Muchas gracias por la paciencia, sinceramente pensé que recibiría comentarios mas feitos la vez pasada jeje, pero fueron muy compresivas. Espero que este siguiente capitulo no les decepcione :3

Como hace mucho que leí los libros, no recuerdo muy bien datos del distrito cuatro, al menos las costumbres creo que no se mencionan, así que lo de la ultima parte es totalmente inventado por mí, ojala les guste (:

La recomendación musical es: Stay with me de Sam Smith (es la canción que imagine para la escena final 3)


Lo primero que sucede cuando la puerta se cierra es Peeta saltando fuera de la cama, haciéndome revotar encima del colchón por más tiempo del que mi orgullo puede soportar. Antes de este día, el momento más vergonzoso de mi vida había sido a los doce años, cuando había tenido mi primer periodo. Gale había notado mis pantalones manchados mientras cruzábamos la valla del distrito doce para ir a cazar, y yo había dejado de hablarle por una semana entera después de eso, sin embargo, cuando ahora logro sentarme sobre la cama, y Peeta tartamudea señalándome con la mirada mi escote abierto, con parte de mi busto al descubierto como consecuencia de nuestro anterior forcejeo, estoy segura de que no habrá momento más vergonzoso que este en mucho tiempo.

Quizás jamás.

—Yo-yo, no vi nada —balbucea Peeta, con la cara completamente roja, pero es obvio que lo ha visto todo.

Para toda reacción, yo decido ignorar lo sucedido, y me cubro con la sabana discretamente. Sucumbir a la vergüenza de que me haya visto medio desnuda, solo lograría prolongar la incomodidad.

Aunque por dentro, no puedo evitar gritar.

—¿Ese que entro era Finnick Odair, verdad? — le preguntó con fingida calma, volviendo a cerrar los botones de mi bata.

Peeta se aclara la garganta antes de contestar.

—Solo dijo que lo habían enviado a ayudarnos con los desperfectos de la casa — evita mirarme todo lo que puede, y recoge del suelo algunos de los paquetes plateados, de los cuales aún desconocemos su uso.

Yo intento hacer lo mismo guardando algunos paquetitos también.

—Pues creo que era él —le digo, conocía a Finnick Odair solamente a través de fotografías y comentarios (nada buenos) de las personas del doce, sin embargo no me fue difícil reconocerlo, de todas formas ¿cuántos hombres como él podían ser nuestros vecinos en esta aldea?

—Le dije sobre la puerta del baño —me explica Peeta, recogiendo ahora del suelo una especie de folleto —Es lo que te venía a decir pero no pensé que fuera a subir de ese modo, sin avisar. Le dije que esperara —lo desdobla por completo y comienza a leerlo.

—¿Qué es eso? —le pregunto.

—Creo que es el instructivo para lo que viene en esa caja —parece calmado mientras comienza a leer, pero tras un par de segundos eso cambia por completo.

El poco color natural que había vuelto a su piel desaparece y se pone incluso más rojo que antes.

—Se-sera mejor que vaya a ver si si-gue aba-bajo —tartamudea como nunca, suelta el instructivo, y tropezando con la alfombra sale corriendo de la habitación.

Yo no me aguanto la curiosidad y alcanzo el instructivo con rapidez para comenzar a leerlo. Sea lo que sea, debe ser importante para haberlo hecho reaccionar así.

No me toma mucho confirmarlo.

"Trojan clásico lubricado"

Seguridad y confianza, ahora con mayor confort y sensibilidad. Si te has decidido a tener relaciones íntimas con tu pareja hazlo con seguridad pero sin perder el placer.

De inmediato siento como los colores vuelven con intensidad a mi cara, junto al calor fulminante de la vergüenza.

—¡Cinaaa! —gruño.

¿Cómo se le ocurre mandarme esto?, ¿no podía al menos haber sido más especifico en su nota?, en el instructivo incluso viene un muy detallado diagrama para aprender a colocarlos.

¿Ahora cómo volveré a ver a Peeta, a la cara?

La poca valentía que había intentado adquirir durante la mañana se evapora totalmente. Quizás él esta pensando que yo los traje a propósito. Que yo pensaba que nosotros podríamos…

—¡Aghh! —imaginar todo lo que podía estar pasando por su mente en esos momentos, me aterra, y eso no era lo peor, Finnick Odair nos había encontrado cubiertos de esas cosas, uno encima del otro, de seguro pensó que éramos alguna clase de maniacos sexuales.

Enfrentarlos a los dos más tarde sería demasiado difícil, y poco aplazable, porque por los ruidos de herramientas que se empiezan a escuchar en la planta baja, esta claro que nuestro querido vecino sigue en la casa.

La "luna de miel" en el distrito cuatro, no podía empezar peor.

Xxxxxx

Unos quince minutos después, que es lo que me toma cambiarme de ropa, más no calmarme, bajo las escaleras y me encuentro a Finnick y Peeta en la cocina, por la mirada que me hecha este último es obvio que no esperaba verme tan rápido, pero 'aplazar la vergüenza es peor', me repito, y suspiró profundamente antes de acercarme más.

Casi de inmediato Finnick sale de debajo del fregadero con la cara sudorosa, y una herramienta con forma de gancho en las manos.

Sonríe al verme.

—Disfrutando de la mañana ¿eh?

—¡¿Qué?! —por poco me ahogo con mi propia saliva ¿Cómo se le ocurre decir eso?

Una fuerte carcajada se escapa de los labios de Finnick al notarlo, y yo le odio de inmediato. Es más que obvio su tono de burla.

—Nada, nada, ya me explico tu esposo el malentendido, aun así lo siento, debí haber tocado antes. Solo a mí se me ocurre invadir de ese modo la habitación de unos recién casados —se pone de pie y me doy cuenta de que es muy alto —La de cosas que uno se puede encontrar allí —añade, y puedo sentir como su mirada me quema desde arriba.

Imprudente, idiota e inoportuno, son los primeros adjetivos que uso para describirle.

—Obviamente ¿Quién te mando, por cierto? —intentó hablar lo menos apenada posible, pero no sirve de mucho.

Finnick usa de nuevo su sonrisa socarrona.

—Fue Mags —comienza a decirnos — ella quería venir a ver si estaban bien, es una fortuna que no la dejara hacerlo, a la pobre le podría haber dado un ataque, ya no esta en edad de ver lo que yo vi.

Tengo que usar todo mi autocontrol para no golpearlo con la sartén más cercana.

—No viste nada —le digo, ¿hasta cuando va a seguir con lo mismo?

—Solo es broma, es que de verdad, que forma de conocerlos, y luego cubiertos de condones, no puedes culparme por pensar mal —suelta otra carcajada y yo no puedo evitar rodar los ojos.

Estoy a solo una palabra más de perder el control y golpearlo.

¿Condones?

Peeta a mi lado, carraspea.

—También trajo comida —me dice, señalando la canasta sobre la mesa. Se acerca para abrirla, y mi estomago gruñe ante la visión de pan fresco, fruta, carnes frías y varias botellas de leche.

Ayer solo había comido lo que me dio Peeta, y el apetito se fue acumulando.

—Bueno, los dejo desayunar en paz —dice Finnick, adivinando mis hambrientos pensamientos—volveré más tarde para checar la puerta del baño, no tengo las herramientas necesarias aquí, y también debo prepararme para la fiesta.

—¿Fiesta?

—Sí, la fiesta de bienvenida, ya le explique todo a tu marido—nos roba una manzana y sale de la cocina sin decir más.

Vaya personaje, ese Finnick Odair.

Cuando escuchó la puerta de la casa cerrarse, me volteo para mirar a Peeta.

—¿Fiesta? —le repito mi pregunta, y él asiente cansado, mientras corta rebanadas de pan.

—Sera en una hora, en la playa —me explica, untando alguna clase de aderezo al pan, y puedo notar que encuentra tan repelente a la situación como yo, o eso quiero creer.

—¿Habrá cámaras? —le preguntó, con un estúpido nudo en la garganta que odio que se forme tan rápido —Cinna dijo que aquí descansaríamos de las cámaras.

—No lo sé, aunque no tiene que ser tan malo, de hecho me siento emocionado, nunca he visto el mar —parece que lo dice enserio, pero yo no me siento tan segura.

Cuando nos sentamos a comer, Peeta reparte las rebanadas de pan sobre la mesa, y nos sirve dos vasos con leche. Bebo un poco y es deliciosa, cuando pruebo el pan, este no se queda atrás, es un poco salado pero lo que le ha puesto Peeta adorna su sabor.

Tranquiliza mis nervios por al menos unos segundos.

Hasta que es hora de ir a la "fiesta".

Xxxxxx

Tal como lo dijo Peeta, la celebración es cerca de la playa, por lo que la mayoría de los presentes van vestidos con ropa ligera de colores claros. Es un contraste gigantesco cuando lo comparas con la última fiesta a la que habíamos asistido, y más aún cuando nos encontramos con nuestra primera imagen del mar.

A Peeta le brillan los ojos como nunca.

—Wow, ojala pudiera grabar esta imagen con exactitud.

Cuando lo dice, recuerdo la cámara fotográfica que mando Cinna.

—Cinna nos mandó una cámara fotográfica —le digo —pero tendrías que volver por ella a la casa.

—¿Enserio? —Peeta parece sorprendido —quizás después, además no sabría usarla.

—Tal vez tenga un instructivo —sugiero, pero de inmediato recuerdo el otro instructivo que nos encontramos en la mañana, y quiero pegarme en la cabeza contra el muro más cercano.

¿Desde cuando soy tan bocona?

Por fortuna él parece tan dispuesto como yo, a evadir el tema.

—Creo que nos llaman por allá —me dice, y en la lejanía puedo observar a Finnick Odair haciéndonos señas, junto a otro hombre que supongo debe ser el alcalde del distrito.

Cuando llegamos hasta su encuentro, nos explica junto a Finnick como se llevara a cabo la celebración y que no tardara más que algunos minutos. Como Odair es el tributo más famoso del distrito él se encargara de darnos las palabras de bienvenida.

Las cámaras se irán después de los discursos, y es exactamente así como pasa.

Finnick nos felicita por nuestra reciente unión, y unos niños nos regalan arreglos de flores típicas del distrito, Peeta dice unas palabras también, en agradecimiento, y nos tómanos muchas fotos con ellos, sonreímos y todo acaba cuando las cámaras se apagan, o eso parece.

—Pensé que sería más larga —le susurro a Peeta, notando que el publico se dispersa con rapidez.

—Aún no acaba —nos dice Finnick, señalándonos un pequeño grupo de personas que se coloca donde antes el público había estado —ahora toca la bienvenida real.

¿Bienvenida real?

Ellos llevan cargando varios instrumentos, de los que solo reconozco un par, pero cuando comienzan a tocarlos la melodía escapa perfecta de cada uno de ellos.

—Es costumbre en el distrito, que la pareja de recién casados comparta un baile especial con el pueblo.

Finnick me ofrece una mano y yo entro en pánico.

—Vamos, no muerdo… solo serán unos minutos —luego me jala sin permiso de un brazo, y antes de que me de cuenta estamos girando al ritmo de la melodía.

Algunos segundos después un par de mujeres me toman de las manos, y con rapidez nos encontramos girando alrededor de la pista, a Peeta le pasa lo mismo y me lanza muecas para hacerme reír desde el otro lado, donde intenta seguir los pasos de los hombres.

Me guiña un ojo y yo me cubro la boca para ahogar la risa, cuando pierde el paso varias veces y choca con algunos.

No puedo negar que me estoy divirtiendo un poco.

Casi para acabar la canción, ambos nos encontramos en medio del baile y Peeta me toma de la cintura para seguir bailando. Los demás siguen girando alrededor de nosotros y cuando la canción termina, todos aplauden.

—Que costumbre tan animada —me dice Peeta, cuando la canción cambia a una melodía más suave.

—¿Crees que las cámaras hayan gravado eso?

—Ojala no, fui un desastre, pise a varios —me señala a un hombre en la lejanía y cuando le veo cojear, una carcajada se me escapa.

Peeta se encuentra tan sorprendido que abre los ojos como platos.

—Creo que nunca te había escuchado reír así.

Yo tampoco recordaba haberlo hecho, al menos no en mucho tiempo.

—Me gusta —sonríe, y yo me siento igual.

Quizás es la reciente adrenalina causada por el sorpresivo baile, o que a Peeta se le da mucho mejor bailar melodías lentas, pero pronto me encuentro disfrutando del momento.

La canción incluso me parece bella.

El cantante tiene la capacidad de hacer sentir cada una de las frases, y cuando me doy cuenta estamos tan cerca que es difícil no sentir su respiración cerca de mis labios.

—¿Peeta?

—¿Si?

—Tampoco voy a dejarte solo.

El brillo en sus ojos no tiene precio, y cuando me acerca más y le escucho tararear parte de la letra contra mi oído, lo que ha memorizado, sé que este momento tampoco lo tiene.

—Gracias —me dice, mientras nuestros cuerpos unidos continúan moviéndose con la música.

Y debe ser que esta tiene algún tipo de efecto embriagador, porque algunos segundos después, justo en la estrofa final, nuestros labios también se unen.


Ahh! *grito de fangirl* si, yo también me emociono xD

No olviden el review, me gustaría mucho saber su opinión ¿les gusto la intervención de Finnick? xD

Por cierto la frase de Katniss: —Tampoco voy a dejarte solo. (Es en respuesta a lo que le dijo Peeta en el capitulo cinco)