Hola! Quiero dar gracias a quienes leyeron y dejaron un review :D la verdad es que no tenia expectativas, asi es que fue un agradable inicio. Tan agradable que me dieron ganas de escribir de inmediato el segundo capitulo :D! Es mas largo que el primero, y como podran darse cuenta, los tiempos estan mezclados. Cuando vean que esta escrito en cursiva, es pasado, podra ser de distintos tiempos, no solo de Hogwarts o de antes de Draco en Azkaban :) con letra normal es presente ok? Bueno, no digo mas, solo que por supuesto todos los personajes pertenecen a J.K. Rowling, grandiosa jaja! Muchas gracias de nuevo, y a disfrutar!


Capitulo 2

Camino tranquilo por el andén. No quería estar ahí, pero tampoco quería estar en su casa, no con tanto gentío dando vueltas. Necesitaba paz, tranquilidad por un solo día, pero eso era algo que tampoco podría encontrar en Hogwarts. Subió al tren y busco un compartimento vacío. Al menos, quizás ahí, podría encontrar aquella ansiada tranquilidad. Finalmente lo encontró. Entro, cerró la puerta y corrió la persiana. Tomo asiento y cerró los ojos cansado. Podría decir que había vivido el peor verano de toda su vida. Podría decir que habría ansiado alejarse de sus padres y de todos los mortífagos que alojaron durante 3 meses. Podría decir tantas cosas, pero ahora, justamente ahora, estaba agotado. Aspiro el aroma del tren. Pese a todo, al menos en Hogwarts estaría lejos de Voldemort. Hizo una mueca de disgusto al pensar en aquel despreciable mago, que lo único que le había enseñado en el verano, había sido a desechar las ideas de la sangre. No había sustento en sus creencias, no había razón para creerse superior, cuando lo único que había visto era locura y demencia rodeando a aquellos que se jactaban de vivir con sangre pura corriendo por sus venas. Maldijo internamente su cuna. Maldijo internamente todos esos años que había despreciado a los nacidos de muggles solo porque sus padres así le habían enseñado. Maldijo internamente haber sido un muchacho despreciable y fanfarrón. No había vuelta atrás, era lo que era, y al final de ese año sería un mortífago como su padre. El corazón se le estrujo en el centro de su pecho al pensar en todo lo que tendría que hacer. Era un muchacho soez, pero no era malo… o al menos eso creía él.

La puerta se abrió intempestivamente, obligándolo a abrir los ojos, para identificar a quien había osado interrumpir su tranquilidad. - ¿Qué haces aquí Granger? – pregunto despectivo.

-Perdón, creí que estaba vacío – la vio acercar su mano a su varita en el bolsillo de su polerón. Sonrió ante aquella acción. Granger le tenía miedo, estaba esperando el ataque. Pero hoy era su día de suerte, no tenía ganas de batallar con nadie.

-Bueno, ya ves que no está vacío – giro el rostro hacia la ventana, ignorándola. Conto unos segundos, esperando que despareciera.

Cuando volvió a mirar, la vio aun de pie en el marco de la entrada, observándolo con los ojos entrecerrados y las cejas arqueadas. Fijos sus grises ojos en el rostro de la chica. Había cambiado bastante en el verano. Su rostro era más delicado, más femenino. Se enfocó en sus labios. ¿Siempre había tenido los labios tan apetitosos? ¿Tan rosados? Bajo con sus ojos, y sorpresivamente se dio cuenta que no era la misma niña de los años anteriores, sosa y aburrida. Había curvas en su cuerpo, como toda una mujer. Pechos llenos, cintura estrecha y caderas amplias. Sonrió. La vio removerse incomoda. Había notado el recorrido de sus ojos.

- ¿Por qué sigues aquí? –

- Yo… - sus ojos se encontraron por primera vez. No pudo evitar el choque eléctrico que recorrió a su cuerpo, y como su corazón salto en su pecho. Intento controlar su respiración. Antes de que pudiera decir nada, la vio desparecer cerrando la puerta.

Aguanto la respiración, sin despegar la mirada de la puerta. Boto el aire pesadamente, volviendo su mirada a la ventana. El tren había empezado el recorrido por los campos. Volvió a cerrar los ojos, dejándose llevar por el vaivén, embriagándose del aroma del vagón… ¿siempre había olido a rosas?


La soltó bruscamente. Sintió asco al ver a la mujer frente a él. De pronto, ya no era Hermione Granger, ya no era la mujer de la que se había enamorado. De pronto, era una desconocida que había entregado a su hijo a algún desconocido, quien sabe dónde. Las lágrimas no podían dejar de salir de sus ojos. Iba a morir sin conocer a su hijo.

- ¿Hiciste qué? – la mujer lo miraba con temor. Temblaba de pies a cabeza, no paraba de llorar y se movía sobre un punto fijo.

- Draco… -

-No me llames Draco, no… no tienes derecho – cualquier vestigio de corazón, yacía encallado en su pecho, destruido. No había nada que pudiera hacerlo latir, nada ni nadie.

- Tienes que escucharme – sollozaba, intentando formular las palabras.

- ¡Que quieres decirme! ¡Qué vas a decirme que pueda cambiar lo que has hecho! ¡NADA! – sentía angustia. Si había pensado que el dolor más poderoso había sido el de perderla, ahora entendía que siempre podía ser peor.

- Por favor, no es como tú crees que pasaron las cosas – la vio enderezarse, con aquella postura de creerse superior a todos a su alrededor. Su aire de sabelotodo insufrible, con su nariz apuntando al techo. Merlín, como la odiaba en ese momento.

- ¿Y cómo fue que pasaron Granger? ¿Qué fue lo que te llevo a entregar a mi hijo en adopción? – ya no caían lágrimas. Ya había pasado la etapa de tristeza, solo le quedaba la ira acumulada en su interior, clamando por salir. Tomo asiento en la silla donde tantas veces había estado. Con un ademan de su mano, la invito a tomar asiento frente a él. – Explícame entonces, habla de una condenada vez –

La vio dudar, pero finalmente tomo asiento frente a él. Tenía los ojos rojos e hinchados. Sorbeteaba su nariz de vez en cuando. Afirmo las manos sobre la mesa, y comenzó a mover los dedos, ansiosa. -Habla, maldita sea –

-Si te dijera… - alzo los ojos hasta encontrarse con los suyos. Si, su corazón podía latir, ella podía hacerlo latir. – Si te dijera que puedo recuperar a… nuestro hijo, ¿me ayudarías? –

- ¿Así que de eso se trata? – más dolor. Lo estaba utilizando. Quería la información antes de que llegara el momento en que no hablaría más.

- Dijiste que si…

-Sí, dije que te daría la información si me dejabas conocerlo. Pero, ¿Cómo sabré que realmente existe este hijo? – le dolía pronunciar esas palabras. Algo en su interior le decía que sí, que era verdad. Y más dolió, cuando vio la estupefacción y el horror surcar el rostro de su amada.

- Dudas, ¿de verdad dudas? – de pronto, su rostro se transformó en un tempano de hielo. No había emoción ni expresión en aquel hermoso rostro. No había fuego en aquellos ojos. No había nada en ella. Estaba tan vacía y quebrada como él.

- Te daré lo que necesitas, pero necesitas hablar ahí fuera y pedir más tiempo para mí –

- Ya lo he hecho – sorpresa. -Ahora habla –

-No, habla tu primero. Quiero saber que paso, y luego tendrás todo lo que necesitas – la vio cerrar los ojos, dudando.

Abrió sus orbes marrones, y con calma le entrego su varita. - ¿Qué es esto? – ella lo miro sorprendida y rio. Su risa… aquella melodía dulce que calmaba cada tormenta en su interior. Se agitó, y nuevas lagrimas se agolparon en sus ojos.

-Es una varita Malfoy – sin poder evitarlo, una ronca risa salió de su boca también. Después de eso, solo silencio. Se miraron en absoluto silencio, reconociéndose. Con temor, tomo el suave palo de madera, y se sacudió ante el contacto. Hacía dos años que había perdido su varita. Hacía dos años que había dejado de sentir la magia fluir en su interior. -Usa legeremancia –

La miro estupefacto. - ¿Estás segura?

-Sí, hazlo. No quiero que pienses que puedo mentirte –

-Eres buena en oclumancia, y sabes modificar recuerdos – no quería dudar. Pero necesitaba absoluta certeza de lo que estaba pasando.

- Entonces, ¿Qué quieres maldita sea? – aquellas pálidas mejillas se tiñeron de color.

-Solo… solo habla. Confió en ti – otra fisura a su corazón. Confiaba en ella, aun cuando lo había traicionado dos años antes. Confiaba en ella.

Ella cerro los ojos y boto el aire pesadamente. Cuando los abrió, el dolor que había en ellos le atravesó el pecho…


Habían pasado 2 meses desde aquella aciaga noche en que había entregado a Draco. El solo pensar en él hacía que su pecho se volviera increíblemente estrecho, y su corazón se sintiera apretado, casi imposibilitado de latir. Había sido el momento más doloroso de su vida. Había sido el momento en que se había quebrado su alma y había perdido todo. Lo había perdido a él. Nuevas lagrimas se agolparon en sus ojos, amenazando con salir. Pero tenía que resistir. No podía quebrarse en frente de todos.

- Hermione, ¿has tenido algún avance? – pregunto Remus frente a ella.

- ¿Avance? – había perdido el hilo de la conversación.

- Acerca de los Horrocruxes –

- Ah, de eso. No, nada – pensar en eso, la obligaba a pensar en Draco. Él era quien tenía la información clave. No había forma de saber cuáles eran, sin alguien desde dentro.

- Hermione, querida – aquel tono condescendiente cuando alguien quiere pedir algo. Miro a la señora Weasley en la punta de la mesa. La mujer parecía nerviosa. De pronto, lo entendió. Comenzó a negar con la cabeza, mientras su corazón se aceleraba y dolía con cada quiebre, las lágrimas ya no eran detenidas y su respiración se agitaba más y más.

- No… ¡No lo hare! – se sintió furiosa y ansiosa. Comenzó a sudar y a marearse. Todo a su alrededor daba vueltas.

- Hermione, cálmate, no te pediremos hacer algo que no quieres – murmuro Tonks a su lado, acariciándole el brazo. La miro con ojos desorbitados. – Hermione… cálmate – de pronto todo a su alrededor comenzó a temblar, y antes de que Tonks pudiera reaccionar, había salido despedida al otro extremo de la cocina.

- ¡Hermione! – grito Harry a su lado. Enfoco sus ojos en su amigo, sintiendo como su cuerpo comenzaba a decaer. Se puso de pie y salió de la habitación sin mirar a nadie.

Se encerró en su cuarto y rompió a llorar. Se abalanzo sobre el pequeño escritorio, lanzando todo lo que había a su alrededor. Rompiendo cada pequeño adorno, lanzando incluso sus libros, gritando. Dolía, dolía como mil demonios y nada era capaz de calmar ese infinito sufrimiento.

La puerta se abrió, y antes de lanzar lo que tenía en su mano, cerró los ojos con fuerza. Respiro profundo, y dejó escapar el resto de lágrimas que quedaban en sus ojos. - ¿Qué quieres Harry? –

- Tonks está bien – su voz sonaba fría. Estaba molesto.

- Lo siento por eso – camino a la cama y se recostó.

- ¿Qué ha sido eso? – sintió el colchón a su lado bajar. Sintió el brazo de Harry sobre su cintura, abrazándola desde atrás. Se dejó hacer. La abrazó con fuerza, aspirando el aroma de su pelo. Apretó su cintura, acariciando la parte de su vientre que quedaba al descubierto.

- Harry – murmuro bajo. Tembló cuando la mano en su cintura comenzó a deslizarse por su cadera, en un sube y baja por su muslo.

- Tienes que controlarte… has estado alterada el último tiempo – siguió subiendo su mano hasta depositarla sobre su pecho derecho, acariciándolo brusco.

- Harry, detente – con su mano, sostuvo la mano de él, deteniendo cualquier avance. Se volteo y quedo frente a frente con su mejor amigo. Aquel que en los últimos dos meses había sido su refugio. La había apoyado en sus peores momentos, había sido su pilar cada que se desmoronaba. Pero algo había pasado. En algún momento él había dado un paso más allá del consuelo. En algún perdido momento en su memoria la había besado. Y ella había correspondido, cerrando los ojos y pensando en aquel rubio de ojos grises. Y aunque no era el, le servía para no sentirse sola por las noches. Solo eran besos y caricias, jamás algo más. No podía. No era Draco, era Harry, su mejor amigo.

- Estas exhausta, necesitas relajarte – se acercó y la beso. Cerro los ojos y frente a sus parpados cerrados, la imagen de Draco apareció vivida. No eran sus besos, no era su aroma, no era su lengua la que acariciaba la suya. No era Draco.

Harry profundizo el beso, aferrando sus manos en su cintura, apretándola hasta doler. Gimió en su boca, y él lo interpreto como si aquello fuera una sensación agradable. Volvió su mano a su pecho, estrujándolo. De pronto esas caricias eran demasiado bruscas. De pronto esas caricias distaban de ser los cálidos roces que le quitaban la cordura. De pronto esas caricias eran las de Harry Potter. De un salto salió de la cama. - ¡Basta! No quiero que vuelvas a besarme –

- Herms… -

- ¡Nada! – se acercó a la puerta y la abrió, haciéndole la muda invitación de salir. Los ojos de Harry se enfocaron en ella, y pudo evidenciar la rabia que los atravesaba.

- ¿Harías el intento de hablar con Malfoy para saber acerca de los Horrocruxes? – abrió los ojos desmesuradamente. Todo siempre se trataba de eso. De utilizarla a ella para obtener información de él.

- Solo una vez – murmuro cerrando la puerta cuando Harry estuvo del otro lado.

Tomo de su armario una bata. Necesitaba un baño. Necesitaba quitar de su cuerpo aquella sensación de suciedad. A pesar de que no estaban juntos, había pasado muy poco tiempo desde la última vez que había estado con Draco. 2 meses son demasiado poco tiempo… 2 meses… fue a su calendario y observo ansiosa. No había tachado su último periodo… no lo había tachado o no había llegado. - ¡Mierda!

Salió corriendo de su habitación, hacia la que Ginny compartía con Luna. Necesitaba quitar esa sensación de angustia. - ¡Ginny! – grito entrando. La pelirroja se encontraba recostada con su novio besándola apasionadamente. Al sentir la puerta que se abría, se separaron cual repelente.

- Hermione, demonios, golpea – chillo Zabini poniéndose de pie.

- Lo siento Blaise – murmuro roja de vergüenza. Cerro los ojos esperando que se acomodaran sus ropas. – Ginny, necesito hablar contigo urgente –

- Mi señal de Salir de aquí. Adiós, hermosa pelirroja – abrió los ojos y los vio besarse por última vez. – Adiós leona –

Cuando se quedaron solas, salto sobre la cama de Ginny con sus ojos plagados de lágrimas. - ¿Qué ocurre? –

- Necesito una de esas pociones… -

- ¿Cuál? – intrigada, la pelirroja se puso de pie y se acercó a su cómoda, donde guardaba su arsenal de pociones.

- Esa… prueba… - no salían las palabras de su boca. Si era lo que creía estaba absolutamente perdida. Ginny volteo y la miro estupefacta.

- ¿Prueba de embarazo? – demonios. Sonaba horrible así. No podía estar embarazada. Un bastardo mestizo hoy en día, estaba destinado a vivir una vida de miserias. Asintió lentamente. Mas lagrimas caían rendidas.

- Mierda Hermione. No sé si me quedan, pero por un demonio – sabía que su amiga quería lanzarse con un sermón de cómo podía haber sido tan estúpida. Pero eso era algo que ella ya sabía. No podría vivir con un pequeño mestizo. Vio a Ginny remover todo en el cajón.

- ¡Aquí! – grito volteándose con un pequeño frasco rojo en sus manos. Se la tendió en sus manos temblorosas. – Bébela y espera 5 minutos. Si tu vientre se coloca azul estas a salvo… si es rosa, estás pérdida – ambas estaban pálidas. Hermione lo bebió de un solo sorbo. Angustiada, miro a Ginny. La pelirroja, con toda su efusividad, se lanzó a abrazarla. – Cualquier cosa, sabes que puedes contar conmigo – murmuro con la voz quebrada.

Cada segundo parecía tomarse una eternidad para darle paso al siguiente. No había sentido que el tiempo pasara tan lento en su vida. Abrazada a Ginny dejo que las lágrimas hicieran de las suyas en sus marrones ojos. Sentía un dolor incomparable de pensar en un hijo de Draco Malfoy. No porque fuera Malfoy. Sino porque estaría sola y perdida. Voldemort seguía en las sombras destruyendo todo. Sin poder evitarlo llevo sus manos a su vientre. Sollozo con fuerza. Aun con todo en contra, sentía una felicidad inmensa en lo profundo de su corazón. Solo pensar en un hijo de él, en un hijo producto de aquel amor, la hacía sollozar de alegría.

2 minutos… imagino como habría sido saber que estaba embarazada en un mundo sin Voldemort. En un mundo donde podría amarse libre con Draco. ¿Cómo habría reaccionado él? ¿Habría estado feliz? Imagino su sonrisa. Imagino sus ojos brillosos. Imagino que el acariciaba su vientre. Imagino el día en que tuviera a su hijo en brazos, como una pequeña copia de su amor. Como sería el niño creciendo… imagino en los siguientes 3 minutos, toda una vida junto a Draco y su hijo. Imagino todo lo que no podría ser, porque el viviría en Azkaban, y ella tendría que huir hasta que Voldemort fuera derrotado.

- Levanta la camiseta – murmuro Ginny, quien había estado en absoluto silencio a su lado.

En su vida había sentido tanto acumulo de emociones. En su vida se había sentido tan miserable… una gran mancha ROSA descansaba sobre su vientre. Siguió llorando. No podía detenerse. No se detendría, necesitaba sacar aquella angustia de su corazón.

- Merlín, cariño – Ginny lanzo a abrazarse, pero se levantó tan rápido que la dejo con los brazos abiertos.

Salió corriendo de la habitación. Salió corriendo de la casa. Necesitaba alejarse de todo y de todos. Necesitaba asimilar todo lo que estaba pasando. Llego a un parque cerca de Grimauld Place. Se sentó en una banca y lloro. Como una niña pequeña cuando pierde su juguete favorito. Lloro como jamás había llorado en su vida. Necesitaba hablar con él, necesitaba decírselo. No podía cargar con todo sola. Cerro los ojos, y escucho su corazón crujir. Estaba perdida.

Volvió a casa entrada la noche. Todo estaba en absoluto silencio. Que agradable sensación de tranquilidad. Como desearía que su interior se sintiera del mismo modo. Pero contrario a aquello, su alma y su corazón eran una tormenta a punto de destruirlo todo. Avanzo hasta la cocina y se encontró a Remus bebiendo un vaso de whisky de fuego.

- Hermione al fin, nos tenías preocupados – se levantó y camino hasta ella, abrazándola de forma fraternal.

- Iré a hablar con Malfoy – murmuro con un sollozo ahogado. Remus la insto a tomar asiento en la silla junto a la que él estaba usando. Saco un vaso y le sirvió un poco de whisky. Hermione lo rechazo instintivamente. Ahora estaba embarazada, ahora una vida dependía de ella.

- Gracias, tenemos que hacerlo rápido – alzo su rostro para observar al hombre frente a ella.

- ¿Rápido? ¿Por qué? – de pronto toda la angustia volvió. Podía imaginar la respuesta.

- Lo han sentenciado a muerte - ¿Es posible que un corazón muera de dolor? Muerto… el moriría.

- ¿Y si entrega la información que necesitamos? – pregunto esperanzada. Quizás si lograba convencerlo.

- No importa lo que haga, lo mataran igual. Creen que es lo que se merece – bebió un sorbo de whisky y cerró los ojos deleitándose con el líquido ardiente.

- ¿Y tú que crees?

- Creo que el amor puede cambiarnos a todos – deposito su mano sobre la de ella, acariciándola. – Sé que lo que ustedes vivieron fue real Hermione, lamento como ocurrieron las cosas – más lágrimas. Quedaría seca de tanto llorar. Cerro los ojos con fuerza. Necesitaba coraje para decir lo que diría. No podía vivir con un secreto como ese. Lupin al menos parecía comprender lo que estaba pasando.

- Estoy embarazada – murmuro con un grito ahogado. Lupin detuvo la caricia y la observo con calma. Se acercó y la abrazo. En ese momento se desplomo. Su cuerpo comenzó a temblar, se sacudía descontroladamente, mientras no podía dejar de llorar.

- Tranquila, no estás sola. Solo hay una cosa… - se separó un poco, y entre la nube de lágrimas en sus ojos, vio el rostro compungido de Remus. – No le digas a Malfoy, solo provocaras más dolor –

- Tengo que decirle, es su hijo –

-Sí, pero va a morir, no merece morir sabiendo que jamás conocerá a su hijo – se levantó y lleno un vaso con agua. Se lo tendió y con manos temblorosas lo recibió.

- No puedo vivir sin decirle que tendremos un hijo. ¿Cómo le diré a mi hijo que su padre murió sin saber de su existencia? – comenzaba a ahogarse en sus propias lágrimas.

- No puedes criar a ese hijo Hermione… es un mestizo, es un Malfoy – su corazón latió veloz en su pecho. Respiro fuerte, y de pronto mucha rabia se acumuló en su cuerpo.

- ¡Que me estás diciendo! ¡Es mi hijo! – se levantó lanzando la silla al piso. Comenzó a dar vueltas desesperadas alrededor de la mesa.

- ¡Hermione, escucha! Piensa lo que le harán a ese niño si se enteran que existe – grito.

- ¡Huiré! ¡No me importa lo que tenga que hacer, es mi hijo! – se sentía descontrolada. Sentía que su magia se agolpaba en cada célula de su cuerpo, amenazando con destruir todo a su alrededor.

- ¡No puedes! ¡Te encontraran donde vayas! ¡Prefieres huir y ponerlos en riesgo a ambos, o ser lo suficientemente madura para reconocer que no puedes con este niño! No mientras Voldemort viva – sentencio angustiado. Pudo ver las lágrimas agolpándose en los ojos de Lupin.

Cayo rendida en el suelo. Llorando desconsolada, rumiando las palabras de Remus. Tenían sentido, pero el dolor que sentía no tenía sentido alguno. No había lógica para ella en abandonar a su hijo. No podría vivir sabiendo que, en algún lugar del mundo, su hijo no sabría de su existencia. Golpeo el piso con los puños, provocando un corte en cada uno. No había dolor más fuerte que ese, no sentía fuerzas para seguir si perdería a Draco y a su hijo. De pronto la idea de perderlo, de que él moriría la hizo vomitar.

- ¿Qué está pasando? – pregunto Molly entrando, seguida de Harry, Ron, Ginny y Blaise.

- Esta bien – sollozo refugiándose en los brazos de Blaise que había corrido a socorrerla – Solo quiero saber con quién y donde estará – miro a Remus y este asintió.


Bueno, este ha sido el segundo capitulo, que espero, como el primero, sea de su agrado. Al igual que el primer capitulo, si logramos tener buena recepcion y algun review, probablemente suba el siguiente capitulo en uno o dos dias. Espero que les haya gustado, la verdad a mi me da bastante pena el pobre de Draco aww! Nos vemos el proximo capitulo! Besos a todos quienes pasen :)