Capítulo 17. Érase una vez….

Naruto y yo nos habíamos desvelado contándonos todo lo que nos habíamos perdido estos últimos días, con lujo de detalles.

Aún quedaban algunas interrogantes por resolver, como ¿porque Junsai en efecto, tenía conocimiento de quien es mi hermano realmente?, ¿quién más lo sabe?, ¿cómo hizo el sello Fūinjutsu: Shishi Heikō?, ¿porque los aldeanos no les dijeron a los shinobi que somos hermanos?, ¿porque los Uchiha son vampiros que no beben sangre?

Habíamos platicado sobre nuestras impresiones de los shinobis que, al parecer, habían hecho guardia en la noche. Supongo que quieren ser precavidos. Aun no se ha firmado nada – según ellos – para asegurar nuestra total cooperación y por eso temen un ataque improvisado.

Esos tontos.

Nos habíamos abrazado junto a un traicionero Bastet y un Sacacorchos que también comento sentirse libre para poder moverse a donde quisiera.

Nos hablaba de cuanto trabajo estaba teniendo. Tuvimos que explicarle lentamente que nos mudaríamos y a pesar de haberles dicho a los ninjas que nos lo llevábamos, le dimos la opción de quedarse, debido a que esto es todo lo que conoce. Ama su invernadero. Ama el bosque y a donde vamos dudo que nos permitan una parcela.

Él, sin embargo, se aferró a nosotros. Familia, dijo con sus manitas de madera.

Nos dormimos sin despegarnos de él ni de Bastet.

Al día siguiente a primera hora, pensé que sería bastante incómodo. Tres shinobis, más mi hermano zorro, más Sacacorchos que ya empezaba a cosechar, más un neko que busca mi reemplazo, cualquiera pensaría que sería demasiada testosterona para una mujer de más de metro y medio, pero aparentemente funciono todo muy bien.

Me levanté a preparar de desayunar, cuando a través del cancel de la sala, el que da vista al jardín trasero, vi a mi hermano y a un Sasuke-san, ambos entrados practicando taijutsu.

Los movimientos de ambos eran muy dispares. Se nota que Sasuke-san ha practicado desde niño. Eso y la mirada roja completamente activada.

En cambio, Naruto, es más como un toro que desea pasarte por encima. Cuando lucha especialmente estilo grecorromano parece engrandecerse su cuerpo, tensa tanto los músculos que es prácticamente imposible moverlo.

Estaba tomando mi té con el agua caliente que ya había preparado el mueble sirviente, mirando la forma de pelear de ambos.

Mi hermano había intentado patear a Sasuke quien había tomado su pierna y la había atraído hacia él, jalando todo el cuerpo del rubio. Sin embargo, antes de que pudiera doblarle la rodilla a fin de lastimar, mi hermano giro todo su cuerpo al tiempo que su otro pie salía disparado a la cara del Uchiha, este apenas desvió por milímetros la punta del pie del rubio, deshaciendo así su agarre sobre la pierna de mi hermano.

La frente de Sasuke se arrugó en concentración mientras había desatado un buen combo de taijutsu sobre el rubio; quince golpes rápidos y de alta velocidad, la mitad de los cuales Naruto había bloqueado fácilmente y la mitad de los cuales había dejado golpear, antes de empujarla hacia atrás. Parecía que él y mi hermano habían luchado todo el camino hasta el borde del bosque.

- Una última ronda, teme. Esta vez, asómbrate – medio grito el rubio.

La anticipación de ambos tensó sus músculos, haciendo que su respiración fuera un poco más rápida, y no podía recordar la última vez que lo vi tan puramente eufórico.

Seguían tirándose de los pelos cual macacos, cuando una vez detrás de mí dijo suavemente:

- ¿Espiando a tu contrincante secretamente?

- Difícilmente llamaría a esto espiar. Y todavía más difícil, llamaría a eso – Señale a Sasuke-san – contrincante.

- ¡Oye tú! – escuche que grito el Uchiha menor dirigiéndose a mí.

- ¡Ja! ¡Te tengo teme! – Naruto realizo una llave directa al cuello por la distracción del pelinegro.

- ¿Ves a lo que me refiero? – giré mi cabeza al nuevo espectador de lucha grecorromana.

Shisui-san era un modelo más viejo de los Uchiha, diría que su modelo de fabricación era el único que funcionaba correctamente - o el único descompuesto – porque este sí era un chico que sonreía como cualquier persona normal. Tiene una excelente vibra, tanto que Sacacorchos quedo impresionado con él.

- Ah… nuestro Sasuke-chan es un polluelo en crecimiento, pero tampoco digamos que tu Naruto es un ejemplo a seguir, Sakura-chan – me comento mientras veíamos como mi hermano estaba mordiendo - ¿iugg? – la pierna a Sasuke-san cuando le devolvió la llave por la espalda.

- Naruto escupe eso, te dará rabia – le alce la voz ligeramente.

- ¡Oye tú! – volvió a gritar el Uchiha menor, quien de nuevo fue derribado al suelo por una vuelta doble del rubio.

- Supongo que tendrá compañeros de juegos a donde vamos, ¿es así? Por favor dime que Sasuke no será el único – le pregunte a Shisui-san.

Shisui-san ya estaba sentándose en la engawa. Su taza de té proporcionada por Sacacorchos cual excelente anfitrión. Con un breve "arigatou, Sacacorchos-san", tomo un trago y respondió:

- Por supuesto. Tenemos otros quince primos, todos más pequeños que Sasuke-chan, aunque difieren sus niveles de caprichosidad. Unos aún están en la fase de pegar los mocos en la pared.

- …Por favor, dime que estás bromeando…

- Nop.

- Oh Seiryu-sama, ¿podemos retractarnos?

- Nop.

- ¿Aunque sea fingi…

- Nop

- Ohh… - suspire – ¿superaste la fase de los mocos, Shisui-san?

- Nop, espera, no si, eso si, sí ¿o no? Dame un segundo en que lo pienso.

Me reí de su travieso comentario. Algo tenía ver a dos chicos golpeándose mutuamente que era extremadamente relajante.

Creo que tomamos dos tazas de té, bien dispuestas por Sacacorchos, sentados en la engawa antes de volver a comentar:

- Sigo pensando Sakura-chan… - se interrumpió así mismo - … ¿puedo decirte Sakura-chan?

L- levas medio día diciéndome así Shisui-san, en este punto creo que podrías decirme bruja y no me molestaría.

- ¿Por qué crees que te diría bruja? - Le di mi mirada más aburrida que pude.

- Dime que no es el apodo que me puso el soplamocos de allá – señale nuevamente a Sasuke-san.

- ¡Oye tú! – volvió a gritar el niño Uchiha.

- No claro que no jamás le faltaríamos el respeto a una dama – dramatiza con una voz chillona y su mano sobre su pecho con indignación.

- ¡Bruja! – escuche decir debajo de un Naruto muy ajetreado.

- ¿Me decías Shisui-san? – tome un trago de té – y por supuesto, como gustes llamarme, estoy bien.

- Por favor, toma también la misma cortesía y baja el honorífico, Sakura-chan. Conforme mi petición, acordamos no interrogar sin nuestro Hokage presente, sin embargo, es una curiosidad nata el querer saber ¿cómo sobrevivieron tu y Naruto aquí, los dos? Tan alejados de todos y todo – pregunto Shisui-san abriendo sus brazos.

Incline mi cabeza buscando las palabras adecuadas.

Incluso un Bastet vino a sentarse – entiéndase como arrojarse – al regazo de Shisui-san quien le prodigaba mimos y cariños.

Suspire sin ver otra alternativa, mirando aún a los chicos rabiosos jugando a que se golpeaban.

- Creo que lo mejor sería contarlo todo desde el inicio – respondí más seria que hace un minuto.

- Oh, si eso presupone problema Sakura-chan para ti y Naruto, podemos esperar a Hokage-sama sin problema.

- Iie, no es eso – negué con la cabeza - Simplemente me temo que les generaran más dudas que respuestas – termine con la voz baja.

- ¿Por qué crees eso Sakura-chan? – por el rabillo del ojo, vi como Shisui-san veía por encima de mi cabeza, algo más allá.

- Porque ellos aun las tienen, miauuu – contesto Bastet quien seguía revolcándose en delicioso placer.

- ¿Y tú no tienes las respuestas que faltan, pequeño señor? – Shisui-san, ahora Shisui a secas, hacía una voz aniñada cada vez que hablaba con el gato, como alguien que ama a los animales.

- Si las tuviera, ya se las habría dicho. Ahora continua, esclavo, falta la otra oreja.

- Eso es cierto, Bastet no teme dejarse nada – una sonrisa salió de mis labios.

Empecé a acariciar el tonto neko cuando otra voz se dejó escuchar por encima de nuestras cabezas:

- Más tarde, procedamos a hablar de cierto evento, Sakura – era una orden directa del capitán, ya se había tardado en solicitar una explicación del favor a Sasuke.

- Por supuesto Itachi-san, de hecho, sería útil escuchar primero la historia. Así entenderán el contexto sobre las bases del acuerdo y lo que representa, ¿estás de acuerdo, taicho-san? – subí la mirada al hermano mayor de Sasuke, quien solo me miro desde lo alto, su mirada parecía estar mezclada con preocupación por su hermano así que solo comente – Por supuesto es reversible, pero debo explicarlo antes si eso es lo que realmente desean.

Asintió una vez, me quedé satisfecha.

- Muy bien, ya me retrasé con el almuerzo y seguramente el mueble me asesinará si no ayudo, les avisaremos en cuanto esté listo, cuiden de mi gato por favor – dije mientras me ponía de pie y tomaba mi taza.

- ¿No nos pides cuidar de tu hermano? – Pregunto Shisui

- A este punto, esos dos están jugando sobre caja de arena – comente haciendo que ambos Uchiha mayores vieran a los otros dos post adolescentes solo revolcándose en la tierra sin sentido.

- Bueno, al menos podemos ver que se llevan bien, ¿eh, Itachi-chan? – codeo a su primo.

No oí su respuesta, sólo sentí una intensa mirada dirigida a mi espalda que me siguió todo el camino hasta la cocina.


Érase una vez un niño que estaba llorando en la soledad de su casa.

La cabaña donde se resguardaba no era lujosa o alegre. Estaba nevando afuera y se sentía levemente el frío subir por las rodillas a pesar de que estaba cuidadosamente arropado.

Se había despertado en la oscuridad de la noche, recordaba tomar su siesta de la tarde, pero ya no más. No tenía más memoria de lo que pudo ser de su cuidadora.

Lloro y lloro hasta que las lágrimas se secaron, hasta que se cansó y hasta que la nieve dejo de mecerse.

Se quedó dormido cansado en su camita, sin nadie que lo volviera a arropar. No se volvió a enterar de nada sino hasta la mañana siguiente cuando despertó, nuevamente teniendo a la soledad como compañía.

Cuando tenía los ojos enrojecidos por volver al llanto, una figura alta apareció abriendo la puerta.

Su andar arrastraba la tela de su capa, metiendo parte de la nieve a la entrada.

- Ya, shh, shh, deja de llorar watashi no saiai no kitsune – le calmaba, atrayéndolo a sus brazos, dejando que llorara por un momento más.

El niño entre llantos y sollozos, escucho entonces un ruido más. No era el de su cuidadora, era algo más raro.

Fue cuando vio a los pies de dicha figura una canasta, una enorme, igual a la que tenían donde recogían las manzanas.

- Ella se quedará con nosotros a partir de ahora watashi no saiai no kitsune – la figura femenina lo bajo al suelo.

El niño emocionado por un regalo nuevo, pensando que sería algún cachorrito, abrió inmediatamente la canasta, sus pequeños brazos regordetes no alcanzaban a abrirlo por completo, así que ella le ayudo.

El niño no entendía la forma que estaba viendo, hasta que vio el rosa, un lindo rosa que parecía un dulce, así que pensando que era un algodón de azúcar, tomo un puñado y se lo metió a la boca.

No sabía tan bien, de hecho, sabía sucio, pero le enseñaron a terminarse toda su comida, así que el siguió masticando.

Eso fue hasta que giro la cabeza y vio un par de dulces verdes mirándolo, justo frente a él. El niño asustado no supo cómo reaccionar así que se quedó quieto, fingiendo que nada había pasado.

- ¿Por qué estas comiendo mi cabello? – fueron las primeras palabras que escucho de aquellos verdes.

Entonces el niño entendió dos cosas, no todo el rosa que verá es un algodón y no todos los verdes son dulces.

Así fue como un Naruto conoció a una Sakura.

La cuidadora de ambos era su Obāsan-sama.

Son hermanos, ella dijo, se cuidarán a partir de hora, ella susurraba.

Tú eres un zorro, debes de cuidarte de los demás; y tú serás quien lo cuide de si mismo, recitaba cada noche Obāsan-sama.

Pero para poder cuidar, es necesario aprender a cuidarse primero.

Es por eso por lo que a ambos se les enseño lo que ella misma sabía.

Su teoría y su práctica.

Desde muy jóvenes, los niños aprendieron a meditar incluso antes de aprender a escribir y sumar correctamente. Aprovechen el aire fresco de la mañana, decía Obāsan-sama.

Una vez que aprendieron a enfocar sus niveles de chakra dentro de sí mismos, se les pidió utilizarlo.

Llama al aire, decía ella. Usa a los espíritus de Byakko-sama, que escuchen tu llamado.

Entonces ella los hacía jugar en su mano, para que ambos niños supieran como hacerlo, como debería de sentirse, de verse la energía natural, el ninshu.

Era extraño para los niños en ocasiones, hablar con los pacientes de su cuidadora, y que ellos no pudieran entender algunas palabras o frases, que no entendieran como ellos los percibían con olores a rojo o a gris o a metal o mar; así como no entendían como los demás no podían ver las líneas de chakra volando en el aire entre este espacio y el espiritual.

Ella los regañaba continuamente en privado: no dejes que te vean hablando con las sirenas de Seiryu-sama, no permitas que el travieso espíritu del fuego, hijo de Suzaku-sama, se muestre ante uno de ellos, no bailes con Genbu-sama, no entenderían.

Los niños preguntaban, porque Obāsan-sama, si las personas parecen tan amigables.

Entonces ella se sentaba y explicaba por n cantidad de veces la misma justificación: Ellos creerán que tú eres un demonio, mi pequeño niño; y ella por ser tu hermana, tendrá el mismo castigo.

Los niños no entendían, hasta que una vez no les quedo de otra más que comprender.

En un vasto páramo lejos de su hogar, se les había encargado una tarea, años después de haber aprendido a leer. Estaban sufriendo por la falta de aclimatación de las altas temperaturas de un desierto lejano, cuando lo sintieron.

Esa misma fuerza que una que otra vez el niño había dejado salir en ocasiones anteriores:

Un odio tan descomunal se sentía por toda la arena; a pesar del calor, podían sentir el hielo en sus venas.

Un poder tan inmenso que los hacía querer caer de rodillas congelaba sus manos y no permitía que dieran un paso.

El niño miraba a la niña con desconcierto, que está pasando, decían sus ojos.

La niña entonces, sin poder dar respuesta, trato de extender sus sentidos, pero su poder renunciaba a ella. Lo que no entendía es que no renunciaban los elementos a ella, sino al revés, hasta que volvió a intentar una y otra y otra vez hasta que lo logro. Desplazo al miedo por el coraje de la curiosidad, pero hay que recordar que la curiosidad mato al gato.

La tormenta de arena frente a ellos era de inmenso tamaño, nubosa, oscura, sentían como las finas partículas se incrustaban en la tela que protegía sus pequeñas narices.

En ese momento, cuando ella le pidió a la arena detenerse, se escuchó algo, algo quebrándose dentro de la misma tormenta. No fue hasta que esta se disolvió que pudieron moverse correctamente de nuevo.

Un niño, tan pequeño como ellos mismos, tan alto como ellos mismos, estaba frente a ellos. De pie.

Su frente contenía un hermoso kanji en rojo sangre. Ojos marcados en kohl miraban fijamente al niño rubio de obasan-sama.

- ¿Qué eres tú?, pregunto intrigado el niño de mechones dorados, curioso por la energía emerger del pequeño.

- Lo mismo que tú, respondió el cabello de fuego, al tiempo que pequeños zarcillos de arena envolvían al rubio, parecían manos delicadas, dedos finos tocando el rostro, los hombros, las manos del niño recién llegado.

- ¿Cómo hiciste eso?, pregunto el kanji de amor.

- No hice nada, lo hizo ella, contesto el otro.

De un momento a otro, totalmente inesperado, la niña dejo de respirar.

Finos granos de arena habían ingresado inmediatamente a los pulmones de la niña, capturando los alveolos, segundos más, segundos menos, ella dejo de funcionar.

- ¿Qué estás haciendo?, cuestiono un hermano furioso.

- Ella trato de detenerme, asesinarme como tantos otros, contesto el pelirrojo.

- Ella jamás haría eso – garras y ojos felinos se mostraron en el rubio -, en cambio yo sí puedo hacerlo.

Enfrascados en una pelea, donde ambos tenían facciones no humanas en sus cuerpos, la niña que ahora estaba sentada sobre una roca, veía como un mapache y un zorro peleaban a través de la arena.

No había sido tonta, desde que sintió ese tipo de energía había hecho un clon, uno de ninshu, y lo había dejado en su lugar, sabiendo que su hermano no saldría lastimado.

El clon ya había dejado la tierra hace tiempo, pero poco o nada importaba cuando por primera vez, se dio cuenta, que su hermano no estaba solo, había otros como él, pero no eran como él.

La figura de mapache hablaba en otra lengua, se expresaba de otra forma y se podía sentir dolor por toda la plancha. El zorro parecía más contenido, más seguro, certero, llamando la atención del mapache envió un chispazo a su hermana con chakra, y en ese momento, uno de total distracción, lo inmovilizaron.

Cuidaron de él y sus pertenencias, las pocas que llevaba encima.

Lo despertaron dándole de beber agua y se movió ofuscado.

Se le pidió que se tranquilizará y el niño cabellos de fuego pareció entender que ni la niña de rosa ni el niño demonio querían lastimarlo.

Ambos le pidieron colocar sus manos sobre las suyas para que entendiera que no iban a herirlo; el niño con dolor accedió y se dejó llevar.

El ninshu entro por su cuerpo, dándole calor, comodidad y frescura. Paz.

Sí, la curiosidad mato al gato, pero la satisfacción lo trajo de vuelta.

Su kanji en la frente se ilumino. El pelirrojo solo se quedó mirando a ambos hermanos; ellos no entendían de donde salía tanto dolor y tristeza, hasta que el niño conto su propia historia.

Buscan nuestra sangre, inclusive mi propia familia busca mi muerte. Buscan a mi madre, la única que me apoya y tengo aquí, decía el jovencito tocando con perpetuo cariño su calabaza, para algunos llena de arena; para él, llena de amor.

Los niños no entendían, aun así, ¿porque lo estaban cazando de esa manera?, ¿que había hecho él si parecía tener su edad o tal vez menos por la forma tan delgada en la que se sostenía, como si no hubiera comido en días? Sus ojos hundidos, caídos, como si tuviera mucho sueño, pero no hubiera podido dormir.

Entonces el pelirrojo siguió explicando, conto historias tenebrosas, historias sobre demonios que habían atacado pueblos enteros, que habían arrasado con centenares de vidas, sobre poderes deseados en exceso, pero el más tenebroso relato que conto fue como su tío, una de las personas que más amaba, intento asesinarlo, pero fallo en el intento. Enormes gotas de agua salada rodaron por las mejillas.

Los niños decidieron quedarse con el pelirrojo un tiempo, a partir de ese día fueron inseparables.

La tristeza envolvió sus espíritus viendo como era tratado por personas cuya empatía era para los suyos y nada más. Como un niño era marginado por ser un poco distinto, cuando sólo necesitaba amor tal cual decía tener de su madre, como los ojos de vista gorda de los adultos parecían aparecer convenientemente en los momentos de mayor necesidad.

Los niños amaron al pelirrojo, no era necesario más. Se contaron historias entre ellos, compartiendo sus experiencias; por un lado, travesuras con un gato y un mueble que se mueve solo; y por el otro, espantosas noches en que los venenos llegaban en forma de té o peor, de serpiente, unas arrastrándose, otras caminando en dos patas. Dormían viendo las estrellas cada noche contándolas, como los días que esperaban que pasarán juntos.

Hasta que otros niños más grandes se juntaron con ellos, cuando vieron que no salieron lastimados por siquiera hablarle al pelirrojo, cuando podían jugar a las escondidas sin temor de ser enterrados vivos.

Esos niños después dirían que eran realmente sus hermanos, que lo adoraban y deseaban quedarse con él por siempre, pero les habían envenenado con cuentos macabros sobre lo que podía hacer su poder, que un enojo infantil podría hacerlos desaparecer, es por ello por lo que el miedo inundaba sus corazones. Tenían pánico primero, al ver que alguien más se podía acercar al hermano pelirrojo, niños que le sonreían y él les sonreía a cambio, así nació la envidia y se alejaron más del niño.

Hasta cuando los recién llegados los invitaron a jugar sin ningún temor, tomados de las manos, la alegría y la cautela parecían entrar en conflicto, pero no duro mucho.

Y así pasaron un tiempo. Hasta que nuestros valientes tuvieron que regresar a su cabañita, despidiéndose con la más triste de las sonrisas de sus nuevos amigos. Un pelirrojo se quedó con su manita levantada diciéndoles Sayounara desde la entrada de su arenosa casa.

Esta experiencia les sirvió para entender que la yama-uba no mentía. El mundo podría ser cruel si dejabas que te tragará especialmente para los niños perdidos.

Érase una vez una historia que aún no termina.

Silencio.

Uno

Dos

Tres

Cuatro

Cinco

Seis

Siete

Ocho

Nueve

Diez

- ¿Sólo eso?

Suspiré. Fueron unos buenos diez segundos de impacto.

Se los había dicho, les dejarían más preguntas que respuestas.

- Si Sasuke-san, por el momento sólo eso, debo estirarme.- Dije levantándome, haciendo tronar unos cuantos huesos trabados.

Habíamos terminado de almorzar cuando Naruto y yo decidimos que era hora de contar historias.

Sentamos a los shinobi en el sofá y les pedimos silencio, preguntas al final.

Habíamos cerrado el cancel de la sala, cerrado la cortina de esta y oscureciendo la casa para crear el ambiente.

Cuando la estancia estuvo totalmente a oscuras, eliminando la luz solar, empezamos a contar este recuerdo.

Con ninshu y mi propio chakra relatamos los escenarios y dábamos cuerpo a los personajes.

Puntos de chakra en el aire de tonalidad verde, azul, roja y amarilla se combinaban, unían y armaban desplazándose desde la chimenea hasta donde estaban los Uchiha sentados, todo para que pudieran visualizar lo que intentábamos explicar; en las explosiones o situaciones caóticas, las partículas se expandían y al ser chakra puro, no lastimaba a los shinobis. Sólo quería darle énfasis al punto.

Las formas de Naruto, mías y de nuestros amigos, gracias a estas partículas, corrían libremente a través del aire, en el espacio entre el techo y los sofás, dando la apariencia de holograma.

Los ojos oscuros de los Uchiha brillaban ante la interacción del ninshu en conjunto con el mío, creando los escenarios, manteniéndolos absortos en la historia. Incluso intentaban tocar en ocasiones los cuerpos etéreos del cuento, levantando la mano para que estos simplemente los atravesarán. Al final de la historia, podía ver sus ojos encendidos con sus respectivos dōjutsu.

El recuerdo relatado no fue ni de lejos el peor o el más largo o el más triste, de hecho, fue una de las más bonitas memorias que tenemos Naruto y yo porque nuestro amigo pelirrojo, a pesar de que no lo hemos visto en mucho tiempo, nos regaló una muy bonita sonrisa junto a su familia.

Sin embargo, hace mucho que no hacía esto, y tanto chakra fuera de mi cuerpo me está poniendo temblorosa. Un chocolatito me vendría bien.

- No te preocupes teme, tendremos dos años para seguir contando la historia.

- Descuenta los días laborales, los días festivos que no estarán juntos, menos los días de misiones, menos los días de vacaciones, menos los días en que puedan estar moribundos en el hospital, y entonces verás que no serán dos años, esclavo – comento Bastet mientras seguía embarrado en el regazo de Itachi-san, el cual estaba en medio de los otros dos ninjas.

- Eres toda una promesa de buenos augurios, ¿no, mi pequeño señor? – comento Shisui mientras le acariciaba su barbilla al neko.

Iba por mi tercer vaso de agua cuando sentí una breve presencia a mi lado.

- Sakura, ¿debemos? – Señalo con la cabeza hacia afuera.

Di un vistazo a la sala, los chicos seguían hablando de la experiencia Naruto intentando sacar ninshu tan visible como yo, pero era algo que aún le costaba.

Asentí una vez que llené de agua mi vaso y procedimos a la salida.

Una vez afuera, me senté en la banquita columpio que tenemos a un costado de la puerta, palmee para que él también pudiera sentarse; sin embargo, prefirió estar de pie a lo que solo alce mis hombros y bebí de mi agua.

Nos quedamos en silencio tomando el fresco, apenas era medio día, así que el viento llevaba deliciosos olores de pino y canela a todas partes. El olor a menta de su chakra también se revolvía con los demás permitiendo que se mezclara con el chakra natural sin que él lo supiera.

Dejo de ver el campo para mirarme de frente.

Sabía que tenía muchas dudas, así que aclare, antes de nada:

- Sólo puedo contestar sobre aquello que relatamos. Las razones del cómo siquiera Naruto llego a este lugar, mi propio nacimiento, la historia de aquella que nos crio, todo eso, es información de la que, créeme, también quisiera conocer la verdad algún día – comente mientras seguía viendo al viento mover las copas de los árboles y las flores silvestres.

- Fue hermoso.

De todo lo que espere que preguntara o comentará, esto fue lo último en mi mente, de hecho, ni siquiera lo tenía contemplado; que dijera eso fue tan sorprendente que aparentemente toda mi expresión facial reflejaba mi sorpresa.

- Ten la seguridad de que todos los cuestionamientos han incrementado a partir de esta memoria relatada y los he resguardado mentalmente para no dejar pasar alguno sin su debida respuesta. Por supuesto, no era de mi pensar creer que contarían todo durante el mismo lapso, en cambio, lo que ocurrió ahí adentro… - se silenció por un momento, su mirada profunda - …fue diferente.

Lo mire preguntándome si nunca realmente había visto el control de chakra manifestarse de esa manera. Para tener cerca de sus veintidós, veintitrés, estoy segura de que ha visto mucho, en especial si el tatuaje ANBU que le he visto lucir es fidedigno, lo cual sé que sí.

Su rostro no mostraba mucha emoción, por otro lado, sus ojos eran los que hablaban, los que decían todo lo que él no alcanza a exclamar. Expectativa, sorpresa, intriga.

Resople:

- No digas eso Itachi-san, tantos halagos harán que me lo termine de creer – le sonreí levemente

Respondió corporalmente cruzándose de brazos.

Su lenguaje corporal ha cambiado. Listo aquí va, dispara capitán.

- Mi cuestionamiento principal es sobre el evento de ayer con Sasuke, lo que llamaste garantía o favor. Requiero conocer toda la información respecto a lo que significa, perjudica y adjudica – se detuvo un momento, como pensándolo mejor – Sakura, por favor omite crear agujeros verbales. Mi solicitud por la información abarca que sea el compartir el conocimiento de toda esta, las características que lo componen y por qué Sasuke fue tu objetivo para este propósito.

- … En serio pensaste como preguntarme completamente para no dejar espacios vacíos, ¿cierto taicho-san?

- Remítete a responder la pregunta por favor, Sakura-san.

Suspiré, me levanté de la banca y le pedí:

- Camina conmigo, Itachi-san – baje las escaleras y camine lentamente por el sendero, hacia el bosque. - Lo creas o no, sinceramente les iba a decir todo sobre el funcionamiento completo. No tanto para su servicio sino para el mío. – lo vi fruncir suavemente el ceño – Empecemos con lo sencillo. Realmente es un favor – le sonreí cínicamente – uno que será pagado conforme lo que prometió tu hermano.

Mire al frente con las manos hacia atrás mientras continuábamos la caminata.

- Verás, cuando éramos pequeños, Naruto y yo buscamos formas para… liberarlo. De su sello maldito. Desde que supimos lo que se guardaba dentro de él, tratamos de aprender como separarlos – trate de buscar una manera de explicar – una vez que descubrimos una posible manera – fruncí el ceño levemente, recordando – Naruto aprendió mucho más que yo en el campo del fūinjutsu, yo me lleve sólo lo básico, y entre nuestros estudios descubrimos que existía un sello, uno que sirve para sellarte a ti mismo, sólo que con características muy básicas.

Continué transitando, sabiendo que estaba escuchando.

- Al principio, nos pareció un sello tonto. ¿Quién querría sellarse a sí mismo? Hasta que luego descubrí que podría ser un excelente motivador – tome una pequeña piña de un pino bajo – Puedes utilizarlos como promesas a ti mismo, para no olvidar algo, para terminar alguna tarea, para esforzarte más. Al principio los utilizaba para agendarme adecuadamente – recordaba mi rutina más difícil, negué con la cabeza sonriendo – Una vez creí que me ayudarían con una asignación. Tenía que memorizar 107 organismos de la flora, las combinaciones perfectas para envenenamiento y la diferencia al combinar para generar una cura.

Seguí caminando lentamente, recordando mis días de estudiante sin la supervisión de Obasan-sama.

- La Lavandulae angustifolia es un excelente ejemplo, en pequeñas dosis te ayuda a dormir, generar un excelente descanso, sin embargo, si te excedes con la dosis, puede hacer retorcerte por días enteros porque tus intestinos serán purgados.

Detuve un segundo mi diatriba mientras respiraba profundamente el olor a pino, canela y menta.

- Así que, para poder acomodar mis tiempos, me selle a mí misma en una promesa. Aprender sobre las 107 plantas y sus características en dos días. – solté una risa cuando lo recordé – me faltaron dos especies para cuando se cumplió el periodo de termino, por lo que mi propia promesa quedo quebrada y el sello se activó. Por suerte, sólo la había sellado con mediana voluntad. Verás, mientras más fuerte sea la convicción cuando sellas tu promesa, peor será el castigo por el cobro de romperla.

Suspire, mirando al cielo recordando.

- Tuvieron que cuidarme dos días enteros hasta que la fiebre bajará, no importaba cuánta agua tomara, estaba deshidratada, el cabello se me caía a montones, desfallecía, las uñas se me quebraban, todo hasta que tuve apenas fuerza suficiente para romper mi propio sello. – resople tontamente – tuve que romperlo creando otro que lo reemplazará, con las pocas ganas que tenía, sellé una promesa que rezaba que aprendería las dos especies faltantes en menos de un año. – me reí aún más recordando mi propia estupidez infantil – Me recuperé al instante, claro, pero estaba adolorida y traumada, así aprendí que las promesas realmente no deben de romperse nunca.

Habíamos llegado casi a las fronteras de Bosu-sama, sin embargo, el shinobi a mi lado esta callado.

- Ahora por otro lado, un favor es un poco distinto. Un favor sellado, podría considerarse como un contrato. Mis favores son más que nada medicinales. Cuando alguien me pide ayuda se la brindo. La salud es un precio que no todos pueden pagar debidamente, es por ello por lo que en algunos casos solicito un favor. Por supuesto, el favor no es algo que alguien más pueda hacer, únicamente con aquel con quien acorde puede ejecutarlo, ya que será el único que este marcado. Sasuke-san ha…– busque en mi repertorio de palabras como darme a entender sin dar tantas vueltas, directa y al grano – … llamado de alguna manera la atención de mi hermano. Aunque Naruto es abierto y cálido, rara vez hace caso omiso a mis consejos. El haberse presentado y ayudar a tu hermano con la misión, es algo que le pedí no hacer; y, sin embargo, hizo todo lo posible para ser de utilidad. Por supuesto, existieron más factores involucrados, pero al parecer tu hermano – suspire – es el primer amigo en mucho tiempo que ha tenido otouto, y por lo que he visto, tu hermano pareciera tenerle cierta afinidad al mío. No sé tú, pero para mí pareciera que se apoyan mutuamente.

- En efecto, concuerdo con que han establecido una rara conexión. Sasuke no es de conversar en demasía, pero ha expresado buenos comentarios de los diálogos ofrecidos por Naruto. Aun así, lo que dices es que lo elegiste por esta simbiosis que parecieron establecer, ¿es eso Sakura?

- Sinceramente pensaba usarte a ti, pero tu hermano se interpuso – le sonreí.

- Gracias por compartir tu cinismo.

- De nada.

Nos quedamos en silencio, aun caminando despacio, sin prisa, esperando las preguntas que aún tenía en mente.

- Gustas preguntar que significa realmente el contrato – lo ayude un poco.

- Cada palabra descrita en él, tal cual lo redactaste ayer, eso fue el contrato como tal al pie de la letra, ¿eso es lo que entendería como el sellado?

- Así es, cada palabra, sin renglones ocultos ni letras chiquitas. Cada cosa que se dice durante un favor, como le llamo, es tal cual como se debe de cumplir. ¿Entiendes eso, Itachi-san? De hecho, pareciera que salgo perdiendo más yo que tu otouto.

Levanto ligeramente las cejas.

- Dudo mucho que la parte donde incluías destrozar sus entrañas sea algo que te afecte directamente a no ser que sea para tu diversión, Sakura – me dijo el pareciendo conmocionado.

- Piénsalo Itachi-san, sé que es tu hermano y la preocupación es normal, pero mis palabras exactas…– alce mi mano, dejando que el ninshu de los árboles y la tierra se fusionara con el mío, dejando que un clon de mi voz, únicamente del sonido, emergiera de los pinos que nos rodeaban recordando la acuerdo - …fueron:

"Hagamos un trato Uchiha-san, si Naruto acepta, si acepta el término de prueba de dos años, estaré al real servicio de su majestad, el Hokage, sin rechistar ni cuestionar ni mostrar mis propias opiniones. Me convertiré en un shinobi de élite, lealtad máxima y sacrificio total, a cambio de que seas parte del séquito que cuide de ese rubio a partir de ahora. Cabe aclarar, que, si un día sale gravemente lastimado o llega llorando a casa por tu culpa, te hare pagar con la misma moneda, y no importaran tus hermanos aquí presentes o Hokage omnipotente, te perseguiré hasta los confines del mundo y del tiempo hasta destrozar tus entrañas, regenerarlas y volverlas a destrozar; hasta que me canse, duerma y lo vuelva a hacer todo otra vez."

Mi voz repetida en eco varias veces con diferencia de segundos entre una y otra no fueron impedimento para escuchar con claridad el contrato real.

- Ahora no sé del tuyo Itachi-san… – continué caminando –…pero al menos mi hermano tiende a llorar fuera de casa – giré mi cabeza para sonreírle levemente, toda inocencia.

- … ¿Entonces es así? – se paró frente a mí, aplicando shushin.

- ¿Qué dormiré para volver a destrozarlo cuando me cansé? Sí, esa parte es cierta – conteste con la mirada seria.

- La parte en que obedecerás plenamente a cambio de protección a Naruto – cuestiono uniformemente, mirándome para no dejar dudas.

- Es la parte en la que salgo perdiendo más que ustedes, ¿no es así? Sin embargo, así como puedo sellar el favor, así puedo deshacerlo. – endurecí la mirada – Puedo romper el contrato con tu hermano, pero ¿es lo que realmente quieres? Es decir, si lo rompo…

- …no volverías a hacer uno, aunque sea para la salvación de tu hermano, no prometerías lealtad. – finalizo por mí, sus ojos mostrando la comprensión realizada.

- Regla número uno: el shinobi siempre debe mostrar lealtad a su Kage, ¿no es así, Itachi-san? – dije lentamente antes de preguntar – dime, ¿quieres que realmente lo rompa?

Me miro con expresión contenida, parecía querer abrir mi cerebro y descifrar los rompecabezas por la forma tan penetrante en que me veía la obsidiana.

Por supuesto, contaba con esto: el Uchiha no va a permitir la perdida de una herramienta exclusivamente leal a Konoha, una que es hermana del jinchūriki. Una que puede promover a dicho jinchūriki a permanecer igualmente de leal en la aldea a la que servirán. Sería matar dos pájaros de un tiro. Dos shinobis con lealtad asegurada al menos durante dos años a cambio de la ayuda de un jōnin que aparentemente se lleva bien con el portador del bijuu. La única desventaja para ellos: es que es bajo mis condiciones, no las suyas.

A cualquiera le parecería que estoy jugando con la vida de mi hermano, pero muy pocos, sobrados con los dedos de la mano, comprenderán que, de hecho, es la única cosa con la que jamás me atreveré a apostar.

- Shisui tenía razón – pareció decidido.

- ¿En qué Itachi-san?

- Eres sagazmente cruel.

Sentí mis propios ojos brillar de diversión, incliné levemente la cabeza y sonreí realmente entretenida por su conclusión. Él se congelo de repente, supongo que por la nueva presencia en el sendero.

- Dile algo a lo que no esté acostumbrada escuchar, humano – comento una voz desde las espaldas de Itachi-san.

Itachi-san tenía ya por fuera su kunai al darse la vuelta, la mano tensa, misma que aprete con la mía para que no tuviera oportunidad de lanzar el arma. Es demasiado veloz.

El enorme y elegante Bosu-sama frente a nosotros.

- Tranquilo cachorro, vine por ella – sin abrir el hocico mi amigo lobuno me señalo con su cabeza.

- Bosu-sama – camine rápido hacia él abrazándolo, riendo con su nariz fría sobre mi vientre.

Su blanco suave y felpudo era tan delicioso aun cuando hacia calor.

- ¿Estás bien tú y Naruto? – pregunto, aunque por más baja que hiciera la voz, hacía eco entre los árboles.

- Lo estamos Bosu-sama, los shinobi nos ayudaron para combatir contra el macho indeseable. – comente recordando que debía presentarlos adecuadamente.

Sonreí cuando Bosu-sama revolvió mi cabello con su nariz.

- De hecho, debo presentarte a alguien. – voltee a mirar a Itachi-san, quien estaba de pie, con las manos hacia atrás, su uniforme sin chaleco jōnin, mirándonos como quien mira al mar salvaje. De lejos.

Caminamos hasta Itachi-san, le sonreí ligeramente y esta vez sinceramente apenada:

- Itachi-san, una disculpa por no presentarlos adecuadamente, apelo a tu comprensión sobre que la situación no era la idónea. No por ello, sea algo que no se pueda remediar. Itachi-san, permíteme presentarte oficialmente al líder lobuno de la montaña de la princesa dormida, Bosu-sama.

- Bosu-sama, Uchiha Itachi-san, shinobi de Konohagakure no Sato.

Itachi-san realizo su reverencia como cualquier humano. Bosu-sama al ser un lobo salvaje no tenía esas costumbres. Por su parte se levantó por completo midiendo al Uchiha. Cuando éste no tembló ni se movió, obtuvo la aprobación del lobo.

- Mucho gusto, Bosu-sama – dijo el ninja.

El líder lobo no era de muchas palabras, prefería acciones, así que saludo como cualquier lobo al obtener aprobación. Lamió a Itachi-san por toda la cara.

No quise reírme, en serio que no, pero la cara tan estupefacta, la cara de cera rota por la total confusión, así como su flequillo disparado hacia arriba me supero, teniendo que voltearme para reírme a gusto.

Bosu-sama confundió la cara del shinobi con preocupación por mi bienestar mental:

- Bienvenido cachorro, te esperaremos hoy para tu baile de bienvenida a la cacería – Itachi-san giro su cabeza aun con saliva escurriéndole por la barbilla, en lo que pareciera shock por las palabras del lobo.

Continué disimulando mi risa todo el camino de regreso a casa, con un Bosu-sama relatando como debería de cazar un ciervo blanco y un Itachi-san con olor a perro.


- Iie – rechazó categóricamente Bastet.

- Debe de ser hoy, mi señor – conteste lo más aburrida posible, de lo contrario dirá que estoy demasiado emocionada y eso lo molesta.

- Iie – es un neko muy terco.

- Bastet, escucha, solo nos quedan dos noches, así que debemos aprovecharlas para despedirnos de Bosu-sama y de su manada, porque no los veremos en mucho tiempo – intenté dialogar con él.

Bosu-sama se presentó ante un Shisui y un Sasuke-san que en cuanto lo vieron pusieron cara de piedra. Eso fue hasta que vieron a Itachi-san, una risa muy contagiosa emergió de Shishui ganándose una mirada fulminante del ninja cuervo. Sasuke-san por otro lado estaba contrariado, algo sobre que nadie había podido tocar jamás así – o lamido – a su aniki de esta manera tan atroz.

Una acicalada más tarde, todos nos reunimos en el jardín trasero mientras Naruto que explicaba que nos quedaban dos días para irnos.

El lobo al escuchar esto nos pidió entonces convivir por última vez, una fiesta de despedida.

- Mi hermano y yo nos miramos, se nos oprimió el corazón cuando vimos la mirada triste de nuestro amigo.

- Volveremos algún día, únicamente para visitarte Bosu-chan – decía Naruto mientras lo acariciaba detrás de las orejas.

- Dejen al gato como tributo y no olvidaremos esta amistad – decía Bosu-sama mirando a Bastet con diversión.

- Vidas quisieras para poder reencarnar en algo tan perfecto como mi ser – era la respuesta más fina de mi neko.

Es por ello por lo que mientras estoy empacando - algunas de las cazuelas de la cocina, otras se quedaran – Bastet esta de muy mal humor.

- Puedes ir, si me traes su pata cercenada – el gato había sacado su propia garra imaginándose que era el quien desgarraba a Bosu-sama.

Sacacorchos entonces decidió unirse a la conversación:

- ¿Acaso tú no quisieras despedirte de tus amigos si se van lejos por mucho tiempo? – sus manos haciendo las señales a rápida velocidad.

Bastet se quedó en silencio tanto tiempo que tuve que voltear para ver si seguía ahí.

Había girado todo su cuerpo, sentado sobre el desayunador, viendo hacia Naruto y Sasuke-san a través del cancel, afuera.

No dijo nada más, su mirada pareció perdida por mucho tiempo.


Los shinobi fueron invitados claro está, aunque Itachi-san estaba más que conforme de quedarse en la casa, pero fue convencido de asistir junto a Shisui, mientras que un renuente Sasuke fue convencido por un hiperactivo Naruto.

Al principio Naruto estaba destornillado de risa, cuando los shinobi preguntaron si en efecto debían de ir desnudos. Confundido, mi hermano pregunto y los ninjas le contaron sobre el ritual de iniciación a la manada que les relate, a lo que el rubio simplemente soltó la carcajada. ¿En serio se lo habían creído?

Sólo cuando preguntaron si debían armas, Naruto les dijo:

- Si no llevan ¿cómo mataran a los jabalíes? – esa parte no venía agregada en el cuento de ellos.

En fin, cuando llegamos en la tarde noche nos recibió toda la manada, los lobeznos estaban tan entusiasmados por otros humanos que se unían a recibirlos.

Los ninjas parecían palitos negros siendo tragados por tanto blanco a su alrededor.

Naruto encendió el fuego, poniendo a calentar la sopa que hice. La noche en esta parte de la montaña es bastante fría.

Los lobeznos hacían tantas preguntas a los Uchihas, ¿Por qué huelen a fuego?, ¿eso es una estaca?, ¿Entonces te asustamos cuando te perseguimos la otra vez?, la carne que nos trajeron era deliciosa ¡Más!, ¿de dónde son?, ¿Qué tan grande es su bosque?, ¿a qué sabe la sangre a Naruto-kun y Sakura-chan?

Esa última pregunta hizo alzar las cejas de varios de los bípedos incluyéndome.

- ¿Porque deberíamos saber? – dijo Shisui quien parecía más divertido que conmocionado como sus contrapartes.

- Porque son vampiros, hasta tienen los ojos rojos. ¡Los vimos, los vimos! – contestaron los lobeznos en distintos niveles de voz.

Ya veo, Naruto estuvo contando otra vez sus historias mágicas de chupasangre a los cachorros.

- Ohhh, no saben nada bien, Naruto-kun tiene sabor a zorro y Sakura-chan parece más bien carne seca – dijo Shisui quien esquivo la piedra que le lancé.

- Ohh, ahh, ouhhhh, aauuhhh… - eran las exclamaciones de los lobeznos

- ¿También te salen colmillos? ¿Son tan grandes como los míos?

- Sí, pero solo me salen cuando tengo mucha hambre… como ahora mismo – y tomaba a los dos lobeznos más cercanos y fingía morderlos, y estos chillaban entre las cosquillas y el miedo infantil

- Tú comiste limón, ¿verdad? – decía uno de los lobeznos a Sasuke-san.

- ¿Por qué lo dices? – pregunto cauteloso el Uchiha.

- Porque tienes la misma cara que mi hermano cuando chupo uno por error – decía el cachorrito tratando de hacer la misma cara de su hermano.

Naruto no pudo más, exclamando entre risas, Ohhh es cierto teme, eres un limón agrio, a lo que el otro gruñía, Cállate Dobe, enfrascándose en una pelea verbal que termino siendo física lanzándose al suelo y siendo atrapados entre los lobeznos que pensaron que era un juego de cachorros y querían unirse.

- Así que probarán con una manada más grande – dijo acercándose Katsuki-san y sentándose a mi lado

- Al parecer, así es – respondí con mi sopa caliente en las manos

- No suenas tan contenta por un nuevo cambio.

- Intenta mudarte con solo dos días de anticipación, demasiado que empacar si contamos que Sacacorchos quiere llevarse todo su invernadero.

Se rio suavemente.

- Si te llevas a ese vejestorio, significa que está realmente podría ser la última fiesta que tengamos durante el liderazgo de mi hijo.

- No seas ridícula, vendremos a visitarlos Katsuki-san, sólo no creo pueda ser con tanta frecuencia, pero creo poder tomar algunas vacaciones de vez en cuando.

- Cuando lo dices así, haz que parezca que intentas convencerme más a mí que a ti misma por favor.

Guarde silencio, por el contrario, continue tomando mi sopa.

- Yo que tú no me preocuparía tanto – ella comento de repente.

La miré, preguntándole en silencio a que se refería, ella señalo a Itachi-san, quien había tomado asiento junto a Bosu-sama y parecían enfrascados en una conversación.

- Por lo que me dijo Bosu-kun, han estado viviendo con ustedes y sobrevivido en el intento. Son fuertes.

Puse los ojos en blanco.

- Nos conviene tenerlos con vida. Hablaran maravillas de nosotros cuando lleguemos con su alfa.

- Encontrándole practicidad a todo, ¿es así?

- ¿Quiénes seríamos si no encontramos ventajas para nuestro beneficio, mi señora?

- Bosu-kun realmente está preocupado por ti. Naruto ha cambiado ligeramente su olor, pero el tuyo…

Gire la cabeza para mirar sus ojos azules quebrados como su hijo.

- Hueles extraño.

- ¿Miedo?

- No, sabemos cómo hueles cuando hay miedo, yo lo sé mejor que nadie – me dice Katsuki-san – es más como otra emoción que no habíamos percibido en ti anteriormente, aunque tengo una sospecha.

- ¿Me contarías tu temible teoría?

- Esperanza.

Fruncí el ceño.

- He tenido esperanza antes.

- Iie, tenías deducciones que resultaron ser certeras siempre. Tenías conocimiento que te permitía predecir muchas situaciones. Esperanza pura y genuina – la loba me empujo el costado con su hocico – eso nunca lo había olido en ti.

- … Gracias por decir que huele extraño, después lo cubriré con una camiseta sudorosa de Naruto – le dije tratando de desviar el tema.

Mi amiga loba deja salir una risa suave, propia de la realeza a la que pertenece.

- No servirá de nada, a donde vas no creo que puedan reconocer tu olor.

- Tampoco voy a dejar que se peguen a mí como sabuesos olisqueándome.

- Podrías dejarlos, así tendrías posibles machos dispuestos al cortejo, permitirás que algún macho caliente tu lecho por las noches y te guste aparearte con él continuamente en tu época de celo.

- Iugh, por favor… no – la mire con desaprobación a lo cual ella únicamente se rie – tonta.

Levanté la cabeza, más allá de la hoguera, un par de ojos negros me devolvían la mirada.

Al parecer Bosu-sama le había dicho algo a un capitán shinobi, porque ambos veían hacia nosotras.

- Mira y aprende, como dejar a un alfa con la boca abierta en tres segundos. – le dije a Katsuki-san sin dejar de mirar al ninja.

- Querida, me empareje con uno hace años, no me quieras venir a enseñar algo, cría – la loba solo se rie más alto.

Mientras me levantaba, le regresaba la mirada divertida a mi amiga. Mira esto.

Acercándome a Itachi-san, me arrodillé frente a él, tome su mano callosa con las dos mías, entornando los ojos más Bastet que pude emular, lo mire directamente:

- ¿Me harías el honor de cazar conmigo? – mi voz acaramelada, dulce.

Aullidos se hicieron escuchar alrededor nuestro, mientras mi futuro taicho parecía ligeramente sorprendido.

- Por favor, aquí no, hay niños – Shisui tapando los oídos de un Sasuke-san despeinado por los lobeznos que no parecía entender que estaba pasando.

- ¿Qué dices? A menos claro, que tengas miedo de perder a tu presa, Itachi-san – esperando su respuesta afirmativa.

Asintió una vez con la cabeza, aun sorprendido, a lo que respondí con una enorme sonrisa, expectante. Hace tanto que no cazo.

Bosu-sama aulló aún más fuerte, levantando a todos los lobeznos y los lobos más grandes preparados para la caza.

- ¡Oh si!¡Por fin! ¡Cacería, chicos! – Grito Naruto, llamando la atención de los shinobi sobre él estirando sus músculos.

- ¿Es esto en verdad? ¿Vamos a cazar? - escuché que pregunto en voz baja Sasuke-san

- ¡Si! Vamos a cazar Sasu-chan, no te preocupes, no dejaré que nadie te confunda con un hermoso pato negro – contesto Shisui.

- Por favor, nadie lo querría, el teme tendría el mismo sabor a carne pastosa… Auch – ganándose un golpe de parte del pelinegro.

Itachi-san me ayudo a levantarme ya que aún no soltaba su mano mientras escuchaba a Bosu-sama.

- Las reglas son las mismas de siempre, sin mordidas ni lesiones de gravedad, más lejos de la amputación…- comencé a trotar muy ligera en mi lugar y mover mis piernas y hombros, justo como Naruto.

- ¿Nani? – Sasuke-san seguía tan confundido.

- …Quien pueda atraparlo antes de los lagrimales de madre, será acreedor a un regalo por parte mía, ¿queda claro? – Cuestiono Bosu-sama antes de soltarlo.

Naruto y yo nos miramos, inclinándonos, preparándonos en nuestra posición para correr hacia el bosque.

- ¿Qué se supone que debemos de cazar? – Por favor, alguien contéstele a Sasuke-san.

- ¿Ciervos blancos? – una pregunta se escuchó murmurada a mi lado.

No le respondí al hermano mayor cuervo, sólo le di una sonrisa ladeada y ojos entrecerrados. La anticipación de la caza, el deseo de llegar primero, de estar en persecución sanamente competitiva, el hecho de que estábamos a punto de compararnos contra los shinobi, fueron un conjunto de sustancias químicas en el cuerpo liberando la adrenalina y la ansiedad.

Sólo sigue a los lobeznos, nos guiarán con el olfato a ellos – contesto Naruto, cuando estamos viendo justo la caída del hocico del alfa líder.

Y así comienza la carrera.

Nueve lobos de distintos tamaños, esponjas nubosas blancas atravesando el bosque con otras cinco figuras humanas pasando a toda velocidad, buscando, rastreando, hasta que uno de ellos y luego en eco, todos empezaron a aullar, los habían encontrado.

Fue muy rápido esta vez.

Los ciervos de luz. No es que fueran de luz realmente, eran hijos olvidados de Suzaku-sama, un ciervo cuyo fuego en el interior era de chakra natural y sólo salía en los bosques no habitados por los hombres. El fuego que tenía su cuerpo era tan ligero y contenido que parecía ser más una luz dentro de él, que fuego tal cual.

Es hermoso, para un ciervo cuya altura puede llegarte a los hombros, puedes ver sus cornamentas y sus patas tan ligeras, ojos que a pesar de no tener púpilas, te permiten ver su cálido interior.

Es un espíritu de invocatoria, al menos fue lo que una vez dijo yama-uba, sin embargo, nunca ha gustado de firmar contrato con ningún humano, no le interesa estar atado ni ser atrapado. Es por eso por lo que cazarlo es tan satisfactorio.

Había tres de ellos, que en cuanto escucharon a los lobos saltaron a correr también. Podías ver por la forma en como corrían, impulsados por el viento, deslizándose suavemente entre los árboles, que también gustaban de ser perseguidos. Cuando no te van a comer, supongo que es disfrutable la carrera.

Mi objetivo empezó a acelerar la carrera, los lobos también aceleraron sus huellas. Por un momento, me olvide de todos, de los shinobi, de Naruto, de yama-uba, de la mudanza, simplemente cazarlo era mi meta y ese momento de distracción fue suficiente para que un cierto capitán pasará por encima de mí en las ramas de los árboles.

- Oh no, taicho-san. – empecé a acelerar.

- ¿Se te escapa la presa Sakura? – Oí a Itachi-san moverse cerca de mí, los lobos olvidados, ¿en qué momento?

Le estoy dando la oportunidad de recuperarse Itachi-san.

Pero el Uchiha ya iba por delante de mí, tratando de alcanzar al ciervo, subiendo a través de los caminos rocosos, troncos enormes con años de musgo aparecían en el camino, el olor a humedad impregnaba el ambiente, perderíamos según la instrucción de Bosu-sama, si llegaba a cruzar el río.

Presione más chakra en mis pies, dándome fuerza y rendimiento. Continuamos corriendo algunos minutos, cada vez que estaba a punto de tocar al ciervo, este daba vuelta en una ladera y tardaba más en retomar mi camino, que Itachi-san, quien estando desde las ramas no contaba con el camino tan fangoso de abajo.

- Si llega al río, perdemos el regalo de Bosu-sama – le grité al shinobi, esperando que al menos él pudiera llegar al ciervo.

Eso pareció motivarlo ya que con Sharingan encendido, procedió a incrementar la velocidad. Por un momento, los perdí a ambos de vista.

Fueron un borrón para la vista. Pero no es como si no me hubiera criado en estos bosques.

Deslizándome sobre una piedra, toqué el árbol más cercano a mí con un tronco grueso y pedí apertura de ninshu hacia el río, mentalmente una imagen de donde pensé que llegarían ambos. Me deslicé dentro del portal, saliendo del agua del río. Agradecí que fuera el agua mi elemento natural, de haber sido la electricidad muy difícilmente podría deslizarme tan sencillo.

Llegué justo para ver como el ciervo era cazado con un anillo de aire de jutsu manual de Itachi-san. Cual vaquero domador, el ninja había enredado el cuello del hermoso animal con un collar de elemento aire.

El ciervo al verse atrapado intento escapar, tironeando de la cuerda de viento:

- Shh, shh, stille, alt er bra, stille – lo llame desde atrás, levantando hacia el mi chakra para que sintiera tranquilidad, dando otro paso hasta que me permitió acercarme sin jalar tanto su atadura. – Ikke bekymre deg, det er det, du har det bra, kompis, shh, shh. - Tranquilo, eso es, estas bien, amigo.

Itachi-san se acercó lentamente, aun tratando de recuperarse de la extenuante carrera, aunque también parecía sorprendido de verme ahí. A lo que él sabe, yo estaba por detrás rezagada.

El Uchiha parecía querer acercarse más, un ciervo de luz casi blanca que realmente es fuego no es algo que se ve todos los días.

- Adelante, tócalo – le dije mientras seguía acariciando la cabeza del animal.

El shinobi me miro, cuestionando si era realmente seguro.

- Es seguro. Además, los elementos fuego se atraen entre sí – comente mientras palmeaba el cuello del espíritu.

Itachi-san levanto su mano muy lentamente, tratando de no asustar al acorralado animal. Una vez que lo toco, escuche como la respiración abandono un segundo al ninja.

- ¿Tú has…?

- ¿Sentido eso? – finalicé su pregunta, asentí serenamente – Sí, es un ciervo de chakra puro, chakra natural de fuego, así que sí, es intenso, ¿no?

Itachi-san solo asintió, totalmente hipnotizado, aun acariciando a dicho animal, el cual había desplegado un poco de su propio ninshu al ninja en cuanto este lo toco. Un saludo propio de los espíritus al reconocer a alguien que no pretende dañar.

Los ciervos de luz son muy nobles, tal cual un ciervo normal se espantaría con un sonido revelador, los ciervos de esta naturaleza se espantan si detectan chakras terribles u oscuros. A Naruto le costó mucho trabajo atrapar a su primer ciervo.

El shinobi seguía fascinado acariciando al espíritu, su sharingan giraba controladamente pero el encanto bajo el cual estaba hechizado parecía atraparlo cuando el ciervo parecía querer contactar con él.

Por mi lado, la carrera realmente me había extasiado. Estaba sudada pero satisfecha, hace tanto no corría así. Definitivamente ambos, ciervo y shinobi, eran excelentes campeones de atletismo.

- Él no habla, pero te entiende – tenía demasiada sed, así que me retiré para beber agua del río.

- ¿Tiene nombre por el cual pueda llamarlo? – pregunto sin despegar la mirada de su cautivo.

- No como los conocemos nosotros. Adelante, pregúntale lo que quieras, no es necesario que alces la voz, mantenlo mental.

Me estire una vez que me refresque mirando si algún niño de Seiryu-sama estaba por ahí, cuando escuche una pequeña risa viniendo detrás de mí.

Supongo que alguien consiguió una agradable respuesta.

- Recuerda volver con él para reclamar tu premio, Itachi-san – le comenté sin darme la vuelta, viendo que mi portal aún estaba abierto sobre la superficie del agua, no visible a los ojos del ninja afortunadamente.

No me quede a escuchar alguna respuesta. Directamente caí al agua para reaparecer en el camino que recorrí para alcanzar el ciervo. Supongo que fue una buena carrera, aprendí un poco más sobre mi futuro capitán.

Me impresiono en velocidad, definitivamente es rápido; sin embargo, por alguna razón siento que se estuvo conteniendo.

Aun así, tarde o temprano tendré que ayudarlo con esa respiración tan fatal suya, puede que sea la razón por la cual se contiene. La enfermedad que lo acongoja pudiera ser crónica por la forma en la que no se ha recuperado tras una semana. Si va a cuidar a mi hermano, debe de estar en condiciones óptimas.

Y me encargaré de que así sea.

Por ahora, que disfrute del ninshu que le ofrece el ciervo, alguien como él realmente parece apreciarlo.


- Era de fuego, aniki – decía un Sasuke-san emocionado, o su equivalente en Uchiha lo cual era un brillo en los ojos y una sonrisa ligera infantil.

- Y si lo tocabas podías escuchar su voz en tu mente – comento Shisui, acostado en su cama, sin poderlo creer lo que vivió hoy, una sonrisa enorme plasmada por todo el rostro.

Estaban preparándose para ir a dormir, después de una buena ducha, contando como les había ido a cada uno al cazar un precioso espíritu de fuego.

Itachi entendía perfectamente, él también lo había sentido. Había dudado de tocar al animal, pudiera ser que Sakura en sus fases de distopía de realidad, estuviera jugándole una mala pasada; en cambio, cuando vio su cara tan pacífica al tocarlo, al acariciar la cabeza del ciervo, ella no parecía estar tramando malicias.

Haberse acercado, haber tocado la piel aterciopelada de un espíritu de Suzaku-sama, el señor del fuego como lo llamo Naruto, fue… indescriptible.

Jamás había sentido algo tan puro. Mentira. Cuando había nacido Sasuke y vio por primera vez esa pequeña bola cálida que su amada madre le permitió cargar unos segundos, sintió amor puro. Se sintió completo por primera vez, algo que no había vuelto a ocurrir. No hasta esta noche.

Todo era tan misterioso, apenas podía creer que estaba iniciando su noche cazando junto a otros nueve lobos de tamaño descomunal, más altos y pesados que él mismo. Naruto ya les había dicho que no fueran cargados, que necesitarían toda la ligereza posible en sus cuerpos, así que sólo usaron las ropas de civil que habían empacado, aunque sus cinturones armamentistas estaban presentes. Un shinobi jamás va desarmado.

La carrera, más que desgastarlo, ayudo a liberar el estrés que sentía desde el inicio de la semana. No. desde antes. Una sana competencia corriendo sin asesinar a nada ni nadie; y la recompensa fue…

Kami-sama, no recuerda la última vez que se divirtió tanto.

No sabía que esperar, pero una carrera tan llena de adrenalina, de alegría, porque, no lo hacía para atrapar a ningún renegado, ningún objetivo criminal. No, esto era puramente felicidad por correr. Como nunca lo había hecho de niño; y cuando vio al precioso animal, sus ojos rojos no le mentían. Era chakra natural tan acrisolado, una presencia invisible e intangible que proveía vitalidad y fuerza; una energía positiva emanando de su cuerpo que parecía caliente al tacto, aunque era todo lo contrario.

Era un sol tierno y magnético, que, en lugar de quemar, atraía como un paraíso ante un hombre sediento.

Un ciervo espiritual le había hablado a su alma e Itachi se sintió puro. En paz. Amado. Agradecido con la vida, con su propia alma, con el alma del ciervo y de la naturaleza. Lleno de espiritualidad su ser completo y palabras como perdón, agradecimiento y amor llenaron su cuerpo y mente.

"Perdónate a ti mismo y perdona a otros, deja a un lado los sentimientos de rabia, ira, miedo, comienza a llenar tu espíritu de sentimientos y emociones positivas como son el amor, la alegría, la paz. Vive feliz, ama completamente y alimenta a tu espíritu con amor", escucho de parte del ciervo, pero no era una voz como tal, sino como una fuerza que le hablaba con sabiduría desde alguna parte del universo.

"Jamás dejes apagar el fuego de tu alma, si no avívalo, niño", fue su frase final del hermoso ser.

No sólo eso, las cosas que el ciervo le hizo sentir cuando su chakra, natural, había hecho mella en el suyo fue como una recarga de vida, no podría describirlo de otra manera. Una sensación única e indescriptible. Por un momento el deseo de soltar ese nudo en la garganta fue intenso, esto era lo que, sin saberlo, había buscado por tanto tiempo.

Para cuando regresaron caminando al recinto lobuno, fueron recibidos como triunfales campeones, ambos. A partir de ahí, todo fue caos entre peludas patas y bailes que parecieran paganos.

Una Sakura ya estaba en su segunda taza de sake cuando Itachi llego, una taza en la mano de Shisui con un ciervo de un tono más oscurecido a su lado. Recuerda como su primo lo miro, la expresión con la que empataba completamente: felicidad verdadera. No fue el único que sintió la paz dentro de la naturaleza.

Un Naruto con un Sasuke muy orgulloso y un ciervo más pequeño llegaron inmediatamente atrás.

Bosu-sama decidió entonces que empezará la "fiesta". Como le hubiera encantado resoplar. Naruto y Sakura, los hermanos gemelos, se levantaron inmediatamente y con música vibrante del aire y de los árboles se pusieron a bailar entre ellos. Bailes sin sentido, sin destreza, con movimientos bruscos, parecían más chicos con alguna deficiencia motriz tratando de desplazarse, pero nada de eso importaba cuando los lobos decidieron moverse también, sus cuatro patas bailando al son de música que venía de ningun lugar sin voz.

Shisui jalo inmediatamente a Itachi y también bailaron, mientras bailaban les fueron repartidas diademas de flores de parte de la pelirosa, Naruto repartía el sake a diestra y siniestra, mientras que Sasuke se movía tan torpemente como su nuevo amigo, tanto que Bosu-sama lo cargo como muñeco de trapo tratando de "relajar sus músculos", decía el enorme lobo líder.

Aunque el sake era para consumo humano, los lobos parecían igual de alocados que Naruto marcándose con lodo la cara, como un verdadero militar y usando un penacho que no se sabe de dónde saco.

Habían terminado prácticamente al amanecer del día siguiente, despertando entre acolchadas pieles de lobeznos.

Ni los Uchiha, ni los chicos se habían excedido bebiendo, pero hacía tanto frío al salir del recinto que Bosu-sama había insistido en que se quedarán hasta que amaneciera correctamente y pudieran retirarse.

Algo tiene el calor lobuno, que ninguno quería despertarse discretamente; sin embargo, los ronquidos y medios gemidos de los cachorros de lobo mientras soñaban, le hizo alzar a Itachi varias veces una sonrisa cuando nadie lo veía.

Un Naruto en forma de estrella abarcaba casi todo el torso del líder lobo; mientras que su hermana, ella se quedó despierta toda la noche, acariciando el pelaje de una loba mayor, con la que estuvo hablando al inicio de la noche. Por la historia que conto el rubio, esa loba los salvó una vez de una enorme serpiente y desde entonces su unión es fuerte.

Ella se quedó acurrucada justo frente a Itachi donde podía verla sin que ella se diera cuenta. Sus ojos delataban tristeza por abandonar su hogar. Itachi lo entendió.

Completamente, comprendió después de esta noche.

Se retiraron una vez que amaneció, dando las gracias y dando espacio a los gemelos para despedirse finalmente de sus amigos.

Los shinobi decidieron que una o dos horas más de sueño les vendrían bien, y es así como Itachi, Sasuke y Shisui seguían tan conmocionados después de una ducha para retirarse las pinturas extrañas. En Konoha, no se vive así.

Itachi sabía que debía de descansar, se irían al día siguiente y aun quería hacer una práctica real con ambos niños, previo a la mudanza, para llegar con Hokage-sama con datos que pudieran brindar eficiencia a los exámenes que se les realizaran a ambos. Naruto fácilmente entraría como jōnin, su conocimiento en fūinjutsu, así como aplicación sin uso alguno de sellos manuales, el hecho de que aparentemente se puede controlar hasta tres colas a sí mismo, sin perder la razón o la cordura e incluso dialogar, es de aplaudirse; sin embargo, Sakura… Si es posible, es aún más misteriosa. Ni una vez la ha visto hacer un sello manual, pero su nivel de ninjutsu parece alto, así como el de genjutsu, aunque desconoce si solo es para armarlo o también eludirlos, tampoco la ha visto con un arma - a no ser Kubikiribōchō-, y ahí radica una cuestión. Esa espada no es cualquier arma. Sólo puede ser utilizada con kenjutsu, algo que a la mayoría le costaría realizar con una herramienta de menor calibre.

Aún tiene muchas incógnitas, demasiadas sin respuesta.

- ¿Crees que ellos sean los chicos que busca Sabaku no Gaara? – Pregunto en voz baja Shisui.

Le había quedado claro al ninja cuervo que Sakura no hablaba por hablar. Cuando dijo que tendrían más preguntas que respuestas, claramente no mentía, pero no como ella pensaba.

- Las características descriptivas indican que puede existir la relativa posibilidad de que ambos conocieron, siendo más jóvenes, a Gaara-san. – contesto Itachi, pensando a toda velocidad, comprobando fechas, lugares, nombres.

- De ser ellos – Shisui suspiro – no tienen idea del favor que Konoha les debe.

- Lo mejor será resguardar esa información de ellos por el momento, hasta que Hokage-sama considere recomendable informárselos – no un si, sino un cuando se les deben de decir.

- Ninguno de los dos sabe quiénes son realmente sus padres – dijo Sasuke con la voz somnolienta, ya cerrando sus ojos.

Itachi bajo a media asta los párpados. Naruto no sabe quién es su padre, o su legado. Sólo conoce parte de su herencia. El niño iba a ser problemático para los shinobis de mayor edad. Cada shinobi que haya conocido a su padre, lo verán reflejado en su hijo, cada falla, cada error, cada obstáculo que se interpuso en el camino para poder salvar a Yondaime.

Él mismo tenía problemas para no sentirse contradictorio cada vez que el niño sonreía porque era cuando justo más parecido a su padre tenía. Solo podría imaginarse la cara de conmoción que pondrá Kakashi-senpai cuando lo vea por primera vez.

El niño iba a ser un constante recordatorio de lo que perdieron, no sólo a un Hokage, o un excelente shinobi, sino a un padre de familia, su esposa y su hijo clon. Se avecinaban días duros para todos, especialmente cuando, tanto Naruto como Sakura, parecían hablar en otro idioma.

Cuando nadie le respondió a Sasuke, este siguió con otra pregunta que le había rondando la cabeza un tiempo:

- ¿Realmente existe la yama-uba?

- Iie, seguramente así se refieren a alguien que pudiera parecerse, ¿no crees Itachi? – dijo Shisui quien no parecía tan seguro de sus propias palabras.

- La idea de una anciana vestida únicamente con un kimono vagando por las frías faldas de la montaña con un retorcido gusto por la carne de los viajeros perdidos es una falacia creada por los padres preocupados por el insomnio de sus hijos, Sasuke, no es posible que sea un hecho factico - respondió Itachi prácticamente rodando los ojos.

- ¿Están seguros, ambos? Es decir, sí existe un rumor en Yugakure que existe una bruja por estos rumbos. ¿Podría ser ella, a la que llaman Obāsan-sama?

- De ser así, Naruto y Sakura serían tal vez sus Kintaros, no te preocupes Sasu-chan, no te comerá porque eres amigo de su cachorrito – respondió Shisui tratando de restar el hierro.

- Bien Shisui, si ella viene te arrojaré a sus fauces, gracias por respaldarme – Sasuke estaba prácticamente dormido cuando termino esa frase.

- Realmente se cansó mucho, deberíamos hacer lo mismo Itachi-

- Shisui…

- Lo sé Itachi – el primo volvió a suspirar – yo también tengo mis dudas acerca de todo esto. Si hace un mes nos hubieran dicho que encontraríamos al hijo de Yondaime, convertido en un toro adolescente capaz de controlarse hasta su tercera o cuarta cola, sino es que más, unido de la cadera a su supuesta hermana gemela la cual es extremadamente manipuladora con fases de crueldad, y que entre ambos crecieron prácticamente bajo el ala de una bruja, definitivamente no lo hubiera creído. Que su gato sea una deidad menor antigua, sana y entrañable, junto a un mueble que hace la limpieza parecería la cereza en el pastel. – Volvió a suspirar, respirando profundo esta vez – ¿Pero ahora Tachi? después de lo de ayer… tengo la ligera sospecha que aún falta más, mucho más.

Shisui no necesito ser más detallista con su sentir, Itachi entendió perfectamente cada palabra no dicha. Esto se sentía tan… fuera de su mundo.

En cambio, empezaba a surgir la duda - Sakura parecía estar abriéndose al cambio poco a poco, Naruto por el otro lado, hacía preguntas todo el tiempo sobre cómo era Konoha y lo fascinante que debía de ser vivir rodeado de tanta gente, - que ambos realmente se acostumbraran a vivir en la aldea, donde todo esto, no sería posible, porque si algo de verdad les había relatado su obasan-sama, es que no todos entenderían lo que ellos dos eran.

Ni siquiera él, en toda su genialidad, entendía aún.