Capítulo 8

"Hermoso sueño hecho realidad"

Ya habían pasado unos cuantos meses, aún no había rastro de la azabache ni de Inuyasha, la manada de Kouga buscaba en vano cada día su rastro, con la esperanza de que Kagome les diera una señal de donde se encontraba. Pero cada día que pasaba aquella esperanza comenzaba a desaparecer, muchos lobos decían que con el tiempo que había pasado ya era posible que el hanyou se la llevara incluso a las tierras del este o incluso más lejos, otros ya la daban por muerta y los demás simplemente se habían rendido. Sin embargo Sango con los demás los seguían buscando, preguntando en cada pueblo que pasaban si es que los habían visto, al igual que el líder de la tribu de los hombres lobos, el los acompañaba y hablaba con los animales cercanos para que buscaran rastros de esos dos.

Aun así solo podían seguir caminando por rumores como "Vi una sacerdotisa el otro día por las montañas del norte" o "Escuche que una sacerdotisa apareció sanando a muchos enfermos en los pueblos del sur" pero nunca era Kagome, siempre era otra chica.

-Ya atravesamos casi todo Japón buscando a la señorita Kagome y ni siquiera tenemos una pista base de donde se podría encontrar – Dijo el monje Miroku mientras Kouga estaba haciendo una fogata ya que se acercaba la noche.

-Sí, pero tenemos que seguir intentándolo, mi manada aun no me ha dado aviso de que ella haya vuelto y ya paso mucho tiempo, debemos seguir buscándola – Dijo Kouga cansado mientras ya comenzaba a hacer encender el fuego.

El monje solo musito un "así es" para luego seguir con ese silencio que ya era muy regular cuando ambos hombres se quedaban solos, ya que Sango había ido a buscar un poco de agua al rio y Shippo al pueblo que se encontraba cerca a buscar un poco de comida.

Al llegar los 2 que faltaban comenzaron a comer en silencio, hasta que el ya no tan pequeño kitsune hablo.

-Aun no puedo creer que Inuyasha se haya llevado a Kagome así… - Susurro triste y claro que lo estaba ya que para él, ellos dos eran como sus padres.

-Ninguno de nosotros lo puede creer Shippo, pero Inuyasha se obsesiono con la señorita Kagome – Le dijo el monje tratando de explicarle a Shippo la situación y las razones detrás del actuar de su "papá"

-Esto me recuerda a cuando estábamos buscando a Naraku cuando él se escondía en el monte de las animas – Susurro la exterminadora con cierto tono de sarcasmo.

Luego de eso todos se quedaron en un silencio incómodo.

-Bueno… creo que es mejor que nos vayamos a dormir, mañana debemos seguir la búsqueda – Sugirió el monje Miroku un tanto nervioso por el incómodo momento, todos asintieron.

-Yo hare guardia – Dijo el joven lobo sentándose en las raíces de un árbol

-¿Seguro Kouga? Siempre te quedas tú – Le dijo Sango preocupada – Si quieres yo me quedo en guardia hasta la mitad de la noche y luego tú – Le sugirió pero este se negó.

-Muchas gracias por preocuparte Sango, pero no, tu duerme ¿ok? Yo estaré bien – Le dijo pero vio en la mirada de la exterminadora que ella seguiría insistiendo así que antes que dijera algo – Si duermo volveré a soñar con ese día… - Le dijo mientras la vía a los ojos con una expresión llena de dolor

Con eso ella no pudo decir nada más, ya que sabía que eso era cierto, las pocas veces que logro convencer a Kouga que durmiera él siempre se despertaba en mitad de noche gritando el nombre de la azabache y sudando frio. El siempre soñaba cuando Inuyasha la aparto de su lado y el no pudo hacer nada además de mirar. Así que solo asintió y se fue a recostar con el monje, mientras shippo se iba a dormir junto con Kirara que se había hecho pantera para cubrir al kitsune con su cola y así no pasara frio en la noche.

La noche pasaba y Kouga miraba atento la luna, como si fuera totalmente hipnotizado por ella, hasta que de repente aquella voz como siempre volvía a sus oídos.

-Kouga…volveré pronto – Era el recuerdo de la vez cuando se encontró con el espíritu de Kagome en el árbol de sakura.

Si, esa también era la razón por la cual él se quedaba despierto en las noches, porque así él podía escucharla y si tenía suerte su cerebro jugaba con él y la hacía verla. Hace unos meses antes eso era una tortura peor que la muerte, pero ahora era lo único que lo mantenía cuerdo y con la esperanza de encontrarla, de no dejarse llevar por la pena o la locura y matarse o convertirse en un ogro por el odio que sentía hacia Inuyasha. Porque con el tiempo se dio cuenta que lo que igual lo lastimo fue el hecho de que esa bestia le hiciera daño a la azabache, con el tiempo le había ganado cierto cariño y respeto al hanyou, lo quería como su amigo, como su compañero de batalla, como aquel rival con el que le encantaba competir y era el único con el que sentía que podía dejarle cuidar realmente su espalda. Pero le había hecho daño a la mujer que el más amaba en el mundo y eso jamás se lo perdonaría, ahora él era capaz de matarlo por lo que hizo y más si es que en este tiempo le había hecho algo a ella, porque jamás le iba a perdonar eso.

-Kouga te amo – Volvió a aparecer el recuerdo de Kagome por lo que el simplemente sonrió.

-Yo igual te amo… así que aparece pronto por favor, vuelve a mi lado – Susurro mientras le sonreía al viento, deseando que ella lo pudiera escuchar.

Pero algo que hasta ese momento no había pasado. Paso.

-Kouga solo espera a mañana ¿ok? Te prometo que me veras – Le respondió aquella visión de Kagome con una sonrisa.

Fue ahí cuando el lobo se levantó sorprendido al ver como el "recuerdo" se transformaba en una luz y luego salía un pájaro rojo. Como los espíritus guardianes que invocaba Kagome. Sin embargo antes de correr para seguirlo el ave se comenzó a quemar y desapareció convertido en cenizas.

-Kagome… - Susurro completamente en estado de shock

Cerca de ese lugar se encontraba la azabache despierta mirando la luna o al menos lo que se lograba ver de ella ya que gran parte de los arboles sus ramas la tapaban. Por unos momentos cerro los ojos para ver el ultimo recuerdo de su espíritu guardián, la imagen de Kouga sorprendido la dejo feliz, ya que al fin se podrían ver.

-¿Kagome no vas a dormir? – Pregunto Inuyasha preocupado por la azabache que estaba con los ojos cerrados mientras sonreía ¿qué era aquello que le dio tanta gracia?

-Claro que lo hare Inuyasha, no te preocupes tú también deberías dormir – Le respondió la chica mientras le sonreía para tranquilizarlo, el sonrió en respuesta y como un niño obediente cerro sus ojos.

En todo ese tiempo Kagome había logrado tranquilizar a Inuyasha, ganarse su confianza de que ella no escaparía para volver al lado del joven lobo, muchas veces Inuyasha había querido huir con ella a tierras más lejanas, pero ella siempre lo convencía de que esa no era la mejor opción ya que en otros lugares no sabía si su campo de fuerza funcionaria tan bien como aquí, claramente eso era una mentira, pero el hanyou al no saber prefirió hacerle caso. El hanyou más de una vez la abrazaba y tratada de crear ambientes romántico con ella, pero siempre ella encontraba alguna excusa para retirarse o le cambiaba el tema, lo trataba como un niño, porque era la única forma en la que ella podría si quiera mirarlo, ya que si recordaba todo lo que le había hecho la ira se apoderaba de ella de inmediato. Su plan era bastante simple, ella no quería que Kouga e Inuyasha tuvieran que pelear, si Inuyasha volvía a su estado youkai como la primera vez, el joven lobo no tenía oportunidad alguna de ganarle y tampoco permitiría que el hanyou le hiciera daño a sus amigos, así que cada día hablaba con él para convencerlo de que él amaba a Kikyo y no a ella. Pero era como si le hubieran lavado el cerebro, como si algo maligno le dijera que odiara a Kikyo.

Mañana Inuyasha le había dicho a Kagome que iría por unas provisiones a un pueblo y que ella lo esperara ahí en el bosque, lo que no sabía era que ella había hecho una barrera alrededor de los demás para que así el hanyou no notase su presencia, aunque fuera por unos minutos o incluso unos segundos, necesitaba ver al joven lobo y a sus amigos.

-Dios por favor permite que todo salga bien mañana…- Susurro mientras veía con esperanza la luna.

Al día siguiente Kouga les dijo a los demás lo que había ocurrido esa noche, todos explotaron de alegría pero no sabían cómo era que Kagome se iba a presentar y si aquello significaba que se iría con ellos o no.

-¿Qué pasa si se presenta como esa noche? Solo como uno de sus espíritus guardianes – Decía preocupado el kitsune

-O peor aún, que ponga una barrera para que no la podamos tocar y llevárnosla – Dijo el monje mientras miraba a los demás preocupado

-No me importa si me purifica con esa barrera, yo la romperé y me la llevare lejos de esa bestia – Dijo seguro de sí mismo el joven lobo.

-¿Y no te dijo en que momento nos encontraríamos con ella Kouga? – Le pregunto inquieta la exterminadora.

-No… creo que ahora solo podemos esperar – Sugirió el lobo sentándose en las raíces de un árbol.

-Yo iré rápidamente a buscar un poco de comida al pueblo y vuelvo en seguida – Dijo Shippo convirtiéndose en un pájaro y volando rápidamente en dirección al pueblo.

Al cabo de unos minutos mientras todos hablaban de que harían al momento de ver a la azabache, el viento soplo levemente pero solo eso basto.

-¡KAGOME! – Grito el lobo para correr en dirección donde sintió el olor, el cual ya casi lo olvidaba, ahora era más fuerte que nunca

-Espéranos Kouga – Gritaron los otros dos, ambos rápidamente se subieron a Kirara y lo siguieron.

Kouga corría desesperado, el olor cada vez se hacía más y más fuerte, aquella dulce escancia que solo su amada Kagome tenía, que solo su cuerpo desprendía, cada vez era más y más perceptible, ahora podía sentir su presencia, no estaba tan lejos de donde se encontraban ellos y mientras corría se preguntaba así mismo como antes no se dio cuenta de que estaba tan cerca. De repente se detuvo en seco, ahí estaba ella… parada ahí en medio de un claro, mirándolo con una sonrisa y lágrimas de felicidad en sus ojos, Kouga no lo podía creer y ella tampoco. Habían pasado casi 8 meses desde que se habían visto por última vez, esa vez en la cual ella se marchó para protegerlo, esa vez en la que él le grito desesperado que no lo dejara, esa vez en la que ambos pensaron que todo se había acabado. Kouga sin esperar más en menos de un segundo ya se encontraba frente a ella.

-Joven… joven Kouga – Trataba de pronunciar entre llanto la azabache.

El la miraba perplejo ¿acaso era real? ¿ella realmente se encontraba ahí? ¿eso acaso no era también una jugarreta de su mente? Necesitaba confirmarlo, así que lentamente levanto su mano y la puso en la mejilla de ella. Estaba cálido, era su piel, su suave y delicada piel, su rosada mejilla que el tanto amaba ver y tocar cuando la acariciaba, las lágrimas no tardaron en salir por parte del lobo. Y sin esperar un segundo más la abrazo.

-KAGOME – Grito como si nuevamente fuera a desaparecer, abrazándola con fuerza como si se la fueran a quitar, como si quisiera comprobar con el calor de la chica que todo eso no era un hermoso sueño.

Sin embargo en el pueblo, en la tienda donde vendían la leche.

-Inu…Inuyasha – Pronuncio el kitsune boquiabierto al ver al hanyou comprando, este se giró y lo miro de la misma manera

-Shi… Shippo – Susurro el en estado de shock al ver al pequeño que había querido como si fuera su hijo en algún momento.

De vuelta en el claro, ambos jóvenes se abrazaban pronunciando el nombre del otro mientras lloraban, tratando de comprobar que ahí se encontraba el otro.

-Kouga… Kouga… - Decía Kagome mientras trataba de abrazar con la misma fuerza que el joven la abrazaba a ella.

-Kagome… estas aquí, al fin has vuelto a mis brazos – Decía el joven lobo mientras lloraba de alegría y la seguía abrazando.

Ella asentía feliz, luego los demás al fin habían alcanzado al lobo y al ver a la chica también comenzaron a llorar.

-¡KAGOME! –

-¡SEÑORITA KAGOME! –

Ambos se bajaron de kirara y corrieron al lado de la azabache para abrazarla.

-Chicos…- Decía apenas ella por las lágrimas de felicidad – al fin podemos encontrarnos… - Susurraba feliz mientras todos la abrazaban.

Todo era tan perfecto, después de soportar tanto al fin ella había vuelto a sus brazos, viva, sana, ahí donde siempre debió pertenecer, en los brazos de la gente que más la amaba en el mundo, en los brazos de la gente que realmente creía que ella era su mundo.

Sin embargo el sueño pronto debía terminar…

-Si tu estas aquí eso quiere decir que… ¡KAGOME! – Grito desesperado Inuyasha alejándose rápidamente del kitsune que le gritaba que se detuviera.

-"¡Eres un estúpido Inuyasha! Ahora ese lobo sarnoso se la llevara – Le gritaba su conciencia youkai

-¡Cállate! Eso no lo permitiré… - Dijo mientras sus ojos se iban poniendo rojos color sangre y poco a poco su escancia hanyou desaparecía – Ella es mía, jamás dejare que me la quiten de nuevo – Decía mientras corría

-Incluso si tengo que matar a todos los que se interpongan en mi camino / Incluso si tengo que matar a todos los que se interpongan en mi camino -