Primera Publicación: 26 de Enero de 2014
Republicación: 25 de Septiembre de 2017
El Misterio de la Rosa Azul
II
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Nunca había tenido tanta incertidumbre en su vida, como hasta el momento en que empezó a recibir esas misteriosas Rosas Azules. Cuando llegó la primera, su ego y su confianza en sí mismo aumentaron considerablemente al saber que tenía una admiradora en alguna parte del mundo. Y lo mejor, fue que aquellas palabras le habían dado en el clavo a la hora de quitarle los nervios de enfrentar a Lance.
"Yo sé que puedes con este desafío, no te rindas. Confío en ti, futuro maestro Pokémon"
Y vaya que pudo, dejó la rosa en su maleta, y con la nota en el bolsillo de su pantalón oscuro, salió al campo de batalla donde derrotó, luego de una gran montaña rusa, a Lance.
Fue en la fiesta que le organizó Delia por ese logro que Ash decidió hablar con sus amigas. Sentó a Dawn, May, Iris, Serena y Misty frente a él y sacó de su mochila, la rosa.
—¿Quién de ustedes me envía esto? —preguntó enseñándosela a sus amigas.
Todas se miraron bastante confundidas entre sí, e Iris fue la que habló primero.
—Yo no fui —declaró con un movimiento de sus hombros demostrando su indiferencia ante la flor azul.
—Me gustaría poder decirte que yo, pero no fui yo Ash —le comentó Serena frunciendo el ceño.
—Es muy romántica la rosa, pero yo tampoco Ash —negó la chica de cabellos azules con un movimiento de la cabeza.
—El de las Rosas es Drew, no yo —dijo May con una sonrisa en sus labios recordando las rosas de su amigo especial.
—A mí ni me mires —se quejó Misty, cruzándose de brazos—, ¿para que querría yo hacer algo como eso?
Ante la negativa de sus amigas, Ash cayó sentado en el sillón frente a ellas.
—Entonces, ¿Quién es? —se preguntó preso de sus pensamientos.
Pero aunque no sabía quién era su admiradora secreta, comenzó a sentir que eran su cábala más apreciada, cada reto, cada desafío que enfrentaba y ahí estaba la rosa, lo estuvo contra Cynthia, estuvo también contra Alder y seguía estando ahora…
Con el correr de las competencias se fue alejando de sus amigos ya que apenas tenía tiempo para organizarse y disfrutar de su compañía, pero nunca pensó que en el momento en que Misty se le apareció dispuesta a ayudarlo hasta que se acomodaba en su nuevo mundo de Campeón, que todas sus dudas se iban a disipar tan rápidamente.
—Vamos a hacer lo siguiente —le había dicho enseñándole seis carpetas de diferentes colores que tenían en una etiqueta blanca el nombre de cada una de las regiones—. Cada carpeta contendrá los datos y eventos de la región detallada en la tapa de ésta.
—Me agrada la idea —había respondido tomando la carpeta de color rojo que tenía la palabra "Kanto" escrita en la tapa, la abrió para observarla y algo dentro de aquellas hojas le hizo sentir un fuerte escalofrío . No fue la información que ahí encontraba, si no la caligrafía. Levantó la mirada hacia la pelirroja pero ésta estaba colocando un block de hojas con bordes azules en la carpeta azul.
Ash no dijo nada, con el correr de los meses, del tiempo, pudo estar casi seguro que la letra por más que se esforzara en que pareciera distinta, eran las mismas. La letra de su admiradora secreta y la de Misty eran prácticamente iguales.
Pero ahí le surgió la duda más grande, ¿por qué negarlo?
Las dudas le iban carcomiendo los sesos y fue por eso que empezó a fijarse en las reacciones de ella frente a las rosas. Siempre se ofuscaba, siempre se molestaba… Había algo muy raro en todo eso.
Quizás fue por eso que decidió hacer ese torneo para ver si ella era capaz de frenar esa locura y confirmarle que era quien estaba tras las rosas. O al menos, eso quería creer él.
Del monte Plateado, se fue directamente al gimnasio Celeste a hablar con su "amiga" quien lo recibió a escobazos limpios por el susto que le dio cuando ingresó de improvisto al gimnasio y la encontró limpiando el hall de entrada.
—¡Ya! —protestó en un ataque de risa, el maestro Pokémon, evitando los golpes de su asistente— Lo siento.
—¡No! ¡Tienes! —resaltó cada una de las palabras con movimiento de la escoba contra Ash— ¡Porque! ¡Asustarme! ¡Así!
—¡Pero así es divertido! —exclamó deteniendo la escoba para mirarla con una enorme sonrisa—. Ya, calma —de un movimiento le quitó la escoba y Misty quedo desarmada, con las mejillas rojas del enojo y su rodete desarmado. Ash se quedó simplemente observándola, viendo como su pecho se inflaba y se contraía tan rápidamente, no pudo evitar sonreír de lado—. Vas a ayudarme con el torneo de la Rosa Azul.
—¡Ni lo sueñes! —se negó apretando los puños—. ¡No quiero, ni pienso ayudarte con esa tontera!
—¡Eres mala amiga, Misty! —protestó afirmando con la escoba contra el piso—. ¡Vas a dejarme a la merced de cualquier loca que quiera poner sus manos en este espécimen grandioso de hombre! —Misty no pudo evitar la carcajada que se le formó en la garganta—. ¡No te burles de mí!
—Ay Ash… —negó con la cabeza y tomó aire— ¿Dónde quedo el chiquillo que yo conocí?
—Está frente a ti —afirmó elevando el mentón—. Solo que tú te niegas a aceptar que he crecido, he madurado y sobre todo he cambiado.
Misty no dijo nada, simplemente lo observó. No podía negar que Ash tenía razón en aquellas características, sobre todo en el hecho de que había crecido, sin dudas, no se había dado cuenta como lo estaba escaneando con la mirada, porque cuando vio como la ceja derecha de Ash se enarcaba sobre su ojo color chocolate, no hizo amagues de correr sus ojos del muchacho.
—¿Misty? —le dijo inclinando un poco la cabeza para acentuar más la sonrisa ladeada.
—¿Eh? —la líder sacudió su cabeza tratando de volver en sí—. ¿En qué estábamos?
—En cómo vamos a planificar el torneo —le volvió a insistir, pero casi se cayó hacia delante por la sonrisa que se dibujó en el rostro de su amiga.
—Ah, claro, verdad —afirmó con la cabeza—. Ven, tomémonos un té mientras nos ponemos de acuerdo —lo invitó y en cuento se adelantó, las manos de Ash no tardaron en subir hasta su cabeza para perder los dedos –desesperado- entre sus cabellos oscuros.
—Y así, me sigue negando que está loca —resopló antes de seguirla hacia la cocina por el té.
…
Mientras Misty preparaba los té, Ash apoyó ambos codos sobre la mesa y apoyó su mentón en los puños observando como la pelirroja se movía por la cocina, la observó preparar las tazas en platos, buscar el azúcar y luego un plato donde colocó un par de galletas de una caja de metal. Aunque ninguno de los dos decía nada, sus cabezas estaban a mil pensamientos por segundos.
¿Misty se atrevería a confesarle que ella era la que estaba tras las rosas? ¿Ash se atrevería a preguntarle?
Aun así, las palabras no cruzaban los labios de aquellas dos personas en la cocina del gimnasio Celeste. Misty se acercó con la bandeja, colocó las tazas, el azucarero y las galletas sobre la mesa, y luego se alejó una vez más para sacar de un cajón de la mesada, un cuaderno que abrió y dobló hacia afuera para poder usarlo sin dificultad. El maestro pokémon no dijo nada, solo bajó su mano derecha y siguió con la cabeza apoyada en el puño izquierdo mirándola como batía el lápiz contra el cuaderno pensativa.
—¿Cómo quieres el torneo? —le preguntó extendiendo su mano hacia el plato de galletas—. ¿Cuántos pokémon por chica? ¿Cuántas chicas? ¿Límite de edad? —comentó con una sonrisa que hizo que Ash dejara de observarla y pasara a mirar el plato de galletas algo molesto por el comentario.
—Límite de edad, mayor de dieciocho, menor de veintinueve —afirmó con todas las ganas de un buen contraataque—. Hay que salir con chicas con las que uno no tenga problemas legales y que aún estén —hizo con el movimiento de ambas manos una silueta femenina y se ganó un codazo de su querida asistente.
—¡Ya! ¡Concéntrate!
—Bruta —le dijo entre dientes casi en un susurro mientras se frotaba debajo de las costillas derechas—. Ok, chicas, máximo treinta y dos, pokémon solo uno, será un torneo a todo o nada de dos días, el primer día solo van a quedar ocho chicas que competirán por mí al segundo día, para que la cita sea esa noche.
Misty se puso a anotar las indicaciones que Ash le dio de forma ordenada, tirando flechas a las indicaciones de lo que había que hacer a la hora de las inscripciones y reglas del torneo.
—Ok —indicó volviendo a extender su mano a las galletas leyendo lo que había anotado, pero se encontró con la mano de Ash que iba justamente a tomar la misma galleta, ambos levantaron las miradas hacia el otro y se quedaron en silencio—. Ash…
—¿Misty? —preguntó esperanzado de que le ahorrara el trabajo de organizar un torneo.
—¿Podrías soltar mi mano? —le pidió entrecerrando un poco los ojos, Ash miró el plato y vio que tenía apretado los dedos de Misty entre su mano derecha.
—¡Ya, ups! —la soltó con vergüenza de aquel acto—. Lo siento, yo…
—No te preocupes, debes estar bastante expectante por conocer a su admiradora.
—Oh si —afirmó tomando la taza de té, pero cuando la iba a levantar le tembló algo por aquel fuerte contacto—. Espero que vaya…
—¿Y si no va? —preguntó abriendo el cuaderno para cerrarlo correctamente y correrlo para tomar su taza de té.
—Si no va, no volveré a recibir sus flores —afirmó decidido, aquella decisión en sus palabras hizo que la pelirroja tambaleara un poco la taza entre sus manos—. ¿Estás bien?
—Sí, sí —afirmó, bajando la taza—. Solo que me sorprende la decisión drástica que piensas tomar.
—¡Estoy haciendo esto por ella! —le informó elevando la galleta que tenía en su mano derecha— Si no viene, es porque no es muy fan mía como dice que es —y terminó la frase mordiendo la galleta.
Misty no dijo nada, solo miró el cuaderno y luego a Ash.
Antes de que el sol se ocultara y la noche se tiñera de azul oscuro, Ash salió del gimnasio pokémon despidiéndose de la pelirroja que aún tenía entre sus brazos el cuaderno donde habían anotado los detalles del torneo.
—En cuanto termine de ordenar y organizar todo, te envió un correo.
—Ya —afirmó Ash con un movimiento de su cabeza, mientras ocultaba las manos en sus bolsillos—, lo esperaré entonces antes de enviárselo a Cynthia, ella apadrinará el evento.
—Ok —susurró—. Nos vemos Ash.
—Hasta luego Misty —giró y se alejó del gimnasio. Misty lo vio partir apoyada en uno de los pilares que rodean el gimnasio pokémon. Y él se alejó sin mirar atrás—. ¡Eres tú Misty! ¡Cada día confirmó más que eres tú! En fin —movió su cuello mientras se encaminaba al centro Pokémon para ir a buscar a Pikachu y el resto de sus pokémon—, si quiere show… hagamos show.
Cuando Ash se perdió de su campo visual, Misty ingresó rápidamente al gimnasio pokémon para acercarse al teléfono del hall de entrada.
—¿James? ¡Hola! Habla Misty —miró el cuaderno mientras le respondían desde el otro lado de la línea—. ¡Sí! Voy a cumplir mi promesa de que iba a dejar que me asesoren con su tienda —sonrió de forma ladeada—. Es un torneo… necesito un disfraz.
