Primera Publicación: 06 de Noviembre de 2014
Republicación: 25 de Septiembre de 2017
El Misterio de la Rosa Azul
VII
-.-.-.-
Por un minuto la mente de Ash Ketchum fue paralizada, mientras observaba a Serena con la mirada triste por las palabras pronunciadas, no sabía que era lo que debía hacer. La chica de la región Kalos le sonrió aunque sus ojos celestes parecían querer derramar un par de lágrimas.
—¿Cómo qué huir? —cuando Cynthia pronunció aquello, Ash volvió a situarse en el palco.
—Eso me dijo —comentó Serena moviendo sus hombros—, que si Daisy perdía esta ronda, ella iba a volver a ciudad Celeste para no tener que enfrentar lo que vendría.
—¡Ah no! —Ash sacudió la cabeza y apretó los puños frustrado con su amiga pelirroja—. ¡Esto no se va a quedar así!
—¡Alto Ahí Ash Ketchum! —exclamó Cynthia enojada por aquel actuar de Ash.
—¡Pero Cynthia!
—No puedes ir, Ash —le señaló el campo de batalla—. Esto ya ha llegado muy lejos para que ahora lo detengas —apretó el puño derecho y volvió a mirarlo—. Te di la opción de detenerlo antes de iniciar y no la tomaste, no puedes paralizar el torneo a minutos de la final.
—¡Pero, ¿y Misty?! —preguntó desesperado.
—Ella sabe perfectamente en lo que se estaba metiendo y lo que tiene que hacer —la seriedad del rostro de Cynthia, le bajó notoriamente las ansias de salir tras Misty—. Ahora sé un profesional y termina de ver el torneo. Recuerdas que la dejaste al cuidado de Pikachu, si de verdad es algo importante, él vendrá a buscarte.
…
Misty había despertado de su sueño por Daisy quien con una enorme sonrisa le informaba de que había avanzado a la final. La adormilada joven, creyó estar aun en un sueño pero no, su hermana mayor lo había conseguido.
—¿Y tú cómo te sientes? —le preguntó quitándose la peluca para que su cabellera amarilla cayera enroscada sobre su hombro derecho.
—Mejor Daisy, no me duele la cabeza —se tocó el rostro con el revés de la mano derecha—, tampoco siento que tenga fiebre.
—A ver —Daisy se acercó y la tocó corroborando las palabras de Misty—. Eso parece, supongo que entonces estás lista para la batalla.
—Si Daisy —afirmó con la cabeza—, es hora de terminar con la tradición de la rosa azul de una vez por todas.
…
«Bien estimados espectadores, ahora si se viene lo bueno del torneo… ¡La final entre Anabel, quien para lo que no la conocen es nada más ni nada menos que un As de la Batalla de la Frontera de Kanto, conocida como la Dama de la Torre. Mientras que del otro lado, tenemos a una misteriosa jovencita de la que nadie sabe pero eso sí, su Roserade ha sido una increíble luchadora, pero ¿será lo suficiente para derrotar a Anabel? ¡Esperemos ver una increíble batalla!»
Mientras Ash estaba sentado en el palco observando el campo vacío, Dawn, May e Iris llegaron a hacerle compañía a Serena y a su vez, a Ash.
—¡Cynthia! —saludó emocionada Dawn al ver a la antigua campeona de la región Sinnoh—. ¿Qué te ha parecido el torneo?
—Casi un desastre —comentó mirando a Ash de reojo—, pero —volvió su mirada a Dawn— se podría decir que ha sido bien interesante.
—La batalla va a iniciar —les dijo Ash señalando una mesa con comidas y distintas variedad de bayas—, pueden comer lo que quieran.
—¡Gracias! —exclamaron emocionadas acercándose a la barra.
—¿Qué pasó? —susurró Iris a Serena cuando Ash volvió a sentarse en su lugar.
—Confirmadísimo —respondió ésta—, Ash ya sabía perfectamente que Misty era Blue Rose.
—Vaya —May volteó un poco para verlo y frunció el entrecejo—, pero no se ve bien.
—Está preocupado porque ésta está enferma y anda haciendo tonterías —protestó Serena tomando un plato para servirse algo para comer.
—Esperemos que todo salga bien al final —suplicó Dawn mirando a Ash con pena—, no me gusta ver a Ash con esa cara de velatorio, él es siempre quien nos anima…
—Si —corearon las otras tres mirando como Ash se ponía de pie al anunciar la entrada de las finalistas. Ellas dejaron los platos y se acercaron a su amigo.
Anabel apareció elevando tranquilamente su mano derecha para saludar al público mientras que Blue Rose apareció con Roserade lanzando pétalos de rosas azules a su paso.
—¡Qué lindo! —comentaron las chicas al ver como los pétalos azules decoraban todo.
Uno de los pétalos llegó hasta el palco, Ash lo tomó y lo encerró en su mano derecha con decisión. Era la hora del final.
—Ash mira —la voz de Serena lo hizo observar una vez más el campo de batalla, Daisy se había asomado y se colocó tras Misty— ¡Es Misty quien pelea!
Todos miraron a Ash, esperando alguna reacción pero él solo volvió a mirar el pétalo de rosa azul y en silencio, tomó asiento.
«Y aquí estamos, el final del torneo de la Rosa Azul iniciará en breve, nuestras competidoras que se enfrentaran por una cena con Ash Ketchum deben mostrar sus Pokémon» tras la orden del narrador del estadio, solo Anabel sacó a su Pokémon, Roserade se colocó en posición «Es bueno recordarle que estos dos pokémon pelearon ayer juntos en las eliminatorias y hoy se enfrentan en la final. El Metagross de Anabel, nuestra querida As de Batalla y nuestra enigmática doncella Blue Rose con su elegante Roserade»
Anabel observó a Blue Rose con una sonrisa, acarició a Metagross y adelantó un par de pasos hacia la mitad del campo de combate.
«¡Oh Anabel se acerca a su contrincante! ¿Veremos un saludo entre ambas finalistas?»
Cuando la chica de cabellos lilas se detuvo, Blue Rose desconfiada se acercó a ésta, quedando frente a frente.
—¿Qué gane la mejor? —Anabel le extendió la mano con una sonrisa ladeada.
Blue Rose al principio seguía desconfiando de las intenciones de la chica, pero sonriendo decidida le respondió el saludo.
—Qué la mejor competidora gane —Anabel soltó una pequeña risa incomodando a Blue Rose— No le veo lo chistoso —Blue Rose rompió el saludo y la miró sería para responder con su puño cerrado y una sonrisa— Voy a ganar esto, ya lo verás.
—No si yo puedo evitarlo —Anabel le sonrió y se acercó un poco más a ella—. Estoy segura que merezco esa cena con Ash mucho más que tú, Misty —soltó la As en un susurro, dejando paralizada a su oponente al momento de regresar a su puesto.
«¡Y luego del emotivo saludo de las finalistas, es hora de la batalla! ¿Quién ganara?»
—¡Comencemos Metagross, usa Hiperrayo! —Anabel dio su primera orden y su Pokémon la cumplió de inmediato.
—¡Roserade, Bola de energía! —Blue Rose dio la orden de contraatacar aún algo desconcertada por lo que había escuchado.
Ambos ataques chocaron y se repelieron formando una densa nube de polvo, Roserade había notado que su entrenadora se encontraba un poco distraída y decidió prepararse por si debía tomar una decisión de última hora; pero lo que pasó a continuación desconcertó tanto al Pokémon rosa como a la dueña de las enigmáticas rosas azules. Un golpe había tomado por sorpresa a Roserade, Metagross apareció de repente frente al Pokémon rosa utilizando Puño meteoro sin darle tiempo a reaccionar.
—Pero, ¿qué? ¡Roserade, ¿estás bien?!— Blue Rose se encontraba preocupada por su Pokémon— Debemos tener más cuidado.
—Si te distraes, pierdes querida —Anabel se rio burlona.
—No perderemos —Blue Rose apretó su puño con fuerza— ¡Brillo Mágico! —le ordenó a su Pokémon pero tarde se percató que no afectaría a Metagross.
—Te lo repito, si te distraes, pierdes, ¡Puño meteoro! —Metagross cumplió la orden y estaba a punto de golpear al Pokémon pero ésta lo esquivó a tiempo.
Roserade soltó un suspiro para luego girar a ver a su entrenadora, ésta parecía estar perdida en sus pensamientos, trató de hacerla entrar en razón pero fue golpeada fuertemente por un Hiperrayo cayendo así, frente a Blue Rose y aunque pudo levantarse se podía notar que lo que tenía distraída a su entrenadora estaba perjudicándola en la batalla.
—No puede ganarme —Blue Rose susurraba observando fijo a su Pokémon— Ella no… —sus palabras fueron cortadas por una nueva orden de Anabel.
—¡Puño Meteoro! —Metagross se aproximaba a toda velocidad para golpear a Roserade.
—¡No! —gritó Blue Rose— ¡No de nuevo! ¡Roserade! —señaló a su Pokémon, Metagross ya casi la alcanzaba— ¡Salta ahora! —Roserade obedeció y de un salto quedó sobre Metagross— ¡Bola de energía! —el Pokémon rosa obedeció soltando varios ataques que golpearon de lleno al Pokémon de Anabel— Bien hecho —Blue Rose parecía aliviada de haber podido golpear a Metagross.
—Yo no me relajaría tanto —Anabel sonrió de soslayo, de pronto, Metagross apareció detrás de Roserade y la golpeó con fuerza— ¡Psíquico! —ordenó la chica y Metagross no dudó en tomar al Pokémon rosa.
—¡Roserade! —Blue Rose adelantó un paso, podía ver como su querido Pokémon sufría— ¡Trata de liberarte con tus látigos!
—¡No esta vez, conozco todos tus trucos! —le informó Anabel observándola aun con una media sonrisa, Blue Rose solo se sorprendió al escuchar las palabras de la chica— ¡Y yo ganaré esto! Metagross, ¡Hiperrayo!— ordenó Anabel con su brazo izquierdo extendido hacía arriba.
—¡Roserade! —fue lo único que pudo exclamar Blue Rose al ver como su querida Roserade era golpeada por el poderoso Hiperrayo de Metagross una vez más — Roserade… —susurró al ver como caía debilitada al suelo.
«¡Y esto ha acabado señores!» exclamó la voz del estadio «Tenemos una ganadora, la Gran Maestra de la Destreza, la única y grandiosa Anabel»
Misty avanzó hacia su pokémon y cayó arrodillada a su lado.
—Lo siento —le susurró con lágrimas en los ojos—. Roserade, lo siento tanto —El Pokémon del tipo Planta, abrió los ojos con dolor y secó con su rosa azul, las lágrimas de su entrenadora—. Volveremos a jugar en el jardín de rosas como siempre —Roserade acarició su cabeza contra el pecho de su entrenadora al momento que ésta la regresó a su Pokébola.
Daisy se acercó para ayudarla a levantar cuando el estadio explotó en aplausos por la ganadora.
Ash desde el palco estaba en silencio al igual que el resto de las chicas.
—Bueno Ash —Cynthia habló consiguiendo la atención de todos—, es hora de que vayas a hablar con la ganadora.
—Cynthia —susurró éste, la rubia se paró ante él y colocó sus dedos índices en las comisuras de los labios de Ash.
—Sonríe, no querrás que Anabel vea que estás triste por su victoria.
Ash salió del palco con su guardia femenina siguiéndolo a una distancia prudente ya que estaban tratando de adivinar en que iba a acabar todo aquello ahora que Misty había perdido.
—No huirá, ¿verdad? —preguntó Serena con las manos en su pecho preocupada.
—No creo —May afirmó con el puño frente a ella—, es Misty.
—¡Tiene que tomar el valor y decirle a Ash la verdad! —Dawn se cruzó de brazos esperando el milagro.
—Entonces —Iris empuño ambas manos con decisión—, hay que estar alertas por cualquier cosa —las cuatro se miraron entre ellas y afirmaron con total determinación.
. . .
Ash salió al campo de batalla, observó a Blue Rose que conversaba con Daisy, cerró los ojos para aspirar profundo y luego siguió su camino hacia Anabel que estaba ansiosa por recibir el premio tan esperado por muchas.
—¡Saluden a la ganadora del Torneo de la Rosa Azul! —Cynthia tomó la mano de Anabel y la alzó al aire causando una vez más la euforia del estadio—. Ash —la rubia soltó a la ganadora y le dio el pasó a Ash.
—Anabel —Ash se puso frente a ella con una sonrisa—, muchas felicidades por ganar, ahora voy a hacerte una pregunta —Ash extendió su mano derecha hacia la As de Batalla—, ¿te gustaría ir a cenar conmigo?
—¡Sí! —exclamó ansiosa y en vez de aceptar la mano de Ash, lo abrazó causando un fuerte sonrojo en el campeón.
Se escuchó un feo gruñido y cuando Anabel lo soltó, éste pudo ver como Blue Rose se iba corriendo del campo de batalla seguida por Daisy.
—Disculpen —Anabel se dirigió a las otras chicas y se alejó con Ash un poco de ellas. Ash se miró con sus amigas confundido mientras era llevado de la mano por Anabel— Ash —cuando se detuvieron a una buena distancia como para hablar ella sonrió—, ¿A dónde me vas a llevar? ¡Tiene que ser un lugar muy bonito! —le habló tan emocionada que Ash entró en pánico al no saber qué iba a decirle para salir tras Blue Rose, ¿Qué Blue Rose? ¡Salir tras Misty!
—Anabel —Ash tomó el coraje y la miró fijamente pero ella elevó la mano para silenciarlo.
—No hay nada que me gustaría más en este mundo que tener contigo una cena romántica y hermosa —bajó la mano con una sonrisa—, pero acabo de recordar que tengo un evento importante y no va a poder ser.
—¿Qué? —Ash alzó la ceja derecha sumamente confundido por las palabras de Anabel.
—¡No seas tonto y no pierdas tiempo inventando algo para salir corriendo tras Misty!
—Este… cómo… —aún más confundido empezó a mover las manos en muchas direcciones.
—Sabía que Blue Rose era Misty —le sonrió ocultando las manos detrás de ella—, quizás le falta un poquito de confianza en sí misma.
—¡Pero si Misty tiene más confianza en sí misma que todo el estadio junto! —exclamó Ash exagerando su frase con un movimiento de ambos brazos, Anabel solo se cubrió los labios con la mano para evitar reírse.
—Tal vez con los pokémon, pero una cosa es eso y otra muy diferente es en los sentimientos —cerró sus ojos y le extendió la mano a Ash para que éste la tomara—. Deseo de todo corazón que te vaya bien —lo miró sonriendo—. Ahora vete antes que tu Rosa Azul se escape de ti.
—¡Eso no! —se soltó de Anabel y corrió hacia sus amigas. La mujer de cabellos lilas miró su mano y sonrió algo ruborizada.
—No has cambiado nada, Ash… Nada —y con una sonrisa salió del estadio para no interferir con lo que se desataría ahora.
—¡Quiero que vacíen el lugar pero que no se les escape ni Misty ni Blue Rose! —les pidió, aunque más parecía una orden.
—¿Por qué a Misty o a Blue Rose? —preguntó May confundida.
—¡Porque no sabemos si vuelva a cambiar con Daisy para poder escapar de mí! —protestó apretando los puños.
Las chicas lo miraron y tras afirmar, se dispersaron para realizar lo pedido.
—Tranquilo —Cynthia colocó su mano derecha en el hombro de Ash—, verás cómo esta vez no podrá huir de ti.
Las chicas empezaron a despejar el estadio mientras Ash trataba de encontrar a Misty en algún rincón de estadio sin mucho éxito, su celular sonó para informarle que Daisy había salido del estadio declarando que no sabía nada de su hermana.
—¡Rayos! —apretó su celular con furia mientras seguía revisando los camarines del estadio.
Cuando se volvieron a reunir los cinco cerca de la entrada al estadio, Ash estaba furioso consigo mismo por haber permitido que Misty se escapara y conociéndola, era capaz de desaparecer del gimnasio por un tiempo si sabía que él la iba a buscar.
Ash se sacudió el cabello con frustración, luego suspiró y miró a sus amigas con la sonrisa más honesta que pudo realizar.
—Chicas, ¿las molesto si me dejan solo?
—¡Pero Ash! —protestaron las chicas, pero tras mirarse entre ellas se dieron cuentan que era lo mejor.
—Cualquier cosa nos avisas —le dijo Serena.
—Estaremos en la villa hasta entonces —le recordó Iris.
—¡Ánimo! —May le dio una palmada en la espalda dándole esperanzas.
—¡Nos vemos! —Dawn también se despidió y las cuatro se fueron.
—Yo me regreso a Sinnoh —Cynthia extendió su mano hacia Ash—, fue entretenido todo esto, espero que tenga un buen final para iniciar algo mejor.
—Ojalá —Ash tomó la mano con una mueca que simuló ser una sonrisa—. Gracias por el apoyo Cynthia, de verdad muchas gracias.
—De nada.
Ash se quedó solo en el estadio, elevó la mirada al techo cerró los ojos y resopló por lo que había sucedido.
—¿Dónde te metiste Misty? ¿Dónde? —bajó su cabeza cuando sintió que su Pikachu aparecía después de estar totalmente desaparecido— ¿Y tú? —preguntó con las manos en su cintura— ¿No te pedí que no dejaras salir a Misty de la casa? —mientras el entrenador regañaba a su Pokémon, Pikachu se cruzó de brazos y movió los ojos negando con su cabecita, él no tenía por qué saber que Daisy le había llevado un frasco de Kétchup en cual disfrutaba cuando las mujeres salieron de la cabaña— ¿Qué? ¿Encima te atreves a no prestarme atención? —Pikachu miró a su entrenador y lo electrocutó—. ¿Qué?
—¡Pi-Ka-Chu-Pi! —le resaltó el roedor y Ash se agachó hasta él— ¡Pi, pi, Pikachupi, pika, pi, Pikapi! —afirmó golpeado el pecho con su manito derecha
—Realmente, ¿seguiste a Misty después de que yo me fui? —Pikachu Afirmó con la cabeza— ¿Ella te vio? —Pikachu negó ahora— ¿Estuviste cuidándola? —Pikachu volvió a afirmar— Estabas preocupado por su fiebre, ¿verdad? —esta vez afirmó incluso moviendo sus orejas puntiagudas—. Por casualidad… ¿Sabes dónde está ahora? —el pokémon eléctrico cerró los ojos y se volvió a golpear el pecho. Ash lo alzó y lo elevó emocionado—. ¡Te adoro! —lo abrazó y luego lo dejó en el suelo— ¡Vamos por Misty!
Ash siguió a su pokémon hasta el acceso sur a las gradas, ahí pudo ver a Blue Rose observando el campo de batalla con los puños apretados; le pidió a Pikachu que esperara un momento y Ash se acercó a Blue Rose.
—Buenas —dijo Ash con una sonrisa colocando las manos en los bolsillos de su chaqueta— ¿Blue Rose, verdad? —ésta volteó con un claro pánico reflejado en sus ojos verdeazulados.
—Si —respondió con un temblor en la mandíbula.
—Fueron muy interesantes sus batallas —sonriendo se sentó en uno de los bancos mirando el campo de batallas—. Su Roserade es bellísima y muy fuerte.
—Gracias —apretó los labios y los movió para ambos lados antes de volver a tomar la palabra—. ¿No tenía su cena con Anabel?
—Es que —movió los hombros como si realmente fuera algo lamentable— al parecer recordó que tenía algo que hacer y me dejó, dijo que otro día cenáramos o que la buscara a usted para cenar.
—Esa Anabel —farfulló entre dientes molesta y volvió a mirar el campo de batalla cruzándose de brazos.
—¿Quiere ir? —le preguntó, nuevamente haciendo un gesto con los hombros—. Digo, no llegamos hasta aquí para que ahora me esquive, ¿no? —la miró y pudo notar como seguía poniéndose tensa— Decía en esas rosas que eras mi fan número uno.
—¿Y por qué cree que soy yo quien le enviaba esas rosas? —ofuscada giró para verlo, éste le sonrió y sacó las manos de sus bolsillos para indicarle con ellas.
—Primero, su nombre. ¿Blue Rose? Se haces llamar Rosa Azul justamente como mis rosas azules —movió la mano derecha y luego la izquierda— Segundo, tiene un Roserade que lanza pétalos azules… ¿Coincidencia? —la miró de reojo— No lo creo.
—Yo… —corrió la mirada y apretó los labios.
—Bueno, si no quiere cenar conmigo, entonces déjame hacerle otra pregunta. ¿Por qué el miedo?
—¿Eh? —Blue Rose lo miró confundida por aquella pregunta— ¿Miedo?
—Sí, miedo —afirmó Ash cerrando los ojos, cambiando el habla formal por el habitual— ¿Por qué me tuviste miedo? —llevó la mano derecha a la nuca y se la frotó algo nervioso—. Se supone que eres mi mejor amiga y aun así te dio miedo confesarme que tú estabas tras las rosas.
—No sé de qué me habla —siguió en su pose de Blue Rose fingiendo ignorancia, Ash la observó triste y cansado por su actuar y decidió acabarlo de una buena vez.
—Pikachu ven —el roedor apareció rápidamente entre su entrenador y la enigmática chica y saltó a los brazos de Ash—. ¿Quién es ella?
Pikachu la miró con una sonrisa y aunque notó la desesperación en la pelirroja, el pokémon miró a su entrenador.
—Pikachupi —afirmó.
—¡Pikachu! —protestó Blue Rose.
—¿Pensaste qué como siempre te apaña, iba a estar de tu lado otra vez? —la voz de Ash salió entre una mezcla de molestia y dolor. Quizás más lo segundo que lo primero. Ahora que sabía que le gustaba, que la quería como algo más que solo una buena amiga, le dolía mucho.
—Yo —se dejó caer en una banca quitándose la peluca que dejó a la vista su cabello pelirrojo.
—¿Por qué? —volvió a insistir Ash— ¿Por qué no ser capaz de decirme que eras tú, que siempre fuiste tú?
—Hace unos años, mis hermanas me pidieron conseguir rosas de distintos colores, al no encontrarlas una de las dependientes de la florería me indicó como teñir rosas blancas en azules, moradas, naranjas y un sinfín de colores… —tomó la peluca entre sus manos y comenzó a moverla— Me encontré ante un hobby entretenido. Empecé a armar un pequeño jardín de rosas, no me fue muy bien al inicio —el gesto de su cara se puso pensante, Ash se acomodó para verla mientras ella hablaba— Ahí fue cuando Daisy llegó un día con Budew, nos llevamos bien desde el inicio. Para ser un Pokémon del tipo Planta hubo buena química con el resto.
—¿Tu Rosedal está dónde nos prohibiste entrar? —preguntó Ash sorprendido.
—Así es —afirmó—, Budew no tardó en ser un Roselia y el jardín comenzó a tomar vida y yo era feliz tiñendo de colores aquel campo de rosas blancas —se quedó en silencio un largo rato y luego continuó—. Si tienes razón en lo del miedo, ¿sabes? Mi propio miedo me llevo a actuar cobardemente… yo temí no llegar a tiempo a tu batalla contra Lance y te envié esa primera rosa.
—¿Por qué no la firmaste?
—Porque nosotros siempre tuvimos una relación entre risas y burlas, temí que tomaras mi regalo como una burla. —confesó bastante apenada.
—¿Cómo burla? —aquello lo hizo poner de pie— ¿Cuándo he tomado un regalo de mis amigos, de ti, sobre todo, como burla?
—Es que no sé —protestó apretando los ojos y los puños con los que golpeó sus rodillas—, estaba alterada, nerviosa, creí que ibas a mirar la rosa como algo infantil y no le ibas a dar importancia —soltó desesperada pero se calmó rápidamente—, pero luego, cuando Daisy llegó a tiempo y pude ver tu batalla y participar de la fiesta, iba a decirte la verdad. Iba a decirte de la rosa pero cuando te vi tan emocionado, no tuve el valor para decirte la verdad.
—Misty… —susurró pero ella no se detuvo y Ash volvió a sentarse.
—Luego de ganarle a Lance casi perdiste contacto con todos, así que por eso decidí seguir enviándote rosas que te recordaran que no estabas solo, que de distintas formas todos estábamos contigo, que yo estaba contigo. Para cuando venciste a Alder, decidí dejar de enviarte las rosas y aparecer ante ti como tu asistente. Quería poder ayudarte pero más quería estar junto a ti. Pero cuando vi lo triste que te pusiste al no recibir más rosas, no pude evitarlo, ya no pude detener el envío de las rosas azules que te animaban, te alegraban y te motivaban, aunque cada vez que tú recibías una, un peso enorme caía sobre mí.
—¿Por qué?
—Porque temía que llegara este día, el día que descubrieras que Misty y tu admiradora fantasma eran la misma persona y te sintieras decepcionado de ello.
—Misty —volvió a susurrar tratando de procesar lo que le había dicho ¿Decepcionarse? ¡Si supiera lo feliz que fue al comprobarlo!
—Y como sé que no iba a poder con esto, en el escritorio de tu oficina en ciudad Verde, mañana te vas a encontrar con mi carta de renuncia.
—¿Qué? —se puso de pie una vez más y refregó la mano derecha en su rostro para no soltar una maldición.
—La dejé en tu escritorio la última vez que nos juntamos ahí esperando este día —cerró los ojos y empezó a mover los hombros por culpa de unos pequeños espasmos del llanto que se resistía a soltar—. Sé que nunca me perdonaras por haberte mentido y por haberte engañado de esta forma, así que creo que lo mejor es que volvamos cada uno a sus lugares donde corresponden y ya. Finjamos que todo esto nunca pasó —se puso de pie y lo miró con una sonrisa— ¿Sí?
Ash la miró, soltó a Pikachu y antes de que pudiera reaccionar, tomó a Misty del rostro y la besó. Bajó sus manos hacia la espalda femenina y la apretó contra él, para luego abrazarla.
—Tonta… ¿qué haría yo ahora sin tus rosas azules y sin tu compañía?
—¡¿A quién llamas tonta?! —protestó la pelirroja con el rostro colorado por el beso y el abrazo que había recibido.
—¡A ti! —Ash la soltó y colocó ambas manos en la cintura mirándola seriamente—. ¡¿Te parece que salir de mi vida, así como así, no es una tontería?! ¡¿No te pusiste a pensar que quizás esté feliz de que mi admiradora número uno y la mujer que me gusta sean la misma persona?!
—No puedes estar hablando en serio, ¡A ti no puedo gustarte! —lo acusó extendiendo su brazo derecho hacia él.
—Bueno, realmente no deberías, siempre peleamos, siempre discutimos, te gusta pegarme con tu escoba como la bruja que eres y ni hablar de cuanto te pones en tu pose Gyarados.
—¡Ash Ketchum! —protestó entre dientes bajando el brazo embravecida y Ash la señaló.
—¡Si, sí, así mismo!
—¡Ash! —volvió a protestar.
—Pero a pesar de todo eso —alzó un poco la voz para que Misty le prestara atención—, siempre estás a mi lado dándome valor y ánimos para que yo pueda continuar. No te diré que no me sorprendió cuando me di cuenta que eras la chica tras las rosas, pero por otro lado, me sentía feliz de que pese a tu porte tan a la defensiva y tan poco demostrativa, si tenías escondido ese lado amable que tan bien me hizo.
—¿De verdad?
—Cada palabra de aquellas tarjetas me hicieron la persona tan segura de sí misma que ves frente a ti. Y por eso mismo, puedo asegurarte que aunque no hubieras estados tras las rosas, te hubiera elegido a ti, siempre.
—Bueno —vio como Ash levantó las manos para atraparle las de ellas—, es lo positivo, ¿no? —comentó con una mueca.
—¡Es lo mejor! —volvió a abrazarla y luego se separó de ella con una enorme sonrisa— Entonces, ¿acepta cenar conmigo?
—Pues —lo pensó por un par de segundo—, si tengo hambre…
—¡Genial! —dio un aplauso y volvió a sonreír— Cenemos mientras pienso como puedo hacerte pagar por el engaño —le informó subiendo los escalones de las gradas.
—¡¿No fue suficiente hacerme realizar este torneo?! —se quejó Misty.
—No —dijo Ash como si fuera la cosa más obvia del mundo—, si hubiera sido castigo suficiente, hubieras explotado y no tendríamos que haber llegado a este extremo —Misty bajó la mirada resignada a las palabras de Ash— ¡¿Viste?! —continuó él emocionado— ¡Al fin te deje sin palabras!
—Es solo que me tomaste por sorpresa —exclamó para tratar de liberarse de la burla del moreno.
—Supongo que eso es bueno —la miró con una sonrisa y bajó un par de escalones para quedar a la altura de la pelirroja—, digo, no siempre puedes sorprender a Misty, ¿verdad?
—Y te ves muy feliz por eso —gruñó ésta.
—¿Cómo no ser feliz? —le preguntó ampliando mucho más la sonrisa— Al fin el misterio más grande de mi vida ha acabado y para mi suerte, ha acabado mejor de lo que imaginaba.
—Supongo que con esto cerramos el misterio de la rosa azul —Misty miró su peluca— y a su vez ya no tendré que enviarte más rosas.
—Ah no —Ash se separó de ella protestando— ¿Primero me das tu renuncia y ahora me quitas las rosas? Ah no señorita, así no —Misty lo miró aún más confundida, Ash estaba empezándole a dar miedo— ¡Usted no se va a librar de mí tan fácilmente y no quiero librarme de ti! Así que quiero seguir recibiendo mis rosas todas las veces que las necesite y más encima, ahora entregadas en mano por ti misma.
Una nueva sonrisa contagió a Misty quien también sonrió abrazando al moreno con fuerza.
—Todas y cada una de las rosas que tiña de azul serán para ti —le prometió abrazándose al cuello de Ash—, siempre.
