¡Y llegamos! Como anuncié por face con la imagen de estado de fics... ¡Este llega a su final! Siento que se sintiera tan apresurado...
DESEOS OSCUROS
5
—Me besas tú o te beso yo.
Sabía qué significaban esas palabras. Rebasar finalmente esa línea y permitir que todos esos deseos oscuros que sentía desde que le conoció salieran a la luz. Ya no iba a fingir más. Que Naruto confirmara recordar el beso fue suficiente. Que la tensión entre ellos fuera tan tensa como para que hasta Hinata Hyûga se percatara. Porque Naruto vivía en las nubes, pero la chica se percató de su incomodidad.
Que Hibiki les concediera el día libre era la casualidad o suerte que necesitaba para afianzar eso. Naruto podía negarse, desde luego, y todo acabaría. Sería incómodo, desde luego.
Sin embargo, Naruto estaba comiéndoselo con los ojos, más que dispuesto a aceptar su reto.
Hasta el punto de atraparlo de la corbata, tirar con fuerza contra él y pegar su boca contra la suya. Sasuke llevó sus manos a sus hombros, presionando sus dedos contra su ropa y carne. Naruto gruñó como respuesta y su mano bajo de su corbata en dirección a su camisa.
Sasuke se despidió de su camisa antes de que ocurriera lo que sabía que iba a pasar. Naruto tiró de ella con fuerza y los botones pasaron a mejor vida. Notó que la empujaba por sus hombros, pero se detuvo antes de quitársela, separando sus bocas y sus cuerpos para quitarse la suya propia.
Sasuke se atrevió a observarle durante ese momento. Con la boca entreabierta y los labios hinchados por sus besos. Su rostro ligeramente sonrojado pese al moreno natural de su cuerpo. La mirada brillante bajo párpados entornados de deseo.
Fue dejando al descubierto rápidamente su torso. Bien torneado, delgado, de anchos hombros y marcado. Nada parecía haber cambiado excepto el hecho de que ahora podía pasar su mano por encima de su piel, descubriendo que era más suave y tersa de lo que esperaba, sin que fuera una imagen mental de su mente caliente.
Lo atrapó de la cintura y con brusquedad, lo acercó a él. Sus cuerpos acariciándose mutuamente a medida que sus labios libraban una nueva batalla.
Esa vez, Naruto sí le quitó la camisa, pero mantuvo su corbata, tirando de ella para evitar que se separara, como si tuviera la idea de que él fuera a marcharse y terminar con eso.
Quizás si fuera más responsable en no mezclar el placer con el trabajo lo haría. Pero hacía tiempo que había rebasado esa línea perfectamente.
Repentinamente, Naruto se quedó quieto, con la boca pegada a la suya pero sin ejercer ningún tipo de movimiento.
—¿Tu dormitorio? ¿El sofá? ¿La mesa?
Él parpadeó sin comprender, confuso.
—Bueno, pareces un tipo demasiado ordenado, así que imagino que no quieres que te destrocen la mesa a empujones o manchar el sofá.
No sabía bien si agradecerle o mandarle a la mierda por cortar todo preocupado por su mobiliario. Dios, era una condenada mierda el pensar que podría ser escrupuloso con eso. Le daba absolutamente igual si se rompía o manchaba algo.
Llevó su mano hasta su nuca para que no escapara cuando rozó con su lengua sus labios.
—Me da igual —siseó al notar su resistencia.
Fue como darle cuerda a un lobo hambriento.
Naruto descartó entonces cualquier acto de culpabilidad y lo empujó hacia atrás. Sasuke notó la mesa del comedor contra su trasero y que su jarrón se tambaleaba cada vez que Uzumaki empujaba contra él, remarcando su evidente excitación.
Tuvo que apoyar sus manos contra esta cuando tomando la iniciativa, la mano de Naruto descendió suavemente entre ellos hasta llegar a su entrepierna.
Se quedó por unos segundos ahí, como si eso hubiera tensado las cosas por un momento, pero Sasuke devolvió el gesto empujando contra su palma y echando la cabeza hacia atrás, ofreciéndose.
Naruto aceptó la invitación con mucho gusto. Bajó su cabeza por su cuello, su boca dejando un reguero de besos y mordiscos, mientras sus dedos continuaban jugando con él por encima de la ropa.
Apoyó todo el peso sobre una mano y movió la suya hasta llegar a la entrepierna contraria. Naruto siseó entre dientes y retrocedió.
—Espera —dijo—, lo deseo demasiado como para…
—Joder. ¿Es una coña? —cuestionó incrédulo—. ¿Ya estás al límite?
—No… No me juzgues. ¿Vale? —tartamudeó chasqueando la lengua—. Es tu condenada culpa. Por estar tan… tan… jodidamente sexy y bueno. Es mil veces mejor que en mi cabeza.
No pudo evitar sonreír de medio lado, orgulloso de ser capaz de crear esa sensación en él. Pero eso sólo provocaba que quisiera jugar con ello.
Lo empujó rápidamente, provocando que retrocediera.
—Bien, pues no lo harás en los pantalones. Esta noche todo es mío.
Naruto tragó mientras retrocedía hasta llegar al sofá. Se sentó de golpe sobre el reposabrazos y la miró como si fuera a comérselo. Cosa que, pensaba hacer.
Lo atrapó de las mejillas, acariciándolas con dulzura, tomándose su tiempo de nuevo en que su vista se diera un festín. Pasó el pulgar por sus labios, lenta y suavemente y le dejó con ganas cuando incitó a un beso.
Se arrodilló.
Pegó su boca contra su vientre. Naruto la encogió, sorprendido, exhalando. Subió hasta llegar a su pecho. Movió los dedos por encima de su piel hasta atrapar las erecciones entre estos. Pellizcos suaves, delicados, con la yema usurpando esa montaña diminuta. Llevó su boca a ellos, alternando sus besos y pequeños mordiscos hasta que los abandonó para surcar más abajo.
Desabrochó su cinturón, bajó la cremallera y cuando él levantó el trasero del sofá, tiró de los pantalones hasta el suelo, separándole las rodillas sin necesitar una invitación.
Naruto era grande, vivo, de un intenso rojo y venoso. Su bello rubio confirmaba lo que ya suponía. Pasó su dedo índice por la largura, deteniéndose en el glande, presionando suavemente su uña sobre él.
Naruto siseó como respuesta, embistiendo con sus caderas contra él.
—Si haces eso…
—Hazlo, simplemente —aceptó.
—Lo quiero en tu boca —confesó.
Sasuke gruñó. No era una negativa, era su propio cuerpo respondiendo a lo que él también deseaba.
Y cuando lo tuvo dentro, notó que se endurecía y incrementaba su tamaño. Temblando entre sus dientes y contra su lengua.
Las manos de Naruto le atraparon la cabeza repentinamente y cuando levantó la mirada hacia él, su rostro era un verdadero poema de tensión y sudor.
Le permitió guiarlo, que le follara la boca. Que disfrutara de eso tanto como él estaba haciéndolo.
Nadie diría que el perfecto Sasuke Uchiha podía ponerse como una completa moto cuando ese rubiales que le volvía loco estaba tomando el control de esa primera mamada.
—Sasuke…
La advertencia llegó acompañada de su simiente en su boca. Tuvo que forzarse en retirarse, tragando y tosiendo, sintiéndose como alguien desentrenado. Se limpió los labios, con Naruto observándole con los ojos muy abiertos, entre jadeos. Su pene ni siquiera llegó a quedar flácido.
—Dios… eso fue… —Farfulló—. Ven aquí.
Sin más tapujos, le besó, saboreando su propio sabor. Sasuke se puso en pie a medida que se lo pedía tirándole de la corbata, rompiendo el beso cuando lo pasó en altura. Naruto presionó su boca contra su estómago, besando a la par que sus manos, algo torpes, luchaban contra el cierre de su pantalón, que, una vez abierto, bajó por sus piernas hasta enredarse en sus pies junto a los de Naruto.
Como si su ropa también hiciera el amor.
Notó su mano en su cadera, colarse por dentro de su pantalón hasta sus nalgas. Presionarlas con firmeza mientras su boca se cerraba sobre su miembro por encima de los calzoncillos.
Se mantuvo ahí hasta que comenzó a sacarle suspiros y él mismo empujaba, ansioso de marcar un ritmo que le otorgara placer.
Bajó los calzoncillos hasta el suelo, pero no tardó en tomarle, con sus dedos acariciando, creando el doble de intensidad placentera.
Entonces, se acordó e intentó hacer memoria.
—Espera —le dijo.
Naruto se sacó su miembro de la boca, confuso, pero lo mantuvo entre sus dedos, otorgándole lentas caricias que por un momento le hicieron perder el hilo de qué estaba ocurriendo.
—Tengo que coger el…
—Ah, claro —aceptó él—. ¿Dónde está?
—En el armario blanco del baño.
Naruto asintió y se puso en pie.
—Iré yo.
Le tomó una de sus manos para guiarlo a su propio sexo.
—No dejes de acariciar.
Como si pudiera, pensó. Aunque reconoció que era muy diferente a tenerlo a él trabajando sobre su pene.
Le observó mientras acudía al baño sin ningún tipo de vergüenza de su desnudez. Le gustaba esa seguridad suya.
Cuando regresó, dejó el bote sobre la mesa de café junto a ellos y volvió a comérselo con los ojos, disfrutando de la escena de su propia masturbación, cosa que pareció ayudar para su pene volviera a aclamar con un suave levantamiento de su presencia.
Naruto se agachó lentamente para llegar a sus labios, acariciar sus hombros y bajar por su desnudez hasta atrapar su mano, guiándolo en sus caricias. Aumentando y apretando, bajando la intensidad, realzándola, hasta que, con un chirrido de dientes, logró alcanzar el orgasmo.
Uzumaki se tragó sus jadeos entre besos y volvió a empujar su cuerpo contra él, quedando entre sus piernas, volviéndose ambos un camino sin sentido de nuevas caricias y arqueamiento de cuerpos sin un rumbo fijo más que el que sus cuerpos marcaban.
—Quiero hacerlo —dijo entonces Uzumaki.
Sasuke entrecerró los ojos, pero suspiró cuando el rubio adentró sus dedos entre sus nalgas.
—Estar en ti. Si quieres luego me dejas el trasero como la bandera de japón, pero quiero esto.
Sasuke lo besó como respuesta, moviéndose contra su mano en invitación.
Naruto se incorporó sonriente y excitado, llevando su otra mano hasta la mesa para atrapar el bote y entregárselo. Sasuke lo abrió y lentamente, embarnizó los dedos más morenos con lubricante.
Luego, le entregó el paquete de condones para que abriera uno y, mientras lentamente iba acariciando y humedeciendo su entrada, Sasuke se lo colocó. Un gemido de dolor mezclado con placer cuando Naruto lo invadió. Un primer dedo, acariciando suavemente pero firme, ahuecando la zona hasta un segundo dedo.
Sus labios fueron mordidos y su pene atrapado con la mano libre de Naruto. La distracción firme que su cuerpo necesitaba, hasta que, tras acomodarlo mejor, él le penetró.
Duro, firme, con el calor de su cuerpo inundándole.
No estaba seguro de si gritó o no. Quizás se mordió los labios, no podía asegurarlo. Se aferró a los anchos hombros morenos con sus manos, con sus brazos y correspondió a un vaivén invasivo que lejos de aterrarle lo llevó al más estático mundo del placer.
Tampoco podía afirmar si duró demasiado o si fue demasiado corto.
Naruto cumplió su promesa de disfrutar, de tenerlo hasta que no pudiera más, de poseerlo como nunca nadie. Le había gustado el sexo duro, descubrir hasta donde era capaz de llegar, pero Uzumaki estaba siendo rudo y delicado a la vez, una contraparte de otra que le hizo percatarse de que, quizás, todo lo que había deseado encontrar en él era justo lo que encajaba y lo que necesitaba.
Su mano en su hombro, presionando su cuerpo para que no escapara al último movimiento final, le dio una visión impactante de Uzumaki. Completamente concentrado en su tarea, Naruto era bestialmente atractivo. Con su cabello húmedo pegándose a su frente, su boca abierta en jadeos firmes y cortos. Su cadera moviéndose contra su trasero y marcando la tensión de su vientre.
Su cuerpo entero se tensó, contrayéndose cuando llegó al orgasmo. Sasuke no deseaba perderse nada y lo atrapó de los brazos, manteniéndolo, sintiéndolo dentro de él hasta el último momento.
No importaba el dolor o lo que vendría después, sólo quería no perderse detalle de nada. Ni siquiera le importaba su propia simiente contra su vientre o que, tras salir de él, Naruto se desplomara con todo su peso sobre él.
Lo acarició, manteniendo el contacto lo más posible.
Su sonrisa fue brillante cuando cruzó su apuesto y moreno rostro.
—Ha sido genial, Sasuke —confesó—. Te juro que te daré mi trasero.
Sasuke podía apostar por eso. Iba a entregárselo.
Pero en ese momento, su mente no parecía dejar de divagar en una conclusión de todo eso.
—¿Ocurre algo? —preguntó Naruto al percatarse de su silencio.
Sasuke asintió y Uzumaki empezó a levantarse, preocupado.
—Si he dicho o hecho algo que…
—¿Qué mierdas dirías si digo que te quiero?
El mundo parecía acabar de irse a la mierda. ¿Él? ¿Preguntando eso? ¿En qué momento el deseo que sentía por él se volvió tan oscuro que quería más y más? Mucho más de lo que había obtenido o de lo que obtendría si no la había cagado ya.
Naruto se mantuvo con la boca abierta por un buen rato.
—¿Es una broma post-sexo? —cuestionó incrédulo finalmente.
—No —negó sinceramente—. ¿Tan horrible es?
—Mierda, no se trata de si es horrible o no. Es que yo… Pensaba que sólo querías follarme y listo. O que yo te follara. No me atreví a ponerle nombre porque… siempre me miras por encima del hombro, como si fuera algo que deseas, pero destruir. No para siempre. O lo que dure.
Sasuke lo atrapó de la nuca para acercarlo a su boca. Naruto farfulló algo contra sus labios, pero accedió al beso.
—Deseo todo —confesó cuando se separó. Al cuerno si eso no iba con él—. Lo deseo. Hasta las partes más oscuras. Podría hacerte cosas que vas a juzgar. Cuando pueda moverme vas a desear no haber ofrecido tu culo. Cuando descubras qué me gusta igual huyes. Pero esa oscuridad la deseo contigo. Desde el principio.
—Espera, espera. —Se incorporó para poder mirarle directamente a los ojos—. ¿Te gusto desde el principio?
—No voy a decir algo así —farfulló—. Ya he hablado demasiado. Somos un buen equipo en el trabajo y en la cama.
—Esto es un sofá.
—Naruto… —nombró frotándose el ceño—. Responde seriamente.
Naruto guardó silencio, sopesando todo. Lentamente, sus manos volvieron a surcar su cuerpo, como si con eso pudiera concentrarse más.
—Dices que sientes esos deseos oscuros, pero entonces, yo tendría que confirmar que también los tengo. Y los quiero. Quiero ver los tuyos y enlazarlos a los míos. Dices que huiré, pero no lo creo. Me críe en un mundo donde no consigues nada sin esfuerzo. Esto es un reto que pienso aceptar.
—Eras un niño de la calle.
—Sí. Por eso puedo empatizar con ellos, como pasó con Konohamaru —confirmó—, y puede que ahora esté un poco en la mierda, pero no soy de los que se rinden. Pero sí de los que agotan la energía, perdón.
—Entonces, tendré que traer tu trasero más veces aquí.
—Para luego follártelo.
—No pongas mis pensamientos en tus labios —aconsejó.
Naruto se echó a reír, satisfecho.
—Entonces, me quedo. Con todo esto. En todo.
—Luego, no te arrepientas.
Naruto le acarició los labios con los dedos.
—Más vale que prepares tu trasero para aguantarme.
—Ni hablar, me toca a mí —se defendió.
—Oh, mal empezamos…
—Ya empezamos mal.
—En eso, tienes razón, Uchiha.
Ambos sonrieron contra los labios del contrario.
A veces, las cosas dan demasiado miedo y demostrar esa oscuridad que llevamos dentro es difícil si no es la persona adecuada. Pero cuando esta llega, lo hace para quedarse.
Fin
¡Pero… lee el extra!
