Capítulo 6: Mejor que un pez muerto.

No sabe si es por el comentario de Maeve que delata saber todo lo que pasa en su palacio, pero a la noche siguiente Orihime sale de su cuarto nuevamente, usando su propia ropa en vez de algún vestido porque, otra vez, la dejaron sola y no tenía ánimos de traerlas de vuelta y arreglarse, total no iba a ver a Ichigo así que puede seguir con sus pantalones de campesina.

Ocurrieron tantas cosas en tan poco tiempo, y se había sumido tanto en su tristeza que se olvido de conocer el lugar donde viviría temporalmente. Los pasillos estaban adornados con hermosas piezas de arte que estaba segura valían más de lo que su familia podría ganar en un año de trabajo con buenas cosechas.

La primera habitación que visito fue la sala de visitas, era enorme, los muebles y asientos eran muy elegantes y se veían cómodos. Después le siguió el despacho, se veía imponente, se acerco y curioseo los documentos apilados, dándose cuenta que eran formatos de gestión, presupuestos, control de personal, inventarios, etc.

Finjamos que no vi eso. Pensó Orihime, ya que implicaba que ese era su trabajo y no le daba la gana hacerlo.

No estuvo segura de cuantas habitaciones recorrió pero cada una era igual o más hermosa que la anterior ¡Hasta tenía una galería de arte y un salón de música con variados instrumentos! sin embargo noto algo que la molestaba un poco, por lo que decidió llamar al mayordomo de su palacio.

—¿Por qué no hay una biblioteca aquí? —Pregunto extrañada.

—Los libros son contabilizados y registrados en el palacio Pantera del gran Vasto Lord, si gusta leer algo deberá ir a pedir el permiso de nuestro señor.

—Bien, eso responde mi duda, gracias. —El mayordomo se inclino y salió de la habitación.

—¡Me voy a morir de aburrimiento aquí! —Gruño la joven, no pensaba quedarse encerrada como una puta esperando a que llegara el hombre en cuestión para tirársela, así que con sus habilidades escapó por la ventana del tercer piso del palacio.

Nuevamente se asombra de sus habilidades obtenidas (o despertadas) por la sangre de Ichigo; en casa se habría caído rodando en el suelo y le estaría molestando las pantorrillas unos minutos, en cambio ahora cayó de pie con tanta facilidad como si hubiera sido saltar el último escalón de una escalera.

Corre, ya menos asombrada del aumento de su velocidad, experimentando un poco su límite y no tropezarse por no dominar aun esta fuerza obtenida. Por curiosa prueba dar un salto en plena carrera y abre su boca de susto por haber de seguro pasar los siete metros de altura y pega un grito apenas es consciente que va a chocar con la cima de un árbol.

Hojas se le meten en la boca, las ramas pequeñas le raspan en la piel y el tronco detiene su trayectoria, ahogando un grito de dolor por haberse golpeado duro. Consigue de alguna forma sujetarse o habría caído de bruces al suelo, con malabarismo consigue quedar de pie en una rama y suspira de alivio. Capta un cosquilleo en la sien, se rasca pero no es suficiente; frunce el ceño y... ¿Eso es una risa lo que retumba en su mente?

—¡Sal de mi cabeza!— Sigue oyendo la risa, esta vez más fuerte. — ¡Sal de mi cabeza! — Prueba repetirlo pero en su mente.

Ya te dije que no es mi culpa, tienes la puerta tan abierta que incluso un niño puede meterse.

¿No dijiste que eso de la mente es algo de nuestra conexión?

Sí, puedo entrar sin tener que pasar las barreras que normalmente un vampiro aprende a dominar; algo que ni te molestas en aprender por andar pensando en... tu Soul.

Orihime se toma un momento de silencio al apreciar que se ha esforzado en decir eso en vez de "tonterías"… se esforzó en ser amable.

Además que si no ando cerca de tu mente, mis esposas, sus familiares o espías pueden entrar y controlarte... o matarte, depende su humor.

Un escalofrió de miedo recorre su pequeño cuerpo y piensa en Maeve. ¿Habrá venido ayer esperando a que entre a su mente y controlarla? Otro escalofrió la invade.

Escucha un ruido de animal que está sufriendo.

Reconoce ese ruido.

¿Orihime?, escucha en su mente; no presta atención a que se oye preocupado de su cambio de humor, solo le interesa el culpable de crear tal ruido lastimero que le rompe el corazón.

El búho.

No quiere perder el tiempo bajando entre ramas, así que busca un poco de visibilidad y al hallarla flexiona las rodillas y con impulso se lanza a su objetivo, el suelo. Esta vez no cae con agilidad, pierde el equilibrio y cae de bruces (al menos no beso el césped), rodando como una pelota y se queja un poco al parar de girar. Sin embargo se pone en pie sin prestarle atención al dolor, total va a curarse mientras corre.

Llega al límite de su palacio en tres minutos, ve las rejas y al otro lado tres jóvenes vampiros que por sus ropas deben ser Fracciones en entrenamiento tirándole piedras a un búho que si esta dentro de su territorio, tiene sus plumas manchadas en sangre y lloriquea.

Su búho.

Grita fuerte "basta", consiguiendo su objetivo, esos muchachos dejan lo que están haciendo y la ven confusos, preguntándose quién es esa loca sucia, con ramas y hojas en la ropa y el pelo y con heridas ya curándose; Orihime se arrodilla ante el búho y aquel animal permite que ella lo acune en sus brazos, temblando. Ver aquella orgullosa criatura tan débil al punto de pedirle ayuda, indefensa, le despierta una furia que no experimentó desde que la obligaron a beber sangre aun sin procesar que su Jugram había muerto.

—¡¿Cómo se les ocurre atacar a una criatura dentro de mis dominios?! ¡¿Y qué no se pueda defender siquiera?!

—¿Tus dominios?— Dice uno en burla, incluso suelta un bufido y la ve con repulsión. — ¿Quien te crees? ¿Un Dios?

—Soy su Aria. — Los nota tensarse. — Están en los límites del palacio Loba, mi palacio, y tomare este acto como una ofensa a mi persona.

—Ay sí, la Aria — De nuevo ese arrogante joven la ve como basura. Mira con desagrado su apariencia. — ¿De verdad te esperas que me crea que la Aria del Vasto Lord eres tú? ¿Con esa apariencia de vagabunda?

—Pues lo es.

El Vasto Lord se hace presente de la nada, detrás de Orihime y apoyando una mano en su hombro.

Apenas se dan cuenta de su presencia los tres Fracciones caen de rodillas al suelo temblando de miedo y la Aria da un paso atrás porque la sola presencia de Ichigo altera más al búho. Orihime se concentra en la criatura, tratando de curarla como la vez anterior, pero no ocurre nada y se larga a llorar en desesperación.

—Por favor, por favor...

No quiere más muertes.

Suspira en alivio al ver sus manos brillar y que las heridas se estaban cerrando, aunque no dura por mucho tiempo, solo fueron unos segundos que casi le hacen gritar con desesperación, pero al menos el animal no corre peligro de morir. El búho se ve más calmado, respira tranquilo e incluso se apega más a su pecho, quedándose dormido.

—Entonces... — La voz de Ichigo la trae a la realidad. — Dijiste que cometieron una ofensa.

Al principio no entiende pero luego oye los gemidos de dolor y descubre a los tres jóvenes vampiros retorcerse en el suelo mientras sangre sale de sus orejas, ojos y boca. Una sacudida de miedo la invade, dando un paso atrás, y mira a Ichigo confusa de por qué lo hace.

—Cometieron una ofensa a mi Aria molestándola en sus dominios... ofendieron a mi Aria insultándola, comparándola con una basura humana indigente.

—Se-señor...

—Han hecho llorar a mi Aria... han hecho llorar de dolor a mi Orihime...

Alza una mano... para cubrir los ojos de Orihime y lo siguiente que ella escucha son gritos agónicos.

—¿Mi señor?

—Te llevo a tu habitación. — Incluso al hacerla girar se asegura que no mire hacia atrás y vea lo que puede provocar tres cuerpos al explotar.

—¿Q-que les ha pasado?

—Han recibido un castigo por su osadía.

Orihime intenta voltear temblorosa pero el vasto lord se lo impide.

—No veas Orihime, solo ve al frente.

—¿Por que? —Alcanza a susurrar.

—Tus ojos no tienen que ver a esas porquerías.

—Pero aún son seres vivos... o eran.

—Si mis súbditos no son capaces de respetar a la que he elegido como mi Aria no merecen siquiera respirar. —Respondió seriamente. —Mas importante ¿Desde cuándo tienes una mascota?

—N-no es exactamente mi mascota. —Susurro tímida.

—Usualmente los búhos y lechuzas nos rechazan, es curioso que acepte que incluso lo lleves en brazos.

—Pasaron algunas cosas.

—¿Si? Estoy ansioso por escuchar los hechos. —Le susurro suavemente al oído, provocándole un cosquilleo involuntario en la columna y que se alejara un paso por inercia.

Orihime trabajo con todas sus fuerzas para que no viera sus mejillas sonrojadas por el acercamiento inesperado.

—Solo lo encontré ayer herido y lo cure, no tiene mucha ciencia.

—¿Y no planeabas decírmelo?

—No creí que fuera necesario, no lo iba a conservar en una jaula o algo así. —Siguió evitando su mirada.—¿Tengo que pedir permiso?

—Como has dicho, este es tu palacio y tienes completa jurisdicción sobre él, eres también mi igual así que no es necesario que me pidas permiso.

—¿D-de verdad?

—Así es, y si alguien más se atreve a ir contra tus órdenes o faltarte al respeto puedes matarles.—Dijo sin preocupación alguna.

—No, no, no eso es demasiado.—Rechazo la joven de inmediato.

—Si quieres cuidar a ese pajarraco hazlo, pero ten cuidado.—Le advirtió.—Si me entero que te atacó seré el primero en cortarlo con mi espada.

—M-me aseguraré que no haga eso.

Apenas entran al palacio Orihime nota de la nada el aumento del personal en su castillo, creciendo su sospecha que a ella no la toma en serio y hacen lo que quieren... pero, honestamente, ¿Puede culparlos? Si ella no se comporta como la señora de aquel terreno, ellos harán lo que quieran sin preocuparles la salud de su jefa. ¿Cómo era el dicho de su padre? Si el zorro no está, los conejos hacen fiesta.

Ya en su habitación, las cinco criadas que adoran hablar mal de ella en su presencia están en total sumisión, inclinadas con la cabeza gacha. Orihime no sabe si opinar que son hipócritas o tontas.

—Prepárenle un baño a mi Aria y traigan... lo que sea que necesite este pajarraco. — Viendo feo al búho.

—¿Eso...?— Como no, la rubia es la que toma la palabra, viendo feo a la criatura. — ¿Quiere usted señor ayudar a...?

—Cállate, no estas aquí para cuestionar las órdenes de tu señora o las mías. — Orihime siente que a corazón reacciona positivo ante aquel gesto de ponerla primero; y casi sonríe burlona porque esa criada igual lo notó y le molesto. — Como vuelva a pasar, ella o yo te mataremos. Ahora vete y apúrate en traer lo que exigí.

—Y traigan ratones muertos o carne cruda para el búho. — Se apresura Orihime en decir, de seguro el ave despertara con hambre.

La rubia y otra, una morena que no paraba de llamarla sucia Fullbringer cada vez que tiene oportunidad, son las que salen de la habitación a cumplir el mandato y la Aria está segura que apenas queden lejos de la audición de su Kearest iban a maldecirla. Las otras tres ya estaban cumpliendo la otra misión, dos de ellas preparan la tina y la que queda está buscando ropa limpia y de acorde a la etiqueta vampírica.

Orihime agarra una almohada que deja sobre una silla de cuero con todo el borde en donde descansa la espalda acolchado, quedando la ahora "cama improvisada" más acolchada; con cuidado deja al búho descansar ahí, preguntándose si se enojaría con ella si le limpia las plumas aun manchadas.

—No te preocupes. — Le dice aun estando la criatura dormida. — Vivo en el campo y mi padre cura animales, así que algo se de veteranía.

Ichigo siguió cada uno de sus movimientos y, al verla yendo al baño a limpiarse las manos y brazos con el fin de atender mejor al búho, desvía la vista a la criada que deja la ropa descansando en la cama y se dio cuenta de otro detalle.

—¿Por qué andas por el palacio con ropa de Fullbringer? — Orihime, lejos de su vista en el baño, puede mirar a las que le preparan el baño sin cuidado la manera en que se tensan. — Ayer estabas igual.

—Tú lo has dicho, es mi palacio, puedo hacer lo que quiera en él, incluido la ropa que quiera llevar — Explica observando a las dos mujeres de brazos cruzados; su mirada dice con claridad que por ahora seguirán vivas.

—Y lo mantengo, sin embargo me gustaría que te vistas... "mejor" si van a seguir apareciendo vampiros por aquí sin avisar.

Debe darle la razón ahí.

—Es más cómodo explorar en pantalones que en esos vestidos pomposos que no dejan respirar. — Se justifica. — Pero... tratare de vestirme un poco mejor cuando explore el exterior. — Además, que si vuelve Maeve o siguen apareciendo esposas por ahí, al menos quiere enfrentarlas bien arregladas.

El par más odioso de las cinco regresa, la rubia con un baúl grande y la morena con un plato sencillo con carne cruda picada. Orihime le quita el baúl, vuelve al baño para agarrar la toalla de mano y mojarla un poco con el agua de la tina, mejor que este tibia. Con cuidado estuvo concentrada en limpiarlo y atenderle las heridas a su paciente, el búho se había despertado con un ruido lastimero como ella cuando volvía a casa con los músculos adoloridos, de ahí que sonriera un poco mientras sostiene uno de los pedazos de carne y se lo acerca al pico, a ver si le da hambre al instante.

—Ya está. — Murmura limpiando las manos con otra toalla húmeda que le trajeron. El ave está de nuevo dormido, se comió dos pedazos, y está más limpio y cubiertos de vendas en casi todas partes. Se pone el pie, quejándose de sus piernas entumecidas (¿Cuánto tiempo estuvo en esa postura?), y da media vuelta, dando un brinco al ver a Ichigo. — ¿Sigue aquí?

—Eso es cruel de tu parte.

—Perdón, yo... creí que se había aburrido he ido a su palacio... o al Cocodrilo con alguna esposa.

—Estoy donde quiero estar. — Su mirada serena la asombra otro poco. — Y tú deberías darte un baño antes que el agua se enfrié.

Las criadas se habían ido, a lo mejor él se los ordeno para que no la molesten mientras trabajaba en el ave, y no se molesta en llamarlas de vuelta o en quitarse la ropa mientras camina al baño, total el maldito ya la conoce desnuda.

—Es curioso, estoy un poco contento. — Dice Ichigo de pronto.

—¿Por qué?— Voltea para mirarlo.

—Es la primera vez desde que llegaste aquí que no luces como un pez muerto, haz mostrado alguna emoción... y me gusta.

Orihime se sorprende por el extraño cumplido y, por alguna razón, siente calor en el cuerpo que debe girarse para que no note su rubor. ¿Quién iba a pensar que el gran Vasto Lord puede ser amable cuando quiere?

Ahora entiende a las esposas.