CAPITULO 4
El almacén.
La alarma del despertador sonó y siguió sonando, furioso de ser ignorado.
Una mano golpeo el despertador haciendo que se callase. Aun no amanecía, estaba oscuro afuera y hacía frío. Annie abrió un poco los ojos ya tenía que levantarse si no quería llegar tarde a su primer día en el almacén. Llegar tarde sería poco conveniente. Sería una completa estupidez pero la cama estaba tan cómoda y calientita. Tal vez podría dormir otros 5 minutos más solo para poder encontrar las energías necesarias para levantarse, luego estaría lista para marcharse. Annie cerró los ojos y respiró profundamente. No, no, no. No había tiempo para holgazanear.
Abrió los ojos nuevamente, se sentó en la cama. Miró por la ventana, afuera el cielo se veía claro y brillante, el corazón se le detuvo por un segundo y un frío le invadió todo el cuerpo, el tiempo había volado con ese pequeño pestañeo que se había permitido de más. Ese día sería un hermoso día si no fuera que llegas tarde a tu primer día de castigo y eso podría hacer que tu vida sea más miserable de lo que ya es. La chica se levantó en seguida y se cambió lo más rápido que pudo, no se peinó porque no había tiempo, lo haría en el camino o cuando llegara al almacén o tal vez ese día tendría usar el cabello suelto, quien sabe. Se puso las botas y salió corriendo. No importa cuánto corriera ya iba muy, muy tarde.
Llegó al almacén. Miró alrededor pero no se veía a nadie. Llamó a la puerta de la oficina del jefe de almacén pero no obtuvo respuesta. Tal vez se había cansado de esperarla y ya la había ido a reportar y ahora se encontraba tranquilamente haciendo sus deberes. Annie pensó en ir a buscarlo pero no estaba muy segura de quién era nunca lo había visto en persona. Annie aprovechó el momento para sujetarse el cabello, miró alrededor, no se veía a nadie, solo algunas personas a lo lejos, en el campo de entrenamiento, donde a ella le gustaría estar. Se acercó a la puerta de la oficina y miró por el ojillo del picaporte, para ver si veía a alguien. De pronto escuchó una voz detrás de ella que la hizo sobresaltarse.
- ¿Qué estás haciendo? ¿Estás de mirona? – preguntó una voz de mujer que le resultaba ligeramente familiar.
Annie se dio la vuelta. Era una chica alta y delgada, un poco pecosa, de cabello café sujetado en una pequeña coleta.
- Creo que a ti te conozco de algún lado… creo ¿Cómo te llamas? – Preguntó la chica alta.
- Annie Leonhardt
- ¡Ah! Tú eres la nueva que va a trabajar aquí ¿no crees que es un poco tarde ya? Que digo tarde, tardísimo.
- ¿Eres la jefa del almacén? – Preguntó la pequeña chica.
- El jefe no está por ahora y yo estoy a cargo hasta que regrese. Así que tienes que reportarte conmigo. No estas empezando muy bien que digamos. Mira la hora. Voy a tener que reportarte directamente con tu comandante, tal vez el almacén no es lo indicado para ti pero he escuchado que hace falta personal en los baños – la chica alta comenzó a reír.
Annie no dijo nada, únicamente desvió la mirada y se cruzó de brazos. No tenía nada para decir a su favor. De pronto la chica alta y pecosa puso su brazo alrededor de los hombros de Annie.
- Ya, no te pongas así. Mira te daré una oportunidad y no diré nada – dijo la pecosa y le pellizcó una mejilla. - Que suerte tienes.
- Gracias por no reportarme – le dijo Annie y luego la empujó un poco para alejarla – Ya que estoy aquí ¿Qué debo hacer?
- Qué seria te pones. Bueno ayúdame a terminar el papeleo, es lo más aburrido, preferiría estar empaquetando cosas, en serio.
Annie asintió. La chica alta abrió la puerta y las dos entraron a la oficina.
- No me has dicho tu nombre – preguntó Annie .
- Sólo llámame Ymir. Por cierto me debes un favor por lo de hoy. Cualquier cosa que yo te pida y sin hacer preguntas ¿De acuerdo?
- No me vas a pedir matar a nadie ¿cierto? – dijo Annie intentando bromear.
- No sé – respondió Ymir.
Annie esperó que Ymir se riera o que diera señales de que esa respuesta no era en serio pero no sucedió. ¿En serio le podría pedir matar a alguien? No era algo que estuviera dispuesta a hacer… aunque lo hubiera hecho antes.
Ymir la miro muy seria, esperando que su nueva compañera aceptara las condiciones para que no la reportara por su tardanza. Annie asintió ¿qué otra opción le quedaba?
Ymir puso los papeles sobre la mesa y se sentó en el enorme sillón detrás del escritorio.
- ¿A qué me queda bien ser jefa? – dijo y puso sus pies sobre el escritorio – Bueno, ahora primero tenemos que separar los papeles por tipo de producto que tenemos, una pila para papeles sobre uniformes, otra sobre equipo militar, otra sobre productos de limpieza, y así con cada uno ¿Entendido?
Annie asintió.
- Pero di, si jefa, no solo asientas.
- Si – respondió Annie a la petición de Ymir
- Si ¿Qué?
- Tú no eres la jefa.
- ¿Eh? ¿Te estas poniendo rebelde? Tienes que hacer lo que te diga o te reportaré, sabes.
Annie se cruzó de brazos.
- Sí, jefa – respondió.
- ¡Muy bien! Vamos a empezar entonces, allá hay una silla, tráela.
Ambas se sentaron frente al escritorio y comenzaron a separar los papeles por pilas. Ymir hablaba bastante, explicándole lo que hacían en el almacén, los diferentes turnos que había, obviamente a Annie le habían dejado el primer turno a las 4 de la madrugada. También le comentó los horarios para comer y algunas anécdotas sobre los que mandaban de castigo al almacén como a Annie.
- ¿Tú por qué estás en el almacén? ¿Te gusta estar aquí? – Preguntó Annie a su nueva jefa.
Ymir se puso seria por un momento.
- Sí, este es el lugar para mí – contestó.
Ymir siguió acomodando los papeles en silencio cuando de pronto se puso de pie sujetando uno de los documentos en las manos. Lo veía con atención y palideció.
- Termina con esto, Leonhardt – le ordenó Ymir y salió de la oficina.
Annie quedó sola y se limitó a continuar con el trabajo delegado, de vez en cuando levantándose para estirarse un poco. No le gustaba el trabajo pero solo tenía que cumplir con lo que le pedían y no pensar en nada más. Tardó un par de horas en terminar pero Ymir no regresaba. Se sentía un poco cansada y por su mente cruzó la idea de tomar una siesta pero no estaba en posición de arriesgarse a que la encontraran durmiendo en el trabajo. Mejor sería aprovechar el tiempo para entrenar. Sí, eso haría. Abrió la puerta para salir pero se topó con Reiner quien estaba a punto de tocar la puerta. Reiner la miró un momento y sonrió.
- Por poco creí que había fantasmas porque la puerta se abrió sola. Pero ya que miré hacia abajo vi que eras tú – bromeó él
Pero Annie no dio respuesta alguna, solo levantó una ceja y se limitó a mirarlo.
- Siempre con cara de pocos amigos – le dijo Reiner.
- Es porque tengo poco amigos – respondió ella.
Reiner sonrió.
- Necesito otro saco de boxeo, rompí el que había en el gimnasio.
- ¿Otra vez?
- No es mi culpa, tengo brazos de acero, mira – dijo Reiner enseñado su brazo y flexionándolo.
- Por favor no beses tu brazo – le pidió Annie.
Entonces Reiner besó su brazo y Annie se dio media vuelta, se metió a la oficina y cerró la puerta.
- ¡Ey! ¡Annie!
Reiner tocó la puerta varias veces.
- Necesito ese saco.
Reiner volvió a tocar. Annie entreabrió la puerta solo para asomar una parte de su rostro.
- No sé dónde se guardan las cosas
- Dile a alguien más.
- No hay nadie más.
- ¿Estás sola?
Annie asintió.
- Regresa después – le dijo la rubia y quiso cerrar la puerta pero Reiner puso el pie para impedirlo y empujo la puerta abriéndola de golpe haciendo que Annie tuviera que dar un paso atrás para que la puerta no la golpeara.
- No vuelvas a hacer eso – lo amenazó ella – nunca.
- ¿Por qué no quieres salir con Bertholt?
Annie no se esperaba para nada que le preguntara eso, tan repentinamente y tan directo. Tenía la guardia baja para ese tipo de preguntas y no supo que responder.
- Vamos, no es que tengas una enorme fila de chicos tras de ti – continuó él.
- No es tu asunto – respondió Annie.
- Lo es cuando se trata de mi mejor amigo. Dale una oportunidad.
- ¿Por qué crees que tú vas a hacerme cambiar de parecer?
- Tienes que hacerlo. Estas en deuda con él.
Eso último la hizo enojar, ¿Qué quería decir? ¿Qué ahora le perteneciera a Bertholt por eso, qué era una obligación? Annie salió de la oficina pasando a un lado de su amigo. No quería seguir discutiendo el asunto y menos con Reiner. ¿Qué le importaba? Caminó hacia donde estaba el almacén principal, solo con la intención de alejarse de él.
- ¿A dónde vas?
- A buscar tu estúpido saco.
Reiner se apresuró a alcanzarla
- Annie, no evadas mi pregunta - y la jaló del brazo.
Una mala ida porque en respuesta Annie pateo a Reiner y lo lanzó al suelo.
- Ahora me acuerdo de ti – Ymir había regresado a fin. Se acercó a Annie - Ya decía yo que te me hacías conocida. Esa forma de pelear la había visto antes.
Annie miró a Ymir confundida, ella también sentía que la había visto en algún lado pero no recordaba. Reiner se levantó del suelo.
- Las dos eran parte del escuadrón 104 ¿No se acuerdan? – dijo el robusto muchacho mientras se sobaba el cuello.
- Había demasiadas personas en ese escuadrón – respondió Annie – no es que me importara conocer a todos.
- No es bueno ponerse a recordar el pasado – dijo Ymir queriendo dejar el tema - ¿Qué haces aquí, Reiner? ¿Quieres otro saco?
- Sí.
- No tenemos y no sé cuándo habrá más. Estamos algo escasos de material.
- Pero he visto varias carretas llegar la semana pasada – reclamó Reiner.
- No eran sacos de box si eso es lo que preguntas – respondió Ymir. – Vas a tener que entrenar otra cosa. Vete a levantar pesas o piedras o algo.
Reiner suspiró resignado. Parecía que sus asuntos en el almacén habían terminado y decidió retirarse.
- Avísame cuando lleguen, por favor – dijo y luego se dirigió a Annie – Hablaremos otro día, no lo dudes.
El rubio se marchó dejando a las dos chicas. Cuando Reiner se hubo ido Ymir volteo a ver a Annie, la tomó por los hombros y la miró a los ojos.
- Dime que no te estas enrollando con él.
- Ni aunque fuera el último hombre sobre la tierra.
Ymir suspiró aliviada.
- Es que tantas cabezas huecas detrás él que me hace dudar si nuestra especie debería seguir existiendo.
Annie rió un poco por aquel comentario. Ymir sonrió.
- Vamos. Te presentaré con los demás.
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NA Hey! Gracias por leer hasta este capítulo, ya sea que van siguiendo la historia o que la acaben de encontrar. Si les gusta la historia dejen un review no sean tímidos. Es bueno para nosotros los aficionados escritores de fanfics saber que lo que escribimos es bueno o al menos no apesta. No se pierdan el emocionante siguiente capítulo. Y recuerden ¡el Beruani es lo máximo!
