I. Oportunidades


Las paredes sin ventanas impedían que el calor llenara la habitación, a pesar del costoso clima artificial de alta calidad instalado para brindar el ambiente ideal para que el mayor de los Holmes se desenvolviera en su trabajo con facilidad; no dejaba se sentirse como una especie de fortaleza fría y sola. El mismo se hallaba esa tarde telefoneando a un par de personas, contactos que había obtenido a lo largo de sus años trabajando para el gobierno británico; habían pasado tres días desde aquel aparatoso encuentro con su hermana, interiormente se decía que muy pocas veces en su vida había tenido miedo de morir; y se sentía aliviado de estar de regreso; además de reprocharse mentalmente por haber sido tan confiado y poco precavido aún siendo consciente de las habilidades psicológicas que podía tener la joven sobre las personas normales.

— Necesito que eso esté listo lo más pronto posible. Con mi firma bastará y sobrará para que se active el fideicomiso.

No podía dejar de sentir una culpabilidad, pues no solo los Holmes fueron los afectados con aquel juego de Eurus, sino que personas inocentes habían pagado con su vida las locuras y obsesiones de su hermana menor; además había puesto en peligro al doctor Watson, a quien estaba infinitamente agradecido, pues se preocupaba por su hermano menor tanto como él mismo y sabía que lo protegería a toda costa a pesar de lo terco que Sherlock podía llegar a ser.

— Sí, te confirmo el nombre; Rosamund Mary Watson, ajá... Exacto, como tutor de cabeza: John Hamish Watson.

La voz femenina del lado opuesto de la línea le confirmaba los datos necesarios. Mycroft había decidido que el gobierno le financiaría una muy grande cantidad de dinero destinado a la educación y necesidades de la primogénita de John, de alguna manera sentía que así podía pagarle todo lo que había hecho, incluso el solo soportar al detective consultor. Si bien recordaba, sus padres siempre les decía que para una madre y un padre sus hijos eran lo más importante; así que estaba muy seguro del alivio y tranquilidad que aquel regalo le brindaría al compañero de Sherlock.

Colgó el teléfono y suspiró, los trámites se agilizarían y confiaba en que a más tardar mañana por la tarde estarían llegando los documentos para ser firmados; al menos por ese lado ya estaba cubierto.

Sin embargo, había algo más; aún se reproducía en su mente una de las escenas más confusas de lo vivido; el peligro inminente en que Eurus les hizo creer que cierta forense estaba viviendo sin saberlo. si se ponía a analizar, todo lo llevaba a concluir que la doctora Hooper había sido la persona más afectada de todo eso, pues, según comprendía a los seres humanos, no hay nada peor que un sufrimiento emocional. Tenía que confesar que nunca pensó que aquella chica fuera una persona importante en la vida de Sherlock, sabía que brindaba su ayuda en muchos de los casos y que él abusaba de su amabilidad para poder tener acceso a los cadáveres sin restricción alguna además de sacar partes humanas del hospital para sis alocados experimentos y que ella le había ayudado a su falso suicidio; pero nunca se imaginó que fuera tan importante.

¿Cómo podía recompensarla? O al menos intentarlo.

Después de un par de minutos supo qué debía hacer, una mueca se dibujó en sus labios; rápidamente tomó el teléfono en sus manos para una llamada a una de sus conexiones con la principal institución de salud en el país.

— Necesito urgentemente el expediente de trabajo de la doctora Molly Hooper, trabaja en el hospital de St. Bartholomew.


Estiró su cuello hacia atrás y agitó suavemente su cabeza; el hombre que ahora reposaba en una de las planchas de la morgue estaba siendo todo un reto para el día, a simple vista parecía ser un asesinato a sangre fría con un tiro directo a la cabeza, sin embargo presentaba claras señales de infección parasitaria, una muy grave generalizada; así que al tratarse de un hombre solo y quien nadie procuraba era probable que primero hubiese muerto por los parásitos y alguien creyó haberlo matado a tiros.

— ¡Doctora Hooper!

Uno de los administrativos del hospital ingresó por las puertas del lugar, mostrando una clara emoción.

— ¡Buenas tardes! ¿Qué le trae por acá? Parece bastante emocionado.

Saludó amablemente antes de retirarse los guantes amarillos y sus gafas de protección, depositando ambas cosas en una de las mesas más cercanas.

— ¡Qué va! Si quien deberá emocionarse es usted — Caminó hasta encontrarse más cerca de la chica, terminando por entregarle un folder con documentos

— Permítame darle la noticia. Esta mañana llegaron algunos representantes del gobierno, al principio creí que había algo mal con el hospital, pero resultó que la buscaban a usted — Hizo una pausa ante la mirada confundida de Molly.

— ¿A mí? — frunció el ceño — ¿Y yo qué tengo que ver con asuntos del gobierno?

— A eso voy, señorita Hooper. Me dijeron que después de haber revisado meticulosamente tu carrera como forense, tu paso por la universidad, tu trabajo en el hospital y las constantes aportaciones que has hecho a algunos detectives; el gobierno ha decidido financiarte al cien por ciento una especialización en patología y criminalística como reconocimiento a todo tu esfuerzo, ¡muchas felicidades!

Molly aún tenía la mandíbula levemente caída… ¿había escuchado bien? ¿el gobierno había puesto su atención en ella? Sentía una emoción indescriptible, casi la misma que sintió al aprobar su examen profesional en el pasado. Rápidamente abrió el folder y comenzó a pasar su mirada por las letras impresas en éstos. Efectivamente, era una beca completa para que ella pudiese estudiar esa especialidad, no era que le pagaran mal en Bart's, de hecho, vivía bastante bien con su sueldo, incluso se podía dar ciertos lujos, así que no se trataba del dinero, sino del reconocimiento.

— Pero… hay un pero — la voz del contrario la sacó de sus pensamientos — hay cierta condición que debe cumplir y es una que uno de los testigos que firmaron esa autorización ha puesto.

La chica se mostró aún más confundida y después de examinar por segunda vez el papel entre sus manos, supo inmediatamente quien era la persona que imponía esa condición. Justo al final, en la esquina inferior derecha se destacaba un nombre.

Mycroft Holmes.

— ¿Y cuál es esa condición? ¿Qué acaso no era lo propio escribirla en éstos papeles? — cuestionó un poco indignada.

— Eso es algo que debo decirle en persona, Molly Hooper.

La voz del mayor de los Holmes se escuchó en la entrada de la morgue. Aquello extrañó a la patóloga, quien lo miró con cierta curiosidad y un toque de desconfianza, sin embargo, no quiso mostrar sorpresa alguna, en estos años había aprendido a lidiar (o eso creía) con los Holmes.

— Yo los dejo solos — Miró a la forense — No desaproveche ésta oportunidad, usted trabaja mucho y merece mucho. Con su permiso, señor Holmes — Se despidió educadamente antes de desaparecer a través del pasillo.

— Bien, entonces diga qué es lo que debo hacer — Cuestionó con seriedad sin moverse de su lugar — Si cree que me debe algo por ayudar a Sherlock v un escalofrío la recorrió, pero continuó — Le informo que se equivoca, no quiero ningún pago. Además pudo venir a preguntarme antes de armar todo este show, por un momento creí que realmente lo había ganado por mi trabajo — Un poco decepcionada, depositó la carpeta con los papeles en la mesa.

Para Mycrof fue una sorpresa su actitud, según Sherlock, Molly siempre estaba alegre y solía ser algo torpe en sus palabras. Elevó la ceja interiormente recordando aquella escena donde la chica frente a él y su hermano habían sido protagonistas, pues quizá se debía a los sentimientos que ella poseía, ella amaba a su hermano.

— No quise que se decepcionara, Molly Hooper — Caminó con elegancia mientras sostenía en su diestra su característica sombrilla — Sí, fui yo quien pidió su expediente, pero fueron los mismos administradores de éste hospital quienes me dieron excelentes referencias de su desempeño laboral, yo solo mostré su caso frente a una audiencia — mintió, pero era necesario, no era su intención que pensara cosas erróneas — y ellos mismos han sido quienes propusieron lo que ya sabe.

— ¿Y por qué se interesó en mi trabajo?

— Es allí donde entra mi pequeña condición, pero que estoy seguro que considerará más como una excelente propuesta. Estamos claros que la policía cuenta con sus propios peritos y departamento forense, pero ambos sabemos que no tienen al mejor equipo desempeñando ese papel.

— No me gusta hacer menos el trabajo de mis colegas.

— Pero sabe que es cierto. Verá, la condición es simple. Usted debe usar sus conocimientos actuales y los que adquiera en esa especialización para ayudar al departamento del inspector Lestrade a la investigación y resolución de sus casos más complicados. En concreto, aquellos en los que mi hermano y el doctor Watson colaboren.

Molly sintió como la hubieran introducido a un sauna, pues sus mejillas y rostro se enrojecieron al instante, situación que no pasó desapercibida por Mycroft. "Touché" pensó el mayor.

— ¿Eso… eso qué significa? — Cuestionó nerviosa, su seguridad se había ido al caño al pensar que podía trabajar junto a Sherlock. No solo ayudarle en sus caprichos, sino trabajar, mano a mano.

— Es simple, Molly. No habría mucho cambio a su trabajo actual, solo se añadirían un par de cosas, como el asistir a las escenas del crimen y recabar datos de ellas, cabe aclarar que no perdería su trabajo aquí, de eso me encargaría yo.

— Yo… No lo sé — Fue más un susurro para sí misma que para el contrario.

— Puede pensarlo, solo recuerde que estamos a escasos días de que empiece el curso y no creo que le guste perderse el inicio — En ese instante una alerta de su teléfono móvil resonó en el lugar, una llamada.

— Permítame un segundo — Pidió antes de contestar y girar sobre sus talones para alejarse unos cuantos pasos.

— Terminamos, hemos retirado todas — Anunció una voz masculina.

— ¿Cuántas en total?

— 22

— Bien. Váyanse y ya saben qué hacer con ellas.

Horas antes había enviado todo un escuadrón a la casa de la forense, consciente de que no estaría allí, para que eliminaran todo rastro de cámaras en su vivienda, todo indicaba que las cámaras que Eurus había colocado en la cocina no eran las únicas en el lugar, por tanto era imperativo revisar todo el apartamento, no obstante supuso que era mejor no avisar a Molly, no al menos hasta que Sherlock se decidiera a contarle la verdad. Aquella llamada era la señal de que habían terminado y el lugar era seguro.

— Me disculpo — Se encontró con una Molly confundida pero aún con las mejillas enrojecidas — Analice la situación y llámeme — en ese momento le entregó una pequeña tarjeta con su número de celular — Realmente se necesita alguien como usted para ese trabajo. Que tenga una buena tarde.

Y sin decir más, despareció por el mismo lugar porqué el que lo había hecho su jefe. Dejando en medio del lugar a una Molly bastante agitada, ansiosa y confundida. Una pregunta rondaba por su cabeza. ¿Era una buena idea trabajar con Sherlock Holmes?


— ¿Una fiesta? — El detective consultor se dio media vuelta con su violín en la mano derecha, dibujando un gesto de definitivo desacuerdo.

— La señora Hudson cree que sería bueno reinaugurar el apartamento — Musitó John con Rosie en brazos — Sherlock, creo que no es tan mala idea, después de todo éste es tu centro de trabajo.

— Sherlock, por favor — interrumpió la señora Hudson — No les caería mal una celebración después de todo lo que pasó, además — caminó decidida hasta el ojiceleste — No tienen muchos amigos, no estaríamos apretados y estoy segura que la pasarían muy bien. Estoy segura que hasta el reptil de Mycroft vendría.

— ¿Le he dicho o cariñosa que puede llegar a ser? — Dijo Watson con aire sarcástico pero divertido — Vamos, Sherlock, no seas un amargado. Sólo será una noche…. ¡Sherlock!

El detective consultor comenzó a tocar nuevamente su instrumento mirando otra vez hacia la ventana, dando a entender que no le interesaba escucharlo.

— ¡Sherlock!

John se puso de pie, sosteniendo a la pequeña. Caminó hasta el más alto para alcanzar a susurrarle.

— Podría ser la oportunidad perfecta para que le explicaras todo a Molly.

Con la mención de ese nombre Sherlock detuvo en seco su melodía, y con la elegancia que le caracterizaba, fue relajando su pose de violinista mientras giraba muy poco su rostro sin llegar a mirar a su amigo, para llegar a pronunciar únicamente dos palabras.

Molly Hooper.


¡Hola, holaaa! Espero que les haya gustado éste capítulo, se que puede ser un poco pesado de leer, pero créanme que era importante. Siempre he pensado que Molly es una mujer brillante, así que decidí darle reconocimiento a su trabajo (?) (y será vital para la historia). Creo que de alguna manera le hago justicia a su personaje.

¿Aceptará la propuesta de Mycroft? ¿Una fiesta en el 221B? Prometo que en el próximo capítulo ya habrá más de Sherlock e interacciones con Molly, no se desesperen, jaja.

Infinitas gracias a quienes han colocado el follow a la historia y dejan comentarios, me motivan a seguir escribiendo. Solo espero no decepcionarlas;;

Se aceptan opiniones, regaños, frustraciones.(?)

¡Nos vemos en el siguiente capítulo!