¡Hola! Les traigo una nueva actualización de esta historia :D Para el próximo capítulo se vendrá la acción. Y para el subsiguiente... Uf... Ese se viene de alto impacto.
Espero que lo disfruten :D
Capítulo 2: "A falta de un nombre… Zoe es la respuesta."
Annabeth llegó a la enfermería. A simple vista parecía una cabaña más del campamento. Pero, en su interior, habían cientos de maquinarias de última tecnología creadas por los hijos de Hefesto. Un estante lleno de ambrosía para sanar las heridas de los semidioses. Y un pabellón para operaciones que, gracias a los dioses, no han tenido la necesidad de utilizar.
La chica de ojos tormentosos vio a Percy al final del pasillo. Su polera naranja del campamento estaba teñida color escarlata. Al igual que sus brazos.
- ¿Percy? -Urgió Annabeth al joven de cabello azabache.
El rostro del chico era una mezcla de preocupación y resignación. Sin embargo, al escuchar la voz de Annabeth, cambió rápidamente su expresión con una sonrisa.
De la habitación del frente salieron Quirón, Will y Nico. El rostro de los tres mostraba asombro y preocupación.
- He conocido a millones de semidioses a lo largo de mi vida. Hijos de casi todos los dioses y titanes. -Dijo el centauro con rostro de estar solucionando la ecuación más difícil del mundo. -Sin embargo, es la primera vez que veo a alguien que…
- Sino lo hubiese visto, no lo creo. -Exclamó el hijo de Apolo. - ¡¿Qué clase de semidiosa sobrevive de una caída, a quién sabe cuántos metros desde el cielo, y se regenera por completo en cinco minutos?! ¡Cinco minutos! Huesos rotos, cortes y una profunda herida en la cabeza. Todo sin la más mínima pisca de ambrosía.
- Ni siquiera los dioses sanan tan rápido. -Dijo Nico. -Es primera vez que veo a alguien a quien la mismísima muerte le teme.
- ¡Esperen un momento! Tiempo… -Dijo Percy colocando sus manos del mismo modo que un entrenador de futbol americano pide tiempo fuera. - ¿Qué está pasando? ¿La chica se encuentra bien?
- Está, incluso, mejor que yo. -Declaró Will con unas hojas de oficio en sus manos. - Había perdido mucha sangre, tenía hemorragias prácticamente en cada órgano. Tenía piernas y brazos con múltiples fracturas. Su corazón estaba colapsando y tenía un enorme agujero en su cabeza. Entre muchas otras complicaciones. -El joven miró a su novio con preocupación. – Decidí ir por Ambrosía. Pensé qué si no podría salvarla pues, al menos, serviría para sanar las heridas más visibles. Para que su cuerpo no luciera tan mal. -Se encogió de hombros. -Asique dejé a Nico cuidando de ella por un momento. Cuando volví…
- Nos dimos cuenta que sus heridas se estaban cerrando. Los huesos volvían a la normalidad y sus signos vitales estaban mejorando a una velocidad increíble. -Completó el pálido hijo de Hades.
- Decidí no administrarle ambrosía. -Dijo Will. -No era necesario y podría haber afectado su… Extraña habilidad.
- Ella iba a morir. Debía morir. -Dijo Nico. - ¿Quién rayos es?
- Tal vez no es semidiosa. Puede ser una diosa… -Percy miró sus brazos.
- Sangra, sesos de alga. Y no Icor. -Dijo Annabeth. -No puede ser una diosa, ni titán, ni un monstruo.
- Es sangre tipo O. -Dijo Will revisando otra vez sus hojas. -Y parece bastante humana. Pero dudo que existan humanos que se regeneren en cinco minutos de una gran caída.
- ¿Entonces es una especie de semidiosa súper way? -Dijo Percy pensativo.
- ¿Podemos verla? -Preguntó una curiosa Annabeth.
- Claro. -Dijo Will entrando otra vez a la habitación.
Percy y Annabeth quedaron boquiabiertos. La chica que habían visto en el cráter humeante y a la que tenían en frente, lucían totalmente diferentes.
- ¡Hola chicos! -Dijo Piper quien cepillaba el larguísimo cabello dorado de la joven inconsciente.
- Cierto. -Dijo Will llevándose su mano sobre su ondulada cabellera rubia. -Piper me pidió entrar como hace diez minutos.
- La pobre podría despertar asustada. No dejaría que, lo primero que viera, fuera un atuendo roto y ensangrentado. Su cabello hecho un asco. Y con su cuerpo lleno de tierra, uvas y sangre seca. -Dijo la hija de Afrodita con orgullo de su trabajo.
- Es… Es hermosa. -Dijo un impactado y levemente sonrojado Percy.
Annabeth le arrojó al joven una mirada asesina. Tal como su madre les lanzaba a sus enemigos antes de acabar con ellos.
- Digo… Es hermosa, pero no tanto como tú, claro. -Dijo con una sonrisa nerviosa.
- Hombres… -Murmuró Piper.
La joven de ojos tormentosos rodó sus ojos con hastío. Sin embargo, su novio tenía razón. La desconocida se veía realmente hermosa encima de la cama.
Piper le había puesto una polera naranja, justo de su medida, del campamento mestizo y unos jeans negros. Le soltó el cabello, deshaciéndose de ese extraño peinado de conejo. En su lugar, dejó la larga y levemente ondulada cabellera rubia suelta. Salvo por un mechón, el cual trenzó y amarró con plumas azules.
La hija de Afrodita también la maquilló perfectamente. Sin abuzar con las sombras ni con la base. En conclusión, hizo un trabajo perfecto.
- Asombroso. -Reconoció Annabeth a regañadientes.
- Piper, los demás insisten en que la chica debe llevar unos aros de perla. Pero yo insisto que sus aros deben ser de las mismas plumas que tiene en el cabello. – Dijo Jean Pierrot con los brazos cruzados.
El chico de catorce años había llegado hace unos días al campamento. Su cabello era castaño y muy rizado. Sus ojos eran como dos enormes esmeraldas y su tez era morena. Afrodita se tardó sólo una hora en reconocerlo como su hijo.
- ¿A caso toda la cabaña de Afrodita está en campaña de experimentar con la recién llegada? -Exclamó Annabeth extrañada. La chica, por los años que lleva dentro del campamento, ha visto llegar a cientos de semidioses. Pero era la primera vez que veía a los hijos de Afrodita preocupados, a su peculiar manera, por una.
- Así es. -Dijo Piper con alegría. -Llegué a la cabaña en busca de ropa limpia, y antes de darme cuenta, todos los miembros de esta cabaña estábamos discutiendo sobre el atuendo, el peinado y el maquillaje más adecuado para ella. Además de planear una bienvenida adecuada y la mejor forma para explicarle qué es el campamento. Ya sabes, todo para que se sienta cómoda.
- ¡Pero existe un video que explica muy bien que es el campamento mestizo! -Exclamó Annabeth.
- Está muy obsoleto. -Dijo Jean. -Por los dioses, Quirón lleva un horrible atuendo de principio de los treinta. No queremos traumar a la chica.
- Si… He pensado en grabar otro. -Dijo el centauro pateando levemente el suelo.
Annabeth iba a seguir hablando, pero no pudo. La chica caída del cielo había despertado.
Todos quedaron en silencio. Piper terminó la trenza y se alejó unos pasos de ella.
La chica desconocida miró al rededor y sus ojos azules se posaron en Quirón. Pero no parecía asustada ni extrañada de ver a un centauro en frente de ella.
- ¿Dónde estoy? ¿Quiénes son ustedes? -Dijo la chica con un extraño acento. Estaba levemente agitada e intentó sentarse en el catre. Lo cual consiguió al segundo intento
- Buenas… Tardes. -Dijo el centauro, mirando su reloj. -Me llamo Quirón. Soy el director de actividades del campamento mestizo.
- Yo me llamo Perseus Jackson. Pero todos me llaman Percy… O sesos de alga, o Aquaman. -Quedó pensativo. -El de allá es Nico Di Agelo, el de allá es Will, tu médico. Los que están a tu lado son Piper y Jean. Y quien me mira con rostro de asesina es mi novia, Annabeth.
- Buenas tardes. -Dijo la joven más relajada.
- ¿De dónde eres? ¿Cómo llegaste al campamento? ¿Conoces a tu padre o madre divino? -Preguntó Annabeth sedienta de respuestas.
La chica arrugó el ceño. Quedó en silencio un tiempo. Parecía intentar analizar con suma concentración cada pregunta de Annabeth.
- Yo… -Murmuró la joven tratando de llevar al límite cada neurona de su cerebro. -No sé… -Dijo al fin. -No recuerdo nada. -Confesó mirando a todos con angustia.
Todos se miraron con nerviosismo. Un semidiós que llega con amnesia no es una buena señal.
- Tranquila. -Dijo Percy con tono comprensivo. -Como alguien que tuvo amnesia creo poder ayudarte. Primero trata de no desgastarte queriendo recordar. Te agotarás y te dolerá la cabeza. Tarde o temprano comenzarás a recordar. ¿Está bien?
La chica lo miró fijamente y asintió.
- Bien, ¿qué es lo último que recuerdas? -Prosiguió el joven de ojos verdes.
- Oscuridad… Mucha oscuridad. -Respondió. – Y unos gritos… Es todo.
- Bien… ¿No recuerdas tu nombre o el de alguna persona conocida?
- No.
- ¿Tienes a alguien?
- Percy, ella no… -Dijo Annabeth, pero fue interrumpida rápidamente por el joven.
- ¿Hay alguien que en este preciso momento debe estar recorriendo el mundo buscándote? ¿Alguien a quién le juraste amor eterno y que estarías dispuesta a dar tu vida por ese alguien? ¿Alguien que es tu luz que ilumina cada día, por muy horrible que sea? Alguien… -Percy guardó silencio.
Los azulados ojos de la chica estaban cristalizados mientras unas pocas lágrimas caían de sus mejillas descontroladamente. La joven llevó sus manos a su rostro.
- No entiendo… -Miró a todos. -Sigo sin recordar nada, pero… Algo oprime mi pecho si lo hiciera…
Todos miraron a Percy. El joven héroe parecía avergonzado por la atención.
- La memoria es una cosa. Tal vez puedan drenar todos los recuerdos que guardas en tu cabeza. Amigos, cumpleaños, acontecimientos importantes. Pero hay dos cosas que no olvidas. Una cosa son las habilidades que aprendiste. Saber luchar con espadas, controlar los líquidos de la Tierra. Supongo porque son habilidades físicas o deben almacenarse en otra parte de la mente. Qué se yo. Y la otra cosa… -Miró a Annabeth quien lo veía con asombro. – Que jamás te podrán arrebatar, sin importar cuantas veces te dejen como pizarra en blanco, son las personas a las que amas. Porque ellas no forman parte de tu cabeza. Forman parte de tu corazón.
Jean estalló en llanto y Annabeth tampoco pudo aguantar la emoción por las palabras de Percy.
- Supongo que tu memoria fue limpiada con el mejor producto "mata memoria" de los dioses. Tal vez se les pasó la dosis y cayó algo en tu corazón. Eso explica que no recuerdes a tus seres amados. -Percy quedó pensativo. – Pero, si fue así, debes amarlos mucho para que aun puedas sentirlo o sentirlos en tu interior.
Quirón tosió un poco.
- Lamento interrumpir este momento. Pero todos ustedes deben volver a sus actividades regulares. Recuerden que dentro de unos días tendremos otro juego de captura la bandera. -El centauro miró a la chica nueva con dulzura. - ¿Cómo te sientes?
- Muy bien. Salvo por lo de mi memoria… A todo esto, ¿qué me pasó?
- Me alegro que ya te sientas bien. Significa que no tendrás problemas para acomodarte en las actividades que realiza el campamento.
- No, ¿qué actividades?
Todos comenzaron a dejar la habitación, pero Quirón detuvo a Annabeth.
- Uff… Es una larguísima historia. Y creo que una hija de Atenea es la más indicada para contarte sobre este lugar, qué hacemos y por qué los jóvenes con sus habilidades llegan acá. Además, Annabeth sabe tanto cómo yo, por qué estás en la enfermería del campamento.
- ¡¿Qué?! -Exclamó Annabeth.
- Yo debo hablar con el señor D. -Dijo Quirón. -Además, ella debe escoger un arma. Y tú sabes ayudar a los semidioses a escoger el arma adecuada. Por último, -el centauro se inclinó y le susurró al oído. -Tengo la impresión de que no te agrada, tal vez, si charlas con ella a solas, puedas generar mejores relaciones con ella.
- ¡Pero!, Quirón… -Protestó la chica de ojos tormentosos.
El centauro la vio y sonrió.
- ¿No mueres por curiosidad por saber quién puede ser la madre o padre divino de ella?
Ambas miraron a Quirón.
- Annabeth, tú conoces a los dioses. Pueden tardar días o semanas en reconocer a sus hijos. Incluso puede que ya la reconociera antes y no lo vuelva a hacer sólo porque perdiera la memoria. Son seres muy ocupados para reconocer dos veces a sus hijos. ¿No te emocionaría llevarla a las diversas cabañas del campamento, ver como entrena e interactúa con cada semidiós? Ir viendo y calculando que otras habilidades posee además de regenerarse a una velocidad increíble.
- Yo… -Annabeth dudó. Quirón conocía muy bien una de sus mayores debilidades. La necesidad de conocimiento. -Bien. La llevaré a escoger arma, visitar las cabañas, los establos y los campos de entrenamiento. Y le explicaré qué es el campamento mestizo, qué son los semidioses y todas las cosas que se supone que explica el director de actividades del campamento y el estúpido video que prácticamente ningún semidiós actual ha visto.
- ¡Excelente! -Dijo Quirón con una amplia sonrisa mientras abandonaba el cuarto de enfermería.
La desconocida caída del cielo se acercó a Annabeth y le sonrió.
- Bien, como sabes, me llamo Annabeth. Annabeth Chase. -La joven se cruzó de brazos. -Y seré una especie de guía y concejera hasta que un dios te declare como su hija. – Annabeth miró a la chica. Quien parecía ansiosa por comenzar. -Primero lo primero. Necesitas un nombre. No te puedo decir "la chica esa" de por vida.
- ¡Genial! Eh… ¿Qué nombre tendré?
- No sé… -Annabeth examinó a la joven risueña. -Son pésima con los nombres. Pero creo que, como burlaste a la muerte al llegar de la forma en que llegaste, te llamaré… Zoe. Lo cual, en griego significa…
-Vida. -Dijo la recién llegada.
- ¿Cómo sabes eso? -Preguntó Annabeth en griego antiguo.
- No tengo ni idea. -Le respondió la joven en el mismo idioma.
- Claro, tu… Tu memoria, se me olvidaba. -Dijo en latín. Al menos eso cree que dijo. Con Quirón y Jason había aprendido un poco. No tanto como griego antiguo.
Entonces, la recién llamada Zoe comenzó a hablar a un ritmo increíblemente fluido, latín.
- ¡Alto! -Dijo Annabeth en su idioma natal. - ¿Hablas griego antiguo y latín? ¿Cuántos otros idiomas sabes?
La rubia de ojos azules quedó asombrada.
- ¿Hablé en otros idiomas?
- No sé ni para qué me molesto en preguntar. - Annabeth rodó sus ojos. – Bueno, conocimiento en lenguas. Eso es una habilidad de todos los dioses. Supongo que todos ganaron un punto como posibles padres tuyos. -La joven suspiró. -Esto será un largo día.
