Disclaimer: Ni la historia, que es de Emma Mars, ni los personajes, de nikelodeon, me pertenecen, solo hice una adaptación y los mezclé.

16

CARIÑO… TE LO CUENTO LUEGO

—Mako, lo digo completamente en serio: como no dejes de jugar con la pajarita, te ahogaré con ella.

Mako bufó con desesperación. Había hecho todo lo posible por aflojar el nudo de su pajarita sin descomponer su atuendo, pero todavía no había sido capaz de sentirse a gusto vestido como un pingüino.

—No dirías eso si fueses una chica.

—Es una chica —matizó Bolin—, tu exnovia, para ser más exactos.

—Bah, ya sabes a qué me refiero.

Bolin alzó una ceja. No, desde luego no sabía a qué se refería su mejor amigo, pensó mientras él volvía a estirar el cuello y a meter los dedos entre la nuez y el ajustado lazo de la pajarita. Iba a preguntarle qué quería decir con esa afirmación tan rara cuando vio que alguien se acercaba a hablar con ellos.

—Hola, chicos. Hola, cariñín.

Ahnah, la antigua secretaria de Mako y ahora su orgullosa nueva novia, depositó un beso en su mejilla y alzó la copa que traía en la mano para brindar con Opal, que estaba a punto de pegarle un sorbo al contenido de la suya. Mako pareció ver el cielo abierto con este gesto, porque aprovechó para tirar disimuladamente de la manga de Bolin, haciéndole gestos con la cabeza para que se alejaran un poco de ellas.

—¿Qué ocurre? —preguntó Bolin tan pronto se distanciaron unos metros. Ahora estaban fingiendo que atacaban una de las bandejas de canapés que los camareros habían servido minutos antes, aunque en realidad ninguno de los dos estaba probando bocado—. Mako, llevas toda la tarde muy raro, ¿qué pasa?

—Es Ahnah.

—Sí, ¿qué le ocurre?

—No lo sé, está histérica.

—Yo la veo perfectamente calmada —opinó Bolin tras chequear con disimulo a la muchacha. En ese momento le estaba riendo una gracia a uno de sus amigos.

—Pero solo aparentemente —matizó Mako, de nuevo en guerra con su pajarita. Hacía demasiado calor—. Lleva todo el día quejándose porque tenemos que estar en la misma fiesta con quien tú ya sabes —afirmó, desviando la mirada hacia Korra.

Bolin se reajustó las gafas sobre el puente de la nariz y suspiró.

—¿Pero no se suponía que ya lo teníais superado?

—¡Eso es lo que he intentado decirle toda la tarde! —protestó, encolerizándose—, pero no me hace caso. No para de preguntarme si estoy seguro de que la he olvidado. ¡Ya no sé cómo explicárselo!

—¿Le has contado lo que hay?

Mako no comprendió durante unos instantes y miró a Korra de refilón, como para asegurarse de que estaban hablando de la misma persona. Después cayó en lo que intentaba decirle su amigo.

–Eh… no.

Bolin sonrió con picardía. Rodeó el hombro de su amigo, le dio unos golpecitos tranquilizadores en la espalda y le dijo:

—Pues, créeme: después de esta noche, ya no tendrás que preocuparte nunca más.

oOoOo

—No es por meter presión, Korra, pero llega tarde.

—Lo sé.

—Yo solo lo comento.

—Pues no lo hagas más, que me estás poniendo nerviosa. —Korra consultó por octava vez su reloj—. Cambiemos de tema, cuéntame algo.

—¿De qué quieres hablar? —le preguntó Opal, dándole un generoso trago a su copa.

En apenas dos sorbos se la había bebido toda. Cuando la copa llegó a la altura de su nariz y pudo ver lo que tenía enfrente, estiró el dedo índice para señalar.

—¿Has visto a esos dos? Cuchicheando como colegiales. Creo que Ahnah le está dando la noche a Mako.

—¿Tú crees? ¿Por mi culpa? —se interesó Korra. Echó un vistazo rápido y disimulado a la secretaria de su ex. La chica parecía estar aburriendo tantísimo a Katara que la pobre no pudo reprimir un bostezo—. No sé, yo la veo bien. Parece estar pasando un buen rato.

Opal alzó una ceja con descrédito, no parecía estar para nada de acuerdo con lo que acababa de escuchar.

—Korra, por favor, no subestimes nunca la capacidad de una fémina alfa para fingir en público —le advirtió—. Pero tú no tienes que sentirte culpable. Las cosas están muy claras entre vosotros y ellos llevan meses juntos. Es la batalla de Mako, no la tuya. Tú no has podido ser más franca.

—Ya, pero…

—Pero nada. ¿Te apetece un canapé? —la interrumpió Opal—. Me muero de hambre.

—Sí, vamos.

—Llega tarde.

—Lo sé. Sabes que te quiero, pero mira que eres pesada.

oOoOo

—Ahnah está a punto de asesinar a Mako, ¿verdad?

Bolin miró a su novia de arriba abajo como si fuera la primera vez que la veía. Daba igual los años que llevaran juntos, Opal nunca dejaba de sorprenderle. A veces era como si pudiera leerle la mente.

—¿Qué? No me mires con esa cara. ¡Es evidente!

Bolin echó un vistazo por encima de su hombro y se aseguró de que Korra y Mako no podían escucharles. Se alegró al ver que estaban justo a sus espaldas, charlando amigablemente mientras Mako engullía los aperitivos de dos en dos.

—Si tan evidente es, no necesitas que te confirme nada —bromeó el muchacho.

—Odio cuando haces eso, Bolin. Si sabes algo, dilo; si no, cállate. Es así de fácil.

—Ya sabes lo mucho que me gusta ponerte nerviosa.

—¿Quieres que te ponga yo nervioso a ti? De acuerdo. —Opal se limpió las manos en una servilleta que cogió del montoncito que había encima de la mesa. Parecía estarse tomando su tiempo para dar el golpe de gracia a su novio—. ¿Has visto lo bonito que está todo? ¿Crees que deberíamos contratar la misma empresa de arreglos florales para nuestra boda?

Lo dijo tan rápido, de una manera tan inesperada que Bolin escupió el contenido de la copa de champán que estaba bebiendo.

—¿Qué ha pasado? ¿Va todo bien?

Bolin le hizo un gesto a Mako con la mano para darle a entender que estaba todo bajo control a pesar de los estertores de tos que le asaltaron tras haberse atragantado con el líquido burbujeante. Mako sonrió, meneó la cabeza con diversión y se dio la vuelta para retomar la conversación donde la había dejado.

—¿Por dónde íbamos?

—Me estabas contando que te has comprado un descapotable —le recordó Korra, mirando por encima del hombro de su ex a sus otros amigos. A juzgar por la cara de Bolin, habría apostado una mano a que Opal le había propuesto matrimonio en aquel preciso momento.

—¡Cierto! —exclamó su ex—. Pues, eso, que me he comprado un descapotable. Es precioso. Un día, si quieres, damos una vuelta.

Acto seguido se hizo un silencio incómodo entre ellos. Mako carraspeó y se reajustó la pajarita de nuevo. Korra comprendió perfectamente a qué se debía ese silencio. No era como si no hubieran hablado antes, pues lo habían hecho. Tras la ruptura, las cosas entre ellos habían sido todo lo cordiales que podían ser.

El traslado de Korra les había servido para tomar un poco de distancia, respirar su propio aire y no el del otro, pero lo cierto es que ninguno había dramatizado demasiado con su ruptura ni tampoco obligaron a sus amigos a tener que tomar partido. Pareciera que tanto ella como Mako habían comprendido que la ruptura era necesaria, una especie de catarsis para ambos que les ayudaría a empezar de cero y a olvidar que estaban secos, vacíos, porque ya no quedaba nada entre ellos. Pero esto fue al principio. Ahora todo era un poco diferente, porque estaba ese otro asunto de las nuevas parejas.

A Korra le resultaba muy incómoda la idea de tener que romper el hielo, pero tras varios años de convivencia con él, conocía muy bien a Mako, al menos lo suficiente para saber que era ella quien debía tomar la iniciativa.

—Escucha, yo espero no estar causándote demasiados problemas —le dijo girando la cabeza en dirección a Ahnah, que no les quitaba ojo de encima. La muchacha incluso les saludó con un gesto muy afectado cuando vio que Korra la estaba mirando.

—Tranquila, no le des mayor importancia, solo está un poco nerviosa.

—Es natural.

—Sí, pero se le pasará —puntualizó Mako—. Tendrá que acostumbrarse a la idea porque yo no pienso renunciar a tu amistad por muchas pataletas que tenga.

Korra sonrió. De todas las cosas que podría haberle dicho su exnovio, aquella era la más importante de todas.

—Te digo lo mismo. No renunciaría a ti por nada. ¿Un abrazo? —dijo, extendiendo los brazos.

—¿Sabes qué? No es por fastidiar ni porque no quiera dártelo, pero… quizá en otro momento —replicó Mako, señalando con los ojos a Ahnah, que seguía vigilándolos muy de cerca.

Korra se rio con ganas.

—Anda, vamos, volvamos con el resto.

—Oye, llega tarde, ¿no?

—Lo sé.

—Yo solo lo comento.

—Tú por casualidad no serás familia de Opal, ¿no?

—¿Uh?

oOoOo

Todo el mundo comenzó a ocupar las sillas repartidas a lo largo del jardín, adornadas con olorosos lirios blancos. Un cuarteto de cuerda se arrancó con una pieza clásica para apaciguar el murmullo de los invitados, que poco a poco iba tomando asiento junto a sus respectivos amigos. Korra hizo lo propio con los suyos. Estaba tan nerviosa que comenzó a morderse el labio inferior, hasta que notó la mano de Bolin apretando la suya en un gesto cariñoso.

—Llega tarde.

—Oh, por dios, Bolin no empieces tú también.

—Pero vendrá.

—Ya, pero, ¿cuándo?

—Justo ahora. —Opal señaló en dirección a la entrada del jardín.

Korra sintió que su corazón daba un vuelco. Ella y Bolin se giraron en la dirección que estaba indicando Opal y esto llamó la atención de los demás, de Aang, Katara, Mako y Ahnah, que también miraron hacia allí con curiosidad.

—¿Quién es esa? —preguntó Ahnah en voz alta. Todos la escucharon, y no pudieron contener un par de sonrisas cómplices.

Mako les hizo señas para que pararan. Apretó cariñosamente la mano de su novia y mientras se aflojaba una vez más la pajarita, afirmó:

—Cariño, es una historia muy larga.

Korra intentó medir la velocidad de sus pasos de camino al parterre junto al que estaba esperando Asami. Le costó muchísimo no echar a correr para ir a recibirla. La verdad es que no sabía si estaba completamente furiosa de que hubiera llegado tarde o si tenía ganas de ahogarla en un abrazo por haber aparecido. El caso es que, cuando llegó hasta donde estaba, todavía no lo había decidido.

—Hola —la saludó Asami, mirando el suelo como si de pronto se sintiera avergonzada de haber aceptado la invitación a un evento en el que solo estarían los amigos de Korra.

—¡Llegas tarde!

—¡Lo sé, lo siento! Te juro que intenté llegar a tiempo, pero es que…

—…pero da igual, porque estás guapísima.

Asami se ruborizó e involuntariamente se ocultó todavía más a la sombra del parterre.

—¿Tú crees? —preguntó—, porque he tenido una crisis enorme. No sabía qué ponerme y como van a estar todos tus amigos y es la primera vez que me ven desde que, bueno, ya sabes. Madre mía, ¡estoy espantosa! Será mejor que me vaya.

Korra la miró extrañada. Era la primera vez que veía a Asami sentirse insegura de sí misma.

—Pero, ¿qué estás diciendo? —la reprendió, mientras le tomaba cariñosamente de las manos—. ¿Quién eres tú y qué has hecho con la chica borde, segura de sí misma y rematadamente sexy de la que me enamoré? Venga, déjate de tonterías y vamos.

Korra tiró de ella y Asami se dejó llevar inicialmente, luchando por no hundir sus altísimos tacones en la hierba. Pero entonces reparó en algo que le hizo detenerse en seco.

—¿De la que te enamoraste?

—Sí, claro —respondió la castaña de la manera más natural, sin comprender qué era exactamente lo que le había sorprendido tanto.

—¿Y a ti te parece normal decírmelo así?

—¿Decirte el qué así?

—¡Que me quieres! Acabas de decirme que me quieres como si estuvieras hablando del tiempo. ¡Esas cosas no se dicen así, Korra! ¡No cuando es la primera vez que me lo dices!

La castaña estaba completamente anonadada. Se lo preguntó a sí misma durante una milésima de segundo, pero no, no podía ser que eso hubiera salido de sus labios de una manera tan vehemente.

—Para ser francos, no te he dicho que te quiero —se defendió.

—Claro que sí. Lo has dicho.

—No, no es cierto. He dicho que estoy enamorada.

—Lo cual es como decir que me quieres, pero aniquilando cualquier remota esperanza de tener un momento romántico —puntualizó Asami.

—Te pones así y cualquiera diría que lo que pretendes es que te lo diga. —Korra estaba enfadada ahora. Se retiró un mechón de pelo de la cara con nerviosismo.

—Pues a lo mejor es lo que quiero —arremetió Asami con tozudez.

—¿Aquí mismo?

—Aquí mismo, ¿por qué no?

—Bien: te quiero, Sami. ¿Necesitas que lo grite o te vale así?

Asami iba a contestar con enfado, pero fue incapaz de hacerlo. Solo sonrió. De medio lado, aunque se notaba que algo latía fuertemente en el interior de su pecho.

Se humedeció los labios y deslizó los ojos hasta la boca de Korra.

—No, creo que con eso me basta. Yo también te quiero —dijo, y se acercó para darle un beso lento y suave.

Se besaron largamente, ajenas a todo lo que ocurría a su alrededor, centradas solo en aquel momento en el que por fin habían dado rienda suelta a sus sentimientos. Por eso al principio no escucharon la música ni el ruido de las patas de las sillas cuando los invitados se levantaron. En cambio, sí escucharon el afectado carraspeo que consiguió que por fin se separaran.

Solo entonces Korra y Asami fueron conscientes de la situación, y vieron que todo el mundo las estaba mirando. Los trescientos invitados a la boda de Toph, que estaba justo enfrente de ellas, vestida de blanco de los pies a la cabeza y colgada del brazo de su padre, mientras jugueteaba con las flores de su ramo de novia.

Toph y su padre estaban esperando a que se aparataran porque estaban bloqueando la alfombra roja por la que tenían que desfilar para llegar al altar.

—Yo os dejaría que siguierais porque creo que hacéis muy buena pareja, pero el cura tiene prisa y tiene que irse tan pronto como acabe la ceremonia —les explicó Toph con su habitual tono sarcástico. Después señaló al cura, que esperaba con impaciencia y cara de pocos amigos en lo alto del altar.

Bolin se inclinó levemente hacia un lado y le susurró a Opal con disimulo:

—Me parece buena idea que pidas el número de los arreglos florales, pero me temo que nosotros no somos los que vamos primero —dijo, señalando a unas ruborizadas Asami y Korra, que en ese momento habrían dado cualquier cosa por que la tierra se abriera en dos y se las tragara.

—Estoy de acuerdo. Pero hay cosas que nunca cambian. ¿Dejarán alguna vez de discutir?

—Son Korra y Asami. No serían ellas si no discutieran.

—Pichoncito, ¿no es esa tu ex? ¿Por qué está besando a una chica? ¿Qué ocurre aquí, Mako? —protestó Ahnah, extremadamente confundida.

—Cariño... ¿mejor te lo cuento luego?

FIN

Bueno chicos, pues se acabó, que tristeza T.T

Decidí subirlos los dos juntos porque me parecen dos capítulos de cierre y dejarlos separados no me parecía lo mejor.

Espero que hayáis disfrutado este tiempo conmigo como yo con vosotros. Nos veremos por ahí ^^

Por cierto contestaré los reviews de este cap a los que pueda por MD. Muchas gracias por el apoyo que me habéis dado a los que comentáis. ¡Os echaré de menos, cuidaos!

Ahora los reviews:

Luu7: Has sido una de las primeras ya no solo en leerme, si no en dejar constantemente comentarios, gracias, espero que te haya gustado el cierre de la historia.

Maria: Que yo sepa el gato no tiene nombre jajaja, pero al ser un gato negro yo lo llamaría shiro, que significa blanco en japonés XD Espero que te haya gustado y gracias por estar siempre conmigo.

lossombrerodepaja: Gracias por la gran efusividad en tus comentarios, muchos me hacían reír y todos me reconfortaban. Espero que te hayas quedado satisfecho, nos vemos.

withoutOrbit: No sé cuánto tiempo llevas leyendo la historia, pero me da pena que no hayas escrito antes, sino ya casi al final. Espero que te haya gustado el final.

Cryp: Y hoy no son ni uno, ni dos, sino dos también jajaja Ya hemos llegado al final, gracias por acompañarme buena parte del camino.

Blanca Rothlis: Al final he decidido subirlos ambos juntos por el hecho de que si no, no podría subir el dieciséis hasta el domingo por la tarde, y no me parecía bien. Espero que te haya gustado el final de la no cita, nos leemos.

Y muy a mi pesar, esto es todo chicos. Aunque no sea mi obra me ha encantado poder compartir con tanta gente algo que me entusiasma, gracias a todos queridos lectores. Una vez más recordaros que el libro fue escrito por Emma Mars, y si os ha gustado podési pasaros por su twitter y dejarle unas palabras de ánimo.

Bisu! (Uno muy enorme) (^3^)

Yomi.