Hola :) de nuevo perdonen mi eterna tardanza pero la vida no deja de darme patadas jajja dicen que asi es la vida a lo largo de los 20's no? en fin...este capitulo contiene dosis inmensas de melosidad pero lo escribí hace como dos meses y lo tenia en espera para cambiarlo y bajar las dosis, quizás agregar mas cosas o quitar algunas y sustituir, pero la verdad me estaba engañando, va a pasar mucho tiempo para que encuentre la inspiración de hacerlo.

¿Como escribir una historia (fanfic) de amor cuando tienes el corazón roto?, no me gustaría entrar en detalles pero actualmente para mi todos los hombres son unos cobardes malditos xD y no quiero terminar describiendo a Peeta como un maldito desgraciado jaja aunque si me gustaría hacerlo un poco mas imperfecto de vez en cuando y quiero trabajar en ello en lo que resta del fic y para lo que voy a necesitar su ayuda... en uno de los reviews alguien me sugirió (Maryeling) que por medio de reviews ustedes me podían dar ideas para continuar el fanfic y aunque al principio me negué porque suelo ser muy sensible y protectora con lo que escribo, sinceramente en esta historia ya me encuentro muy oxidada y quizás sus reviews me ayuden a revivirla :3

Así que son bienvenidas las sugerencias en sus reviews... sigo teniendo una idea general de lo que debe pasar en la historia y el final lo tengo muy claro en mi mente pero me vendría muy bien sus sugerencias ;)

La recomendación musical es: You and I de PVRIS (no tanto por el capitulo sino porque la letra me recuerda a Peeta y Katniss y en lo que me imagino para ellos mas adelante)


(***)

Una vez alguien me dijo que todos los hombres son idiotas, pero tienen algo que solo ciertas chicas pueden ver, sin embargo, cuando veo a Peeta no logro distinguir con certeza esa idiotez que se supone los hombres poseen.

Quizás lo más parecido fue cuando se emborracho en nuestra boda, fuera de eso mi cabeza no puede pronunciar muchos aspectos idiotas del chico del pan, podría pronunciar más acciones inmaduras e idiotas de parte mía que de él.

Peeta es uno de los blancos principales cuando se trata de perfeccionar mis tonterías. Quizás las chicas también somos idiotas, más de lo que nos gusta admitir.

Cuando anoche y subimos a la habitación para dormir me siento nerviosa, ya lo hemos hecho todo, pero cuando me busca entre las sabanas y comienza a besar mi espalda me siento culpable.

Me mantengo en silencio, pero él continúa acariciándome y el recuerdo de porque decidí entregarme a él la primera vez, me golpea la cabeza.

Le voy a romper el corazón, lo voy a destrozar.

Dicen que una relación sana no puede existir con mentiras y secretos, pero la razón me dicta que, si le digo a Peeta la verdad, lo voy a arruinar todo.

Sus manos se deslizan hasta mis pechos acariciándolos sobre la ropa de dormir y me muerdo los labios.

No quiero arruinarlo, no quiero detener esto que apenas comenzamos a crear.

Ya le he dicho que me gusta y eso es verdad.

Su boca traza suaves besos en mi espalda hasta llegar a mi hombro y mi corazón se acelera.

Me gusta mucho.

Es una sorpresa inmensamente placentera descubrir esta faceta desinhibida de Peeta, apenas ayer salió huyendo de la habitación cuando descubrimos para que eran los condones, apenas ayer no lo creía capaz de acariciarme en la manera en que lo hace.

Apenas ayer no me creía capaz de disfrutarlo.

Sus manos ahora entran debajo de mi camiseta y se apoderan de mis pechos, la piel es callosa por tanto hornear pero me encanta… me encanta la sensación de su cuerpo detrás de mí, su miembro duro haciendo presión contra la parte baja de mi espalda.

—Por favor Katniss —me muerde la oreja suplicando y no puedo resistirme más.

Esa noche volvemos a hacer el amor y la experiencia es aún mejor que la primera vez.

Me toma con más libertad, toca mi cuerpo sin tanto miedo a lastimarme y yo me atrevo a enterrar mis uñas en su espalda cuando siento que el ritmo aumenta.

En ese momento mi mente no puedo procesar un placer mayor pero la respuesta que recibo ante mis acciones, es mucho mejor de lo que hubiera sido capaz de imaginar. Sus dedos se entierran en mis caderas acelerando su ritmo y mi cuello es atacado con mordidas, besos húmedos y la calidez de su aliento.

Tal vez suene estúpido, pero me encuentro disfrutando sobremanera lo acelerado de su respiración. Me hace sentir emocionada, poderosa y cálida. Una calidez que se propaga por todo mi cuerpo y que traspasa las fibras de mi piel.

Y así, cuando siento que no puedo haber nada mucho mejor, todo estalla.

—¡Pe-eta!— se me escapa su nombre en un grito, y mi mente viaja al cielo de las mejores sensaciones en esta vida.

Cuando se desliza a mi lado y yo soy capaz de volver a procesar un pensamiento coherente, no puedo parar de sonreír.

Es casi vergonzoso.

No puedo mirar su cara, pero sé que está sonriendo también.

— ¿Te gusto? —me pregunta de repente.

Comienzo a reír y me cubro la cara por la vergüenza.

Presumido.

— ¿Ese es un sí o un no? —quita las manos de mi cara y me mira a los ojos.

— ¿No se notó? —

—Tal vez —sonríe—pero quiero que tú me lo digas —

Sin pensarlo me acerco y le doy un breve beso suave en los labios, aún con mi boca pegada a la suya le digo:

—Me encanto—

Verlo ruborizarse me hace sentir poderosa y divertida.

Quiero hacerlo ruborizar más, quiero hacerlo temblar y gemir mi nombre como yo lo hago por él. Es un impulso nuevo que nace con naturalidad mientras me dejo llevar de nuevo por las sensaciones de mi cuerpo.

Cuando me atrevo a acariciarlo por encima de los pantaloncillos cumplo mi deseo.

Cumplo mi deseo una dos veces más esa noche.

(***)

Al día siguiente nos despertamos casi al mismo tiempo y decidimos salir a dar un paseo por la playa, después de todo debemos seguir con nuestros papeles de enamorados en su luna de miel, sin embargo, cuando llegamos a la playa no me siento presionada por tener que actuar un papel.

Ni siquiera me siento presionada, por tener que entender en lo que se está convirtiendo nuestra relación.

Simplemente lo disfruto.

Peeta lo hace fácil haciéndome reír cuando intento darle clases de nado.

—Muy bien —comienzo —primero tenemos que enseñarte a flotar y acostumbrarte al agua sin sentir miedo.

—¿Flotar?—

—Si, flotar—

—De acuerdo, pero te advierto que si empiezo a flotar boca abajo es que las clases no están rindiendo buenos frutos. —

Ruedo los ojos, pero no puedo evitar reír.

—Si logras flotar boca arriba por más de un minuto te ganaras…

—¿Un beso?— me interrumpe e intenta robarme uno.

Lo esquivo y comienzo a reír más.

—No tan rápido Don Juan—

—¿Sino que? — me agarra de la cintura y me acerca a él.

Sus labios buscan los míos y cierro los ojos esperando un beso que sorpresivamente nunca llega, sino que se desvía a mi cuello.

—Pee-ta.. espera —las cosquillas y la pena de que alguien nos vea (aunque de eso se trata) me hacen sentir ansiosa.

—¿No te gusta? — me pregunta sin dejar de atacar mi cuello —anoche cuando te bese en tu…— sus manos se deslizan hacia debajo de mi cadera y …

—¡Peeta! — grito antes de que haga nada y lo empujo.

Nota mental: Peeta confiado tiene un cierto parecido a Finnick Odair

—Lo sabía, te gusta no lo niegues— vuelve a acercase a mí y entonces salgo corriendo.

Al final las clases de nado nunca comienzan y terminamos jugando y correteando por la orilla de la playa, besándonos y riéndonos cada vez que él logra atraparme.

Si la Katniss racional me pudiera ver ahora me calificaría de una tonta cursi.

Jamás en mi vida me visualice a mí misma como una chica que protagonizara este tipo de escenas, pero cuando él me susurra te quiero al oído y mi pecho se acelera, sé que todo me habría guiado a esto de cualquier forma.

Me mira a los ojos y sé que anhela una respuesta, pero en lugar de eso, lo beso.

(***)

Nos quedamos en la playa hasta el mediodía, observando a los pescadores haciendo su trabajo. Ellos también nos miran, pero no se detienen demasiado a observarnos, concentrados en sus labores diarias y en conseguir el sustento para sus familias.

Aunque el distrito cuatro es mucho más rico que nuestro hogar, la vida no es necesariamente diferente, se encuentran al igual que nosotros bajo las reglas del capitolio y no puedo evitar preguntarme con cuantos peces de lo que sacan a diario, logran quedarse ellos y sus familias.

Mi mente viaja a los banquetes que he presenciado en el capitolio, y la cantidad de comida que gastan es mórbida.

—¿Piensas lo mismo que yo? —le pregunto a Peeta, sin dejar de mirar a los pescadores.

Peeta a mi lado no responde, pero sigue observando el mismo panorama.

—Es decir, no somos tan diferentes a ellos ¿verdad?

—No lo son — me responde, pero no es Peeta quien lo que lo hace.

Finnick Odair llega a nuestro lado solo en pantalones cortos y sin camisa, empapado de pies a cabeza, una visión gloriosa y sensual para cualquier mujer pero no para mi. Cada vez encuentro más irritante esta faceta suya de acosador invisible que lo hace aparecer de improvisto.

Cuando llega a mi lado alborotándose el cabello húmedo con los dedos y sonriendo, no puedo evitar rodar los ojos.

Pareciera que esta posando para una de esas revistas del capitolio.

—¿Eres alguna clase de hechicero? —le pregunto —siempre apareces de la nada.

—He estado aquí toda la mañana, pero estaban muy ocupados dándose cariño como para notarme —

Me sonrojo enojada, y desvió la mirada.

—Tranquila no me quede viendo, tampoco soy uno de esos que les gusta mirar —

—Menos mal —

Peeta a mi lado no dice nada, pero su sonrisa delata que esta disfrutando esto cuando a mí me enfada.

—¿Y tú porque te ríes? ¡Deberías defenderme! — le reclamo, pero Peeta me responde rodeando mis hombros y besando mi mejilla con ternura.

—Tú te sabes defender muy bien sola, mi amor —

Mi amor…

Mi amor….

Mi amor…

Esas dos silabas, aunque simples y normales causan un gran impacto en mi cabeza, Peeta me había hablado con cariño antes, pero jamás se había referido a mi como mi amor, jamás había usado alguna palabra que me categorizara como suya.

Y no me molesta.

Me siento…. feliz.

Me siento tan feliz que no me importa tener a Finnick Odair viéndonos, quiero besarlo. Así que lo hago, lo beso como jamás lo había besado antes, pronto nuestras respiraciones se aceleran y la temperatura en la playa aumenta.

—De nuevo me toca a mí presenciar sus jugueteos — dice Finnick —esperen a que me vaya al menos —

Peeta se despega de mí y sonríe socarronamente

—Te estas tardando mucho, Odair—

Segunda nota mental: Este nuevo y confiado Peeta Mellark, me fascina.

No necesitamos decir más para que Finnick entienda la indirecta y decida dejarnos solos, no sin antes lanzarnos un último comentario picante.

—Más tarde pasare a su casa, para revisar como sigue la puerta de su baño…intenten mantener la ropa puesta como a eso de las cinco de la tarde ¿de acuerdo? —

Y por primera vez esa tarea me resulta más difícil de lo normal.