Uff antes que nada una disculpa, había momentos en estos ¡Dios! casi dos años ._. que pensaba que ya nunca iba a regresar, una vez incluso estuve a punto de subir una disculpa pero pensé que me odiarían más por emocionarlas con la idea un capi nuevo y luego solo ver una disculpa. En fin, las excusas son muchas y la verdad he estado pasando por momentos muy feos y difíciles en mi vida desde la ultima vez que publique algo por aquí, y probablemente el capitulo no esta genialmente escrito dado esas razones, pero la buena noticia es que Finnick sale al final :3

Su aparicion tambien me costo trabajo, pero me parece que fue la apropiada jaja xD

No puedo prometer que actualizare pronto después de esto, mi vida esta horriblemente hecha un embrollo ahora mismo, además escribir este capitulo me costo bastante ya que me había desacostumbrado mucho a la historia pero lo intentare.

Espero no decepcionar :/

La recomendación musical es: "Ever After" de Marianas Trench (que de hecho queda más para el próximo capitulo y para Peeta)

y "We can Try" de Between the trees. (Ambas canciones son muy cursis, pero me gustan xD)

P.D - De antemano disculpen los horrores ortográficos.


Cuando era niña y los ojos de mi madre se iluminaban con alivio e inmenso amor cada vez que mi padre entraba a la casa, solía pensar que todos los matrimonios debían ser así, por un breve momento en mi infancia me permití tener un pensamiento lo suficientemente lleno de esperanza y vago romanticismo, pero cuándo los ojos de mi madre se apagaron y papá ya nunca más volvió, aquel pensamiento se convirtió en uno lleno de evasión, si enamorarte de alguien dolía tanto al final y te convertía en un fantasma en vida es que no valía la pena, yo no iba a arriesgarme, ya nos arriesgábamos lo suficiente todos los años durante la cosecha, no valía la pena agregar más angustia a tu vida y sin embargo, ahora estaba casada.

Observo el anillo en mi dedo anular y tengo miedo, se supone que es un lazo que nos une para siempre pero mi madre tenía un anillo también y no le sirvió de nada, papá ya no estaba, y aunque mis ojos no se iluminan como los de ella cada vez que mi "marido" entra a la habitación, no quiero perderlo.

Nunca volveré a dejarte sola.

Nunca.

Las palabras de Peeta se repiten en mi cabeza pero no tienen mucho sentido, nunca es una expresión de tiempo sobre la cual no tenemos poder.

Nunca volveré a dejarte sola.

Pero aun así él lo ha prometido.

—¿Katniss? —su voz detrás de mi casi hace que salte del asiento.

No hemos hablado desde que me hizo aquellas promesas, y yo no tengo idea de lo que debo decirle pero cuando me doy la vuelta para enfrentarlo, mis ojos se topan con un Peeta sonriente sosteniendo una bandeja con bollos de queso y una taza de chocolate caliente, dispuesto a ahorrarme ese primer paso.

¿Por qué tiene que ser tan bueno?

—Estoy seguro de que no has desayunado —me dice, se sienta delante de mí y me pasa la taza humeante protegida por una servilleta.

Intentó sonreírle de vuelta o al menos no parecer tan seria como de costumbre, y cojo la taza entre mis manos con anhelo.

—Cuidado, aún esta muy caliente —me advierte Peeta, pero estoy tan hambrienta que bebo un buen trago del espeso y delicioso líquido, este roza mi lengua como lava ardiendo y siento el calor hasta en los ojos.

—Ahh tonta tonta —me regaño intentando ventilar mi lengua con las manos, lo que obviamente es inútil.

Peeta sonríe.

—Te lo dije —agarra un bollo de queso de la bandeja y lo coloca enfrente de mis labios —muérdelo, calmara un poco el ardor.

El gesto me parece tan familiar que me asusta así que le quito a Peeta el bollo y después de unos segundos le doy una mordida tímida, sosteniéndolo yo misma.

Una nueva sonrisa se pinta en la cara de Peeta, pero parece triste.

¿Acaso siente que lo rechace?

Me muerdo los labios sin saber que hacer, normalmente lo dejaría de lado y continuaría como si nada pero ahora todo es diferente.

—Gracias— le digo, a modo de disculpa o quizás solo agradecida, esperando que me mire y sonría de verdad, por alguna boba razón necesito que me sonría sin esa melancolía en los ojos, pero esta nunca se va y él nunca me mira.

La desesperación de no saber que hacer puede más conmigo.

—Puedo comer los bollos yo sola —suelto a lo estúpido —no tienes que ponerte así.

Ahora la melancolía se convierte en enfado pero él no explota como yo haría, es como si viviera siempre en el ojo del huracán.

—Ya sé que puedes comer sola— murmura con suavidad, a pesar de el trasfondo de sus palabras —todo lo puedes hacer sola, no necesitas nada ni nadie ¿verdad?

—¡¿Qué quieres que haga?! —yo tampoco quiero alzar la voz, pero no lo puedo evitar, yo soy el huracán.

—No se trata de lo que yo quiera que hagas, si fuera así no serias mi esposa sino mi esclava, y sé que te cuesta trabajo y que eres mi esposa solo de palabra pero a pesar de eso creo que podemos ¿intentarlo? —me mira a los ojos con tanta profundidad que me arde la cara —no quiero que nos convirtamos en dos extraños que viven juntos.

—No somos extraños —es todo lo que se me ocurre decirle, aunque sé que tiene razón en todo lo anterior.

—¿Entonces que somos? —hay pequeño toque de desesperación en su voz, y ahora soy yo la que sonríe con melancolía.

No tengo idea de lo que somos.

—No lo sé, supongo que podemos intentar ser amigos —le ofrezco, pero aunque él asiente estando de acuerdo, puedo notar como en sus ojos algo se rompe.

No volvemos a hablar en lo que resta del viaje.

XXXXXXXX

Por la noche, al llegar al distrito cuatro, el ambiente es tan tenso que siento que mis huesos se han vuelto de roca, bajamos en silencio del tren y de la misma manera esperamos que bajen nuestro equipaje, los agentes de la paz hablan más entre ellos que nosotros y si los avox pudieran hacerlo tendrían más comunicación que Peeta y yo en ese momento, estos últimos nos acompañan junto con los agentes hasta la aldea de los vencedores del distrito, cargando un centenar de paquetes que ni siquiera sabia que existían, al parecer son regalos de boda, la mayoría están envueltos en papeles multicolores que jamás había visto y unos son tan grandes que me llenan de curiosidad. Se necesita una hora para acomodarlos todos dentro de la casa donde nos hospedaremos, y cuando finalmente terminan y nos dejan solos, calculo que son aproximadamente más de cien paquetes.

Peeta se acerca a un montón y saca una nota para leerla en voz alta.

Para los amantes trágicos, la mejor pareja que pudo haber existido.

De parte de su fan número uno en el capitolio. Katrina Trinket.

El regalo esta envuelto en un papel brillante color blanco y listones rosas.

—¿Trinket? —me pregunto en voz alta —No sabía que Effie tenía hermanas.

—No sabemos mucho de ella, en realidad —dice Peeta, y tiene razón.

Pasamos con esa mujer más tiempo del que pasamos con nuestra familia y no sabemos nada de su vida personal. En ese momento incluso desearía que estuviera allí para equilibrar el ambiente tenso que hay entre Peeta y yo.

¿Se supone que esta es nuestra noche de bodas?

La última vez estuvo tan borracho que no cuenta.

—Creo que no —le observo con incomodidad y luego me doy la vuelta para ocultar el obvio sonrojo en mis mejillas.

¿Y ahora qué?

Aún de espaldas puedo sentir su mirada, puedo sentir como se acerca y coloca una mano en mi hombro.

—Es tarde —susurra —sube a dormir, yo buscare un lugar aquí entre todos los paquetes.

Es difícil ver si hay siquiera un sofá con tantas cajas llenando la casa.

Quiero decirle que no es necesario, que no hagamos esto más complicado, que hemos dormido un millón de veces juntos pero las palabras se quedan atoradas en mi garganta.

Cuando no me muevo Peeta suelta mi hombro y se aleja.

—Creo que mañana nos darán la bienvenida y no quieres estar desvelada —puedo escuchar como comienza a mover algunos paquetes, y una breve oleada de valentía me golpea.

—Si alguien te ve durmiendo en el sofá podrían sospechar —murmuro con rapidez encaminándome hasta las escaleras —dormiremos juntos, no seas tonto —y las subo corriendo antes de escuchar una respuesta de parte de él.

No es hasta que la puerta de la habitación se cierra detrás de mí que soy consciente del doble sentido de mis palabras.

Dormiremos juntos.

Me tapo la cara y mi corazón comienza a bombear con tanta rapidez que siento que se va a salir de mi pecho, y cuando escuchó los pasos de Peeta detrás de la puerta el pánico me inunda y corro al baño de la habitación como la cobarde que soy, cerrando la puerta con seguro.

¿Qué hago?

¿Qué hago?

La cabeza se me embota y solo logro caminar de un lado al otro.

Al final termino quedándome allí por casi veinte minutos, y cuando finalmente me atrevo a salir, la habitación esta totalmente a oscuras y Peeta duerme en un costado de la inmensa cama.

Suspiró.

Al menos ya esta dormido.

Me quito los zapatos con cuidado y dejo el bolso de mano que me ha dado Cinna sobre la mesita de noche, después camino hasta el par de maletas acomodadas en un rincón de la habitación e intento buscar algo decente para dormir, pero solo encuentro cosas hechas de esa tela suave y brillante, seda había dicho Cinna una vez y por un momento pienso en la opción de dormirme con la ropa que llevo puesta, afortunadamente casi para llegar al fondo de la maleta me encuentro con una bata blanca hecha de algodón y no tan escotada como todas las demás, la tomo en un puño y me dirijo al baño de nuevo, pero él destino es cruel, y la puerta no se abre.

Me maldigo en silencio.

No le quite bien el seguro cuando salí y ahora la puerta esta atorada.

Aprieto la bata blanca entre mis manos y hecho una ojeada hasta donde esta Peeta durmiendo, si esta de espaldas no creo que vaya a ver nada, así que camino de vuelta a la cama y con todo el cuidado posible y silencio, comienzo a cambiarme y cada vez que Peeta se mueve aunque sea un poco siento ganas de gritar.

Nunca había sido tan cobarde como hoy, y lo odio.

Katniss Everdeen es hora de dejar de ser una cobarde, me digo cuando estoy recostada en la cama.

Cinna tiene razón, no tiene que ser tan malo sino yo no quiero y Peeta ya ha demostrado que esta dispuesto ha intentarlo.

Es hora de poner mi granito de arena.

No es como si Peeta fuera a obligarme a hacer algo que no quiera.

XXXXXXXX

A la mañana siguiente me despierto con la clara determinación de dejar de ser una cobarde, me siento sobre la cama y palmeo el hombro de Peeta.

—Buenos días —le digo, cuando voltea a mirarme con ojos adormilados.

—Buenos días —contesta y comienza a desperezarse —¿Tuviste pesadillas? —me pregunta después y yo niego con la cabeza.

Varias veces en la noche sentí la necesidad de abrazarlo pero me contuve, sin embargo no tuve pesadillas.

—Bien —sonríe —yo tampoco.

Un silencio incomodo comienza a querer hacer acto de presencia pero lo rechazo porque estoy determinada a ya no ser una cobarde en esta relación.

—Quizás deberías saber que la puerta del baño no se puede abrir.

—¿Qué? —Peeta me observa como si estuviera a punto de soltar la carcajada —¿qué paso?

—No quiero hablar de eso.

—Como quieras, de igual forma creo que hay otro baño en la planta baja… ire a ver ¿de acuerdo? —se pone de pie y observo con interés su ropa de dormir.

Se dejo la camisa interior y supongo que eso que lleva puesto son sus ¿calzoncillos?

¡Cielos!

En realidad parecen más pantalones cortos pues hasta están holgados, pero no puedo evitar sentir que me arde la cara.

—De acuerdo —le digo, y finjo estar ocupada observando el bolso de mano que deje anoche en la mesita. Cuando Peeta sale de la habitación lo agarro y me dispongo a conocer al fin su contenido.

Cinna dijo que lo abriera cuando estuviera sola así que este es el momento.

Lo primero que me encuentro cuando abro el cierre, es una nota.

Necesitaba estar seguro, no me odies, además ya sé que estas cosas son escasas en los distritos.

Con cariño, Cinna.

P.D – Toma muchas fotos.

¿Por qué lo odiaría? me pregunto, cuando saco una cámara fotográfica envuelta en un plástico protector color negro, lo quito con cuidado y observo el artefacto.

Quizás Peeta sepa utilizarlo.

Debajo de esta hay otros tres paquetes de color azul, y una cajita pequeña de color rosa. Una dice en la cubierta Trojan, y la otra tiene garabateado encima un nuevo No me odies junto a una carita feliz, dentro de este hay muchas pastillas enumeradas y otra nota de Cinna especificando que debo tomarlas a diario.

¿Pero, por qué debería tomar medicamentos del capitolio?, no estoy enferma.

Lo único que se me ocurre es que pueden ser analgésicos.

Las dejo sobre la mesita de noche.

Quizás le de unas a Peeta también.

Observo la otra caja preguntándome si contiene más medicamentos e intento abrirla, pero el sellado es más fuerte y tengo que utilizar los dientes, estoy en eso cuando la puerta se abre y entra Peeta casi corriendo.

—Katniss acabo de conocer a un sujeto en la entrada que —me dice con rapidez, pero pronto me observa luchando con el estúpido paquete y sonríe —emm ¿qué haces?

No respondo.

—Estúpido paquete —balbuceo mordiendo con más fuerza el plástico protector.

Peeta se acerca e intenta arrebatármelo pero yo se lo impido.

—No, yo puedo sola.

—No seas terca deja que te ayude —Peeta insiste, y entonces eso pasa.

Quizás es porque lo empujo o porqué él pierde el equilibrio, o porque ya esta cansado de que yo rechace su ayuda, pero antes de que me de cuenta como ocurre, terminamos forcejeando encima de la cama.

—¡Peeta! —grito —¡Deja de ser tan terco!

—¡Tu eres la terca, solo déjame ayudarte por favor!

Luchamos por el paquete por varios segundos hasta que entre tanto forcejeo, este se abre y revela su contenido: una larga tira de bolsitas plateadas que salta de dentro de la caja y cae encima de nosotros.

Quiero gritarle a Peeta de nuevo cuando uno de las orillas de plástico me pica un ojo, pero entonces como si el destino estuviera decidido a llenarme de momentos vergonzosos, alguien abre la puerta y entra a la habitación, un hombre de cabello cobrizo que se queda inmóvil en cuanto nos ve uno encima de otro con aquellas cosas encima.

—Volveré más tarde, supongo —murmura, cierra la puerta, y yo quiero que me trague la tierra.

Es así como conocemos a Finnick Odair.


No olviden el review ;)