Anteriormente:
Se supone que es nuestra noche de bodas, y se espera lo obvio. — Gracias por arruinarnos la noche — le contesto entonces, y trato de despertar a Peeta para lárganos de una vez.
Le doy palmaditas en las mejillas, susurro su nombre y él poco a poco abre los ojos.
— ¿Katniss? — Me mira confundido, y yo le regreso la misma mirada.
Y la respuesta tan clara, del porque ha hecho esto, está pintada en sus ojos enrojecidos, y tristes.
Lo ha hecho por mí.
...
Observo la lámpara de luz blanca, que esta delante de mí, con cansancio, aturdimiento, y confusión. Todo mezclado. Ensordeciéndome. El viaje hasta la suite ha sido el más largo de la historia. Todavía no puedo creer que Peeta se haya emborrachado. Fue tanta su intoxicación, que fue necesario que Cinna y Flavius, prácticamente le cargaran hasta traerlo aquí. De hecho creo, que ese ha sido el momento más laborioso de la vida, para el ayudante de mi estilista. Y definitivamente, de los momentos más incomodos para mí.
Su aliento alcohólico. Sus palabras ensombrecidas por el alcohol. Mi decepción, y un cuestionamiento doloroso, difícil de ignorar.
— ¿Por qué? ¿Por qué pasa esto, Cinna? — Se que preguntarlo, no tiene sentido, que la respuesta es muy evidente. Es más que obvio el porqué de la borrachera de Peeta, pero no puedo dejar de sentirme cada vez más confundida, — ¿por qué? — y mis preguntas, se convierten en reclamos, lastimeros, hacia un destino que ha empezado de la peor manera. Con Peeta ebrio e inconsciente dentro de una de las habitaciones, y yo, yo sintiéndome peor de lo que había imaginado.
Cuando Cinna se sienta a mi lado y acaricia mi hombro. Le dirijo una mirada, por primera vez en la noche, totalmente cubierta en lágrimas. No quiero hacerlo, no quiero derrumbarme, pero ¿Cómo seguir soportando? ¿Cómo?
Mi estilista por su parte, suspira con entereza, mientras me observa llorar, pero sus ojos también lucen tristes.
— No esta tan mal como crees — susurra después, frotando delicadamente mi hombro y proporcionándome cierto consuelo — No tiene que serlo, si tú no quieres — Sin embargo, el desconcierto y el miedo, siguen allí. Quizás las palabras de Cinna son ciertas, en parte, pero el futuro aun luce inmensamente imposible. Difícil, e inexperto.
Falso.
— ¿Cuándo algo, ha sido lo que quiero? — le pregunto, aun cubierta en llanto., porque nada jamás ha sido como yo quisiera que fuera. Nunca lo será. Vivimos en Panem, y en Panem, nadie obtiene lo que desea. Al menos no, si no eres del Capitolio.
Afortunadamente tengo personas a mi lado, como Cinna, que intentan ayudarme, día a día, para salir adelante, dentro de todo esto. Él toma un fuerte respiro, y acaricia mi mejilla. Seca un par de lágrimas con la yema de sus dedos, y entonces me abraza. Me entierra contra su pecho y yo me hundo en él y su consuelo. Es todo lo que tengo, y aun no se como, no se ha cansado de mi. Y la verdad es que, si no fuera por él, probablemente esto hubiese sido un desastre. Yo ya estaría muerta, sin su consuelo, sin su fortaleza y consejos para ayudarme a sobrevivir.
— Solo ha sido un pequeño desliz, dentro de tanta tempestad — me dice, acariciando mi cabello — para él tampoco es fácil. — Y tiene razón. Siempre tiene razón. Para Peeta tampoco es fácil, y lo ha demostrado muy bien durante esta noche.
Dicen que la primera noche como recién casada, es inolvidable, y yo, definitivamente, no voy a olvidar esta, jamás.
….
Después de un par de horas, charlando con Cinna. O mejor dicho, llorando mientras él me escucha y aconseja. Me voy a la cama, a eso de las cuatro de la madrugada. Cinna me acompaña y ayuda a quitarme el vestido. No pide ayuda a ninguno de sus asistentes, y yo se lo agradezco, porque no quiero que nadie me vea en ese estado. Siento que voy a desmoronarme en cualquier momento, con la mínima fuerza infligida, y lo único que quiero ahora, es dormir, dormir y sacar todo esto de mi interior. Cuando Cinna se marcha de la habitación, y yo me dejo caer sobre la cama, empiezo a tratar de hacerlo, pero mi memoria y consciencia, son demasiado testarudas como para permitirlo.
Recuerdo sus manos intentando acariciarme, mientras estábamos dentro del coche, al que nos habían metido con rapidez, después de ver el estado de mi marido. Yo rechazándole todas las veces, y él suspirando contra mi cabello en respuesta.
— Eres tan hermosa — Su boca a centímetros de mis labios después, y Cinna alejándolo en el momento que intentaba besarme.
Él quejándose y empujando a mi estilista para que lo dejara acercarse de nuevo. — Solo quiero un beso, nos hemos besado ciento veces —
— Peeta, por favor, no estás siendo tú mismo, ahora — Y mis palabras, lastimándole de vuelta.
— Siempre he sido yo mismo, cuando se trata de ti Katniss —
Sus labios uniéndose a los míos, a continuación, y yo permitiéndoselo.
Aun no se porque lo hice. No quiero pensar que fue lastima, porque él no se lo merece, y si fuera de ese modo, no quiero pensar en un futuro donde él me ame, y yo solo le tenga lastima. Es demasiado triste. Sin embargo, mi pecho ha palpitado con fuerza durante aquel momento, y esa calidez, quizás… quizás pueda significar algo.
Quizás.
No quiero obligarme a amar a Peeta. Obligarme a hacerme a la idea, pero tal vez, si lo intento no seria tan malo. Recuerdo las palabras de Cinna, y tiene razón.
No tiene que ser tan malo, si yo no quiero.
Es muy probable que todo este dolor, solo me lo esté causando yo misma.
Me quedo dormida con esa idea. Sin embargo mis pesadillas, esta vez tratan sobre niños rubios y de ojos grises, por los cuales no puedo ofrecerme voluntaria. Sobre un matrimonio dividido por el dolor, y la perdida. Con un Peeta demacrado, y apagado por el sufrimiento, y yo sintiéndome cada vez más desquiciada. Llorándole a tumbas, dentro de las cuales no hay cuerpos.
Así que no es de extrañar que despierte gritando, a la mañana siguiente. — ¡Nooo! — Me levanto con el corazón bombeando ensordecedoramente. Coloco una mano sobre este, encima de mi pecho, y trato de apaciguar mi respiración.
Late tan fuerte, y duele tanto, que siento que va a salirse de mi cuerpo, en cualquier momento, por lo que no puedo evitar extrañar a Peeta de inmediato. Sus brazos recibiéndome después de cada pesadilla. Sus palabras dándome tranquilidad, sus ojos comprendiéndome, y sus labios ayudándome a olvidar. Pero hoy es diferente. Hoy es imposible. No seria justo, y cuando lo pienso mejor, nunca ha sido justo que yo dejara que él se hiciera ideas, a las cuales yo no podía responder el cien por ciento segura.
Siempre he sido yo mismo, cuando se trata de ti Katniss.
Ideas a las cuales, él muy probablemente, si pueda contestar.
Froto mi rostro, intentando disiparlo. Los recuerdos, sus palabras y las mías. Las pesadillas. No quiero seguir pensando de más. Ni recordando de más, así que salgo de la cama, dispuesta a no hacerlo, en todo este día.
Me coloco una bata de satín encima del pijama, de satín también, que me ha puesto Cinna, y que parece que es toda la ropa de dormir, que tengo para vestir aquí en el Capitolio. No encuentro nada para los pies, a excepción de unos zapatos muy esponjosos color rosa, y me los coloco también.
Durante el camino, hacia el comedor, me voy repitiendo a mi misma, que no voy a seguir rompiéndome la cabeza con el mismo tema. Lucho con las mismas ideas una y otra vez, y cuando creo lograrlo, y olfateo lo que parece mantequilla y pan recién hecho. Café caliente y ánimo mañanero. Todo vuelve a derrumbarse.
En el comedor de mi suite, —la que se supone solo es para Peeta y yo—, esta Gale, siendo atendido por uno de los avox. Él nunca los había visto, al menos no tan cerca, y en su cara se pinta la rabia, y la incredulidad. La misma que yo siento en aquel momento, por verlo sentado a la mesa
— ¿Qué haces aquí? — y que mi pregunta tan directa, y dura, deja muy en claro.
La cara de Gale se descompone en una mueca, de triste decepción. Yo cierro los ojos y suspiro. No es que haya planeado ser dura, o que su presencia me moleste. Pero se supone que él, y su familia, junto con mi madre y Prim, se marcharían esta mañana rumbo al distrito doce. Yo me quedaría otro par de semanas, pero ellos deberían de estar llegando a casa, ya.
Confiaba en Gale para acompañarlas de regreso.
— Hola... no planeo molestarte — dice con cuidado.
En respuesta, camino hacia la mesa, y me siento en una silla delante de él. Le miro con cansancio y me sirvo un poco de jugo de naranja.
— No es eso, es solo que no deberías estar aquí —
— Abordare el próximo tren dentro de unas horas, yo solo quería hablar contigo antes —
¿Hablar conmigo? ¿De que?, por la forma en que me observa, empiezo con pánico, a hacerme un par de ideas. Y no. No quiero que lo haga. No quiero que me diga nada más, que pueda seguir confundiéndome. Ya tengo suficiente con lo de anoche.
— Preferiría hablar cuando estemos en casa —
Además se supone que somos primos, y no es seguro que hablemos de lo que sea que quiera hablar, teniendo en cuenta, que somos vigilados todo el tiempo. ¡Que estamos en el Capitolio!
— ¿Te preocupa lo que vaya a pensar Peeta? — Pero Gale, no piensa dar su brazo a torcer, tan fácilmente.
— Él no tiene que pensar nada, somos familia—
— Eso esta más que claro, pero los celos son celos, y anoche ya demostró no ser tan perfecto como se creía —
Y parece que Gale, tampoco esta demostrando ser lo que creía.
Los celos, son celos….
Estoy a punto de decirle que es mejor que se vaya, cuando alguien más llega a la estancia.
— Buenos días — Peeta todavía lleva la ropa de anoche, y se sostiene la cabeza con ambas manos, mientras nos observa con una expresión, poco descifrable.
Tal vez la misma resaca, no le permite reconocer quien me acompaña a la mesa, pero me equivoco.
— Gale — murmura, y parece que vuelve a ser él de antes. — Pensé que — le dice, mientras se talla la cara numerosas veces — estarías en camino al distrito —
— Eso hare, yo solo… — comienza a explicarse Gale, y empiezo a tener mucho miedo por como puede terminar esta conversación.
Sin embargo, Effie llega justo en ese momento. El elevador se abre, y ella entra a la suite, haciendo sonar los tacones con fuerza, encima del suelo.
— ¡Aghh! — Haciendo que el muy obvio dolor de cabeza de Peeta, acrecenté. — ¿Qué es ese ruido infernal? —
— Son la nueva moda en botines — Effie llega a nuestro lado y sonríe. Señala sus zapatos y su alegría se ensancha. — Y no hacen un ruido infernal, tú bebiste mucho anoche y estas son las consecuencias —
— ¿Botines? — le pregunto, sintiéndome un tanto divertida.
— Son como las botas, pero llegan hasta el tobillo, deberías tener un par — me dice — Todos lo tienen —
— Claro — bebo de mi vaso de jugo, y le sonrió, fingiendo estar de acuerdo. Pero ni loca me montaría en tacones tan altos como esos.
— Bien, como sea — Ella asiente satisfecha, y saca lo que parece un libro de notas — Según mi agenda, hay una sesión de fotos dentro de un par de horas, Cinna y Portia, llegaran en unos cuantos minutos para prepararlos —
— Genial — Me hago el cabello hacia atrás, y le dirijo una mirada a Peeta, luego a Effie — ¿Pero ya viste como esta él? —
— No es nada que un café no arregle, y analgésicos —
Effie se encamina hacia la cafetera y le sirve una enorme taza de este a Peeta.
—Bébelo, y yo buscare las pastillas —
Peeta le hace caso, y comienza a beber. Effie por su parte, se sienta a la mesa, justo a mi lado y comienza a rebuscar en su bolso.
Es entonces cuando lo ve.
— ¿Tu que haces aquí? —
Todos miramos a Gale, esperando una respuesta. Y aunque yo ya lo sé. Me quedo en silencio y espero a que nuevamente se explique. No es justo, y hasta puede que sea grosero y duro, pero quizás así entienda que no es momento, ni lugar, para hablar. Y él así lo hace, aunque no de una forma menos indolora.
— Yo solo quería felicitar a los recién casados, tomare el tren dentro de poco — dice mordiéndose un poco los labios. Me mira por última vez, y se pone de pie — Sera mejor que me vaya, tienen mucho que hacer, y no quiero estorbar —Y con esto se marcha.
Todos nos quedamos en silencio después. Incluso Effie. Ahora me siento mucho peor que anoche. Afortunadamente Cinna, Portia, y todo su ejercito de asistentes, llegan a los pocos minutos, y lo único en lo que me concentro en la próximas horas, es en lucir totalmente radiante para los fotógrafos del capitolio.
Nadie debe sospechar que por dentro, estoy gritando.
Bien ¡Uff! primero que nada, una enorme disculpa por tardar tanto, los que ya antes han seguido algunos de mis fics, saben que suele pasarme muy seguido, pero que regreso y actualizo :) Por otro lado, les digo que no hay recomendacion musical esta vez. Pero el capitulo lo escribi escuchando tres canciones :)
Dead hearts de Stars (la letra, quedaria tanto para Catching Fire .. en fin XD jaja) Turning Tables de Adele y Kiss me de Ed Sheeran (estas no quedaran en el capitulo, pero me ayudaron XD) Resumiendo, hicieron revivir a mis musos jaja :) Ojala el capitulo no sea una decepcion :/
Oh y antes de que lo olvide :3 ¡Un saludo y un abrazo a DyanOdair jeje, si lei tu review, muchas gracias XD
Tambien ya que se pueden poner portadas a los fics ahora, estoy pensando en hacer una (con lo poco que se de editar jeje) asi que se aceptan sugerencias :3 ¿Que más? Oh si, ¿recuerdan el fic mio, que participaba en un reto?, pues gano tercer lugar :) asi que estoy muy feliz por ello. Muchas gracias a las que lo leyeron, dejaron review, lo recomendaron y que se tomaron la molestia de votar :3
Creo que eso es todo. No olviden el review ;) Sus opiniones, son de gran ayuda para los siguientes capitulos y la historia en general XD De verdad que lo son. Oh y como se han dado cuenta, hay varios cambios en ff -.- pero creo que se ve como dejar review :) Solo hay que tipear el comentario en el cuadro de abajo y dar click en post review :)
Besos (Elise)
