Los personajes de Candy Candy pertenecen a sus autoras Mizuki e Igarashi. Esta historia es de mi autoría como todas las que he escrito y lo hago sin fines de lucro, solo por entretención.
CAPITULO 10
Despecho
Albert se encontraba como loco llamando a Candy al celular, pero esta lo tenía apagado, después llamo a su casa donde la sirvienta le dijo que tampoco se encontraba. En eso sintió el sonido de la puerta.
—Mi amor, que sorpresa –le dijo al ver la presencia de Candy –. Pensaba en ir a buscarte a tu casa.
Ella con sus ojos rojos de tanto llorar le dio una cachetada.
—¡ William Albert Andrew cómo pudiste utilizarme para vengarte de Neil! –le gritó llena de ira.
El la miró pálido dándose cuenta de que su novia se había enterado de la verdad.
—Candy yo…tengo que explicarte lo que pasó.
—¡Que me vas a explicar? ¡Que me conquistaste solo por venganza, que nunca me has amado! ¡Eres un miserable, no te imaginas cuánto te odio!
—No mi amor…yo te amo de verdad. Reconozco que al principio si me acerqué a ti para vengarme de Neil, pero después me enamoré de ti…
—¡No te creo nada Albert, no quiero volver a verte nunca más en mi vida! –le gritó Candy corriendo del departamento.
Albert desesperado la siguió, pero ella se metió a un ascensor, el rápidamente bajo las escaleras. Pero cuando Candy llego a la planta baja del edificio, Neil que la había seguido la estaba esperando y se fue con él.
…
Al día siguiente…
La rubia no paraba de llorar, seguía muy afectada por lo de Albert. Aun no podía asimilar de como él pudo engañarla de la manera que lo hiso. No dejaba de recordar cuando lo conoció, su primer beso, sus palabras de amor hacia ella y cuando la primera vez que fue suya. Todo había sido tan maravilloso, como un bello cuento de hada que se terminó siendo un cuento de horror.
—Candy, no probaste el desayuno –le dijo Annie al entrar a la recámara de su hermana, y mirando la bandeja que estaba en la cama.
—No tengo hambre, Annie.
—Pero tienes que comer, te vas a salir enfermando.
—No me importa –dijo Candy con sus ojos llenos de lágrimas.
—Deja de sufrir por Albert, no vale la pena.
—Lo se…pero siento un dolor tan grande en mi corazón…yo lo amaba tanto…
Annie se sentó en la cama.
—No puedo creer que Albert haya hecho algo así, se veía tan bueno.
—Me engañó Annie, es un miserable que me utilizó para vengarse de Neil.
—¡Es increíble que sea tío de Neil!
—Yo no lo podía creer, es horrible darme cuenta que Albert nunca me amo, todo fue una cruel mentira. Ahora entiendo todo, por qué me perseguía desde que me choco mi carro. Todo fue un plan para enamorarme…
—Lo que ha hecho no tiene perdón…Hay que contarle a papá Candy, si es que Neil ya no lo hiso en el consorcio.
—Papá, siempre me dijo que Albert me iba hacer sufrir y tenía toda la razón.
Emma la sirvienta entro a la habitación.
—Señorita Candy, la busca su novio
Candy y Annie se miraron.
—¿Albert está aquí?
—Si, dice que no se va sin hablar con usted.
—¡Que descarado como se atrevió a venir! –exclamó Annie.
La rubia se levantó de la cama se colocó unas pantuflas y una bata de levantarse.
—Hermanita, no pensaras recibirlo -le preguntó Annie.
—Claro que lo voy a recibir, pero para echarlo de aquí –contestó Candy saliendo de su habitación.
Albert la esperaba en la sala muy ansioso, ya que tenía que aclarar las cosas con ella.
—¿Cómo te atreves a venir a mi casa después de lo que me hiciste? –le reclamó la rubia mirándolo con odio.
—Candy mi amor, tú tienes que escucharme. Yo sé que me equivoque para utilizarte en contra de Niel, pero el me hiso mucho daño…
—La única persona que ha hecho daño eres tú. Neil me conto la clase de persona que eres…
Albert se acercó a ella y la tomo por los brazos…
—Todo lo que te dijo Neil es una mentira, el que robo en el consorcio fue el no yo…
—¡Ya Cállate Albert deja de hacerme daño! ¡Vete de mi casa! –le gritó Candy llorando –. ¡No te das cuenta que te odio!
Él se acercó a ella y la tomo por los brazos.
—No me odias, yo sé que me amas…-le dijo Albert besándola a la fuerza.
—¡Suelta a mi hija miserable! –le gritó Edward tomándolo por la espalda y tirándolo lejos –. ¡Lárgate de mi casa!
Albert miró a Candy.
—Preciosa por favor, créeme. ¡Yo te amo!
—¡Deja de molestar a mi hija, ya le has hecho mucho daño y vete de una vez o te sacare a patadas! –le advirtió Edward.
—Está bien me voy, pero regresare hasta que creas en mí, Candy –dijo Albert marchándose.
La rubia abrazo a su padre llorando.
—¡Papá, Albert me engañó!
—Lo se hija, Neil me lo conto todo, pero ya no sufras mas no voy a permitir que se te vuelva acercar.
…
Días después…
—Ya Albert deja de beber –le pidió George al ver al rubio que estaba sentado en la alfombra de la sala con el cabello desordenado, la camisa abierta y bebiendo una botella de licor.
—Déjame George, el licor es lo único que me calma este dolor.
—No puedes pasarte toda la vida bebiendo. ¿Por qué no te regresas a Londres y te olvidas de todo esto?
—No puedo…amo demasiado a Candy y como sea tengo que recuperarla.
—Pero ella ya no quiere nada contigo, te desprecia por lo que le hiciste.
—Lo se…He tratado de verla, la he llamado, le mandado mensajes y hasta he ido a su casa corriendo el riesgo que su padre me vea, pero nada. Ella no me quiere escuchar.
—Todo por culpa de Neil quizás que mentiras le dijo sobre ti.
Albert se paró de la alfombra.
—¡Es un desgraciado! Por su culpa mi padre pensó lo peor de mí y ahora está pasando lo mismo con Candy. Pero esto no se va quedar así…¡Neil me las va a pagar!
—¿Que vas hacer?
—Voy haberlo a la mansión.
—Por favor William, no vayas a cometer una locura -le pidió George preocupado.
—Ganas no me faltan de matar a ese miserable –dijo Albert apretando los puños –. Pero no te preocupes, no vale la pena que me manches las manos con su sucia sangre.
—¿Entonces?
—¡Voy a obligarlo a que le diga toda la verdad a Candy!
…
Mansión Andrew.
—Ante la ley los declaro marido y mujer –les dijo el juez a Candy y Neil que se acababan de casar por el civil –. Señor Legan puede besar a la novia.
Neil se acercó a su esposa y le dio un beso en los labios.
—Voy hacerte muy feliz, mi amor…
—Lo se Neil –le dijo Candy con una leve sonrisa.
Edward se acercó a felicitarlo dándoles un fuerte abrazo a su hija y Niel.
—¡Que sean muy felices ¡
—Gracias papá, por tus buenos deseos…
—Gracias querido suegro, no se va a repetir de haberme dado a su hija.
—Espero que pronto me den nietos…
Neil abrazó a su esposa.
—Por supuesto suegro, lo que más quiero es tener hijos con Candy.
En eso se acercaron Sara y Elisa.
—¡Hijo felicidades! -le dio Sara un beso en la mejilla a Niel.
—Hermanito por fin conseguiste lo que quería -dijo Elisa con ironía -. Candy, ahora somos cuñadas.
La rubia curvo los labios.
—Lamentablemente si, Elisa.
—Ya Elisa respeta a mi esposa -le exigió Niel-. Desde ahora en adelante, somos una familia.
Annie y Flammy se acercaron a Candy.
—¿Hermanita podemos hablar? –le pidió Annie que no estaban de acuerdo con la locura que había cometido la rubia de casarse con un hombre que no amaba.
—Claro -contestó acercándose a ellas.
—¡Oh Candy no sé qué decirte…!
—Annie, felicítame me acabo de casar…
—Pero tú sabes que no estoy de acuerdo con ese matrimonio.
—Yo tampoco, Candy –le dijo Flammy –. No debiste casarte con Neil solo por despecho.
—Ya chicas no me reclamen, yo sé lo que hago. Neil es un hombre que me ama de verdad y que me va ser muy feliz. No como Albert que solo jugo con mis sentimientos.
—Bueno hermanita, ojalá hayas tomado la decisión correcta.
—Así será Annie, todo va salir bien –dijo Candy con una forzada sonrisa.
Una sirvienta se acercó a Niel.
—Señor Legan, afuera lo busca un señor.
—¿Quien…?
—Dijo que se llama William Andrew.
—¿Cómo se atrevió a venir? -se preguntó Niel –. Ahora mismo lo saco de aquí.
Neil salió a las afuera de la mansión donde se encontró a Albert.
—¿Qué haces aquí, querido tío?
— Vengo a que hablemos –respondió Albert.
—Yo no tengo nada que hablar contigo, así que es mejor que te vayas.
—¡No me iré! ¡Te exijo que le digas toda la verdad a Candy!
Niel río tomándose la barbilla.
—Lo siento…pero eso no lo are nunca…Una vez más te gane, hace años atrás me quede con el consorcio de tu padre y ahora me quede con la mujer que amas.
—Ella sigue siendo mía -replicó Albert con seguridad.
—Te equivocas, porque hace un par de minutos ella se acaba de convertir en mi esposa.
—¡Mientes! –le gritó Albert tomándolo por la chaqueta.
—No tío, Candy se casó conmigo…
—¡No te creo! ¿Quiero ver a Candy? –dijo Albert soltando a Neil.
—No te lo permitiré, ella ahora es mi esposa y nunca más te volverás acercar a ella.
Candy salió en ese momento de la mansión y Albert se acercó a la rubia.
—Mi amor…¿dime que es mentira que te casaste con Neil?
—Lo siento Albert, es verdad –le confirmó Candy asiéndose la fuerte –. Neil ahora es mi esposo, un hombre bueno que siempre me amado.
Albert negó con la cabeza.
—¡No puedo creerlo! ¡Tú me amas a mí!
—Ya no Albert, tú mismo te encargaste de matar ese amor. Así que no vuelvas a buscarme.
Neil se acercó a Candy y le colocó una mano en la cintura.
—Ya escuchaste a mi esposa. ¡Vete de nuestras vidas para siempre William Albert Andrew!
—Ok me voy, pero algún día Candy te vas a dar cuenta de quién es realmente Niel y entonces te vas a acordar de mí –le dijo Albert marchándose.
Continuara...
Hola mis lindas chicas.
Espero que te encuentren muy bien. Aquí les dejo otro capitulo de este fic, espero que lo difruten con mucho cariño para cada una de ustedes.
Un cariñoso abrazo a la distancia
