que así era, ya que él mismo la había tratado alguna vez cuando había viajado a Florida.

-Es una mujer buena, es noble y tierna. – Dijo George sin ocultar su sonrisa. Anthony lo veía igual de feliz. – No sé qué pasará más adelante entre nosotros, pero el día de hoy puedo decirte que la quiero y que ella me quiere. – Agregó con seguridad, con esa seguridad y confianza que te dan los años al saber quién eres y cuánto vales.

-Pues puedo asegurarte que la futura señora Johnson será muy feliz a tu lado. – Dijo Anthony seguro de que así sería. George sonrió al escuchar aquel nombre que jamás pensó escucharía en una mujer, seguro de que así sería y de que pronto la llevaría al altar, mucho más después de haberse decidido a compartir el lecho con ella.

-Rita Johnson. – Dijo el administrador pensativo. – Se escucha bien. – Dijo mencionando el nombre que llevaría aquella joven que había conocido hacía mucho tiempo, más sin embargo jamás se había dado el tiempo de conocer y al haber pasado unas largas vacaciones en Florida había podido conocerla mejor, produciéndose ese chispa que hacía tanto tiempo él creía extinta en su interior.

-Ahora solo falta saber si ella te acepta con tantos nietos y más que vienen en camino. – Dijo Anthony seguro de que sus primos tampoco habían terminado de tener familia. George sonrió por el comentario del rubio.

-Déjame decirte que los que están celosos son los niños. – Dijo George divertido al recordar el día que les había presentado formalmente a su futura esposa.

-¿De verdad? – Preguntó Anthony sorprendido por su comentario. George asintió.

-Cuando se las presenté pensé que pasaríamos una tarde divertida, pero al final del día me reclamaron que no los había atendido lo suficiente. – Dijo George sin dejar de sonreír. Anthony guardó silencio, sabía bien que sus hijos y sus sobrinos estaban acostumbrados a la completa atención de George e incluso de Dorothy, sin embargo era necesario que comprendieran que eran personas que debían construir su vida.

-Hablaré con ellos. – Dijo Anthony seguro de hablar con sus hijos al respecto.

-No lo hagas. – Dijo George con ternura. – Me gusta saber que mis nietos buscan mi compañía. – Dijo de nuevo sonriéndole a Anthony.

-¿Estás seguro que no te generará un problema con la señora Miller? – Preguntó Anthony sin querer incomodar a George, sin embargo pensaba que no era justo para él que sus hijos lo hicieran sentir culpable o con la necesidad de elegir.

-Rita sabe lo que siento por los niños. – Dijo George con tranquilidad. – Sabe que son mi familia, además ni ella ni yo estamos para tener hijos. – Dijo de nuevo con una sonrisa tierna, él sabía que la señora Miller ya era una dama que si bien no era muy mayor tampoco tenía ya la edad adecuada para tener hijos.

-Además creo que ya va siendo hora que te retires George. – Dijo de pronto Anthony para sorpresa de George, quien lo miró confundido con su comentario.

-¿Retirarme? – Preguntó George con incertidumbre, era algo que no se había planteado jamás.

-George, la señora Miller tiene su vida en Florida. – Dijo Anthony con tranquilidad, seguro de que estaba dispuesto a prescindir de los servicios del buen George con tal ve verlo feliz los últimos años que le quedaran de vida, era justo para él que los disfrutara. – Y tú mereces ser feliz el resto de tu vida. – Dijo palmeando su hombro con tranquilidad.

-Lo dices como si me quedara poco tiempo. – Dijo George un poco incómodo por saberse que sería reemplazado. Anthony sonrió adivinando sus pensamientos, observó su rostro magullado por el tiempo, sus canas que cada vez sobresalían más entre los negros cabellos que habían poblado la cabeza del administrador, sus pasos eran más lentos cada día. Cada uno de aquellos rasgos habían aparecido siendo un leal servidor de los Andrew y eso era algo que él no podía olvidar, sin embargo sabía que a pesar del tiempo que le había costado decidirse a iniciar una familia propia era justo que él decidiera dejarlo ir como colaborador de la familia, más sin embargo el lugar del abuelo George era un espacio que nadie jamás podría ocupar.

-Yo espero que te quede el tiempo que has trabajado para los Andrew. – Dijo Anthony con una sonrisa sincera, emocionado por el gran amor y cariño que George siempre le había otorgado. De lo poco que tenía qué agradecer a la tía abuela era haberlo dejado por completo en manos del gran George. – Pero quiero que ese tiempo lo pases en compañía de la mujer que te hace sonreír de esa forma. – Dijo señalando la sonrisa de George. – Quiero que lo pases con la mujer que ha hecho que el brillo de tus ojos vuelva a renacer. – Dijo señalando ahora la mirada del buen George. – Y eso no significa que serás reemplazado, porque una persona como tú jamás tiene reemplazo. – Le dijo abrazándolo con fuerza. George se dejó llevar por el abrazo que le daba Anthony sintiendo un verdadero calor en su pecho por el cariño que él le demostraba. – Pero comprendo que necesitas tener a una compañera de vida. – Dijo Anthony asegurándose que decía compañera, porque familia, familia era lo que ellos representaban para George y George era parte de la familia Andrew.

-¿No se te hace que es algo tarde para eso? – Preguntó George un poco apenado al sentirse viejo para iniciar una nueva vida y creyendo que Anthony lo juzgaría por ello.

-Jamás es tarde para amar George. – Dijo Anthony con una sonrisa. George sonrió agradecido por las palabras y por el cariño que una vez más le demostraba el rubio.

Anthony caminaba hasta su habitación, sus pensamientos estaban puestos en George y la nueva vida que le esperaba, sabía que las responsabilidades aumentarían, pero sabía bien que tenía a sus primos para ayudarle a salir adelante a cada una de ellas.

Entró a su habitación procurando no hacer ruido, sabía bien que el viaje tenía rendida a su esposa y no quería molestarla, él mismo se sentía tan cansado que lo único que quería era dormir hasta el día siguiente, pero cuando enfocó la vista en su cama una sonrisa surcó sus labios al ver que la hermosa rubia que tenía como esposa estaba custodiada por tres hermosos retoños rubios que se aferraban a ella. Anthony sonrió al ver la hermosa escena.

-Cuanto los amo. – Pensó Anthony al ver a Candy al centro, de su lado derecho tenía a Alondra quien la abrazaba con fuerza y enseguida de esta estaba Albert abrazando a las dos y Candy a ambos, del lado izquierdo tenía a un Alexander adormilado abrazándose a su pecosa. Él era el único que se había dado medio cuenta que su padre había llegado. – No te levantes. – Le dijo Anthony con delicadeza para evitar que rompiera tan bello cuadro.

-Nos quedamos dormidos papá. – Dijo el pequeño intentando abrir los ojos por completo, sin embargo el cansancio y la emoción por el regreso de sus padres lo tenía agotado.

-Tranquilo. – Le dijo Anthony colocándose a su lado para impedirle que se levantara. Alexander quien al igual que sus hermanos había extrañado mucho a sus padres no insistió más en irse a su habitación y permitió que su padre lo abrazara y lo cobijara con su cuerpo. El pequeño se aferró al índice de su padre y quedó completamente dormido. – Duerman bien mis amores. – Les dijo Anthony por último para quedarse observándolos por unos momentos ya que el cansancio pronto lo hizo su presa y al igual que su esposa y sus hijos se quedó completamente dormido.

Fueron varios días en los que Candy y Anthony se quedaban a dormir con sus hijos, ya que los pequeños querían recuperar los días que habían pasado lejos de sus padres, poco a poco ellos mismos fueron buscando su espacio. Alexander al ser el mayor fue el primero en irse a su habitación y después lo hizo Albert, Alondra fue la que más tiempo tardó, sin embargo cuando el bebé comenzó a patearla y ella a sentir sus golpeteos decidió irse a su propia habitación junto a la nana Dorothy a la que ya había abandonado por muchos días.

Los meses fueron pasando rápidamente y mientras Alondra y los demás crecían, Candy se preparaba para tener al nuevo heredero.

-¿Cómo te sientes hoy amor? – Preguntó Anthony mientras abrazaba por debajo del camisón el vientre de Candy.

-Me siento muy cansada. – Dijo Candy con pereza. Para Anthony era normal que Candy sintiera pereza pero ese día la rubia no tenía ganas de hacer nada. – Creo que ahora si llegó la hora. – Dijo una vez más, como lo estaba diciendo las últimas dos semanas.

-Todavía faltan un par de semanas amor. – Dijo Anthony seguro de que así era, el médico les había dicho que para primavera nacería el pequeño.

-Creo que no voy a llegar. – Insistió la rubia. Anthony la miró con ternura, sintiendo una profunda pena de verla tan cansada y en ese estado.

-No te levantes, yo te traeré el desayuno a la cama. – Dijo el rubio levantándose de inmediato. Candy asintió, pero cuando Anthony regresó con el desayuno listo encontró a la rubia sentada en la orilla de la cama. - ¿Qué sucede pecosa? – Preguntó preocupado al ver la expresión de su rostro.

-¡Ya…! – Dijo Candy con el temor reflejado en sus ojos verdes. Anthony abrió los ojos con el mismo temor que su esposa al ver que como en el nacimiento de Alexander la fuente se había roto antes de tiempo, pero esta vez sin su intervención.

-Tranquila… - Decía Anthony impaciente, ayudando a cambiarse de ropa a la rubia para pedir después que alistaran el automóvil para llevarla al pueblo donde el médico la esperaría para ser atendida. – Archie llama a la clínica del pueblo para que avises al doctor Martín. – Dijo Anthony mientras caminaba con Candy con ayuda de Dorothy.

-¡Muy bien! – Dijo el elegante apresurándose para llamar al médico.

-¡Yo te llevaré! – Dijo Stear seguro de llevarlo en su auto. George se acercaba para ayudarlo con Candy y los pequeños se iban despertando uno a uno con el alboroto.

-¿Qué tiene mi mami Dorothy? – Preguntó Alondra con temor al ver que todos ayudaban a su madre.

-Lo que sucede es que ya va a nacer tu hermanito. – Dijo la pelirroja a la pequeña. Albert y Alexander se tomaban de la mano nerviosos, recordando el día que había nacido Alondra, ellos no comprendían nada de lo que pasaba en ese tiempo, sin embargo podían ver en el rostro de su madre el mismo dolor de aquel entonces.

-Pero a mami le duele. – Dijo la pequeña evidenciando que comprendía que su madre sufría.

-Cuanto tú naciste también le dolió. – Dijo Albert a su hermana. Alondra lo miró con miedo.

-Papá dice que le dolió más cuando yo nací. – Le dijo Alexander para tranquilizar a la pequeña y evitar que llorara por haber hecho llorar a su mami. – Pero es normal cuando nace un hijo. – Le dijo de nuevo a su hermanita, quien lo miró a los ojos más tranquila. – Incluso Albert la hizo llorar, solo que no se acuerda. – Dijo de nuevo para más calma de la niña.

El nacimiento de los últimos hijos de los Brower fue un acontecimiento muy grande en la mansión, todos celebraron en grande el día que Candy regresó del hospital con los gemelos en brazos y tanto sus hijos como sus primos y sobrinos estaban ahí en Lakewood para recibirlos.

-¿¡Son dos!? – Preguntó Alondra sorprendida al ver que su madre entraba con un bebé en brazos y su padre cargaba otro igual.

-Por eso papá dijo que eran gemelos Alondra. – Dijo Albert a su hermana, explicándole a qué se había referido su padre cuando les había dicho que tenían gemelos.

-Yo no sabía qué era eso. – Dijo la pequeña quien ya tenía tres años. - ¿Cómo se llaman mamá? – Preguntó acercándose a su madre mientras extendía los brazos a su padre, quien orgulloso sonreía al presentar a los dos últimos miembros de su hermosa y extensa familia.

-Él es André y él es Andy. – Dijo Candy señalando a cada uno de los pequeños. Alondra los miró confundida porque para ella era como ver al mismo bebé pero repetido.

-Pero son iguales mami. – Dijo con sus bellos ojos azules bien abiertos. Alexander y Albert se acercaron a su madre para conocer también a sus hermanitos.

-Alondra tiene razón mamá ¿Cómo haremos para saber quién es quién? – Preguntó Albert preocupado. Alexander intentaba encontrar en ellos algo que lo hiciera reconocerlos, pero no podía encontrar nada que lo ayudara, así que tuvo que dar la razón a los más pequeños.

-Será muy sencillo cuando estén despiertos. – Dijo Candy con una sonrisa mirando a su esposo quien asintió a lo que decía su esposa.

-André tiene los ojos de color azul y Andy tiene los ojos de color verde. – Dijo Anthony en respuesta a la pregunta de sus hijos, ya que ambos niños eran de cabellos ondulados, y lo único que los diferenciaba uno del otro era el color de sus ojos, porque los demás rasgos habían sido una mezcla de sus progenitores.

-Vaya, creo que seré el único con los cabellos como tú papá. – Dijo Albert observando que tanto Alondra como Alexander tenían los cabellos rizados como su madre y sus dos hermanitos tenían los cabellos ondulados, esto era ni rizado ni lacio.

-Y yo seguiré siendo la consentida de papá. – Dijo Alondra con emoción al ver que los recién llegados también eran varones. Candy y Anthony comenzaron a reír por las palabras de su hija.

-¡Por supuesto que no Alondra! – Decía Albert molesto porque ella le había quitado el puesto de ser el menor. – Los bebés necesitaran más atención de nuestros padres. – Le decía seguro que así debía ser, seguro de que ella había robado mucha atención de sus padres cuando había nacido.

-Tranquilos, es suficiente. –Dijo Anthony con seriedad, buscando poner orden entre sus dos hijos, así como un día había puesto orden con sus primos. Los dos pequeños guardaron silencio al ver que su padre los había retado, sabían bien que cuando su padre los reprendía con seriedad era motivo suficiente para guardar silencio. – Los gemelos ocupan mayor atención por parte de toda la familia, así que espero que tanto Alondra, Albert y Alexander ayudemos a su mamá a cuidarlos ¿De acuerdo? – Preguntó Anthony a sus tres hijos, quienes permanecían frente a él asintiendo obedientes. Anthony sonrió y besó la frente de sus pequeños mientras Candy observaba con cierta tranquilidad aquella manera de dirigirse a sus hijos, sabía bien que era lo más estricto que Anthony se podía poner con ellos y sabía que sus hijos no se atreverían a ir más allá de aquella reprimenda.

George había esperado el nacimiento de los gemelos para irse a vivir a Florida donde se llevaría a cabo su boda con Rita, la cual se efectuó el día que los pequeños André y Andy pudieron viajar por primera vez a la playa.

Candy y Anthony regresaban con sus cinco hijos a Lakewood y los Cornwell se retiraban a Chicago para comenzar la nueva vida que llevarían sin el apoyo directo de George.

-¿Cómo te sientes? – Preguntó Candy a su esposo al verlo tan pensativo. Anthony besó su mano al verla llegar a su habitación después de haber dejado a los pequeños al cuidado de Dorothy.

-Feliz. – Le respondió Anthony con una sonrisa. Candy lo miró como buscando si había algo más allá de aquella sonrisa y aquella profunda mirada que le dedicaba.

-¿A pesar de que pronto tendrás que hacerte cargo de todos los negocios? – Preguntó Candy con cierta duda en sus palabras.

-¿Crees que no seré capaz de hacerlo? – Preguntó Anthony haciéndose el ofendido por las palabras de su esposa, mientras la jalaba hacia él para sentarla en su regazo. Candy comenzó a reír al sentir que las traviesas manos de su esposo comenzaban a explorar su cuerpo.

-Creo que eres muy capaz… - Dijo Candy en respuesta a la pregunta de su esposo, mientras cerraba sus ojos para dejarse llevar por sus caricias.

La mirada de Anthony se encendió de nuevo y comenzó a besar sus labios con ternura, acariciando su pecoso rostro mientras observaba con deleite el gesto complacido que ella reflejaba.

-Por ti soy capaz de todo… - Decía Anthony sin dejar de acariciarla, desplazando hacia un lado la tela de las ropas que aún vestía su amada.

-Lo sé… - Decía Candy segura que así era, segura que él se encargaría de todo con tal de verlos felices a ella y a cada uno de sus hijos.

Anthony sonrió por la confianza que ella le había depositado tiempo atrás, feliz porque jamás había demostrado tener duda de sus capacidades, sabía bien que gran parte de su éxito como padre y como patriarca del clan no era solo por sus habilidades y conocimientos, sino que era por esa entrega que ella siempre había demostrado, esa confianza que había depositado en él desde que lo había conocido, siendo ella y solo ella la única que había creído en él desde que era tan solo un chiquillo, por ella se había mantenido oculto tantos años fingiendo ser alguien que no era con tal de no alejarla de la familia, por ella había luchado en silencio en contra de la tía abuela para lograr formar una familia a su lado, por ella había vencido el miedo y el temor que sintió al verla a dar a luz por primera vez y por ella vencería todos y cada uno de los obstáculos que le presentara la vida, no en vano por ella se había convertido en El abuelo William.

FIN.

Y llegamos al final de la historia, todo un reto para mí poder actualizar tres veces por semana, sin embargo el miércoles pasado fue imposible para mí hacerlo. Espero de verdad haberlas hecho soñar con esta historia, haberles hecho pensar en algo que no fuese en sus problemas, ojalá haya sido un pequeño escape de lo cotidiano. Muchas gracias de verdad a todas y cada una de ustedes por haberme acompañado en el trayecto. Se los agradezco infinitamente.

TeamColombia: Chicas como siempre un placer leer sus comentarios, gracias por estar en otro proyecto más terminado, en esta historia quedó marcada la ausencia de Claudia, sin embargo espero yo esté muy bien en el lugar donde esté. Gracias hermosas por darme su apoyo y confianza en cada línea escrita. Les mando un fuerte abrazo. Estella, Paulina, Amanda, Gloria, Alejandra, Anguie, Angélica, Sharik, Mariana, Marisol, Helena, Juliana, Yuliana, Lida, Jazmín y Diana.

Julie-Andley-00: Hermosas muchas gracias por llegar al final y sobre todo por dejarme un comentario en cada uno de ellos, aprecio mucho la dedicación que has mostrado en cada una de mis historias. Te mando un fuerte abrazo con mucho cariño.

Mayely León: Hola hermosa, muchas gracias por tu comentario, como siempre espero que estés muy bien. Amiga eres la responsable del TeamColombia, así que serías la especie de presidente de club jiijiji. Muchas gracias por tu dedicación y por darme siempre un tiempo en espacio. Gracias por siempre leer y comentar. Te mando un fuerte abrazo y espero estés lista para una nueva aventura?

lemh2001: Hola hermosa, muchas gracias por tus palabras de apoyo para cada uno de los capítulos, muchas gracias por dedicar tu tiempo a leer y soñar con lo que escribo. Me agrada saber que he sido fuente de inspiración para tus proyectos. Y sí, yo también siento que tenga que acabar, sin embargo tenía que ser así. Muchas gracias por leer todos y cada uno de los capítulos, gracias por releer las otras historias con el único fin de dejarme un comentario y gracias por no faltar a ninguna lectura. Agradezco mucho todas y cada una de tus palabras que me animaban a continuar escribiendo. Ojalá pronto pueda publicar de nuevo y espero continúes en la lectura. Te mando un fuerte abrazo amiga.

Guest: Hola hermosa, una disculpa por no poner un agradecimiento directo a tu nombre, pero espero sepas identificar que es para ti, muchas gracias por leer la historia ojalá que continúes con las demás. Te mando un fuerte abrazo.

María José M: Hermosa, muchas gracias por tus comentarios siempre tan expresivos y revolucionarios, me encanta tu frescura y tu manera de analizar cada historia que escribes, leerte a veces es como leerme a mí misma con tus ocurrencias y tus críticas, amo la forma en la que expresas tu opinión. Nunca cambies y muchas gracias nuevamente por defender siempre la causa. Te mando un fuerte abrazo hermosa, sabes que podemos seguir en contacto a pesar de no haber historias.

Rose1404: Hermosa como siempre una alegría leer tu comentario, sé que tarde o temprano está ahí y te agradezco que no haya faltado ninguno a cada uno de los capítulos. Gracias que a pesar de tu pequeño bebé te has mantenido fuerte a la lectura. Leí que se te antoja otro bebé? No lo hagas! jajaja espera por lo menos tres años con el próximo, pero no más de cinco, aprovecha a tu bebé ámalo dale todo tu tiempo y tú amor, deja que afiance es confianza natural de un bebé por su madre, permítele ser más tiempo el consentido. Hermosa mil gracias por leer, te mando un fuerte abrazo y espero también contar contigo en la próxima. Te mando un fuerte abrazo y espero leer el último comentario.

Muchas gracias a todas las que agregaron la historia a sus favoritos: Cla1969, FlorMares, Julie-Andley-00, Love-Fictions-49, Mía Brower Graham de Andrew, Miyoya, Musadelmar, Silandrew, Ster Star, Usagi de Andromeda, chica vampiro 92, judithtorres, lemh2001, letifern1998 y yanicasti0206. A todas y cada una de ustedes les agradezco la confianza para hacerla digna de sus favoritos.

Muchas gracias a todas las que se arriesgaron a seguirla: FlorMares, Julie-Andely-00, Mía Brower Graham de Andrew, Miyoya, Moira783, MusadelMar, Silandrew, Ster Star, Usagi de Andromeda, chica vampiro 92, judithtorres, lemh2001, letifern1998, yanicasti0206.

Gracias a cada una de ustedes por darle una oportunidad sin saber el resultado, cada una de las menciones están hechas como aparecen en la página.

También quiero agradecer a cada uno de los países en los que se registraron lecturas de la historia, gracias por romper las barreras del idioma.

Unites Estates: Thank you very much for being the country that registered this story with the most visits, thank you for following it and for being aware of its updates, hopefully one day you will be encouraged to leave me a comment to know your opinion. Thank you infinite for reading.

Colombia: Hermosas como siempre un placer leer cada uno de sus comentarios, gracias por estar aquí y darle siempre una oportunidad a la lectura, a pesar de no ser la mayor cantidad de lectoras si son las que tienen mayor cantidad de lecturas. Les mando un agrazo, gracias por leer.

Perú: Hermosas, muchas gracias por dedicar un poco de su tiempo a mi historia, espero haya sido de su agrado de principio a fin. Gracias por leer, espero me acompañen en la siguiente.

México: Mis adoradas compatriotas, muchas gracias por leer esta historia y por mostrar interés en sus líneas, gracias por estar al pendiente de cada actualización, espero continúen apoyándome en el camino.

Guatemala: Gracias también a cada una de ustedes, gracias por leer hasta el final y mostrar su interés por cada capítulo, espero les haya gustado la travesía, les mando un fuerte abrazo a cada una de ustedes.

France: Merci beaucoup d'avoir pris le temps de lire mon histoire, même si la traduction peut être inconfortable, vous ne comprenez peut-être pas vraiment ce que je veux dire, cependant, merci d'avoir été là fidèle à la lecture. Je vous envoie un gros câlin, j'espère que vous serez encouragé à commenter. Bénédictions à chacun.

Venezuela: Hola hermosas, no recuerdo si alguna de ustedes ha dejado su comentario, lo comento porque siempre me hacen saber de donde son, sin embargo no recuerdo alguna de su país, sin embargo me siento orgullosa de saber que están registradas tantas lectoras de su país. Les mando un fuerte abrazo a cada una de ustedes. Gracias por leer y darme un espacio de su tiempo.

Chile: También de aquí se han registrado bastantes lectoras, muchas gracias a cada una de ustedes por estar al pendiente de cada actualización, les mando un fuerte abrazo ojalá pronto pueda actualizar y contar de nuevo con su presencia.

Panamá: Me llena de orgullo saber que están presentes en la lectura. Gracias por dedicarme un tiempo en su espacio, espero les haya gustado hasta el final.

Brazil: Muito obrigado por ler linda, obrigado por estar presente em cada atualização pendente de leitura. Espero que me acompanhe na próxima viagem e decida deixar um comentário final. Deus o abençoe.

El Salvador: Hermosas, espero lleguen hasta este punto para leer mi eterno agradecimiento, muchas gracias por estar al pendiente de la historia, gracias por leer y por terminar la lectura.

Italy: Sei una delle persone che mi ha reso più felice con la tua lettura, perché sei uno dei pochi che ne ha letti molti ma ha letto il capitolo solo una volta e viene registrato ogni volta che leggono e non hanno smesso di leggere la storia, io sono contento che così sia, mando un grande abbraccio a ciascuno di voi.

España: Hermosas, me alegra saber que a pesar de que son pocas las lectoras siempre estuvieron presentes a lo largo de cada actualización, gracias por acompañarme en esta aventura, espero lleguen hasta el final y espero más les haya gustado. Les mando un fuerte abrazo.

Europe: I don't know what you mean by Europe, I don't know what country each of you are from, however I want to say thank you both for reading. I send you a big hug and my deepest thanks.

Romania: Vă mulțumesc foarte mult că ați citit frumos, sper că ați găsit un spațiu distractiv pentru lectura dvs. Mulțumesc că m-ai vizitat. Iti trimit o mare imbratisare.

Greece: Σας ευχαριστώ πολύ που διαβάσατε όμορφα, ελπίζω να βρήκατε έναν διασκεδαστικό χώρο για την ανάγνωσή σας. Ευχαριστώ που με επισκεφθήκατε. Σου στέλνω μια μεγάλη αγκαλιά.

Sas efcharistó polý pou diavásate ómorfa, elpízo na vríkate énan diaskedastikó chóro gia tin anágnosí sas. Efcharistó pou me episkefthíkate. Sou stélno mia megáli ankaliá.
United Kingdom: Thank you very much for reading beautiful, I hope you have found an entertaining space for your reading. Thanks for visiting me. I send you a big hug. Tapadh leibh gu mòr airson leughadh brèagha, tha mi an dòchas gu bheil thu air àite tarraingeach a lorg airson do leughadh. Tapadh leibh airson tadhal orm. Bidh mi a' cur dubhag mhòr thugad.

No me queda más que agradecer a todas y cada una de ustedes por su lectura y su tiempo.

GRACIAS

GeMtzR

26/05/2023.