NA: Me tardé un poco el continuar porque andaba de vacaciones. También gracias por sus comentarios, eso me animo a apurarme y continuar con este capítulo. Espero lo disfruten.
CAPITULO 3
Mañana será otro día
Bertholt regresó a la taberna, pero la mayoría de sus compañeros ya se habían ido. Buscó a Reiner entre los que quedaban. Y efectivamente él seguía ahí, no parecía que hubiera bebido demasiado, más bien detenía una pelea entre dos compañeros que habían olvidado que al día siguiente había entrenamiento normal y beber de más era una mala idea. Reiner se percató de la presencia de su amigo.
- Justo a tiempo ¿A dónde te metiste, Bertholt? – le preguntó – ayúdame con estos dos.
Bertholt agarró a uno de los dos revoltosos por la espalda inmovilizando sus brazos. Este se quejó y pataleo pero Berholt lo levantó del suelo con facilidad y lo sacó de la taberna. Reiner salió tras él con el otro compañero agarrado por el cuello.
- Cálmate por favor, Evan – le pidió Bertholt, pero Evan seguía tratando de moverse y zafarse pero era inútil.
- Suéltame, voy a terminar de ajustar cuentas aquí y ahora con este mierda.
- ¿A quién llamas mierda? ¡Pedazo de mierda! – le respondió Jay, el compañero a quien Reiner detenía.
De pronto con un movimiento brusco Jay logró soltarse y corrió hacia Evan con la firme intención de golpearlo aprovechando que Bertholt lo tenía inmovilizado. Pero Berthotl no estaba de humor para seguir lidiando con esto. Cuando Jay estuvo lo suficientemente cerca Bertholt arrojó a Evan al suelo y detuvo el golpe de Jay, luego lo sujetó de la camisa y lo levantó.
- Es suficiente – le dijo Bertholt. Se veía realmente molesto – no estoy de humor para lidiar con ustedes.
Bertholt agarró con más fuerza a Jay haciendo que le costara respirar. Jay no estaba seguro de cómo reaccionar. Bertholt normalmente era una persona tranquila pero parecía hablar muy en serio con eso de darles una paliza. Evan se levantó. Se quedó en donde estaba, sorprendido también.
- Vale, ya déjalo, Bertholt – le dijo Evan – no vamos a pelear.
- ¿Por qué no? – respondió Bertholt – Estaba muy seguros hace un momento. Me vendría bien golpear a alguien.
- ¡Berthotl! – Reiner se había acercado a su amigo y lo tomó del hombro - ¿Qué te sucede? ¡Suéltalo, ya!
Bertholt tardó un momento en reaccionar. Soltó a Jay quien tosió para recuperar el aliento.
- Lárguense, ya – les dijo Reiner a sus compañeros.
Evan ayudó a Jay a levantarse. Ambos se fueron.
Bertholt no se movía, solo miraba el suelo.
- ¿Estás bien? – Preguntó Reiner.
Bertholt se encogió de hombros. No estaba seguro de como contarle lo sucedido a su amigo. Le avergonzaba un poco contarle pero tal vez su mejor amigo tendría las palabras adecuadas para hacerlo sentir mejor
- Vamos a mi casa ¿Te parece? – sugirió Reiner.
Durante el camino Reiner intentaba animar a mi amigo, le preguntaba qué sucedía pero no obtenía respuesta, Bertholt parecía sumido en sus pensamientos y la voz de Reiner parecía lejana e ininteligible, además sentía una opresión en el pecho que no se iba, era desesperante. ¿Ahora qué? Miles de ideas daban vueltas por su cabeza.
Llegaron a casa de Reiner pero Bertholt no quiso entrar solo se sentaron en el pórtico aún en silencio. Bertholt se limitada a mirar su pies y Reiner se había cansado de preguntar qué sucedía sin obtener respuesta. No es que a Reiner le molestara que su amigo estuviera ahí pero había tenido un día cansado, había bebido un poco de más, necesitaba dormir, pero su amigo se veía tan preocupado que le daba lástima correrlo de la casa.
- ¿vas a decirme qué te pasa? - insistió Reiner una vez más – Si no quieres hablar ahora, tal vez mañana sea mejor.
Berthold temía que si empezaba a hablar terminaría llorando. No estaba seguro de cómo contarle lo sucedido, se supone que debería tenerle la suficiente confianza ¿no? Se preguntó cómo podían ser amigos siendo los dos tan opuestos.
Reiner se levantó y se estiró decidido a despedir a su amigo y entrar a casa.
- Mañana estarás mejor después de dormir un poco.
- Lo eché a perder – dijo finalmente Bertholt.
- ¿Lo echaste a perder? ¿Qué echaste a perder? – Reiner se volvió a sentar junto a su amigo.
- Annie…
- Ah, vaya - dijo Reiner mientras se frotaba la frente – debí imaginarlo ¿Todavía no te atreves a confesar lo que sientes?
- Lo hice – dijo Bertholt
- ¿De verdad? ¡Bien por ti, amigo! – dijo Reiner dándole una palmada en la espalda – Ahora que me decida por una chica de las que me persiguen tendremos una cita doble. ¿Y qué tal amigo? ¿Ya llegaste a segunda base?
Bertholdt miró a Reiner y sus ojos se humedecieron, pero se resistió a llorar. Reiner quedó confundido ¿Qué? ¿Había dicho algo malo? ¿Qué debía hacer? ¿Lo abrazaba? No, claro que no. Qué situación tan incómoda. Reiner pensó un momento, claro, era obvio lo que había pasado.
- Te rechazó.
Bertholdt asintió.
- Esa ingrata. Después de lo que hiciste por ella… no te preocupes, yo hablaré con ella le voy a contar todo lo que pasaste para….
- No – lo interrumpió Bertholdt – No quiero que me corresponda por compromiso.
- ¿Qué estás diciendo? ¡Esa es tu mejor carta! Porque sin eso, para ser honesto, amigo – dijo Reiner – No me sorprende que te hayan rechazado, parecerías más su perrito amaestrado que una pareja.
Bertholdt lo miró confundido porque esperaba encontrar más apoyo en su amigo pero sabía que tenía razón. Que iluso de su parte pensar que ella le iba a hacer caso, un tonto como él, tímido y dependiente de los demás estar con una chica fría y distante como ella no podía terminar bien. ¿Por qué siquiera se fijaba en ella? Aunque algunos no estuvieran de acuerdo para él ella era hermosa, con su cabello rubio y sus ojos azules, su pequeña estatura que la hacía ver tan indefensa aunque para nada lo fuera. Hubiera sido mejor no haberle dicho nada. Bertholdt recordó aquel momento, cuando la había rescatado.
No sabía si ella lo recordaba o no, pero él no podía sacar ese momento de su mente. Annie en sus brazos, abriendo sus ojos cuando al fin pudo sacarla de aquel cristal, ella lo miró por varios segundos y le sonrió levemente antes de quedar inconsciente otra vez. Fue una sonrisa honesta, agradecida y cálida. Después de eso cuando regresaron a su pueblo natal ella se había portado más amable con él, incluso amigable por eso se atrevió a confesar sus sentimientos ¡Pero había fracasado! Y ya no volvería a ver esa sonrisa en su rostro. Sabía que dentro de esa manera fría de ser Annie era una persona amable. No la culpaba de ser como era, lo hacía para protegerse y de alguna forma él hacía lo mismo, solo que en vez de aislarse había cedido su voluntad a los demás, de esa forma él ya no era responsable de nada. Se podía lavar las manos si algo salía mal. Qué patético. ¡Patético! Bertholdt golpeó su frente con la palma de su mano. ¡Qué bueno que lo habían rechazado, se lo merecía!
- ¡Ey! – exclamó Reiner sacándolo de sus pensamientos – Escucha, no es el fin. Hay otras chicas lindas que estarían felices de salir contigo. Mañana te presento alguna si quieres.
Bertholt negó con la cabeza. Reiner pensó por un momento. Se rascó la cabeza pensando ¿Por qué tanto interés por Annie? Ella era más o menos guapa pero había otras mejores en el pueblo. ¿Sería por toda la historia que compartían juntos?
- En ese caso – dijo Reiner finalmente - No tienes porqué rendirte. Tal vez no les gustes ahora como tú esperas pero claramente está en deuda contigo así que tienes derecho a pedirle una cita, y esa será la oportunidad de demostrarle que no eres el tonto de siempre.
- Pero si soy el tonto de siempre – respondió su amigo.
- ¡El tonto de siempre no habría asustado a Evan y Jay! – exclamó Reiner – No es un caso perdido.
Bertholt de pronto recordó lo que ella le había dicho "Eres la última persona que podría hacerme feliz" esas palabras realmente lo habían herido.
- Es un caso perdido.
- No digas tonterías, mira mañana le dices…
- No – lo interrumpió aquel alto muchacho – no.
De pronto Bertholt se sintió enojado y frustrado otra vez, quizá Reiner tenía razón, él casi se había matado por rescatarla ¿y así le pagaba? ¿Con rechazo? Tenía otras chicas detrás de él ahora que se habían convertido en una especie de héroes en su pueblo natal, y ellas se morirían por estar con él, así, todo patético como era. No, como el gran héroe que era, y él todavía fijándose en esa tonta. Bertholdt sacudió la cabeza. No ¿en qué estaba pensando? No era culpa de Annie era culpa de él, nunca debió haber abierto la boca, tal vez incluso había arruinado la pequeña amistad que había logrado construir con Annie, pero después de esto no estaba seguro de seguir queriendo su amistad, verla ahora solo sería doloroso.
A Reiner se le habían acabado los consejos. Ya no sabía que decirle. Así que solo golpeó a su amigo en la espalda y lo tiró al suelo sacándolo de sus pensamientos.
- Mañana pensaremos en algo, no hay que tomar decisiones cuando se está enojado, necesitas descansar y yo también.
Bertholt asintió. Tal vez mañana tendría otra perspectiva pero indudablemente él no podría olvidar lo que habían dicho esa noche.
XXX
Annie llegó a su casa, no pensaba en nada en especial, no quería pensar en nada en especial, en nada que no fuera necesario. Su padre estaba esperándola.
- Llegas tarde – le dijo.
- Lo siento, estuve un poco ocupada.
Tenía que decirle a su padre que había sido enviada a trabajar a los almacenes como castigo por su impuntualidad, no podía mentirle porque tarde o temprano se enteraría. Annie buscó las palabras adecuadas. Entonces su padre señaló una carta que estaba en la mesa.
- Llegó hace un momento- El señor Leonhart la agarró y se la dio a su hija para que la leyera
En la carta explicaba que desde el día siguiente durante 3 meses debía reportarse en el almacén número 3 como medida disciplinaria por incumplimiento a sus obligaciones militares.
- ¿Me puedes explicar qué es esto?
Annie solo desvió la mirada.
Su padre se acercó a ella de manera repentina. Annie se asustó, retrocedió un paso y cerró los ojos. Su padre puso sus manos sobre los hombros de ella.
- Debes tomarte en serio el ser parte del escuadrón de guerreros – le dijo - Este castigo ha sido más suave de lo que pudo ser. Puede ser peor la próxima vez.
Annie abrió los ojos y miró a su padre, se notaba una clara preocupación por ella.
- Ya no eres una niña y tomas tus propias decisiones. Cumple con esta sanción, regresa a tu servicio normal y ya no des problemas.
Dicho esto el señor Leonhardt se retiró a su habitación y cerró la puerta. Annie suspiró aliviada, aunque su padre había cambiado y era más comprensivo aun le causaba cierto temor. No podía borrar tantos recuerdos de su dura infancia tan fácilmente.
Miro a su alrededor, todo estaba quieto y en silencio. Puso agua a calentar, se quedó mirando el fuego que lentamente calentaba el agua. ¿Por qué tenía que ser todo tan complicado? Solo quería llevar una vida tranquila sin que nadie la molestara ¿Por qué Bertholt le había dicho todo eso? Solo complicaba todo, ahora de pronto resulta que siempre había estado enamorado de ella. Pero durante los años en lo que duró la misión apenas y le había dirigido la palabra, todos los reportes y la información era Reiner quien la recibía ¿y Bertholt? Sin nada que decir, nunca. Hasta ahora, claro. ¿Y dónde estaba cuando necesitaba ayuda? Cuando tuvo que encerrarse a sí misma para proteger su vida. Cierto, si, al parecer de no ser por él y Reiner se habría quedado encerrada en el cristal para siempre. Pero eso no significaba que ella tenía que arrojarse a sus brazos. Bertholt era un egoísta, querer sentirse mejor y ser feliz a costa de ella. Pero no podía culparlo. Al fin y al cabo eran humanos, y como tal actuar de esa manera era algo normal. Porque ellos eran humanos ¿verdad?
La tetera comenzó a silbar, podía escucharse el agua hirviendo y burbujeando dentro, pero Annie había perdido el interés en preparar té. Apagó el fuego. Esperaba que una bebida caliente pudiera reconfortarla pero la idea de pronto le pareció ridícula. No necesitaba ser reconfortada, estaba bien, había regresado a casa, tal vez no la habían condecorado o ascendido o lo que sea – y que bueno, un problema menos- pero tampoco le habían dado su poder a otro, prácticamente es como si le hubieran perdonado la vida. Tenía un pequeño castigo por cumplir y por lo demás todo estaba en orden. Estaba en su pueblo natal, estaba con su padre, tenía amigos… bueno, técnicamente Reiner y Bertholt eran sus únicos amigos ya que no hablaba con nadie más…y si Bertholt no le hablaba probablemente Reiner tampoco. De pronto sintió un vuelvo en el corazón, recordó la mirada fría que le dio aquel muchacho después de que ella lo rechazara y repentinamente la idea de quedar sola otra vez le pareció insoportable.
Respiró profundo para tranquilizarse. No podía retractarse de las palabras que le había dicho a su amigo, no quería perderlo pero tampoco podía darle lo que él le pedía. Tal y como ella le había dicho, no era la persona que él creía y ella no podría hacerlo feliz ¿Cómo haría eso? Tal vez, solo tal vez podría rescatar esa pequeña amistad que tenían, no quería dejarlo así. Mañana hablaría con él. Tal vez podían dejar todo esto atrás y volver a como estaban antes. Quería olvidar lo que habían dicho esa noche.
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NA: Oh no! que drama! El próximo capítulo habrá más acción pero ahora necesitaba esclarecer la actitud de ambos personajes después de la fallida declaración de Bertholt y la razón por la que fue rechazado. Aunque me gusta el Beruani siempre he pensado que él nunca ha hecho nada para ganársela, pero en este fic, oh, sí que lo hará. Jojo. Nos vemos en el próximo capítulo
