Gracias a los que han leído esta historia. Y gracias a Rocio AJ, Ruby, Blonde hair girl, CaesarRedvy, Danais57, por sus comentarios, de verdad que sube el ánimo saber que les gusta la historia.

Bueno, a leer se ha dicho!

CAPITULO 5

Siempre sí.

El día de la evaluación para los que serían promovidos se acercaba, se sentía un poco de tensión en el ambiente, o más bien nerviosismo, era casi un hecho que a los que habían nombrado los iba a promover, la evaluación era mera formalidad. Aun así aquellos elegidos tenían que dirigir los entrenamientos por turnos y en diferentes áreas como entrenamientos de liderazgo.

Los subcomandantes querían ver cómo dirigían los equipos y sus métodos de entrenamiento y disciplina. Y esto les servía a los próximos líderes para saber cómo trabajaban lo demás, conocer los puntos fuertes y débiles de cada uno de los compañeros para cuando se formaran los escuadrones.

Ya pasaba del medio día, el sol que hacía poco brillaba intensa y calurosamente justo sobre ellos ya se había movido y ahora los árboles y las construcciones empezaban a proyectar sombra.

- Pueden descansar, terminamos por hoy – les ordenó Bertholt a quien le había tocado dirigir el entrenamiento ese día.

- No entiendo por qué tienes que ser tan duro con nosotros– se quejó Jay – Danos un respiro ¿quieres? No tienes que probar nada.

- Lo siento – respondió Bertholt – No estoy tratando de probar nada, sólo hago lo necesario para que el equipo tenga éxito.

- Lo bueno es que como yo tendré mi propio escuadrón ya no tendré que lidiar contigo. – dijo Hissel mientras se cambiaba los zapatos.

Todos se alegraron de que el entrenamiento hubiera terminado. Habían creído que como Bertholt siempre había sido amable y considerado con los demás no les exigiría tanto pero era todo lo contrario. Bertholt quería todo perfecto, coordinación, rapidez, fuerza y que siguieran las instrucciones precisas que él les daba, cualquier acción fuera de lo que él ordenaba era castigada. Algunos consideraban que seguramente con Bertholt como líder las misiones serían exitosas, sin embargo el trabajo era muy duro. Con los otros líderes se trabajaba más fácilmente

Los guerreros empezaron a recoger el equipo de entrenamiento para irlo a regresar al almacén de donde lo pedían prestado.

Bertholt detuvo a Jay antes de que se fuera.

- Jay ¿Te puedo pedir un favor?– le pidió

- ¿Qué es?

- ¿Puedes regresar mi equipo al almacén?

- ¿Otra vez? ¿Por qué no lo llevas tú? Es la segunda vez que me lo pides – replicó su compañero de entrenamiento – De hecho la última vez dijiste que tú llevarías mi equipo para devolverme el favor.

- Sí pero… pero ahora tampoco puedo llevarlo….

- ¿Por qué no?

Bertholt no sabía que pretexto poner. Había decidido evitar ir al almacén para no ver a Annie., no quería encontrársela.

- Porque… ya estoy muy cansado por el entrenamiento.

- ¿Qué? ¿Me estas jodiendo, verdad?

Jay le aventó su equipo a Bertholt.

- Si te cansa tanto el entrenamiento entonces no te pongas tan pesado. Esta vez te toca a ti llevar los equipos, gracias – y dicho esto Jay se fue dejando a Bertholt solo.

Miró el equipo de Jay en el suelo, ahora tenía que llevar los dos equipos, estaba obligado a ir al almacén, pero no había visto a Annie desde que ella lo había rechazado un par de días atrás. Si la viera no sabría qué hacer o que decir. Le gustaría comportarse normal, como siempre pero ahora que ella sabía lo que sentía se sentía expuesto.

Bertholt miró a su alrededor y vio que Evan aún seguía ahí.

- Evan – llamó el chico alto - ¿Podría pedirte un favor? ¿Podrías llevar estos equipos al almacén por mí?

- No puedo voy a llevar el equipo de Hissel, no puedo llevar 4, son muchos – se quejó Evan – ¿porque no quieres ir tú? ¿Está embrujado el almacén o qué?

Evan se fue junto con los demás para regresar su equipo. Bertholt se quedó ahí, pensando en una excusa, en un pretexto en algo que lo salvara de tener que ir, pero no le quedaba otra opción. Se dirigió al almacén, suspiró.

- Que pase lo que tenga que pasar- pensó.

Al llegar vio los últimos compañeros entregando sus equipos. No podía ver quién los estaba recibiendo pues los compañeros tapaban a esa persona. ¿Y si era Annie quien los estaba recibiendo? Tendría que mirarla y hablarle y no quería que se le entorpecieran las palabras y se le cayeran las cosas y quedar como un tonto.

- Puedo hacer esto – se dijo Bertholt a sí mismo – no es gran cosa, ella es como cualquier otra persona, no tengo porque ponerme nervioso. Es sólo una amiga.

Qué pesadas le habían caído decir esas palabras, "sólo una amiga". El chico respiró hondo. Sería bueno decirle un casual "hola ¿cómo estás?" sin tener que tocar ningún otro tema. ¿Y sí fingía que no la conocía? Como si fuera una extraña… pero tal vez eso la haría enojar… y quedarían peor de lo que estaban ahora.

Se acercó más y pudo ver a quién recibían los equipos. Era Ymir. Una parte de él se alivió por haber podido evitar una confrontación con Annie, aunque al mismo tiempo tenía ganas de verla, aunque fuera un poco, pero sin hablarle. Se dispuso a entregar los equipos.

-¿Qué tenemos aquí? Señor "futuro prometedor líder de escuadrón". – le dijo Ymir al verlo. – Mírate nada más.

- Tiempo sin vernos – respondió Bertholt – ¿Trabajas en el almacén?

- ¿Tan obvia soy? – dijo Ymir con sarcasmo. – He escuchado muchas quejas de tus compañeros, te estas ganando cierta fama.

- Solamente hago mi trabajo – respondió Bertholt, un poco inquierto, pues ya quería retirarse. Entre más tiempo pasara ahí mayor sería la posibilidad de encontrarse con Annie. Su mirada se dirigía de un lado a otro, buscando. Ymir notó su ansiedad.

- ¿Buscas algo?

- No – respondió Bertholt – tengo algo de prisa así que…

- ¿A alguien? ¿A tú amiga que estuvo con nosotros en el escuadrón 104?

- ¿Qué? N-no… para nada. No ¿Para… para qué la buscaría? – respondió Bertholt nervioso y ruborizado.

- Ya veo. Si quieres te puedo dar su horario para que sepas los turnos que cubre.

- Ya… ya me tengo que ir – Bertholt le dio a Ymir los equipos y se fue caminando rápidamente, no quería correr para no verse más obvio, quería alejarse lo más que pudiera de ese lugar.

- ¡¿Le digo que viniste a buscarla?! – preguntó Ymir desde lejos.

Bertholt se paró en seco. Ymir sonrió, le estaba pareciendo muy divertida aquella situación. Bertholt no se movía y después de un momento simplemente se echó a correr.

- Qué aburrido – pensó Ymir.

Bertholt se detuvo, respiraba agitadamente y le sudaban las manos ¡Por eso no quería ir al almacén! Esa Ymir entrometida, ojalá solo estuviera jugando con él y no le dijera nada a Annie. Tal vez sí le hubiera pedido el horario para saber cuándo evitarla, claro. Sólo para eso. De pronto se sintió bastante cansado. Tal vez sí estaba exagerando en los entrenamientos… pero ¿de qué otro modo podría ser? Decidió sentarse por un momento a la sombra de un árbol. No quería ser tan duro con los entrenamientos pero tenían que esforzarse más, con ese pobre nivel que tenían actualmente difícilmente tendrían éxito en las misiones a las que los enviaran. Para él era inaceptable que les volviera a pasar lo que pasó en las murallas, estuvieron a punto de perder, de ser asesinados y Annie… se pudo haber quedado allá enterrada, encerrada para siempre. El viento se sentía fresco, era bastante agradable estar ahí, sin presiones ni angustias.

De pronto Bertholt esuchó pasos detenerse junto a él. Volteó a ver quién era. Un par de chicas lo miraban, o al menos una de ellas, la otra, un chica de cabello rubio y largo, le costa ver a Bertholt a los ojos, la otra chica, de cabello castaño y corto, lo saludó como si lo conociera desde siempre.

- Berth, ¿Qué pasó? ya terminando de entrenar, eh. – dijo la chica castaña señalando lo obvio porque no tenía más material para hacer conversación.

- Sí – respondió él un poco confundido por tanta familiaridad de parte de ella.

Bertholt se levantó. Reconoció a las chicas, las había visto por el pueblo y tal vez en el campo de entrenamiento, no recordaba. Nunca había hablado con ellas.

Las chicas lo miraron unos segundos en silencio, tenían que alzar la vista bastante, se veían un poco sorprendidas. Bertholt se sintió un poco incómodo.

- Eres más alto de lo que pensé – dijo la chica castaña.

- ¿Sí? Lo siento por eso – se disculpó Bertholt.

- No, no, eso… eso nos gusta ¿verdad? – dijo la chica castaña dándole unos codazos a su amiga.

La chica rubia asintió. Evitaba hacer contacto visual con él.

- Mmmm… venimos a felicitarte por tu promoción y a desearte suerte para tu evaluación aunque sabemos que no la necesitarás – dijo la chica mientras le daba un leve puñetazo a Bertholt en el brazo de manera amistosa.

- Gracias – respondió el alto muchacho, y las miró un momento sin saber qué más decirles.

Se hizo un silencio incómodo. Entonces la chica castaña le dio un codazo bastante fuerte a la rubia para que dijera algo. Bertholt la miró y pudo ver que su rostro había enrojecido. Se agachó un poco para verla mejor.

- ¿Te encuentras bien? – preguntó Bertholt a la chica rubia.

Y sin pensarlo le tocó la frente y luego las mejillas. La chica enrojeció todavía más.

- No parece que tengas fiebre – le dijo Bertholt – pero tal vez deberías ir a la enfermería.

- ¡Mucha suerte en tu evaluación, sabemos que te irá bien! – dijo repentinamente la chica rubia, en voz bastante alta y luego salió corriendo.

- ¡Espera! – le gritó la chica castaña.

- ¿Tu amiga se encuentra bien?

- Sí, discúlpala, es un poco tímida. Debo ir a buscarla. Suerte – y dicho esto la chica castaña se fue en busca de su amiga.

- No me dijeron sus nombres - pensó Bertholt – ni hablar

Bertholt caminó por el campo militar, pensativo y un poco extrañado por lo que acababa de pasar. Nadie nunca se había dirigido hacia él de esa manera. Que torpes, pensó Bertholt.

Al pasar por el gimnasio escuchó un ruido que venía de adentro, sonaba que algo había caído al suelo. Le pareció extraño, ya habían terminado las sesiones de entrenamiento, no debería haber nadie, debería estar cerrado. Se acercó y vio la puerta entreabierta. La abrió un poco más, sólo para ver quién era. El moreno quedó inmóvil. Annie estaba ahí, sentada en el suelo, dándole la espalda a la puerta. Traía ropa de entrenamiento, un pantalón corto y un top. Su respiración se veía agitada, seguramente llevaba un rato practicando sola. Annie no había notado la presencia de aquel alto muchacho quien no se atrevía a respirar ni a mover un solo músculo por temor a ser descubierto, por temor a interrumpirla y no ser capaz de seguir contemplándola.

- Por supuesto - pensó Bertholt - Annie no podría dejar de entrenar.

Para ella, tanto tiempo sin practicar sería imposible, se había convertido en una necesidad para su cuerpo y para su mente, una rutina de la que no podía separarse. Bertholt no pudo evitar quedarse ahí parado, observándola; cada agitada respiración que hacía que su pecho subiera y bajara, las gotas de sudor que corría por su sien y sus rubios cabellos ahora despeinados.

De pronto Annie levantó la mirada, se alertó un poco, sintiéndose observada. Difícil no sentir una mirada tan insistente y tan penetrante. La rubia volteó hacia la puerta. Bertholt se quitó inmediatamente esperando que ella no lo hubiese visto, quería echarse a correr pero tal vez haría mucho ruido si lo hacía. Se quedó recargado a un lado de la puerta, con la espalda contra la pared. Annie se levantó y miró hacia la puerta intuyendo que aquella sensación de ser observada venía de allí, se levantó y caminó hacia la puerta entreabierta. Bertholt escuchó los pasos que se acercaban. Otra vez sentía las manos mojadas. Cerró los ojos y contuvo la respiración, tenía que pensar en algo rápido. Seguro que Annie se asomaría y lo vería ahí parado y pensaría que la había estado siguiendo y espiando como un pervertido. ¿Qué… qué excusa podría poner? Tenía que pensar en algo, rápido ¡Piensa en algo! Pero era muy tarde, los pasos se detuvieron casi junto a él. Entonces el sonido de la puerta cerrándose hizo que Bertholt abriera los ojos. Annie había cerrado la puerta. El chico quedó desconcertado no supo si había sido visto y simplemente había sido heroicamente ignorado, y eso para nada era una buena señal. Aunque también era posible que no lo hubiera visto, que simplemente cerró la puerta sin mirar si había alguien allí.

Bertholt se llevó las manos al cabeza, frustrado. No podía evitar sentir algo por ella. Aunque no quisiera, aunque ella ya le había dejado claro que no estaba interesada. Aunque lo suyo pareciera imposible. Haberla visto le había recordado lo mal y herido que se sentía, pero al mismo tiempo estaba feliz de haberla visto otra vez. Que horrible situación. Pero no podía hacer nada por ahora y lo mejor era retirarse, dejarla que siguiera entrenando y él debía mejor concentrarse únicamente en su promoción. Que sería en un par de días.

Se retiró de ahí, abandonó el gimnasio y el campo de entrenamiento.

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xxx

Apenas hacia unos meses que habían regresado de las murallas y ya estaba por hacer un examen para ser líderes de escuadrón, parecía irreal, cómo si todos los años que pasaron como soldados hubieran sido un sueño y ahora tenían que continuar con su vida justo donde la habían dejado.

- Si continúo así tal vez un día podría llegar a ser comandante igual que Zeke – pensó Bertholt

Pero tampoco estaba seguro de que eso quería. Hacer una carrera dentro de la milicia… ni siquiera estaba seguro si tenía la opción de salirse de ahí y dedicarse a otra cosa… ¿Pero a qué? Era mejor no pensar tan a futuro y concentrarse en una cosa a la vez. Si surgían otras oportunidades entonces se plantearía en tomarlas o no.

Antes de irse a su casa decidió ir a ver a Reiner. Igual él tenía que presentar el examen y quería saber que tan preparado estaba. Llegó a casa de Reiner y lo encontró afuera hablando con una chica, Bertholt se detuvo y permaneció distante un tiempo solo observándolos. Ella parecía tan interesada en su amigo ¿Cómo lo hacía? ¿Cómo hacía para ser tan popular? Nadie se fijaba en él nunca.

Después de unos poco minutos la chica de despidió y se fue. Bertholt se acercó. Su amigo se alegró de verlo.

– Es tan fácil para ti – comentó Bertholt –

- ¿De qué hablas? – preguntó el chico rubio

Berholt miró hacia donde la chica se había ido.

- No, no es nada. Sólo a veces pasan a saludarme, es todo. Seguro que a ti te pasa todo el tiempo también.

Bertholt trató de recordar si alguna vez se le habían acercado sólo para saludarlo. Negó con la cabeza.

- No te preocupes – le dijo Reiner dándole una palmada en la espalda - Después de nuestro ascenso pasado mañana – continuó Reiner - podrás salir con cualquier chica que quieras… tal vez incluso Annie.

Bertholt se puso rojo y negó varias veces con la cabeza.

- ¿Por qué no? ¿Ya te diste por vencido tan rápido?

Bertholt agachó la mirada. No estaba seguro si podría lidiar otro rechazo si lo intentaba de nuevo.

- No los entiendo a ustedes dos. Mira, hace poco pasé por el almacén y la vi, así que hablé con ella, para echarte una mano…

- ¡¿Qué le dijiste?! – Lo interrumpió Bertholt buscamente. Se había ruborizado más pero no sabía si de vergüenza o de enojo.

- Nada, nada… Yo sólo quería decirle que estaba perdiéndose una gran oportunidad contigo, hombre. Quería saber porque dijo que no.

Bertholt sabía que su amigo sólo quería ayudar pero ir a hablar con ella a su nombre tal vez empeoraría las cosas. Tenía ganas de darle un puñetazo en la cara a su amigo por entrometido pero al mismo tiempo tenía curiosidad por saber qué había dicho.

- Y qué… qué te dijo – preguntó apretando los puños, pues la respuesta que le diera decidiría si Reiner se había ganado ese puñetazo o no.

- Ella dijo que… dijo…

Reiner no supo que responder, en realidad no había obtenido ninguna respuesta, lo único que había obtenido era que lo patearan y aventaran al suelo. Así que hizo lo que le pareció mejor, lo que cualquier mejor amigo haría.

- Dijo que lo iba a pensar, que… que por ahora no estaba lista para una relación pero que se lo pensaría después – mintió

- ¿En serio?

- Claro, dijo que te ve como su héroe y eso es abrumador para ella. Ya te lo había dicho, ella vería a cualquiera que la recatara de una situación de vida o muerte como su príncipe. Incluso tú.

Bertholt aflojó los puños y sonrió levemente.

- Cierto.

- Es solo que la intimidas, amigo. Es mejor que le des un poco de espacio por ahora y luego verás que ella sola vendrá corriendo por ti. – Le aconsejó el rubio.

Bertholt sonrió por las palabras de su amigo y un poco de esperanza regresó a él. Reiner se sintió satisfecho de haber hecho feliz a su amigo, llevaba varios días triste y ahora sonreía. Ahora lo único que tenía que hacer era que lo dicho no fueran un montón de mentiras. Tendría que convencer a Annie, de alguna manera… ¿qué tal difícil podría ser?

XXX

NA: Queridos lectores, que bueno que anden por este capítulo. Me tardé un poco pero no quería ofrecer un capitulo corto. Procuraré tardar menos para el siguiente capítulo. Gracias por leer, aun hay mucho más que contar, espero que sigan esta historia hasta el final. No olviden dejar su comentario.