Capítulo 20. Un placer, Hokage-sama.

De acuerdo, no esperaba algo así.

Por la cara que puso Naruto, él tampoco se había imaginado algo así.

Los Uchiha realmente parecían orgullosos, incluso presumidos, si es que los hombros derechos y la cara en alto era su forma de hacernos ver que estaban felices de volver a su casa.

Parecían irradiar arrogancia.

De cierta manera entendía de dónde venía ese orgullo cuando la imponente fortaleza que llaman puerta principal apareció enfrente del camino.

La entrada a Konohagakure no Sato, la Aldea Oculta entre las Hojas.

Nuestro nuevo hogar.

Pasamos las impresionantes puertas verdes justo cuando el primer rayo de sol estaba saludando al día.

Los shinobi se estacionaron en la caseta de los guardias vigías por un momento. Naruto y yo no teníamos documentación alguna, nada que respaldará nuestra identidad por lo que nos dejaron brevemente de pie en el medio de la mañana.

Vimos como los vigías, al reconocer a los shinobi con sus alias, dieron un paso hacia atrás y les dieron una reverencia completa.

Los vigías nos señalaron, a lo que el capitán deslizo un pergamino con un sello rojo al vigía, quien levanto las cejas. Un indulto del Hokage mismo, seguramente para permitirnos el paso sin ningún cuestionamiento.

Con las capuchas levantadas y cubriendo nuestros cabellos, Naruto y yo estábamos escondidos de cualquiera que quisiera revisar incluso nuestros rostros.

Los shinobi regresaron hacia nosotros y nos escoltaron hacia la Torre. Veíamos a la gente madrugadora moviéndose lentamente con vaho en sus alientos, abriendo negocios, barriendo la entrada de su casa.

Cada cual realizo una reverencia escueta al paso de los shinobi, otros pocos parecían tener curiosidad por nosotros encapuchados.

El olor de pan levanto mi nariz. Mire de reojo a Karasu-san quien estaba a mi lado.

Recordé cuando él había dicho que ese olor lo saludaba cada mañana. No mentía, realmente olía delicioso, y por el poco brillo que capté en la cuenca de sus ojos, supe que él también lo estaba rememorado.

Llegamos a una nueva barrera, un lugar amurallado donde se veía por encima una estructura un tanto piramidal, la Torre de nuestro nuevo amo.

Pasamos con el mismo protocolo, mismas respuestas que en el puesto vigía.

La torre era un conjunto de tres estructuras semicónicas de color rojo, las cuales parecen no estar comunicadas internamente entre sí, un patio, todo ello rodeado por muros altos.

Nos adentramos a la mayor torre para subir las escaleras hasta el último piso.

En todo este trayecto, no vimos shinobi o civil alguno. Alguien hizo un excelente trabajo para despejar el paso del jinchūriki.

Los Uchiha se detuvieron ante una puerta, una que tenía el kanji de Lealtad por encima.

Itachi-san toco dos veces, luego rasgo con una uña hacia abajo, luego volvió a tocar otras dos veces sin pausas, su clave shinobi. Pasaron tres segundos cuando un Adelante se escuchó desde adentro.

Una oficina, que me recordó a la del Raikage, llena de ventanas por detrás del escritorio, uno que parecía tener varias fisuras y del cual colgaba una manta con la figura representativa de la aldea. Sobre él, un montón de libros, seguramente los presupuestos, las autorizaciones para esta o aquella construcción, los pergaminos de misiones del otro lado.

Sin embargo, todo lo anterior quedaba anulado ante la vibra que procedía de la silla que estaba volteada.

Ahh… una drama queen entonces. El Hokage quería presentarse dramáticamente.

Los shinobi se colocaron frente a nosotros dando una reverencia sumisa y elegante con rodilla en el piso y la otra levantada:

- Hokage-sama – dijeron los tres al mismo tiempo sonando solemnes.

Naruto y yo de pie, sin movernos ni retirarnos las capuchas.

Es entonces cuando la persona sentada en la silla hablo aun sin mostrar la cara:

- Me alegro de que hayan regresado con bien, equipo Karasu, más alegría me genera saber que llegaron con regalos.

Entonces la silla volteo a su lugar al escritorio.

Una mujer, más o menos en sus treinta, cabello rubio dividido en dos coletas bajas, piel suave y tersa se destacaba de su kimono verde con grandes atributos femeninos, labios rosados, y rímel sobre sus pestañas, facciones muy finas le daban la apariencia de hermosa, algo que quedaba parcialmente oculto por la mirada fija y la barbilla dura, como si estuviera apretando los dientes. Sólo la relajada mandíbula aseguraba que realmente no estaba enfadada. Era una mujer endurecida. Su mirada amielada estaba enfocada en la figura más alta de nosotros. Parecía estar planificando más que tratando de ver el rostro de mi hermano. En su juventud debió ser muy hermosa, ahora se ve ruda.

- Arigatou, Karasu-san.

Los shinobi se levantaron y se quedaron al lado de nosotros.

Sasuke-san del lado de Naruto, Itachi-san y Shisui del lado mío, posición de defensa en caso de que nos descarrilemos e intentemos asesinar a su líder.

- Por favor, aquí nadie conocerá su identidad, retírense las capas. – Su voz era más una orden que la petición suave que parecía dar. Definitivamente esta mujer estaba acostumbrada a ordenar.

- Nos quitamos la capucha y aunque ella intento seguir totalmente seria, pude ver como abría los ojos, sus labios se separaban un poco y alzaba las cejas cuando vio a Naruto.

No hablo por unos seis segundos, mirándolo como si hubiera visto a un fantasma.

Después paso conmigo, su mirada recorrió toda mi altura, esta vez sólo una ceja se alzó ante mi rostro.

Cuando termino de analizar nuestros rostros, una sonrisa empezó a deslizarse por sus labios.

- Seguramente Karasu-san hizo un excelente trabajo explicando el por qué han sido traídos aquí- dijo ella – me presentó. Mi nombre es Senju Tsunade, Godaime Hokage.

- … -

- … -

- Por lo general es de buena educación presentarse cuando alguien más lo hace.

- … -

- ¿Cómo planeas cuidar a Naruto? – pregunté al Godaime.

- Entonces el niño sí tiene nombre y la niña voz – contesto ella entrecerrándome sus ojos.

- Es una pérdida de tiempo presentarnos cuando tu gente ya te conto todo lo que aprendió sobre nosotros. Ahora, por favor responde la pregunta, Hokage-sama. – ese último honorífico salió burlón aunque no era mi intención hacerlo. Creo.

- Vemos a una luchadora aquí entonces – contesto ella.

- Sólo una chica preocupada por su amado otouto – respondí inmediatamente.

- Una preocupación innecesaria.

- Innecesario evadir la pregunta diría yo.

- Una pregunta que de cualquier manera iba a responder.

- Pues estas tardando mucho en hacerlo.

- No veo una motivación a hacerlo.

- ¿No es motivación suficiente la protección de mi precioso otouto?

Imagino que en algún momento el juego de ping pong verbal aburrió a Naruto quien decidió intervenir.

- Sólo responde por favor, Hokage-sama.

Ella no desvió su mirada de mí por un tiempo, puso sus codos en el escritorio y sus manos sobre su boca, tapándola.

- Mocosa – escuche por lo bajo.

Abrí los ojos incrédula por su infantilismo. Cuando vio mis ojos abiertos, sonrió, yo entrecerré los ojos y supimos que pelearíamos mutuamente a cada paso del camino.

Suspiro cerrando brevemente los ojos y abriéndolos para ver a Naruto.

- Además de una asignación mensual por los próximos tres meses, serás evaluado como bien sabes, para diagnosticar tu rango debidamente. Estoy segura de que sabes lo que guardas debajo de ese ombligo – señalo su estómago – por lo que es muy difícil que consideres permanecer como un civil. Por tanto, tu trabajo y conocimiento será aplicado al camino shinobi. No eres ajeno a las prácticas ninja, según Karasu-san, por tanto, trabajarás como parte de la fuerza shinobi de la aldea. Tu identidad como el portador del sello de los ocho trigramas, - Naruto y yo nos congelamos, algo que no se perdió para los shinobi – será mantenida en incognito. Únicamente el personal dentro de esta habitación y a quienes se les considere vitales, conocerán tu identidad como jinchūriki de las nueve colas. Ahora dime, ¿tienes alguna duda hasta aquí?

- … El Sello que mencionaste, ¿cómo lo llamaste? - pregunto Naruto intrigado.

La rubia Hokage se recargo en su silla sin despegar su mirada de mi hermano.

- Por lo que se me informo, ambos son considerados huérfanos recogidos y criados por alguien que ya no está – entrecerré levemente mis ojos – sin embargo, ¿esta persona nunca te dijo algo más sobre tus orígenes?

Naruto tenía la mandíbula apretada. Este era un tema sensible para él. Siempre se sintió resentido consigo mismo porque Obāsan-sama una sola vez dijo que Naruto era muy amado por sus padres. Eso fue todo, no hubo mayor explicación por lo que él piensa que fue su nacimiento o el mismo demonio atrapado en él, lo que lo separo de ellos.

Sin embargo, esta mujer parece tener las respuestas a esas preguntas por la mirada tan seria que tiene en el rostro.

- Tal parece que no. Te diré algo como cortesía, ese sello fue hecho especialmente para encerrar al bijuu en un cuerpo humano. No tiene mayor propósito que ese. – la rubia dejo pasar dos segundos antes de continuar - Hagamos algo, presentante adecuadamente, acepta la propuesta formalmente y te contaré todo lo que sé sobre tus orígenes.

Algo olía terriblemente mal, especialmente cuando con una mano de la rubia detuvo a Karasu-san quien parecía querer moverse.

Mi rostro quedo sin expresión alguna. Esta era la decisión de Naruto, mi hermano debía reafirmar su decisión de quedarse aquí, sólo él decidirá si el costo vale la pena.

Voltee a mirar a mi hermano cuando él giro su cabeza hacia mí. Mi corazón perdió un latido. Estaba perdido, su mirada estaba tan contrariada, sabíamos que lo obligarían a ser un ninja estaba claro pero que alguien más le haya dicho, aunque fuera un mínimo detalle de su identidad o peor aún, que prometiera contar más a cambio de su lealtad, lo tenían desenfocado.

Tome su mano. Todo estará bien, le dije con la mirada. Sus ojos azules miraban entre los míos, brincando, buscando seguridad en los míos, estabilidad que a él le faltaba.

Apreté su mano hasta que él me devolvió el apretón.

Así, regresa a mí, vuelve a enfocar, intente que me entendiera.

Aún estaba un poco perdido, pero regresaba poco a poco. Con mi otra mano, la derecha, tome su mejilla, acercándome a su rostro.

- Ingenting og ingen vil forandre det du er, for du er, for du tilhorer bare deg, du er din og ingen andres, bror - Nadie ni nada cambiará lo que eres, porque te perteneces solo a ti, eres tuyo y de nadie más, otouto – le murmure suavemente en nuestro idioma natal, tratando de que sólo fueran mis ojos lo que viera.

Cerro los ojos, respiro hondo, aguantando unas pocas respiraciones, abrió los ojos y ahí estaba de nuevo, los amados ojos azules me devolvían la mirada, aun existía incertidumbre en esos cerúleos, pero nunca solté su mano y eso le daba fuerza.

- Si vamos a hacer esto – él dijo con la voz un poco ronca – será bajo mis condiciones – sí, hermano, sí continua.

La rubia estaba inclinada hacia adelante, mirándonos con una combinación de intriga y cautela, dio una mirada a nuestras manos unidas y levanto la mirada hacia la de mi hermano.

- Adelante, elabora.

El rubio se aclaró la garganta:

- Yo seré quien diga cuando se me debe de contar lo que sabes o lo que cualquiera sabe sobre mi o lo que ocasiono que se encerrara a Kurama dentro de mi – la rubia levanto las cejas, sorprendida

- ¿Kurama…? - intento preguntar solo para ser interrumpida por mi hermano.

- Segundo, seré tu shinobi por supuesto, pero no aceptaré misiones en contra de mis hermanos espirituales – la rubia ahora entrecerró los ojos.

- Tercero, Sakura-chan decidirá lo que quiera hacer. No se le presionará ni exigirá que trabaje en un hospital o sea un shinobi, si desea ser un civil que así sea. Si gusta de ser un ninja, no tengo objeciones – la rubia entonces miro a Karasu-san, este solo asintió una vez.

Ahh entonces alguien ya sabe sobre nuestro favor pactado, ¿no es así Itachi-san?

- Cuarto, el lapso de prueba serán dos años, si no nos sentimos cómodos ni tenemos la visión de que quieran protegernos en ese periodo, mi hermana y yo nos vamos. – la rubia asintió a este punto.

- Y quinto, - Naruto tomo una respiración honda – no aceptaré ser tu arma si decides iniciar una guerra. Si alguien ataca a tu aldea, perfecto, ayudaré en todo lo que pueda, pelearé por ti. – la miro con recelo en los ojos y fuerza en la voz – Pero si eres tú quien quiere iniciar una masacre sin sentido contra cualquiera, dímelo ahora, para darte las gracias por recibirnos y daré la media vuelta.

Sólo el ruido de la gente iniciando su día se escuchaba a la distancia dentro de la oficina.

La mano de Naruto solo se había apretado más con este último punto que expuso, lo cual le regrese.

Bien hecho, Naruto.

La rubia guardo silencio por lo que pareció una eternidad. Realmente una drama queen. Obviamente iba a aceptar, aunque no le gustarán las condiciones debido a que no perdería el poder y fuerza que otorga un portador de bijuu.

El rostro de Naruto y mío se quedaron totalmente serios, mirando a la figura femenina levantarse de su asiento, levantando su brazo derecho hacia mi hermano.

- Bienvenido a Konohagakure no Sato – mi hermano me miro una última vez, a lo que asentí y él se movió hacia adelante a estrechar la mano de la rubia.

- Gracias Hokage… – pareció pensarlo un momento – …sama.

La rubia asintió y despegaron sus manos.

Entonces Naruto y yo dimos un paso atrás al mismo tiempo. Nos arrodillamos justo como los ninjas minutos atrás.

- Naruto a su orden, Hokage-sama.

- Sakura a su orden, Hokage-sama.

- Bienvenidos, ambos. – dijo la rubia- Ahora pasemos a hablar sobre su vivienda…-

Fue interrumpida brutalmente por el sonido de la puerta abriéndose:

- ¡Por favor díganme que aún no llegan!… ah ya llegaron – dijo una voz grave, en voz alta.

Volteamos a mirar al visitante, quien al parecer no conoce la cortesía al tocar la puerta. Los shinobis estaban relajados, los únicos tensos éramos Naruto y yo.

- Si llegarás a la hora que te dije, tal vez habrías estado aquí cuando llegaron – la rubia tomo el pisa papel más cercano a la mano– ¡y se toca, maldito idiota, antes de entrar!

Un portapapeles que había estado en el escritorio momentos antes, quedo plasmada en la cara de un hombre muy alto, de cabello largo blanco. Sus dos flequillos hasta los hombros enmarcando su rostro, había líneas rojas debajo de sus ojos que se extendían más abajo de su cara. Su rostro era maduro, ya entrado en sus años.

Su atuendo consistía en un kimono verde de camisa corta y pantalones a juego, debajo de los cuales llevaba una armadura de malla que es visible en sus muñecas y tobillos. También lleva protectores de manos, un cinturón negro, sandalias de madera tradicionales y un haori rojo con dos círculos amarillos a cada lado. Carga con un gran pergamino en la espalda; sin embargo, lo impresionante era el protector de frente con cuernos con el kanji para aceite, nada que ver con pueblo oculto de la hoja como el Kanji que reflejaban todos los demás en sus diademas.

- Sabes que con sólo decírmelo podría hacerlo, ¿verdad? – decía el hombre quitándose la piedra de la cara, un hilo de sangre saliendo de su nariz.

- Te lo he dicho centenares de veces, pero sólo pareces hacerlo a propósito para desquitarme contigo – dijo la rubia

- Tienes la mano bien pesada, hime – contesto el hombre reacomodándose la nariz.

Es entonces cuando el peliblanco miro hacia el escritorio, sólo que mi hermano era quien le bloqueaba la vista.

Curiosamente tuvo la misma reacción que la rubia. No, incluso peor; había palidecido y su rostro, el cual había estado ligeramente entretenido, ahora era emulaba a la piedra. Expresión mortalmente seria.

Sombras con cientos de emociones pasaron a través de sus ojos. Sus labios planos y la quijada dura.

Mi hermano seguía con la expresión seria mientras el enorme hombre se acercaba a él.

- Quiero presentarte a alguien, Naruto-san, Sakura-san, aquí frente a ustedes, la leyenda: Gōketsu Jiraiya – dijo la Hokage.

Naruto y yo nos vimos el uno al otro sorprendidos. Él tenía los ojos abiertos y yo las cejas levantadas.

Esto sí era una sorpresa.

- ¿Jiraiya-sama? – pregunto Naruto, mirando incrédulo al adulto mayor.

- … ¿Sí? – contesto trémulamente el hombre.

Mi hermano y yo nos volvimos a mirar, esta vez emocionados por que tendríamos respuestas a nuestras preguntas. Retornamos la mirada a él, extasiados. Pude percibir incluso que los Uchiha estaban dudosos de nuestras reacciones.

- Naruto y aquí, mi one-chan, Sakura-chan – dice el rubio para iniciar, señalándome.

- ¿Te molestaría que te hiciéramos algunas preguntas, Jiraiya-sama? – pregunte inclinándome ligeramente hacia él.

- Escuchamos sobre de ti – dijo mi hermano.

- Por supuesto que no, adelante, seguramente tienen muchas preguntas para el Gran Sabio Jiraiya-sama - contesto el hombre de casi dos metros de alto, sacando el pecho en señal de orgullo - Así que díganme que quieren saber de la leyenda, el Sennin, tal vez sobre la batalla en Otogakure o tal vez como supere las dificultades de la adolesc…-.

- No nos importa nada de eso – contesté sin saber de lo que estaba hablando.

- Tenemos dudas importantes – me siguió mi hermano.

- … Claro, ¿qué dudas tienen? – Dijo el hombre mientras veía momentáneamente a la Hokage.

- La más importante, ¿Por qué Takutikusu tiene de portada a una mujer escotada siendo perseguida por un hombre aparentemente con malas intenciones? – realmente estaba muy curiosa.

- … ¿Nani? – la cara del hombre estaba estupefacta, contrariada.

- ¿Porqué Violence y Paradaisu parecen no ser consecutivos? – pregunto inmediatamente mi hermano.

- ¿Por qué la portada de Strap es una figura abstracta en la portada? ¿Es un código?

- ¿Qué significa Fetiche? – pregunto mi hermano cuando termine de hablar.

- ¿Por qué no estas contestando a nada de lo que te preguntamos? – ¿este tipo nos estaba escuchando?

- … -

Nos miró con la boca abierta hasta que mi hermano pregunto:

- Eres él, ¿no es así? Kurōn Yasei, escritor alias de la serie de libros Icha Icha Paradise, ¿no es así?

- … - la piel del hombre le hacía competencia a la palidez que tenían naturalmente los Uchiha.

- Creo que se descompuso Naruto – le dije inclinándome ligeramente a mi hermano sin dejar de ver al hombre.

- Si, se rompió, tal vez por la edad, ya estaba muy usado.

- Totalmente inútil.

- Espero haya dejado testamento.

- La edad le pesa mucho a algunos.

- Si, ya está demasiado arrugado.

- Tal vez sufre de amnesia de anciano mayor.

- No ha de recordar que desayuno hoy siquiera.

- ¿Cómo… qué…? - tartamudeaba el hombre.

- Su mente dejo de funcionar. Que lo tiren, ya no sirve – dije tajantemente.

- Es una lástima, realmente tenía muchas dudas – dice mi hermano cabizbajo a lo que sólo pude acariciar su cabeza.

El peliblanco estaba totalmente decaído con cada palabra que escuchaba, incluso pude ver la mano de Shisui sobre su hombro, tratando de consolar al hombre.

- El hombre tiene tanta trayectoria ninja y ustedes sólo preguntan por su estúpida serie erótica – el Jiraiya-sama realmente se veía perturbado mientras era la rubia Hokage quien negaba lentamente con la cabeza, murmurando.

- Querrás decir, esotérica, ¿no es así? – mi hermano estaba confundido como yo.

- … Erótica…– respondió la rubia.

Mi hermano y yo nos miramos frunciendo las cejas. Regrese mi mirada fija, intensa sobre la rubia. Ella alzo la ceja, esperando a que yo dijera algo.

- ¿Qué es… erótica? – pregunté finalmente.

- … -

- … -

- … -

- Hokage-sama, me parece que podemos explicar este malentendido – comento Itachi-san.

- Karasu-san, por favor – haciendo una señal a que continuará.

- En la cabaña donde residían Naruto-san y Sakura-san, se exhibía un estante lleno de los libros mencionados, sin embargo, un sello implacablemente fuerte estaba sosteniéndolo. Inclusive Naruto-san no pudo liberarlo. Al cuestionar sobre dicho estante, ambos comentaron que el autor era un importante invocador de Byakko-sama y los libros, manuales sobre cómo realizar la invocación.

- … Byakko-sama, ¿el dios del oeste? ¿El del aire? – pregunto alzando la ceja la rubia.

- Hai Hokage-sama. Tienen intención de invocarlo. – responde tranquilamente Itachi-san.

La mujer nos observa a mi hermano y a mí, mientras pregunta al ninja sin desviar su mirada:

- Entonces nunca tuvieron oportunidad de leer la serie, ¿es eso lo que dices Karasu-san?

- Hai, se les comento en su infancia que dichos libros no debían leerse sino hasta poder liberarlos del sello.

- Por eso sólo preguntan sobre las portadas – complemento el peliblanco.

- Eso no explica el desconocimiento de algunas palabras – siguió la rubia.

- Ciertamente, Naruto-san y Sakura-san no tienen las mismas concepciones para ciertas situaciones que nosotros, Hokage-sama – comento Shisui.

Desconocía porque la rubia nos miraba como alguien que encuentra un problema muy complejo, pero tiene toda la intención de resolverlo.

- De cualquiera manera, esos libros no son para sus ojos – comento el peliblanco.

Indignados, volteamos a mirarlo, mis brazos cruzados sobre mi pecho y Naruto con la boca abierta levemente.

- ¿Por qué no? – mi hermano pregunto.

- … Son muy… jóvenes para… leer… ese tipo de… contenido – contesto el hombre cuyas orejas estaban poniéndose rojas a un ritmo alarmante.

- ¿Quién lo dice? – pregunte inmediatamente.

- Yo, ya que soy el autor, no necesitan leerlo. Si no tienen idea del significado de algunas palabras entonces no podrán entender todo el contenido. Vivan primero, lean después.

Entrecerré los ojos, pensando porque nadie quería que leyéramos el legado para llegar al dios viento.

- Déjalo, Naruto, encontraremos otra alternativa, no es necesario perder el tiempo con viejos seniles. – respondí sin descruzar mis brazos.

- ¡¿Viejo senil?! Señorita, no sé cuántos años tienes, pero no sobrepasas los veinte, ni siquiera deberías estar tratando de buscar como invocar a un dios antiguo cuando no tienes idea de cómo controlarlo.

- ¿Y usted sí? A duras penas puede mantenerse a sí mismo. – mi voz cortante.

- … En serio no sabes quién soy, ¿verdad? – pregunto el hombre.

- No me importa quién es, o que haya hecho, me importa lo que puede aportar y en este momento: usted es un inútil – mi mirada aburrida lo dejo en su lugar paralizado.

- … ¿Tú crees que soy un inútil…?

- No lo creo, lo puedo afirmar. De hecho, por la coloración amarillenta en sus ojos y la rugosidad para un hombre no mayor a los sesenta años, la cirrosis está haciendo un excelente trabajo atacando su cuerpo, síntoma de un proceso degenerativo potencialmente arraigado al alcohol; sin embargo, no es el único problema consigo. La forma en que sus hombros no se han relajado en ningún momento, me indica que lo que sea que está cargando dentro de ese paquete, ha estado lastimando su espalda un tiempo, seguramente lo que usted siente como cansancio, es realmente daño en las vértebras. La falta de cicatrización en sus dedos por el continuo uso con el papel de fūinjutsu, pudieran indicar úlceras, aunque seguramente sólo es la falta de nutrición adecuada y la obesidad; le falta consumir vitaminas A y C. Pero por supuesto, nada de lo anterior le debe de importar a un hombre cuya esperanza de vida, según lo que dice su palma izquierda, es de hasta ochenta y ocho años. Aunque si continua con este estilo de vida, no le calculo más allá de ocho o nueve inviernos. Así que sí, para mí es un inútil. Un hombre que dice ser un shinobi, pero no trata a su cuerpo como uno, ¿Qué nos pudiera aportar realmente?

Toda la oficina inundada con el placer del silencio.

La mirada del hombre entonces por primera vez, se enfocó en mí, como si me viera por primera vez con una nueva luz. Mi lenguaje corporal cerrado: brazos cruzados y mirada de indiferencia. El de él, un hombre concentrado, manos a los costados, piernas abiertas, boca cerrada, mirada que iba y venía entre mis ojos.

Todo lo que dije fue para silenciarlo, que nos permitiera continuar con las explicaciones de Senju Tsunade, por tanto, nunca esperé que en lugar de que se callara, dijera casualmente:

- … Hime, no sabía que habías tenido una hija.

- Yo tampoco – contesto la líder.

Fruncí el ceño ligeramente regresando la mirada a la rubia, no sin antes ver como la mirada del llamado Sennin se volvía pensativa.

La Hokage me veía todavía uniformemente, solo que ahora tenía ambos codos sobre el escritorio y las manos cubriendo su boca.

Por otro lado, ese brillo en los ojos como si hubiera encontrado un tesoro me puso más tensa interiormente. Exteriormente, era una tumba.

- Decías sobre nuestra vivienda Hokage-sama – comento Naruto, tratando de desviar la atención del Hokage sobre mí.

No hablo por largos segundos, en que le sostuve la mirada. Sabía que si por ella fuera ya estaría evaluándome en el campo.

Por supuesto había leído cada libro de medicina que había escrito Senju Tsunade, el único médico capaz de estar en el frente de batalla. De ella, son cerca del 40% mis conocimientos médicos, sin embargo, expresarle mi agradecimiento por las cincuenta y nueve maneras que describió tan detalladamente sobre cómo corregir las costuras en las costillas desde la más dolorosa hasta la más delicada para menores cicatrizaciones, sería enaltecerla. Algo que no iba a ser precisamente ahora.

- Por supuesto, todo eso será explicado por mi asistente Shizune – hablo lentamente, aun sin desviar la mirada de mí. – pasarán con ella a la sala de reuniones, con ella podrán resolver todas sus dudas, pero antes de eso – tomo algo de un cajón sin dejar de sostenerme la mirada – tendrán que firmar oficialmente su integración a la Aldea Oculta de la Hoja – desenrollo el pergamino previamente preparado.

- Las condiciones de Naruto – comente seriamente.

- Por supuesto – procedió a escribirlas tal cual las había redactado mi hermano.

Una vez que termino, le dio la vuelta al pergamino hacia nosotros.

Un pergamino de sellado comercial, como el que Naruto pacto con Sasuke-san, explicaba las condiciones bajo las cuales nos integrábamos. Una vez que terminamos de leerlo tanto mi hermano y yo, procedimos entonces a firmarlo, Naruto se mordió el pulgar y deposito una gota donde estaba escrito su nombre, el nombre de Naruto quedo escrito con esa única gota y un tono rojizo salió brevemente del pergamino. Acepto su firma. En mi turno, mi dedo índice convertido en garra rompió la piel del pulgar, cosa que a la Senju la tenía mirando con mucha atención. Mismo caso cuando manche el pergamino con mi sangre, escribiendo mi nombre y siendo iluminado tenuemente.

La Hokage hizo lo propio pinchándose y arremetiendo contra el sello. El pergamino se cerró por sí solo y ella lo guardo dentro de su cajón nuevamente.

- Encontrarán una puerta a su derecha, adentro esta mi asistente, ella procederá a contarles todo lo que necesitan sobre su nueva vida aquí. Y de nueva cuenta, Naruto-san, Sakura-san - miro seriamente, en tono profesional - Bienvenidos a Konohagakure no Sato.

Hicimos una reverencia y dando las gracias, nos dirigimos a la sala.

Para ser una primera presentación, creo que salió bastante bien. Al menos no hubo tanta sangre como con Mei-sama.


La rubia exuberante se sentó en su silla que ahora parecía tan incomoda, más que la primera vez que la uso.

Saco una botella guardada justo debajo de una escotilla bajo su escritorio.

- Bien, Karasu-san, bien hecho. Pensamos que habría más resistencia o mayores condiciones, pero marcho correctamente.

- Hai Hokage-sama.

- ¿Pudiste realizar una evaluación previa al viaje de camino hacia acá?

- En efecto, Hokage-sama, ambos parecieron ser aptos para el camino ninja – el ninja guardo silencio.

- Aprecio tus momentos de reflexión, pero ahora no es momento de callar, detalla.

- Naruto-san está bien adiestrado dentro del fūinjutsu, tiene conocimiento sobre la materia e inclusive pareciera ser natural para él.

- Su herencia al parecer es visible.

- Hai, Taijutsu arriba del promedio, habilidades de ninjutsu aplicados junto a su fūinjutsu, adicional a que por sí solo, logra realizar una pelea bastante satisfactoria.

- ¿Sin embargo? – pregunto Senju.

- Es muy noble.

Eso alzo las cejas del Hokage, esperando a que continue el Uchiha.

- No hay espacio para las sutilezas con él, es directo y si algo le molesta lo indicará sin mayor duda. Para pelear, espera a que su oponente se reponga, no patea a un hombre que ya está en el suelo.

- Ahh… es de esos – la rubia pareció mirar a su amigo peliblanco – Jiraiya, lo has visto por ti mismo, ¿tus pensamientos?

- Quiero entrenarlo, quiero verlo por mí mismo – contesto inmediatamente.

- Hecho, mantenlo seguro y cordial, y por el amor a Kami-sama, no permitas que lea tus estupideces. Definitivamente quien te pregunta que es un fetiche es porque ha estado viviendo bajo una piedra, pero no por eso no puedes aprovechar la primera oportunidad para pervertirlo, ¿entendido? – advirtió la rubia.

- Hokage-sama, una solicitud por favor – solicito Uchiha Itachi.

La Senju lo miro por un segundo, antes de recordarlo, brillando el reconocimiento en sus ojos tono miel.

- Cierto, también te quedas con el Uchiha menor – dijo señalando a Sasuke – eso nos lleva al siguiente punto. Karasu-san, la hermana.

- Arigatou gozai mashi ta, Hokage-sama. En cuanto a Sakura-san, es impredecible. Se sabe conocedora de nuestra ignorancia con respecto a sus costumbres y aprovechara la ocasión que sea para llevar a cabo alguna astucia. En definitiva, usa las palabras a su favor, se recomienda cuidado verbal al charlar con ella.

- Este contrato-favor que realizo con tu hermano, puedes explicárselo a Jiraiya por favor.

- Claro, Hogake-sama – Itachi hizo un breve asentimiento, dirigiéndose al Sennin. - Sakura-san utilizo un momento de debilidad de Naruto para acercarse a Hayabusa-san, aquí presente – señalo a su hermano – tras un altercado verbal, lo hizo acordar un contrato. Ella será totalmente leal a Hokage-sama, siempre y cuando Hayabusa-san este dentro del escuadrón protector de Naruto-san.

- ¿Eso es todo? – pregunto el peliblanco.

- Iie, la siguiente parte trata del castigo en caso de incumplimiento, a lo cual cito textualmente: "te perseguiré hasta los confines del mundo y del tiempo hasta destrozar tus entrañas, regenerarlas y volverlas a destrozar; hasta que me canse, duerma y lo vuelva a hacer todo otra vez" – continuo Shisui.

- … Bueno, alguien parece tener problemas con la ira– contesto intrigado el Sennin.

- Acto seguido se selló a si misma, de alguna manera se deformo el dedo como lo acaba de hacer, y con la uña se marcó su hombro izquierdo, sólo que al tiempo que ella se marcaba en la piel, también lo hacía Hayabusa-san de manera automática – continuo Shisui.

- Cuando se le cuestiono, ella aseguro no garantizar el mismo acuerdo en caso de romper el actual concordado – finalizo Sasuke.

- En pocas palabras, la niña se aseguró de equilibrar las cosas para ella, si su ¿hermano? Sale lastimado, ella se asegura previamente de lastimar también a uno de los nuestros, sin embargo, ese sello que mencionan, ¿explico su funcionamiento, el proceso?

- Iie, Jiraiya-sama, hemos intentado encontrarlo en el cuerpo de Hayabusa-san posteriormente pero no hemos localizado sello alguno. Únicamente por lo que vimos al momento de confirmar el acuerdo.

- Si me permites, Habayabusa-san, lo verificaré por mí mismo al terminar la reunión. Haz un espacio en tu agenda para revisarlo. Entiendo que es por eso entonces que debes de unirte al entrenamiento, por supuesto, es mejor tenerte cerca para el beneficio del chico y el tuyo propio.

El Sennin pareció pensarlo por un momento:

- De cualquier manera, esto significa que ella también conoce y utiliza los sellos. No, no sólo eso, se aseguró de entregarnos un beneficio a cambio de un costo. Su lealtad esta implícita.

- Eso es algo de lo que debo asegurarme primero, por lo que me conto el escuadrón presente. Tú mismo lo viste. La chica es impredecible, lo que no viste es como ella controla al hermano. Si su lealtad está conmigo, en automático, la de Naruto también. Quiero comprobar cómo es un "costo" por romper dicho acuerdo con Hayabusa-san.

- ¿Lastimarás a Naruto? – cuestiono el peliblanco alarmado.

- Por supuesto que no – dijo la rubia rodando los ojos – según su favor es su lealtad a mí, tendrá que obedecer cualquier orden mía, sin embargo, estamos demorando. Karasu-san continua con tu informe – preparando su segunda taza de sake.

Itachi, Shisui y Sasuke se miraron sabiendo que esto tardaría un buen rato.


Habían pasado unos quince minutos desde que partió el escuadrón de Uchiha de vuelta a su clan, se habían preparado las ultimas tazas de sake cuando una voz grave rompió con el silencio:

- Es idéntico a él, hime.

- Si, y Uchiha dice que es aterradoramente más idéntico cuando sonríe.

El peliblanco trago un duro nudo de garganta.

- No sé qué hacer con él. No quiero… - guardo silencio un momento – …no quiero fallarle. No con esto.

La rubia quedo en silencio. Sabía que su amigo necesita ser escuchado ahora, las palabras de ella no le traerían ningún consuelo. Jamás nadie podría arreglar el corazón roto de su mejor amigo, no cuando ella sabía que la foto de su maravilloso estudiante cuando tenía catorce años aún estaba escondida bajo su kimono.

Una mano se posó en el hombro de él, mientras que el Sennin no se percató de las gotas saladas que corrían por sus arrugadas mejillas.