¡Bebés! Heme aquí con el tercer capítulo de esta historia. Aviso que muy probablemente termine la historia con un capítulo más, y para agradecer a los que han dejado comentarios, favoritos o simplemente leído hasta ahora, son geniales :'D . "South Park" es propiedad de Trey Parker y Matt Stone.
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—Ahora, estimados padres, alumnos y profesorado, es momento de escuchar el discurso de nuestro estudiante más destacado en estos 3 años de preparatoria.— Al fin había llegado el día en que los ciento setenta y cuatro alumnos pasarían sus últimos minutos en la Preparatoria South Park, por no decir la más reconocida en el pequeño pueblo. Aquel día en que los pasillos del plantel habían permanecido pulcros por poco tiempo y que ahora estaban tapizados por las tareas y hojas de cuaderno calificadas, con las puertas de casilleros vacíos entrecerrados y con un agradable aroma floral entre los asistentes producto del centenar de arreglos dados a los graduados.
—Aunque no hayas dado el discurso de tu generación estamos muy orgullosos de ti, cariño. —Susurró Sharon a su hija a lo que Randy no dudó en consentir. Inclusive Stan sonreía vanagloriándose de lo inteligente que era Shelly, ¿cómo fue posible que sus padres nunca se dieron cuenta del brillante expediente académico de su hermana hasta hace unos meses?
—En primer lugar, aún con mi promedio no era la estudiante más nerd como para darlo. —Informó acomodándose hacia atrás por doceava vez el lazo colgante de su birrete—Y en segundo no es como si me hubiera dado la gana. —Sus padres rieron por lo bajo y volvieron su atención hacia el brillante estudiante que hablaba de cosas como "el camino separado de cada uno" "y los actos exitosos de los jóvenes quienes harán un mejor país".
Quince minutos después de dar por terminado no sólo la ceremonia sino esa etapa estudiantil en la vida de Shelly y de tirar su toga al césped, Randy condujo hacia la casa de los McCormick ya que ellos habían organizados una sencilla comida en celebración a la graduación de sus hijos.
—Llegamos, chicos. —La familia descendió del vehículo. Stan tomó a su hermana por el brazo ayudándola (aún tomando su distancia) y cerrando la puerta tras ellos. El menor inmediatamente divisó a Kenny detrás de sus padres quienes habían salido a recibirlos y haciendo un rápido saludo a los mayores alcanzó al rubio y se fueron a su cuarto charlando animadamente sobre la cuarta película de "Terrance & Philip". En tanto la joven entró a la casa por delante de los mayores. Enarcó su ceja extrañada al notar la ausencia de Kevin en la sala, en la cocina y en el jardín trasero.
—Fue a la tienda por unas cosas que le encargué. —Notificó su suegra con cierta ternura en sus palabras. La chica carraspeó y se tendió en el sillón a mensajearse con una amiga que iría a Estambul al siguiente día de la graduación.
— ¿Y cuándo le entregan los papeles?— Sharon le ayudaba a poner la mesa mientras escuchaba cómo los hombres reían en la sala y los chicos en el cuarto.
—En una semana. ¿Sabes?— Incitó la señora McCormick ganando atención al notar que tenía lágrimas en el borde de los ojos. —Aún sin haberlo metido a una escuela de paga o importante, mi Kevin también fue de los mejores promedios en general. —La de cabello corto sobó su espalda reconfortándola.
—Nuestros chicos lo están haciendo bien. —Se tomaron de las manos. —Ellos seguro, no— Corrigió. —Ellos deben saber que estamos orgullosos.
—Tres botellas grandes de refresco, una barra de mantequilla, un paquete de pasta, una botella de tequila y un cigarro electrónico ¿encontró todo lo que buscaba?—En tanto, Kevin se limitaba a mirar la pantalla que indicaba los precios al pasar los artículos por la barra.
—Eh, sí. "Ni que la tienda fuera tan grande". — Mientras seguía jugando con el palillo de madera en su boca e ignorando olímpicamente que la cajera lo miraba encantada cual estrella de cine el castaño sacó un arrugado papel del bolsillo de su pantalón y releyó el número escrito en este. Se giró lentamente divisando un teléfono de monedas al otro lado del pasillo y dejando a la cajera evocando suspiro uno tras otro y guardando las compras de él en bolsas de plástico se dirigió hacia este. No dudó en tomar la bocina y marcar rápidamente las cifras señaladas en el papel. Sacó unas monedas del otro bolsillo sin preocuparse las que habían caído en su apuro y las depositó dando línea y esperando a que contestaran.
— ¿Sí?—Del otro lado una voz grave e inclusive intimidante respondió. El castaño tragó saliva y apoyó su frente en la pared.
— ¿Sigue en pie lo que me mandaste decir con mi viejo otro día?—Escuchó una estrepitosa risa del otro lado de la línea. Rodó los ojos volviendo a hacer la pregunta. Por la respiración pesada de aquella persona uno podía hacerse a la idea de que era una persona algo pasada de peso.
—Kev, sabes hasta el coño que tu tío no se anda con rodeos. — Estrujó más la bocina del teléfono y volteó a asegurarse de que su encargo siguiera ahí. — ¿Para qué perdería mi tiempo si no me interesaría ofrecértelo? Además me dijeron que viene un pequeño McCormick en camino, campeón. —Su celular vibró notificando un mensaje de su madre avisándole que los Marsh ya habían llegado y que se apresurara a regresar a casa. ¿Qué tanto le beneficiaría a Shelly que él aceptara la oferta de su tío? ¿Qué podría hacer por el bebé que nacería en 4 meses? Apretó sus labios mientras sacaba de su cartera los billetes con los que pagaría su mandado.
— ¿Cuándo tengo que estar por allá?—Una vez más las carcajadas y el festejo no se hicieron esperar. Incluso parecía estar acompañado por alguien más porque les daba la buena noticia.
—Muchacho, el trabajo es inmediato. Te necesito aquí ya. —Señaló.
—Mis papeles de la preparatoria me los dan en una semana o menos. —No quería irse. Nunca consideró la idea de salir de su pequeño pueblo por mucho tiempo. Pero ahora no podía pensar por sí mismo. Iba a pensar por su hijo. Y si eso significaba que viajara lejos y que probablemente no lo viera nacer o crecer por darle una mejor calidad de vida lo haría.
—Usted no se preocupe de nada, que yo le mando el boleto de avión a San Francisco y tan tranquilos como siempre. —Kevin colgó de mala manera llamando la atención de la anciana que limpiaba el pasillo. Llegando a casa comenzaría a guardar su ropa de a poco en la maleta que tenían sus padres. Y la parte más difícil, formularía con qué palabras le soltaría la bomba a Shelly de que se iría a San Francisco y no regresaría en un largo tiempo. Por un momento creyó estar exagerando. "¿Qué tanto puede importarle a ella que me vaya?" pensó. Bastaba con mandarle el dinero necesario. ¿O no?
— ¡Pido ser el Vikingo!—
— ¡Carajo, Cartman!—Stan y Kenny se miraban fastidiados y regresaban su atención a la computadora del último. — ¡Siempre eliges a los mejores jugadores!— El rubio hojeaba aburrido una de sus tantas revistas para adultos escondidas debajo del teclado. — ¡Dijimos que lo íbamos a someter a un sorteo, culón!
—Chicos, dejémoslo para después. — El chico de gorro azul tendió un largo bostezo arrebatándole la revista a Kenny. —Ya no hay tiempo para jugar. Kenny y yo tendremos que ir a cenar en unos minutos.
— ¿Viste lo que provocaste, gordo?
—Oh, qué tiernos chicos. — Soltaba agitando las pestañas de forma exagerada. —Ahora que son familia tienen que hacer todos juntos. ¿Por qué no hacen un trío con el perro de Stan? —Kyle manejó cerrar la ventana de diálogo de Cartman.
—Idiota. — Sharon abrió la puerta llamando a los menores al comedor como habían predicho. —Ya será para el otro sábado. — Ambos asintieron pero antes de cerrar la sesión Cartman logró ingresar a la conversación de nuevo.
— ¡Maldita rata judía!— Chilló señalando la pantalla del computador. — ¡Por eso mandaron a tu gente a los cam…!—
—Oigan. — Irrumpió Kenny antes de que el gordo lograra terminar su frase y desatar una guerra troyana. Si algo habían aprendido es que por mucho que ambos pudieran tolerar había comentarios que en definitiva no debían pronunciarse. —Debemos irnos o nos regañarán.
—Y no quieren ver a mi madre enojada. —Añadió Stan. —Ustedes no viven con ella. —Comentó como si una cinta con todas las veces que su madre se había enfurecido en verdad pasara rápidamente por su cabeza. Kenny pasó una mano frente a los ojos de su amigo sin reaccionar. Se encogió de hombros volviendo a esconder su revista.
—No entiendo por qué no se largan de ahí. —Kyle rodó los ojos. —Al fin y al cabo la fiestecita esa es para el alcohólico y la gorda preñada. No para ustedes. — Ambos chicos fruncieron el ceño y se cruzaron de brazos.
— ¡Cartman!—Reprendió Kyle tratando de volver a cerrar la ventana su diálogo. Por desgracia, el judío no era el único genio informático del grupo, de manera que el castaño había bloqueado esa opción
—Oye, culón. Estás hablando de mi hermana.
—Y mi hermano ya se rehabilitó. — El rubio meditó sus palabras provocándole otra risa a su regordete amigo. —Digo, Kevin ya no bebe.
—Sí, Cartman. Ya déjalos en paz.
—A ti no te hablo, migrante de Jersey. —Comentó burlonamente ignorando que el chico se golpeaba su cabeza contra el escritorio frustrado.
—Déjalos en paz. —Abogó el rubio sintiendo el rugido de su estómago y poniéndolo de peor humor. —De cualquier manera no van a estar juntos por mucho tiempo. —Estaba a punto de apagar la computadora pero Stan lo evitó poniendo su mano sobre el botón.
— ¿Qué dijiste?—Kenny desvió la mirada frotando nervioso su cuello ante la mirada interrogante del pelinegro sin hacerle caso a los comentarios de Eric pretendiendo avivar un pleito entre ellos.
— ¿Van a dejar a tu hermana embarazada, Stan? Woah-woah-woah, eso tengo que verlo.
—… ¿San Francisco?… ¿viaje?... ¿trabajo?— A todo esto su amigo negó con la cabeza. —"Mierda" eh, que ¡no es seguro!—Se apresuró a decir. —Le salió un empleo a Kev pero a que lo rechaza. Le dan miedo los aviones y los 49ers, je. —Dijo aprovechando que estaba de pie para tantear con su zapato el enchufe de la computadora y desconectarla. Asintió aún inseguro y dejó que el rubio lo guiara empujándolo por la espalda amigablemente hacia el comedor. Kenny tendría una merienda semi amarga, Tenía el presentimiento de haber hablado de más…
—Hola, capullito. —El joven hacia unos minutos había regresado y dejado las cosas en la cocina. En respuesta, la chica le mostró el dedo medio sin quitarse los audífonos y los hombres de la casa los miraba divertidos tomando asiento en el comedor.
—Shelly…— Mientras tanto, Kenny aprovecharía cualquier oportunidad para no despegársele a su amigo y que este le comentara algo a su hermana.
— ¿A dónde, Stany?—El aludido chaqueó la lengua intentando quitarse del agarre de su amigo quien lo abrazaba por el cuello. Inclusive se sentó a su lado.
La cena pasó sin inquietudes aunque no para los graduados. Más parecía que les estaban pidiendo que les hicieran un recuento de lo que fue para ellos su último año de preparatoria. Inclusive los mayores se pusieron a discutir de qué nombre sería apropiado para su futuro nieto o nieta tal y como si ellos fueran a elegirlo cuando naciera. Y los más jóvenes siguieron la cena con cara de aburrimiento total. Con eso y con las decenas de selfies que había tomado el rubio como distracción, una por cada intento del pelinegro por hablar con su hermana.
—Fue un rato agradable. —Randy terminaba de limpiar su boca con una servilleta y dejándola de nuevo sobre el plato. —Pero debemos irnos. Vamos a ver a Papá al asilo. Tiene un regalo para mi Shelly. —La chica ladeó su cabeza con frustración e hizo caso a sus padres. Despidieron a los Marsh en la entrada. Kenny advirtió a Stan apresurándose y poniéndose a lado de la joven cuando esta se terminó de conversar con el hermano mayor de la familia antes de subir al carro y mientras sus padres terminaban de agradecer a los anfitriones. Se encogió de hombros restándole importancia pero devolvió horrorizado su vista cuando se dio cuenta de los alterados ademanes de la chica y las miradas furiosas que le daba a su hermano a cada palabra que el menor parecía soltarle.
—Randy, me gustaría hablar contigo si es posible mañana. Es algo privado. —Le pedía a modo de susurro el patriarca de la casa mientras cerraban con un apretón de manos.
—Claro. —Accedía el pelinegro encendiendo el auto.
—Olvidé…algo. — Corrió de nuevo hacia el interior de la casa e ingresando al cuarto de Kevin. Este se paseaba por su habitación notablemente nervioso y con su cigarro electrónico en la mano. Al ver la luz que emanaba la puerta abierta se viró y sonrió. Pero cambio su cara a una más seria al ver la postura desafiante de la joven.
—El mojón de Stan... —Fue la señal para que Kenny quien oía tras la puerta se fuera a su cuarto poniéndole el pestillo. —Dice…que te vas ¿a San Francisco?— Lo miraba entrecerrando los ojos y apoyada en la pared.
—"Kenny, te voy a matar…otra vez" Eso es mentira, bueno no. —Shelly rumió impaciente cruzándose de brazos sin dejar de intimidar al mayor. —Un tío me ofreció un trabajo ¡p-pero le dije que no!—Colocó sus brazos al frente como una especie de barrera entre los dos. —Le dije que podía considerarlo dentro de unos años—. Que ahora no podía irme y él a-aceptó.
—…—
—…—
— ¿Seguro?—Él asintió rápidamente acercándose.
—Por supuesto. —La tomó por los hombros a una distancia aún considerable. —No te vas a librar de mí así de fácil. —Entre más sentía que estaba engrandeciendo la mentira, más ensanchaba la adorable sonrisa de comercial que tenía en la cara. —Tengo que estar cerca para verte engordar, ponerte rabiosa con todo mundo y llorando todo el día cuando nazca. Tengo muchas cosas que hacer aquí en Colorado. —Ella reía fingidamente maldiciéndolo mentalmente.
—No esperes que aprende a tejer. —Encarcó una ceja mirándolo de pies a cabeza.
—Claro que no.
—Ni que intente ponerme en forma cuando nazca como todas esas estúpidas anoréxicas de la tele.
—Que no. —Insistió. —Aunque probablemente eso haga que me vaya con su primera maestra de Kinder. Pero por mí está bien. —La joven le dio un pisotón pero este contrario a lo pensado la haló del hombro y respondió con fugaz abrazo presionándola con cierta ternura contra su cuerpo. Le dio un despido estilo militar y aguardó a que la chica saliera de su habitación para tirarse de lleno en su cama. Pasaba repetidamente su palma por el rostro mientras a su celular sobre el buró llegaba otra notificación que no revisó hasta el día siguiente.
"Vuelo reservado"
Kevin no estaría en Colorado para ver arderlo arder. Cada quién tenía su infierno personal y con esto lo iba a hacer más grande. Pero en su guía de supervivencia personal había aprendido que la última opción era la correcta (o la menos idiota a simple vista) porque, en menor o mayor medida habrás reflexionado un poco más la idea que sucedía a la anterior. Probablemente se perdería el parto de Shelly, los primeros meses o inclusive cuando comenzara a dar sus primeros pasos o palabras. Pero eso comparado con la posibilidad de ejercer su función de hombre proporcionándole estabilidad económica a ellos dos, bueno, para él valía el sacrificio. Pensar en eso tenía un efecto acerbo pero inmediatamente agradable. Le estrujaba no conocer al bebé ni ser de los primeros rostros con los que se familiarizara. Pero la suma de dinero que contemplabavaya acrecentaba su ego.
— ¡No, Randy!—Sharon silenció con el dedo a su marido quien de seguro se sacaría cuanto argumento pudiera de la manga para convencerla de que él estaba en lo "correcto". — ¿De verdad piensa que les va a dar las gracias? ¡Se va a sentir desplazada!—El mayor a pasos torpes se apresuró a encender el televisor y subir el volumen lo más posible para que sus hijos no pudieran escucharlos desde la recamara hasta la sala. —Definitivamente no. No te voy a ayudar, y tampoco te lo voy a permitir. —Renegó mirando a su marido con tal desaprobación que ni en sus peores ideas.
—Sharon, entiende. — Le rogó tomando su agenda de trabajo de la cama y enseñándole el arrugado correo que Kevin y su padre le mandaron a la oficina colocándola frente a su esposa. —El chico no lo hace con mala intención. Estas pensando que va a abandonar a nuestra hija pero no es así.
— ¿Y entonces cómo se le puede llamar? Puede ser muy valiente para unas cosas pero en este momento…
—Comprende que no lo hace con mala intención. —Randy le rogaba con la mirada que tomara de una vez por todas el bendito correo y lo leyera por ella misma. Se lo arrebató de mala gana y comenzó a leerlo.
"Señor Marsh:
Siento no poder encontrarme de frente con usted pero se me está acabando el tiempo. El motibo de mi carta es para darle aviso que un tío me ofreció un trabajo bien remunerado en San Francisco y con un horario laboral desente (o de menos no tan explotador o demandante, jaja). Acepté pero no me atrevo a decírselo a Shelly por miedo de que haga más verrinche de lo necesario o se oponga, ya sabe cómo es. Quién sabe, quizá hasta sea la primera en que quiera que me vaya pero no pienso arriesgarme. Para eso pido su ayuda y la de mi padre. Quisiera que le mantubieran esto en secreto, y que el día de mi vuelo Shelly no esté en el pueblo. Y cuando regresen y yo no esté, convénzanla de que no corra a buscarme a San Francisco, que trataré de ponerme en contacto tan seguido como pueda. No sé mucho del mundo, y créame, no me fascina la idea de irme sobre todo a meces del parto, pero si algo he visto a través de mi viejo es que como padre de familia uno hace lo que sea porque su familia esté en el mejor ambiente pocible. Ojalá me perdone, no permita que ella me odie tanto, y más aún, me aga saber por mi padre si cuento con su ayuda en este aspecto (ni si quiera le dirá a mi madre que me voy, sólo lo sabe usted, mi padre y mi hermano). Mi vuelo sale en 3 días. Espero me eche la mano.
Kevin McCormick (quién más, jaja). "
—"Qué horror de ortografías por Dios"—Disipó esa distracción de su cabeza recopilando el motivo importante de lo que acababa de leer. —Entonces… está más que decidido. — Su esposo asintió tomando de vuelta la hoja y guardándola pero ahora en el estuche de su guitarra como Lorde. —Es que yo no sé.
—Sharon, es decisión del chico. Lo va a hacer por nuestra hija y nieto. —Ambos se sentaron en el borde de la cama abrazados. —Desde toda la mierda del "Whole Foods" y las reformas de la ciudad South Park se volvió un lugar costoso para vivir. —Acarició la coronilla de su esposa pensando en la reacción de su hija cuando al fin se enterara que el padre de su hijo estaba en otra ciudad. —Cuando lo piensas está siendo todo menos egoísta. Además puede que sólo trabaje allá por un tiempo y regrese pronto.
—Es una posibilidad, sí. —Randy besó la frente de su compañera y la miró a los ojos.
—Sólo tenemos que sacar a Shelly del pueblo cuando eso ocurra.
—Los…—Balbuceó mirando al cajón a lado de la cama. —Los billetes a esas aguas termales que Abuelo le dio por su graduación. — El hombre se acercó y en efecto sacó 4 billetes azules de viaje. Lo que restó esa noche fue dar la noticia a sus hijos del viaje que harían en 3 días, sacar las maletas del closet y evitar a toda costa que Shelly quisiera ir a ver al chico. Si iba a irse, al menos le iban facilitar el que no se arrepintiera.
—No entiendo por qué tuvimos que gastar este fin de semana los boletos que me dio Abuelo. —Soltó abruptamente una vez más, debido a comentar lo mismo repetidamente durante todo el trayecto. —Además no me lo consultaron. Estúpida familia.
—Yo tampoco. — Replicó Stan sin quitar la vista de su 3DS ni dejar de presionar los botones. —Me estuvieron recordando toda la semana que no podía salir con los chicos por estudiar para recursar Matemáticas Administrativas y ahora nos vamos 5 días del pueblo. —Sus padres se miraron con complicidad.
—Lo sabemos pero casi nunca tenemos oportunidad para salir en familia, Y Shelly… —La miraba por el espejo retrovisor. —Cuando tengas a tu bebé menos tiempo tendrás para salir a distraerte. Es bueno para los dos que se relajen. — Los hermanos Marsh se miraron sin estar convencidos y regresaron a ignorarse el poco camino que quedaba a las dichosas aguas termales.
—Llegamos. —Anunció Randy estacionando a la primera su auto a las afueras del gran pórtico de madera que los separaba del lugar de reposo. Era un lugar rústico, de esos a los que se va a todo menos a turistear, algo fuera de lo común, pacífico y con cabañas rodeadas de una armoniosa fauna. Le entregaron la llave a Shelly para que tuviera el "honor" de ser la primera en ingresar a la cabaña asignada a la familia. Dejó su maleta al borde de la entrada y subió las escaleras eligiendo su cuarto. Se recargó en un mueble, una especie de estante repleto de platos artesanales y pasó su mano sobre la superficie de este limpiando el polvo a la vez que marcaba en su celular el número de Kevin. Lo intentó dos veces más pero era lo mismo: número no disponible o fuera del área de servicio. Ignoraba que en ese momento el muchacho estaba recibiendo su finiquito y estrechando la mano del señor Broflovski, divisando el taxi que lo llevaría al aeropuerto.
—Tarado, préstame tu teléfono. —Se refirió a su hermano mientras este cruzaba el pasillo con sus cosas y las de su hermana eligiendo el cuarto de al lado. Sin esperar respuesta les esculcó la chaqueta obteniendo el aparato y golpeando su frente. Hizo lo mismo que momentos anteriores, marcar a su celular. Nada. —Carajo. —Sería una ofensa para el intelecto del pelinegro no formular qué estaba ocurriendo. ¿Un viaje improvisado (a una distancia considerable del pueblo por cierto)? ¿No poder localizar a su cuñado? ¿Que ambos no se hayan visto en los últimos días? ¿Y lo que le dijo Kenny sobre San Francisco? ¿Y además que el chico inmortal lo haya ignorado en la escuela?
Stan se deslizó por el pasamano de las escaleras pegando un brinco que hizo sobresaltar a sus padres.
—Stanley, ¿qué…?
—Eso me pregunto yo. —Irrumpió señalándose. —Algo está pasando aquí, o mejor dicho ¿qué es lo que está sucediendo?—Cuestionó con tono persuasivo. —Y no me digan que no saben. ¿Qué le están ocultando a mi hermana? ¿Qué hay sobre Kevin?—El amante de la naturaleza conocía perfectamente a sus padres. Hacer preguntas abiertas no servía de nada, pero si empezaba a acorralarlos bombardeándolos con opciones tarde o temprano sucumbirían (sobre todo su padre) y se les caería el teatro para terminar confesando.
—Con un demonio, Stan. Deja las cosas así. — Sharon se golpeó la frente. De nuevo su esposo la había cagado. "Y pensar que todo iba bien, que logramos llegar hasta acá". Pensó.
—Sabía que era relacionado al dichoso trabajo fuera del pueblo. —Aseguró con los brazos en jarra sobre su cintura.
— ¿Trabajo?— Shelly llamó la atención de todos descendiendo las escaleras con sosteniendo su reproductor de música y acariciando su abultado vientre. Antes de que le indicara que algo andaba mal, Randy atinó a taparle la boca con la mano a su hijo. Quien no supiera que son familia pensarían que lo estaba secuestrando o algo por el estilo.
—Un trabajo que le ofrecieron a tu papá, mi cielo. —Ladeó su cabeza logrando ver a su hermano siendo sujetado y el cuál este le hacía la miraba con los ojos lo más abiertos que podía. —Papá, suéltalo. Lo estás lastimando. —Retiró el brazo del alrededor del cuello del menor y lo haló hacia ella. Por acto reflejo ambos miraban amenazante a su hijo, como si esto fuese a evitar que dijera lo que sabe. —Mojón…
—Shelly. — La detuvo tomando una distancia considerable de sus padres por sí se les ocurría perseguirlo al empezar a hablar. —Mis papás no te quieren decir la verdad, pero creo que Kevin está a punto de irse a San Francisco. — La chica estaba a dos de echarse a reír cuando la duda cruzó por su mente. Exactamente las mismas sospechas que su hermano menor. Resumiéndose a no tener ni puta idea de dónde estaba el susodicho desde hace 3 días. Ahora ya no sonaba tan descabellado. Se giró sobre sus talones hacia sus padres.
— ¿Es cierto?—Ninguno de los dos se movió de su lugar ni le daba la cara a su primogénita. — ¡Les hice una pregunta, mierda!—Replicó enrabiada obligándolos a hacerle frente.
—Era por tu bien. —La afirmación de su padre le fue lo suficientemente convincente para llegar a la conclusión que en todos los escenarios era el que menos quería escuchar; Kevin estaba por irse de Colorado, si no es que ya lo había hecho.
— ¿Por qué no lo hablaron con ella?— El adolescente tomó la palabra provocando que su padre se abalanzara contra él. Sharon se limitó a ponerse entre padre e hijo.
— ¿Qué te crees? ¿Piensas que con esto quedaste como el bueno y nosotros como los malos? ¡Tú no sabes las decisiones que uno toma cuando se es adulto!— Quién sabe qué locura habría cometido Randy cuando los 3 escucharon el sonido de unas llaves y una puerta abriéndose. La mujer notó que las llaves del auto y Shelly ya no estaban ahí. Y bueno…
— ¡Shelly!— Gritaron al unísono los padres al oír el sonido de un motor alejándose.
—Si algo le pasa a tu hermana caerá sobre tu consciencia. —Sentenció Randy corriendo hacia la recepción principal del lugar no muy lejos de ahí para pedir ayuda. —Maldita sea la hora en que le enseñé a manejar.
—No fuiste tú, fue tío Jimbo. — Su mujer presintió que tarde o temprano esto terminaría así. Siempre es así en South Park. Era ahora cuando se cuestionaba cuando accedió a, en cierto modo, traicionar la confianza de su hija.
Si tuviera que describirlo en una palabra, porque jamás fue buena definiendo lo que sentía, se podría decir que Shelly Marsh se sentía abandonada. La gente pensaría que estaba haciendo demasiado drama por nada. ¿Y qué si él se fue para hacer más dinero? Aunque no se lo hubiera consultado "debería estar agradecida", pensarían. Sólo le importaba llegar a Colorado para ver si al menos podía pedirle una explicación de frente.
Así como tampoco le importaba lo que marcaba el velocímetro del auto.
Como lo había comentado con su amiga el día de la graduación, con esa que andaba por Estambul. A quien le revelaría que la coraza no tenía sentido frente al mayor de los McCormick. Que encontró una persona que la hacía realmente feliz con todo y su humor agrio, sus chistes malos y su coquetería. A quien la hacía sentir segura por mucho que ella pudiera cuidarse sola.
—Ni de chiste se va ahora. — Ahora no ama a su hijo porque gracias a este le dieron su lugar en la familia, sino porque la mantenía unida a Kevin. Mismo motivo, distinta recompensa. Ahora enfrentarlo ignorando que el chico ya no estaba en su pueblo natal sería complicado. Porque en estos meses nadie podía negar que Kevin era un chico de palabra. Que prometió hacerse cargo, pero que no necesariamente eso significaría que estaría junto a ellos todo el tiempo. ¿Cómo recriminárselos si él estaba cumpliendo? Tendría que encontrar otra manera, u otras palabras para que se quedara o regresara. Shelly no lo necesitaba; como podía lo quería. Y reconocer eso asusta, cansa. Y combinado con el sueño de sólo 3 horas que la chica tomó por levantarse temprano y viajara con la familia era perfecto para una tragedia.
— ¡Niña quítate!— No supo el momento en que se quedó dormida. Afortunadamente logró maniobrar el volante para evitar que cayera al voladero pero no lo suficiente para evitar que el auto chocara de frente contra la pared de concreto del costado. Los pueblerinos se abalanzaron a socorrerla. Era definitivo, ya no podría alcanzarlo. Y eso la sentía hacer sentir peor que el sangrado que la cubría.
—Y este es tu cuarto, chiquillo. Creo que no es necesario que te enseñe el resto de la casa ya que la conoces por las fotos que le mandé a tu padre. — Kevin recibió un caluroso apretujón de manos y arrastró los pies a su nuevo escritorio y con la intención de irse familiarizando con todos esos documentos con los que estaría condenado a trabajar durante los próximos meses.
—Gracias por la oportunidad, tío.
—Para eso está la familia, ¿qué no?—El corpulento hombre se retiró con su séquito de trabajadores. Sonó el teléfono de la casa el cual sería atendido por alguna de las tantas sirvientas de la casa. No pasó mucho cuando el hombre regresó extrañado al cuarto de recién llegado. —Muchacho, es tu padre. Que no se pueden comunicar contigo. — le ofreció el teléfono inalámbrico mascullando que le indicaran que hablaría con él después como respuesta. —Parece alterado. — Inquirió animándolo a dar un paso al frente y atender. El chico suspiró y sin oportunidad para hablar primero escuchó.
— ¡Es Shelly! Hace unas horas tuvo un accidente en el coche de Randy. — Y había perdido el miedo hace mucho de ver a la gente pelear o gritarse, pero nunca que alguna vez le dijeran que se había accidentado (a excepción de su hermano, que ya más bien era costumbre) pausando su respiración dejó a su padre terminar. —Acaban de llevarla al hospital del pueblo a las afueras de South Park.
— ¿Cómo está?—Su alterado tono de voz le extrañó a su tío quien seguía en la habitación.
—Sus padres ya van para allá.
— ¡Eso no fue lo que pregunté, carajo! — El hombre de la casa trató de calmarlo pero el chico le indicó que no se le acercara. — ¿Entonces? —Seguía sin respuesta alguna. Tapó el parlante de la bocina y se dirigió al mayor. —Tío, mi chica tuvo un accidente. Tengo que regresar.
—Lo siento, muchacho. —Se ajustó los pantalones y el sombrero de paja. —Te aclaré que el trabajo era de inmediato. Me haces falta así que no te puedo dejar regresar por ahora. — Intentó debatir pero por su porte y la seriedad que había adoptado su cara sabría que no serviría de nada.
—Es que…—Regresó la atención al lento hablar de su padre, y paciencia era lo que menos tenía de sobre ahora. Pensaba cosas como que hubiera ocurrido si no se hubiera ido o si al menos lo hubiera hablado con ella. Se le venían imágenes espantosas a la cabeza, Shelly siendo entubada por todos lados, o con una venda en la cabeza, con la ambulancia manchada con su sangre, o quizá a punto de darla como muerta. La maldita culpa. —ella…—Sería Stan quien la vigilara en caso de que no pudieran hacerlo Randy o Sharon. Sería Kenny quien la visitaría a él y Stan después de la escuela. Sería su madre quien iría a cuidarla por las noches. Y sus amigas quienes la visitarían aunque Shelly no pudiera escucharlas. Son ese tipo de cosas, esa impotencia las que les hacen querer dejar todo y regresar con quienes aman. Pero no es así de fácil. Se queda y confía en que los demás ayudarán a sus cercanos.
Eso es lo que un padre es orillado a hacer.
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No se espanten, señores. Esto no va a atener partes de Stenny –aún 7w7- oh, y evidentemente yo no escribo así, el mail de Kevin estaba bien y ya después le movi para esos horrores de ortografía xD en realidad pensaba mandar a Kevin aún más lejos pero prefería dejarlo así, no es mucha distancia pero es algo. Lo hice largo para darles la cantidad de palabras en el capítulo que merecen :33 que lo hayan gozado tanto como yo lo hice al escribirlo y nos vemos en el último capítulo de este "pequeño" longfic. Annyo *3*
