Primera Publicación: 24 de Febrero de 2014

Republicación: 25 de Septiembre de 2017


El Misterio de la Rosa Azul

III

-.-.-.-

La vida de Misty desde que había asumido el gimnasio Pokémon era sumamente absorbente, entre batallas, mantener en condiciones el recinto y ocuparse de sus pokémon, apenas si tenía tiempo para levantar el teléfono y comunicarse con Tracey, y si no tenía tantas batallas, con Delia, la mamá de Ash.

Y los fines de semanas, sus hermanas mayores la colapsaban por sus obras.

Realmente más de una vez pensó en volver a tomar su mochila y perderse por algún bosque… pero después recordaba los Beedrill y los Caterpie, y se arrepentía de ello.

Todo comenzó cuando a sus hermanas se les ocurrió decorar el gimnasio con Rosas Azules. Misty recorrió todo Ciudad Celeste y solo encontró unas rosas en tonos celestes en una florería, y con lo detallista que eran sus hermanas no iban a quererlas.

Pero si quieres rosas en un tono azul, las puedes crear tu misma —le había aconsejado la florista y Misty pareció sorprendida de aquella recomendación—, solo tienes que tomar un poco de anilina azul marino disuelta en agua y luego, tomar una rosa blanca a la que le haces un corte en cuatro en la parte baja del tallo. La dejas un par de horas y cuando la vuelvas a ver estará de un brillante azul.

Misty pensó aquellas palabras con calma ¿Sería cierto? ¿Sería uno capaz de teñir flores de los colores que se desearan?

No pierdes nada con intentarlo —aquella última frase de la florista la convenció, compró tres docenas de rosas blancas y se encaminó a un bazar donde –por suerte- consiguió la famosa anilina.

Llegó al gimnasio y sin que sus hermanas la vieran, corrió a su habitación llevando consigo un balde que encontró en el camino. Entró a su habitación y se encerró en ella. Dejó las flores sobre su cama e ingresó al baño a preparar en el balde la solución de tintura. Movió bien la anilina y vio como el agua se teñía tan oscura como la noche, tomó entonces las rosas y las colocó una por una en el balde haciéndole el corte en el tallo con una tijera, después de aquella tarea se sentó a observar. Y como era de esperarse, nada pasó.

Suspiró agotada por aquella frustrada hazaña y salió a la cocina por algo para comer. Notó también que sus hermanas no estaban, llegarían al otro día y le recalcarían lo de las rosas azules. Resopló fastidiada, tomó el sándwich que se preparó y regresó a su habitación.

La sorpresa que se llevó al entrar hizo que casi botara el plato que llevaba en su mano derecha. Las rosas blancas eran de un intenso azul marino. Tan intenso como el cielo nocturno.

—Wow —exclamó dejando el plato en su escritorio y se agachó frente a la azulinas rosas—, se ven maravillosas —las tocó con miedo a que fueran a deshojarse o a teñirle la punta de sus dedos pero nada de eso ocurrió. Aquello sin dudas la había emocionado muchísimo… tanto que no se detuvo solo ahí.

Rosas verdes, moradas, fucsia, todas los colores locos que les pedían sus hermanas para permitirle un respiro estaban listas para sus espectáculos, hasta que un día.

—¡Por favor! —le suplicó Misty a Daisy, su hermana de cabello rubio no parecía dispuesta a cumplir con lo pedido por su hermana—. ¡Esto es algo único! Tengo que estar ahí.

—Lo siento Misty —volvió a negar Daisy sin cambiar su postura— no puedes dejar ese día el gimnasio solo. Nadie va a estar y como está la liga en funcionamiento no puedes cerrarlo.

—¡Pero es que Ash! —trató de persuadirla, pero su hermana negó una vez más con su cabeza y giró hacia el pasillo que llevaba a sus recamaras— ¿Qué voy a hacer? —observó la invitación que tenía en su mano, aquella en donde Ash la citaba a su enfrentamiento contra Lance y a una posterior reunión de amigos.

Se dirigió derrotada a su habitación, se tiró en la cama y se puso a mirar el techo tratando de encontrar la forma para salir de aquel encierro.

La noche antes de la famosa batalla de Ash contra Lance, tomó la última rosa blanca que le quedaba y la echó en una solución de azul marino bien oscuro. Cuando el blanco de los pétalos se tiño de un azul intenso, la quitó del agua, la secó, cortó la punta del tallo roto en diagonal y la envolvió en un papel plateado. Suspiró y escribió para su amigo la frase:

"Yo sé que puedes con este desafío, no te rindas. Confío en ti, futuro maestro Pokémon"

Iba a escribir su nombre pero se arrepintió al último segundo. Pegó la tarjeta al papel plateado y salió con ella camino a la entrada de su gimnasio donde quedaba aún, uno de los tantos admiradores de las Hermanas Sensacionales.

—¿Quieres conseguir una cena con una de mis hermanas? —le preguntó con una sonrisa ladeada y los ojos brillosos del muchacho le dieron la llave para poder hacer lo que tanto esperaba. Le dio la rosa y lo envió al estadio Añil para que se la diera a Ash en mano, sin mencionar que era ella quien se la enviaba. Y sí lo hacía así, iba a poder tener tan dichosa cena.

Al otro día, no había ni querido ver la batalla por la televisión de los nervios que sentía, solo había cerrado el gimnasio con la excusa de su almuerzo y se encontraba con la cara hundida entre sus brazos apoyados en el escritorio en la entrada del gimnasio. ¡Estaba enrabiada por no poder estar allí, apoyándolo en su meta!

—¡¿Qué haces aquí?! —escuchó de pronto y pegó un salto que casi quedo estampada contra el techo. Con la mano derecha en su pecho tomó aire y vio a su hermana Daisy quitarse los lentes oscuros que portaba frente a su mirada verdeazulada.

—¿Daisy? —preguntó poniéndose de pie—. ¿Qué haces aquí?

—¡Eso te pregunte yo primero! —molesta, se quitó su chaqueta y la tiró sobre el mesón del escritorio—. ¡Te deje un mensaje de que iba a poder regresar temprano para que fueras a ver la competencia de Ash! —exclamó fastidiada—. ¿Qué no lo escuchaste?

—¡No es que…! —¡ahora se maldecía por no contestar las llamadas de su celular!

—¡Deja de perder el tiempo, y ve a cambiarte! —le ordenó golpeando su bolso contra el mesón para que su hermana menor saliera del ensimismamiento y fuera corriendo hacia su habitación— ¡Esta chica! —protestó tomando sus cosas entre sus manos y las llevó hacia su habitación.

Por aquello, llegó cuando Pikachu terminaba con el Gyarados Rojo de Lance y Ash se alzaba con el trofeo, se apretó el labio inferior con los dientes por su mala suerte pero al menos había llegado para la declaración de Ash como el campeón.

Lo bueno también, fue que se fueron todos juntos a pueblo Paleta a festejar; en los campos del laboratorio de Profesor Oak todo era risas y algarabía, hasta que Ash llamó a todas sus amigas y les pidió que les dijeran quien había enviado la rosa azul que tenía en su mano. Los nervios se apoderaron tanto de Misty por el tono de Ash que prefirió negar su regalo con un típico acto de desinterés. Aunque al ver el rostro de su amigo por las negativas recibidas le hizo dudar si sería algo bueno o malo el confesar ser la autora de dicha rosa.

—Ash está como loco con esa rosa —le comentó Tracey cuando Misty le preguntó porque Ash ahora, traía la rosa cortada en el bolsillo de su camisa como si fuera un adorno—, dice que ahora es su cábala, que se la entregaron justo en el momento en que empezó a dudar de si podría derrotar a Lance y la frase de ésta lo hizo sentir seguro y decidido.

—Vaya —comentó la pelirroja observando a Ash, sorprendida por como éste había convertido una señal de aliento como algo valioso para él. Se acercó a él decidida a confesarla la verdad pero se arrepintió. ¿Y sí Ash se enojaba por qué le había mentido? Lo que no supiera no le haría daño mientras le sirva para obtener confianza en sí mismo.

Y eso haría, cuando Ash necesitara apoyo, ahí estaría por medio de una rosa azul hecha por ella.

El actual Maestro Pokémon, llegó a su modesta pero acogedora residencia en Pueblo Paleta, lugar en donde vivía con la mujer más importante de su vida, su madre. Una mujer muy tranquila, amorosa y que siempre estaba pendiente de todo lo que su hijo necesitara.

—¡Ash Ketchum! —bueno al parecer no estaba tan amorosa en esta ocasión.

—¡Mamá! —exclamó quedándose tieso en la puerta de entrada mientras su madre aparecía en la sala moviendo el cucharón en el aire—. ¡Tranquila, baja el cucharón! —le pidió con las manos alzadas frente a él.

—¿Qué forma es esa estar jugando con admiradoras? —preguntó exasperada por la noticia de su hijo en su última competencia.

—Vele el lado positivo —le comentó levantando el dedo índice—. Puede que luego de la final, tengas nuera.

—¡No le encuentro lo chistoso jovencito! —protestó la mujer de cabello castaño con ambas manos empuñadas en su cintura—. Una cosa es que quiera que tengas una novia a tu edad, otra es hacer una competencia…

—Es que —inclinó un poco su cabeza hacia la derecha y se puso a hablar consigo mismo—, puede que no haya torneo si ella se decide a hablar… o —inclinó la cabeza ahora hacia la izquierda—, puede que realmente ella sea solo la que ayudaba a la real…

—¿De qué diantres estás hablando? —preguntó ante la actitud extraña de su hijo.

—Es que, si es ella, ¿por qué no me habrá dicho la verdad? —seguía hablando consigo mismo sin hacer mucho caso a su madre—, ¿será por qué cree que me enojaré porque me lo negó? —tuvo que aguantarse la carcajada que le brotó en la garganta—. ¡No había pensado que existe la posibilidad que participe del torneo con un seudónimo! —elevó las manos y las separó como si estuviera viendo un letrero—. Ya me la imagino usando un seudónimo tipo Angelical Master Aqua —no aguantó la carcajada y negó con la cabeza por la risa—. Eso es muy probable con el ego de mi amiga.

Ante aquel seudónimo, Delia pudo hacerse una idea de a dónde iba su hijo con aquella palabrería.

—¿Es Misty, la chica de las rosas? —preguntó sorprendida.

—Es una sospecha —respondió Ash mirando a su madre con una sonrisa—, una fuerte sospecha, pero sospecha al fin y al cabo.

—¿Y por qué crees que es ella? —volvió a preguntar sin dar crédito a las palabras de su hijo.

—Espérame un ratito y te explico —ingresó a la casa, dejó el maletín en donde traía sus papeles de liga sobre el sillón amarillo del living y subió hacia su habitación. Delia lo vio subir y le hizo un gesto a Pikachu para que la siguiera a la cocina donde tenía que terminar con lo que estaba, mientras su hijo bajaba de nuevo.

Ash llegó a su habitación, la cual había cambiado en el tiempo que había transcurrido, ahora tenía una cama bastante amplia, y su escritorio era mucho más profesional, en él tenía una computadora, una impresora y un archivero lleno de carpetas con la clara letra de su asistente. Se sentó en la cama y se estiró hacia el cajón de la mesa del velador, lo abrió y sacó de ahí una caja negra mediana. La atrajo hacia él y volvió a sentarse en la cama, la abrió y extrajo de ahí dentro varias cosas que recordaban a sus compañeros de viajes, tomó una caja azul que cabía en la palma de su mano; aquella caja se la había dado Serena cuando acabaron su viaje con galletas para su regreso a Pueblo Paleta, la había guardado por verlo como un recuerdo de su amiga de Kalos, pero también porque al llegar la primera rosa le encontró otra utilidad. Dejó la caja negra a un lado y salió de su habitación escaleras abajo. Tomó su maletín e ingresó a la cocina.

—Mamá —dijo dejando la caja azul en la mesa y el maletín en la silla—, dime qué opinas de esto —de la caja azul sacó varias tarjetas, eran las tarjetas que le habían llegado con las rosas. Delia se acercó tras apagar el fuego de la olla.

—¿Las tenías guardadas? —preguntó levantando la primera de un tono amarillento por la cantidad de años que tenía la tarjeta.

—Sí, es uno de los enigmas más grande de mi vida —le explicó buscando algo en su maletín—, además me gusta leerlas cuando estoy algo desanimado.

—Entiendo —dejó la tarjeta y vio a su hijo buscar en una carpeta azul.

—Ve la letra de estas hojas con las de las tarjetas —le pidió dándole la carpeta. Delia la tomó y alzó una nueva tarjeta para comparar las letras.

—No soy grafóloga, pero si hay un parecido en la letra —comentó Delia, dejando la tarjeta para tomar otra y volver a compararla.

—Las más antiguas son muy parecidas a la letra de Misty en las carpetas, pero las tarjetas que me llegan a partir de que Misty empezó a trabajar como mi asistente son ligeramente distintas —le indicó mostrándole dicha tarjeta.

—Sí, tienes razón —comentó sorprendida, pero desvió la mirada hacia las tarjetas que estaban desparramadas por la mesa—, pero…

—No te preocupes —le mostró el revés de una que tenía el número diez escrito en la esquina derecha superior—, con lo atolondrado que soy, las tuve que enumerar para que el orden no se me mezclara… —las empezó a acomodar mientras su madre cerraba perpleja la carpeta; nunca había visto a Ash tan metido en algo que no sean los Pokémon, y que tuviera las tarjetas guardadas en orden sin dudas, la había sorprendida.

—¿Y qué tienes planeado? —preguntó Delia sentándose en una de las sillas tras pasarle la carpeta para que la guardará.

—Voy a hacer el torneo, la obligaré a que me diga si es ella la de las rosas o bien, la que me las envía a nombre de alguien más —le informó guardando la carpeta de Johto en su maletín, el cual dejó a un lado para poder sentarse al lado de su mamá.

—¿Crees que lo logres? —ella conocía a Misty, no era una joven que se dejara avasallar tan fácilmente.

—La tengo organizando el evento —dijo Ash muy confiado de su idea—, estoy seguro que no lo resistirá.

Había pasado prácticamente una semana cuando Ash recibió en su bandeja de entrada el documento en donde se redactaba la solicitud de torneo que debía entregar a la Confederación Regional. Y otro documento, donde se exponían las reglas y condiciones para los organizadores, auspiciadores y participantes. Resopló al ver que las cosas no serían tan fáciles como esperaba.

Le iba a enviar un mensaje informándole de que había recibido los documentos y no necesitaban ningún arreglo, cuando se le ocurrió algo totalmente distinto; le envió un correo a Serena, May, Dawn e Iris.

"Chicas:

¿Vieron lo de la competencia? ¡Quiero que me ayuden con ella, ¿podrían participar?! ¡Les prometo que no tienen que salir conmigo en caso de que ganen!

Atte. Ash"

En una hora tenía las respuestas afirmativas de sus amigas que ahí estarían a la hora del torneo.

Con la afirmación de sus cuatro amigas, ahora si le envió el mail a Misty:

"Misty:

Los documentos están acordes a lo que habíamos acordado, los imprimiré para enviarlos mañana a la confederación.

Por cierto, las chicas quieren participar, así que resérvame cuatro lugares en la competencia. ¡Te encargó las inscripciones a ti también!

Ash"

Envió el mensaje y salió de su habitación con una sonrisa.

Misty estaba observando su celular con el ceño fruncido mientras Jessie le tomaba las medidas para el disfraz que iba a usar en la competencia.

Con la extinción del equipo Rocket, el trio más conocido, se había instalado en ciudad Celeste con una tienda de ropa y disfraces a medidas en las que les iba muy bien. Misty y sus hermanas eran sus clientas más prestigiosas y eso le había beneficiado mucho.

—¿Malas noticias? —preguntó James mientras anotaba las medidas que Jessie le iba dictando.

—No —negó guardando el celular en su bolsillo—, nada importante.

—¿Y ya pensaste el nombre con el que vas a aparecer en escena? —preguntó Jessie tomándole la medida de hombros.

—Pensaba usar algo como Angelical Master Aqua —dijo emocionada, pero el Pokémon gato que estaba en el hombro de James le hizo un gesto con la lengua de desagrado—. ¿No les gusta?

—Eso es muy obvio —protestó Jessie poniéndose delante de ella, la mujer de cabellos burdeos llevaba ropa de estilista, una polera negra y una falda roja hasta la rodilla—, es como pegarte en la frente el nombre Misty.

—¿Ustedes creen? —preguntó pegando el dedo índice derecho sobre sus labios—. Bueno en lo de Master Aqua es muy obvio —concluyó ante la observación de Jessie y de Meowth.

—¡Ya sé! —dijo James que había estado pensando, con un chasquido de dedos—. Ya que esto se trata de rosas azules, ¿qué te parece el nombre Blue Rose?

—¿Blue Rose? —preguntó la pelirroja observando como ante aquel nombre, tanto Jessie como James se pusieron sobre una hoja a tirar líneas—. ¿Qué pasa?

—Les dio el art attack —comentó Meowth observando como sus camaradas tomaban colores para pintar lo que habían diseñado.

—¡Taran! —dijeron ambos mostrando ante Misty un diseño basado en rosas azules que la dejo sumamente aturdida por lo magnifico del traje.

—¡Lo quiero! —dijo tomando la hoja entre sus manos—, ¡Sin duda, lo quiero!

—Entonces —pregunto James.

—¿Manos a la obra? —consultó Jessie y Misty observó una vez más el diseño y levantó su mirada verde azulada hacia ambos.

—Sí, que ésta sea Blue Rose —afirmó con una sonrisa.