Hola otra vez! Aqui traigo otro capitulo. Gracias a quienes leyeron el anterior, y agregaron a historia a sus favoritos o followers. Es mucho mas corto que el anterior, pero trae algunas cosas que nos dejaran bastante colgados, por decir menos. En esta historia, han pasado 4 años desde que acabo Hogwarts para nuestros protagonistas, no se ha muerto Dumbledore, y Harry no sabe cuales son los Horrocruxes. Claro que todos nosotros si lo sabemos jaja, pero donde y como encontrarlos sera lo distinto :) No molesto mas, disfruten como yo disfrute escribiendo :)

La recomendacion de cancion es unsteady de x ambassadors. Deje un pequeño parentesis para que sepan en que momento queda mejor escucharla :)

Por supuesto todos los personajes perteneces a la grandisima J.K. Rowling :)


Afirmo su cabeza en sus manos sobre la mesa, cerrando los ojos con fuerza, dejando escapar las pocas lagrimas que quedaban en su interior. Había escuchado cada palabra, había sentido su interior enfriarse. Le dolía la cabeza de tanto llorar y tanto pensar. Sentía sus ojos pesados, a punto de cerrarse, a punto de ceder al dolor. La boca le sabia amarga, y la garganta seca, rasposa y dolorosa. Había aguantado las náuseas, el malestar en su estómago aumentaba conforme ella hablaba. Respiraba lento, demasiado lento. Su corazón latía de igual manera, diciéndole que estaba cansado ya, que necesitaba un respiro de tanto sufrimiento. Alzo su rostro, encontrándose con el de ella. No se veía mejor que él. Estaba con la vista fija en la mesa, acariciándose las manos, nerviosa.

Abrió la boca para hablar, pero las palabras se estancaban en su garganta. Sentía la boca pastosa. Carraspeo, llamando la atención de ella. - ¿Cuándo viniste a hablar conmigo… lo sabias ya? –

Marrón y gris se encontraron, solo demostrando el daño que había en su interior. Aunque quería cerrar los ojos, se mantuvo firme, sosteniéndole la mirada. Los ojos de ella aun parecían tener lagrimas por derramar, y dejando caer unas cuantas, asintió.

- ¡Maldita sea Granger! – grito poniéndose de pie, golpeando la mesa con fuerza, haciéndola saltar en su asiento. - ¡Por la mismísima mierda! – comenzó a dar vueltas como animal enjaulado.

- Se suponía que te habían sentenciado a muerte – susurro ella, como si aquello justificara lo que había hecho.

- Pasaron 2 años Granger, 2 malditos años donde pudiste venir y decírmelo. ¿Por qué demonios ahora? – sentía tanta furia correr por sus venas. Sentía ganas de lanzarse sobre la varita de ella y hechizarla, como tantas veces antes había hecho.

- Cada vez que intentaba venir, me detenían – jadeo entre lágrimas.

- Pudiste escaparte, pudiste venir – sus piernas comenzaron a flaquear, y antes de caer derrumbado, se afirmó en la pared, deslizándose con calma hasta el piso. Hundió su rostro en sus manos. -Era mi hijo, mi sangre… mi hijo – lloro abiertamente. No había razón para mostrarse fuerte cuando por dentro estaba absolutamente destruido.

Se sobresaltó cuando la sintió a su lado, abrazándolo con fuerza, llorando en su hombro. – Perdóname, por favor perdóname por no habértelo dicho – levanto su rostro hacia ella, tan cerca, tan apesadumbrado. Alzo su mano y acaricio aquella suave mejilla, estremeciéndose al contacto. Seguía siendo tan suave como la recordaba.

- No puedo odiarte mujer, no importa lo que hagas – con los ojos fijos en los de ella, anclados a ese mar de emociones que solo ella podía causarle, acerco su rostro, hasta que sus frentes se unieron. Humedeció sus labios, ansiando lanzarse al oasis que representaban los de ella. Pero se contuvo.

- Deberías, no debería haberte ocultado algo tan importante… ni debería haber venido aquí cuando vas a… morir – sollozo ella aferrándose más a él.

- Son reliquias… reliquias de los fundadores de Hogwarts – cerro los ojos con fuerza. Antes no le había importado dar información, total de igual manera iba a morir. Pero ahora, ahora su hijo, un mestizo, vivía en aquel mundo dirigido por el mago más oscuro de todos los tiempos. Tenía que protegerlo, y la forma que tenía en sus manos, era entregando la información para destruir a ese enfermo. Ella se separó de un salto, observándolo con los ojos entrecerrados.

- ¿Qué?

- Me escuchaste, son reliquias. La copa de Hufflepuff, la diadema de Ravenclaw, el relicario de Slytherin, la maldita serpiente… - callo antes de decir lo que sabía la destruiría.

- ¿Y? – se veía ansiosa. Veía sus ojos brillar como no lo habían hecho desde hacía muchos años.

- Tu amado Potty – escupió. Si antes lo odiaba por creerse un héroe, ahora lo odiaba por haber aprovechado la debilidad de su Hermione para intentar meterse entre sus piernas.

La joven jadeo y comenzó a llorar, negando con la cabeza. - ¿Dónde están? –

Soltó una risa sardónica. Podía decirles cuales eran, pero esa información tenía otro precio. – Solo hay una forma donde puedo ayudarte a ti y a tus amiguitos a encontrarlos – murmuro poniéndose de pie.

- ¿Cuál?

- Quiero que encuentres la forma de revocar mi sentencia de muerte – Hermione abrió sus ojos desmesuradamente. Se mordió el labio inferior nerviosa.

- No puedo hacer eso – se acercó a ella, hasta que solo quedaba un suspiro entre ellos. Aspiro su aroma a rosas otra vez, ansiando guardarlo en su memoria por siempre.

- Tu no, pero Potter si – tomo las manos de ella, acariciándole las palmas con sus pulgares, notando como se sacudía al contacto. Al parecer aun tenia aquel efecto en ella. Se atrevió acercándose un paso más. Sus alientos se mezclaban.

- Podría intentarlo – esbozo aquella clásica sonrisa torcida marca Malfoy. Que bien se sentía ser un poco como el en ese momento. – Tengo que irme Draco – no, no podía dejarla ir ahora que estaba tan cerca de sus labios, tan cerca de su corazón. Necesitaba más, no podría soportar un día más en esa prisión sin algo más de ella.

(Aqui es donde deberian escuchar la cancion!)

- No te vayas – una súplica silenciosa. Si ella se iba, él tendría que volver a esa sucia celda, donde no tenía nada más que la oportunidad de volverse loco.

- Tengo que irme, prometo hablar con Harry – antes de que se alejara de sus manos, la sostuvo fuerte, y jalándola hacia él, estampo sus labios contra los de ella. Gimió al sentir la calidez de esos pulposos labios, sintió un mareo al volver a encontrarse con aquella eléctrica sensación en su cuerpo. Ella no hizo nada, simplemente se dejó hacer. Acaricio sus labios con su lengua, pidiendo permiso. Ella abrió sus labios, dándole acceso a esa cavidad húmeda y cálida que tanto había ansiado por dos años. Por merlín, esto era el paraíso. No importaba morir si se iría con esa sensación en sus labios. Las manos pequeñas se deslizaron por su cuerpo hasta sus cabellos, largos y sucios. Solo pudo aferrarse a su cintura. Sus lenguas bailaban, festejaban el encuentro al fin, sus corazones palpitaban fuerte, retumbando en el pecho del otro con inusitada fuerza. Una lagrima se deslizo por la mejilla de ella, hasta unirse a sus labios, humedeciéndolos. Acaricio todo lo que pudo su cintura, su espalda, sus cabellos salvajes. Se separaron lentamente, sin abrir los ojos.

Cuando finalmente lo hizo, se encontró con los ojos marrones abiertos, observándolo detenidamente, saboreándose los labios. – Prométeme que harás lo imposible por sacarme de aquí – murmuro contra sus labios. No iba a morir, no importara lo que pasara, lo que tuviera que hacer, él no iba a morir ese día.

- Lo prometo – una sincera sonrisa lo abrazo por completo, dándole renovadas fuerzas.

- Busca a nuestro hijo, cuando salga de aquí, lo quiero conmigo – era una orden. La sintió removerse en sus brazos y decidió que era momento de dejarla ir.

- Volveré pronto –

Rápido se alejó de él, y salió por la puerta, desapareciendo de su vida de nuevo, dejándolo en aquel edificio antiguo, lleno de dolor, angustia y locura. Pero tenía algo a lo que aferrarse, la tenía a ella y tenía a su hijo. La luz comenzaba a verse al final del largo pasillo de sufrimiento que estaba destinado a vivir.

Toco suavemente a la puerta, esperando la invitación del otro lado. No escucho sonido alguno, así que se atrevió a entrar sin respuesta. La habitación estaba en completa oscuridad. Una vez sus ojos se acostumbraron al cambio de luz, diviso la figura de su amigo, recostado en la cama, hecho un ovillo. – Harry, ¿Estas bien?

- No quiero ver a nadie Hermione, vete – se acercó y tomo asiento junto a él. Acaricio su espalda y espero a que decidiera voltearse. Sintió que habían pasado horas, antes de que se decidiera a mirarla.

- ¿Qué pasa?

- Duele, esta maldita cicatriz duele cada vez más – recostó su cabeza en las piernas de Harry, mientras este comenzaba a acariciarle los cabellos delicadamente.

- Harry…-

- Fuiste a hablar con Malfoy, lo sé – se sintió incomoda al pensar en él. Inconscientemente llevo sus manos a sus labios, sonriendo, recordando la agradable sensación de volver a sentir esos delgados y fríos labios, estremeciendo cada célula de su cuerpo. – Y al parecer fue una buena visita –

- Tienes que ayudarme Harry – se levantó y lo miro detenidamente. Harry era el único que tenía el poder de hablar con Shacklebolt, y lograr convencerlo de revocar una sentencia que el mismo como ministro había firmado.

- No hare nada para evitar lo que ese bastardo se merece –

- Ese bastardo es el padre de mi hijo… y es quien sabe dónde se esconden los Horrocruxes – termino hablando bajo. Harry la miro con ojos amplios, abriendo y cerrando la boca.

- ¿Estás segura? – se levantó y encendió las velas que estaban en la mesa de noche. Volvió a la cama y la tomó de las manos - ¿Le dijiste la verdad?

Asintió lentamente, y de pronto toda la sensación de culpabilidad volvió a ella. Harry frunció el ceño, haciéndole la silenciosa pregunta que no quería responder – Sabe cuáles son, y donde están, pero para ayudarnos, quiere que revoquen su sentencia, y tú eres el… -

- ¿Qué le dijiste para que te ayudara? – mierda

- La verdad sobre nuestro hijo

- Si, pero ¿para que ayudarnos si de igual forma jamás podrá conocerlo? – bajo la mirada a sus manos, moviéndolas nerviosamente, tragando dificultosamente. Se mordió el labio, y un ciento de lágrimas se acumularon en sus ojos. - ¿Qué le dijiste Hermione?

Negó con la cabeza. – Prométeme que lo sacaras de ahí

El moreno frente a ella asintió y tomo sus manos de forma consoladora. Las alzó hasta sus labios y con toda la ternura, las beso – ¿Qué le dijiste?

Mas lagrimas brotaron de sus ojos, mientras su corazón se resquebrajaba aún más. Cerro los ojos, y ahogando un sollozo dijo: - Que podría encontrar a nuestro hijo, y que cuando… cuando saliera de Azkaban lo estaría esperando – sollozo fuerte y se lanzó a los brazos de su amigo.

- Hermione… ¿Por qué le mentiste de semejante manera? Aunque no me agrade, nadie merece ilusionarse con un hijo que jamás aparecerá –

- No tenía más opción Harry, no nos habría ayudado jamás, solo debe creerlo por el tiempo que necesitamos su ayuda – se odio a si misma por sonar tan fría. Harry la separo brusco de su lado, y pudo ver la decepción en sus verdes ojos.

- Eso es cruel Hermione, hasta para él… tu hijo jamás volverá, eso es algo que tú misma te encargaste de hacer – se levantó y salió de la habitación, dejándola sola con su dolor y la culpa.

No podría jamás decirle la verdad. No sabiendo que eso lo alejaría para siempre de ella. Recostándose en la cama se entregó al llanto, lo único que parecía aliviar su alma de tanto dolor y culpa. Ella misma jamás podría perdonarse.


Y eso ha sido todo por hoy :) Claramente nuestra Hermione esconde algo, ademas no parece ser la niña buena y correcta de siempre, si quiere usar a nuestro Draco asi, no puede ser buena. ¿Que habra pasado con nuestro pequeño Malfoy? Se aceptan sugerencias de ideas :) Nos vemos en el proximo capitulo, y espero que quienes pasen a leer, dejen su comentario, siempre ayudan a mejorar la historia :)