Tres tomoes giraban, incansables, en los ojos con roja iris de Iza, quien mantenía el Dōjutsu del clan Uchiha en ambos ojos.

Mientras estos iban girando, el chico estaba erguido, con las piernas flexionadas y ambos brazos, retraídos, a los lados de su torso.

El suelo, cubierto de césped, comenzó a resquebrajarse, producto de la presión que emitía el cuerpo del adolescente, amplificada con Chakra.

Y fue en un estallido de electricidad que salió disparado hacia sus múltiples clones, que inmediatamente, se pusieron en guardia.

La aura de electricidad se volvía más visible alrededor del cuerpo del muchacho mientras iba soltando poderosos ataques, potenciados por la electricidad producida por su cuerpo.

Estallidos de humo fueron apareciendo, como si de un efecto dominó se tratara, todos los clones desaparecieron luego de un par de minutos. Iza cayó al suelo, cansado, mientras tomaba bocanadas de aire.

Sintió su cuerpo revitalizado, gracias a su sangre Ōtsutsuki, supuso él.

—Agh, aún no puedo mantener la Raiton no Yoroi (Armadura del Elemento Rayo) el suficiente tiempo—se quejó, mientras se levantaba.

El jutsu característico de los Raikage consistía en una simple expulsión y control de Chakra Raiton a través de cada célula del cuerpo, para luego exteriorizar la electricidad, mejorando el sistema nervioso y permitir la rápida reacción propia de un Sharingan.

Junto al Dōjutsu del clan Uchiha, daba acceso a unos enormes reflejos.

Los recuerdos de la conversación que tuvo con Minato seguían frescos en su mente, después de todo, casi le cuenta su secreto.

Sin embargo, logró evadirlo cuando llegó al lugar un ANBU, el cual pedía la presencia de Minato con el Hokage. Se salvó por poco, pero eso le hizo pensar: ¿Debía contar su historia?

Cierto era que el futuro Yondaime Hokage era un buen hombre, y eso se notaba a leguas, pero su secreto trascendía a la existencia de otras dimensiones, contar algo así resultaría catastrófico.

Terminó por no contarle a nadie, sólo se enfocaría en mejorar y romper las limitaciones que Hagoromo había puesto a su cuerpo, en eso consistían sus exigentes entrenamientos.

Forzaba su cuerpo a sus límites, solo para que sus músculos desgarrados se curaran como si nada. La regeneración celular era asombrosa en su cuerpo.

También entrenaba su Ninjutsu, habiendo adaptado su cuerpo a el uso del Sharingan de tres tomoes, había dominado el Dōjutsu Uchiha exitosamente.

También controlaba con un gran nivel los distintos elementos de la naturaleza, en especial el Raiton (que parecía ser su afinidad mayor), el Suiton y el Fūton. Intentando avanzar a los elementos avanzados, teniendo éxito con el Hyoton y comenzando con el devastador Aranton.

Sonrió recordando sus logros, en tan solo tres semanas. Si bien, sabía gracias a Hagoromo como funcionaba todo, esperaba tardarse más para dominar los elementos.

Se levantó, estirando sus músculos, para luego hacer un par de sellos.

—¡Hyoton: Kaze Kori!—gritó el albino mientras vapor frío emanaba de sus manos, para luego ser expulsado como una onda helada hacia adelante, congelado parte del lago de la zona de entrenamiento.

Satisfecho, el muchacho observó el resultado de la técnica que realizó. Le llevó algo crear Hyoton, pues se basaba en la congelación del Suiton de manera interna, pudiendo causar daños colaterales a sí mismo, como congelar sus propios órganos.

Es por esto que era un Kekkei Genkai en clanes, pues estos podían crear el Chakra elemental avanzado con la facilidad de uno normal. Él no podía hacerlo de esta manera, debido al límite que Hagoromo impuso en sus habilidades.

Tragó fuerte al recordar esto, una vez su estómago quedó completamente congelado. Su propio organismo lo calentó con Chakra Katon, pero no fue una experiencia bonita.

Ahora que recordaba, el equipo Minato había salido a una misión hace un par de días, luego de un entrenamiento de trabajo en equipo.

Si no se equivocaba, esa era la misión donde "moriría" Obito.

Suspiró, mientras luego de estirarse, se retiraba a su departamento.

Departamento:

Las húmedas gotas de agua caían sobre el tonificado cuerpo de Iza, que al cerrar el grifo, movió la cortina del baño para tomar su toalla.

Un rato después, salió del baño con una camiseta negra y pantalones cortos del mismo color, descalzo y con la toalla en su cabeza, secando su cabello.

Se tiró en el sofá, mientras el pequeño perro subía al mismo de un salto, acompañando al albino.

No había televisión, el departamento no venía equipado con una, así que poco podía hacer para no morirse del aburrimiento. Solo meditaba y jugaba piedra, papel o tijeras con un Kage Būnshin.

Sí, era bastante triste.

Quiso salir un rato, pero sus músculos se entumecieron al pensar eso; necesitaba descanso, su cuerpo se lo pedía. Y a mucha razón, ya podrán imaginarse lo mucho que hizo para desgastar su aguante como Ōtsutsuki.

Así que se tiró de manera horizontal en el sofá, con el pequeño perro descansando en su torso.

A la mañana siguiente:

El pequeño can de pelaje negro y blanco saltó por los aires, producto del rápido movimiento del albino.

La misión del equipo Minato debía de haber alcanzado su punto cumbre, donde los chicos se enfrentaban a aquel hombre de Iwa que causaría el derrumbe. Y si quería salvar ese mundo, no podía permitirse tal cosa.

Con un veloz Hyoton: Shunshin salió del departamento, dejando al perro con un clon de sombras.

El can ya estaba acostumbrado a eso.

Calles de Konoha:

Con una velocidad que dejaría en ridículo al futuro Shunshin No Shisui, el albino entró en cada tienda shinobi, y con el uso de un Genjutsu básico, se volvió invisible al ojo humano y al de un shinobi experimentado.

Se llevó todo lo necesario para aquella misión: kunai, shuriken, una Katana, píldoras de comida y del soldado, bombas de humo y etiquetas explosivas.

Salió también con un Shunshin, solo para dirigirse a una tienda de ropa, llevándose una gabardina negra y un pantalón del mismo color, seguía con sus zapatillas azules.

Cuando tenía todo el equipo, fue a toda velocidad hacia la torre Hokage.

Con Chakra en la planta de sus pies, escaló la torre, aprovechando que la ventana estaba abierta.

Con el Sandaime adentro.

—¿Hum? ¿Se puede saber quién eres?—preguntó el Shinobi no Kami.

Iza no tenía tiempo para presentaciones, así que solo se enfocó en la biblioteca que en la habitación estaba. Saltó hacia ella, tomando el primer pergamino que vio. Al desenrrollarlo descubrió un mapa del país del fuego. Hiruzen observaba estas acciones curioso, pero atento.

—Lamento mi accidentada aparición, Hokage-sama, pero tengo que irme ya—dijo el muchacho antes de desaparecer con un Shunshin.

—Towa—llamó el Hokage. Un ANBU con máscara de pájaro apareció a su lado—Busca en los archivos a un shinobi de cabello blanco.

—Hai, Hokage-sama.

Con Iza:

El albino corría con una velocidad exagerada por las recurridas calles de Konoha, sus pisadas eran potenciadas por Chakra Fūton, aumentando drásticamente su velocidad, siendo más un borrón negro y blanco que una persona a los ojos de los ciudadanos y de algún que otro Shinobi.

Pero a los ojos de otro albino, le pareció un chico muy interesante.

Atravesó la muralla que cubría Konoha de un salto acompañado de un Fūton: Toppa, que terminó por dañar el suelo donde el ataque fue efectuado.

Con el muchacho en el aire, su Sharingan se activó, mientras sus brazos y piernas comenzaban a despedir tornados pequeños.

—¡Fūton: Tatsumaki!

Y pese a lo que muchos shinobi pensaba, voló.

El chico abrió el mapa en el aire, buscando el lugar donde debía estar el puente Kannabi, donde debía de estar los miembros del equipo Minato. No le tomó mucho, pues estaba en los límites de El país de la tierra con el país del fuego, algo bastante fácil de encontrar en un mapa.

Mientras el jutsu Fūton se desvanecía en sus extremidades, el muchacho enrolló el pergamino y lo mordió, manteniéndolo unido.

Segundos antes de volver a caer al suelo, una onda de viento fue emitida por las manos del chico.

—¡Hakke Kushō!

La onda de choque impactó contra el suelo con gran fuerza, enviando como resultado al chico hacia arriba. Repitió el Fūton: Tatsumaki, volviendo a dirigirse hacia el lugar del destino.

Mandó más chakra a la técnica, aumentando el tamaño de los tornados.

—Si no llegas a tiempo, todo se irá a la mierda.

—¡Lo sé, lo sé! ¡Voy lo más rápido que puedo!

—Prueba otro elemento, los básicos suelen tener menos fuerza.

—¡Entendido!—El adolescente realizó un par de sellos manuales, mientras que los tornados en sus extremidades se volvían de un color más azul, además de rodearse de relámpagos reconocibles y volverse bastante más grandes—¡Aranton: Chō Tatsumaki (Elemento Tormenta: Súper Huracán)!

Ahora, en un climático estallido de velocidad, el chico desapareció.

Cerca del puente Kannabi:

Decenas de shinobi de Iwa caminaban por el bosque, con cuidado, buscando con ojos analíticos enemigos. Estaban en el país del fuego, no podían despistarse en terreno enemigo.

Poco funcionó para los que estaban más atrás.

PLAF

El sonido de un cuerpo pesado cayendo al suelo resonó por el bosque. Los demás shinobi se voltearon inmediatamente, solo para observar a varios de sus compañeros decapitados, producto de un efectivo jutsu Fūton.

—¿Qué demo…?

Aquel que profirió esas palabras, cayó al suelo, con una shuriken electrificada en su pecho.

—¿Quién eres? ¡Muéstrate!—ordenó el que parecía ser el líder del grupo, con determinantes palabras.

Y frente al grupo apareció un tornado de hojas, acompañadas de algún que otro destello eléctrico.

Cuando los verdes cuerpos naturales desaparecieron, Iza se hizo presente, con una sonrisa socarrona en su cara.

—¿Un niño?—preguntó uno de los hombres al lado del líder—¡Qué estupidez! ¡Dinos dónde está tu jefe o te mataremos!

Ante las palabras de aquel hombre, Iza comenzó a reír.

—¡JAJAJAJA!

—¿¡Qué es tan gracioso, enano!?

Al escuchar eso, el adolescente se secó las lágrimas ocasionadas por su risa, para luego encarar al enorme grupo.

—En nombre del Hokage...—comenzó mientras hacía varios sellos manuales, terminando con el sello de la serpiente.

—¡Los eliminaré!

¡END!