He salido de la cueva en donde me escondía ;-; no voy a dar excusas, pero sí voy a explicar algunas cosillas.

A quien aún sigue la historia ¿recuerdan que dije que sería el último capítulo? Pues resulta que entre más sea mi culpa por tardarme en actualizar, más palabras salen de mí XD de manera que les traigo de golpe ¡los últimos 3 capítulos de la historia! (era eso o uno capítulo con más de 12,000 palabras :v, se los dividí para que no fuera taaaan pesado).

Por cierto, este capítulo y el siguiente están en cierto modo inspirados en "Be somebody" de "Thousand Foot Krutch" ;)

"South Park" es propiedad de Trey Parker y Matt Stone.

Enjoy~!

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— ¿¡Ella qué!? ¡Dilo de una vez!—Sus gritos habían llamado la curiosidad de algunos trabajadores y personal del servicio de la casa, y sus murmullos entre ellos intentando intuir lo ocurrido sólo escrutaban su intento por mantener la calma.

— Calma, muchacho. —Su tío aproximó con cautela sus manos al teléfono que sostenía como si quisiera quitarle un arma con el que amenazaba cometer una locura. Este, en su espasmódico estado no objetó. El mayor escupió una ramita de paja que movía entre su boca y se aclaró la garganta no sin antes girar y pedirle a los entrometidos con un ademán que regresaran a sus labores. — ¿Stuart? ¿cómo se accidentó la chiquilla? ¿cuál es su estado?— Eso es, sólo necesitaba que esas dos preguntas tuvieran una respuesta no tan desalentadora para no escabullirse y regresar al aeropuerto. Al fin y al cabo las maletas aún estaban hechas.

— Para no hacerte el cuento largo, la chica tuvo un accidente en auto cuando se proponía regresar al pueblo. Ella no sabía que Kevin se iría a trabajar contigo hasta San Francisco y quiso evitarlo. Creo que chocó contra un muro, no lo sé.

— ¿Y lo otro que te pregunté?—Inquirió preparado para salir de la habitación en cualquier momento si la respuesta no era una que quería que su sobrino escuchara.

— Tampoco estoy seguro. Pero la madre de Shelly dijo que afortunadamente la ambulancia no demoró en llegar.

— Entiendo. — El mayor sobó su barbilla y por última vez acalló con la mirada el incesante "¿qué dice?" del joven. — Kevin sabe que no puedo dejarlo ir ahora. Mis tierras y el cultivo necesitan toda la atención posible después de la jodida plaga de la hacienda vecina. Necesito a alguien en el área de calidad y él es el único de mi gente que concluyó la preparatoria.

— ¡Pero tío...!

— Aunque...—Irrumpió colocando con fuerza su mano en el hombro del chico obligándolo a permanecer sentado sobre la cama.— Si todo va bien, en poco menos de un mes podré adelantarle sus vacaciones y regresará a Colorado por unos días. Lo juro por mi ganado. —El regordete alzó el mentón sin dejar de apoyarse en su hombro. — ¿Qué dices, sobrino?

— ¿Por qué no irme ahora que puedo?

— ¿Y qué crees que podrás hacer por tu chica ahora? ¿Acaso eres médico? ¿O uno de sus padres? Lo único que harías sería estorbar.—Al otro lado de la línea Stuart se quedó callado, haciendo uso de la fe que pocas veces proclama tener para que Kevin comprendiera la buena intención de su tío debajo de su ácida forma de responder. Su tácita actitud en espera le rogó a su esposa que siguiera conduciendo la vieja camioneta en su camino al hospital, y que él la pondría al tanto en el momento que colgara la llamara.

— ¿Y qué hago, eh?— El joven se sacudió la cabeza varias veces empeñado en borrar de su mente las engañosas voces inventadas que sentenciaban que Shelly no despertaría.

—Sé lo que estás pensando. Que esa chiquilla apenas si puede ser vista entre tanto cable, o que los doctores entran y salen de su habitación. Y hasta lo peor. Pero te has puesto a pensar que en realidad no haya sido algo grave. —Kevin no cesó de parpadear repetidamente para aminorar la acuosidad en los ojos. — Con suerte y tuvo sólo un raspón o golpe. Tu padre dice que la ambulancia llegó en buen tiempo. Así que me parece que tienes dos opciones; quedarte aquí y ahorrar todo el dinero que quepan en tus bolsillos para la salud de Shelly y el chiquillo, o regresar a Colorado con lo último que te queda de billete arriesgándote a hacer nada, y peor, a que tu chica no quiera verte. ¿O enserio crees que te recibirá con los brazos abiertos después de no avisarle que te irías?

—Pues...—Estaba claro que lo primero que haría cuando lo viera sería comenzar a presionar el botón para que el personal médico lo sacara de su habitación, y eso en el mejor de los casos. Si no es que primero le arrojaba las almohadas y charolas de comida haciéndose confiar de su maldita y excelente puntería. Y tampoco quería que su estado de ánimo se alterara y con eso, desencadenara una reacción negativa en ella y en el bebé.

El mayor sonrió convencido de que su sobrino al fin estaba reflexionando, y quitándose su sombrero y reposándolo en la alborotada cabellera del chico regresó su atención al teléfono.

—Stuart, Kevin se queda. Y tan pronto pueda yo mismo lo subo en uno de mis aviones privados a Colorado. — Cubrió un momento la bocina para llamar a una de las mucamas que pasaba por afuera de la habitación y le pidió que avisara en la cocina que le prepararan algo ligero de cenar al muchacho. — Y dile a sus suegros que estará en comunicación tanto como se pueda.

—Te lo encargo. Y gracias. — Mandó una última despedida a su primogénito y colgó. El mayor le pidió que esperara a que la cocinera subiera con su merienda.

—Es lo más que puedo hacer por ti ahora, sobrino. — Volvió a acomodar su cinturón y con dificultad debido a su edad y peso logró arrodillarse y ponerse a la altura del castaño aún reposado en cama. — Cena y descansa, que mañana comienza el trabajo duro. Tendrás todos los teléfonos y computadoras de la casa a tu disposición pero te pido que no pierdas de vista el trabajo.

Cuando al capataz fue a buscarlo, aún pasando de las diez de la noche, el mayor se despidió no sin antes pedirle de nuevo que mantuviera la calma. Que si la situación fuera crítica, ya lo habrían sabido de inmediato.

El primogénito de los McCormick no tenía ni cabeza para desempacar. Ya mañana se pondría lo primero que encontrara en la maleta. Desbloqueó el celular y rogó que su 5% de batería aún le permitiera mandar el último mensaje de texto del día. Claramente Shelly no estaba en condiciones de leerlo. Si no era por estar inconsciente era porque no le vendría en gana. Le costaba admitirlo, incluso para sí mismo, pero la segunda persona en quien más confiaba extrañamente era su hermano. Torpemente, y teniendo que regresarse en varias ocasiones a corregir su escritura, terminó su mensaje y salió de la pantalla sin esperar una respuesta de Kenny.

"Kenny, por favor mantenme al tanto de lo que ocurra con Shelly, sobretodo si el viejo trata de ocultarme algo. Trataré de comunicarme con ustedes las veces que pueda. Cuídate tú también, marica. Y gracias."

Su celular no tardó en vibrar después de haberlo enchufado para recargar la batería. Su hermano menor le había respondido con un "OK" y una seña ofensiva. Enseguida, una de las cocineras ingresó sosteniendo un plato con fruta de temporada, cereal integral y un vaso con leche, que no tardó en demorar y meterse a la cama aún con la ropa puesta.

—En cierta forma, creo que yo provoqué el accidente de Shelly...


Tras casi tres semanas de arduo trabajo de todos los empleados de la hacienda, la zona de siembra a lo largo de las tierras del mayor parecía estar dando frutos. La situación de la plaga no sólo le había pegado fuerte al tío de Kevin económicamente hablando, sino que había tenido un efecto preocupante en el abastecimiento de los principales alimentos de los pueblos cercanos, al ser su marca la principalmente vendida y reconocida por lo accesible que era. Y no se diga la necesaria baja a los salarios de los trabajadores.

En este tiempo, Shelly no había contestado alguna de las llamadas o mensajes del padre de su hijo. Sin embargo, gracias a que estaba en contacto con su propia familia y con la familia Marsh, además de los mensajes a escondidas con Kenny para corroborar la información, podía permitirse estar tranquilo la mayor parte del día.

Tal y como le dijo Kenny, parece que dentro de su somnolencia, Shelly había alcanzado a colocarse el cinturón de seguridad el día del accidente. El bebé no había corrido el peligro que se pensó pero debido al giro que tuvo que dar al auto y al impacto, su cabeza rebotó contra el volante, provocando que sangrara de este y de paso, de su nariz que también se la fracturó.

—También tuvo algunas fracturas en la espalda y sobretodo en el cuello. La última vez que la vi aún usaba el collarín.

— ¿Estaba consciente cuando la llevaron al hospital?

—No. Pero sólo fue un desmayo por el susto y el cansancio

— ¿Entonces...?

— Después de varios estudios en ella y en el bebé, determinaron que ninguno corría un peligro real. Tu hijo está bien.

— ¿Están en casa, entonces?

—No hasta donde yo sé.

— ¿Qué quieres decir? ¿No estás con ellos?

— Creí que mamá te lo había dicho pero ya veo que no. Salí de Colorado. La escuela organizó una especie de campamento de supervivencia y llevo fuera dos días fuera, y el celular de Stan está en reparación. Regreso en dos más, el domingo.

— ¿A la princesa le van a enseñar a hacer nudos y galletas?

— ¿Quién te dijo que estaba en el campamento, imbécil? Cerca de aquí hay un casino en donde dejan entrar a menores por un buen soborno. Es fácil escabullirse de aquí.

— No vayas a regresar con una infección a South Park.

— Tranquilo. Yo sí sé protegerme. Mejor cuelga y regresa al trabajo, si es que enserio haces algo productivo lo cual dudo.

— Si supieras, marica. Pero te lo agradezco, Kenny.

— Ya me besarás los pies cuando regreses. Saluda al tío de mi parte.

Aún estando tan lejos, no podía librarse de una especie de conexión con Shelly, una que formaron durante cinco meses antes de que Kevin viajara a San Francisco. Aunque ella no quisiera saber nada de él en este tiempo, eso no quitaba el que ella ya supiera todo de él. Shelly estaba al tanto de miedos, fobias y hasta alergias que ni la propia madre de Kevin sabía que tenía.

Shelly sabía quién era Kevin en realidad. O al menos en su mayor parte.

— El sabor está bien pero lo que me preocupa es la presentación. — Y en tan sólo 3 semanas, Kevin había aprendido tanto el proceso de recolección y producción de muchos de los alimentos que se consumían cotidianamente así como la relación que se tenía con otras marcas importantes. No se había percatado del momento en el que pudo entablar conversaciones de negocios con algunos de los socios de su tío sin soltar improperios, o cuando comenzó a tener más cuidado no sólo con su aspecto personal sino en su fuerza bruta, dejando de tener los raspones y moretones en cara y cuerpo que usualmente se provocaba sin saber exactamente cómo.

— ¿A qué se refiere, joven?

—Me he dado cuenta que este tipo de material se fricciona entre sí, y cuando hay muchos paquetes en los embarques que se llevan a la ciudad, pueden llegar abiertos. — Tomó dos de las empaques que contenían zanahoria y ejemplificando lo dicho anteriormente pudo demostrar cómo de abrían de las orillas. —Además, los colores que emplean en el diseño hacen que se pierda de vista el nombre de la empresa.

— Eso lo hace el chico de relaciones públicas. Viene una vez al mes.

— Le diré a mi tío que lo traiga una vez por semana. Aquí se podrá hacer un mejor producto pero debido a la imagen y presentación, la nueva empresa de hidroponía nos está pisando los talones. — Los relinches llamaron su atención. Su tío había llegado de revisar las tierras con uno de los peones a quien le entregó su caballo y le pidió que regresara a ambos equinos al establo. El joven le entregó dos paquetes nuevos a los trabajadores para que hicieran lo mismo que él hace un momento y estos comprendieran mejor que el material de empaque debía ser cambiado. Estos hicieron una tímida reverencia y corrieron a los campos, asombrados del descubrimiento del muchacho. El mayor palmeó su espalda y lo felicitó.

— Parece que ya te acoplaste al trabajo y a la gente de aquí. Te ganaste su respeto.

— Antes no habría podido. Ni siquiera tenía amigos en la escuela y ahora puedo cruzar más de dos palabras con ellos.

— Ojalá sigan trabajando así cuando no estés.

—Eso espero... ¿qué?— El mayor soltó una carcajada y del bolsillo del pantalón sacó un sobre sellado y se lo entregó al castaño. Le inquirió con la mirada que lo abriera. Este agitó un poco el contenido y rompió el papel por las esquinas tomando con las puntas de los dedos el contenido del mismo. Su mandíbula abría un poco más a medida que pasaba sus ojos por encima de lo que parecía ser un boleto.

— Esto es...

—Regresas a Colorado hoy en la noche. —Kevin no se midió en soltar expresiones de alegría y no dejar de agradecerle a su tío. — También hay unos cuantos billetes. Para el taxi de aeropuerto a casa y algunas cosas que necesites comprar ya sea para ti, tus padres o Cherry.

—Shelly, tío. Se llama Shelly. — Un nombre demasiado tierno para alguien que en definitiva no lo era. Seguía pensando en eso, y en ella, todos los días. — Pero ¿no habías dicho que hasta dentro de un mes?

— Le dije a tu padre que si todo salía bien, en un mes podrías ir a visitarlos. Pero gracias a tu ayuda hemos avanzado más rápido de lo que esperaba. Mi hacienda se puede mantener unos días sin ti. Además, confío en que los trabajadores sigan haciendo sus labores tan bien como contigo. — Claro, le había prometido su primer "adelanto de vacaciones" cuando el negocio de su familiar pudiera salida flote de nuevo. Y eso le hacía pensar que en realidad no debía empacar demasiadas cosas para el viaje que haría en 6 horas más.

— ¿Cuánto?

— ¿Cuánto qué?

— ¿Cuánto tiempo dejarás que me quede en South Park?— El mayor se cruzó de brazos y se plantó firme.

— Tres días. — Kevin lo miró incrédulo. ¿Tanto se había emocionado para estar fuera sólo tres cochinos días? Ni siendo su sobrino favorito veía una posibilidad de convencerlo que fueran al menos dos semanas, por lo que dejó esa posibilidad en un sueño antes de frustrarse.

—Cinco.

—...

—Cinco días. No más. — Una de las empleadas lo buscó anunciando la llegada del representante de su principal comprador. La siguió no sin antes girarse de nuevo al chico y chasquear los dedos algo molesto por haber sucumbido ante alguien.— No te quedes ahí. Termina tus deberes y corre a hacer tu maleta. Cuando termines búscame para decirle al chofer que te lleve al aeropuerto.

— Dijiste que viajaría en uno de tus aviones privados.

— Me quitaste las ganas...


— Que bueno que ya estés en casa. Debes estar harta del hospital. — Stuart entró a la habitación de la hija mayor de los Marsh y dejó una canasta con frutas en el tocador, apartando con su mano tantos globos de helio con figuras de animales y mensajes de "Recupérate pronto". Escuchó un gruñido a sus espaldas y lo tomó con humor. Últimamente la chica no le respondía con otra cosa que no fuera "sí", "no" o "más o menos" cuando le preguntaba acerca de su estado. — Mi esposa viene mañana a visitarte. Karen se enfermó y viajó a verla. — De nuevo un monosílabo como respuesta. Stuart reposó su espalda en la puerta de la habitación comiendo una de las manzanas de la canasta que acababa de traerle a Shelly. —Supongo que estás molesta conmigo por parecerme tanto a Kevin y recordártelo. No te culpo. Enserio.

La chica negó con sus manos algo apenada y Stuart aprovechó esto para arrojarle con delicadeza una de las peras en la canasta para que la atrapara y comiera algo.

—No es...—Comenzó mirando el fruto ahora en sus palma derecha y posando su mano sobre su vientre con la libre. —No es lo que cree.

— Yo creo que sí. — Añadió divertido. — Pero como te dije, no te preocupes. Por cierto...—Miró la hora en su celular y lo guardó enseguida. Un muy buen presentimiento le dijo que faltaba poco tiempo para que saliera de la habitación y dejara entrar a otra que seguro no tardaba en llegar. — Hoy no me has preguntado por mi hijo, como haces todos los días. — Suspiró tendidamente. — Si Kev supiera que te preocupas y nos preguntas todos los días si hemos hablado con él, se pondría a llorar peor que una niña. Aunque no hayas contestado ninguna de sus llamadas.

— El hecho de que quiera saber qué está haciendo no quiere decir que no siga encabronada con el ojete de su hijo, señor. — Hincó sus dientes en la pera y limpió los restos de su boca con pañuelo desechable encima de su buró. — Son dos cosas distintas.

— Y no lo justifico. Hasta yo apoyé su idea de que se fuera a San Francisco sin decírtelo. Y no te lo recuerdo para que te sientas mal.

— ¿Entonces?

— Es sólo que me llena de orgullo que lo haya hecho. — Si Stuart fuese unos quince años menor que Shelly, se habría sentido con la completa libertad de arrojarle la lámpara de buró justo a la cabeza. Ese no era el caso, pero por Dios que le estaba perdiendo el respeto a Stuart sólo por ese comentario.

— ¿Orgulloso de que me haya abandonado?— Su suegro, aún jactancioso pero consciente del origen de la molestia de la joven, negó con la cabeza.

— De que fue la primera vez que mi hijo pensó tanto en alguien y no en sí mismo. — La chica masculló cosas inentendibles sin quitarle el aire de padre conmovido a Stuart. — Y pensar que el cigarro y el alcohol era lo único que me hacía sentir más cerca de Kevin como padre. Tendré que buscar otra cosa en común con él.

— ¿A qué se refiere?

—Cuando Carol salió embarazada de Kev, le dejé en claro que no cambiaría ninguno de mis hábitos por ella o el bastardito que tendríamos. Era joven y quería seguir divirtiéndome. Probar mi límite con el alcohol y hasta con algunos alucinógenos. Salir con chicas más atractivas que Carol aun si ya estábamos casados. Y si me placía, buscar un trabajo sólo de medio tiempo para llevar el dinero necesario a casa y el resto del tiempo hacer lo que quisiera.

— ¿La señora McCormick aceptó?

— Por supuesto que no. Pero no fue tan necesario a fin de cuentas.

— ¿Por qué?— Sin quitar su atención del relato de su suegro, guardó su celular por debajo de su almohada ya que no había dejado de sonar desde hacía unos minutos.

— Porque parecería que todo eso lo dije de dientes para afuera. A medida que mis padres me obligaban a pasar más tiempo con mi esposa, dejé de salir a fiestas. No pasaba de tomar dos cervezas diarias, dejé las drogas por un tiempo hasta que se embarazó de Kenny, e inclusive por voluntad propia pedí que me aumentaran las horas de trabajo, obviamente para que me dieran un mayor sueldo. Días antes de que Kev naciera entendí que pasar tiempo con Carol había dejado de ser una obligación.

—Fue un cambio para bien, supongo, ¿pero eso qué tiene que ver con noso...?— La sala de la casa Marsh se llenó de expresiones de alegría y silenciándose entre los asistentes cuando sonó el timbre y dejaron ingresar a la persona que había llamado a la puerta.

— ¿Cuándo fue la última vez que viste a mi muchacho llevarse un cigarro a la boca?

— No lo sé, cuando yo estaba en mi ¿tercer mes, tal vez?

— ¿Y verlo tomar?

— No lo recuerdo. —Stuart pudo sentir y escuchar que alguien subía los escalones y se aproximaba al cuarto donde hablaban. Quitó su espalda de la puerta y se preparó para salir en cuanto esta se abriera.

— Es porque, por su propio bien y el tuyo, dejó de hacerlo. Si no fuera porque tendrá un hijo pensaría que sus cigarros electrónicos y el gusto que le agarró al agua mineral son síntomas de que es gay. Cuídense los dos. — Podía inmutarse de abrir la puerta porque alguien más lo había hecho por fuera. El jefe de la familia McCormick pasó de largo por el recién llegado aunque susurrando un "bienvenido" asegurándose de sólo fuese escuchado por el joven que pasaba a su lado. Se escuchó a Stuart gritarle a Randy por la escalera que encendiera el televisor porque el siguiente partido de la temporada estaría por comenzar.

—Ey.— El joven esperó cualquier gesto o movimiento proveniente de Shelly que pudiera más o menos considerarse una invitación para pasar a su habitación y acercársele, o al menos que no había una amenaza latente de que comenzaría a gritarle. Pero la unión que sin paciencia se formaba entre sus cejas al fruncirlas y dejarlas prácticamente como una sola línea lo dejó a raya de la entrada.

Mientras tanto, a Shelly se le removió el estómago poniendo de lado el movimiento del bebé en su interior. Sintió su cara arder y su mandíbula endurecerse y eso no le gustaba. Con los años y un poco de terapia había dejado esos síntomas de su enojo crónico hacia, bueno, todo ser vivo. Y ahora Kevin venía a arrojárselos a la cara de nuevo. Hacía al menos 5 años que había dejado de sentirse de tal manera.

— ¿Qué quieres?— ¡No lo creía! Había tardado menos en dirigirle la palabra de lo que había imaginado. Dos palabras, dos pequeños pasos que podía dar hacia adelante. Pensándolo mejor, sólo daría uno y medio.

— ¿Capullito?— Le llamó más en un intento por sondear su estrategia de primero hacerla enfurecer con el fin de hacerla hablar todavía más y después arreglárselas para revertir lo hecho. Pero lo más angustiante es que no parecía tener efecto alguno de cualquier índole en la castaña. — ¿Caramelito? ¿Generala Mojón?...Shelly...— Ni la más mínima señal de que una agresión nada tenue se cocinaba en su boca. Ya estaba. Había logrado romper a Shelly Marsh; la persona con la mecha más corta en todo el condado. — Oye...

— ¿Qué haces aquí? Es lo que quería preguntar, mejor dicho. — Otros dos pasos, si a eso podía llamársele arrastrar los pies por la alfombra.

— Vine a verte, ¿a qué más?

— ¿Casi tuve que morir para que te remordiera la conciencia y quisieras regresar? Wow, hice algo increíble. Qué buena soy. — Soltó con sorna dando otra mordida a la fruta que en ningún momento soltó. — Creo que es un poco tarde. Como puedes ver, estoy bien. Ya puedes largarte otra vez.

—Perdóname. — Eso no era la siguiente línea en su guión. Era más bien explicarle que no fue su intención y por qué lo hizo. Pero inminentemente, la culpa que sentía por el accidente en que se vio involucrado no sólo su amiga sino su hijo encresparon sus entrañas, su moral, y su latir por alguien que no fuera sí mismo. —Enserio, perdón. —El castaño se aproximó con la culpa sobre su espalda y aún con el peso de su maleta de viaje en el hombro. Shelly desvió su mirada y se apoyó en sus brazos para terminar de enderezarse y apoyarse en la cabecera.

— ¿Perdón? ¿Por qué?

— Por no haberte dicho lo del empleo en San Fr...

— Haz memoria. — Interrumpió. — Me dijiste que tenías una oferta pero que, según tú, "no te irías en mucho tiempo", "que tenías aún mucho que hacer en este jodido pueblo", y que "estarías para burlarte de mí por lo neurótica que estaría cuando naciera el niño". — Artículo exageradamente haciendo algunas comillas con sus dedos sobre lo que escupía con rencor. — Mentiste.

Kevin asintió. El hecho de que todos los días llamara para preguntar por la salud de ambos, que enviara parte de su sueldo a la cuenta de su madre para dárselo a los Marsh, y en dejarle cinco o seis mensajes de voz diariamente a Shelly para que recordara que aún a distancia trataba de estar con ella en ese momento, se volvieron un cero a la izquierda. Ya no tenían valor aparente.

— No sé cómo, y tampoco tengo intención de excusarme. En ese momento creí que sería lo mejor que podía hacer. Que lo que ganaría trabajando allá compensaría de alguna manera el no estar aquí.

— No te reclamo el que te hayas ido. Esa fue decisión tuya. —Sollozó tratando de fingir que era hipo. — Sólo el que no me lo hayas dicho que lo harías. Me subestimaste.

—No fue mi intención.

— Ya te diré yo por dónde me paso yo tu maldita intención. — Con desgane, arrojó el fruto en algún punto cualquiera del suelo y sin ánimos de mirarlo a la cara. Todavía no. — ¿No será que se te hizo más sencillo elegir esa opción porque en realidad tienes miedo de convertirte en padre?

— Lo hice más por la parte económica. Pero puede que haya algo de razón en lo que dices. — De un momento a otro, Shelly ensañó su mirada en él, inquisitiva. — Trato de ser valiente...creo que más bien soy un chico atrapado en un hombre. O al menos de una imagen de hombre que apuré a que se acrecentara. Quise, y quiero aún, ser el mejor padre que pueda desde el principio.

— ¡Yo no quiero sólo un padre para mi hijo! ¡Yo quiero un hombre!—Le empujó por el estómago causando apenas que el chico retrocediera unos pasos por el impulso. Shelly arrugó entre sus manos las sábanas a las que se atenía desde que Kevin comenzó su discurso de disculpa. Ni en vidas pasadas se creía capaz de decir lo que hace unos segundos. Pero le dolía desprenderse de una parte de su orgullo, y sobretodo si eso hacía que Kevin pensara que era otra de esas chicas que al final, por muy intimidantes que fuesen, no podían concebir la vida sin un hombre a su lado.

Ese dolor de admitir que en su realidad, comenzó a querer a Kevin. Y que requería no sólo su atención como padre, sino como posible compañero de vida. Se sentía traicionada no como madre, sino como alguien que se empieza a ilusionar porque podía ser vista como mujer, incluso a su corta edad.

—Shelly, ¿tú me...?— La maleta de viaje de Kevin cayó entrando en el campo visual de la castaña quien no dejaba de mirar al suelo de nuevo como si esperara las respuestas del universo. Sintió cómo se removía su largo cabello temblorosamente. —No quise tratarte como tonta. — El mayor reacomodaba el vendaje alrededor de la cabeza de la chica. Pero lentamente se convirtió en una excusa para dejar ahí sus manos y acariciar la parte afectada. — No se me ocurrió una mejor idea. Lo siento. — Confesó con sosiego mientras terminó por abrazar a Shelly a su pecho sin dejar de hacer tiernos masajes en su cabeza. — Lo siento. No tienes idea cuánto. —Los sollozos de Kevin no consideraron tomar un amplio camino y rápidamente se convirtieron en un llanto que daba respaldo al arrepentimiento con el que vivió esas tres semanas de sol a sol.

—Deberías sentirlo. — Shelly enrolló con delicadeza sus brazos alrededor de la espalda del mayor y cuando su mala postura se lo exigió, terminó por sentarse sobre la cama sin romper el contacto. — Mojón de mierda.

— Dime más. — La chica soltó una expresión de confusión. — Insúltame de nuevo. —Shelly no soportó las ganas de llorar soltando las primeras lágrimas en la camisa sin mangas de Kevin. Pero no aguantó el placer de cumplir su capricho. Al fin lo tenía de frente para insultarlo.

—Marica. Maldito abandona-hogares.

—Ajá...

— Remedo de mongol.

— ¿Qué más?

— Infiel precoz. Malparido. Cara de retrasado. Idiota... — Hundió su rostro en el cálido hueco entre su cuello y su mentón. Pudo sentir el tacto de su gélida mano sobre el vientre. —... Te extrañé.

—No quería hacerte falta. Es por eso que llamaba todos los días para preguntarle por ti a quien se dejara.

— Lo sé. No podía dormir en la tarde porque el condenado teléfono no dejaba de sonar.

— ¿Ahora me crees que estuve preocupado inclusive sin estar aquí?—Shelly aprovechó la cercanía para darle un golpe en la nuca. A pesar de este gesto frotó dulcemente sus manos en los brazos del chico, el cual no llevaba abrigo.

— Estás helado. — Kevin sonrió tomándola por los hombros y alejándose a penas lo necesario para poder mirarse.

—Estaba acostumbrado al calor del campo y de la hacienda. Y por eso olvidé que aquí estamos rodeados de nieve todos los días del año. Por eso no traje abrigo puesto.

—Pendejo.

—Ah, te faltaba decírmelo. — Retiró un mechó de cabello que cubría parte de los ojos de su compañera y descansó su manos en el borde del tembloroso mentón de la chica. —Por cierto, ¿cómo es eso de que me quieres como hombre?— Oh, sí. Shelly planeaba golpearle el brazo hasta que se le agangrenara y se cayera por preguntar eso. Pero eso sería otro día.

Mientras, perdió su mirada entre las demás facciones de Kevin. A lo que más se arriesgaba era a posar especial atención en sus remarcadas ojeras pero jamás chocar sus pupilas. Tampoco perdió su apacible respiración. Sólo se dejaba llevar por ese tierno rubor y la sensación de vapor en sus ojos, justo como la primera vez que estuvieron juntos en la cama.

Kevin aún sosteniendo el mentón de la chica dirigía a su gusto su rostro para que pudiera mirarlo a los ojos aunque sin lograrlo. Ignoraba cuál era el miedo real de Shelly en ese momento...si fue ella quién lo atrapó primero.

— ¿Qué...?—Por más educado que pudo llegar a ser ahora, su cuerpo lo llevó de regreso a ese toque de salvajismo que inyectaba cuando sus impulsos se salían de control. Y sus labios definitivamente rompieron las cadenas, uniendo sus labios contra los de Shelly ignorando el choque inicial entre sus dientes. Se mantuvo quieto, retándola a que diera una señal de que anhelaba en serio que él cumpliera como una especie de amante.

Cuando Shelly se prendió de uno de sus labios fue la señal que esperaba el joven.

— Victoria. — Canturreó recibiendo un golpe aún más fuerte en sus costillas pero sin perder su atención en el beso en el que manos se esmeraron en prolongar lo más que se dejara.

Su hijo tendría que perdonarla por el calambre en el estómago que acababa de dejarle caer a causa del beso.

[Mientras tanto, en la sala de la casa Marsh]

— Randy, ¿crees que se hayan arreglado los muchachos?—Cuestionó Stuart en una brecha que tuvo entre sus insultos al quarterback del equipo rival.

—Yo no he escuchado que se arrojen cosas ni a la policía. Debe ser buena señal...


— ¿Cuánto tiempo te quedarás, Kevin?— Después de mucho tiempo, ambas familias (a excepción de los hijos menores) se habían reunido para desayunar en casa de los Marsh. Carol había regresado de visitar a Karen quien para fortuna y alivio de todos sólo se trató de un resfriado. Sharon colocó la canasta con pan dulce en la mesa principal y tomó asiento a un costado de su esposo.

— Cinco días. Y eso que mi tío al inicio sólo me autorizó tres. — Dio un sorbo a su taza de café y prosiguió. — Quiero acompañar a Shelly al doctor.

— Ya te dije que la última vez que fui dijeron que estaba todo bien.

— Y yo ya te dije que yo quiero estar ahí para que a ambos nos digan que todo está bien.

— Con un demonio. — Shelly engulló un puñado de fresas de su plato y evitó escupirlas cuando sintió la mano del chico sobre su vientre sin dejar de tener una conversación con Randy.

— Es bueno ver que todo regresó a la normalidad. — Comentó el geólogo secando apresurado un par de lágrimas que apenas se albergaban en la comisura de sus ojos.

— ¡Chicos! ¡Podrían aprovechar para al fin saber el sexo del bebé! Ya es tiempo. — Propuso Sharon radiante y ganando la aceptación de los otros padres presentes. — Si ese es el caso, podemos acompañarlos...

— No se molesten. — Se apresuró el castaño a contestar mientras trataba de convencer a Shelly de que le dejara darle de comer aunque sea una vez al estilo "avioncito".

—No queremos saber hasta el día del parto. — Secundó la joven tratando de quitarle la cuchara a Kevin sin tirar el contenido en ella y ensuciarse.

— ¿¡Pero por qué!?— Espetó Carol.

— Hicimos una apuesta para ver quién se siente decepcionado primero.

— ¡Kevin!

—No lo tomes tan literal, mamá. — Replicó esquivando un pellizco de parte de su progenitora. — Es porque Shelly quiere que sea un mojoncito y yo prefiero una niña. Que sea sorpresa. Con que esté sano nos basta a los dos.

— ¿Hasta eso tienen que convertirlo en competencia?

— Es uno de los pocos encantos que tenemos en nuestra relación. — Defendió Shelly sirviéndose un poco de jugo de zanahoria. — No nos lo arruinen.— Kevin haló su brazo llamando su atención y cuando miró, tenía la manos abierta esperando a que "chocara los cinco" con él, cosa que hizo fingiendo fastidio pero siendo delatada por su sonrisa.

Era cierto; en el pueblo, su relación era la que tenía la química más extraña. O quizá la mayoría de los habitantes del pequeño South Park eran ya demasiado viejos o cuadrados para entender el funcionamiento de las relaciones modernas, y de que cosas "normales" en sus tiempos habían pasado a un plano más implícito.

—Además, no nos regañen sólo a nosotros. Mi hermano y Stan también están organizando apuestas entre sus amigos acerca de qué será. — Ambos cubrieron sus bocas con la palma de la mano descaradamente pretendiendo haber develado un secreto que no querían. — ¿Qué? ¿No les han dicho? Se me escapó.

— Ya verán esos dos cuando regresen mañana...

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Quizá tenían la idea de que la reacción de Shelly sería un tanto más "explosiva". Sin embargo, gran parte de mí desde el inicio la vio con un poco más de madurez a lo que se acostumbra en los fanfics y fanarts. Piénsenlo~ quizá ella pudo ser una olla de lava ardiente al inicio pero cuando al fin tuvo a Kevin en frente, eso pasó a segundo plano. Igual la idea de Kevin de darle el discurso infinito de por qué no le dijo del trabajo en San Francisco se fue por el retrete cuando pudo más su culpa. Si aún así lo sintieron "fuera del personaje" pues me disculpo uwu~.

Next~!