Disclaimer: Ni la historia, que es de Emma Mars, ni los personajes, de nikelodeon, me pertenecen, solo hice una adaptación y los mezclé.

10

SOLO PARA ELLA

Al lunes siguiente, Korra había perdido la cuenta de las veces que había removido su café. Tenía la mirada fija en el remolino de líquido negro y no porque leresultase interesante ver cómo se disolvía en él un terrón de azúcar, sino porque

Asami estaba sentada un par de mesas más allá, en la cafetería cerca de la editorial, y silevantaba la vista de la taza, sabía que sus miradas se encontrarían.

Para su mente, acostumbrada a la rutina, el control y el orden, todo aquello era demasiado. Todavía no podía creer lo que había ocurrido el día anterior, en el callejón,cuando sin motivo aparente habían acabado besándose. Un minuto antes estaban discutiendo, y al minuto siguiente no eran capaces de despegar sus labios. ¿Quéconclusión debía sacar de todo aquello? Era de locos.

Tampoco podía creer que la escena se hubiera repetido en sus sueños, una y otra vez, consiguiendo que se despertara en medio de la noche, empapada en sudor, sintiendo un profundo agujero en el centro del pecho cuando se giró en la cama yvio a Mako, roncando a pierna suelta, ajeno a todo lo ocurrido.

Una mezcla de vergüenza y desconcierto le hacían tener los ojos firmemente clavados en su taza, pero eso no le impedía notar que Asami la estaba mirandofijamente, sin ningún tipo de reproche, más bien con un deje de melancolía, como si esperara una reacción por su parte. Korra dio un suspiro y removió el café con tanta fuerza que el líquido se convirtió en un diminuto tsunami negro, que giraba y giraba en el centro de su taza. Pensó que no le hubiera importado desaparecer por él.

Advirtió por el rabillo del ojo que Asami se acababa de levantar, y no pudo evitar que su corazón diera un vuelco cuando vio que se estaba dirigiendo hacia la mesa donde se encontraba sentada. Sus mejillas se pusieron entonces tan incandescentes como las nalgas de un niño que acabara de recibir unos buenos azotes, y el momentono parecía terminar nunca, era como si Asami se estuviera acercando a cámara lenta. Si decidía detenerse a saludar, no tenía ni idea de qué le iba a decir.

Korra entreabrió la boca para escupir unas torpes palabras cuando Asami estaba ya a menos de un metro de distancia. Tenía un nudo en la garganta y la boca pero estaba dispuesta a decir "hola", "qué tal", cualquier tontería con tal de suavizar el momento. Cuando por fin levantó los ojos de la taza de café y buscó su mirada,se topó de bruces con su espalda. Asami había pasado de largo, no sin antes rozar disimuladamente su hombro con la mano y dejar un rastro de ese perfumeexquisitamente caro que tan loca la volvía.

No se le fue el olor en toda la mañana. Hasta cuatro horas la acompañó aquel aroma dulce y salvaje que impregnaba la habitación que ambas compartían en Escocia y que tanto echaba de menos ahora. Mako no olía así. Mako olía a otra cosa, a algo más familiar, seguro y estable, pero también mucho menos excitante. Korra no se habíadado cuenta de lo mucho que echaba de menos a Asami hasta ese momento.

Lo intentó todo para librarse de aquel aroma. Se quitó la chaqueta, roció el despacho con el ambientador de pino barato con el que Lily se empeñaba en torturar subuen olfato, se lavó las manos compulsivamente en múltiples visitas al baño y hasta estuvo un buen rato con las fosas nasales taponadas con algodón para obligarse a respirar por la boca. Nada de aquello funcionó, el maldito perfume no se iba, se le había calado en el alma. Y si el dichoso olor no se iba, tampoco se iban los recuerdosde Asami.

Desesperada, dejó caer el bolígrafo sobre la mesa y permaneció unos segundos observando las marcas de sus dientes en el capuchón de plástico. Ni siquiera se había dado cuenta de que lo había estado mordiendo todo ese tiempo. La que sí advirtió su extraño comportamiento fue Lily, aunque la muchacha se limitó a observar todala escena de refilón, sin deseo alguno de tomar parte. Tenía el presentimiento de que se iba a meter en problemas si trataba de inmiscuirse o si le preguntaba qué lainquietaba tanto. Así que no hizo ni una sola pregunta cuando vio que la castaña se levantaba de golpe y salía del despacho como una exhalación.

Korra no tardó ni medio segundo en cruzar el pasillo que la separaba de su objetivo. Estaba tan furiosa que recorrió aquellos metros en un par de zancadas, suspisadas amortiguadas por la moqueta del pasillo. Llegó a la puerta en cuyo lateral se podía leer "Asami Sato" y la abrió de golpe, sin pensárselo dos veces, sin llamar previamente.

—¡Mira, Asami, yo… —comenzó a decir.

Entonces vislumbró un zapato de tacón, y luego un tobillo, y un gemelo perfectamente delineado. Sus ojos siguieron subiendo por la pantorrilla y se perdieron en elborde de la falda. Asami no esperaba visitas y la gente acostumbraba a llamar a la puerta antes de entrar, por lo que había aprovechado ese momento para ajustarse lamedia y tenía una pierna apoyada en la silla de invitados justo cuando la castaña hizo acto de presencia.

Korra sintió que se le formaba un nudo en la garganta y no fue capaz de seguir con la frase, apenas pudo tragar saliva. Se sintió tan avergonzada que no se le ocurriónada mejor que dar media vuelta y marcharse.

A Asami le sorprendió tanto su visita que no reaccionó de inmediato. Después intentó llamarla para que esperase, pero al final tuvo que salir corriendo detrás deella. Por suerte, todos los empleados de la editorial parecían demasiado atareados para darse cuenta de la persecución que acababa de iniciarse. Cuando vio que laperseguía, Korra aceleró el paso y Asami se esforzó por alcanzarla con el mayor de los disimulos, con pasos muy cortos que amplificaban los golpes de sus tacones,posándose con firmeza en el suelo alfombrado de la editorial. La morena estaba convencida de que la perdería de vista tan pronto como llegara a las puertas de los ascensores, pero la suerte se puso de su parte. Korra tropezócon alguien y tuvo que detenerse.

—¡Bolin!

—¿Estás bien? ¿De quién escapas?

—Yo… no… —titubeó—. Tengo prisa…

—¡Hola, Bolin!

—Hey, hola, Sami.

Korra apretó los dientes con fastidio cuando Asami la asió firmemente del brazo para que no se escapara de nuevo.

—¿Me la prestas un momento? Tengo que hablar con ella de una cosa importante.

La castaña se obligó a sonreír y disimuló. No podía arriesgarse a que Bolin sospechara, así que no opuso impedimento cuando la morena empezó a tirar de su brazo para obligarle a entrar en el ascensor.

—Será sólo un momento —se excusó Asami, todavía dirigiéndose al muchacho.

Apretó uno de los botones y las puertas del ascensor empezaron a cerrarse.

—¡No olvides que tenemos cena a las nueve! —gritó Bolin antes de que las puertas se cerraran del todo.

Asami miró a Korra, tratando de testar su estado de humor. La castaña tenía los brazos cruzados sobre el pecho en señal de fastidio. Eso nunca era buena señal. Estaba a la defensiva, pero no iba a permitir que eso la detuviera.

—Bien, ya estamos solas. ¿Me explicas ahora a qué ha venido ese numerito? —le preguntó sin rodeos. Deseó que Korra dejara de mirar al suelo y la mirara a los ojos, pero no estaba segura de poder conseguirlo.

—No sé de qué me estás hablando —repuso ella, contrariada.

Se arrepentía de haber ido al despacho de Asami a decirle… ¿A decirle qué? ¿Que dejara de usar aquel perfume que olía tan bien? ¿O que no debería ajustarse lasmedias delante de sus compañeras de trabajo porque era demasiado sensual? Ni siquiera sabía por qué había ido a su despacho. Se sentía tan estúpida que prefería negarlo todo si eso le ahorraba tener que dar una explicación.

Pero pasó por alto que aquello se había convertido en una cosa de dos. Asami estaba allí, delante de ella, pidiéndole explicaciones, y estaba cansada de jugar al gatoy al ratón. Las evasivas de Korra le repatearon tanto que, enfadada, pulsó el botón de parada del ascensor de un manotazo. La luz de emergencia se encendió y la alarmaempezó a sonar.

—Pues no nos vamos de aquí hasta que no me digas qué te pasa.

—¿Qué diablos estás haciendo?

—Parar el ascensor.

—Eso ya lo veo, ¿pero por qué?

—Para que me cuentes qué te pasa conmigo.

—¡No puedes hacerme esto!

—¿Hacerte qué? —se exasperó Asami—. ¿Qué es lo que te hago, Korra? —repitió, pero esta vez en un tono insinuante, perfectamente consciente de lo que estabahaciendo.

Asami se animó a acortar distancias. Caminó dos pasos, los justos para hacer que la castaña no pudiera retroceder más y quedara acorralada contra la pared del ascensor. Cogió entonces un mechón rebelde de su pelo, lo enredó en su dedo índice con suavidad, y le susurró al oído:

—¿Qué es, exactamente, lo que te hago?

oOoOo

Hasta tres avisos llegaron al bedel de la editorial para advertirle de que uno de los ascensores se había estropeado con personas dentro. Siguiendo el procedimiento habitual, el hombrecillo intentó llamar al teléfono de emergencia para tranquilizar a las personas que se habían quedado encerradas, pero nadie contestaba, y el aparatosiguió sonando un buen rato, hasta que Korra lo descolgó de un manotazo, después de que Asami la empotrara contra la pared del ascensor y empezara a lamerle el cuello.

La castaña sintió que le flaqueaban las rodillas. Tenía la sensación de que se iba a caer de un momento a otro, pero se sentía incapaz de frenar la cascada de besos enla que se habían sumido. Korra mordía, chupaba y jugaba con los carnosos labios de Asami, que dejaban un doloroso vacío cada vez que paraban de besarla. Cuando Korra habló, Asami laempujó todavía con más fuerza contra una pared del ascensor, obligándole a juntar de nuevo sus labios contra los suyos. En ese momento sintió un escalofrío subiendo por su espina dorsal al notar que las manos de Asami se habían escurrido por dentro de la goma de su ropa interior. Había perdido por completo la noción del tiempo y ni siquiera se inmutó cuando empezó a sonar la voz del bedel, preguntando una y otra vez por el teléfono del ascensor cuántos eran y si se encontraban bien. ¿Quépodía decirle? Por supuesto que no se encontraba bien. A Korra le daba la sensación de haber olvidado su nombre, su procedencia, su edad. Solo sabía que Asami la estaba acariciando y que quería más de esas caricias. Las necesitaba.

Lo único que le preocupaba era sentir sus manos e intentar controlar los escalofríos cada vez que la morena conquistaba un centímetro más de su tostada piel. En un momentodado tocó algún punto sensible porque Korra gimió y agarró su melena para intentar controlar su respiración entrecortada.

—¿Te las quitas tú o tengo que enviarte un burofax para solicitar audiencia? —bromeó Asami, jugueteando con la goma de su ropa interior, sin detenerse ni un segundo.

Recorrió el cuello de Korra con los labios, deslizando la lengua con suavidad hasta el lóbulo, mientras con sus manos conseguía deshacerse de la ropa íntima de Korra, que acabó en sus tobillos. Cuando no encontró más piel que seguir saboreando, buscó a tientas los botones de la camisa de la castaña, que empezó a desabotonar con suavidad.

—Esto… no… no es una buena idea —dijo Korra al sentir un hilo de aire fresco que se colaba por su entrepierna y le subía por la barriga.

Asami desabrochó dos botones más, los justos para retirar la camisa hacia los lados.

—No tenemos por qué hacer nada que no quieras hacer.

Ese no era el problema. Korra quería, no podía desear más otra cosa, pero estaba muerta de miedo. Sentía pánico de sus propias reacciones. Temblaba como una hoja, su piel ardía y su corazón latía muy deprisa. Asami se agachó y empezó a besarle la tripa trazando un camino hacia abajo con su lengua y no pudo evitar que se le escapara un gemido de placer.

—Korra, quiero hacerte el amor —le dijo, desatando una bandada de mariposas en su interior—, pero aquí no.

La castaña pensó que le iba a explotar la cabeza. Estaba tan excitada que sintió deseos de salir de allí, tumbar a Asami sobre uno de los escritorios y arrancarle laropa a jirones. Quería entregarse a ella y que la hiciera suya, pero ella tenía razón: allí no. No así, no cuando Bolin acababa de verlas juntas y Mako la esperaba en casa, sin imaginar por un momento lo que estaba ocurriendo.

Lo malo era que no sabía cómo controlarse. Habían pasado meses sin decirse nada, casi sin verse, y durante todo ese tiempo lo único que intercambiaron fueron miradas furtivas en la cafetería de la editorial, en los pasillos, cada vez que se cruzaban en los ascensores y ahora… esto. Todo sumaba, como si su piel hubiera hecho una operación matemática y ya no estuviera dispuesta a esperar más. Quemaba en su entrepierna, quemaba en sus manos, que no podían estarse quietas y no dejaban de buscar el contacto con Asami. La deseaba allí y ahora. La deseaba como nunca había deseado a nadie en toda su vida y por primera vez le daba igual si era en un ascensor o delante de todos sus compañeros. Korra se sentía libre, inmensa, y también muy sexy, porque cada vez que miraba a Asami a los ojos era capaz de ver reflejado en ellos el mismo deseo que sentía ella.

Frustrada por lo que sentía, retorció las prendas de Asami, como si quisiera ahorcar con sus propias manos la molesta tela que se interponía en su camino. Las hubiera hecho añicos de no haber sido por la cara que puso Asami en aquel preciso momento.

—¿Qué pasa? ¿Algo va mal? —le preguntó, preocupada.

—¡Dios mío! ¡Es Lee! ¡Está aquí! —dijo, haciéndole gestos para que bajara la voz y escuchara.

—¿Quién es Lee?

—¡El bedel!

—¡Oigan! ¿Me escuchan? ¿Hay alguien ahí? ¿Se encuentran bien? —gritó el hombre, esta vez con voz más audible. Estaba al otro lado de las puertas del ascensor—. No se preocupen. Mantengan la calma, los sacaré en seguida.

Asami se recompuso todo lo rápido que pudo. Falda, camisa, medias, pelo. Miró a Korra, esperando encontrarla ya preparada para salir del ascensor, pero se sorprendió al verla arrodillada, palpando desesperadamente el suelo, como si buscara algo.

—¿Qué ocurre? ¿Se te ha caído un pendiente?

—¡No! ¡Estoy buscando mis bragas! ¡Y con esta luz no veo nada!

Asami sintió deseos de soltar una carcajada, pero justo en ese momento la puerta del ascensor renqueó haciéndose a un lado y el bedel apareció tras ella.

—¡Por fin! —exclamó Lee, vestido con un mono azul que lo identificaba como el manitas de la editorial—. Estas malditas puertas dan más guerra que un niñode teta.

Korra estaba tan roja que se alegró muchísimo de que la luz de emergencia siguiera encendida y aquel hombre no pudiera apreciar el sudor que perlaba su frente. Se incorporó con lentitud, tratando de disimular lo mejor que pudo su estado de agitación, aunque no dejara de echar miradas furtivas al suelo. Sus bragas tenían que estar por alguna parte, ¡no podían haberse evaporado, así, de repente! Y no podía dejarlas allí.

—Muchas gracias por haber venido tan rápido —le dijo Asami, no sin cierto retintín en la voz—. Estaba empezando a hacer un calor insoportable aquí dentro, ¿verdad, Korra?

La castaña se limitó a asentir con incomodidad y Asami le hizo un gesto para que se moviera y saliera del ascensor. Sabía que estaba disfrutando de su descuido,podía ver sus labios curvados en una pícara sonrisa, y sintió ganas de asesinarla. Por su culpa sus bragas se iban a quedar allí hasta que alguien las encontrara y ¿entonces qué? Ya casi podía imaginar los rumores, corriendo por toda la editorial. Cientos de historias inventadas, la mayoría de las cuales no tendrían ninguna base deverdad, pero con estas cosas una nunca podía estar del todo segura.

Estaba ya resignada a dejarlas atrás, pero de repente las vio, arrinconadas en una de las esquinas del ascensor. Era demasiado tarde para agacharse y recogerlas, ¿no?

—Oh, vaya, mira esto —dijo Asami, entrando de nuevo en el ascensor. ¿Pero qué demonios se proponía? —Qué curioso… alguien ha dejado aquí su ropa interior.

No, aquello no podía estar ocurriendo. Aquello tenía que ser fruto de su imaginación, una horrible pesadilla. No podía ser verdad que Asami tuviera sus bragas en la mano, colgando del dedo índice, y se las estuviera tendiendo a aquel hombre, cuyas cejas estaban a punto de fundirse con la raíz de su pelo.

El bedel carraspeó para aclararse la voz. Se le notaba un poco incómodo.

—No crea, señorita Sato, no crea —dijo—. Si le contara la de cosas que deja la gente tirada por aquí, no me creería.

—No se preocupe, ya las dejo yo en objetos perdidos —propuso Asami.

Korra contuvo un grito ahogado.

—Como usted guste. Ya me dirá, ¿qué iba a hacer yo con ellas?

Pero todo esto fue demasiado para la castaña. Después de todo, quizá no estuviera preparada para la naturalidad desbordante de Asami a la hora de tratar los asuntos más delicados.

Lo supo cuando vio que ella se metía sus bragas en el bolsillo de la falda. En ese momento le golpeó aquella idea. Fuerte. Certera. Fue un pensamiento demasiado triste y realista para darle la espalda y obviarlo. Por eso cuando el bedel entró en el ascensor para analizar la causa de su parón y ellas dos se alejaron lo suficiente para que no las escuchara, Asami notó que le pasaba algo.

—¿Estás bien?

—Escucha, Sami, yo…

—Ya —la interrumpió—. No digas nada más, no hace falta. Me lo han dicho antes.

—No, escucha, no me has dejado terminar —insistió Korra.

—No es necesario, ¿verdad? Está todo muy claro. —Asami metió la mano en el bolsillo, sacó su ropa interior y se la tendió—. Toma, creo que esto es tuyo.

—Asami no es por ti, es que…

—Lo entiendo, Korra. De verdad que todo lo que me vayas a decir ya lo he escuchado antes. Lo entiendo —insistió, acariciando su mano mientras le dedicaba una mirada cálida—. Ve o llegarás tarde.

—¿Tarde?

—La cena, ¿recuerdas? Has quedado con Bolin.

—Ah, sí, la cena. —La castaña bajó la vista y la clavó en el suelo. No sabía qué decir, pero sí sabía que no quería despedirse así. No era justo después de todo loque había ocurrido.

Al verla así, con las mejillas todavía sonrosadas a pesar de lo oscuro de su piel, Asami pensó que estaba observando a la mujer máspreciosa que había visto en su vida. Supo también que a partir de entonces ya nada sería igual. Ya no valía la pena poner excusas ni mentirse: estaba rematada e irremediablemente enamorada de Korra Raava. No sabía cómo había ocurrido, pero así era. Y ahora tenía que despedirse de ella, porque no se encontraban en igualdad de condiciones. Korra no sabía lo que quería y ella lo tenía demasiado claro. Lo mejor era que lo dejaran correr, quizá para siempre, si Korra no le ponía remedio.

—Ve, no te preocupes por mí —la animó, al ver que todavía no se había movido.

—Sí, será mejor que me vaya.

Asami se encontraba tan ensimismada pensando en los sentimientos que acababa de descubrir, que le cogió desprevenida que Korra le diera un beso de despedida en la mejilla. Pestañeó con fuerza, pero cuando volvió en sí, ella ya se había alejado varios metros.

—¡Korra, espera! ¡Te dejas algo!

Pero la castaña fingió no haberla escuchado. Hundió sus manos en los bolsillos, sonrió para el cuello de su camisa y siguió andando. Porque no se dejaba nada: eranpara ella. Solo para ella.

Vaya, pues parece que por cada paso que dan, reteoceden dos, así no van a llegar a ninguna parte.

Dije que el lunes subía por si no volvía a hacerlo en lo que queda de semana y aquí estoy, por compensaros por adelantado.

Como comentario general, ya veis que no fue Mako el del callejón, si no hubiese puesto el grito en el cielo.

Ahora los reviews:

Luu7: Bueno, para ti es pronto, para ellas que se han tenido que contener por meses fue una barbaridad. Y a mi también me pasa, tan rápido que a veces me salto cosas y tengo que releer jajaja.

Maria: Jajaja el alcohol suelta mucho la lengua, en todos los sentidos. Y bueno, yo tengo que recuperar asignaturas en septiembre y estoy también un poco encerrada estudiando, así que te entiendo. Espero que te haya gustado el cap.

Ruha: Yo, como mujer y homosexual, opino que las mujeres somos curiosas de forma innata. Ya tiene que ser muy cerrada una mujer para no probar algo con otra chica, o siquiera tener el pensamiento, asi que Korra acabó sintiendo esa curiosidad que le llevó a descubrir que realmente sí le interesan las chicas, o al menos una. El alcohol, que malo y que bueno, nos hace hacer cosas que no queremos pero jamás somos tan sinceros, aish jajaja.

Anon: ¡Gracias! Me alegro que te guste. Y sí, puede que tengas razón en lo de Raiko (y lo de Ihro ha sido un despiste de edicion, fuck :') )

lossombrerodepaja: Pues entonces para este mo has esperado demasiado jajaja. Gracias por las vacaciones :3

Cryp: Jajaja no, no fue Mako, pero no te preocupes que ya se sabrá quién ha sido.

Y eso es todo, nos vemos, ¡os echaré de menos!

Bisu!

Yomi.