Recuerden, babies; "South Park" es propiedad de Trey Parker y Matt Stone.

Enjoy~!

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—Aquí podemos ver su cabeza. Voy a subir un poco más el volumen para que en un momento puedan escuchar el corazón. — Ambos asintieron a las indicaciones del médico mientras no perdían detalle del movimiento en el monitor frente a ellos. Era exactamente como lo habían visto en las películas; un pequeño ser humano que ahora tenía la misma cara que todos los fetos, pero que en tres meses se revelaría si el gen McCormick o el Marsh resultaba el dominante.

— ¡No me agarres de la mano!

—No te entiendo, ¿me quieres para una relación sí o no?— Se quejó sin verdadero enojo mientras alejaba sus palmas del manotazo que Shelly estaba por propinarle.

—Je, debería dejarse consentir por su marido. Es un momento importante para ambos. — Dijo inocentemente el hombre de bata mientras acercaba el monitor hacia la pareja con cuidado de no desenchufar algún cable.

— No es mi marido.

— Porque no quieres.

— ¡Cierra la boca!

— Perdón que interrumpa. — Se excusó aunque con toda la intención de parar la pequeña disputa entre la pareja. — No les pregunté, ¿quieren saber el sexo del bebé?— Ambos negaron sus brazos formando una cruz frente a ellos provocando la risa del doctor. — Ya veo. Son de esos padres modernos que quieren dejarlo como una sorpresa.

— ¿El doctor pudo entendernos pero nuestros viejos no?— Shelly se encogió de hombros ante la sorpresa del chico.

— Respeto su decisión. Muchos padres lo hacen hoy en día. Pero...— Se giró en su silla gracias a las rueditas de esta y miró quisquilloso a la pareja. — Si me permiten, ¿puedo darles una idea que hará su sorpresa aún más grande?— Ambos se miraron por el notorio cambio en la actitud del doctor, cual niño que busca cómplices para la travesura más memorial de su vida.

— ¿Saldremos heridos?— Cuestionó Kevin algo nervioso.

— Claro que no. Nadie lo hará. — Se acomodó las gafas y notó la aceptación de los chicos para que prosiguiera. — Explico; el hospital del pueblo es aún muy pequeño, por lo que las políticas de este no permiten que nadie mas que el padre esté en la sala de maternidad el día del parto. Sus familiares tendrán que esperar al otro día para visitar al recién nacido.

— Ajá...

— Evidentemente ustedes sabrán el sexo del bebé cuando nazca pero ¿cómo hacer especial el momento en que sus familiares se enteren?— Preguntó retóricamente mientras acomodaba el dispositivo en el vientre de Shelly en búsqueda del corazón del bebé. — Sencillo, yo escribo en un sobre si es niño o niña. Porque créanme, después de muchos años aún sé reconocer el género así que aunque ustedes no quieran verlo, yo terminaré enterándome. — Carraspeó y continuó. — Pongo el resultado en un sobre sellado y ustedes lo entregan a un repostero. Este, si es niño, cocinará un pequeño postre con betún de colores por dentro, como azul y verde. Y si es niña, hará uno con relleno de colores suaves como rosa y violeta. Obviamente la cobertura de arriba será de un color neutro. Mandan a hacer este pastel uno o dos días antes del parto y mientras ustedes están aquí en el hospital, su familia estará en casa llevándose su sorpresa al partir el pastel. ¿Qué dicen?

Shelly esperó a que el muchacho terminara de arrastrar en su cerebro lo dicho por el doctor para terminar de comprenderlo. Pero para ella se escuchaba como un buen plan. Algo cursi pero emocionante al fin y al cabo.

—Debo decir que se escucha algo estúpido. — Sonrió de lado y le dio una amistosa palmada al doctor. — Pero no voy a negar que me agrada la idea.

— ¡Ya entendí!— Espetó victorioso alzando su dedo índice. — ¿Enserio te parece buen plan, Shelly? Porque, a mí también me agrada, pero ¿a ti?

— ¡Dije que sí!— Repitió levantando su puño en el aire amenazándolo por segunda vez. Pero su ímpetu duró un segundo, ya que el doctor le pidió de favor que dejara de moverse tanto para ubicar el pequeño órgano del feto y que pudieran escucharlo.

—Bien, al final les daré el sobre con el género escrito. Sólo aguanten las ganas de echar un vistazo...


— Regresas mañana a San Francisco, ¿qué te falta por hacer? — Preguntó Shelly sin mucho interés saboreando el batido de fresa con chocolate que Kevin acababa de comprar para ella en un puesto local.

— No mucho. — Contestó de igual manera guardando su celular con desgane. Era el cuarto mensaje en el día en el que su tío entre líneas le recordaba que al día siguiente a primera hora debía estar de regreso en su hacienda. — Siento como si apenas llevara dos días aquí, ¿qué hemos hecho?

— Fuimos al doctor para ver al mojón, compramos una carriola y algunas prendas con los ahorros que trajiste, preguntamos por una escuela de educación temprana, idea de mi madre, por cierto...— Enfatizó y continuó. — Compramos otra pañalera, algunos juguetes, buscamos en Internet qué puedes hacer tú para ayudarme con las contracciones cuando llegue el momento... no recuerdo qué más. — Finalizó haciendo un conteo con los dedos provocando que casi derramara su batido.

— Ese niño tiene que estar agradecido. Se ha llevado todo nuestro tiempo. — Kevin apretujó entre sus manos la lata de refresco que había terminado y con una perfecta ejecución logró tirarla al cesto de basura a unos metros de ellos mientras esperaban el autobús de regreso a casa. Ciertamente, no habían hecho otra cosa mas que buscar lo que, según él, hacía falta para el pequeño. Miró de reojo a Shelly quien tenía una expresión aburrida en el rostro pero fin dejar de mostrar su gusto por la bebida que traía en la mano.

Recordó las palabras con las que perfectamente pudo dejar en claro cuál era su frustración principal cuando se vieron de nuevo.

"¡Yo no quiero sólo un padre para mi hijo! ¡Yo quiero un hombre!"

No la iba a engañar. No estaba en tiempo de declararle su amor, porque era algo que hasta la fecha no podía decirlo sin que fuera la mentira más pura nunca antes dicha. Pero tampoco pecaría de tonto negando que desde niños, Shelly llamó su atención en muchos sentidos. Que fue lo primero que concibió, por así decir, como lo más cercano a una mujer (apartando evidentemente a su madre y hermana). Y que ahora no la quería apartada de su vida, ni a ella ni a su futuro hijo. Iba a hacer todo lo posible porque su extraña "relación" funcionara. Y no sólo eso; que avanzara.

Quería ser alguien que llegara a quererla.

— Ya recordé qué más tenía que hacer. — Corroboró la hora en su reloj, las 19:43 horas, aún idóneo para no permitir que el día acabara sin que la chica pudiera sentir que esos cinco días habían sido provechosos. No esperaron el autobús que recién comenzaba a frenar para hacer parada en donde los chicos esperaban. La tomó del brazo y la llevó en dirección opuesta, la parte más visualmente atractiva del condado, albergue de los locales y tendencias más nuevas para el pueblo. Se sacó el guante y dio un vistazo rápido al dinero que aún traían en el bolsillo del pantalón. Sonrió con seguridad y siguió caminando.

— El autobús ya había llegado, ¿qué demonios haces?— Fue más evidente para ella la intención del joven cuando se posaron frente a su restaurante favorito. De precio razonable, buffet sin restricción o comida a la carta y temático de su banda favorita desde que era una adolescente; "Thousand Foot Krutch".

—Te doy la bienvenida a...— Kevin tamboreó sus dedos en la puerta del recinto a manera de redobles para amenizar la presentación. — Nuestra cita. — Abrió la puerta para dar paso a la futura madre quien no sabía de sorpresa. Por el detalle, sí, pero no tanto por las palabras del castaño. — La verdad lo pensé de improvisto pero ya estamos aquí así que...

— No había venido aquí de que me quitaron mis brackets. — La mesera se acercó a ellos para entregarles el menú pero Shelly aún estaba lo bastante conmovida como para ignorarla y seguir admirando el lugar y las cientos de fotos de los integrantes de la banda. — Mis papás nunca me trajeron pero sí vine un par de veces con mis amigas.

—Pero si aún usas brackets.

—Los estorbosos no.

— Disfrútalo entonces. — La tomó de los hombros y la guió hacia donde la mesera les indicó que tomaran asiento. Él tomó ambos menús y le entregó uno a la castaña. —Shelly...tienes mi completa atención. — Añadió mirándola con dulzura hasta que se percató de que Shelly hacía lo mismo. Parpadeó un par de veces y pasó rápidamente su vista hacia el menú asegurando que todo el menú se escuchaba atractivo.

— Debes saber que no me mediré en cuanto a lo que pida. — Amenazó cruzándose de brazos habiendo decidido lo primero que ordenaría de comer. — Después de todo, comeré por dos.

— Adelante. Pero entre más endeudado me dejes, menos tiempo tendrás para verme porque estaré trabajando 26 horas al día para saldar la deuda.

— No me amenaces.

— No lo hago, tonta.

Al cabo de unos diez minutos, la mesera llegó con sus pedidos. Nada más ni menos que delicias fritas y prácticamente todos los aderezos de la casa. Una vez entre tanto no hacía daño.

La cena no tuvo pormenores. Shelly le platicó con lujo de detalle lo que sucedió en el accidente ya sin tanta tirria ni rencor en su manera de explicarlo. Y Kevin le hablaba maravillado de su empleo en la hacienda como Inspector de Calidad, el producto natural que crecía en las tierras de su tío y lo diferente que era la vida allá, con gente humilde que no tiene miedo a quedarse horas extra si el trabajo y el bien del negocio lo amerita.

— Tu tío suena como buena persona a pesar de su gordura.

— Todos los McCormick somos geniales a nuestra manera. Inclusive Kenny, supongo. — Dio una mordida a su hamburguesa sin cuidado de lo que se desbordaba de esta y prosiguió. — Inclusive mi viejo. Me tardé varios años en reconocerlo pero nos sacó adelante como pudo.

Shelly recordó la plática que tuvo con Stuart minutos antes de que Kevin la sorprendiera con su repentina llegada. Y era cierto que había pasado tanto tiempo con el hijo mayor de los McCormick que en ningún momento se percató de algún olor a tabaco o alcohol.

—Después de esto. — Prosiguió.— Podríamos ir por algunas cervezas.— Concluyó probando un aro de cebolla sin quitarle los ojos de encima al chico para ver sus reacciones.

— No puedes tomar alcohol, mujer. — Dijo con un semblante serio.

—Pero tú sí.

— Es que no tengo ganas. Ya.

— ¿Kevin McCormick rechazando una cerveza?— Comentó divertida fingiendo asombro. — Eso no me lo esperaba.

— Ya no me sabe tan buena como antes. Creo que han sacado tantas malditas marcas que arruinaron su sabor. — Shelly asintió pretendiendo creerle. La charla quedó en paz unos minutos cuando la otra duda que quedaba no la dejó comer en paz.

— ¿Sigues fumando?

— ¿Qué te dijo mi padre?— Soltó yendo directamente al grano. El que Shelly dejara caer estrepitosamente su tenedor sobre el plato hizo seguro el hecho de que estaba yendo por el camino correcto en su intuición. — Sabía que no podía callarse las cosas.

— No sé de qué...

— Dímelo. — Shelly en un acto defensivo volvió a tomar su tenedor tratando de encajarlo sólo una vez en la mano de su acompañante. Dejó su acto fallido de lado y sintiéndose acorralada no tuvo más opción que confesar.

— Me dijo que desde hace un tiempo ya no haces esas cosas. Me refiero a...

— Sí, sí, a eso.

— No me dijo exactamente por qué. — Frenó a la mesera que pasaba a un lado de la mesa para pedirle otra limonada y continuó.— Aunque me contó una historia algo extraña de cuando tu mamá estaba embarazada de ti y de cómo cambió por su familia y blah blah blah. — Finalizó limpiando su boca con la servilleta.

— Dejé de fumar porque no lo creí correcto en tu estado. No le hacía bien a ninguno de los dos. — Esperó para señalarla a ella y a su abultado vientre. — Con el tiempo dejé de tener ganas, y también me di cuenta de lo mucho que ahorraba si no compraba cigarros. Aunque también hace un tiempo que quería dejar de fumar. Lo mismo con el alcohol.

— Uh, ¿gracias?— Por Jesús, que apagaran las luces del lugar al menos cinco segundos. O que comenzara un concurso de a ver quién mantenía su cabeza dentro de una caja de cartón por más tiempo. ¿Cuándo es que llegó a su vida una persona tan considerada con ella? Se sentía como el primer hombre que pisó la luna. Que se atrevió a dar paso en tierras inexploradas. ¿Ahora tenía que aprender a recibir ese tipo de cumplidos y preocupaciones? ¿Cómo se respondía a eso? ¿En qué idioma?

Sonrió y le dio una patada juguetona por debajo de la mesa.

—¡Ouch!

— No sé en qué me beneficie pero gracias. Es un gesto muy lindo, aún para ti.

—No me hagas arrepentirme. Después de todo fue por el alcohol que eso...— Enfatizó mirando la barriga de la chica. — fue concebido.

Recordaba claramente cuando todo empezó. Aún con el efecto del alcohol ahogándolos a manos tuvo una oportunidad dentro de su recóndita conciencia que la frenó y le preguntó si estaba segura de proseguir. No es que no hubiesen escuchado a aquella vocecilla tratando de impedir que entregaran su primera vez en un arranque. Dentro de todo, la escucharon.

Es sólo que le dijoron que no molestara.

Y ahora Shelly tenía el pedal hasta el fondo en esa hecatombe de experiencias nuevas. De situaciones que quería vivir con Kevin y con nadie más. Shelly podía ser un puñado de palabras molestas, pero sólo él llegaba a ser, cómo decirlo, la música en que se acomodaban y hacían ver a la chica como una persona normal, y no como el monstruo en que se vio desde su infancia.

Ella quería ser alguien que perdiera el miedo a entregarle su confianza al indicado…


— ¿Llevas todo?

— No llevo el refrigerador de mi casa ¿a eso te refieres?

— No seas tonto. — Shelly miró por la ventana de su habitación. De nuevo estaba nevando en South Park pero sinceramente ese pasatiempo de pasar horas mirándola la nieve caer nunca había llegado a aburrirle. Sostuvo su celular y logró escuchar el altavoz que les pedían a los pasajeros comenzar a abordar. — No sé por qué insististe en que no fuera a despedirte al aeropuerto.

— Porque tenía que estar aquí muy temprano. ¿Para qué te iba a despertar?— Kevin cubrió su cara con su mano. Era imposible tragarse de nuevo esas encantadoras frases que escapaban sin intención. — Además, tendrías que regresar a tu casa en taxi. Y no confío en los conductores de aquí, ¿y si alguno te secuestraba y no volvía a verlos? ni pensarlo.

— Vete ya. Perderás el avión.

— Apenas es la primera llamada. Tengo tiempo. — Ambos rieron, sin embargo, Shelly no pasó por alto el tartamudeo del otro lado de la bocina. — Perdona. — Si disculpó adelantándose a que la chica se había dado cuenta de su tono de voz.— Estoy algo nervioso.

— ¿De qué, mojón?

— De dejarlos de nuevo. — Confesó observando cómo las demás familias se despedían de sus seres queridos y comenzaban a abordar el avión.

— Estaremos bien. Tengo a ambas familias encima de mí todo el tiempo.

— Si está bien, entonces no me montes una escenita de rabia cuando regrese en tres meses.

— ¡Lo haré si me vuelves a mentir!

— Prometo que no. — Ambos quedaron en silencio por varios segundos hasta que Kevin dejó escapar una risa lo bastante falsa para ser notoria. — Je, ¿este es el momento en donde digo "regresaré pronto por ti, amada mía"? Porque si es así, espera sentada.

— Sabes que no espero eso. — Su cara se tornó roja y caliente al recordar que prácticamente le había confesado a Kevin que había comenzado a sentir algo más fuerte por él y que no había paso atrás. — ¡Y no juegues con eso!

— Capullito...sabes que no puedo decir algo tan ridículo como "te amo" ¿verdad?

— No gracias. Se escucha bastante extraño. — Confesó tranquila mientras le enseñó el dedo de en medio a Butters quien pasaba montado en su bicicleta por afuera de su ventana y aprovechó el paseo para saludarla.

— Pero sí me gustas. Es algo que no te dije. — Se acomodó su maleta de viaje y se levantó de su asiento estirando las piernas y avanzando hacia la fila de abordaje. Shelly boqueó intentando recuperar la compostura. Si tan sólo Kevin la estuviera viendo en ese momento sería uno de los momentos más vergonzosos de su vida. — Lo suficiente para no perderte el interés y ¿quién sabe? capaz y al final me atrapas, capullito. — Añadió divertido mientras la pareja de anciano de adelante comentaban conmovidos las palabras de Kevin alternando su mirada entre ellos y el joven quien aún hablaba por teléfono.

— ¿Qué tan sinvergüenza eres como para decir eso tan natural?

— Sería más difícil confesarte esto si estuviera mintiendo, Shelly-Belly~. — Cuando faltaban cuatro personas para checar su boleto, lo sacó del bolsillo de su chaqueta. — Tengo que colgar. Te veré en tres meses. — Con un tenue "adiós", terminaron la llamada. El timbre de la casa Marsh sonó. Eran dos de sus amigas quienes la visitaron después de no verla desde su accidente. El primer tema de conversación entre las chicas fue por qué el repentino semblante de felicidad en el rostro de Shelly. Y es que sin haberlo planeado, eso había logrado el chico.

Kevin apagó su celular y buscó su asiento dentro del avión. Miró que a un lado suyo, había una pareja de recién casados que harían escala en San Francisco para su luna de miel (o al menos eso era lo que conversaban animadamente). Su vida estaba por dar el cambio más radical en tan sólo tres meses. Había muchas cosas que quería hacer, y momentos en qué estar.

Y había uno más que no planeó cuando se bajó del avión hace cinco días...

Quería llegar a ese punto, quería ser esa persona que en el futuro pudiera ver a Shelly y pedirle matrimonio…


— ¿¡Dónde está Kevin!?

— Fue a encender la camioneta, cariño. Tu papá se la prestó para ir al hospital. — Aclamó Sharon en un intento por calmar los gritos de dolor de Shelly. E inclusive en momentos se sentaba a su lado en un intento por sincronizar sus respiraciones y disipar un momento su mente de las contracciones.

Habían pasado los tres meses y ahora ambas familias se preparaban para darle la bienvenida al primero nieto. Había que decir que Shelly también reconocía la gran cantidad de dinero que Kevin había ganado en ese tiempo. Pasado el parto tenía intenciones de regresar por un tiempo más y en cuanto tuviera suficiente solvencia económica reservada para algunos años volvería a South Park. Y además, no pasó mucho tiempo para que el primogénito de los McCormick le tomara cierto cariño a su trabajo. Por primera vez, y después del basquetbol, era algo que le apasionaba en la vida. Aprender él en un contexto fuera del que creció y ayudar a los trabajadores a entender cómo eran las cosas en la ciudad.

La fortuna les había sonreído y, sin algún contratiempo, había llegado a South Park el día anterior a la fecha programada del parto.

— ¡La pañalera ya está en la camioneta!— Espetó Stuart al filo de la entrada.

— ¡Tiene el tanque lleno de gasolina! Llegarán sin problemas. — Añadió Randy apoyándose en Stuart, agotado del ajetreo de las cosas que faltaban conseguir para irse de una vez al hospital.

— ¡Hijo, vete ya! — Le ordenaron al unísono fijando de nuevo su atención en el chico. — ¡Se les hará tarde!

— ¿No se les olvida algo?— Saltó incrédula Sharon ante la momentánea ignorancia de ambos hombres.

— ¿Como qué?

— ¿Como yo, por ejemplo?— Shelly levantó la mano con una expresión igual o más molesta que la de su madre, sus gritos de dolor se acrecentaron cuando ambos hombres la ayudaron a ponerse de pie y llevarla a la camioneta. Antes de cerrar la puerta del vehículo, Sharon tomó entre sus manos el rostro de su hija y depositó un beso en la frente de esta, llena de orgullo de que su hija mayor estuviera a unas horas de pasar la vida a otro ser. Shelly sonrió cohibida y cuando Carol terminó de dar su bendición a su primogénito, los jóvenes se despidieron de sus familias emprendiendo su camino al hospital.

— ¡No manejes como bestia, Kev!— Fue lo último que espetó Stuart cuando los tres decidieron entrar de nuevo al hogar de los Marsh. Carol regresó al interior de la casa terminando de ayudarle con la tarea a Karen quien estaba de visita para conocer a su sobrino, mientras que Stan y Kenny no se movieron del sillón con toda su atención puesta en una de las películas de "Indiana Jones" a más de la mitad del volumen debido a los recurrentes gritos que hubo por el alboroto.

— Chicos, no están emocionados ¡serán tíos!— Les cuestionó la esposa de Stuart Se limitaron a levantar sus brazos y en agitar sus muñecas exclamando un apenas audible "hurra".

— Hagan algo bueno y vayan por el pastel del que Shelly habló. — Ordenó Randy plantándose frente al televisor y entregándole la factura de compra a Stan. Este rodó los ojos y haló del brazo a Kenny para que lo acompañara quien se negaba a levantarse del sofá. Cabe mencionar que Randy aún le tenía algo de rencor a su hijo menor porque seguía convencido que en parte fue su culpa el accidente de Shelly por orillarlos a decirle la verdad. Sin embargo, ese sentimiento de inquietud se disipaba poco a poco cuando Sharon le repetía que, como adultos, fue su responsabilidad no subestimar a su hija y dejar los problemas de pareja, ahí, en pareja. Y que Stan no había tenido la culpa de ninguna de las decisiones que el calor del momento les llevó tanto a Shelly como a Kevin y a ellos mismos a tomar.

Stan tomó su llavero de delfín y le pidió a Kenny que cerrara la puerta tras de ellos. Para piedad de la flojera que se cargaban por ser sábado, la pastelería quedaba a siete minutos caminando.

— Están haciendo mucho escándalo por esto. — Bufó Kenny con las manos en los bolsillos. Su amigo le dio la razón leyendo el total del costo del pastel y asegurándose de llevar suficiente dinero.

— Estoy feliz por nuestros hermanos pero los adultos hacen mucho ruido. — Esperaron a que diera el siga y prosiguieron su camino a la pastelería. — Inclusive sentí lástima por mi hermana. La atiborraban de información a la pobre. — Kenny miró de reojo a su amigo y sonrió.

— Hay que prometer que no tendremos hijos. Jamás. — El rubio puso su meñique frente al pelinegro, quien alzó una ceja.

— No estoy seguro...pero está bien. — Stan unió su meñique al de su amigo, sellando la promesa de unos adolescentes que no entendían estas cosas tan "complejas". Ingresaron al hogareño local y se acercaron al mostrador en donde los atendió un cordial hombre mayor con un delantal puesto.

— Hola. — Stan se estiró y le entregó la factura al señor. — Venimos a recoger ese encargo.

— Oh, el del bebé. — Ambos asintieron mientras Kenny no le quitaba la mirada a un pastelito de mousse de chocolate y se relamía los labios condenando al vidrio que los separaba. El amable dueño no tardó en traer el pastel para apenas unas doce personas con cobertura de fondant blanco y algunas perlas de azúcar color dorado. — Sólo déjenme buscar un domo adecuado para que se lo lleven sin problema.

— Gracias. — Asintió con simpatía. Se giró a Kenny quien no dejaba de recitar odas a todos los postres frente a él.

— Si fuera legal me casaría con todos ellos.

— El problema es que ni es legal, ni es sano para tu cerebro. Deja de mirarlos. — Pero el rubio se opuso a obedecerlo. Stan comenzó a halarlo por el cuello de su playera en un intento para que al menos se enderezara. — Entre más los veas, más se te antojarán.

— ¡Los quiero!

— Además tienes que ayudarme con el pastel. — En el forcejeo, Kenny al fin logró quitarles la vista, pero el brusco movimiento hizo que no tuviera control de la parte de arriba del cuerpo, dando un ligero rozón al pastel que llevarían a casa y moviendo un poco de la cobertura de fondant. Stan soltó un gritillo asustado. — ¡Rápido! ¡Cúbrelo como estaba!— El inmortal no objetó pero antes de mover sus dedos para tratar promediamente de arreglar el pastel se quedó mirando fijamente el relleno de este.

— ¡Stan! ¡Mira los colores!— Mandó las ganas de querer guardar la sorpresa para sí mismo al carajo y se acercó a su amigo. Ambos miraron asombrados alternando su mirada al pastel y entre ellos. Kenny gritó de alegría, y terminando de cubrir su "crimen" en el pastel comenzó a dar saltos en su lugar. No obstante, debido al calor del momento, no tuvo pudor en tomar a Stan por la nuca y plantarle un sonoro beso ante la sorpresa de los demás comensales y del dueño que acababa de llegar con el domo y comenzaba a guardar el pastel.

— ¡Kenny!— El pelinegro posó sus dedos en la comisura de sus labios que aún se sentían tibios por el gesto de su amigo. — ¡Qué mierda!

— ¡No pude evitarlo!— Se defendió en medio de su euforia debido a ser el primero en la familia de enterarse del resultado. — ¡Con esta apuesta gané suficiente dinero para apartar el nuevo videojuego de "Punch Squad"!

— Ejem. — El amable dueño llamó su atención para entregarles su pedido que ya estaba en vuelto en inclusive adornado con un moño dorado en la tapa. — Su cambio, chicos. — Les entregó algunos billetes de bajo valor y les estiraba el pastel del otro lado. Pero la expresión sugerente y coqueta en el rostro permaneció después de presenciar la escena de ambos jovencitos.

Stan tomó el dinero agradeciéndole de nuevo y avergonzado por la fila de gente formada detrás de ellos, y más que enojados por seguir esperando, asombrados por la situación. El pelinegro intentó cubrir sus ojos con su gorro halándolo hacia abajo.

—Y-yo me llevo el pastel, amigo. — Se apresuró el rubio pidiendo permiso a la gente para pasar.

— Por supuesto que lo llevarás tú. Faltaba más. — Espetó el chico avanzando a zancadas. Ya no podía llamar más la atención que con el gesto "amigable" de Kenny. El rubio no tardó en acomodarse a su lado y abrir la puerta del local. Aprovechando que se veía venir la incomodidad durante un par de días entre él y Stan, aprovecho para terminar de cagarla. Aún cuando la puerta de cristal ya había cerrado, pudo ser escuchado por los comensales y el dueño lo que parecía un golpe con la mano y un par de gritos más de la discusión de los adolescentes.

— ¿¡Y esa nalgada qué fue!? ¿¡Parte también de tu emoción!?

— ¡Te acabo dar un beso! Una nalgada no es para tanto, Stany~...


— Llegaron rápido, muchachos. — Exclamaba Carol limpiando los residuos de colores al terminar de ayudar a su hija menor con la tarea. Kenny se limpió los pies en la entrada y le entregó el paquete a su madre. Al entrar a la sala vio a Stan quien se había acomodado rápidamente en esquina del sillón cambiando los canales de televisión sin decidir por uno, y se mantenía con los brazos cruzados. El rubio hizo un puchero y accedió a ayudar a Sharon a llevar los platos de cristal a la mesa.

— Descarado. — Aún con lo sucedido, Kenny seguía en su nube de algodón y dinero pensando en que pronto tendría su ansiado videojuego, y satisfecho de que sólo ellos supieran el sexo de su sobrinito por ahora. — ¿Cómo puede ir y venir así sin más?— Teniendo la mesa lista y a pocos instantes de partir el ansiado pastel, todos fueron llamados a aproximarse.

— ¡Yo quiero partirlo!— Alzó la mano Karen y sin objeción alguna tomó el cuchillo esperando a que los adultos prepararan las cámaras para tan memorable escena. Probando su paciencia, Kenny se colocó al costado derecho de Stan y este lo miró de reojo. — ¡Aquí voy!— Los flashes y cámaras estaban más que listos encima del delicioso postre al centro de la mesa. Tanto que al momento en que el cuchillo atravesó el pastel (y sin que se dieran cuenta de que la esquina estaba algo sobrepuesta) los mayores no tuvieron cupo en su atención para notar el aullido de Kenny cuando Stan le propinó una nalgada cuatro veces más fuerte que la que él recibió.

— ¡Q-qué alegría!— Gritó camuflageando de alguna manera su expresión de dolor con el momento que todos esperaron durante nueve meses. Se giró a Stan buscando alguna explicación, pero este sonrió mostrando su perfecta dentadura. Kenny lo imitó y colocó sus brazos detrás de su cabeza a manera de soporte.

— Es...

— Sí, Sharon...— No era necesario terminar de cortar el trozo de pastel, si al sacar el cuchillo era perfectamente visible el betún de colores rosa y morado...


— Es una saludable niña, muchachos. — Indicó la enfermera acercándole a la recién nacida a Kevin quien ya traía las tijeras en mano para cortar el cordón umbilical. El aire era festivo aún con los llantos de la bebé y de Shelly entremezclados. Limpiaron los residuos lo más rápido posible y terminando de anotar el peso y estatura, acomodaron a la pequeña en el pecho de la castaña. Nisiquiera Kevin tenía una noción de cuánto acercarse a ambas, sin soltar la cámara. Sentía que era tan frágil que podía dañarla con apenas mirarla.

— Shelly. — La miró y revolvió su cabello apartándole unas gotas de sudor de la frente. — Lo hiciste bien. — Entrelazó su dedo índice con el meñique de la pequeña sorprendiéndole por el acto de aprensión. — Pero yo gané. Es niña.

— Puedo ordenar que te saquen de aquí si sigues con tus estupideces. — Cargar a un ser humano que unos segundos atrás salió de ti no se asimilaba en momento. Y eso hacía que su corcho de emociones como el dolor, la ansiedad, el nerviosismo y un extraño sentimiento de ternura fuera saliendo, abriéndole los ojos de que de ahora en adelante podrían hacerse llamar "padres".

— Tiene que felicitar a su pareja. Le encajó las uñas durante dos horas y nunca escuché un quejido de él. — Añadió la doctora mientras arremangaba la bata del chico mostrando lo rojizo y los rasguños en el brazo izquierdo. El mayor ondeo su cabello orgulloso y comenzó a tomar fotografías de la pequeña, una selfie de los tres, y después una grupal con los doctores que participaron en el parto.

La pequeña había decidido nacer lo suficientemente tarde como para recibir visitas, tal y como lo había indicado el doctor en el ultrasonido. Miró a Shelly conmovido cuando escuchó a la enfermera anunciar la hora del parto. Shelly ya era tan parte de él, que inclusive la bebé había decidió nacer a las 19:43 horas; tiempo que dio comienzo a la primera y única cita que tuvieron en el restaurante preferido de la Marsh.

Comenzaba su vida como verdadero padre, y eso era lo que anhelaba ser...


— ¿Y ya decidieron el nombre que tendrá? — Ni bien dieron las ocho de la mañana, el cuarto 412 del "Hospital Paso Al Infierno" se llenó del olor a flores que Shelly tanto detestaba y estorbosos globos de helio con figuras de animales que no se llevaba con el estilo de ninguno de los ahora padres.

Kevin miró a la chica invitándola a informarles lo que querían saber mientras los señores McCormick seguían cargando a la recién nacida.

— Al principio pensamos llamarla como yo para no meternos en tantos problemas pero después comenzamos a buscar algunas opciones como "Dawn", "Terra" o "Blaire". — Hizo pausa en lo que Stuart pasaba a la bebé en brazos de Karen con ayuda de Kenny y asegurándose que lo hiciera de forma adecuada. — Aunque ninguno nos convenció del todo.

— La señora Marsh nos sugirió alguna vez llamarla "Kelly" si era niña.

— ¿Por qué? — Preguntó Randy sacándole la veinteava foto a su nieta.

— Porque, según mamá, combinaba ambos nombres, Kevin y Shelly. — Los mayores suspiraron enternecidos mientras felicitaban a Sharon por tan espléndida idea. — Pero desechamos la idea de inmediato porque se nos hacía ridícula y pendeja.

— ¡Hija! — Le reprendió la de cabello corto provocando gracia en Kevin y poniéndose de pie de un lado de la camilla de la chica para destensar sus piernas.

— ¿Y al final en qué quedaron?— La chica posó su mirada en Stan, quien se encontraba hasta el fondo de la habitación a punto de tomar un racimo de uvas verdes, las cuales escondió en su espalda cuando fue descubierto.

— Odio decirlo, pero en parte fue gracias al cabrón de allá. — El pelinegro señaló a sí mismo y la castaña asintió. — El día que regresaron de su jodido campamento y se puso a ver sus caricaturas, escuchamos un nombre que a ambos nos agradó, y al menos no se oye como seudónimo de prostituta. — Shelly dio un codazo al castaño y aclaró su garganta.

—Entonces...— Se frotó las mano y continuó. — Les presentamos a … Lynn McCormick Marsh.

— ¡Jajajaja! ¿Ves esa tontería de "The Loud House", Stan?— Carcajeó Kenny aunque su gusto no duró mucho al recibir una uva lanzada a su frente de parte de Stan.

— Lynn. — Repitió un par de veces Sharon acariciando la coronilla de la recién nacida que ahora dormía. — Suena maravilloso, cariño.

— ¿Y si hubiera sido niño? — Mencionó Carol con curiosidad. Los jóvenes intercambiaron miradas y Shelly no pudo evitar una sonrisa un tanto nostálgica y un suspiro pesado. Kevin colocó su mano encima de su espalda y habló.

— Sólo pensamos en un nombre de niño...— Levantó la mirada hacia todos los integrantes de la familia y prosiguió. — Larry.

— Oh, pues...— Randy se removió incómodo en su lugar. — Habría sido un lindo nombre.

Kevin, Shelly, era el momento de que ahora sí sin excusas ni prórrogas le mostraran así mismos y después a los demás lo que eran capaces de hacer y de ser. Sólo necesitaban una "probada" de lo que eran.

Todos queremos ser alguien, sin embargo nos place llegar a lo que queremos sin hacer mucho esfuerzo o sin ir hacia adelante. Eso no llega a cambios los suficientemente drásticos para ser notados y evaluar si vamos por buen camino.

Y ellos, juntos o separados, serían la mejor familia para Lynn.

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Ok~ ok~ enserio~ los que me conocen saben que llevo una bandera de apoyo al "Style" en mi corazón...pero no pude evitar imaginarme una especie de relación entre Stan & Kenny. Por una escena pequeñita no se muere nadie de decepción XD

¿Qué puedo decir? Me declaro culpable de ser fan de "The Loud House" -3- si no lo han visto, búsquenlo ¡ahora! El nombre de la bebita se me hizo lindo, creo que contiene de ambos "ShelLY" & "KevIN", ustedes entienden~.

Claro que "Larry" fue referencia al episodio de los musicales de Broadway. Habría sido un gran chico :c