¡WARNING!: No apto para lectores sensibles. En serio. Dos hojas de word de tortura no son pocas.
He tardado mucho en actualizar, y lo siento. Pero he hecho lo que puedo. Mi teclado es un hijo de ... y no le da la gana de funcionar, así que no es culpa mía que haya podido escribir tan poco hasta hoy. Culpad a Toshiba. O a Origin. Cada vez que pongo cualquier juego de Origin me empieza a fallar el teclado.
No creo que todas las muertes sean tan largas como esta, pero quién sabe. Mi creatividad psicópata a veces no tiene límites.
DISCLAIMER: Los personajes (excepto Jeremy) no me pertenecen, son propiedad de la CW.
#PALABRAS: 2,956.
VARIABLE USADA: Rating - M.
EL JINETE SIN CABEZA Y LA NOVIA CADÁVER
CAPÍTULO V
FREYA MIKAELSON
Era una locura. Davina no podía creerse que estuviera a punto de hacer lo que Kai le había propuesto. Pero ahí estaba, frente a un muy caro apartamento a las afueras de Nueva Orleans. Lo suficientemente cerca de las casas al lado de las plantaciones, pero no lo suficiente como para suscitar sospechas. Freya Mikaelson no era estúpida.
A su lado estaban el niño, Jeremy; y su perro, Tyler. Davina no había querido que nadie la acompañara en aquella primera fase del plan, pero Kai había insistido. Y, tras un corto vistazo a su antebrazo todavía herido, la mujer no tuvo más remedio que aceptar. Por mucho que quisiera negarlo, aquel hombre la asustaba. La aterraba. Al igual que toda su familia. ¿Por qué había aceptado ayudarlos en su macabro plan? Tal vez ella también se estuviera volviendo loca.
Davina llamó al timbre. Nadie se acercó a abrirlo, ella lo sabía, pues si alguien se hubiera acercado a la puerta, Tyler habría hecho algo. Al fin y al cabo, era un perro; ¿no era eso lo que hacían?. Volvió a llamar. Esa vez, unos pasos sonaron al otro lado de la puerta, unos tacones de aguja caminando lentamente. La mujer suspiró, y después...
Se vio volando por los aires. Jeremy, que hasta entonces había estado tranquilo y en silencio, le había hecho un placaje digno de un jugador de fútbol americano; el niño, para su edad y complexión delgada, tenía mucha fuerza.
−¿Qué se supone que haces, maldito niño?
−¿Es que no te has dado cuenta? −Jeremy la miró como si fuera tonta−. ¿Estás segura de que eres una bruja?
Davina quiso abofetear al niño.
−Has estado de ser atravesada por una bala, "bruja".
Las comillas le dolieron, pero no dejó que el niño lo notara. No le daría el gusto. Ni a él ni al perro, que parecía sonreír con la lengua afuera. Davina lo fulminó con la mirada, y repentinamente se sintió tonta. ¿Qué estaba haciendo, enfurruñándose con un niño y una mascota?
Davina se levantó, y volvió a dirigirse a la puerta. En vez de usar el timbre, dio dos sonoros golpes en la puerta, y gritó.
−¡Freya, abre la puerta! Tengo que hablar contigo. Es un asunto de vida o muerte.
−¡Por si no te has dado cuenta –se oyó al otro de la puerta−, el disparo que ha estado a punto de matarte significa que no quiero verte!
−Freya, por favor. Sé que nunca hemos sido grandes amigas, pero…
−Pero nada. Siempre has querido matar a mis hermanos. ¿Por qué iba yo a querer hablar contigo?
Davina se giró hacia Jeremy, preparada ya para marcharse y dar el plan por fallido, pero el niño no estaba. La bruja miró a su alrededor, esperando ver al niño ya marchándose hacia su casa. No lo vio por ningún lado.
Un grito en el interior de la casa la sobresaltó. La voz de Freya resultó inconfundible. La voz se detuvo repentinamente, a mitad de grito. Davina se asustó, pero tan solo unos segundos después otra voz al otro lado de la puerta le ayudó a comprender lo que acababa de suceder.
−Si llamas ahora, tal vez me sienta lo suficientemente generoso como para abrirte la puerta.
Era Jeremy, obviamente. Debía haberse colado en la casa por alguna ventana, y por lo visto, también había tenido tiempo de noquear a la bruja más poderosa en vida, en un lapso de tiempo de menos de tres minutos. Davina tuvo que admitir que resultaba, como mínimo, sorprendente.
Sabiendo que Jeremy era lo suficientemente infantil como para no abrirle si no le seguía en su jueguecito, Davina volvió a accionar el timbre.
−¿Quién es? –preguntó el niño, dándole a su tono de voz un matiz infantil.
−No me jodas, niño. Abre la puerta.
−Mis papás me han dejado solo en casa, y me han dicho que no le abra la puerta a extraños. Así que tengo que asegurarme de que no eres una psicópata.
−Escúchame bien, niño. Para empezar, tú eres el psicópata, no yo. Y además, no tú eres un cabritillo ni yo el lobo feroz. ¡Así que abre la maldita puerta de una puta vez!
−Espero que si algún día tienes hijos no les hables así –comentó Jeremy abriendo la puerta−. Los niños copian todo de sus padres, ¿sabes?
−No me digas; no se me había ocurrido de dónde podías haber aprendido tú a ser como eres. Vamos. ¿Qué has hecho con Freya?
−La he atado a una silla de la cocina −Davina lo miró con el ceño fruncido−. ¿Qué pasa?
−¿Tú por alguna casualidad no serás capaz de ralentizar el tiempo o algo parecido?
−No. Soy Boy Scout. Se me dan bien los nudos.
Freya abrió los ojos bastante después. Llevaba tanto tiempo inconsciente que Kai se había empezado a temer que su hijo hubiera ido demasiado lejos con el golpe que le había dado. Pero no, aquello no era posible. Su niño estaba muy bien entrenado en todas las habilidades que en algún momento de su vida le podrían ser útiles. Él se había encargado de ello.
La mayor de los Mikaelson miró fijamente a Kai durante varios minutos. Tal vez estuviera en estado de shock. En ese caso, tendrían que ayudarla a recuperarse antes de proceder con el… plan. Pero, en realidad, Kai sabía que Freya se encontraba perfectamente. Bueno, eso sin tener en cuenta la sangre ahora seca que le apelmazaba el pelo a un lado de la cabeza. Jeremy era un niño fuerte.
−¿Te encuentras bien? ¿Necesitas algo? –preguntó el hombre con aparente interés. Freya no le dijo nada, simplemente lo fulminó con la mirada.
−¿Por qué matamos a esta? Yo ni siquiera sabía que existiera –preguntó Bonnie.
Freya pareció darse cuenta entonces de la presencia de la otra bruja, que estaba sentada en un sillón en apariencia muy cómodo. La rubia ladeó la cabeza mientras que observaba a la morena.
−Porque tenemos que empezar suave, Bon. A los que verdaderamente odias es a los otros, ¿no? –Bonnie asintió con la cabeza−. Bueno, tú nunca has matado a nadie a sangre fría (excepto a mí), así que mejor empezar practicando con alguien… prescindible.
−Vale –contestó solamente la chica.
−¿Bonnie Bennett? –preguntó Freya. Su voz sonaba ronca a causa de haber estado tanto tiempo sin hablar−. ¿Tú eres Bonnie Bennett?
Su voz sonaba incrédula. La morena se acercó a ella y la miró fijamente a los ojos. No vio en ellos nada que demostrara el gran poder de la hermana mayor de los Mikaelson. Parecía decepcionantemente normal. Mundana. Bonnie quiso dejarla vivir. No porque sintiera remordimientos, sino porque no merecía la pena. Freya Mikaelson, a pesar de ser una bruja poderosísima, no merecía la pena.
Sin embargo, las palabras de la rubia, y más que nada, el tono con el que las había dicho, la enfadó. Así que decidió seguir adelante con el plan.
−Sí, yo soy Bonnie Bennett. ¿Te sientes decepcionada? Tú también eres una gran decepción.
−No me decepcionas. Me asombras. Tal y como hablaban mis hermanos de ti, eras una buena persona siempre dispuesta a sacrificar su vida por ayudar a los demás. Y mírate, dispuesta a matar a una persona a la que ni siquiera conoces solo por su apellido.
−En realidad –intervino Kai−. Tu apellido tiene poco que ver. Ni siquiera ser quien eres te da importancia, rubia. Solo eres un entrenamiento.
Freya sonrió. Sin girarse hacia el hombre, volvió a hablar.
−Mátame si vas a matarme, Bonnie. Pero no me hagas perder el tiempo. Nada de esto merece la pena –la rubia se calló, pero poco después volvió a hablar−. ¿Qué le habéis hecho a Davina? Ella nunca habría ayudado a… lo que sea que estéis planeando por sí sola.
−En realidad, fue idea suya.
Bonnie sonrió al ver la confusión en la expresión de la otra chica. Aquello, le había explicado Kai, era la primera fase de la tortura: confundir a la víctima, lo suficiente como para que empezara a dudar incluso de sí misma. Eran los pequeños detalles los que lograrían que una gran mentira se convirtiera en una verdad para ella.
−Davina acudió a nosotros. Había oído hablar de lo que ocurrió hace unos años con los Salvatore –por suerte, Davina estaba en la otra habitación. Bonnie estaba segura de que su plan no le habría gustado nada−. Quiere resucitar a Kol, pero sobre todo, quiere veros muertos a vosotros. No puede evitar culparos por su segunda muerte.
−¿Quieres saber una pequeña anécdota? –comentó Kai, con una amplia sonrisa−. Fue el exnovio de Bonnie el culpable de la primera muerte, junto con su hermana-guión-prima. Todo queda en familia.
−Deja las anécdotas para alguien que vaya a tener cerebro con el que recordarlas en los siguientes minutos.
−Bien, Bonster. Estás aprendiendo.
Davina observaba fijamente a Tyler, que a su vez parecía mirarla también. La ponía nerviosa. A cada pocos minutos, la mujer no podía evitar dirigir una mirada a su antebrazo todavía destrozado. Aquello no sanaría bien. Nunca volvería a funcionarle como debería. Y el culpable de aquello estaba en aquel momento justo frente a ella.
Jeremy soltó una carcajada.
−¿Tienes miedo? –se acercó al perro, que acudió a él al momento y le lamió la mano que el niño le tendía−. Es bueno siempre que yo se lo pido. Así que no te preocupes. Mientras que cumplas con tu parte del trato, todo irá bien.
Kai salió de la habitación en la que tenían encerrada a Freya. Sonrió al ver a su hijo, pero no le hizo mucho caso mientras que se dirigía a la cocina. Allí, cogió varios cuchillos y tenedores, y luego volvió a dirigirse a la habitación.
−¿Puedo entrar? –preguntó Jeremy.
−No creo que tu madre te deje. Pero sí que podréis aparecer después. Nuestra nueva amiga –Kai se acercó a Davina y la rodeó con un brazo. La mano con los cuchillos estaba peligrosamente cerca de su cuello− tiene que aprender cómo se hace todo.
−Si necesitas mi ayuda o a Tyler…
−Te lo diré, Jer. Tranquilo.
Kai volvió a marcharse. Davina miró al niño, algo confundida. Jeremy miró su ceño fruncido y habló.
−¿Qué pasa?
−¿Haces caso a tu padre?
−Claro –Jeremy la miró como si no entendiera algo muy básico. La hizo arrepentirse de haber preguntado−. Soy un niño normal y corriente. Hago caso a mis padres, saco a pasear al perro…
−Y matas a los vecinos que te molestan.
−Sí, eso es. Soy un hijo modelo.
Kai tenía que admitir que Freya estaba aguantando bastante bien. Los brazos de la bruja estaban ahora llenos de cortes horizontales, desde las muñecas casi hasta los hombros. Su piel había desaparecido, y en algunos lugares las heridas llegaban hasta el suelo. Era un espectáculo bastante grotesco. Y todavía no había lanzado un solo grito.
Al menos, Bonnie estaba probando tener un talento natural para la tortura. Kai tuvo que admitir para sí mismo que, si no supiera que estaba de su parte, le asustaría. Y con toda razón. De pie frente a la cama, con un gran cuchillo jamonero en la mano y una sonrisa digna del mayor psicópata, Bonnie tenía un aspecto terrorífico.
Pero todo debía terminar. Ya casi estaba anocheciendo, y tan solo habían ejecutado las primeras dos fases de su maléfico plan. Así que debían continuar.
−Bon, querida, ¿por qué no vas en busca de Jer y Tyler?
−Porque no soy tu criada. Ve tú. Déjame que haga un par de cortes más mientras que vas a por ellos.
Ignorándolo por completo a partir de ese momento, Bonnie cambió de cuchillo, decidiéndose por un cuchillo de sierra más pequeño. Lo acercó a la herida del brazo derecho de Freya que llegaba hasta el hueso, y hundió la punta del cuchillo. Lo movió alrededor haciendo el agujero más grande. Observó la carne al descubierto de la rubia con expresión interesada; parecía un científico en un laboratorio, prestando atención a cada posible aspecto de su sujeto de experimentos.
Y luego empezó a serrar. El hueso comenzó a astillarse bajo el ataque de la chica, y fue entonces cuando Freya empezó a gritar. Y fue entonces, también, cuando Kai se dio cuenta de que lo sucedido había afectado a Bonnie más de lo que había querido admitir anteriormente… ¡Aquella nueva Bonnie era mucho mejor!
−Atención, Bonster, aquí viene la parte de la tortura favorita de tu hijo. Supongo que querrás conocer sus aficiones.
−Estás en lo cierto.
−Pues empecemos. ¡Jer, ya puedes traer a Ty!
Jer entró en la habitación tan solo dos segundos después, con el perro siguiéndole los talones. Unos pasos por detrás venía Davina, mucho más cautelosa. Cuando vio a Freya, reprimió el impulso de gritar. Ni siquiera podía comprender cómo seguía viva. Sus dos brazos estaban completamente destrozados, y sangraba de una herida en una de sus mejillas. Minutos antes, la morena había escuchado sus gritos, pero siguiendo el consejo de Jeremy, no se había atrevido a interrumpir la tortura.
−Ya sabes qué hacer –dijo Kai sin siquiera mirar a su hijo. Sin embargo, este, dándose por aludido, sonrió, y dio un corto silbido mientras que señalaba a la moribunda bruja−. Prestad todos mucha atención.
El perro se acercó lentamente a la rubia. Se subió en la cama, hasta que la cabeza del can quedó a la misma altura que la de la chica. Entonces, sacó la lengua y le lamió la herida de la mejilla. Freya no hizo ningún gesto. Ty lamió cada una de las heridas del brazo izquierdo de Freya, desde el hombro hasta la mano, casi con cariño. Todos los asistentes observaban al perro con una mezcla de nervios e incomodidad.
Y entonces el perro empezó a comer. Se comió primero el dedo meñique, primero arrancando la uña con las garras para lanzarlas al suelo. Luego, falange por falange, masticando bien cada trozo de carne que conseguía arrancar, se comió el fino dedo. Freya gritaba y lloraba, pero nadie hizo ningún intento por detener al perro, que fue comiéndose todos sus dedos.
Luego pasó a comerse la palma de la mano, arrancando primero la piel y luego la carne que había debajo. Conforme iba comiendo, los huesos de la chica se iban acumulando en el suelo junto a la cama. Davina quiso marcharse, pero antes de poder hacerlo notó que una mano se lo impedía. Era Jeremy, que para asegurarse de que no escapara cerró la puerta de la habitación con llave. La bruja morena, sin poder resistir más la situación, y tras escuchar la suave risa de Bonnie, vomitó todo lo que había comido aquel día sobre la moqueta.
El proceso lento continuó por el brazo hasta el hombro. Ahí, el perro se detuvo un buen rato lamiendo el húmero hasta dejarlo totalmente limpio. Luego volvió a quedarse mirando a la bruja, girando la cabeza a un lado. Parecía sonreír. Y luego hizo lo mismo con el otro brazo.
Minutos después, Freya dejó de gritar. No porque no sufriera, porque arrancarle los dos brazos a alguien debe ser muy doloroso. Kai, que sabía lo que se sentía cuando a alguien le arrancaban una parte importante de su cuerpo, lo entendía. La rubia dejó de gritar porque no tenía aliento con el que hacerlo. Había gritado demasiado. Así que, a partir de entonces, cuando ya solo le quedaba medio brazo, se limitó a llorar en silencio.
Cuando finalmente se quedó sin brazos, Tyler volvió a colocarse sobre ella y le lamió las lágrimas con aparente cuidado. Pero las lágrimas no dejaban de salir, así que, finalmente, el can desistió.
−¿No te parece un proceso intrigante? –preguntó Kai a Davina, que había vuelto a ponerse verde.
−¿Por qué no se ha muerto todavía? Estoy segura de que ha perdido sangre suficiente como para hacerlo.
−Porque yo le estoy haciendo transfusiones mágicas. ¿A que soy bueno?
Davina volvió a vomitar, y quiso volver a marcharse.
−Por favor, dejad que me vaya. Accedí a trabajar con vosotros, pero yo no tengo por qué ver esto. Yo solo quiero resucitar a Kol.
−Espera, que ya falta poco. Jeremy, saca a Tyler de aquí, por favor.
−Pero todavía tiene piernas –Jer miró a su padre con el ceño fruncido−. ¿Estás seguro?
−Sí. Quiero que tu madre la mate, y si dejo que lo haga Ty, esta lección no habrá servido para nada.
Así que Jeremy abrió temporalmente la puerta para que el perro saliera de la habitación. Después, Kai se dirigió a su esposa y le susurró algo al oído, algo que ni el niño ni la bruja oyeron. Davina se sentía extremadamente débil. Apenas pudo alejarse de sus propios vómitos antes de caer al suelo de rodillas. Se colocó en posición fetal y cerró los ojos, intentando olvidar todo lo que había visto aquella tarde. No lo logró, y sus pensamientos se llenaron de imágenes incluso más macabras que las que había visto en realidad. Así que volvió a abrirlos, y se resignó a ver lo que vendría a continuación.
No tuvo que esperar mucho. Bonnie miró fijamente a Freya durante unos segundos, y repentinamente, la rubia quedó paralizada. Parecía que le hubiera dado algún ataque, puesto que dejó de respirar, y sus ojos se tornaron aterrados. La morena sonrió viendo el efecto de sus "poderes venenosos", como Kai los llamaba.
La trajo de vuelta cuando estuvo a punto de morir. Y lo volvió a hacer. Y otra vez. Y otra. Así hasta diez veces. Luego, cogiendo el cuchillo más terrorífico que había en el surtido que Kai había traído, se lo clavó a la bruja en el ojo derecho. Freya Mikaelson murió en silencio, sin brazos y con la cara llena de lágrimas, babas de perro y sangre.
Jeremy sonrió antes de hablar.
−Precioso.
