A pesar de que había sido idea suya, y de que había costado un montón conseguir el permiso del club y había tenido meses para hacerse a la idea de que eso iba a ocurrir, Harry estaba nervioso. Se paseaba arriba y abajo por su cocina esperando que llegara la lechuza con el ejemplar de "El Quisquilloso" que, amablemente, Luna le iba a enviar un día antes de que saliera a la venta.

— ¿Aún no ha llegado? —preguntó Draco, entrando con una toalla atada a la cintura y otra en la mano mientras se secaba el pelo rubio con vigor.

A Harry le destajo por un momento el movimiento de ese brazo musculoso, de los abdominales, del mismísimo tatuaje que sin duda a él no le quedaba tan bien. Igual temía un poco la foto, pero solo un poco, porque ni de cerca tenía el físico del príncipe del quidditch. Pero por Merlín que ver a su novio así podía conseguir que su cerebro se volviera algodón y cualquier preocupación se evaporara.

— ¿Harry?

— Disculpa… me he distraído. No, aún no ha llegado.

Draco avanzó hasta él con una sonrisa torcida. Dejó al pasar la toalla con la que se secaba el pelo sobre la mesa de la cocina y se acercó hasta ponerle las manos en las caderas.

— Quizá te hace falta un poco más de distracción, auror Potter. Te noto… tenso —comentó insinuante, moviendo una de las manos para rozar el interesado bulto en la entrepierna cubierta por jeans.

— Es una buena idea. ¿Sabías que una toalla húmeda puede provocar hongos y otras infecciones. Me lo ha dicho Hermione —le dijo sobre los labios a la par que le desataba la toalla de la cintura y la dejaba caer al suelo—. Voy a tener que hacer un exámen exhaustivo para estar seguro de que todo va bien por aquí.

Sin necesidad de decir nada más, se puso de rodillas, con la clara intención de olvidar la tensión que suponía anunciar al mundo que estaban juntos. Por eso no vio que la lechuza dejaba sobre el alféizar de la ventana la revista enrollada. Y estaba mucho más relajado cuando la desenrollaron juntos. Seguramente por eso les dio la risa al ver que, si bien su foto enseñando el arte en la piel que compartían iba efectivamente en la portada, el artículo más extenso de esa edición de "El Quisquilloso" era una pormenorizada narración de Luna sobre su experiencia inhalando con fines de investigación una trompeta de ángel en su viaje a México