Capítulo 8
Lejos de casa
Muy lejos de la ciudad de Mare en un camino de terracería iban Bertholt y Kate dentro de un vehículo. Solo eran ellos dos y el conductor. Iban por una zona desértica. Grandes montañas secas y rocosas se elevaban junto a ellos y había poca vegetación.
Bertholt miraba por la ventana, el vehículo levantaba mucho polvo a su paso, llevaban varias horas de viaje y a veces Kate no paraba de hablar. Pero a eso no incomodaba a Bertholt, a veces solo la ignoraba. Bertholt sacó del bolsillo frontal de su chaqueta un anillo plateado. Era pequeño. Lo observó y sintió los bordes redondeados y suaves.
- Que bonito, déjame ver – dijo Kate repentinamente mientras le arrebataba el anillo.
Bertholt intentó detenerla pero ella fue más rápida. Kate se puso el anillo, lo observó con cuidado y al presionar un lado una pequeña navaja curveada salió de él.
- ¡Pero que conveniente! – Exclamó la chica - ¿Dónde conseguiste esto?
Kate se sacó el anillo y lo miro a contra luz.
- Parece que tiene una inscripción adentro – comentó la chica.
Pero antes de que pudiera leerla Bertholt agarró la muñeca de Kate y le quitó el anillo. Lo guardó de nuevo en su bolsillo.
- Lo siento – se disculpó Kate – no pensé que fuera nada importante.
- No importa- respondió él.
Por el resto del camino ninguno de los dos habló hasta que Bertholt notó afuera algo que llamó su atención.
- Detente aquí – le pidió al conductor.
El vehículo se detuvo y Bertholt bajó y caminó unos metros, había un bolso empolvado tirado en el suelo. Lo levanto y sacudió, vio que tenía el escudo de la milicia de Mare. Le hizo señas a Kate para que se acercara.
- Mira – le indicó para que la chica viera el suelo.
Había huellas de zapato en el suelo junto con huellas de ruedas de carreta y caballos. Las huellas se veía caóticas, unas encima de otras como si hubiera habido una pelea. Luego las huellas de carreta seguían y se perdían en el relieve del paisaje
- Seguiremos a pie. Espéranos aquí – pidió el moreno al conductor.
Los dos muchachos siguieron aquellas extrañas huellas entre los montículos de tierra y las grandes rocas.
- ¿Crees que son huellas de Hissel y su escuadrón? – preguntó Kate.
- Posiblemente. Si seguimos por esta dirección llegamos a la ciudad de Karan. A dónde ellos iban. – Respondió Bertholt – parece que los emboscaron.
- ¿Tenemos que ir hasta allá?
- Espero que no.
Los dos siguieron las huellas, el sol brillaba con fuerza y ambos chicos tenían que cubrir sus cabezas con una bufanda ligera para poder aguantar el sol.
- Me alegra que me hayan puesto en tu equipo- comentó Kate intentando hacer menos pesada la caminata.
- Creí que nadie quería estar con mi escuadrón – respondió él – porque soy muy estricto.
- Porque son novatos y tontos. Pero hay más probabilidades de sobrevivir si tú eres el líder, te lo aseguro.
- Gracias, Kate- respondió el chico – aunque no estoy muy seguro de eso.
Un árbol solitario apareció a lo lejos, lo que fue un gran alivio porque pudieron ir a sentarse un momento a descansar bajo la sombra. Bertholt tomó la cantimplora y bebió agua. Kate estiro la mano en señal de que le diera agua. El chico le dio la cantimplora y Kate bebió.
- Es casi como si nos besáramos - dijo Kate al terminar mientras le guiñaba el ojo.
- No… no es así – respondió Bertholt un poco sonrojado.
- ¿Te confieso algo? - empezó a decir la chica – No quería venir a esta misión pero cuando escuché que iba a ir contigo acepté sin pensarlo.
- Me… me alegra que hayas venido – respondió un poco incómodo – de hecho yo fui quien te solicitó para que vinieras.
- ¿Me querías contigo?
- Sí
Sin previo aviso Kate se lanzó hacía Bertholt y lo besó. Solo por un segundo porque el chico la apartó en seguida.
- ¿Qué haces? – le reclamó el moreno.
Bertholt no sabía qué hacer. Estaba confundido y no sabía si enojarse con su amiga. Nunca había besado a nadie y Kate no era la persona a la que esperaba besar por primera vez.
- Lo siento – se disculpó Kate y se puso de pie. – tú dijiste… es que primero dices que me quieres contigo y luego… no sé.
Bertholt también se puso de pie.
- Yo lo siento también, Kate. Solo hablaba de la misión. Te elegí porque conoces bien el área. Disculpa.
- Entiendo – Respondió decepcionada - Entonces… qué esperamos para continuar - dijo como si nada hubiera pasado.
24 horas antes…
El castigo de Annie estaba por finalizar y después de eso volvería a los escuadrones y sería asignada a un grupo. Se había acostumbrado a estar en los almacenes. En realidad no era como todos creían, no había ratas ni suciedad. Todo se mantenía en orden y limpio, las actividades allí eran simples y lo más importante no había misiones.
Annie y Yina estaban acomodando las últimas cajas.
- Estás más callada de lo normal – comentó Yina. - ¿Es porque mañana al fin te reintegras a los escuadrones militares?
Annie asintió.
- Yo pensaba que esperabas con ansias ese momento. Así podrías ver a Bertholt todos los días.
- ¿Por qué dices que eso me gustaría? – reclamó Annie.
- Porque pasas mucho tiempo con él últimamente, aunque por otro lado ver tanto tiempo a una persona podría ser agobiante...
Annie dejó de escuchar el parloteo de su amiga. No había reparado en eso pero después de aquella fiesta Bertholt había ido a buscarla cada vez que podía para comer juntos e incluso los días de descanso se veían.
- No es nada de eso– respondió Annie finalmente
- ¿No?
Annie negó con la cabeza pero no quiso continuar con la conversación.
Aunque se hubieran vuelto más cercanos Bertholt ya no había intentado declararse o siquiera tocar el tema. A Annie le parecía bien este acuerdo silencioso al que habían llegado o eso creía porque a veces pensaba que tal vez no estaría mal intentar ser algo más que amigos. Pero ella no se atrevía siquiera a insinuarlo ¿Y si ahora ella era la rechazada? Tal vez lo mejor era dejarlo así y que la vida siguiera su curso, a ver qué pasaba.
Ymir entró al almacén.
- Terminaron rápido. – dijo.
- Eran pocas cosas por acomodar. – respondió la rubia.
- Que bueno porque antes de que te vayas quiero que me ayudes con el papeleo. Eres bastante buena en eso. Me vas a hacer falta cuando te vayas.
Aunque quisiera, Ymir no podía solicitar a Annie a los almacenes y la rubia lo sabía. No podía ir a ningún otro lado más que a los escuadrones porque tenía el poder del titán, la necesitaban para las misiones. Incluso a Ymir la habían llegado a enviar aunque no fuera un soldado.
- ¿Puedes dejarnos solas un momento?- pidió Ymir a Yina quien salió del lugar.
- ¿Qué sucede? - preguntó Annie.
- Quiero que veas algo.
Ymir la llevó a un compartimiento que siempre había estado bajo llave. Sólo Ymir y algún otro personal autorizado podían entrar ahí. Annie no podría negar que le daba cierta curiosidad.
- Esto lo empezaron a traer desde hace tres semanas – comentó Ymir.
La chica alta abrió la puerta; adentro había armamento y suministros para la guerra, lo que sólo podía significar una cosa.
- Mare piensa invadir Karan.
- ¿Por qué me muestras esto? – preguntó Annie preocupada porque ahora tenía información de más. Hubiera preferido no saber.
- Seguro van a mandar a los escuadrones de titanes pronto. No deben dejar que suceda.
- ¿Qué podría hacer yo? No puedo hacer nada.
- Mare es como las langostas, se acaban los recursos de un lugar y van por otro. Así va a seguir siempre. Y se sienten muy seguros respaldados por el poder de los titanes.
- Si se dan cuenta o sospechan de mí simplemente le darán mi titán a otro – replicó Annie.
- Me debes un favor, Leonhardt. Por no reportarte el primer día que llegaste al almacén
Afuera se escucharon pasos de alguien que se acercaba. Ymir cerró la puerta del lugar.
- Hablo en serio – dijo Ymir – y no le digas de esto a nadie.
Ymir salió. Annie quedó sola en el lugar. ¿Qué haría ahora con esa información que tenía? No podía hacer nada realmente, aunque definitivamente no quería que se iniciara otra guerra porque seguramente ella y los otros titanes cambiantes serían enviados.
Annie se apresuró y cuando ayudó a Ymir con el papeleo no habló con ella. Ya no quería saber más. Simplemente terminó y se retiró.
Se dirigió al lago, se había quedado de ver con Bertholt. Aún era temprano pero quería tener tiempo para estar sola y pensar. Lanzar piedras al agua le ayudaba a tranquilizarse y a matar el tiempo.
- Lamento la tardanza – dijo Bertholt al llegar al lugar una hora después. Su respiración se encontraba agitada.
- Acabo de llegar también – mintió Annie levantando su mirada hacia el chico y sonriendo levemente.
Bertholt se sonrojó. Annie le hizo una seña para que se sentara junto a ella. No lo pensó dos veces y se sentó. Annie se inclinó y recargó su cabeza en el brazo del chico porque no llegaba al hombro.
- Escuché que vas a ir a una misión – comentó Annie.
- Solo es una misión de reconocimiento y búsqueda.- respondió el moreno.
- Solo de búsqueda… nosotros fuimos a una misión de búsqueda y estuvimos años en Erdia.
Bertholt no supo que decir. No tenía más que la mínima información necesaria para realizar la misión y nunca se sabía qué podría pasar. Ciertamente no quería terminar lejos tanto tiempo otra vez. Lo que significaría que ya no vería a Annie.
- Quiero ir contigo – dijo repentinamente la rubia mientras se enderezaba - Ya voy a volver a la milicia y seguro que si tú lo solicitas me dejarán ir contigo.
¿Qué estoy haciendo? pensó Annie. Quería ir en parte porque estaba preocupada por Bertholt y en parte por lo que le había mostrado Ymir en el almacén. ¿Acaso estaba dispuesta a jugar a ser una espía otra vez? Con lo pésima que era mintiendo.
Bertholt sonrió por la evidente preocupación de ella. El chico acercó su mano al rostro de Annie y acarició su mejilla haciendo que la chica olvidara lo que estaba pensando. Berth acomodó el cabello de la rubia detrás de su oreja.
- Aunque me gustaría que vinieras conmigo no creo que sea posible. Ya me han asignado compañero.
- ¿Quién?
- Bueno… - Bertholt dudó un momento– me parecía bastante útil que Kate me acompañara.
- ¿La asignaron o tú la elegiste? – preguntó Annie.
- Ella ya estuvo allá y conoce muy bien el área.
- Está bien – dijo Annie poniéndose de pie. Sacudió el pasto de su pantalón – mucha suerte en tu misión, entonces.
- Espera.
Bertholt se levantó enseguida y se puso de pie frente a ella para que no se fuera. La noticia la había hecho enojar.
- Va a ir porque es conveniente y así podremos terminar más rápido. No tienes que ponerte celosa.
- No estoy celosa. – reclamó Annie cruzándose de brazos y apartando la mirada.
Bertholt buscó rápidamente en la bolsa de su pantalón y sacó un collar con un dije en forma de gato.
- Había venido para darte esto – dijo Bertholt tomando la mano de Annie y poniendo el collar en su palma. – la vi hace poco y creí que te gustaría.
Annie obervó el collar. Era muy bonito.
- Yo no tengo nada para darte – comentó Annie mirando el collar.
- No importa. No tienes que darme nada.
Annie agachó la mirada, un poco avergonzada por su comportamiento.
- Préstamelo – le pidió Bertholt.
El chico tomó el collar, se paró detrás de Annie y se lo puso.
- Te queda muy bien – dijo sonriendo – mejor de lo que esperaba.
Annie pensó por un momento. Sacó el anillo plateado de su dedo. Miró a Bertholt y tomó su mano para dárselo.
- No… no tienes que dármelo – dijo Bertholt intentando regresárselo a Annie. – te lo dio tu padre.
- Te lo estoy prestando solamente. Regrésamelo cuando vuelvas de la misión.
Bertholt miró el anillo. Annie siempre lo traía y nunca lo había prestado ni siquiera para que lo vieran ¿y ahora se lo estaba dando? Si no tuviera que irse, si no hubiera la posibilidad aunque fuera muy pequeña de que no regresara habría intentado, no sé, algo. Realmente apreciaba el gesto.
El chico se inclinó hacia ella. Annie vio su rostro acercándose al de ella. No estaba segura de que debía hacer, sintió ganas de empujarlo pero no lo hizo. Automáticamente levanto el rostro hacia el muchacho. Pudo sentir la respiración de Bertholt cerca y cerró los ojos. Sintió un beso en la frente. Annie abrió los ojos. Se sintió un poco tonta. ¿Acaso estaba esperando que la besara o qué? Aunque se sintió aliviada también porque si la hubiera besado no hubiera sabido que hacer después ni en qué términos quedarían. Pero igual estaba un poco decepcionada. Sólo un poco. Ninguno de los dos dijo nada más. Solo se miraron, en silencio. Pasaron el resto de la tarde allí junto al lago sentados uno junto al otro sólo platicando.
XXX
24 horas después…
Las huellas que seguían Bertholt y Kate se dirigía hacia una cueva al pie de una montaña rocosa. Bertholt apresuró el paso y Kate lo siguió.
- No es buena idea adentrarse en estas cuevas –comentó Kate
Pero Bertholt igual entró sin dudar. En cuanto más avanzaban estaba más oscuro Kate sacó una lámpara para iluminar y siguió adelante. Bertholt hizo lo mismo.
Al adentrarse más al lugar Kate percibió manchas rojas en el suelo y un mal olor. Esto la hizo suponer lo peor.
- Berth – llamó ella – mira esto.
El moreno se acercó y vio las manchas en el suelo.
- Espérame aquí – le pidió a Kate.
Pero Kate no se quedó ahí, ella también había ido a hacer esa búsqueda y no había llegado hasta allá para quedarse atrás y terminar con información de segunda mano contada por Bertholt. Los dos avanzaron un poco y el terrible olor los obligó a cubrirse la nariz y boca con la bufanda, de pronto sus linternas iluminaron algo. Al prestar atención se dieron cuenta que eran cuerpos y traían el uniforme militar.
Kate dejó de iluminar los cuerpos, no era algo agradable de ver.
- ¿Es… es Hissel y su escuadrón? – preguntó Kate
Bertholt movió uno de los cuerpos para reconocer alguno de los rostros. Efectivamente se trataba de sus compañeros.
- ¿Qué hacemos ahora? – preguntó la chica.
- Tenemos que llevar los cuerpos de regreso.
- ¿Todos? Hay que pedir ayuda para esto.
- No podemos – respondió Bertholt- no sabemos si quien hizo esto podría regresar a deshacerse de los cuerpos.
- ¡Tienes que estar bromeando!
- Es una orden, Kate – dijo Bertholt finalizando la discusión.
Kate se disponía a tomar uno de los cuerpos para arrastrarlo hacia afuera cuando escucharon un sonido de carretas y relinchidos de caballos en la entrada de la cueva.
- No podemos permitir que se lleven los cuerpos – dijo Bertholt. – tendremos que pelear.
Continuará….
NA: Aquí la entrega del octavo capítulo. Muchas gracias por sus comentarios queridos seguidores de esta historia y sobre todo por su paciencia. Ya estaba por terminar esta historia pero se me ocurrió darle un pequeño giro para poner las cosas más interesantes. ¿Les gusta la idea? Besos y abrazos amigos lectores.
