¡He vuelto! O eso creo, al menos. He tardado en volver a ponerme con esta historia por una serie de circunstancias. No tenía tiempo, ni inspiración, ni un teclado que funcionara como debía. Así que tenía que escribir o a mano o en el móvil. Y no me apetecía mucho, la verdad. Pero ahora parece que mi portátil vuelve a funcionar como debería, así que es bastante probable que siga escribiendo pronto. Y ya pronto vienen las muertes. Y me da la impresión de que, al menos una de ellas, va a ser muy violenta y sanguinolienta. Aunque todavía no he pensado en cómo hacerla tan [M].
Siento que este capítulo sea algo más corto que los demás, pero no había otro modo de acabar el capítulo. Me parece que las bofetadas van a ser parte importante de la relación Bonkai en este fic.
DISCLAIMER: Los personajes (excepto Jeremy) no me pertenecen, son propiedad de la CW.
#PALABRAS: 1,491.
VARIABLE USADA: ninguna.
EL JINETE SIN CABEZA Y LA NOVIA CADÁVER
CAPÍTULO III
CONVERSACIONES FAMILIARES
Jeremy Gilbert observaba en silencio a su madre. No comprendía que estuviera tan seria. Tras haber vuelto de entre los muertos y haberse reencontrado con su marido y su hijo, el chico había esperado que sonriera, que llorara, que los abrazara. Cualquier cosa, excepto lo que realmente había sucedido. En cuanto hubo abierto los ojos, Bonnie Bennett se levantó de la encimera en la que había estado y, de una bofetada, le había arrancado la cabeza a su marido. Y después se había sentado a beberse su copa de vino y a comer parte de las sobras del día anterior.
Kai se había enfadado, Jeremy lo había notado en su expresión, pero no había dicho nada. Se había recolocado la cabeza y había salido de la cocina, probablemente con intención de relajarse para no matar de nuevo a su esposa. Jeremy habría ido detrás de su padre si no se hubiera sentido tan intrigado por su madre. Así que, en cambio, se había quedado en su sitio, sentado en una silla, y la había observado por más de media hora.
−La última vez que te vi no sabías andar siquiera –comentó la mujer, por primera vez mirando a su hijo. Jeremy sintió repentinamente que tenía que sentarse más recto, más formal.
−La última vez que te vi… no lo recuerdo –Bonnie sonrió al escuchar las palabras del niño, y Jeremy respiró hondo. Aquella era la primera vez que su madre había sonreído−. ¿Cómo estás?
−No lo sé, me siento rara. Y no sé a qué viene esto.
−¿A qué viene qué?
−Que tu padre me haya traído de vuelta. Pensaba que matarnos a mí y a mis amigos era su gran objetivo en esta vida.
−Creo que te echaba de menos. Y además… yo se lo pedí. Varias veces.
−Y por supuesto papi siempre se asegura de darle todo lo que quiere a su niño.
−He dado a tu hijo una educación inmejorable, Bonster −intervino Kai, de nuevo en la cocina con la cabeza bien colocada sobre los hombros−. No deberías criticarme. No es sencillo ser un padre soltero.
−Tú te lo buscaste al asesinar a la madre.
Kai y Bonnie se miraron fijamente durante lo que parecieron minutos. Jeremy se sentía algo fuera de la conversación, y hubiera querido intervenir, intentar que sus padres no discutieran cuando la familia había acabado de reencontrarse, pero no sabía cómo hacerlo sin acabar él también dentro de la disputa. Así que optó por tomar el camino fácil. Se levantó de la silla y se marchó de la cocina para ir en busca de Ty. Todo el mundo adora a los perros. Jer dudaba que Bonnie pudiera seguir enfadada mucho rato después de conocer al tranquilo y agradable perro de su hijo.
Lo encontró en el porche, husmeando el cuerpo oculto de Matthew. El niño sonrió, y a duras penas logró separar a su mascota de su nuevo entretenimiento. Lo metió dentro de la casa y, tras acariciarle suavemente el lomo, ambos se encaminaron a la cocina de nuevo.
Ambos adultos se miraban en silencio, aunque la tensión ya no era tan palpable. Ahora simplemente parecía observarse mutuamente, que era lo que Jeremy hubiera esperado. Que dos personas que se amaran se miraran el uno al otro tras años separados era digno de una película romántica.
−Mira, mamá, este es Tyler. Mi perro.
Bonnie miró al perro con una gran sonrisa. Se acercó y lo acarició mientras que dirigía otra sonrisa a su marido, que se la devolvió con un guiño.
−Un nombre apropiado, ¿verdad? −preguntó Kai, acercándose él también y colocando una mano en la parte baja de la espalda de Bonnie−. En cuanto lo vi, supe que aquel sería su nombre.
−Lo cierto es que le pega, sí. Kai, ¿podemos hablar a solas un momento?
−Por supuesto. Todo por mi encantadora esposa −contestó el brujo mientras que, con una sola mirada, echaba a su hijo de la habitación.
El niño suspiró y se acercó a la puerta del jardín. Antes de salir, silbó. Tyler, que normalmente siempre lo seguía a todas partes, por lo visto había decidido que Bonnie sería una mejor compañía que él. El perro, que parecía acabar de darse cuenta de que había ofendido a su dueño, caminó hasta él con la cabeza gacha. Jeremy rodó los ojos y salió de la casa. No se iría muy lejos. Todo lo que sus padres tenían que decirse era importante. Sobre todo porque, si todo iba como el chico pensaba, aquella conversación cambiaría drásticamente sus modos de vida.
−¿Por qué, Kai? ¿De qué te sirve traerme de vuelta? Ya no me necesitas.
−Que no te necesite no significa que no te quiera a mi lado, Bon. Te maté porque tenía que hacerlo. Si no lo hice tras aquella maravillosa cita que tuvimos hace años fue porque no me sentía capaz en aquel momento. Y tardé años en sentirme capaz. No entiendes lo duro que fue para mí atreverme a hacerte daño.
Bonnie no supo si aquellas palabras lo convertían en un pretendiente ideal o en un gilipollas.
−Me diste los suficientes golpes antes de matarme como para que yo no tenga ninguna duda de que lo disfrutaste. ¿Me equivoco?
−Puede que no. Pero eso no significa que no quiera estar contigo ahora, Bon. Y tengo grandes planes para nuestra vida juntos a partir de ahora. Empezaremos con un viaje en familia. Se me había ocurrido un crucero por el Caribe. O por el Mediterráneo. Tú puedes elegir el mar que quieras. Luego creo que deberíamos mudarnos a Europa. Londres, Amsterdam... El plan todavía está a medio terminar, pero te haces una idea. Y luego...
−Quiero ir a Nueva Orleans −interrumpió la chica.
Kai se había quedado con la boca abierte, con el discurso a medias. La cerró, y ladeó la cabeza, meditando las palabras de su esposa. A lo largo de su matrimonio, la chica en ningún momento había expresado ningún deseo de visitar la capital de Luisiana; a decir verdad, ni siquiera se había acercado a aquella zona del país. Entonces... ¿qué explicaba que se sintiera tan inclinada a hacerlo ahora?
−Quiero ir a Nueva Orleans y matar a Klaus Mikaelson, Kai.
−¿En serio? ¿Ese es tu primer gran objetivo tras volver de entre los muertos? ¿No quieres pasar una noche de pasión con tu marido, ni subir al Everest, ni llevar a tu hijo a Disney World...?
−Tengo que matarlo. Es... es en lo único en lo que he podido pensar durante todos estos años.
−Bonnie, cariño, creo que tenemos que ir a que te vea un psicólogo. No sé si lo sabes, pero cuando uno está muerto no piensa en nada.
−No me jodas, Malachai. Sabes que mi muerte no fue normal.
El brujo sonrió. No, no lo había sido. Durante los meses anteriores a su gran plan de asesinato de su mujer, Kai había estado administrándole pequeñas dosis de varias pociones creadas gracias al poder conjunto de los grimorios Bennett y Parker. Pociones que habían asegurado que el alma de Bonnie no abandonara su cuerpo, y que tras tantos años habían ayudado a resucitarla.
Kai sabía que todo lo que había hecho con su esposa hacía que pareciera que la usaba como sujeto de experimentos, pero para él Bonnie era mucho más aparte de su conejillo de indias. No hacía aquellas cosas simplemente por experimentar, sino porque realmente quería que estuviera a salvo, que volviera a la vida, y que fuera incluso más fuerte que antes. Lo cual ya era mucho.
−Y yo que pensaba que durante todos estos años solo serías capaz de pensar en mí...
−No te preocupes, de vez en cuando también me acordaba de ti −la sonrisa de Kai se amplió al oír aquello−. Me acordaba de todo el daño que me habías hecho, y entonces pensaba en las infinitas maneras en las que me gustaría herirte para luego matarte y dejar tu alma encerrada dentro de tu cuerpo. Solo que yo luego no me sentiría para nada inclinada a resucitarte.
−Gracias, Bon. Yo también te quiero.
−Llévame, por favor. Te prometo que, después de que lo haya matado, nos iremos de crucero. O a Disney. A donde quieras.
−¿Y te portarás bien? ¿Serás una buena chica?
La chica lo fulminó con la mirada. Kai sabía dónde atacar, cómo hacer para molestarla. Y disfrutaba haciéndolo.
−Sí, seré buena. Siempre que tú no seas... inapropiado.
−Soy un santo, Bonnie. Tú no conoces al nuevo Kai Parker. Los vecinos me adoran −Kai sonrió. Y luego su sonrisa se congeló−. ¡Jer! ¿Puedes arrastrar al señor Stone hasta el jardín? No podemos arriesgarnos a que despierte y tener un fantasma por el barrio.
−¿Qué le has hecho? −preguntó Bonnie temerosa.
−Yo nada. Tu hijo le ha partido un jarrón en la cabeza. ¿No te sientes orgullosa?
La bofetada que Bonnie le dio resonó en toda la casa. Al menos, esta vez no le había arrancado la cabeza.
