El suave viento mecía a aquellos árboles, cuya copa de hojas, chocaba con elegancia junto a sus homólogas, creando un agradable sonido que resonaba en los oídos del chico albino.

Un bostezo fue el sonido que emergió de su garganta, mientras, levemente, recordaba cómo minutos antes, había caído del cielo gracias al portal de Hagoromo.

Luego de maldecir internamente al Rikudō, el albino se levantó, mientras limpiaba sus ropas, las cuales poseían algo de tierra, debido a la fuerte caída.

Si no fuera por la concentración de Chakra Fūton en algunas partes de su cuerpo y un Fūton: Toppa, estaría bastante herido; más no muerto.

Las nuevas propiedades que su cuerpo manejaba estaban más allá de su entendimiento; su regeneración celular era, como mínimo, quinientas veces más rápida que la del humano promedio, sobre entendiendo esto, afectaba a sus huesos y tejido en general, a su vez, sus reservas de Chakra.

Como Ōtsutsuki, la raza primigenia del Chakra, poseía unas reservas en extremo altas, superando las de un Kage promedio, haciéndolo empatar con un Bijū de gran número de colas, cómo el Kyubi o el Hachibi.

No solo eso, poseía afinidad a cada tipo de Chakra, incluyendo los tipos avanzados, como el Futton o el Mokuton, también pudiendo adaptar su cuerpo para realizar técnicas que, de otra manera, serían imposibles de realizar, como la Apertura de las Ocho Puertas Internas.

Sonrió levemente, segundos antes de observar a su alrededor.

Su paradero se encontraba en un camino boscoso, rodeado de aquellas verdes copas de hojas, que resonaban entre sí con extrema belleza.

¿Podré hacer cosas como Hashirama?

Siempre quiso tener un lugar para plantar todo tipo de vegetación, pero nunca pudo en su mundo.

El lugar le pareció conocido en primera instancia, después de todo, muchas veces lo había divisado en el manga y en el anime. Era aquel camino que el equipo siete había cruzado en su misión hacia Nami no Kuni (País de las Olas).

Eso le llevó a preguntarse, ¿Dónde se encontraba cronológicamente? Hagoromo no le dijo donde estaría al final, lo cual, lo confundió de sobremanera.

Tomó su mochila, la cual, estaba en el suelo desde que había llegado a aquel mundo, y marchó, camino al oeste.

Un par de horas de caminata después, el chico de níveos cabellos notó como el camino boscoso comenzaba a cerrarse, dando lugar a encontrarse, minutos después, con un par de grandes puertas, que llevaban kanjis escritos.

¿Kanji? Si no me equivoco, esta es la puerta norte de Konoha, pero… ¿Cómo es que entiendo los kanji?

Y es que, al observar los kanji presentes en la puerta, estos se "transcribían" al español, como si cambiaran de forma, creando letras.

No concibiendo esto, el chico talló sus ojos, buscando que la imagen volvieran a ser los kanji que anteriormente estaban, sin embargo, seguía escrito en romaji.

Una voz lo sacó de su ensoñamiento, la voz de un hombre.

—¡Oye, chico! —llamó aquel hombre, de cabello negro en picos y una bandita blanca sobre su nariz—¿Es la primera vez que estás por aquí? ¿Te perdi…? ¡Cough!

La cabeza del hombre chocó contra la madera del puesto de vigilancia, segundos antes de comenzar roncar profundamente.

De nuevo, con Iza, este tenía un Sharingan con tres tomoes, girando con todo su esplendor.

—Ah, así pones a alguien en un Genjutsu—dijo el chico con cierta sorpresa, mientras observaba a todos los lugares con su Sharingan activado. Notaba como veía cualquier cosa con una nitidez absurda, exagerada, podríamos decir—Bueno, el Sharingan ofrece una mejor visión, además de poder ver las cosas a cámara lenta.

Notó que el segundo guardia, el de cabello castaño, no se encontraba en el puesto. Esto lo alarmó, pues su ausencia quizás se debía a que su presencia y el Genjutsu sobre Kotetsu. Sus ojos, rojos, se abrieron como platos, mientras el globo ocular se movía incansable por la cuenca en la que se encontraba. Luego de un rato, su nítida visión no le informó de ningún rastro del otro Chūnin, haciendo que se calmara, mientras se decidía de pasar a través de las grandes puertas.

Cuando entró, la voz de Hagoromo resonó en su mente.

"Quizás ya te percataste de tus habilidades, y te informo de algo. Estas se encuentran limitadas, manteniéndote en niveles más bajos, cosas de precaución, espero que lo comprendas, Iza."

Cabronazo, ya podrías habérmelo dicho antes, me arriesgué mucho con el portero—pensó el de níveos cabellos, mientras se rascaba la nuca. Se pudo haber metido en varios problemas, pero el Chūnin tenía la guardia baja, lo cual fue beneficioso para él.—Bueno, aún tengo que descubrir dónde me hallo cronológicamente—recordó, para luego levantar su cabeza, observando más alto que cuando entró, y observando una montaña, similar al monte Rushmore en su mundo.

Pensó que estaría más emocionado, al fin estaba en el mundo de su manga favorito, el sueño de cualquier friki, pero solo estaba serio, escaneando el lugar. Quiso pensar que era debido a los genes Ōtsutsuki que ahora estaban en su cuerpo, pero fue maduro. Él sabía que esa no era la razón, sabía que era por su misión, y que cuando la terminara, regresaría a su mundo.

Pero no quería, repudiaba la idea. Sin embargo, no dejaría que sus infantiles disgustos llevaran a la destrucción de un mundo maravilloso. Terminaría la misión encargada por Hagoromo y volvería a su propio mundo, quisiera o no.

Porque es parte de crecer.

Suspiró, empujando un par de sus sedosos y blancos cabellos, percatándose de que estos eran bastantes largos y caían por detrás de su nuca con llaneza. Quizás un corte de cabello no la haría mal.

Negó. No era momento de pensar en su look. Observó la montaña Hokage con asombro, pensando lo que representaba semejante monumento, y los héroes, cuyas caras aparecían en él.

Fue cuándo contó, uno, dos y tres caras… Tres Hokage

—Tres caras, Sarutobi ha de ser el actual Hokage, siendo su primer turno como el Sandaime. Minato, ¿aún será un niño? Tampoco esperaba acabar en este espacio de tiempo, pensé que llegarían años después del ataque del Kyuubi, acompañando a Naruto, pero puedo acabar desde antes, salvando al equipo de Minato, además...—decía el chico entre audibles murmuros, ocasionando que la gente a sus espaldas volteara a verlo, curiosos.

—Oye, amigo—lo llamó un chico a sus espaldas

El albino no se volteó, pues seguía enfrascado en sus murmuros—Ey, te estoy hablando, ¿estás bien?—Volvió a intentar, ahora tocando su hombro derecho. Iza sintió el contacto, y con definida calma, se giró levemente, mientras sus ojos ónix encontraban a unos de parecida tonalidad, algo más claros que los del viajero dimensional.

—¿Vendes algo?—indagó, observando al chico de cabello negro y conjunto azul con naranja.

—¡Eh! Yo tengo que preguntarte eso a ti, ¿estás bien? ¿qué haces?—cuestionó el de cabello negro, observando de manera analítica a Iza.

—Yo estoy en perfecto estado, llegué hace unos minutos y busco donde hospedarme—informó el muchacho de blancos cabellos, mintiendo naturalmente, una habilidad que aprendió en su mundo, muy útil, cabe destacar.

—Ah, eres nuevo, ¿planeas quedarte a vivir aquí?—El chico alzó una ceja ante la pregunta del chico de googles naranjas.

—Pues ese era el plan, si—comenzó, mientras observaba sobre el hombro del chico aparentemente menor que él, divisando a un chico de cabellos plateados alejarse de un hombre rubio de ojos azules y una chica de cabello castaño y pintura morada en su cara—¿Amigos tuyos?—Iza los apuntó, haciendo que el chico se volteara, viendo a sus compañeros.

—¡Si! Son mi sensei y una compañera de equipo, acabamos de volver de una misión—informó el chico, inflando el pecho—Soy un shinobi, ¿sabes?

—Se nota, llevas la bandana de tu aldea en la frente, fue mi primera impresión—señaló el Ōtsutsuki, mientras apuntaba a la frente del chico, donde residía dicha bandana—Ahora, tengo entendido que los equipos ninja son conformados por tres Gennin y el Jōnin sensei, ¿y tu otro compañero?

—Oh, Kakashi. Ya debe haberse ido a su casa, llegó bastante cansado—aclaró el chico de cabello negro, mientras rascaba su nuca—Y… ¿Quieres conocerlos? Sensei solo va a darle el informe de la misión a Hokage–sama, luego de eso, tendremos el día libre.

—Eso suena bien—dijo dándole al chico una sonrisa cálida—Por cierto, soy Iza.

—¿Iza? ¿No es nombre de mujer?—preguntó el contrario, divertido.

—Me gusta pensar que es por Izanagi no Mikoto, el Dios—dijo mientras su mirada se desviaba hacia la izquierda—¿Y tu nombre es…?

—Oh, cierto—replicó el chico, algo avergonzado—Obito Uchiha.

Iza siempre fue callado y reservado, pero encontrarse cara a cara con el Konoha no Kīroi Senko le hacía romper aquella máscara de inseguridad y frialdad, reemplazándola con una actitud amigable, haciéndole capaz de conectarse.

No era solo por la presencia del Namikaze, sino, que había cumplido su sueño, y estaba de camino a salvar aquel mundo.

Eso lo hacía feliz.

—Obito–kun, ¿quién es él?—preguntó Rin, haciendo que Minato pusiera su atención sobre ellos, y despidiéndose de su anterior interlocutor.

—Oh, el es mi amigo Iza, acaba de llegar a la aldea—lo presentó Obito, señalándolo con su dedo pulgar.

—Buenas—saludó el albino, levantando su mano izquierda, a modo de saludo.

—Mucho gusto, Iza–kun—saludó Minato, con una amigable sonrisa.

—Digo lo mismo, Iza–san, bienvenido a la aldea—respondió Rin.

—No hace falta la formalidad, con "Iza" a secas es suficiente—dijo el albino, levemente apenado—Por cierto, el gusto es mío.

El albino sonrió cálidamente a Rin y a Minato, quienes respondieron con el mismo ademán.

—Mi nombre es Minato Namikaze, soy el líder del equipo de Obito—informó Minato, mientras señalaba su chaleco—Como puedes ver, soy un Jōnin.

—Yo soy Rin Nohara, una ninja médico.

—Oh, ustedes son todos ninja, y yo no sé hacer un mísero clon—bromeó Iza, con fingida pena.

—No es un trabajo para todos, Iza–kun—dijo Rin, para luego taparse la boca—Lamento el sufijo.

—No te preocupes, parece que está en ti ser educada—dijo el chico con una sonrisa.

—Eso no quita que si quieres ser ninja, debes intentarlo—dijo Minato—Puedes ser lo que tu quieras, siempre que te lo propongas.

—Gracias por las palabras de apoyo, Minato–san, pero creo que seguiré como un civil, alejado del campo de batalla.—informó el chico, mientras veía al hombre rubio. Pero sintió una presión sobre él. ¿Minato supo que mentía? Imposible.

—Bueno, nosotros vamos yendo donde Hokage–sama, hasta otra—dijo Minato, mientras caminaba hacia la torre del líder de la aldea, seguido de sus estudiantes

—¡Adiós, Iza!—se despidieron los dos alumnos desde la distancia, entre la multitud de gente.

Iza llevó su mano derecha a su pecho, ¿en serio había hablado con Minato Namikaze? No se lo creía aún.

Sonrió de medio lado, mientras caminaba por las calles de Konoha.

Quizás no conocía bien el lugar, pero tenía que buscar donde hospedarse; el dinero no sería problema, pues un simple Genjutsu arreglaba todo, lo bueno es que sabía cocinar, producto de su casi independiente vida.

Se ajustó los zapatos antes de seguir caminando, siendo observado por las personas debido a sus ropas de otro mundo, le restó importancia, estaba acostumbrado a las miradas fijas de los demás.

Luego de caminar por un rato, encontró un conjunto de departamentos que tenía vacantes disponibles, hablar con el casero era el primer paso.

Un sonido proveniente de un bote de basura lo sacó de su concentración. Retirando la tapa, el muchacho de ojos ónix descubrió a un pequeño perro de pelaje negro y blanco.

—¿Un husky? Pero si aquí no hay frío…

Buscó un collar, pensando que sería la mascota de alguien, pero no encontró ninguna identificación. Hecho esto, lo sacó del bote. Si quería desarrollar responsabilidades, este pequeño canino podía ayudarlo.

Y bueno, todo es parte de crecer.

¡END!