Hooooola a todos! Este es el segundo capítulo del especial. Si no has visto el anterior, mírate el capítulo 40 antes de seguir. En este flashback, los personajes que aparecen serían creados por moi, no hay algún personaje que pertenezca a alguna de las series del crossover (o sí? (Risas)). Por ello, se podría decir que es una especie de historia original, así que espero que os guste. Y sin más demora, que comience el capítulo!

Capítulo 41: La verdad oculta

CONTINUACIÓN DEL FLASHBACK

Habían pasado ya cinco años desde que Seguru y Shizuka se habían largado de la mansión de Rokuzo. Los dos se casaron un par de años más tarde después del incidente, y vivían en una zona costera cerca del río que cruzaba la zona de Osaka.

Seguru trabajaba como herrero forjador. Aunque no era un trabajo bien pagado, él se esforzaba cada día para así cubrir las necesidades de su familia. Un día, como todos los demás, acabó su trabajo y se dirigió a su humilde hogar. Aunque pareciese una cabaña hecha con madera de poca calidad, para la pareja era muy acogedora e ideal.

-Buenas!-le decía Seguru sonriente al entrar por la puerta-Ya he vuelto!

-Bienvenido a casa, cariño!-le saludaba Shizuka con el devantal mientras cocinaba arroz-Ahora te traigo la cena!

Más tarde, los dos comieron en la mesa.

-Ah, tú arroz es el más delicioso que hay!-decía satisfecho Seguru.

-Bueno, es que en la empresa me dan a veces productos que sobran, pero que aún pueden ser cocinados-le explicaba ella-Yo solo hago lo que aprendí en la mansión.

-Por cierto, hablando de trabajo…-le decía Seguru mirando su barriga-Seguro que no deberías tomarte un descanso? Ya que está a punto de llegar…

-Ah, por eso?-le decía ella mientras se masajeaba el vientre-No te preocupes, no estoy haciendo ningún trabajo de esfuerzo. Además, necesitamos todo el dinero que dispongamos para poder cuidarlo.

Como estaréis algunos confundidos, os explicaré que el vientre de Shizuka se había hinchado bastante. Y no era porque tuviera gases, pensarán los graciosos. Era algo que se había formado hará unos ocho meses y medio, y que les convertiría dentro de poco en padres.

-Sí tienes problemas, avísame-le decía Seguru-Trabajaré más mientras tú descansas. Es más, incluso trabajaré en tú empresa comercial!

-No hace falta, bobo!-le decía ella cariñosamente-Además, no creo que puedas entrar fácilmente en la empresa. Son estrictos a la hora de escoger gente.

Y entre risas, pasó la noche. Los dos tenían la vida que ellos querían, e iba a mejorar aún más con la llegada de su hijo.

Días más tarde, Seguru estaba cerrando su herrería cuando, de repente, aparecieron cuatro policías que se dirigían hacia él.

-Que es lo que quieren?-les preguntaba Seguru de mala gana sin olvidar aún su tirria-Ya he cerrado el negocio.

-Hemos venido a hablar con usted-le decía uno de los policías-Y también que nos acompañe.

-Pues lo siento, pero hoy no va a poder ser-les negaba Seguru-Mi mujer me espera en casa. Vuelvan mañana y ya veremos.

-Lo siento, pero no tiene derecho a hacerlo-le decía el policía sonriendo maliciosamente mientras sacaba a escondidas un cuchillo.

Seguru lo pudo ver y lo contrarrestó golpeándole en el estómago y robándole el cuchillo. Sus compañeros intentaron reducirlo, pero con el cuchillo les consiguió desarmar y derrotarlos. Pero justo cuando iba a escapar, se dio cuenta de que entre las sombras habian ocho policías apuntándole con sus respectivas armas.

-Tsk!-decía resignado Seguru, al ver que no tendría tiempo de acabar con todos.

-Vaya, vaya!-decía un policía mientras aplaudía lentamente-Sí que eres fuerte! Menos mal que mi señor me aconsejó que trajera más hombres.

-Y tú quién eres?-le preguntaba Seguru.

-Me presentaré, soy el oficial Shinatsu-le decía el joven de 22 años de cabellera rubia, uniforme negro, espada en mano y con una falsa sonrisa-Es un honor conocerle, había oído muchas cosas sobre usted cuando trabajaba en el departamento.

-Y que quieres de mí?-le preguntaba Seguru-Ya no tengo nada que ver con ese antro!

-Mi amo me ordenó que le trajese a usted para así ayudar en cierta investigación que estamos llevando a cabo-le explicaba Shinatsu.

-Y porque debería interesarme?-le decía Seguru intentando irse.

-Bueno, puede ser verdad-le decía Shinatsu con una sonrisa maligna-Pero sino colaboras, te podríamos echar los cargos de obstrucción de la ley, y no dudaríamos en echar abajo tú choza de madera.

Ante tal advertencia, Seguru tuvo que aceptar a regañadientes, y acompañó a los policías hasta el departamento.

-Bien, ahora sube las escaleras y…

-Sí, sí, ya me conozco el camino-le interrumpía Seguru a las instrucciones de Shinatsu mientras subía las escaleras.

Pasó por delante de los policías sin decirles nada. Algunos eran nuevos y se preguntaban quién era ese extraño que se paseaba por ahí. Otros ya le conocían, y no decían nada. Finalmente, se puso enfrente de una puerta blanca, y la abrió.

-Ya me extrañaba que hubiera silencio en la comisaría-decía el hombre que se sentaba de espaldas en un sillón.

-Y yo ya sabía que el único que amenazaría de tal manera a alguien como yo serías tú-le decía molesto Seguru-O no es así, Rozuko!?

-Cierra el maldito pico, niñato!-le mandaba Rozuko limpiando una espada de gran calidad, que a pesar de que le habían salido canas, su mal carácter no se iba-Si quisiera, ya te habría metido entre rejas por el puñetazo que me diste antes de largarte!

-Pues no me importaría!-le decía Seguru-Pero no venimos a hablar de aquello, verdad? Si fuese así, ya me hubieras capturado hace ya tiempo.

-Tú siéntate y escucha lo que te tengo que decirte-le mandaba Rozuko.

Mientras Seguru se sentaba de mala gana, se fijó en la espada que llevaba en sus manos.

-Y esa katana?-le preguntó Seguru, que era experto en afilar espadas y objetos punzantes-Es de muy buena calidad.

-Esto?-decía presumiendo Rozuko mientras la observaba-Fue un regalo de un coleccionista de espadas antiguas. Es una Murasama auténtica y de gran valor. Se dice que corre un gran poder demoníaco a través de su hoja que desea la sangre. Es una buena pieza para colgarla en mi despacho.

-Y como la conseguiste?-le preguntaba Seguru-No me digas, con tus sucias artimañas y aceptando trabajos poco honrados.

-Menudo desconsiderado-le replicaba Rozuko mientras dejaba la espada en una estantería-Esto ha sido gracias a los esfuerzos y a la entrega del departamento de policía. Desde que te fuiste, las cosas han ido a mejor: hemos reclutado a más hombres con buenas cualidades y hemos extendido nuestro poderío alrededor de la prefectura.

-Como ese tal Shinatsu?-le preguntaba Seguru.

-Correcto-le respondía Rozuko-Es nuestra joya. Es un agente que acepta las órdenes sin recatar y las cumple a la perfección, algo que tú no hiciste. Incluso te supera en la destreza de la espada.

-Si me has llamado para reírte en mi cara, que te quede claro que no me va a afectar-le decía Seguru mientras se iba por la puerta-Ya abandoné la policía hace tiempo y no me importa lo que le pase con ella.

-Y si tiene que ver con tú familia?

Al oír aquello, Seguru se detuvo. Se giró y se volvió a sentar.

-A qué demonios te refieres?-le preguntaba Seguru con ganas de saber más.

-Recuerdas que, el día que te largaste, tuve una reunión con otros inspectores de policía de otras prefecturas?-le recordaba Rozuko.

-Sí, hablasteis algo de acabar con una familia de la yakuza que se estaba expandiendo rápidamente…-decía Seguru.

-Exacto, la familia Hasegawa-le hablaba Rozuko-Hace 5 años comenzaron a ser relevantes, y ahora son la familia que más comercia de todas! Es la horma de nuestro zapato, los criminales a los que nunca hemos pillado!

-Y por qué me lo dices a mí?-le preguntaba Seguru-Yo no sé nada sobre esa familia.

-Tú no, pero otra persona que tú conoces sí-le respondía sonriendo Rozuko.

Seguru se extrañó al oír aquello.

-Hace unos meses, uno de mis compañeros consiguió pillar a uno de ellos-le explicaba Rozuko-Para su sorpresa, se trataba nada menos que una de sus criadas, una chica llamada Hisae que la pilló in fraganti robando información sobre un plan para sorprender a la familia Hasegawa.

-Vaya, pues menuda sorpresa para el tío-le decía Seguru-Y qué pasó con ella?

-La detuvimos y la intentamos hacer confesar, pero no soltó nada. Al final, mi amigo se volvió loco ante la insistencia de no hablar de la chica y la mató.

-Pobre chica…-decía Seguru-Debía de saber que había entrado en terreno peligroso.

-Que no te dé pena esa chica!-le decía Rozuko-Al morir, nos quedamos sin pistas otra vez! Por eso, intentamos buscar los orígenes de la chica, y encontramos que mi amigo la contrató a partir de un servicio de criadas.

-Y qué?-le preguntaba Seguru-Eso no es muy raro en estos tiempos.

-Al revisar los diferentes incidentes en las distintas prefecturas, nos dimos cuenta de que en cada encargado de los planes, tenía una criada contratada de esa compañía. Es decir, que las chicas eran un chivo expiatorio que revelaba las operaciones que tenía la policía para atraparlos, y así escapar de alguna manera.

-Y si ya sabéis que son ellas, porque no las atrapáis?-le preguntaba Seguru.

-Porque las muy zorras (este insulto no significa que el autor sea machista) escaparon justo cuando se supo la muerte de su compañera!-decía molesto Rozuko-Y debemos encontrarlas para descubrir su base de operaciones!

-Y yo que demonios tengo que ver en este asunto?-preguntaba Seguru-No conozco a ninguna criada espía de las que me estás hablando.

-No me mientas, Seguru-le decía Rozuko sonriendo- O es que acaso no recuerdas bien aquella noche?

Seguru hizo memoria, y se quedó impactado al recordarla:

"Bien, pues haremos lo siguiente! El grupo de Manzaki irá por la parte trasera del puerto, el grupo de Tohiro estará en el buque próximo al del intercambio, el de Mizoru…"

"Les vengo a traer más sake"

"La encontré hace unos dos años en un grupo que vendían chicas para tareas domésticas. Es servicial y trabaja mucho sin quejarse."

Por último, recordó a Shizuka fijándose en los planes mientras servía el té.

-No puede ser…!-decía pálido Seguru al atar cabos.

-Exacto!-le aclaraba Rozuko-Esa bastarda es una traidora que se infiltró en mi hogar para robarnos la información!

-No hables así de mi mujer!-le replicaba Seguru-Ella jamás haría algo así!

-Dices eso, pero como vas a defender a una mujer que te ha engañado hasta ahora!?-le decía Rozuko.

-Yo creo en ella!-seguía insistiendo Seguru.

-Pues sigue haciéndolo mientras vamos a detenerla-le decía sonriendo maliciosamente Rozuko.

-No, no la detengáis!-pedía Seguru-Detenme a mí si quieres, pero no a ella! Haré lo que quieras con tal de protegerla!

-Lo que quiera…?-repetía Rozuko mientras sonreía-De acuerdo, te ofrezco un trato.

-Qué tipo de trato!?-preguntaba Seguru receloso.

-Si haces confesar a tú mujer la localización de la base de los Hasegawa y les detenemos, dejaré que tanto tú como ella salgáis de esta por ayudar a colaborar con nosotros-le ofrecía Rozuko

-Cómo voy a fiarme de la palabra de alguien como tú?-le preguntaba desconfiado Seguru.

-Lo importante no será que me creas, sino salvar a tú chica de una muerte segura, verdad?-le decía Rozuko.

Seguru se quedó callado, sin poder tener otra opción para protegerla.

Luego regresó a casa como si no hubiese pasado nada, y al día siguiente, se iba a despedir de su esposa antes de ir a sus respectivos trabajos.

-Adiós cariño, me voy a trabajar-se despedía Seguru sonriendo.

-Que te vaya bien!-le decía Shizuka, también a punto de irse.

Pero entonces se fijó que la sonrisa de Seguru era un poco forzada, y decidió cogerlo de la mano.

-Estás bien?-le preguntaba ella preocupada-Te veo un poco diferente hoy.

-Ah, no es nada-le mentía Seguru fingiendo-Solo que últimamente el trabajo hace que me vea un poco cansado.

-Si es así, tomate un día de descanso!-le recomendaba Shizuka-No hace falta que te excedas por mí…

-Para mí no es ningún problema-le aseguraba Seguru-Vete ya y que pases un buen día.

-De acuerdo…-aceptaba Shizuka-Hasta la noche!

Pero era mentira que él iba a trabajar. Al cruzar la esquina, se paró y se escondió, mirando de reojo a su esposa, que estaba cerrando con llave la casa. Cuando ya se iba, fue cuando Seguru la siguió. La siguió a través de los estrechos y oscuros callejones de la urbanización en la que se encontraban. El seguimiento, aunque pudiera parecer sencillo, no lo era para nada: Seguru parecía no seguir su ritmo, que iba a gran velocidad entre los complicados callejones. Incluso tuvo que acelerar su paso y arriesgarse a ser descubierto con tal de no perderle la pista.

Al final, Shizuka llegó hasta las ruinas de una antigua fábrica pesquera, y se detuvo delante de una puerta. La chica llamó tres veces a la puerta. Por sorpresa de Seguru, que observaba desde lejos, vio que desde una ranura se veían dos ojos que provenían del interior de la fábrica, que supuestamente debería estar abandonada. Shizuka y la persona que se encontraba en el interior intercambiaron palabras durante unos segundos, y a continuación un hombre le abrió la puerta para que entrara, para luego cerrarla.

-Parece que no podré entrar por ahí sin algún tipo de contraseña o presentación-pensaba Seguru-Tendré que encontrar otro tipo de entrada.

Seguru examinó el lugar, con cautela para no levantar sospechas si hubiese vigilancia alrededor. Y tuvo suerte: en la parte trasera del recinto, había un agujero un poco grande, probablemente producto de los tanuki en busca de comida.

-Bien, si hago un agujero más grande, quizás pueda caber!-pensaba Seguru.

Se pasó minutos escarbando hasta que el agujero tuvo la anchura necesaria para que cupiera, y se metió en él. Ahora ya había entrado en el interior de la fábrica.

-Ahora debo encontrar a Shizuka sin que se den cuenta de mí presencia!-pensaba Seguru estando alerta.

Pero al recorrer el recinto, se encontró con algo inesperado: no había nadie ahí dentro.

-No es posible!-pensaba Seguru-No hay otra puerta por la que salir excepto esa! Donde se encuentran!?

Entonces, se fijó que en el centro de la sala, en el suelo, había una cantidad de polvo movida. Cuando investigo un poco la zona, vio unas pequeñas líneas que formaban un rectángulo de 2x3 metros.

-Ya veo, una trampilla oculta…-deducía Seguru-En ese caso, creo que ya sé cómo entrar ahí.

Tocó la puerta tres veces y se ocultó detrás de la trampilla. Al cabo de unos segundos, el hombre que había abierto antes la puerta a Shizuka abrió la trampilla desde dentro y salió al exterior.

-Y ahora quién será?-se preguntaba cansado.

Seguru aprovechó el momento y le cogió del cuello, aprovechando un descuido. El hombre intentó forcejear, pero le fue inútil. Al cabo de unos segundos, se quedó inconsciente en el suelo.

-Por fin podré entrar y descubrir lo que sucede en este lugar!-pensaba Seguru mientras entraba en el interior de la trampilla.

Seguru recorrió un pequeño túnel subterráneo. Pudo observar que había sido cavado de manera manual, lo que supondría una gran cantidad de esfuerzo. Al cabo de un minuto, llegó al final del túnel, donde se distinguía un rayo de luz. Cuando vio lo que había allí, se quedó sin palabras.

Era una guarida muy grande construida bajo tierra, con todo tipo de maquinaria necesaria para el transporte, como grúas, imanes, pinzas gigantes, etc. Y también una cantidad increíble de cajas de todos los tamaños y cantidades: unas pequeñas, otras grandes, otras demasiado grandes…Era, sin duda, la guarida de un grupo importante.

-Menudo lugar más grande!-pensaba Seguru sorprendido mientras se escondía-Esto parece un puerto marítimo! Pero no lo entiendo: si este lugar se encuentra bajo tierra, como pueden transportar la mercancía?

Justo en ese momento, vio que la gente se movilizaba para algo. Espero unos segundos, y vio que en la gran baza de agua emergía un submarino de color negro de un tamaño aproximado de 15 metros de largo y 5 de ancho.

-Un mini-submarino!?-exclamaba sorprendido Seguru-Puede que no sea muy grande, pero probablemente sea lo que utilicen para transportar su mercancía.

Seguru decidió no fijarse mucho en el submarino y continuó la búsqueda de su mujer. Volteando por el lugar, la encontró con unos planos en mano y hablando con un hombre de gran edad y largas cejas, y con un hombre musculado y con tatuajes que claramente parecía formar parte de una familia yakuza.

-Así que era verdad…!-decía Seguru afectado al saber que era real-Shizuka…

Pero no se iba a ir sin saber toda la verdad. Así que, cuando vióoque Shizuka se alejaba de esos dos hombres, la cogió tapándole la boca y la llevó en un lugar apartado.

-Quien eres!?-gritaba Shizuka al no reconocerlo a primera vista.

Pero cuando vio su cara, se quedó pálida y aterrorizada.

-Seguru…!-decía ella en blanco.

-Que es este lugar!?-le preguntaba Seguru-Quién es esta gente y porqué les ayudas!?

-Yo…yo…!-tartamudeaba Shizuka.

De repente, notó un dolor en el estómago que hizo que se llevara las manos al vientre.

-Ugh!-decía ella dolorida.

-Que te ocurre, Shizuka!?-le decía preocupado Seguru.

Pero antes de que tuviera oportunidad de ayudarla, el hombre al que había noqueado en la entrada de apareció por detrás y le golpeó en la cabeza con una barra de hierro.

-Agh!-gritaba Seguru cayendo al suelo.

-Aquí esta, muchachos!-gritaba el hombre-He encontrado al infiltrado!

Seguru iba perdiendo la consciencia, pero no podía dejar a su mujer que se encontraba mal en el suelo.

-Shi…zu…ka…!

-Mhhhhh…-decía Seguru viendo borroso.

-Ya te has despertado?-le preguntaba un hombre que se encontraba a su lado.

Seguru vio que se encontraba en una cama de una habitación. A su lado, se encontraba sentado el hombre de cejas largas que estuvo conversando anteriormente con Shizuka. Al reconocerlo, Seguru se puso en guardia. Aunque no estaba apresado, no podía fiarse al completo.

-Tranquilo, sí quisiéramos, ya habríamos acabado contigo cuando estabas inconsciente-le decía el anciano mientras fumaba de una kiseru-Tienes suerte de que Shizuka-chan nos ha suplicado que no te hiciéramos nada.

Al oir aquel nombre, Seguru se puso nervioso.

-Es verdad, Shizuka!-recordaba Seguru nervioso cogiendo por los hombros-Que le ha pasado!? Está bién!?

El anciano calló al oír aquello. Más tarde, trajo a Seguru a una habitación. Llamó a la puerta y le abrió una mujer de unos 45 años con traje de damiselas.

-Podéis pasar, ya la hemos estabilizado-le decía la mujer, invitando a los dos hombres a entrar.

Allí dentro se encontraba Shizuka en una camilla, ayudada por dos mujeres. Estaba sudando y parecía agotada.

-Lo siento, parece que he roto aguas-se disculpaba sonriendo-Parece que la presión me ha pasado factura…!

Aunque Shizuka estuviese así de feliz, Seguru no lo estaba. Necesitaba hablar en serio del asunto.

-Shizuka, te agradecería que me explicases lo que sucede en este lugar y porque trabajas por ellos-le preguntaba Seguru.

Shizuka miró al hombre de las pestañas largas, y el hombre asentó la cabeza, como si le diese permiso a hablar.

-Hace mucho tiempo, cuando solo tenía tres años, mis padres murieron a causa de una enfermedad-le relataba Shizuka-Por miedo a que hubiera algún peligro residual en mí, me deportaron a un lugar especial donde también trajeron a gente de mi misma edad. No solo nos trataban de forma fría, sino que nos hacían experimentos todos los días. Algunos de ellos no soportaron los métodos que nos aplicaban y murieron. Para mí aquello era un infierno.

Seguru lo escuchaba en silencio, mostrando impacto por aquel terrible pasado que le había ocultado.

-Una noche, un grupo de chicas y yo decidimos escapar. Nos escondimos en los contenedores de comida del comedor, y dejamos que los encargados del recinto nos llevarán hasta afuera. Aunque nuestra huida fue un éxito, fue solo una ilusión. Anunciaron nuestra huida a toda la ciudad y fuimos perseguidas. Había gente que no nos ayudaba, incluso gente que quería acabar con nosotras. Estábamos escondidas en un callejón, entre la espada y la pared. Pero entonces apareció un hombre que nos dijo "Si queréis vivir, venid conmigo". Nos trajo a un escondite donde también se encontraban más hombres. Aunque tuvieran una pinta desagradable, nos recibieron con los brazos abiertos y con alegría. Para unas niñas como nosotras, que nunca habíamos recibido tal afecto, nos pareció un milagro. Él nos salvó la vida…

En ese momento, Shizuka miró al hombre de las cejas con una sonrisa. Entonces, Seguru lo comprendió.

-Entonces, usted…-decía Seguru al descubrir al salvador.

-Hace tiempo, mi hijo también enfermó-le explicaba el hombre de las cejas-Por culpa de los elevados impuestos para pagar la maquinaria de guerra y las reconstrucciones de edificios, tuve que meterme en los negocios ilegales. No me importaba lo que hicieran mis clientes con mi mercancía, la prioridad era el dinero para pagar la rehabilitación de mi hijo. Por desgracia, murió antes de que lo pudiera pagar todo.

Seguru vio que ese hombre lo había pasado muy mal, solo con ver como apretaba los puños al recordar esa parte tan dolorosa.

-Por eso, cuando me encontré a esas niñas, no podía permitir que las mataran-le explicaba el hombre de las cejas largas-Unas pobres criaturas que solo por escapar de un martirio fueran a morir? Ellas merecen vivir al igual que las otras personas!

-Para agradecerle su gratitud, decidimos trabajar para él-le contaba Shizuka volviendo a la historia-Una compañera suya manejaba una empresa de criadas y nos enseñaron ahí para así sonsacar la información de la policía sin que nos descubrieran. Cuando abandoné el hogar de Rozuko, decidimos que trabajaría en la guarida para ayudar en la planificación de las transacciones.

En ese momento, Shizuka miró a Seguru con cara triste.

-Siento habértelo escondido, amor mío-se disculpaba Shizuka arrepentida-Pero no quería que pensarás que me enamoré de ti por el trabajo. Mi amor por ti siempre ha sido verdadero, y quiero pasar el resto de mi vida junto a ti y al hijo que está a punto de nacer. Espero que entiendas que también fue para que no te involucraras en todo esto.

Seguru la escuchó y decidió darle una respuesta:

-Shizuka, a mí no me importaba quien fueras en realidad o en que estabas realmente metida. Yo solo quería comprobar que el amor que surgió entre nosotros no fuera una mentira. Y me alegro de que no fuera así…

-Seguru…-decía emocionada Shizuka.

-…pero siento decirte que el esfuerzo que habéis puesto ya es en vano-decía Seguru trayendo las malas noticias-Es posible que la policía os haya descubierto.

-Que!?-exclamaba asustada Shizuka.

-Podrías explicárnoslo, por favor?-le preguntaba el anciano de las cejas largas manteniendo la calma.

Seguru les habló de la reunión con Rozuko y cómo descubrieron a las chicas.

-Oh, dios mío!-decía angustiada y llorando Shizuka-Esa era Hisae!

-La conocías, entonces?-le preguntaba Seguru.

-Sí, fue mi mejor amiga durante aquel martirio…!-decía apenada Shizuka mientras intentaba secarse las lágrimas-Porqué a ella…!?

-Así que la descubrieron…?-decía el anciano lamentándolo-Que desgracia…!

-Y ahora que hacemos!?-preguntaba Shizuka-Nos van encontrar!

-Tranquila, no te esfuerces demasiado!-le pedía calma el anciano cogiéndola de la mano-Descansa ahora y déjamelo a mí.

-Tienes un plan?-le preguntaba Seguru.

-Sí, tengo uno-le explicaba el anciano-Pero necesitaré de tú colaboración, jovenzuelo.

-De acuerdo!-dijo sin dudarlo Seguru-Pero solo si me prometes algo.

-El que?-le preguntaba el anciano.

-Sí os ayudo a escapar, dejaréis que Shizuka deje la familia, al menos en lo que respecta el negocio-le decía Seguru.

-No digas eso, Seguru!-le decía Shizuka oponiéndose-Le debo la vida!

-Shizuka, escúchame por favor-le pedía callar el anciano-Tú y tus amigas habéis trabajado para mí y habéis arriesgado vuestras vidas durante mucho tiempo solo porque un anciano como yo os recogió por bondad. La deuda de aquel día ya fue saldada hace ya tiempo. Así que vive ahora otra nueva vida junto a este chico tan caballeroso y el hijo que vas a concebir hoy, sin que te ate un anciano como yo.

-Abuelo…-decía Shizuka conmovida por la bondad del anciano.

-Bien, explicadme ya que tengo que hacer-les pedía Seguru con urgencia.

...

Tras media hora, Seguru salió por la puerta del almacén, la cerró y corrió hacía su siguiente destino.

-Señor, ya lo he localizado…!-decía la voz de un hombre que observaba a Seguru desde la esquina de un callejón.