III. ¿Quién eres?


Ninguno de los dos dijo nada por unos segundos. Molly contuvo el aliento, parecía como si cualquier movimiento o sonido quebraría el piso y ambos terminarían dando en seco contra algo sólido. El invierno ya había entrado y el ambiente frío podía calar los huesos, pero ni siquiera eso era capaz de moverlos, era como si estuviesen encerrados en una caja de cristal, ajenos a ambiente. Fue Sherlock quien se movió primero, acercándose a ella.

– ¿No ibas a entrar? – La cuestionó, retomando una posición recta.

– Oh, bueno – Molly salió de su trance y su rostro adoptó un tono escarlata – Es que yo, olvidé algo en casa y quería regresar por ello – Mintió, dejando de contener el aliento.

Sherlock alzó una ceja, de todas las veces que Molly había intentado mentirle, esta era la más decepcionante. Los labios le temblaban, su mirada se dirigió nerviosa hacia la derecha y apretó contra su pecho el paquete que estaba en sus manos hacía unos segundos. Por un segundo pensó que le haría un favor si le pagara algunas clases de actuación.

– Vistes como naturalmente lo haces, a excepción de los pantalones, esos son nuevos y son un poco más ajustados de lo que habitualmente usas, traes un abrigo que puede cubrirte perfectamente del frío, sin mencionar el suéter tejido que traes bajo de él. Tu cabello – señaló con la diestra las hebras sueltas que se ondeaban por momentos – … está suelto y lo dejas así para aparentar que te has arreglado un poco más como de costumbre para alguna situación especial. Vienes acompañada de tu bolso, el cual nunca cambias, por lo que es imposible que hayas olvidado guardar un artículo importante de un bolso anterior – hizo una pausa para observar el pecho ajeno; a pesar de la velocidad tan alta con la que había hablado, no sentía que le faltaba el aire – …y, ahora me doy cuenta, lo que parece ser un regalo para John o para mí, aunque es más probable que sea para mí. No puedes mentirme, Molly Hooper.

La menuda chica se quedó en silencio unos instantes más, no le sorprendía que Sherlock hubiese dicho todo eso o que la hubiera descubierto, sino que se sintió realmente estúpida por creer que engañaría a Sherlock Holmes y que además éste se quedaría callado sin hacerle ver su error. Suspiró, otra vez, relajando sus músculos, así como el agarre contra su pecho

– No estaba segura de querer verte.

El detective sintió una extraña, punzada contra su pecho, no era culpa, ya estaba familiarizado con esa sensación y sin duda aquello no se trataba de eso. Decidió ignorarlo.

– ¿Por qué estabas teniendo un mal día?

– ¿Qué? – Molly lo miró confundida.

– Molly, por favor – Rodó los ojos – El día que te llamé, dijiste que estabas teniendo un mal día.

Diablos, pensó la patóloga. No podía tocar ese tema ahora, no en ese momento que sentía que se caería en cualquier momento.

– Tenía un malestar estomacal.

– Molly, ¿estabas teniendo un mal día solo porque tu estómago no estaba bien?

– Eso me sucede cuando tengo algún impacto emocional – Hooper esta vez fue capaz de mirarlo fijamente a los ojos – Y ese día, mi padre cumplió 8 años de muerto.

Bang. El detective consultor se congeló, jamás había esperado una respuesta así. Esta vez sí que sintió como la culpa lo embargaba, las imágenes de lo sucedido ese día, el sufrimiento de Molly, las palabras de Eurus. Sentía como si él le hubiera dado el tiro de gracia a la doctora, quería disculparse, pero algo lo detuvo; pensó que no había sido tan patán, puesto que solo había intentado salvar la vida de la mujer frente a él.

– A propósito de ello – Molly lo sacó de sus pensamientos – Dime, Sherlock… ¿Obtuviste los resultados esperados entu maldito experimento?

El ojiceleste se sorprendió, el cambio de tono en la voz de Molly era muy notorio, le recordó a aquella vez en Bart's donde lo había abofeteado y obligado a disculparse. No lo iba a abofetear ahora, ¿o sí?

Justo cuando iba a responder, la conocida voz de Lestrade lo interrumpió.

– Hey, ¡Molly! Pensé que no vendrías – Elevó la voz, saludando a la patóloga desde la entrada. Sherlock se sintió molesto – Ustedes dos ¿qué hacen ahí? La fiesta es adentro

– ¡Greg! – Ella se relajó – emmm, sí, ¡ya mismo entramos! – Molly caminó pasando de largo junto a Sherlock, mismo al que le susurró – Creí que al menos te disculparías.

Diciendo eso fue donde Lestrade, al cual saludó calurosamente antes de ingresar al 221B, dejando solo al detective consultor.


La velada transcurría de lo más tranquila como la había estado antes de la llegada de Molly, Sherlock no decía nada, parecía perdido mirando hacia la pared tapizada del apartamento, no era algo anormal en él, por lo que los demás no parecían muy interesados en su actitud, a excepción de cierta patóloga, que con frecuencia lo observaba.

– ¿Hablaste con ella? – EL doctor Watson se acercó hasta él, intentado que nadie más lo escuchara.

– Su padre cumplió años de muerto el día que la llamé.

John palideció.

– Por eso te dijo que no estaba teniendo un buen día – Susurró más para sí mismo.

– Lo sé, John. No tienes por qué decir lo obvio.

Watson decidió ignorar esa contestación.

– Pero le contaste todo ¿cierto?

– No. Lestrade salió a interrumpirnos cuando estaba por decirle la verdad – John podía jurar que lo dijo con cierto recelo.

– Carajo… Siento que le debo mucho. No merecía sufrir como lo hizo, apuesto a que aún le duele lo que ocurrió ese día. – Dijo eso mirando a la susodicha, quien estaba dando un sorbo a la copa que se le había dado, mientras los demás reían, hasta que su gesto cambió rápidamente cuando el inspector la llamó.

Se bien lo que es estar triste cuando crees que nadie te está mirando…

Sherlock negó con la cabeza ante ese pequeño recuerdo.

– A veces pienso que Lestrade está interesado en Molly, ¿no has visto como la busca? Y recuerdo que la Navidad que celebramos aquí, no dejaba de observar el vestido de Molly de una forma que digamos, no era la más decente – Soltó una leve carcajada.

– No seas idiota, John. Molly nunca se interesaría en él – Respondió al instante.

– Nunca dije que ella estaba interesada en él, Sherlock. Dije que es Greg quien parece tener un interés extra en ella.

Fue en ese momento que algo hizo clic en la cabeza del doctor, sintió como si hubiera tenido algo en frente todo el tiempo y que apenas era capaz de advertir. Giró lentamente, con un gesto de sorpresa hasta mirar nuevamente a su mejor amigo.

– ¿Estás celoso? – Aunque el fin de John era preguntárselo, pareció más una afirmación que una pregunta.

– No digas estupideces, John. Te he dicho que esa no es mi área.

Sin darle derecho de réplica, se alejó apresuradamente hasta Mycroft, quien finalizaba una llamada telefónica.

– Hermanito, puedo notar lo mucho que estás disfrutando estas trivialidades – El mayor sonrió burlonamente, a lo que el menor respondió con una fulminante mirada.

– No creo ser el único, hermano. Tú pudiste evitar venir y sin embargo estás aquí – imitó la sonrisa ajena.

– Verás, Sherlock. Aunque hay una parte de razón en tus palabras, hay un asunto de negocios que me obliga a interesarme en venir hoy.

Diciendo eso, caminó con aquella elegancia que caracterizaba al mayor de los Holmes, se dirigió hasta el grupo que charlaba amenamente, específicamente hacia cierta patóloga que parecía un poco más relajada, ante la mirada de un muy confundido Sherlock.

– Lamento interrumpir, pero, doctora Hooper, me gustaría saber si ya tomó una decisión con respecto a la oferta que le hice en días pasados.

Un silencio pesado llenó la sala, Molly abrió los ojos como platos, sin poder responder. Hasta ese momento no le había contado a nadie sobre la especie de trabajo que Mycroft le había ofrecido, aún pensaba en eso y no tenía una respuesta. Pudo notar que nadie sabía exactamente hacia donde mirar, la señora Hudson miraba hacia Mycroft con cierta desconfianza, Anderson y Lestrade miraban hacia ella, John miraba a Sherlock como si pensara que el detective sabía algo, y finalmente Sherlock, la miraba a ella, de esa manera tan penetrante, hasta que el mismo habló.

– ¿Oferta? ¿Qué oferta? – Rápidamente llegó donde ellos, había un rastro de enojo y confusión en su voz – ¿Y por qué yo no estaba enterado de eso? ¿Mycroft? ¿Molly?

– Sherlock, relájate. Es algo que conviene a ambos. A la doctora Hooper se le ofreció financiarle una especialización forense a cambio de que trabaje mano a mano contigo y el doctor Watson en los casos. Soy consciente, y el inspector Lestrade no me dejará mentir, de que el departamento forense de la policía londinense no es el mejor – Anderson se sintió claramente ofendido, pero algo en su interior le dijo que no era muy buena idea reprochar con los dos Holmes allí – … y, por tus mismas referencias, querido hermano, es que Molly Hooper es la mejor opción. Ahorrará tiempo valioso que sueles perder cuando estás resolviendo algún caso.

Mycroft sabía muy bien lo que estaba haciendo, por lo que, con una sonrisa de suficiencia, levantó un poco su copa hacia el ojiceleste, como si estuviese ejecutando una especie de brindis por lo que acaba a de decir.

Sherlock estaba confundido… Molly ya trabajaba con ellos, o algo muy parecido a ello. Su mente viajó al día en que salió con ella resolver crímenes, cuando John no quería cruzar palabra con él después de descubrir su falsa muerte. Admitía que la había pasado bien y que Molly demostró ser capaz para ello, sino hubiese sido por su compromiso de aquel tiempo, quizá la hubiese invitada una segunda vez.

– Molly ¿resolviendo crímenes con nosotros? – Comenzó a reír, lo que nadie en la habitación tomó muy a bien – No seas ridículo, Mycroft, ¿cómo se te ocurre que ella podría hacerlo? Molly siempre se deja dominar por las emociones, además, no posee ninguna habilidad en algún tipo de combate, es demasiado torpe para ello, tampoco sabe manejar arma alguna, eso representaría un potencial peligro, sin mencionar que retrasaría…

– Sherlock, es suficiente.

John lo calló, ahora el silencio se había vuelto un tanto ensordecedor. El detective miró a Molly. Sus ojos estaban brillando, sus mejillas estaban rojas, así como la punta de su nariz y pudo notar perfectamente el surco de agua que se había formado en sus párpados inferiores. De repente, se sintió como aquella Navidad, donde, igual que esta vez, le había humillado con sus cometarios, frente a los demás, solo que esta vez sintió que estaba llegando demasiado lejos, lamentablemente siempre tenía que darse cuenta demasiado tarde.

Molly sentía que otra daga le atravesaba el pecho, y lo que más le dolía, es que ni siquiera podía pensar en que no lo había dicho en serio, conocía tan bien al detective que sabía perfectamente que no le importaba lo que estaba diciendo y que la posibilidad de que pensara todo eso de ella, eran realmente altas. Los ojos se inundaron en lágrimas, y la humillación la consumió cuando sintió todas las curiosas y dolidas miradas sobre ella. Sentían lástima.

No podía dejar que toda la vida se sintieran así con respecto a ella. No más lástima. Una ola de ira la invadió y recorrió cada gota de sangre en sus venas; sensación que aumentó más cuando Sherlock la miró. No iba a dejar que todos creyeran esas palabras, tenía que demostrar lo equivocado que él estaba, que ella era tan capaz de enfrentar las cosas como ellos. Esta vez verían el material del que estaba hecha.

– Acepto la oferta, Mycroft – Todos fueron capaces de escuchar la decisión en su voz, a pesar de las lágrimas que ya resbalaban por sus mejillas se podía notar segura de lo que quería – Puedes informar en cuanto gustes mi decisión, me temo que aún existen personas estúpidas que subestiman las capacidades de las personas en base a sus sentimientos, aun cuando les hayan ayudado en más de una ocasión.

Sus ojos se enfrentaron a los de Sherlock, quien la veía con sorpresa. Estaba más que claro que el insulto era para él, e increíblemente, se sintió ofendido, podía decir que hasta lastimado. Pero en el fondo sabía que era algo que merecía.

Molly no lo dejó decir más, puesto que habló nuevamente, mientras secaba el camino húmedo en sus mejillas.

– Debo irme, gracias por su hospitalidad, me da mucho gusto que el lugar haya quedado tan bien, y sobre todo que estén de vuelta – Se acercó peligrosamente hasta Sherlock, algunos creyeron que estaba a punto de golpearlo, sin embargo, extendió su diestra para entregarle el regalo que había traído para él. – Espero que te guste, esta vez intenté que no combinara inconscientemente con el color de mi labial – La miró incrédulo, sobre todo cuando la menuda chica dibujó una sonrisa, no era una sonrisa radiante de alegría… Era una sonrisa llena de dolor, tanto que incluso él fue capaz de notarlo. Ni siquiera fue capaz de responder. Pues la doctora se dio la vuelta para poder despedirse, deseándole una buena noche a todos hasta perderse tras la puerta del 221B.

Lestrade supuso que lo mejor era romper la tensión preguntando si alguien quería beber más, a lo que algunos respondieron siguiéndole el juego. John estaba lo suficientemente molesto como para hablar con el detective, y estaba seguro de que teminaría estampando su puño en la cara del más alto, por lo que sólo observó como Mycroft iniciaba una nueva llamada telefónica y se dispuso a juguetear con Rosie.

Fue Sherlock quien se movió de donde estaba, en completo silencio, para dirigirse hasta la ventana, allí pude ver a Molly alejándose del edificio, descubrió que justo cuando pensó que ya nadie la observaba, se quebró, vió como se detuvo y empezó a llorar con más ganas, abrazándose fuertemente a sí misma; el sintió unas estúpidas ganas de llegar hasta ella, pero su lado racional se lo impidió, en su lugar sólo se quedó allí, esperando. Hasta que la mujer pareció relajarse un poco y ser capaz de caminar correctamente, puesto que logró perderse en la vuelta de la esquina.

Bajó un poco su rostro para poder observar el paquete en sus manos, cuidadosamente bien envuelto. Con cuidado, comenzó a retirar el papel que lo cubría, descubriendo el curioso objeto dentro de la caja. Aquel modelo anatómico miniatura parecía bastante real, y por lo que sabía de esa materia, parecía ser muy apegado a la verdad. Sherlock se descubrió a sí mismo sonriendo pensando en que Molly era quien le había hecho aquel excelente regalo. Negó interiormente, ella siempre lograba hacerlo sentir de todas las formas, culpable, triste, arrepentido… Tranquilo, vivo…feliz. Esta vez no le importó ser grosero y omitir las despedidas, pues básicamente pasó de largo a todos para llegar a su dormitorio, con una sola cuestión en su mente, pero para la cual, no tenía ida alguna de la respuesta.

¿Quién eres, Molly Hooper?