― ¡Enserio que no puedo creerlo! ― Exclamó el Kwami, rodando al son de su intensa risa sobre su escritorio ― ¡El chico se enamoró de tu masculinidad! ― Una carcajada más salió de su pequeña boca, logrando que su portadora mostrara un tic en su ojo.

― Plagg, ¡Realmente no ayudas en nada! ― Exclamo ella, cubriendo su rostro con sus pequeñas manos.

― Tú eres quien no ayuda niña ― Plagg realmente estaba disfrutando aquel mal entendido.

Desde la guerrera de China que no se divertía así.

― No tiene nada de malo, bueno ― Suspiró ― No quiero romperle el corazón, básicamente se enamoró de alguien que no existe en realidad ― Se dejó caer en su cama, frustrada.

Solamente tenía ese pequeño miedo, Marin era un chico increíble que, de una u otra manera se había terminado enamorando de una parte inexistente de ella.

Sí, cuando era Chat Noir se podía sentir libre, bromeaba e incluso se comportaba un poco ¿Tonto? Pero he ahí el punto, cuando se transformaba era un chico, pero su verdadero yo era una chica.

Una chica con un sentido del humor pésimo.

― ¿No estarás celosa por que se fijó en tu parte masculina y no en la hermosa Adrienne? ― Preguntó Plagg, sonriendo ampliamente.

― ¡Claro que no! ― Exclamó, sin darle tiempo a Plagg de argumentar algo más ― Simplemente me preocupa, ¿Por qué no pudiste elegir a otro chico, Marin? ― Se preguntó a sí misma, intentando ignorar la risa burlona de su Kwami.

Se preguntó si habría alguna manera de que aquello cambiara, que Marin se diera cuenta que ella, bueno, él no era bueno para ocupar un lugar en su corazón.

[…]

La noche ya había cubierto todo París, dejando un hermoso cielo nocturno que ambos héroes disfrutaban tranquilos.

Su rutina luego de varios meses siendo compañeros de aventuras se había reducido a eso, después de vigilar las calles de la ciudad por la noche darse un tiempo de tranquilidad.

Disfrutando la vista, la suave brisa y su compañía.

Chat Noir dio un vistazo rápido a su costado, apreciando como el rostro de Ladybug estaba completamente absorto en la nada.

Él dedujo que ella estaba pensando en algo.

― ¿Todo bien? ― Preguntó el rubio, sin apartar la vista de ella.

― Sí, solo ― Giró para poder verlo, titubeando un poco ― Solo estoy un poco confundida ―.

El hizo una mueca, no era lo único que su hermosa Catarina tenia.

― Chat ¿Cuál es tú color favorito? ― Ahora fue su turno de preguntar.

Por alguna razón, algo le decía que para eliminar aquella turbulencia dentro de ella, o él, debía saber más de Chat Noir y así saber que era lo que realmente le pasaba.

Pero también quería quitar un mal pensamiento que rondaba su cabeza desde ese mismo día por la tarde cuando él mismo se sorprendió confesando que sí tenía cierto enamoramiento con el Héroe gatuno; ¿Seguiría profesando un amor ciego como lo hacía si supiera que ella en realidad era un él?

No lo sabía, pero por aquel momento no quería pensar en eso.

― Él rojo, m'lady ― Respondió sonriente.

Sin saber que ambos pensaban exactamente lo mismo, teniendo los mismos temores.

[…]