Nueva actualización por el día de la mujer ;)

Este capitulo creo que es importante para ir aclarando los sentimientos de esta pareja y disfrute escribiéndolo lo que es genial porque aunque sigo sintiéndome bastante oxidada, siento que poco a poco la historia vuelve a revivir, ojala les guste.

Algo que también quiero comentar es que las escenas "sexuales" no me gusta escribirlas demasiado explicitas, no es mi estilo, cuando me toca escribir una me esfuerzo porque tenga un equilibrio romántico e intimo y así lo intente con esta escena.

No olviden el review para saber su opinión ;)

La recomendación musical para este capitulo es: Where's is my love de Smyl (solo porque la estuve escuchando cuando empezaba a escribir el capitulo)

Besos (Elise)


¿Alguna vez han sentido como si su cerebro se apagara?

Yo sí.

Aunque tengo breves pinchazos de mi consciencia diciéndome que me detenga que voy a empeorarlo todo, que tener intimidad con Peeta no es la solución a nuestros problemas, cuando caigo sobre la cama semidesnuda y él comienza a acariciarme suavemente, es como si mi cuerpo tomara control completo, no puedo pensar, ni razonar, mucho menos sopesar las consecuencias de mis actos, solo puedo sentir y me siento en las nubes.

Comienzo a olvidar porque comenzó todo, porque he decidido que debemos hacer esto, y me entrego a la creciente pasión.

No voy a decir que me he enamorado como si se tratara simplemente de hojear un libro, pero debo admitir que me siento atraída, me he sentido atraída desde hace tiempo, probablemente desde que compartimos besos y caricias, en aquella cueva húmeda y oscura durante los juegos.

Es un sentimiento que mi personalidad fría y terca había decidido ignorar pero que en ese momento se vuelve irresistible, tengo está burbujeando necesidad que crece y crece con cada beso, con cada rose de sus manos sobre mi piel.

—Peeta—murmuro, arqueando mi cuerpo cuando siento sus manos en el interior de mis mulos. Sollozando vergonzosamente cuando encuentra su camino hacia mí intimidad.

Peeta se detiene al instante.

—¿Qué pasa? ¿te he hecho daño?—

Puedo sentir que le cuesta bastante contenerse, y en el reflejo de su mirada percibo un deseo que me hace sentir poderosa pero al mismo tiempo vulnerable.

No me importa si mañana voy a estar quebrándome la cabeza con más preguntas sin respuesta, deseo olvidarme de todo entre sus brazos.

Por lo menos esta noche.

—Estoy bien— llevo mi mano a su cabello y lo acaricio —sigue— busco sus labios, y esa es la última confirmación que necesitamos, para perdernos por completo uno en el otro.

Mi madre había insistido en hablar conmigo sobre sexo antes de la boda, me había dicho que dolería y tenía razón, pero no se trataba de un dolor repelente, de un sufrir al que buscara escapatoria, se trataba más de una antesala incomoda que no deseaba detener porque el placer parece segarlo todo.

Un placebo que al cabo de unos minutos, me hace sentir como si me desvaneciera para fundirme con él en una explosión.

Al final, cuando se desliza a mi lado, tengo la respuesta natural de buscar su calor y así lo hago, me abrazo a su torso y poco después me quedo dormida.

(***)

Me despiertan sus caricias algunas horas después.

—¿Cuánto tiempo he dormido?— me doy la vuelta y me encuentro con su mirada alegre.

—Unas tres horas aproximadamente —sus labios buscan la piel de mi cuello y me estremezco.

—No sabes cuánto tiempo espere por esto— comienza a acariciar mis muslos, y siento que me pierdo de nuevo.

—¿Esto?—

Me mira a los ojos.

—A que correspondieras mis sentimientos —

Se me estruja el corazón.

Evidentemente le correspondo pero tal vez no de la forma en que él espera.

—¿Te lastime mucho?— acaricia mi mejilla y ahora es un nudo en mi garganta que no puedo deshacer.

¿Y yo a ti?

—Solo un poco al principio— aprieto la sabana contra mi pecho y salgo de la cama.

—Debo ir al baño—

Alcanzo a escuchar que Peeta dice algo pero el sonido se apaga cuando cierro la puerta detrás de mí.

Estando en el baño me miro al espejo y suspiró.

Mis labios están hinchados y mi cuerpo aunque luce igual se siente diferente.

Abro el grifo de agua y me humedezco el cuello.

Decido que necesito una ducha y abro el pequeño gabinete detrás del espejo, es entonces cuando lo veo.

Me quedo sin aliento.

Allí están, casi burlándose de mí, los llamados preservativos que Cinna me envió.

—Idiota —mascullo apretando los dientes con fuerza.

Idiota. Idiota. Idiota.

Quito el paquete del gabinete y veo las pastillas que venían junto a los preservativos. Intento leer las instrucciones pero no entiendo nada hasta que llego a una línea que habla sobre qué hacer cuando olvidas usar protección.

Me entero que puedo tomar una de las pastillas de un segundo paquete plateado dentro de la misma caja, según entiendo es usada en caso de emergencia y yo me encuentro a tiempo de usarla así que la hago.

Bebo agua del grifo y luego me meto a la ducha.

(***)

Cuando regreso a la habitación Peeta ya no está ahí pero adivino que se encuentra en la cocina dado el olor dulce que comienza a inundar la casa.

Pan recién hecho.

Se me hace agua la boca.

Después de secarme busco por algo que ponerme pero lo único que encuentro son vestidos y un pantalón hasta la rodilla color arena, decido usarlo junto a la camisa blanca de Peeta, esa misma con la que durmió la otra noche.

La doblo de las mangas y de lo largo hasta que queda más de mi tamaño, después me cepillo el cabello y bajo las escaleras.

Peeta me recibe con un beso y de nuevo siento ese golpe en el corazón que lucho por ignorar.

Me obligo a concentrarme en el delicioso pan recién hecho que pone Peeta delante de mí.

—Lo has horneado rápido— comento, pensando que hacer un pan como ese debe tomar más tiempo.

—Nos han regalado un pequeño horno del capitolio, puede hornear en minutos algo que normalmente me tomaría horas—

Le doy un mordisco al pan y es delicioso.

—Te quedo fabuloso… enserio, y no lo digo únicamente porque muero de hambre—

—Yo también muero de hambre —sonríe —por eso prepare una sopa con el pescado que nos trajo Finnick—

Observo la olla humeante y me pongo de pie para ayudar a Peeta a servirla.

Así transcurren al menos diez minutos en los que yo nos sirvo dos platos de sopa y Peeta coloca la bandeja de bollos frescos en medio de la mesa, decido que debo servirnos algo de beber también y entonces me doy cuenta de algo.

Somos una pareja.

Esta situación es enteramente la de una pareja casada viviendo una vida normal y feliz.

Peeta me mira como si adivinara mis pensamientos y me quita los vasos con agua de las manos.

—¿Todo bien? —me pregunta, y puedo sentir que aunque está feliz, aún existe inseguridad en el tono de su voz.

—Si —respondo rápidamente y me siento a la mesa a comer.

Me concentro en la comida sin decir palabra alguna y comemos en silencio por un par de minutos hasta que Peeta decide romper el silencio.

—¿Qué sientes por mi Katniss?—

Casi me atraganto con el pedazo de pan.

¿Por qué debe preguntarme esto ahora?

—Pensé que no íbamos a analizarlo de más—

Concentro mi mirada en el plato de sopa que se encuentra vacío y espero que Peeta termine con el tema pero no lo hace.

—Es más simple no analizarlo de más cuando se trata de simples besos y no de hacer el amor —

Siento como si me diera una bofetada simbólica.

—¿Te arrepientes?—

—No me arrepiento pero no puedo evitar pensar que tú podrías hacerlo—

No respondo y Peeta continúa.

—Ni siquiera puedes mirarme…. y es inevitable interpretar eso como arrepentimiento o duda —

Tomo un segundo para respirar profundo y le regreso la mirada.

—Me hablas como si tú no sintieras duda pero al decirme todo esto me demuestras lo contrario —

Nos quedamos en silencio por varios segundos que se sienten eternos.

Peeta se pone de pie y se acerca a mi lado.

—Katniss… debes de haberte dado cuenta ya, no es difícil de comprender… que lo yo siento por ti es real —

El corazón se me cae hasta los pies.

—Peeta yo… —

—Solo necesito saber que sientes, que pasa por tu mente cuando te toco —con dulzura su mano se hunde en mi cabello y baja hasta mis hombros acariciándolos.

Alzo la mirada y se me seca la boca.

—Me gusta… eso siento…que me gustas —

No desvió la mirada y encuentro valor para seguir hablando.

—No voy a mentirte diciendo que siento algo más porque no lo sé, pero me gustas Peeta y lo que paso fue correspondido—

Por primera vez desde que todo esto comenzó lo admito, no solo a él también a mi misma.

Sus brazos me rodean.

—Con eso me basta ahora— me dice al oído, y yo le creo.