Disclaimer: la mayoría de los personajes mencionados son propiedad de Stephenie Meyer.

Capítulo 23

Bella

― Gracias, Harry. Te echaré de menos.

Él hizo una mueca y con la mano me indicó que saliera de su oficina. Le abracé por impulso; un abrazo algo torpe porque sabía que detestaba las muestras de afecto no iban con él.

Y salí. Dejándole con una ligera sonrisa.

Había aceptado a regañadientes que me tomaría un mes antes de la fecha aproximada del parto. Lo que guardé para mí era que probablemente no regresaría más. La idea de iniciar un negocio en línea me mantenía emocionada y con ganas de ejecutar el plan.

― Esa sonrisa significa algo ―comentó Jacob desde la cocina, limpió sus manos con un paño y apuntó con la barbilla hacia el rincón del restaurante―. Rosalie lleva toda la mañana metida en el baño.

Miré hacia ahí. Rose abrió la puerta y parecía que limpiaba su boca.

»Lleva días enferma del estómago ―añadió Jacob.

Fruncí las cejas. Obviamente Jacob desconocía algunos malestares femeninos, como náuseas, vómitos, mareos y apetito excesivo. Justo como le ocurría a Rosalie.

Cuando ella se acercó a nosotros nos sonrió.

― ¿Qué les pasa? ―nos interrogó― tienen cara de tontos ―empezó a reírse.

― Estamos hablando que llevas días actuando extraño ―le dije―. ¿Estás embarazada?

Su nerviosismo me hizo dudar. Rose negó con la cabeza y se alejó volviendo a sus deberes, dejándonos sacar nuestras propias conclusiones.

― Aquí te buscan ―articuló Jacob detrás de mí.

Volteé hacia la puerta y la reconocí al instante.

La señora Giselle Newton seguía casi como la recordaba. Bueno, su cara de palo estirado ahora mantenía varías líneas de expresión en su perfecto cutis de porcelana, aunque su complexión delgada era la misma.

Frunció los labios al quitarse las gafas de sol. Me observó de pies a cabeza, posiblemente haciendo cuentas en su mente sobre mi vestimenta. No usaba ropa de diseñador porque Walmart era mi lugar favorito, así que, seguía siendo poca cosa para su hijo.

Podía adivinar su pensar.

― Hola, Isabella ―su voz fue áspera― espero que estés bien. Me gustaría que me dieras algo de tu tiempo para hablar sobre Matthew, mi nieto.

Crucé los brazos por encima de mi barriga.

Era curioso que lo llamase nieto. Creía recordar que mi niño no era nada de ellos, lo recalcó más de una vez hace muchos años.

― El tiempo que tengo es mientras no haya clientes.

La señora Newton se centró en mi rostro. Estrechó los ojos y parecía seguir viéndome con repudio, nada había cambiado en ella.

― Seré honesta ―mencionó―. Me dijo Mike que no quieres saber nada de nosotros.

Una risa escapó de mis labios y tuve que cubrir mi boca para acallar los sonidos.

― Es increíble su desfachatez ―murmuré.

― Bien, hablemos sin rodeos, ¿cuánto dinero quieres por dejarme ver a mi nieto? Pide lo que necesites, Isabella.

Exhalé. A estas alturas había aprendido a moderar mis enojos.

― La tranquilidad de mi hijo no tiene precio ―articulé.

― Entonces déjanos estar cerca de él, tenemos derecho. Matthew es un Newton y no hay nada que pueda cambiarlo.

― No. No tengo porqué aceptar que estén cerca de mi hijo cuando ustedes lo rechazaron desde antes de nacer.

― Sabes bien que estás siendo injusta. Cuando el niño crezca te recriminará por haber impedido que él conviviera con su familia paterna. Lo sabes, ¿verdad?

― Hablemos claro, señora Newton. No permitiré que Matt conviva con ustedes y sabe perfectamente que las leyes del estado están a nuestro favor. Su hijo no quiso ser partícipe de nada relacionado con mi hijo, en seis años no fue capaz de preguntar por él, ni siquiera para saber si había sobrevivido o no. Usted habla de injusticia ¿en serio? cuando fue usted misma quien no permitió que Mike se hiciera responsable. La vida da vueltas, señora Newton y mi hijo no los necesita. Puede usted irse de nuevo a su casa y trate de mantener su conciencia tranquila porque la mía lo está.

― Eres un ser despreciable ―farfulló―. No tienes un poco de compasión por mí y mi familia a pesar de que hemos perdido a mi esposo, gracias a él, Matt tendrá un futuro prometedor y seguro. ¿No entiendes?

― Créame que lamento mucho lo de su esposo, señora. Pero con respecto a mi hijo no cambiaré de opinión, así como usted prefirió que Mike se alejara de nosotros yo también elijo que mi hijo esté lejos de ustedes.

― Es todo una maldita venganza. Es por ello que te niegas a dejarnos estar cerca de Matthew.

― Puede pensar lo que quiera, señora. Mientras mi hijo sea menor de edad velaré por él y su bienestar. Cuando tenga suficiente edad y si él desea convivir con ustedes, esa será su decisión. Y le aseguro que la respetaré.

Hizo de nuevo ese mohín al tiempo que volvió a poner sus gafas de sol y salió deprisa del establecimiento sin decirme un adiós.

En mi interior deseaba que no volviera más.

.

.

― Entonces, te esta costando acostumbrarte.

Matt asintió. Me había explicado que olvidaba escribir su nuevo apellido y terminaba escribiendo Swan. Lo comprendía, no era fácil para él memorizar que ahora era Matthew Cullen.

― ¿Crees que… papá se enojará?

Negué. Contuve mi sonrisa y despeje su rostro removiendo algunos mechones que cubrían sus ojos.

― Edward no es capaz de enojarse ―lo tranquilicé.

― ¿Hablan de mí?

Edward llegó a casa. Dejó las llaves sobre la encimera y después se acercó a darme un beso y cargar a Matt.

― ¿Qué tal estuvo tu día? ―quise saber.

― Cansado ―reconoció al hacer una mueca.

Llevaba días quejándose de dolor de espalda.

― Te hice un dibujo ―Matt le dijo antes de ser puesto de nuevo sobre los pies, se dirigió a la sala de estar y regresó corriendo con un dibujo hecho por él mismo: eran solo dos personas y supuse que eran Edward y él―. ¿Te gusta?

Edward observó el papel con una sonrisa.

― Por supuesto, aquí luzco más flaco de lo que realmente estoy. Así que me gusta como me veo. Gracias, hijo ―despeinó el pelo de Matt.

Mi hijo sonrió y sus mejillas adquirieron un bonito rosa. Edward había pegado el dibujo en la puerta del refrigerador.

Tenía que admitir que mi esposo estaba ganando peso y ahora se la había formado una leve y muy sutil barriga. Pero no importaba, porque se veía tan galán como siempre.

― No llegó Ariel ―comenté al verlo servirse un vaso con agua.

― Me envió un mensaje y dijo que se quedará esta noche en casa de Chelsea ―bebió lentamente el agua fría―. Espero de verdad que logre sentirse cómoda con ella. Ahora que conversé con mi hija, ella dijo que le daría una oportunidad más antes de decidir vivir para siempre con nosotros.

Noté que se quedó ensimismado.

― Esta noche saldremos a cenar ―le di un guiño―. Mamá ya no tarda en llegar por Matt, le di permiso de quedarse fuera de casa.

― ¿Qué piensas hacer conmigo? ―inquirió con una ceja arqueada.

Suspiré y dejé un beso en su hombro.

― Ya verás.

.

― ¿Pretendes emborracharme? Porque déjame decirte que estoy mareado.

Sonreí al ver que bebía por completo su copa de vino. Todo parecía estar marchando como lo había planeado.

Estábamos pasando una velada bajo la luz de las velas y el lugar perfecto era la sala de estar.

Después de cenar y caminar por las tranquilas calles de Forks regresamos a casa. Me había ofrecido a darle un masaje.

Ahora Edward estaba sentado en el piso y solo en bóxer como única prenda.

— Quiero que te relajes —susurré.

Eché aceite de lavanda en mis manos y lo froté entre mis dedos antes de resbalarlos por sus hombros,

La espalda de Edward se arqueó soltando un gemido leve.

― Entre el vino y el masaje… ―suspiró― me estoy relajando cariño.

Mis dedos cayeron a su espalda baja, mientras me deleitaba en trazar círculos ejerciendo un poco de presión.

Continué arrodillada y me incliné a él, todo lo que me permitió mi barriga y empecé a repartir besos.

El cuerpo de Edward se onduló placenteramente.

― Cierra los ojos ―susurré, mordiendo su lóbulo―. Disfruta. Está noche te quiero consentir.

― Nena ―tragó― te juro que estoy disfrutando tus tetas en mi espalda y tu barriga empujándome.

― Edward… ―me quejé dándole un suave empujón al hombro― se supone que esta noche sería sexy y atrevida.

Se volteó frente a mí y con su índice delineó mis labios.

― Amor, no pretendas que no sienta y me deje dar un masaje cuándo estás desnuda ―sus ojos me recorrieron de forma lasciva al tiempo que relamia sus labios―. Estoy algo borracho y créeme que lo único que quiero es tomarte aquí mismo.

― Quería quitarte el dolor de espalda ―encogí mis hombros al sentir sus dedos en mis pezones.

― Lo estás logrando nena ―se centró en atenciones para mi cuerpo, que de inmediato reaccionó a sus caricias.

Exhalé suavemente cuando me hizo montarlo.

No quería pensar en nadie más que no fuera él y todo su cuerpo dándome placer.

Dándonos simplemente amor.


Hola, sé que es noche, pero el tiempo me ganó. Espero con mi corazón les guste el capítulo ¿extrañan a Esme?

En cuanto me sea posible dejaré sus nombres. Por hoy no me dio tiempo porque realmente tengo mucho sueño y quiero dormir.

Gracias totales por leer 💍