Ranma ½ y sus personajes pertenecen a su creadora, Rumiko Takahashi, solo los tomamos prestados un rato.
Esta historia es una colaboración entre Kariiim y Kaysachan realizada especialmente para la dinámica #Fiestas_en_pascua inspirada en el fanart de SaoTendo
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Juego de Seducción
II Parte
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Cuando Ranma y Akane fueron declarados los ganadores de la estadía en el hotel todo incluido, los organizadores se encontraron con muchas parejas protestando y mostrando sus canastas, que indudablemente estaban igual de llenas que las de la peli azul.
Muchos empezaron a murmurar que el concurso estaba arreglado ya que una de las organizadoras era la hermana mayor de la supuesta ganadora, era obvio que ahí había favoritismo, para calmar los ánimos, Nabiki explicó que, previendo un empate, los organizadores habían escondido un huevo especial, que otorgaba un doble puntaje.
La característica principal de este huevo consistía en que su cascarón estaba decorado con un arte abstracto que representaba a un Orochi, un horrible dragón que permanece dormido en las profundas aguas de Ryugenzawa, lo que lo hacía aún más especial, es que la pintura verde, con la cual se delineo el dibujo, fue extraída del musgo mágico que crece en el cuerpo del gran dragón de ocho cabezas y que tenía propiedades curativas.
Todos los presentes quedaron maravillados con esta información y muy pronto todos comenzaron a revisar sus canastas con el fin de encontrar este huevo tan especial que los haría acreedores al gran premio, siendo Akane la favorecida al encontrarlo en su canasta.
Nabiki, astuta y sagaz como siempre, al notar que su hermanita encontró el huevo ganador, ofreció a todas las parejas no ganadoras, una comida en el restaurante de Ukyo, que no pudo negarse, ya que, como la mayoría de los habitantes de Nerima, tenía una deuda pendiente con la mediana de las Tendo.
- Felicidades hermanita, espero que tú y el cuñadito disfruten mucho su premio – Nabiki le dijo con una sonrisa felina a Akane al entregarle el sobre con el certificado.
Akane escuchó a su hermana con las mejillas rojas, algo en todo este asunto le hacía pensar que quizá los reclamos de los otros participantes no eran infundados, Nabiki se estaba comportando de una manera muy extraña, como si estuviera tramando algo, pero este no era el momento ni el lugar, pero ya vería como sacarle esa información más adelante.
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Akane no pudo evitar que se le colorearan sus mejillas al leer el folleto del premio, la atracción principal del resort era que gozaba de unas aguas termales muy buenas y concurridas por los habitantes de la ciudad, además de excelentes instalaciones, contaba con alberca, jacuzzi, restaurante y áreas de juego, sin mencionar que las habitaciones contaban con sus propias termas artificiales, donde dos personas podían gozar de esa comodidad.
¿Una noche a solas con Ranma? Dios, si fueron capaces de haber hecho aquello a plena luz del día y en lugar abierto, no quería ni pensar que podría pasar en el cuarto de un hotel.
- ¿Y ahora que voy a hacer? No puedo llegar a casa y verlo – articulaba en voz alta para ella misma enrojeciendo intensamente y con la mente inundada con las imágenes de ella dejándose arrastrar por el placer de las caricias de Ranma – por Dios ¿qué hice? ¿Akane que hiciste? – coloco sus manos en sus cálidas y enrojecidas mejillas.
Akane no podía dejar de cuestionarse su comportamiento, en verdad no deseaba enfrentar al chico, todo había sido tan rápido, tan abrupto, tan inesperado, pues de un momento a otro se encontraba en los brazos de Ranma, gimiendo como una maldita loca – tuve un orgasmo – mencionó en un susurro, organizando sus propias ideas e hipótesis, mientras sus pies la guiaban camino a casa, se quitó las orejas de conejo que reposaban sobre su cabeza, observándolas detenidamente – coneja blanca, coneja atrevida, coneja asustada – enumero los adjetivos que Ranma había utilizado para ella en ese momento, haciéndola sonreír.
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Las horas corrían con prontitud y un impaciente Ranma esperaba que la chica de ojos color canela llegara a su hogar.
- ¿Por qué tardas tanto Akane? – cuestionaba al aire, tratando de sentir su presencia, quería verla, no, necesitaba verla.
El sol amenazaba con dejar de iluminar las calles de Nerima, lo cual impacientaba más al moreno, deseaba salir de casa para buscarla en cada rincón de aquel barrio, pero… lo último que se dijeron fue que en casa se verían, ¿y entonces? ¿por qué no llegaba?, pensaba mientras caminaba nervioso de un lado a otro sobre el tejado.
Estaba a punto de salir del lugar para buscarla cuando la vio acercarse, caminaba con el rostro serio, estrujando entre sus delicadas manos las maltratadas orejas de su disfraz, a Ranma se le iluminó el rostro y un suspiro de alivio se escapó de sus labios.
Él conocía muy bien a su prometida y fácilmente pudo adivinar lo que la tenía así, ya que justo después de la entrega pasional que tuvieron, pudo ver reflejado en su hermoso rostro cómo la invadió la vergüenza, por un momento, él mismo fue presa del pánico al creer que ella estaba arrepentida de lo vivido, pero pronto comprendió que solo eran nervios, pero él haría lo que fuera necesario para que ella se sintiera segura y cuidada, no permitiría que nada arruinara su estancia en el hotel.
Rápidamente bajó del tejado y se dirigió con paso firme hacia su femenino objetivo.
- Hola –saludó el muchacho colocándose de un salto delante de la distraída chica - ¿Dónde estabas?, me tenías muy preocupado – la voz del joven reflejó preocupación y acercó su cuerpo a la mujer, buscando contacto físico, ella quiso retroceder ante la poca distancia entre ellos, pero el varón de ojos color azul se lo impidió tomándola de las mejillas, acercando sus rostros de forma que su narices se rozaran en una gentil caricia.
Akane se sorprendió ante aquel gesto tan dulce, amoroso y desconocido para ella y no pudo evitar sentirse hipnotizada al ver como Ranma parecía disfrutar de ese contacto.
-Hola, perdón por preocuparte, no era mi intención – mencionó quedito, sin despegar los rostros.
Él sonrió ante la tímida respuesta y con paciencia buscó la femenina mirada, imaginó la gran telaraña que ella tendría en la mente, esa lucha entre la desconfianza y los sentimientos, una vez que sus miradas se entrelazaron, el azabache aproximó su boca a las comisura de la boca de Akane, experimentando una agradable sensación de calidez al sentir el aliento de Akane chocar con sus hambrientos labios, se quedó inmóvil unos instantes, se estaba muriendo de necesidad de besarla, pero no quería abrumarla.
Akane, por su parte, se sentía envuelta en un mar de sensaciones, esa cercanía con Ranma era tan nueva como excitante, no podía negar que estaba deseosa de volver a sentir sus labios contra los suyos, aferró sus manos a los fuertes brazos de Ranma, cerró sus ojos y terminó con la mínima distancia que existía entre ellos, juntando por fin sus labios en un beso dulce y tierno.
El pequeño acto de amor se prolongó por algunos instantes, donde la delicada fricción se asemejaba a una deliciosa danza de placer, donde dos seres buscaban decirse lo que con palabras no podían expresar.
-Vamos Akane, tienes una maleta que hacer – murmuró el muchacho separando su rostro plasmado con una gran sonrisa del delicado perfil de la mujer – tenemos un premio que cobrar –
Los bonitos labios de la muchacha se curvaron en una preciosa sonrisa, que dejó al joven completamente hipnotizado.
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- Su habitación es la ciento ocho, según lo contratado, pueden gozar de las diferentes áreas del hotel, el cuarto está en la primer planta y cuenta con su propia área de termas privada, son termas artificiales pero son de la mejor calidad, son una gran atracción para los turistas – mencionaba la amable recepcionista mientras entregaba la llave y las pulseras distintivas para ambos chicos – bien, entonces, una vez más, bienvenidos y disfruten su estancia – definitivo las palabras de la mujer eran aprendidas, dichas por inercia, era parte de su trabajo.
-Gracias… - respondió educadamente Akane, realizando una leve reverencia y caminando por donde le habían indicado.
Ranma tomó sus pequeños equipajes siguiendo los pasos de su prometida, conforme avanzaba, pudo observar que el lugar era de muy buen gusto, pisos perfectamente pulidos, techos altos, elegantes lámparas que colgaban de manera estratégica iluminando armoniosamente la recepción y los pasillos.
Después de una corta caminata, los jóvenes se posicionaron frente a una de las puertas donde el número indicado se mostraba en la parte superior en tonos plata, la peli azul tomó la pequeña llave entre sus manos con fuerza, experimentando un cosquilleo nervioso en el estómago, el joven de cabello trenzado distinguió lo tenso del cuerpo de la chica, porque no dejaba de mover las manos, presionando y friccionando sus dedos entre sí, sabía lo nerviosa que se encontraba, pues no había articulado ni una sola palabra desde que salieron de casa, no quería verle a los ojos y evadía cualquier contacto que el joven buscaba.
- ¿Me permites? – pidió el menor de los Saotome en tanto cogía el metálico objeto de entre las temblorosas manos de la mujer, Akane simplemente le dejo hacer mientras veía como él le sonreía, ella no pudo negarse o responder –Todo estará bien Akane –mencionó Ranma entrelazando su mano libre con la de ella, mientras que con la otra extremidad insertaba la llave para poder ingresar a la habitación, Akane sintió una ligera sensación de alivio al poder sentir la seguridad que el joven le brindaba en cada acto.
Se sonrieron en una mutua complicidad y atravesaron el umbral juntos, sabiendo que después de cruzar por esa puerta ya no habría vuelta atrás.
Una vez dentro, colocaron sus pertenencias sobre la gran cama vestida en un elegante y pulcro edredón color blanco, los ojos de ambos se dedicaron a admirar cada detalle de la habitación, el lugar era distinguido, sobrio y hermoso, los colores plata, blanco y gris predominaban en la estancia, todo era muy lindo. Sin embargo, lo que más les llamó la atención fue la puerta de cristal corrediza, ya que era la que los llevaba hacia el área de las termas privadas de la que habló de recepcionista.
Sus pasos automáticamente se dirigieron hacia ese lugar, una vez allí, los prometidos se quedaron completamente admirados del gran atractivo que poseían esas termas, aunque eran artificiales tenían ese encanto especial que las convertía en un espacio único, las grandes piedras enmarcaban a la perfección el cuerpo de agua del que emanaba una considerable cantidad de vapor, las paredes que ejercían como límites del lugar eran adornados con enredaderas y plantas que daban la ilusión de estar en un sitio abierto, el detalle de poder ver el cielo era algo que se agradecía monumentalmente, pues las estrellas le daban un toque romántico al asunto, sin duda, era un pequeño paraíso privado.
- Es muy lindo – musitó la joven de corta cabellera sin despegar los ojos de aquel escenario, Ranma que estaba justo a uno de sus costados, vio como los ojos de la chica brillaban ante tal imagen –¡Pido turno! – gritó la peli azul corriendo hacia su maleta y encerrándose en el baño.
- ¿Qué? – gritó confundido el muchacho
- Yo me bañare primero y luego iras tú – contestó, el azabache no entendió muy bien las palabras de la chica.
-Creí que entraríamos juntos –
- ¿Qué? Olvídalo – la voz de Akane sonaba nerviosa
-Pero ¿por qué no? – cuestionó el varón frente a la puerta del baño, escuchando mucho movimiento dentro.
-Porque podría ser incomodo, déjame entrar a mi primero, yo no estoy acostumbrada a bañarme junto a un hombre –al terminar la frase la chica abrió la puerta, dejándola ver con una reluciente bata de baño propiedad del hotel – prometo no durar mucho – curvó sus bonitos labios seguidos de un parpadeo juguetón, a Ranma le hizo gracia aquel gesto aniñado y asintió, la mujer colocó unas sandalias en sus pies y se dispuso a ingresar en aquel paraíso artificial.
Ranma entendía la actitud de su prometida, no era fácil el paso que él quería dar con ella, pero es que la impaciencia lo estaba matando, después de ese sensual encuentro en el parque, él necesitaba tenerla, ¡por Dios!, no había dejado de pensar en ella desde ese momento, no aguantaba las ganas de volver a probar el sabor de sus labios y de sentir la suavidad de su piel. Además, no podía negar que, la curiosidad de conocer todos y cada uno de los rincones del bonito cuerpo de su prometida, lo estaban emocionando demasiado, tanto que tuvo que hacer uso de todo su autocontrol para poder controlarse un poco, él quería darle espacio necesario para que ella se sintiera cómoda, se moría de ganas de hacerla suya, pero jamás haría algo que la incomodara, no estaba en sus planes forzarla, pero sí que haría todo por seducirla.
Sentado en la gran cama observaba el ventanal que daba exclusivamente hacia el área de las termas, vio como parte de los hombros y cuello de la chica quedaba expuesto, los húmedos cabellos se pegaban en la perfecta piel, las tibias gotas de agua resbalaban traviesas por la nívea espalda, su prometida era un sueño, una fantasía que muchos deseaban y que solo él poseía.
Aspiró una gran bocanada de aire y se incorporó rápido de la cama, la chica llevaba más de quince minutos – tiempo suficiente – se dijo mentalmente, tomó la maleta e ingresó al baño. A diferencia de Akane, él salió de éste con una toalla anudada a su cadera y dirigió sus pasos hasta el húmedo lugar, tratando de hacer el menor ruido posible.
Akane estaba tan relajada disfrutando del agua que no se percató cuando su acompañante ya se encontraba justo delante de ella, el muchacho le observaba detenidamente, delineando el bonito rostro, aunque la mujer tenía los ojos cerrados, el azabache admiró con lentitud cada detalle, las tupidas y rizadas pestañas, la fina nariz, los deliciosos labios, levemente entreabiertos producto del calor que les rodeaba, le gustó ver el contraste de su blanca piel con el rojizo que pintaban sus mejillas al sentir el vapor que las aguas emanaban.
Había soportado mucho esa tarde, así que sigiloso, silencioso como el mejor de los ninjas, se acercó delicado hasta ella y sin más tomó aquellos labios en un beso robado que él disfruto mucho.
La mujer por instinto buscó separarse, sus ojos se abrieron asustados ante el contacto, en cuanto el azabache separó su boca de la de ella, Akane protestó por la acción del muchacho.
-Tonto, me asustaste – la voz resonó un tanto aguda.
-Perdón, necesitaba hacerlo – comentó mientras tomaba lugar a un costado de la chica.
- ¿Tardé mucho? –preguntó la peli azul tratando de cubrir sus pechos despistadamente con sus brazos, aunque estos estaban cubiertos por el agua.
- Una eternidad – confirmó el muchacho, mientras su ojos la recorrían de una manera poco decorosa, acción que hizo sonrojar a la chica – pero esto me gusta, me agrada compartir un buen baño – por alguna extraña razón, a Akane aquello le causó una leve punzada de celos, pues recordó las ocasiones en las que ella misma le sorprendió con Shampoo en la bañera de su propia casa.
Intentó no colocar ese tipo de imágenes en su mente, pero es que era algo complicado de olvidar, sus labios se curvaron levemente en un intento de sonrisa.
"Akane ya tienes veinte años, sigues virgen, es hora de que actúes" se decía mentalmente la muchacha, "estas enamorada de él, hazlo, y mantén un bonito recuerdo de esto", la mujer respiró profundamente para calmarse, por un lado quería dejarse llevar por sus impulsos y entregarse al hombre que amaba, pero por el otro tenía mucho miedo, temía que todo esto fuera solo un reto para su prometido, él nunca había dado señales de querer formalizar su relación y le aterraba pensar que para él esto era un juego y nada más.
Al volver de sus cavilaciones, observó los ojos azules que le veían intensamente, en ese instante tomó su decisión, decidida acabó con la distancia que los separaba y con su lengua delineó los bordes de la boca de Ranma en una sutil y sensual caricia, succionó con delicadeza el labio inferior halándolo gentilmente y dejándole sentir sus dientes.
- Ya me relajé lo suficiente, te espero en la habitación – al terminar la frase, la peli azul sonrió al notar los masculinos labios que se mantenían entreabiertos intentando inhalar oxígeno, mientras sus profundos ojos azules la devoraban con la mirada y la arrastraban hacia lo más profundo del abismo.
Akane, en un arrebato de valentía, decidió hacer un movimiento tan audaz, que ni ella misma se lo creería, sabía que no era muy voluptuosa como otras chica, pero en más de una ocasión sorprendió al chico de la trenza observar embelesado su parte trasera.
Suspiró consciente de lo que haría, llenó su cuerpo de valor y se irguió tomando la pequeña toalla que descansaba justo sobre una de las rocas a un costado de ella, la posicionó delante de ella tapando el busto y el bajo vientre, caminó, despacio, lento y con cuidado, la densidad del agua caliente dificultaba el balanceo de su cuerpo, no miró atrás, sentía las pequeñas gotas de agua recorrer su espina dorsal, perdiendo la calidez que anterior mente tenía el líquido, el femenino rostro se negaba a demostrar el rubor que su corazón amenazaba con hacer estallar.
Subió los pequeños peldaños para salir de las cálidas aguas, demostrando una seguridad que ella misma desconocía, no quiso ver si el azabache le observaba pero sentía la aguda mirada en su cuerpo, esos ojos la taladraban, experimentaba el acelerado latir del corazón, parecía querer salir del femenino pecho, salió del artificial cuerpo de agua dando pasos con cuidado de no caer por la humedad en el piso, dejó la pequeña toalla sobre un sencillo mueble de bambú, solo para tomar una toalla más grande, con una naturalidad casi desquiciante enredo la suave tela sobre su menudo cuerpo, dejando de lado la bata de baño con la que ingreso en un inicio. Se acomodó el trozo de tela cuidando de no dejar nada al descubierto, verificando que sus pechos e intimidad estuvieran cubiertas, el esponjoso material cubría hasta medio muslo, una vez supervisado ese detalle se encaminó hacia la puerta corrediza que daba hacia la habitación, todo esto ante la atenta mirada color azul del azabache, la peli azul pudo jurar que escuchó el duro tragar de saliva del muchacho, ignoró todo aquello y siguió con su camino.
Uno, dos, tres, seis, nueve pasos hacia la salida y su cadencioso andar no se detuvo, por breves instantes sintió algo de decepción al no sentir ningún tipo de movimiento en el chico, recorrió el cristal con cuidado para ingresar al cuarto, cuando intempestivamente unos fuertes brazos la halaron contra un ancho pecho, la femenina espalda se vio impactada con los duros y húmedos músculos de Ranma.
La mujer percibió la cálida respiración de Ranma en su cuello, el cálido e inestable hálito golpeaba con deliciosa tortuosidad la ya erizada piel femenina, los grandes brazos atraían con posesividad la delicada anatomía hacia él, el varón de cabellos negros pegó la punta de la nariz en el cuello de la mujer, aspirando el sutil aroma, embriagándose de ella.
- No tienes una idea de lo que acabas de hacer, si de solo imaginarte, estaba loco por ti, por tu cuerpo, de tu sabor, con esa acción tuya, perdí el ultimo hilo de cordura que me quedaba – mencionó el muchacho jadeando, pegando su pelvis lo más que podía al redondeado trasero femenino, haciéndole sentir a la chica lo excitado que ya se encontraba. Akane como respuesta a ese acercamiento, ahogó un gemido.
Ranma deslizó una de las manos hacia el rostro femenino, para girarlo hacia él y poder devorar los carnosos labios de la joven, mantuvo tu agarre firme en la delicada mandíbula, para impedir que ella terminara con el beso, introdujo con desesperación la hambrienta lengua en la cálida cavidad de la chica, buscó el contacto de esta incitándola a que ella también le buscara, la postura en la que se encontraba era un poco incómoda, pero se sentía malditamente bien la fricción de sus partes bajas.
La extremidad masculina que sostenía el cuerpo de Akane, bajó indiscreta sobre la suave tela en color blanco, buscando el contacto con la piel, una vez hallado el objetivo, los dedos se anclaron posesivos en el níveo muslo, tratando de arrastrar consigo el paño que les separaba a ambos, subió por aquella vereda explorando la piel que hasta ese momento el desconocía su textura, la preciosa cadera seria la gloria para él, su palma trataba de abarcar lo más que esta podía, quería conocerla, la necesitaba. Su desesperación por conseguir más contacto pudo más que su control, cortó ligeramente el beso para de un rápido movimiento posicionar a la mujer de modo que quedaran cara a cara.
Observó como ella respiraba agitaba, el fino cuello al igual que el pecho se movían en sincronización con la irregular respiración, a Ranma se le hizo agua a la boca, solo de ver aquella imagen, el cuerpo de la menor de los Tendo aún mantenía la humedad del agua resbalando por su anatomía, el cabello mantenía las puntas mojadas, pegándose de manera divina a la blanca piel, las manos de ella intentando mantener el agarre sobre el inestable dobladillo de la toalla, el cual sostenía el tejido en su lugar, él sonrió con lujuria, con la seducción plasmada en sus ojos, el hambre por su prometida llameando en cada poro de su piel.
No pudo soportarlo más y cerró la distancia que los separaba, uniendo sus labios en un beso sediento del aliento ajeno, donde la seducción que hacían sus lenguas era la perfecta mezcla de pasión, amor y erotismo, Ranma degustaba la exquisita cavidad con anhelo, apretando los dedos en la femenina nuca habilitando el movimiento para crear más contacto entre sus bocas, mientras que la mano que mantenía en la estrecha espalda delineaba inexperto el curvilíneo cuerpo, sintió la curva que enmarca la exquisita redondez del femenino trasero, se ancló en ese lugar solo unos cortos segundos, pues casi de manera inmediata ambas extremidades masculinas buscaron la satisfacción de amasar con ansiedad la firme carne de los bonitos glúteos.
Akane al experimentar aquella caricia, gimió por instinto al sentirse invadida de aquella manera, aunque el toque fue por encima de la húmeda tela, la fuerza y la posesividad de las manos del azabache la hacían sobresaltarse.
-Ya no pude aguantar más – susurró el varón pegado a los jadeantes labios de su acompañante, volviendo a besarla de manera desesperada, sin dejar de tocar aquel lugar que le encantaba, parecía querer memorizar cada forma y consistencia de estos.
Ella no contestó, simplemente se dejó guiar, caminó con los ojos cerrados inundada en besos y caricias, abrumada por la pasión y sensaciones que el joven le demostraba, los torpes y tambaleantes pasos se dirigían hacia la gran cama que se encontraba a escasa distancia de ellos.
La chica de cabello corto se abrazó con fuerza a la desnuda espalda del muchacho mientras avanzaban, sabiendo perfectamente el objetivo de su prometido. Una vez que las femeninas pantorrillas chocaron con el filo del colchón, supo que ya no había vuelta atrás, ella lo deseaba y no se detendría a estas alturas.
Separó ligeramente su cuerpo, dejando una mínima distancia de la anatomía del chico, solo para desanudar la toalla que tenía enredada en ella, tragó saliva infundiéndose valor, le vio a los ojos, pudiendo darse cuenta que Ranma aunque mantenía su mirada firme en ella, en realidad estaba a miles de kilómetros, parecía estar soñando, sus iris destellaban deseo, lujuria, el azul de sus orbes se veía tan intenso.
Mientras ambos parecían buscarse en los ojos del otro, las femeninas manos dejaron caer el estorboso trozo de tela que les impedía el contacto, Akane no quiso pensar en nada, simplemente dejó que su deseo tomara control del momento.
Ranma por su parte al sentir tal movimiento, no pudo decir o hacer nada más que tragar la poca saliva que existía en su boca, bajó la mirada lento, buscando la aprobación silenciosa de su amada, al distinguir la perfecta anatomía su pecho se aceleró, su corazón latió con más fuerza y la sangre que se agolpaba en su virilidad parecía reclamar por más fricción entre ellos.
El azabache curvó los labios e inhaló oxigeno hinchando su pecho en un gesto de satisfacción.
-Definitivo eres mucho mejor que en mis sueños –la voz del joven resonó en los oídos de Akane de un modo tan gutural que le provocó un ligero estremecimiento, aquella confesión hizo que la mujer sonriera.
- ¿Sueñas conmigo? –preguntó seductora, en tanto las manos de Ranma la posaron sobre el edredón, colocándola de manera suave en la superficie, acomodando el femenino cuerpo mientras él se colocaba sobre sus rodillas a uno de los costados de la chica.
-Sueño, te imagino y fantaseo todos los días contigo – musitó el hombre de ojos azules delineando con la mirada la pequeña anatomía que respiraba inquieta en la cama, la mujer hizo amago de tomar uno de los cojines que adornaban el lecho para taparse - déjame verte, no cubras tu cuerpo – habló deteniendo la acción de la chica, el menor de los Saotome paseo sus ojos de arriba abajo, deteniéndose atento a todas aquellas zonas que llamaban su atención, contempló con cuidado la frágil figura que descansaba a su lado.
Desde el perfecto y sonrojado rostro, hasta el bonito esmalte de las uñas que los dedos de los femeninos pies lucían. A Ranma se le antojo hacer tantas cosas, ella era hermosa, perfecta, era el pecado que cualquier hombre estaría encantado de cometer.
-Siento que estoy soñando –mencionó tan quedo, que dudo por momentos el haber hablado.
La peli azul se sentía expuesta ante la hambrienta mirada, aunque le causaba algo de pena el estar así, se sintió deseada, pues al ver como la mirada de Ranma se perdía en ella, la hacía sentirse poderosa, pues sabía que él en ese momento era casi como su esclavo, el poder distinguirlo de rodillas, con la toalla anudada a su cintura, admirándola, deseándola, era un sentimiento que no podía explicar.
Ranma que no podía salir de la ensoñación, experimentó la necesidad de la piel, quería tocar, besar, magrear todo a su paso, quería ver como sus caricias quedaban plasmadas en aquel perfecto y virginal lienzo.
Los masculinos labios se vieron urgidos de explorar al tibio cuerpo, se le hizo agua la boca solo imaginar el sabor de la blanca dermis.
Se abalanzó sobre la mujer, quien le esperaba ansiosa. El azabache buscó los femeninos bordes para poseerlos a su antojo, una vez saciado su deseo, descendió delineando con su boca la mandíbula y cuello de su acompañante. Akane suspira audible ante aquellos mimos, entregada a la caricia.
El camino descendente de Ranma siguió hasta toparse con los tersos senos, acarició la zona con el perfil, aspirando el aroma que estos desprendían, conociéndolos, la cálida temperatura que estos despedían era agradable. Los rozados pezones estaban erguidos, endureciéndose ante cada caricia, el joven contenía sus instintos tratando de disfrutar del momento, atesorando cada detalle, las texturas y aromas que él descubría conforme avanzaba.
Los varoniles labios iniciaron con la erótica exploración de la zona, degustando el dulce sabor del busto, amó ver como la respiración de Akane se descontrolaba ante cada roce, pero definitivo se sintió en la gloria cuando de manera inadvertida introdujo uno de los rosados pezones a su boca, el sensual sonido de los gemidos de su prometida lo enloquecieron, percibió como ella perdía el control ante sus acciones, lamió, succionó, besó y mordisqueo cada uno de ellos, alternando sus manos y sus labios, grabando cada detalle, conociendo lo que a la chica le gustaba, tomando nota mental para sus próximos encuentros.
El tirón en su virilidad era cada vez mayor, palpitaba excitado, necesitaba atención, pero es que su cerebro le pedía conocer y explorar cada parte de ella.
Por el momento dejó de lado su tarea de seguir mimando los redondeados senos para seguir con su descendente camino, con la lascivia a flor de piel el azabache surcó el plano vientre, deteniéndose solo para dejar marcas de tortuosos besos, dejando húmedos caminos, sentía tanta satisfacción al friccionar su lengua contra la piel femenina, saciaba sus más primitivos instintos.
Continuó bajando hasta posicionar el rostro entre las femeninas piernas, contempló con devoción la íntima parte de la chica, sintió curiosidad y emoción ante aquello.
Él no tenía experiencias previas, desconocía tantas cosas, solo gozaba de largas horas de entretenimiento para adultos, donde los videos que sus amigos le compartían estaban llenos de actos ficticios.
Decidió dejar que sus instintos le guiaran, miró con detenimiento la sensible zona de la chica, era en un apetecible tono rosa, la tersura que aparentaba le hizo salivar discretamente.
Relamió sus labios y con lentitud lamió los bordes externos de la chica, provocando un estremecimiento que le indicaba seguir con aquella tarea, rozó la masculina lengua curiosa de experimentar los femeninos sabores, la boca de Ranma paladeo la humedad de la mujer, sintiendo aun el insípido sabor del agua que aun guardaba en los pliegues.
Mientras el varón más se adentraba en la intimidad, la chica se retorcía de placer, la lengua de Ranma encontró la ligera protuberancia que enviaba descargas de delicioso deleite, succionó despacio, haciendo movimientos de arriba abajo con la lengua. Akane arqueaba la espalda mientras jadeaba de puro e incontrolable deseo.
La visión de verla retorcerse de placer le encantó, de un momento a otro mientras seguía con la felación y sus manos masajeaban vagamente los tersos muslos, percibió como Akane se tensaba, distinguió como su prometida tomaba la tela del edredón con fuerza, haciendo una gran masa de tejido bajo sus dedos.
El satisfactorio resollar de Akane, seguido de la relajación del femenino cuerpo le indico a Ranma que la tarea había llegado a su objetivo, bebió con deleite los frutos del orgasmo sintiéndose tan varonil o poderoso, pues a pesar de su inexperiencia había logrado que su mujer tocara el cielo con las yemas de los dedos.
Se incorporó con una gran sonrisa en el rostro, y la visión que ella le regaló lo dejo aún más necesitado de su prometida, ella con la piel perlada de una ligera capa de sudor, desnuda, jadeando, tratando de contralar la respiración, tapando su boca con una de sus manos.
Ranma se retiró la toalla que aún le rodeaba la cintura, y se tiró como una bestia en celo sobre ella.
- ¿Estás bien? – preguntó al ver el desconcierto en el delicado rostro.
-Sí, solo que eso fue inesperado – contestó con la respiración irregular, pero satisfecha.
- ¿Seguimos? – cuestionó pícaro, saboreando aun el lascivo sabor de ella en su boca, era más que obvio que seguirían, el culminaría aquel acto carnal, se entregaría a ella y se juraría a él mismo ser el único hombre en la vida de Akane
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Notas:
Dedicado con mucho cariño a nuestra amiga Benani0125 por su cumpleaños.
No crean que esto se termina aquí, todavía falta otra parte...
