¡Hola! Como ven, las actualizaciones serán tan seguidas como lo fueron antes de que mi computador muriera :D Ahora sí va a comenzar la acción. Para el próximo capítulo comenzarán las grandes batallas, revelaciones, secretos y mucha, mucha destrucción y desmadre 3 Como siempre, espero que se conecten con la historia mientras lean y que la disfruten mucho. ¡Nos leemos pronto!

Capítulo 6: "No lo olviden: Semidioses, los imanes de monstruos".

Annabeth comenzó a maldecir en griego antiguo. Maldecía la hora en que se le ocurrió decirle a Zoe que escondiera la enorme y pesada espada, que sólo ella podía manipular con facilidad, en su cama.

Para su mala suerte, la rubia aún debía rodear la casa grande y caminar un par de varios metros antes de, siquiera, divisar la cueva donde se reuniría con Rachel y Zoe.

¿Había un camino más corto? Por supuesto. Sin embargo, aunque era tentador tomar ese camino, Annabeth sabía que era el más peligroso.

Arrastrando la pesada espada con ambas manos y una abultada mochila en la espalda, la rubia se sentía cualquier cosa, menos una heroica semidiosa. No pudo evitar pensar en Hera y como se estaría riendo al verla a través de algún canal de Hefesto TV.

- En las cercanías de Nueva Roma también se presentó un espectáculo de luces. -Dijo Quirón con claro tono de preocupación.

Annabeth se detuvo en seco al oír al viejo centauro. Gracias a los dioses, él se encontraba lo suficientemente lejos y concentrado para no verla. Y el enorme lodazal del lugar, evitó que la espada sonara al ser tirada sin querer.

- ¿Dime que no cayó un semidiós en las cosechas de Baco? - Dijo un suplicante señor D.

- No… Pero dicen que vieron una especie de nubarrón negro caer. Pero sin dejar rastro.

- Suertudos. -Murmuró el Señor D. Bebiendo una lata de Diet Soda.

- El conejo de corazón roto volverá del mismo modo que desapareció. Viejos asuntos, el Olimpo deberá pagar. -Recitó Quirón mientras miraba la enorme luna que iluminaba la noche.

- ¿Una profecía? -Preguntó el señor D. sin mucho interés por el asunto.

- Me parece que es el primer verso de una. -Pensó Quirón. -Ella se lo dijo a Rachel en el campamento Nueva Roma.

- ¿Quién? -Preguntó el señor D. Arrojando a la basura su lata vacía de Diet Soda. - ¿Por qué no se lo dijiste a los campistas?

- Ella, la novia de Tyson. La Arpía con una gran memoria.

- Ah… -Balbuceó el dios de camisa Hawaiana sin interés.

- No quería que se preocuparan. Habíamos recién terminado con la guerra. Además, no iba dirigido a nadie.

- Pero…

- El conejo de corazón roto… -Suspiró el viejo centauro. Moviendo la cabeza de un lado a otro en negación. -No me hagas caso. Es imposible.

- Já… Si me pagaran cada vez que alguien dice esa frase. -En fin. Iré a preguntarles a los sátiros si el suelo donde aterrizó la chica sigue siendo fértil.

- Son las doce y media de la noche, señor D. -Observó Quirón.

- ¿Y? -El dios desapareció dejando un fuerte olor a uva en el lugar.

Annabeth apresuró el paso. Ya era muy tarde, pero no dejaba de pensar en ese verso de recitó Quirón.

Zoe se colgó la espada en su espalda. Mientras ella y Rachel escuchaban atentamente la historia de Annabeth.

- ¿Puede ser que la espada de Zoe sea sólo un trozo de una profecía mayor? -Preguntó la chica de ojos tormentosos.

- No creo que haya más versos. -Pensó Rachel. -La profecía parece estar completa ahora.

- ¿El conejo? -Preguntó Zoe.

- Si… Quirón parecía preocupado por "el conejo de corazón roto"

- Me pregunto quién será… -Pensó Rachel en voz alta.

Annabeth miró a Zoe. Quien por primera vez desde que la conoció, se veía intranquila.

- ¿Tú sabes quién puede ser? -Le preguntó Annabeth.

La rubia de ojos azules quedó pensativa. Realmente estaba haciendo un esfuerzo por recordar. "El conejo de corazón roto". Sabía que había escuchado eso en alguna parte. Alguna vez. Hace mucho tiempo.

- No lo sé… -Dijo al fin. -Me resulta familiar esa profecía, pero no sé de dónde.

- Tal vez la viste alguna vez. Al igual que Ella. -Dijo Rachel con una dulce sonrisa. -Deberíamos ir con los magos egipcios. Ya quiero conocerlos y hacerles muchas preguntas. -La pelirroja chasqueó sus dedos con satisfacción. -Tal vez ellos sepan quién es el conejo. -Dijo con orgullo ante su propia deducción. -Si gran parte de la profecía está escrita en jeroglíficos, puede que ese conejo del que hablan sea una deidad de ellos que chocó con el mundo griego antiguo y ahora busca venganza.

- Si, hay que ir ahora y dejar de especular. -Dijo Annabeth mientras sacaba el mapa que llevaba en su mochila. -Trataremos de evitar los lugares cerrados o con poca gente. -Murmuraba mientras tachaba con una "X" los lugares de peligro. -Definitivamente, no iremos en metro. Lo más seguro y rápido será ir en autobús. Será un camino complicado desde el campamento hasta Brooklyn.

- ¡¿De Long Island a Brooklyn?! ¿Qué tal si vamos por el laberinto de Dédalos? -Propuso Rachel. Queriendo destruir de plano de viajar tan lejos en autobús. -Ya no está lleno de trampas mortales o monstruos y si no me equivoco, una de las salidas nos debería dejar justo en el centro de Brooklyn.

- Pero… -Annabeth miró a Zoe.

- Descuida. -Dijo Rachel cerrando un ojo. -Conmigo dentro en el laberinto, llegaremos sin perdernos.

- Ok. -Convino Annabeth, guardando el mapa. -Espero que aún funcione eso del nombre secreto.

- ¿El qué? -Preguntó Zoe con asombro.

- Nuestra única forma de comunicación con ellos. -Dijo la chica de ojos tormentosos.

Annabeth cerró los ojos y se concentró en el nombre secreto de Sadie Kane. El cual la joven chica le confío para derrotan al enemigo de ese entonces.

No sabía ni siquiera si aquello del nombre funcionara de esa manera. Pero… ¿Qué otra opción había?

"¡Hola! -Pensó Annabeth. - ¿Me recuerdas? Soy la chica que luchó con ese monstruo en el metro con la mochila. A quien le diste su varita… Pues verás, tengo un serio asunto que creo que debemos conversar. Estaremos en el centro de Brooklyn en unas horas. Es de suma importancia reunirnos".

- ¿Telepatía? -Dijo Zoe con asombro. - ¡Que cool!

- Será "cool" si funciona. -Confesó Annabeth.

- Este universo se parece mucho al nuestro. -Dijo Minako, quien prefirió al igual que sus compañeras, quitarse su transformación para mezclarse con las demás personas.

- La versión del siglo XXI de nuestro universo. -Concordó Galaxia.

- ¿Qué hora es? -Preguntó Haruka.

- No lo sé… Acá no funcionan nuestros relojes. -Dijo Rei.

- Bien, supongo que debe ser tarde. Debido a que ya es de noche. Busquemos algún lugar donde descansar y mañana comenzaremos nuestra misión. -Sentenció Galaxia.

- San Francisco, California. -Dijo Michiru, apuntando con su espejo de manos al enorme cartel que daba la bienvenida a la ciudad.

- Hay mucha energía en este lugar. -Pensó Rei en voz alta. -No sabría decir si es maligna o no…

- Hay que estar alertas mientras busquemos hospedaje. -Dijo Minako.

- Querido amigo, Tártaro. -Dijo Caos con voz de ultratumba.

- Caos. Ya me extrañaba que no aparecieras. -Dijo el señor de los monstruos con tono burlón.

- Lamento mi ausencia. Al parecer, ese otro ser del que te comenté ha sido vencido por unos niños. -Suspiró. Lo cual es inquietante para una masa de energía compuesta por tinieblas. -Las noticias vuelan en tu universo, Tártaro.

- ¿Significa que seremos sólo nosotros los que desarrollaremos tu peculiar plan?

- Es obvio que no. He pensado en otro ser… Un dios sediento de poder y que nos podría ser útil… Pero eso lo veremos más adelante. ¿Cómo te ha ido con tus encargos?

- He enviado a mis mejores hijos tras tu mayor enemigo, Caos. Y les he ordenado buscar esos fragmentos del portal.

- Excelente. Debemos capturar a Cosmos ahora que debe estar débil. Para evitar que nos produzca problemas más adelante.

Las tres salieron sin problemas del laberinto. Annabeth estaba feliz que, por primera vez en un viaje, no se toparan con monstruos sedientos de sangre de semidioses.

- Te lo dije. -Dijo Rachel con orgullo.

Caminaron hasta llegar a la plaza principal del lugar. Era un lugar grande, lleno de estatuas de bronce y árboles. En el centro, había una fuente de agua blanca como el mármol… O lo sería sino fuera por los rayones que tenía. Sin embargo, Annabeth no pudo dejar de pensar en cómo sería una cita con Percy en ese lugar. En una noche tan calmada…

De pronto, un grito sacó a la chica de ojos tormentosos de su sueño. Rachel había sido acorralada por cuatro Yale azules y Zoe movía su pesada espada como relámpago para evitar que una docena de Escila la agarrara.

- ¡Que deliciosas se ven! -Gritó una de las Escilas. La cual parecía ser la líder. Mientras las cabezas de los perros que la conformaban se saboreaban.

- ¡Pero no las podemos comer! -Gritó una segunda de las Escilas con tristeza.

- Tártaro dijo que sólo quería a la que olía a otro mundo. ¡Las demás no les debe importar! Esas serán nuestros bocadillos. -Gritó la primera.

- ¡Qué inteligente eres! -Grito una tercera. Mientras las que quedaban aún vivas le siguieron con aplausos y gritos de felicidad.

- ¿Qué rayos son? -Dijo Zoe mientras le daba una estocada a la que tenía más cerca. La cual, lejos de morir, simplemente se ponía a reír. - ¡¿Qué quieren?!

- Somos unas hermosas Escilas -Dijo la aparente líder. -Y te queremos a ti, pequeña escurridiza.

Annabeth se apresuró a colocarse detrás de la estatua de bronce de un jinete. Al parecer no había sido vista por el enemigo. Lo cual era bueno. Tenía tiempo de planear una estrategia de ataque y salvar a Zoe y Rachel… Si tan sólo pudiera tener una idea o algo.

Eran… Bueno, gracias a Zoe, eran ahora seis Escilas y Cuatro gordos y flatulentos Yale. Eran demasiado para una semidiosa, un oráculo capaz y una chica amnésica.

¿Cómo poder derrotarlos sin ser devoradas, secuestradas o asesinadas por las flatulencias?