Capítulo 4: Sentimientos desconectados

Saliendo de las aguas termales Kagome se dio cuenta que su kimono no se encontraba por ninguna parte por lo que miro a Terrina la cual aún se sacudía el pelo cual perro cosa que le causó mucha gracia pero aun así se aguantó la risa, no sería para nada cortes reírse en un momento como ese y menos por ese motivo, sin embargo Terrina la miro y pareciera que le leyó la mente ya que comenzó a reírse.

¿Parezco un perro verdad? Jeje – Decía avergonzada mientras se ponía sus ropas las cuales se parecían mucho a las de Ayame pero el color de la piel de lobo era de un color castaño chocolate.

Un poquito – Dijo sonriendo la azabache mientras se reía un poco, para luego recordar su preocupación por sus ropas – hmm… Terrina ¿Dónde está mi kimono? – pregunto un poco avergonzada

¡VERDAD! – Esbozo la nombrada, para luego reír un poco – Perdón Kagome es que me relaje tanto con el baño que se me olvido decirte jeje – Dijo mientras una gotita caía por la frente de la azabache – Tu kimono estaba completamente roto y muy manchado, por lo tanto le pedí a las chicas que te trajeran unas pieles, desde ahora en adelante serás una de nosotros ¿no es así? – Decía con una tierna sonrisa mientras le entregaba unas pieles negras de lobo

Ahora era uno de ellos, eso la hizo sentirse tan feliz, al fin se sentía totalmente cómoda en un lugar, sentía que ahí siempre debió de haber estado, esa era su verdadera familia.

Muchas gracias Terrina, realmente me hace muy feliz el que me hayan aceptado – Decía Kagome mientras lloraba, pero aquellas no eran lágrimas de tristeza sino que de felicidad y la loba lo entendía, por lo que la abrazo para tratar de calmarla.

Así es Kagome, desde ahora en adelante eres parte de nuestra familia, nunca más vas a sufrir todo lo que sufriste, aquí aprenderás a ser tan fuerte como nosotras, desde ahora en adelante puedes contar conmigo para todo lo que necesites – Le susurraba mientras acariciaba su cabello para tranquilizarla

Kagome simplemente asentía mientras sonreía, todo ya había terminado ¿verdad? Ahora podía estar en paz en la manada de los lobos junto a Terrina y a su querido Kouga, espera un momento… ¿¡QUERIDO!? No, no, no, no, no eso estaba incorrecto ella solo se sentía agradecida con Kouga, no es como si estuviera enamorada del joven lobo o algo por el estilo, ella simplemente lo estimaba mucho, él le había salvado la vida de Naraku y además la recibió en su manada, claro eso era…se sentía agradecida con él, nada más.

¿Por qué te sonrojas Kagome, acaso te enamoraste de mí? Lo siento mucho pero yo estoy muy enamorada de Hakkaku, tu eres muy linda y tierna pero yo – No termino de hablar porque Kagome la miro muy sorprendida y la empujo

¡N-no estoy sonrojada! – Grito para quitarle aquellas pieles negras a Terrina y ponerse atrás de un árbol para cambiarse.

Era un short muy corto de piel de lobo negra al igual que la parte de arriba, se sentía libre con aquella ropa, era como si pudiera correr muchos kilómetros con ella, ahora entendía ese aura que rodeaba a Kouga que pareciera que se ira junto al viento. Eso era realmente la libertad. Ya no había nada que la apresara, sentimientos, responsabilidades, NADA, ahora podía ser quien quisiera ser y amar a quien ella quisiera amar.

Terrina ¿Por qué demoran tanto, acaso ocurrió algo? – Se escuchó desde unas ramas la voz de Kouga y de repente ambas miradas de los azabaches se encontraban sonrojándose completamente – Es-espera esto no es lo que parece, pe-perdón yo no-no quería espiar – Decía un muy sonrojado oji celeste tratando de taparse la cara pero aun así viendo a la azabache la cual parecía estar en shock por la vergüenza.

Kouga no podía apartar su mirada aunque quisiera, ella estaba demasiado hermosa y sexy, su pelo se erizaba por la excitación, era todo lo que él había soñado, la mujer que tanto había amado ahora estaba ahí, frente a él con las pieles de los ancestros de su tribu, al parecer las mujeres le habían otorgado las ropas que se les da a la jefa de la tribu y por lo tanto de su mujer. Sabía que Kagome lo más probable es que desconociera aquello pero eso a él le hacía tan feliz que podría morir ahora mismo.

No…no se preocupe Joven Kouga yo ya termine de cambiarme hmmm… ¿Cómo me queda? – Le pregunto la chica muy avergonzada y dando una pequeña vuelta para que la observara de pies a cabeza cosa que logro que el joven se sonrojara aún más

Kouga ya no soporto más, así que sin darse cuenta la había comenzado a abrazar y besar, todo su cuerpo se lo exigía, fue un beso apasionado, al principio sintió como Kagome se sorprendía pero luego poco a poco se dejaba llevar con el beso, Kouga mordió suavemente el labio inferior de la azabache pidiéndole permiso para entrar la cual se lo permitió muy avergonzada, parecía como si un lobo se estuviera comiendo a su tan ansiada presa. Kagome no entendía nada, aunque su mente le decía que se alejara su cuerpo no le obedecía, se sentía tan cómoda entre los brazos de Kouga que en el fondo de su corazón deseaba que el tiempo se detuviera para todo el mundo a excepción de ellos y así seguir juntos por la eternidad, Inuyasha jamás la había besado de esa manera ya que las pocas beses que se besaron eran rápidos y sin muchas emociones, pero este beso era completamente distinto, todo su cuerpo le exigía estar aún más apegado al de Kouga, por lo que ella igual lo abrazo apegando todo su cuerpo en él.

¿Kagome estas bi…? – Se oyó la voz de Terrina, por lo que ambos chicos se separaron rápidamente muy avergonzados – Uuuuuuy perdón tortolitos, al parecer ya es época de apareamiento jeje – Decía burlona Terrina al ver la cara avergonzada de la azabache que inconscientemente se escondía en la espalda del joven que miraba muy molesto a la lobezna.

Cállate Terrina, vamos Kagome…- Dijo muy avergonzado mientras caminaba tomando la mano de la azabache y al caminar al lado de Terrina susurro molesto - ¿No podías captar el ambiente en el aire y marcharte? – Para luego marchase muy sonrojado junto con Kagome.

El ambiente era algo tenso e incómodo, ambos no sabían que decirse el uno al otro, luego de lo que ocurrió ninguno sabia sobre que hablar, ¿ambos se correspondían o acaso todo aquello fue un error? Ambos jóvenes se encontraban muy confundidos pero aun así no separaban sus manos, eso debía significar algo ¿verdad?

Mientras tanto cierto peli plateado acechaba por aquellos territorios siguiendo el olor de Kagome junto a la tropa de sus amigos.

¿Qué hiciste esta vez para hacer enojar de esta manera a Kagome? – Le replicaba el pequeño kitsune a Inuyasha el cual seguía tratando de encontrar el olor de la azabache pero se mezclaba con demasiados olores y entre ellos uno en específico que le molestaba de sobre manera.

Apuesto a que de nuevo se metió con Kikyo, ya era hora de que te encontraran ¿no crees? – Decía sarcástica y molesta la exterminadora de demonios, la cual miraba con odio a Inuyasha.

Al escuchar esto Inuyasha se dio vuelta muy molesto, ya estaba harto de que lo criticaran por todo lo que hacía, ya sabía que se había equivocado pero no por eso tenían que recordárselo todo el tiempo, aun así al ver el aura de odio de su amiga este bajo las orejas con mucho miedo, tenía que admitirlo las mujeres de su grupo sí que atemorizaban.

Pues ahora vengo a disculparme ¿no ves? – Susurro haciendo un puchero mirando a otra parte, para luego recibir una cachetada de Sango cosa que dejo muy sorprendido al peli plateado y dejando a todos en shock.

¿¡CREES QUE SIEMPRE TE PERDONARA Y VOLVERA CORRIENDO A TUS BRAZOS?! – Grito enfurecida mirándolo con real odio – Kagome ya ha soportado suficiente de tu estupidez, algo realmente debe haber pasado para que Kouga la haya ido a salvar… que te quede claro yo ahora no vengo para ayudarte a convencerla, si ella se quiere quedar aquí la apoyare ya que soy su mejor amiga y quiero lo mejor para ella…y créeme que tú ya dejaste de serlo hace mucho tiempo – Dijo con frialdad para luego seguir caminando

Todos quedaron en silencio y con la cabeza agachada siguieron a Sango dejando a Inuyasha completamente solo y con la mejilla completamente roja, poco a poco agacho la cabeza recordando todas las veces en las que lastimo a Kagome por ir tras Kikyo, realmente se había equivocado…pero aun así no la dejaría marcharse de su lado, ella nació para estar a su lado y el nació para estar al lado de ella. Así que aunque ella llorara o lo golpeara, aunque todo el mundo esté en su contra, el la traería de vuelta a su lado, por las buenas o por las malas.

Ya no podrás escapar de mi Kagome… - Susurro el hanyou mientras esbozaba una sonrisa torcida – Tu eres mía, no de ese lobo sarnoso…-