Capítulo 7: Game Over Bambietta.
En el campo de entrenamiento del ejército imperial de Karakura un pequeño grupo de soldados yacían cansados y agotados en el piso, algunos con heridas leves, otros con sus armas rotas y quejándose de dolor.
—¿Ya no hay nadie más? — Pregunto Ichigo, el responsable de haber provocado aquello. — ¿Algún otro que desee retarme a un duelo?
—Comandante ¿No está siendo un poco más agresivo de lo usual el día de hoy? — Pregunto uno de los pobres hombres.
—Estoy siendo considerado con ustedes… ¿Acaso no lo ven? — Se podía ver la furia en los ojos del capitán comandante y el pobre se encogió en su lugar.
—Sí señor, lamento haberlo molestado con mi comentario.
—Aun tengo energía. — Insiste, los soldados tiemblan de miedo; definitivamente no quieren enfrentarlo. — ¿Alguien más?
—Déjalos ya Ichigo, están hechos papilla. — Uryuu entro en ese momento mientras se acomodaba las gafas.
—La orden de la cruz de plata no tiene nada que hacer en la del dragón negro.
—Mi deber es meterme cuando les estas dando una paliza a los hombres que deben proteger este noble imperio. — Se para frente a Ichigo y lo encara.
Se podía escuchar el "gracias" silencioso de sus hombres.
—Se harán débiles si no soy estricto con ellos, no me digas como entrenar a mis soldados.
Uryuu frunce el ceño al verlo molesto.
—¿Alguien te hizo enojar? — Eso explicaría la casi carnicería.
—Algo así. — Mira a sus hombres y el enfado crece. Patético. — Todos largo, los quiero aquí pasado mañana puntuales, ya les he dado las órdenes de guardia en el palacio… ¡Dispérsense!
—¡Si señor! — Los soldados llevan una mano al pecho y se retiran rápidamente.
—¿Quién fue? — Uryuu lo envuelve a encarar apenas quedan solos.
—¿De qué hablas? — Fingiendo ignorancia.
—Me refiero a quien hizo sacar tu furia.
—¿Qué te importa?
—Te molestare hasta que me digas.
—Solo déjame en paz. — Lo ve con su ceño fruncido.
—Eso no funciona en mí.
—Por desgracia. — Ichigo había descargado parte de la furia que había contenido por culpa de Hoshi, el haber perdido la oportunidad de invitar a su amazona un baile o conocerse mejor se había ido por la borda debido a la culpa de ese chiquillo.
—Apuesto que tiene que ver con una mujer.
—No.
—Eso me lo confirma completamente.
—Pareces novia acosadora. — No se sentía de humor para soportar las idioteces de su primo. Aunque solían pelear mucho se preocupaban uno por el otro a su manera. — Debo irme a arreglar un asunto.
—¿Si vendrás esta noche?
—Por supuesto, Yuzu debe brillar hoy, seré su escolta.
—Al final Karin se salió con la suya ¿eh?
—Cierto, tú la ibas a escoltar en su debut de hoy.
—Me sorprendí al recibir la carta de mi tía diciéndome que no iba a ser necesario, ya que Karin lo había pospuesto. –Se rio burlón. – Puedo imaginar el escándalo que armo la tía Masaki cuando se lo dijo.
—No tienes idea. — Dijo cansado, movió su hombro y noto una molestia ¡Bien! Era momento de probar la medicina de su bella amazona.
Toma un poco del frasco con dos dedos y se la unta en la parte que le molestaba; se sorprende del alivio casi inmediato que éste causó, se sintió afortunado de ser en las primeras personas en tenerla.
—¿Y eso?
—Medicina
—¿Desde cuándo usas tú medicina para el dolor? Eres como esos cavernícolas que están orgullosos de mostrar sus cicatrices de batalla.
—Y tú eres como una delicada flor que odia ser lastimado.
—Bien, dejémoslo por la paz — Cediéndole la victoria en aquel ataque de pullas amistosa. — ¿Quieres ir a beber algo?
—No puedo, iré a prepararme a casa y tengo que atender un asunto urgente antes de eso.
—¿Es entregar documentación? — Señala el camino con el pulgar de la mano izquierda. — Iba con el primer ministro ¿quieres que lo entregue por ti?
—No, es otra cosa, algo que debo arreglar en persona. —Admite con seriedad.
—Ya veo, te veré esta noche entonces. — Se encoge de hombros y se retiro del campo de entrenamiento.
Ichigo se coloca el saco sobre los hombros (que había dejado sobre un banco) y sale del lugar; llevaba parte del día anterior y ese día pensándolo seriamente, pero era hora de terminar su relación con la condesa Basterbine.
Era pasado de la una cuando Orihime y su hermana estuvieron listas para presentarse ante la realeza del imperio Karakura; se encontraban en la pequeña salita de su habitación descansando cuando entro su madre, se veía hermosa en aquel vestido color gris ajustado a su figura, tenía un escote en forma de corazón y una tela de organza transparente cubría toda la parte a la vista hasta la mitad de sus hombros donde parte de la tela gris caía con gracia hasta el piso dándole un aspecto agraciado.
—¿Están listas chicas?
—Sí, madre.
Rena por un lado se veía emocionada mientras que Orihime no dejaba de leer su preciado libro; se podía ver una pequeña pila de libros médicos y hierbas junto a su cama, los había pedido prestados a la biblioteca del palacio. Según ella la única ventaja de haber ido a la capital era que podía tener acceso a la biblioteca imperial y prepararse para su examen.
—Orihime deja eso ahora, ¿En qué quedamos? — Regaño su madre.
—Ya se, ya se no pasarme el tiempo leyendo y comportarme. — Orihime tomo un pequeño papel doblado y lo puso entre las páginas a modo de separador.
—¿Ya están listas? —Kirinji entra en ese momento luciendo su traje de gala, unos pantalones, saco de color azul y chaleco interno con adornos de hilo de plata, camisa blanca y unas botas largas negras que le llegaban a la rodilla; el adorno del cuello había optado por eliminarlo ya que lo hacía sentir incomodo, pero nada lo pudo hacer que se cambiara su espectacular peinado y su mujer tuvo que ceder en eso. — Maldición como quiero quitarme esto. — Dijo molesto.
—Somos dos, aun podemos huir padre. — Le susurra su hija mayor.
—No puedes querido y ambos ni siquiera lo piensen. — Amenaza Shutara, padre e hija se irguieron asustados ante la fría mirada de la matriarca de los Tenjiro, quien también tenía un oído espectacular. — ¿Sora?
—Estoy aquí madre. — Sora llegaba apurado mientras se acomodaba el saco militar y los guantes; su traje era un típico traje militar azul oscuro con algunos cordeles dorados en su hombro y botas del mismo color que las de su padre hasta sus rodillas.
—Ven acá cariño. — Sora le obedece y Shutara acomoda bien algunos botones y arregla pequeños detalles. — Bien, todo perfecto.
—Recuerden todos, saludamos a la realeza así que procuren cumplir toda la etiqueta que su madre les ha inculcado todo este tiempo. — Advierte Kirinji.
—Entendido. –Dijeron los tres hijos al mismo tiempo.
Todos salieron del cuarto y caminaron escoltados por seis guardias y guiados por Saya, la doncella real asignada a Shutara hasta el palacio del sol que era el nombre del edificio donde la familia imperial vivía; por otro lado la familia del barón estaba en el palacio perla que era el que se asignaba a enviados importantes o visitas de alto rango en el país.
Para la emperatriz no había sido ningún problema asignarlo exclusivamente para su querida amiga, sus otros invitados importantes para la sesión internacional habían sido hospedados en el palacio diamante donde eran bien atendidos por su personal.
—Esperen un momento. — Hablo Saya. — En un momento los llamaran para que entren, los dejare un momento para informar que llegaron.
—De acuerdo. — Shutara sonrió y al poco tiempo fueron anunciados para pasar.
—Kirinji Tenjiro Barón de Inoue, Shutara Tenjiro Baronesa de Inoue. — Anunciaron al matrimonio primero, quienes pasaron al salón — Lord Sora Tenjiro, Lady Orihime Tenjiro y Lady Rena Tenjiro. — Finalmente los hermanos fueron llamados para entrar al salón real.
Caminaron con tranquilidad hasta acercarse a la escalinata que los separaba del trono donde se alzaban el gran emperador y la emperatriz del imperio, cualquiera que los viera pensaría que los Tenjiro ya estaban acostumbrados en estar en la corte en vez del campo.
—La casa Tenjiro saluda a su majestad, la espada del imperio Karakura, Kaien Von Shiba y al escudo del imperio Miyako Von Shiba. — Los hombres se agacharon llevándose la mano al pecho y las damas tomaron los extremos de sus vestidos y cruzaron levemente la pierna derecha hacia atrás mientras se inclinaban en respeto. — Que la gloria eterna bendiga su reinado.
—Está bien, pueden levantar la cabeza. — Anuncio el emperador, Orihime tuvo que ocultar su sorpresa al ver el enorme parecido con Lord Kurosaki, ya que eran prácticamente dos gotas de agua. — Es un placer tenerlos aquí, la emperatriz tenía muchas ganas de recibirlos, en especial a usted baronesa Tenjiro.
—Me halagan las palabras de su majestad. — Anuncia la ojirubi con una faz tranquila, era como si esa mujer no conociera el miedo.
—Se supone que mis hijos deberían estar aquí para recibir sus saludos, pero a la princesa se le hizo divertido esconder los zapatos de los dos príncipes. — Todos los presentes podían sentir el aura molesta de la mujer. — Sin embargo las presentaciones pueden ser después… ha pasado un largo tiempo Lady Tenjiro.
—Siempre es un honor saludarla.
—Veo que tiene tres hijos fuertes y saludables, Barón.
—Sus buenos deseos son bien recibidos majestad. — Sus hijos estaban serios, pero por dentro les daba un poco de risa que su temperamental padre se comportara tan educado; al parecer cuando la situación lo requería Kirinji tomaba sus deberes como aristócrata adecuadamente.
—Pero este lugar no es adecuado para conversar. — Miro a su doncella la cual se inclino y abrió una puerta lateral en el salón. — Espero que no hayan comido aun ¿Pasamos a almorzar todos juntos? — Los invito Miyako con amabilidad.
Kaien se pone en pie y ayuda a su mujer, siendo seguidos poco después a una bonita terraza con sombra para poder pasar un rato agradable, Miyako y Kaien tomaron asiento seguido de los miembros de la familia Tenjiro.
—Espero que sea todo de su agrado. — Dice la Emperatriz tras haber todos comido un poco.
—Agradecemos su invitación. — Hablo Kirinji como cabeza de familia.
—No se preocupen, no tienen que ser tan formales. — Guiña ella un ojo, traviesa. — Los invite aquí porque no hay miembros de la corte que nos molesten ¡Ha sido un largo tiempo Princesa Shutara.
—Ah, hace años que no escucho a alguien llamarme con ese título. — Shutara sonríe recordando su pasado privilegiado a pesar de las circunstancias. — Creo que la última vez que nos vimos Miyako fue hace unos diez años y no has cambiado nada.
—Tú tampoco, deberías pasarme tu receta para verme cada día más joven.
Los barones y el emperador iniciaron una conversación sobre el trabajo que se había hecho en los últimos años y un par de anécdotas personales.
—Pst, pst Orihime. — Rena habla en voz baja, no quería interrumpir aquella armonía. — ¿Ya notaste lo parecidos que son su majestad y el heredero de los Kurosaki?
—Sí, ya lo note. — Responde en el mismo tono.
—Nos dijeron que ambos primos se parecían, pero no esperaba que fuese tanto. — Ambas se callaron cuando Sora le dio unos codazos suaves a Orihime para llamar su atención.
—Tus hijos también ya son muy grandes, tú debes ser el mayor, Sora ¿cierto? — Le hablo Miyako al muchacho.
—En efecto su majestad.
—Entonces tú eres Orihime. — Vio a la pelinaranja quien asintió en silencio. — Y tu Rena. — Vio a la peliverde quien asintió igual que su hermana. — ¿Saben? Hay algo que me llamo la atención desde que entraron.
—Puede decir lo que guste su majestad. — Hablo Orihime.
—Me encanta ese vestido, no pude quitar los ojos de ti, tampoco de usted señorita Rena. — Por donde se viera la emperatriz Miyako exhalaba elegancia pura, incluso para hacer una pregunta. — Por la calidad… ¿Es esto obra suya princesa Shutara?
—Por favor, ya hace mucho que ya no soy princesa, baronesa es suficiente. — Con elegancia se limpia la comisura del labio. — Y sí, es el diseño más reciente que he hecho.
La pelinegra se esforzaba mucho en la ropa que hacía a su familia, para Orihime había diseñado un vestido lila con patrones decorativos en dorado sin mangas. con tirantes en los hombros, un corsé con incrustaciones de cristales y fino encaje, además la falda se partía en ambos lados dando la sensación que al frene había un reloj de arena con los pliegues; para Rena había diseñado un vestido color bronce con tirantes en los hombros y sin mangas con falda amplia y cómoda, tenía bordados figuras de tallos y flores en color dorado.
—Debo adivinar entonces que la ropa del barón y de su hijo ¿también fue diseñado por ti?
—Has acertado nuevamente.
—Son trajes elegantes y sofisticados, Shutara eres mi querida maestra ¿puedo persuadirte de que aceptes quedarte en la capital y abras tu estudio? Yo misma te respaldaría como modista real.
Rena y Orihime por dentro tenían reacciones contradictorias, la primera por un lado rogaba que aceptara quedarse para poder vivir nuevas experiencias y la segunda rogaba porque su madre se negara para volver a su hogar; esta ultima era la que el cabeza de familia también anhelaba, pero si su esposa le decía que deseaba quedarse en la capital él aceptaría todas sus solicitudes sin rechistar, ya que lo tenía en la palma de su mano.
—Mucho me temo que tendré que declinar tu oferta. — Sonrió con tranquilidad, haciendo que Kirinji y Orihime celebraran internamente, Sora por su parte le daba igual y a Rena se le cae el ánimo por un segundo. — Estoy muy acostumbrada a Gardenium Village y ya tengo mi rutina, no quisiera cambiarlo.
—Es una pena. — Miyako hace un pequeño mohín.
—Supe que sus hijas estudian medicina barón. — Comenta el emperador mientras les servían el plato fuerte.
—Sí, ambas son muy dedicadas. — Dijo éste con orgullo.
—Espero que ambas se vuelvan mujeres brillantes en el futuro y puedan aportar para engrandecer nuestro imperio.
—Claro majestad, nos esforzaremos para no defraudar su confianza.
—Seremos las mejores, ya verá. — Dijo la menor feliz.
—Y yo lo esperaré con ansias. — Sonrió el hombre.
—No sabes lo feliz que me puse cuando mi querida maestra acepto venir.
—Ya llevaba un tiempo pensando que debía venir a Zeon, después de todo no fue posible en "esa" ocasión.
—Sí, sé que no fue tu intención, el solo venir aquí les tarda 4 días enteros, no ibas a poder llegar a tiempo. — La mirada de la emperatriz refleja una profunda tristeza y acaricia el pequeño collar que lleva en el cuello.
—El otro motivo por el que vine es para el servicio memorial que se hará en su honor.
Los hermanos guardaron silencio, no sabían bien sobre qué o quién hablaban pero prefirieron guardar sus dudas para más tarde.
—Me sorprende no ver a su majestad, el antiguo emperador. — Murmura Kirinji para cambiar de tema y aligerar el ambiente.
—Parece que tuvo una pequeña recaída y está descansando en el palacio de platino. — Informa Miyako. — Él quería venir, pero le aclare que no sería bueno para su salud. Apenas y logre convencerlo.
Kirinji casi estaba celebrando internamente por la noticia, no tenía ganas de pelear con indirectas contra uno de los hombres más poderosos de Karakura, después de todo si por el viejo fuera, lo habría matado para poder seguir sus planes predestinados a Shutara en ingresarla en su familia.
Por suerte Miyako regresa al tema de los vestidos.
—Estoy segura que los vestidos de tus hijas serán la sensación está noche. —Sonrió la monarca. — Aún recuerdo cuando me enseñabas etiqueta en casa, si no fuera por ti estaría frita.
—¿Madre fue maestra de la emperatriz? — No pudo evitar preguntar Sora.
—¿No sé los dijo? Mientras ella estuvo en Karakura y siendo prometida del príncipe Isshin, fue una de las tutoras más solicitadas en Zeon.
—Eso nunca nos lo dijiste mamá. — Reclama Rena con tranquilidad, como estaban frente al emperador no podía explayarse como quería.
—Fue hace mucho tiempo, no lo vi necesario. — Le resto importancia.
—¡Incluso diseño mi vestido de bodas! ¿Lo recuerdas querido?
—Por supuesto, te veías preciosa en él y eras como un ángel. — Kaien la vio como un bobo enamorado.
—Ah ese. — Se río Shutara mientras retiraban los platos de la mesa. — Fue algo sencillo creado de último minuto.
—¿Sencillo? Era tan hermoso que las demás nobles y aristócratas comprometidas se lamentaban el no poder usarlo en su boda.
Y era cierto había hecho un vestido ajustado en el pecho con mangas largas y amplio en la falta con un hermoso bordado de hilo plateado e incrustaciones de diamantes y cristales, había hecho el escote en forma de corazón pero con broche en el cuello para se viera más sofisticado, lo que lo convirtió en el vestido más bello en el imperio.
—No deberías minimizar tu talento. — Dirige su atención en Rena y Orihime. — ¿Que opinan ustedes?
—La ropa que nos hace nuestra madre siempre es preciosa. —Responde Orihime.
—En el pueblo su boutique es la que más vende. — Explica Rena.
—Comienzo a sentir envidia de ustedes. — Se lleva la mano a la mejilla y sonrío. — Siempre pueden usar los diseños de Lady Shutara… de hecho planeo hacer una oferta por ese vestido. — Señala el de Orihime.
—¿Uh? ¿Este? — Balbuceo confundida viendo su ropa.
—Es tan bello que quisiera usarlo en un evento formal.
—Prometo hacer uno para ti en los siguientes días.
—¿De verdad? ¡No puedo esperar por eso!
—Concertare una cita con usted lo más pronto posible.
—No se hable más, ¿Mañana mismo por la tarde estás libre?
—Claro.
—¡Gracias Shutara! Mira que sentí mucha envidia de Lady Rukia cuando estuvo el año pasado usando todo un guardarropa diseñado por ti.
—Al comienzo no estaba muy segura, pero Lady Rukia es tan buena amiga de mis hijas y siempre ayuda a Orihime trayéndole libros y hierbas de los lugares a donde va, que pensé que era justo.
—Lady Rukia fue una sensación.
—Y llegaron varias condesas y marquesas a Gardenium Village por ropa de nuestra madre. — Dice Rena emocionada de aquellos días en que había aprendido cosas de otras ciudades y países. — Tuvo que contratar a dos modistas más y la ayudamos nosotros con tal de cumplir la fecha. — Incluyendo tanto a su padre y a su hermano.
—Lord Tenjiro. — Kaien toma la palabra, dirigiendo su atención a Kirinji con un tono de seriedad. — Ahora que lo recuerdo se acerca la época de reclutamiento.
—Muy cierto majestad.
—Sabes que alguno de tus hijos deberá entrar al ejército por el honor de su casa ¿El joven Sora se unirá a nuestras filas?
—He estado pensando en ello. — Dijo pensativo. — He pensado que Rena podría ser la indicada para servir en nombre de nuestra familia.
Los hermanos se sorprendieron al oír las palabras de su padre.
—Interesante elección. — Admite al fin el ojiverde.
Los monarcas cambiaron el rumbo de la conversación a política y algunos comentarios graciosos mientras pasaba parte del día.
Ichigo había planeado invitar a lady Bambietta a algún lugar privado para hablar con ella, pero se sorprendió al recibir una carta directamente del mensajero de su familia, le pedía que fuera a una pequeña comida en su casa, así que decidió aceptar la invitación y respondió al mensajero que iría en cuanto terminará de atender algunos asuntos.
Así que en ese momento se encontraba en el carruaje de su familia rumbo a la mansión del condesa Basterbine, hubiera ido en Mugetsu su fiel corcel pero ya era necesario cambiar sus herraduras así que lo dejo en su mansión a cargo del capataz de su establo; además que era reglamentario dentro de la ciudad moverse en carruaje a menos que fuera una emergencia de vida o muerte.
Los grandes portones de la mansión le dieron la bienvenida al siguiente duque de los Kurosaki, en cuanto el transporte se detuvo bajo inmediatamente sin esperar si quiera a un cochero.
—No se molesten en llevárselo, no tardaré mucho. — Aviso al mozo quien lo vio confundido y asintió.
Las puertas del lugar se abrieron de par en par, dejando que la alta figura del pelinaranja ingresara al recinto con aire imponente, dentro del lugar un pequeño grupo de sirvientas y el mayordomo principal quién ya tenía varios años sirviendo a la familia le daban la bienvenida.
—Es un honor que nos visite Lord Kurosaki.
—Sí. — Respondió distraídamente. — ¿Dónde está Lady Basterbine?
—La señorita bajara en un momento. Lo guiaré a la sala principal.
Lo invito a seguirlo y lo fui a una sala grande llena de caros adornos y muebles costosos, era menos lujosa que la casa de su familia pero la condesa tenía buen gusto al decorar, ya que al fallecer la madre de Bambietta en su niñez ella fue criada para saber cómo administrar una casa como buena dama. El mayordomo le pidió que esperara y salió para poco después notar que una doncella entraba empujando un carrito.
—Le hemos preparado un tentempié, su excelencia. — La mujer toma una taza y un pequeño plato con bocadillos dulces, el olor amargo del café inundó el lugar e Ichigo se digno a tomar la vajilla y tomar un sorbo.
—Su excelencia. — Lady Basterbine entro en ese momento con un par de criadas detrás de ella; lucía un bonito vestido coral amplio en la falda y un poco bombacho en los hombros, sin cargo el corpiño era ajustado y resaltaba sus encantos. — Es un honor que aceptará la invitación de mi familia para venir aquí.
Ichigo no dijo nada y se puso de pie, se acercó a Bambietta y rozo levemente el dorso de la mano de la mujer en un gesto caballeroso. Lo hacía solo por cortesía, sin embargo el recordar el roce de la hija mayor de los Tenjiro contra su piel le hizo distraerse por un instante; se recuperó de inmediato sin que Lady Bambietta se diese cuenta de lo que ocurría.
—Me halaga que me haya invitado Mi lady, sin embargo es otro asunto el que me obligo a venir el día de hoy.
—¿Por qué no toma asiento para podamos conversar? — Lo invito la pelinegra.
—Es algo personal y le recomendaría sacar a sus sirvientes de la habitación para hablar más cómodamente.
—Todos aquí son gente en la que confió su excelencia. — Sonrió la dama. — Ellos no dirán una sola palabra de lo que aquí se diga.
—Lamento interrumpir sin avisar, pero escuche que Lord Kurosaki se encontraba aquí. — Un hombre de mediana edad de ojo carmín, cabello oscuro y algunas entradas de canas entro en la habitación con una sonrisa.
—¡Padre! –Sonrió Bambietta mientras se acercaba al hombre.
Perfecto, justo lo que le faltaba el conde en persona, pensó Ichigo con ironía. El conde Frederick Basterbine había sido un conocido subcapitán de pelotón en el ejército, hasta su retiro tan solo un par de años atrás.
—Es un placer saludarlo Conde Basterbine. — Se inclinó levemente.
—Pero mírese, aún recuerdo cuando tenía trece años y entró como aprendiz al ejército… ¿Quién diría que llegaría a ser el oficial más joven en la historia de Karakura?
—Fue hace un tiempo, sí. — Responde vagamente.
—¿Se encuentra bien el duque?
—Mi padre se encuentra con buena salud, gracias por preguntar.
—Creo que mi Bambietta llevaba un tiempo invitándolo, pero usted se negaba a venir a nuestro hogar.
—¡Padre te dije que no hostigaras a su excelencia con tus reclamos! — Reclama la pelinegra. — Por favor ignore lo que diga mi padre, a veces exagera un poco.
—Despreocúpese. — Habla el pelinaranja tomando un poco de su bebida. — De hecho venia para atender cierto asunto Lady Bambietta. — Manda la indirecta al conde quien o era idiota o fingía estupendamente.
—¿Sí?
—Pero como he dicho preferiría que no hubiese sirvientes ¿podría despejar la habitación?
—¿Es realmente necesario? — La joven de ojos cafés lo vio sorprendida ¿Tal vez quería formalizar con algo intimo?
—Sí. — Dijo seriamente y la joven pudo sentir un pequeño pinchazo en su cabeza, una pequeña voz que le avisaba de algo.
—De acuerdo lo hare. — Con una seña de la dama todos los sirvientes dejaron la habitación, solo quedaban Ichigo, Bambietta y el conde Frederick.
—Conde… — Hablo el de ojos chocolate.
—Yo también quería hablarle sobre algo mi lord.
—Dígame. — Ya que el hombre era el anfitrión, su palabra debía escucharse primero.
—Sé qué hace un tiempo sale usted con mi hija… me preguntaba si estaría usted interesado en concretar un compromiso con mi encantadora Bambietta.
—¡Padre! ¿Qué cosas dices? — Desvió la mirada sonrojada, pero por dentro se moría de la felicidad por la solicitud de su padre.
—¿Un compromiso? — Ichigo arqueo una ceja.
—Sí, bueno, yo escuche algo hace poco y pensé que sería conveniente.
—¿Qué fue lo que escucho?
—Supe que requiere casarse con urgencia. — La única reacción de Ichigo es entrecerrar la mirada con astucia… parece que había una pequeña rata en casa de sus padres que debía atrapar.
—Entonces las recientes peticiones que me hacían, ¿Era para llegar a este punto? — Ichigo tomo la taza y llevo la bebida caliente a sus labios. — Pensaban que era pura cortesía. — Sonrió con ironía.
Debió verlo venir, después de todo ya llevaba casi un año liándose con la condesa Basterbine; admitía que era buena en la cama pero era por el motivo que tenía enfrente en ese momento que odiaba tener estar con una mujer mucho tiempo… aunque si pensaba en cierta dama de cabellos naranja rojizos la idea del compromiso parecía no molestarle.
—No exactamente, queríamos que usted nos visitara de corazón, siempre es un honor que alguien de tan noble casa como los Kurosaki venga aquí.
—¿De verdad? — Agito el contenido de su taza desinteresadamente. — Por sus palabras cualquiera diría que llevaba un tiempo queriendo proponer lo que me ha dicho hace unos instantes.
—No es eso, por favor no piense eso. — La chica sale a defender a su padre.
—Sin embargo sería muy conveniente para ambas partes. — Sonríe el conde despreocupado. — Nuestra familia no es tan antigua como los Kurosaki que son de las primeras familias que ayudaron a fundar el imperio, pero tenemos el suficiente honor y estatus para que una dama de nuestra familia sea digna de ser su compañera para el resto de su vida.
Ichigo no dijo nada mientras seguía bebiendo de su taza, dejo la misma sobre la mesita de la sala con movimientos lentos y calculados casi como un felino, se recarga sobre el sofá llevando sus manos a su regazo y cruzo la pierna una sobre la otra dándole un aspecto imponente. Sus ojos tenían un ligero brillo rojo a contraluz de las cortinas y el aire de la habitación se puso un tanto pesado, cosa que Bambietta detecto y trago en seco.
—Así que básicamente lo que usted desea es… ¿Qué despose a Lady Bambietta y traiga honor y orgullo a su familia?
—Además de eso yo creo que ustedes dos harían una pareja perfecta. Usted es joven y talentoso, mi hija es bien educada y sabe cómo manejar bien un hogar. —Explico el hombre, siempre había querido que su casa ingresara en los altos círculos sociales y casar a su hija con el príncipe de los Kurosaki resultaría beneficioso y cumpliría el sueño de él y sus antepasados.
—Padre, creo que deberías dejarlo. — Murmura la joven de ojos cafés, tenía un mal presentimiento y sería mejor que su padre dejara de hablar sobre su solicitud, sin embargo fue ignorada.
—Entonces ¿Qué dice?
—Conde Frederick Basterbine. — Dijo seriamente, lo que hizo que el hombre se diera cuenta de su osadía y la confianza que había tomado y se encogió levemente en su lugar una pequeña gota de sudor bajaba por su sien al detectar la mirada helada del príncipe. — Entiendo que usted esté preocupado por su hija, sin embargo rechazare la solicitud. — Bambietta no pudo evitar morderse el labio molesta, quería levantarse y romper algo en ese instante. — Y viendo que usted no se dio cuenta de mis palabras o simplemente las ignoro tendre que decirlo directamente y frente a usted. — Se pudo de pie y miro a la pelinegra. — Lady Bambietta creo que es momento de dejar de vernos.
—¡¿Qué?! ¡¿Por qué?! — Ella no soporto y se puso de pie molesta.
—A raíz de los recientes eventos ¿no es obvio? Aunque ya lo estaba pensando desde hace tiempo. — Específicamente el día anterior, cuando había conocido a su preciosa amazona de ojos castaños. Además no era tonto y había notado la reciente posesividad de la condesa hacía él.
—¡No me puedes hacer eso! — Exclama olvidando su cortesía.
—En primer lugar nosotros nunca tuvimos nada formal. Desde el primer momento le dije que esto no era una relación a largo plazo ni que mis sentimientos estarían de por medio. — Ella tuvo que aceptar que era cierto. Lord Ichigo se lo había dicho desde la primera vez que durmieron juntos, pero siendo honesta pensó que con el tiempo lograría hacerlo cambiar de parecer. — Usted acepto los términos y sabia que en cualquier momento terminaría.
—¡No puede jugar con mi hija de esa forma! — El conde se acercó y tomo a Ichigo por el cuello, pero este se lo quito de encima de un solo movimiento rápido y conciso lo que le hizo caer al piso.
—Nunca jugué con ella, ambos somos adultos que tomaron sus decisiones, la pasamos bien y creo que su hija ya es bastante grandecita para saber qué hacer con su cuerpo ¿no cree? — Miro a Bambietta quien echaba rayos por los ojos. — Usted mi lady acepto los términos, ambos somos adultos que tomamos nuestras propias decisiones y sabíamos lo que hacíamos ¿no es así? — Miro en ese momento al líder de la casa Basterbine sin interés alguno.
—Su excelencia, por favor reconsidérelo. — Se arroja a los pies del pelinaranja y se aferro a su pantalón. — Se lo ruego, podemos seguir juntos ¿Por favor? — Lo miro suplicante mientras unas lágrimas se asomaban por su precioso rostro.
—Le ruego que no tire a la basura su dignidad Lady Basterbine. — La miro con lastima y ella odio esa mira condescendiente que le dio.
—Si… si su excelencia me deja… ¡Hare un escándalo!
—¿Si? — Mueve el pie haciendo que la morocha cayera al piso.
—Puedo declarar ante todos que estoy embarazada y usted no se quiso hacer cargo. — Sonríe victoriosa mientras se ponía de pie, tiempos desesperados requerían medidas desesperadas.
—Me gustaría ver como lo intenta. — Se burla de su amenaza, no luce para nada preocupado.
—Apoyare a Bambietta. — El conde sonríe torcidamente. — Circulare rumores de su irresponsabilidad y estos afectara a la noble casa Kurosaki ¿Qué pensara el Duque y la Duquesa?
—En primer lugar dudo que le crean un embarazo. — Se reía viendo a la joven quien se ponía roja de ira. — Puesto que estuve un tiempo fuera atendiendo parte del ducado, varios negocios y hace solo un par de días que volví y nos acostamos las fechas no coincidirán. Creerán que usted se acostó con cualquier otro en mi ausencia… ¿La reputación de quien cree que se irá a la basura? — Bambietta bajo la cabeza enfadada mientras lloraba, tenía razón. — En cuanto a usted mi lord… — Menciona el titulo con burla, Ichigo parecía una bestia intimidando a su pobre presa y lo disfrutaba. — Me temo que es más fácil que yo lo destruya a usted que usted a mí y mi familia. Una sola palabra mía, unas cuantas personas a las que persuadir, hilos para mover y la casa Basterbine desaparece… ¿Entiende? Un noble menos o más en el Imperio no hace diferencia, hay muchos otros que podrían tomar su lugar después de todo.
El hombre tiembla al notar con las luces un brillo dorado en los ojos del heredero Kurosaki, el hombre no aguanta la presión y cayó de rodillas en la alfombra sin dejar de temblar, no por nada Kurosaki Ichigo era considerado el dios de la muerte y primer Comandante del Imperio.
—Fue un placer haber hablado con ustedes, me retiro ya que tengo un baile al que asistir. — Dice caminando hacia la salida, pero al instante se detiene al recordar algo. — Por cierto… — Se gira para verlos. — Si hacen una estupidez, alguna palabra sin sentido que salga de sus bocas, me asegurare de dejarlos tirados en el fango como cerdos ambiciosos que son.
El conde solo pudo tragar en seco y asentir mientras temblaba e Ichigo dejaba el lugar con otro ataque de risa.
