Pulsaciones: Mil por minuto seguramente.
Sus ojos avellana se toparon con los zafiros del otro que la miraba preocupado, el tiempo pareció detenerse o transcurrir sumamente lento como para analizar todo segundo por segundo.
¿Qué iba a decir? Sus labios se abrieron para dar alguna clase de explicación pero no salió nada ¿¡por qué!? Fue la pregunta que se formuló, Steve al no recibir respuesta de ella volvió a hablar
–Señorita ¿Está lastimada? – su timbre de voz la hizo reaccionar y salir de su involuntario transe
–Sí… Sí gracias sólo tropecé, es todo– recogió sus piernas para incorporarse del suelo, Steve intentó ayudarla pero ella no se lo permitió –Estoy bien, gracias– evitó todo contacto visual con el capitán, éste la observaba con detenimiento.
No recordaba que tuvieran visitas, desde que Tony formalizó lo suyo con la señorita Potts las visitas casuales de jóvenes hermosas habían cesado -por suerte- por lo que tener a esa chica en la torre lo inquietó un poco ¿Sería que Tony había vuelto a sus andadas de casanova? Pensó en una forma de interrogarla antes de que se fuera pero sin sonar tan brusco o atrevido, entonces algo llamó su atención; la playera negra con ese extraño nombre "Black Sabath", el pantalón de chantal blanco, arqueó su ceja confundido
–Disculpe mi atrevimiento señorita pero ¿por qué está vistiendo con la pijama de Tony Stark? – y Tony se congeló, un escalofrío se paseó desde el nacimiento de su nuca hasta el final de su espina dorsal, maldijo internamente a Rogers y su impresionante capacidad de observación, se volteó tratando de fingir lo mejor que podía
–Esto, la encontré en el cuarto de lavado y dado que no traje ropa se me hizo cómoda– sonrió, Steve se acercó no muy convencido de su respuesta, Tony trató de mantener la calma en todo momento
–El cuarto de lavado está vacío, yo mismo quité la ropa que Tony jamás acomoda.
¡Maldito seas Steven Rogers! En verdad
Se mordió la lengua para no maldecirlo en voz alta comenzando a retroceder. Atacarlo y correr no era la mejor opción pues empeoraría las cosas, pedirle a JARVIS que la ayudara tampoco ya que el punto era seguir "escondiendo" su identidad, el rubio avanzó impidiendo que se separase demasiado, Tony conocía esa actitud y por alguna razón se tensó; estaba preparándose para atacar si era necesario.
–¿Quién es usted? Si es alguna amante de Stark le informo que éste ya tiene una pareja.
–Ya lo sé.
–Entonces no le interesa ¿eh? No sé quién es peor, usted por aceptar o él por proponerlo. De cualquier forma debo pedirle que se retire de aquí– las cosas se estaban saliendo de control y debía pensar en algo pronto, Steve es muy correcto y sabía de sobra que jamás vio con buenos ojos su etapa de casanova por lo que no dudaría ni un segundo en decirle a Pepper de "su aventura".
Pensó en hacer uso de ése cuerpo e intentar "seducirlo", eso no le iría bien y la dejaría en paz sin más pero de inmediato la descartó
–Señorita, no quiero ser brusco con usted. Salga de aquí antes de que llame a alguien para que la saque.
–¡Está bien! Tranquilo cap– el mencionado abrió sus ojos al escuchar ese apodo ¿cómo sabía que él es el Capitán América? Tomó posición de defensa –Wowowo calma.
–¡Detente ahí y dime quién eres! – exigió, Tony se detuvo y alzó sus brazos
–Calma cap ¡soy yo, Tony! – soltó sin más, Rogers la observó desconfiado
–Demuéstralo– la retó
–JARVIS enciende las luces del pasillo y la sala– de inmediato todo el piso se iluminó
–Controlar una máquina es bastante fácil, necesitas algo mucho mejor que eso, mujer– ¿algo mejor? Miró a sus lados con desesperación ¿Qué otra cosa podía confirmar que ella era Anthony Edward Stark? Entonces algo se encendió en su cerebro, miró sus senos… No quedaba otra opción
–Entonces mira esto – con un ágil movimiento se quitó la playera, quitó unos trapos de en medio de sus pechos y la luz del reactor salió ante la mirada incrédula del otro, bajó la guardia lleno de confusión y tremendamente sonrojado luego depósito su mirada turquesa sobre… ella.
–¿Tony?... – el aludido miraba a otro lado, avergonzado. De todos los vengadores, Rogers debía ser el último en saber qué sucedió con él, con ella… ¡Maldición!
–¿Ya, contento? No preguntes qué ocurrió porque no pienso decirlo una vez más, así que ahora vete a tu habitación y piensa que esto fue una horrible pesadilla– dijo mientras rápidamente se colocaba de nuevo la playera y regresaba a su habitación.
Steve se quedó en su lugar, consternado, avergonzado y confundido, se recargó sobre la pared para no perder su equilibrio mientras su mente procesaba paso a paso ¿En qué rayos se había metido Tony ésta vez para ser… Una mujer? Sacudió su cabeza y por primera vez hizo caso a Tony, a lo mejor se ejercitó tanto que tuvo una alucinación. Se recostó rogando que así fuera.
La mañana siguiente llegó, Tony reposaba en la camilla de la enfermería mientras Banner le conectaba los cables para el electrocardiograma
–Hace frío.
–El gel es frío, ya se te pasara– dijo Bruce colocando los últimos detalles, con un leve empujón corrió con su silla a la máquina listo para realizar el estudio –¿Listo?
–Hazlo– cerró sus ojos mientras respiraba acompasadamente inhibiendo que el cuarto estaba frío, de pronto Steve atacó su mente, no había podido dormir después de semejante escena y esperaba encarecidamente no topárselo en todo el día.
–Tony relájate. Tu corazón se está acelerando– pidió Banner y Tony bufó ¿por qué en ése momento el idiota de Rogers tuvo que llegar a su mente? – Lo siento, no pude dormir bien y eso me pone de mal humor– le era imposible concentrarse porque su cerebro era constantemente ataco por las imágenes de anoche, no sólo le molestaba haberse topado con él sino que todo eso haya sido real, se esforzó lo más que pudo hasta que Bruce terminó – ¿Y bien?
–Sin mencionar el pique porque te alteraste, todo está bien.
–Eso es… ¿Bueno?
–Para tu estado de salud, sí, para encontrar la cura, no del todo. Necesito más pruebas.
–¡Úsame de conejillo de indias pero ayúdame a salir de éste jodido cuerpo! – indicó exaltada llamando la atención de Bruce
–Tranquila… Tranquilo…
–Y esa es la razón principal–dijo mientras señalaba a su amigo con el dedo índice, señorita no iba para nada con su personalidad.
Por otro lado, Steve terminaba de desayunar, lavó sus utensilios cuando un dolor en el hombro lo atacó
–¿Ahora qué? – se preguntó llevando su mano al área adolorida, llevaba tres semanas con el dolor y eso no le agradaba así que se convenció de ir con el doctor Banner.
Secó sus manos, dejó todo limpió y se encaminó al lugar, tocó un par de veces y luego entró
–Buenos días doctor Banner, quisiera consultarle…– al alzar su cabeza se vio obligado a callar, un silencio se apoderó de la sala mientras los tres se miraban uno a otro. Tony estaba en sentada en la camilla completamente desnuda del torso con Banner examinándola.
