¡Aquí está el segundo capítulo! Sé que por ahora no hay muertes, pero así como en la primera historia no necesitaba una base, en esta creo que era necesario. Y además, me encanta explorar a Jeremy y su locura y, sobre todo, su relación con su padre. A partir de, no sé si el siguiente o el cuarto, ya iremos matando a todo el mundo...

DISCLAIMER: Los personajes (excepto Jeremy) no me pertenecen, son propiedad de la CW.

#PALABRAS: 1,842.

VARIABLE USADA: Emociones y Pecados − Alegría / Ira.


EL JINETE SIN CABEZA Y LA NOVIA CADÁVER


CAPÍTULO II

RECONSTRUYENDO A BONNIE BENNETT

Kai comprobó la lista una última vez. La enorme lista de cosas que le hacían falta para el proyecto "Reconstruyendo a Bonnie Bennett" le había parecido imposible de lograr al principio. Por suerte, tanto su hijo como él mismo tenían muy buenos contactos que habían facilitado la tarea bastante. Y así, todos los ingredientes necesarios para emplear el hechizo que Kai llevaba años preparando estaban ahora frente a él, colocados en distintos recipientes en la encimera de la cocina. Si los ingredientes no fueran tan extraños, podría parecer un cocinero a punto de preparar algo para un programa de televisión.

Tras él, sobre la isla, el cuerpo de Bonnie Bennett había sido depositado boca arriba con cuidado. Aquella mañana, Kai se había levantado temprano, y mientras que Jeremy todavía dormía, había dado un baño a su esposa. Después, la había depilado, perfumado y vestido con un vestido que le había costado el sueldo de casi todo un año. Ahora, el cadáver de Bonnie estaba más hermoso que nunca, y Kai se autofelicitó al ver el gran trabajo que había hecho.

La cabeza de la chica todavía no había llegado. Kai había mandado a Jeremy a buscarla, y el chico, emocionado porque su padre le dejara cogerla por primera vez, había salido corriendo hasta la habitación de sus padres. Kai suspiró, y comenzó a trabajar.

Mezcló distintas hierbas en un bol algo más grande, al que le echó también agua hirviendo. Cogió también una chocolatina del armario. Tenía hambre. Mientras que terminaba de mezclar los primeros ingredientes, Jeremy apareció en la cocina. Dejó la cabeza de su madre con cuidado en la mesa, y se sentó a su lado, observando todo lo que había a su alrededor con una alegría no contenida.

Uno de los motivos por los que la resurrección de Bonnie había sucedido con tanta prisa había sido la insistencia de Jeremy. Desde pequeño, cada Navidad, en su carta a Papa Noel, pedía tener a una madre. Un año, Kai había traído a otra mujer a casa, tras haberla convencido mediante magia de que era su esposa y la madre de Jeremy. Al niño no le había sentado bien que aquella mujer quisiera ser su madre. Por eso, durante la última noche del año, su casa ardió. Incendio doméstico, dijeron los periódicos. Ni Jeremy ni su padre lo contradijeron. Fue tan solo un incendio doméstico con consecuencias terribles, como la muerte de la que había sido pareja de Kai por un corto periodo de tiempo. Después de aquello, la familia Parker-Bennett se mudó a otra casa, y el asunto estuvo pronto olvidado.

−¿Falta mucho? –preguntó el chico. Kai no contestó, se limitó a dirigirle una severa mirada. Jeremy bajó la cabeza, avergonzado. Siempre había sido muy impaciente, y su padre siempre había tenido que reprenderlo por ello−. Lo siento.

−¿Tienes hambre? –preguntó Kai, dándole un mordisco a su chocolatina−. No has comido casi nada del desayuno. Si quieres, tienes tallarines en el frigorífico.

−No, no tengo hambre. ¿Necesitas algo? –Kai negó con la cabeza mientras que añadía el contenido de un pequeño frasco a la mezcla en la que ya había estado trabajando−. Creo que voy a ir a dar un paseo con Ty. Volveré pronto.

−No te preocupes por perderte el gran momento. Me queda bastante.

Jeremy asintió, y se marchó. Kai siguió trabajando.

Empezó a tararear una vieja canción mientras que se acercaba al cadáver con un gran cuchillo de cocina. Cortó un pequeño trozo de piel del cuello de Bonnie, y volvió a su sitio. Roció el trozo de piel con savia de verbena. Seguidamente, la roció también con un poco de savia de acónito, y la echó al bol en el que estaban el resto de ingredientes. Gracias a las dos plantas, Bonnie estaría muy bien protegida contra vampiros y licántropos. Ya tendría tiempo de agradecerle cuando pudiera hablar.

Llevaba ya varios minutos trabajando sin parar cuando llamaron a la puerta. Kai sabía que no era Jeremy, pues él nunca se olvidaba las llaves e, incluso si lo hiciera, sabía que había un repuesto escondido en el columpio del porche. Así que debía ser otra persona; un vecino, probablemente. Kai suspiró, sabiendo que debía ir a abrir. Murmuró un hechizo de encubrimiento para tapar el cadáver de su esposa, y después de asegurarse de no estar manchado de nada (chocolate, savia o sangre), se dirigió a la puerta.

−Buenos días, Kai –saludó un hombre mayor al otro lado de la puerta. El señor Stone, su vecino de enfrente, era un hombre insufrible. Siempre quería que pasaran tiempo juntos, y Kai odiaba aquello. Lo odiaba a él.

−Buenos días, Matthew. ¿Qué tal tus nietos?

−Dormidos. ¿Te lo puedes creer? Con el día tan bonito que hace…

−Sí, lo cierto es que hoy hace muy buen día. Jeremy ya lo ha aprovechado y ha salido con el perro. ¿Cómo es que tú no te has marchado al pueblo, o incluso a la playa?

−Precisamente para eso he venido. Amanda y yo hemos pensado que tú y Jeremy podríais pasaros por casa para comer. Y podéis traer al perro también. Estoy seguro de que a los niños les encantará.

−Nos encantaría, pero lo cierto es que yo estoy muy ocupado, y dudo que Jeremy vuelva a casa hasta bastante tarde.

−Una pena. Bueno, ya sabes que siempre puedes pasarte por casa, sin avisar. Amanda siempre está encantada de tener a alguien más en casa, y yo aprecio tener a algún hombre más…

Kai sonreía, aunque había bloqueado lo que el hombre le estaba diciendo. En el fondo, la ira lo estaba a punto de dominar. El brujo cerró las manos en puños, y se preparó para lanzar un hechizo del que luego se arrepentiría. Abrió la boca, dispuesto a pronunciar el hechizo, cuando repentinamente, Matthew cayó al suelo frente a él, inconsciente. Tras él estaba Jeremy, con un jarrón roto en la mano. Su padre sonrió orgulloso al ver que el jarrón era uno de los que tenían los Stone al lado de la puerta. Se habría enfadado mucho si hubiera roto alguno de los muchos jarrones que Kai se había dedicado a coleccionar a lo largo de los años.

−¿Cuándo crees que despertará? –preguntó Jeremy, soltando el jarrón y pasando por encima del cuerpo del hombre.

−Ni idea. Con suerte, nunca –Kai murmuró un hechizo de encubrimiento que ocultó el cuerpo frente a su casa y cerró la puerta−. Necesito que bajes al sótano, Jer. Acabo de darme cuenta de que he olvidado la cinta aislante.

−¿Cómo se te ha olvidado lo más importante?

El chico no esperó una respuesta, y se dirigió al sótano. Kai volvió a la cocina, y se sirvió una copa de vino, asegurándose de dejar otra preparada para Bonnie cuando se despertara. Ya faltaba poco.

Kai cogió la mezcla en la que había estado trabajando durante toda la mañana. Ya solo quedaban unos pocos detalles, el toque personal de Kai. Lo primero fue un poco de belladona. Meses atrás, al brujo se le había ocurrido que, con un poco de magia negra, podría hacer de Bonnie una criatura incluso más peligrosa de lo que había sido en vida. Y entonces, se le había ocurrido lo de la belladona. Una planta venenosa que, una vez estuviera en su interior, no solo la haría inmune a todos sus síntomas (siendo el más importante la muerte), sino que también la haría capaz de producir esos efectos en los demás. Kai anotó mentalmente aquello como el segundo motivo por el cual Bonnie debería agradecerle una vez que resucitara.

Por último, tenía que firmar. Cuando él había resucitado, no había podido presumir de su gran trabajo con nadie, puesto que no podía contárselo a nadie. A nadie que estuviera vivo, al menos. Así que, ahora que había hecho un trabajo todavía mejor con su esposa, pensaba aprovechar la fama que ello le daría. Porque pensaba presumir, por supuesto que lo haría. Contactaría a todos los seres sobrenaturales a los que conocía, y les enseñaría su obra.

La firma era una tontería de la que Bonnie nunca se enteraría a no ser que él se lo dijera. Con un bisturí, Kai observó el cuello de la mujer, y empezó a cortar. Había aprendido a tallar en madera y en piedra (la variedad de cursos culturales de aquel lugar era sorprendente), pero tallar en carne le resultaba algo más complicado. Y no era por falta de práctica. A decir verdad, la mayoría de los desaparecidos que había habido en el pueblo en los últimos meses habían sido culpa suya.

Tras casi tres minutos de trabajo, Kai se alejó unos pasos para observar su obra. En una caligrafía perfecta, las palabras Kai Parker decoraban el cuello de Bonnie. También había dibujado un corazón bajo su nombre, para expresar el gran amor que habían sentido y que siempre sentirían el uno por el otro.

−Papá, con todo mi respeto, pero eso es raro hasta para ti –comentó Jeremy con el ceño fruncido. Observaba el cuello de su madre fijamente.

−Tú no lo entiendes, Jer. Tu cabeza está constantemente pegada a tu cuello. Si algún día la pierdes, firmaré en ti al reconstruirte también.

−Estaré seguro de dejar escrito en mi testamento que no se puede usar mi cuerpo como un lienzo, entonces –comentó el chico, sonriendo. Su padre le devolvió la sonrisa−. ¿Qué te queda por hacer?

−Aplicar todo. Tráeme la belladona, ¿quieres? Y ten cuidado, es venenosa.

Kai cogió la mezcla de la encimera, y empezó a aplicarla sobre el cuello de Bonnie, asegurándose de no tapar su firma. Luego hizo lo mismo con la parte del cuello que había bajo su cabeza. Lo cierto era que la mezcla en la que había estado trabajando no era más que un hechizo de unión, que no uniría la cabeza con el cuerpo físicamente, sino fisiológicamente. Así, su cuerpo podría funcionar como si estuviera unido, aunque en realidad no lo estaría. Kai sospechaba que era algo así lo que le había pasado a él, pero no estaba seguro, puesto que él había resucitado por sí mismo, tras haber poseído su propio cuerpo.

Jeremy le pasó la belladona. Kai la echó en un mortero, y la molió hasta que era poco más que polvo. Luego, murmuró un hechizo y la echó en el cuello de Bonnie. Ahora, solo faltaba unir cabeza con cuerpo y murmurar unas últimas palabras. Padre e hijo trabajaron juntos durante casi media hora para conseguir un resultado perfecto. Finalmente, con Jeremy sentado en la mesa del comedor, lo suficientemente lejos como para huir si algo salía mal pero lo suficientemente cerca como para acercarse a su madre cuando abriera los ojos; y con Kai colocando una mano sobre la frente de Bonnie y la otra sobre su corazón, el brujo empezó a cantar.

Phesmatos exaud mi, conjug spiritis et corpe. Phesmatos exaud mi, conjug spirits et corpe.

Siguió cantando durante lo que parecieron horas. Finalmente, cuando el brujo se sentía ya débil y tuvo que detenerse, Bonnie Bennett abrió los ojos.